TODO UN ENGAÑO
POR: EROL H. SESSHDA
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PERSONAJES DE J. K ROWLING
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Debía de ser el idiota más grande en el mundo mágico por mucho que Hermione insistiera que estaba siendo irracional. De haber estado irracional ella no me seguiría hablando con esa pinta de princesa que era lo único que estaba aplacando mi conocido temperamento.
—Draco insisto en que tener un hermano no es el fin del mundo.
—Eso lo dices porque tu eres hija única y yo hasta la noche anterior creía lo mismo- me recosté en la columna de frió mármol. En la lejanía de la mansión Malfoy todavía se escuchaba la melodía de una orquesta por un momento ceso para darle paso al nítido sonido del piano, quien quiera que lo estuviera tocando sabía lo que hacía. Cuando me había enterado de la gran noticia no pude menos que largarme de ahí con mi Hermione, mi dignidad en alto y mi orgullo maltrecho.
Nos dirigimos a la ala oeste de la casa donde se extendía un campo de rosas blancas, las favoritas de mi madre, ese lugar me traía buenos recuerdos así como aquél pequeño santuario perteneciente a la familia donde ahora estábamos Hermione y yo, era enteramente de mármol blanco con columnas de estilo grecorromano, en medio posaba una banca del mismo material y frente a nosotros había la figura de un ángel que parecía quería alcanzar el cielo pero a sus pies había unas cadenas que no lo permitían.
—Este lugar es hermoso Draco.
—Y también muy frió Hermione- sonreía al verla tiritar fue entonces que me acerque para colocarle mi saco en sus hombros al tiempo que me sentaba a su lado.
—Gracias- la imagen de ella entre todo ese blanco y el contrastante vestido fundido con su piel era un espectáculo que alegraba mi vista— ¿No deberíamos regresar a la fiesta?
—¿Y permitir que todos los caballeros admiren a mi novia?- pensé receloso sin atreverme a decir nada.
—¿Qué te afecto Draco?
—¿Cómo?- le mire extrañado.
—Tener hermanos es algo nuevo pero lo cierto es que no creo que aquello es lo que te haya molestado.
—Fue mamá- esta chica siempre me sacaba la verdad sin necesidad de amagos ni torturas aunque esos ojos eran parecidos a un tortura lenta— Esta vez ella no confió en mi, siempre lo hace es algo que no tengo con mi padre y ahora en cambio prefirió dejarme en Hogwarts con la idea de pasar vacaciones en el castillo, ¿Cuándo pensaba decírmelo, en el parto?
—¡Exagerado!- me sonrió dándome unas palmadas en la espalda.
— ¿Me acabas de palmear al espalda?
—Necesitabas consuelo- respondió levantándose.
—Si pero no esa clase de consuelo- reí viéndola con ojos brillantes.
La leona me miro desconfiada pero antes de que me replicara la hale del brazo y tome su rostro entre mis manos. Era un rostro fino, suave, tenía que serlo, Hermione era bellísima ya fuera en aquel momento con ese vestido o con su ropa usual ella poseía era una belleza excepcional que con cada día mejoraba. No tarde en sentir ese sabor embriagante que siempre me tomaba por sorpresa cuando la besaba, cuando yo descubría que su sabor y mi veneno se combinaban y nos elevaban a una gloria dolorosa y deliciosa que quería seguir probando por un día, solo un día donde solo fuéramos ella y yo, ¿Era mucho pedir?
—Huyamos un día- le dije hundiendo mi rostro en la cavidad de su cuello donde me encantaba estar— ¿Si?- el beso que me fue devuelto era toda la respuesta que necesitaba.
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—¡Estas loco!
—¡Y tú estas riendo con este loco así que anda!- la escuche reír de nuevo mientras corríamos en las calles parisinas— ¡Eres la primera chica que traigo a Paris!
—¡Que honor señor Malfoy!- reía Hermione al ver su ceño fruncido. Ese tic suyo era encantador pero apreciaba más el de su sonrisa así que pare de pronto acercándola a mi pecho en un abrazo protector que me regalo la oportunidad de admirar su sonrisa.
—No se si sea un honor, tú como yo sabemos que salí con muchas chicas y siempre que se me ocurría preguntar su sitio ideal para ir de visita como pareja y todas terminaban llegando a la misma respuesta: París. Yo adoro esta ciudad por eso nunca había traído a ninguna.
—Eso es porque eres un egoísta- me hizo un extraño mohín.
—No, es solo que no había encontrado a la adecuada para visitarla.
—¿Y la encontraste?- me sonrió con ojos brillantes.
—Claro que lo hice, aunque nunca imagine que fuera aquella que veo ahora.
—¿Enserio? Pues sigo pensando que es porque eres un egoísta- note la burla en sus palabras y mi aparente ira por el comentario se despertó en un ataque de besos y caricias.
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—¡Tu hijo es un rebelde!
—¿Mi hijo?- Narcisa Malfoy enarco su rubia ceja de manera elegante viendo la copa de coñac de su marido y como el liquido oscilaba de un lado a otro, al parecer su marido estaba nervioso— Te quiero aclarar Lucius que Draco llevaba tantos genes tuyos como míos aunque en ocasiones sean más tuyos.
—¡Narcisa!
—¡Basta!- en un movimiento de varita la mujer desapareció la copa de su marido. Lucius exclamo un sonido de evidente disgusto mientras Blaise que también estaba en la biblioteca reflejaba sorpresa y burla ante la situación que se daba en la biblioteca Malfoy.
—¡Que mujer- comentó Blaise.
—Blaise querido- le llamo Narcisa— ¿Tienes idea de a donde se le pudo a ver ocurrido escapar a mi hijo?
—No- respondió Blaise alejándose del señor Malfoy que le fulminaba con la mirada.
—Mi pobre dragón- se lamento Narcisa— El no necesitaba enterarse de esta manera que tendría un hermano.
—¿Habrá otro varón Malfoy?- pregunto Blaise— Pobre Draco primero enfrentarse a esto y después a los amigos de su novia, cuando Potter y Weasley se enteren de que se fugo con ella seguro armaran lío.
—¿Es que no lo saben?- sonrió Lucius malévolamente— Que interesante.
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—Si soy un egoísta- acepte después de un rato— Ni si quiera te consulte si querías venir.
—¿Me escuchas quejarme? Me gusta tu elección para escapar Draco ¡Mira!- me señalo con un dedo hacia un pintor que ya recogía sus cosas— Habría sido agradable tener una pintura de este momento.
—¿Y que lo impide? Le pediremos que nos haga un boceto o algo- ella me detuvo y entonces note que me miraba con ojos expectantes y con un ligero temblor en el labio— ¿Qué pasa?
—El pintor es muggle, ¿No te importa Draco?
—El pintor es un artista de donde provenga el arte no importa en tanto sea bueno.
—Entonces vamos- debí de haber hecho algo bien por la sonrisa que se me dirigió.
Al principio aquel pintor se negaba hacerlo porque ya había oscurecido su pretexto me pareció muy malo considerando que en Paris las luces daban casi tanta luz como el sol. Ya empezaba a decirle un par de juramentos cuando Hermione tomo la palabra y a ella si que le hizo caso. Minutos después Hermione miraba el boceto que según ella resultaba encantador, yo desconocía cuanto era un galeón en el mundo muggle así que le di cinco. Como sospechaba el hombre nunca había visto una moneda del mundo mágico pero no parecía disgustado con su paga.
—¡Hey chico!- llamo cuando ya nos empezábamos alejar— Estas monedas se ven muy valiosas.
—¡Lo son!- respondió Hermione.
—No podría aceptarlas.
—Quédeselas a mi no me han ayudado mucho en toda una vida espero que con usted si lo hagan.
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—¡Fred volviéndote a disfrazar de Lucius Malfoy!- fue lo primero que dijo el señor Weasley al abrir la puerta de la madriguera— ¡Ya te eh dicho que el disfraz es horroroso!
—¿Nos hablaste papá?- llegaron los gemelos hasta su padre. El señor Weasley vio con horror a los tres visitantes en su casa Lucius Malfoy, Narcisa Malfoy y el chico de la siempre viuda Zabini, Blaise quien asomaba una pequeña sonrisa.
—No sabía que tus hijos tuvieran por costumbre disfrazarse de mi Arthur.
—¡Lucius!
—Me parece que no es conveniente conversar afuera- se adelanto Narcisa extendiendo su mano a Arthur quien la tomo en una forma muy poco elegante que fue como lo percibió la delicada dama— ¿Nos invitas un té Arthur?
Al dar un paso en la madriguera Lucius Malfoy sintió que no era bien recibido. Pero le importo poco así que junto a su comitiva llego hasta la sala donde todos los magos ahí presentes levantaron su varita contra él. El decorado de noche buena llenaba la madriguera, toda la gente reunida ahí pertenecía a la orden del fénix y cada uno tenía un vaso de ponche, los Weasley miraban perplejos al trío recién llegado e incluso Fleur Delacour que estaba junto a Charly estaba sorprendida.
—Narcisa querida me parece que Draco no ah venido aquí con Hermione a pasar noche buena.
—¡Espere!- se abrió paso Harry Potter entre Remus y Tonks— ¿Dijo Hermione?
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—Feliz Navidad Hermione- le dije en tanto permanecíamos abrazados en la mesa lejana de un restaurante donde la gente a nuestro alrededor hacía lo mismo. En su mayoría eran pareja tal como nosotros.
—Feliz navidad Draco- note cierta nostalgia en su voz.
—¿Pasa algo?
—Es la primera navidad en siete años que no la paso con Harry y Ron, ni si quiera les envié sus regalos.
—¿Y te preocupa?
—Siento que los estoy traicionando al estar contigo.
Esboce una sonrisa amarga y sacando mi varita teniendo en cuenta que nadie nos miraba desaparecí todo rastro del vestido las joyas y el maquillaje mientras dejaba a Hermione vestida con un yérsey, jeans y unas zapatillas era un conjunto todo en color blanco, lo único que deje fue mi saco y un collar de diamantes que era mi regalo.
—¿Y este collar?
—Es tuyo, solo cuídate eres una joya preciada.
—¿Me estas dejando ir?
—Son tus amigos ¿Ah?- le dije un ligero empujón— Nadie nos esta viendo, ve con ellos ya mañana les darás los regalos mientras tanto disfruta lo que queda de navidad.
—Gracias Draco- apenas sentí un ligero roce cuando ella ya había desaparecido. Me quede largo tiempo en aquella solitaria mesa bebiendo copas de vino francés, para cuando me di cuenta ya algunos rayos de sol asomaban por los cristales, pensé que aun quedaban restos de noche y aparecí en la mansión Malfoy. No sabía que esos restos iban hacer los míos.
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—¡Draco!
—Madre- dije aceptando su abrazo.
—¡Jovencito has visto lo tarde que es!
—Draco- me llamo Zabini— Cissy el tiene visita ¿Recuerdas?
—Ah claro- mi madre me dejo de abrazar con desgana y entonces vi a Hermione.
—¡Hermione! Pero si hace apenas unas horas que te deje ¡Has venido a pasar lo que resta de navidad conmigo!- corrí abrazarla como idiota enamorado. Lo admito era así como ella me hacía sentir le apreté con fuerza pero lo único que sentí fue rigidez y una lagrima— ¿Qué pasa?
—No puedo.
—¿No puedes?- enarque una ceja— Explícate.
—No puedo seguir con este engaño; tú tampoco, me refiero a lo nuestro a nuestra increíblemente ridícula idea de ser novios.
—Hace tiempo que dejo de ser un engaño- tuve que apretar los dientes— Creo que te diste cuenta igual que yo.
—Como sea no pienso seguir, se acabo el trato Malfoy.
—¡No me digas!- explote en enojo— ¡No puedes romperlo!
—¡Ya lo hice! Más vale que olvides todo lo que hicimos- se giro rumbo a la chimenea donde había estado recargado Blaise.
—¡Espera!- la jalo de la mano pero ella se suelta violentamente.
—No te humilles Malfoy, ¡Ya suficiente lo has hecho este día!
—Tu, tu no puedes pensar eso de mi hace rato me consolabas y ahora…
—Y ahora me largo y que te quede claro ¡Déjame en Paz!
Seguí su instrucción dejándola marchar por la red flu para cuando me gire Blaise me veía con pena, mi reflejo en el espejo que colgaba sobre la repisa de la chimenea, esa figura me mostró lo acabado que estaba. Todo mundo me había mentido, incluso ella.
—Blaise, ¿Recuerdas el ángel que esta en el jardín de rosas blancas?
—¿El de tu madre, aquel en que jugábamos?- asentí a mi amigo.
—Claro que lo recuerdo, aquel que parece querer alcanzar el cielo.
—¿Cómo podemos saber que es un ángel? Lo cierto es que el escultor no le hizo ningunas alas o aureola alguna, ¿Por qué siempre damos por hecho que es uno?
—Porque desde que somos niños eso fue lo que nos pareció.
—Tal vez y en realidad sea un demonio por eso sus cadenas, es posible que sea un demonio tal como yo.
—¿A que viene eso Draco?
—Por mucho que el demonio intente alcanzar el cielo sus cadenas no lo permiten.
Continuará…
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