Capítulo 7
Había pasado una semana desde la noche en que Regina había conversado con Robin sobre pedir el divorcio, y él había dejado de lado, a propósito su responsabilidad de encargarse del papeleo. Como aún vivían los dos bajo el mismo techo, Robin alegaba que no tenía tiempo para hacerlo, pero en en breve lo haría, pero todo lo que tenía en mente era usar ese tiempo para que su esposa cambiara de opinión.
Durante esos siete días, no hubo uno solo de ellos en que ella y Emma no conversaran a través de mensajes. El tiempo que le sobraba en el hospital, entre un paciente y otro, y sus horas nocturnas eran llenadas con conversaciones entre las dos. Los temas, felizmente, dejaron de ser solo el fallido matrimonio de la morena y pasaron a ser sobre diversas cosas. Habían formado una amistad basada en el descubrimiento de gustos en común y semejanzas en sus personalidades. Emma le proporcionaba uno de los pocos motivos para sonreír durante el día.
Swan estaba sentada en la sala de espera del hospital, esperando a que le quitaran los puntos y el yeso, acompañada de David. Ya llevaban esperando algunos minutos, la rubia con la cabeza apoyada en el hombro del padre, que a su vez tenía su brazo izquierdo en los hombros de su hija. Regina abrió la puerta lentamente, haciendo que Emma levantara automáticamente la cabeza del hombro de David. Ambas sonrieron cuando sus ojos se encontraron y la morena señaló con la cabeza el pasillo.
-¡Buenos días, escape!- el mote había quedado entre las dos. Regina lo dijo en voz baja debido a que estaba en su lugar de trabajo.
-¡Buenos días!- contestó Emma, cuando Regina hubo cerrado la puerta tras ella -En fin, bueno no, óptimo. No veía la hora de quitarme estas cosas- Regina rió
-Tu desesperación es palpable
-Imposible contenerla
Al entrar en el despacho de Regina, ella le señaló a Emma que se sentara en la camilla.
-¿De qué tormento quieres librarte primero?
-¡Quítame esto de mi pierna, por favor!- suplicó
-Como quieras.
Regina sacó lo que llevaba días incomodando a la rubia.
-No me puedo creer que aún exista una pierna- Emma sonrió satisfecha
-Ven- Regina le extendió la mano y ella la agarró para descender, plantando sus dos pies en el suelo -¿Tienes algún dolor?- preguntó y Emma negó con la cabeza -Genial, ahora camina hasta la puerta y mira a ver si no te duele- Emma soltó su mano y caminó con normalidad hasta la puerta, girandose de nuevo hacia la morena.
-Ningún dolor. Mi único dolor es haber tenido que cortar una de las perneras de mis pantalones para poder usarlos.
-Creo que eso no es un gran problema para usted- entrecerró los ojos, sonriendo -Vamos a quitarle los puntos ahora, señorita Swan
-¿Volvemos a las formalidades?
-De ninguna manera, escape
Emma volvió a sentarse en la camilla, y se recostó, levantándose la camisa que llevaba por dentro de la falda. Notó que sus pelos se erizaban cuando Regina tocó la piel de su abdomen. Su cuerpo reaccionaba así, de forma extraña.
-¿De verdad harás hoy lo que me dijiste ayer?- preguntó Emma intentando pensar en otra cosa y no en la sensación que Regina le proporcionaba mientras le retiraba los puntos sin prisa y con delicadeza.
-Sí. Saldré antes para eso
-Es lo correcto
-No sé dónde tenía mi cabeza cuando estuve de acuerdo en dejarlo en sus manos.
-Fue lo mejor que hizo para ganar tiempo. Es astuto- Emma recibió una mirada de desaprobación.
-Tan astuto que no consiguió nada de lo que quería.
-¿No sabe que vas a ir antes, no?
-Lo sabrá cuando yo llegue a casa- Regina bajó la blusa de la rubia cuando acabó.
Emma se puso en pie, recolocándose bien la ropa. Regina pasó su mirada por su cuerpo y notó lo hermosa que realmente era sin aquella ropa de hospital, sin un yeso cubriéndole su pierna, sus cabellos debidamente arreglados en una cola de caballo alta.
-Querré saber si sale todo bien, ¿ok?
-Eres partícipe de esta separación tanto como yo- dijo Regina haciendo reír a Emma.
-No tienes por qué pasar por esto necesariamente sola, ¿a qué no?
-Realmente sería peor si no tuviera a mi válvula de escape
-Espero que me sigas usando de válvula de escape incluso tras el divorcio
-Has dejado de ser solo mi escape, puedes estar segura- sonrió
-Estoy feliz por ello- Emma sonrió de vuelta -Espero que todo salga bien. Si reacciona mal, llámame, ahora puedo conducir- le guiñó el ojo derecho
-Tu número es mi número de emergencias en estos casos- dijo en una risa contenida
-De prontitud- se acercó más a Regina y le dio un beso en la mejilla -Todo empezará a salir bien- sonrieron juntas y Regina asintió
Emma dejó el despacho de Regina y volvió a la sala de espera donde David estaba. Él se levantó en cuanto la hija atravesó la puerta y los dos se dirigieron a la salida.
-¿Satisfecha?- preguntó cuando salieron por la puerta
-Más que satisfecha- Emma rió -¿Puedo conducir? Lo echo de menos
-Primero dame el móvil- David extendió la mano y Emma lo miró con desaprobación, él rió -Puedes hacerlo- dijo al detenerse al lado de la puerta del pasajero lanzádole el juego de llaves por encima de coche.
-Voy a pasar antes por la empresa, ¿ok?- preguntó en cuanto entraron en el coche
-Bien, yo ya me quedo ahí. Tienes que ver lo de aquella tienda que quiere tus creaciones lo más rápido posible. Quieren una respuesta para ya.
-Ahora me pongo a ello
El trayecto del hospital a la emrpesa no era tan largo, solo tardaron unos minutos en llegar al edificio de donde salían todos los modelos de Emma Swan.
En cuanto las puertas del ascensor se abrieron, sus ojos recorrieron todo la estancia donde sus funcionarios estaban cosiendo, bordando o inmersos en los diferentes procesos por los que pasaban las prendas que después irían a las tiendas o a manos de quien las comprara. Emma saludó a todos los que se acercaron a preguntar por su salud, la mayoría preocupados de verdad. Su relación con todos los que trabajaban allí era la mejor posible, se trataban más como amigos que como jefa y empleados, sobre todo porque para la diseñadora de moda esa era su segunda casa, donde todo lo que dibujaba en un papel se hacia realidad, así que se volvía esencial la amabilidad y el respeto para la convivencia con quien hacía todo de una forma tan perfeccionista. Swan cuidaba de cada detalle, para que todo saliera sin una línea fuera de lugar, ni un milímetro de tela fuera mayor o menos que otro, sin una etiqueta perfectamente colocada, así que era necesario que todos los que allí trabajaban fueran profesionales cualificados.
Cuando finalmente pudo entrar en su despacho, suspiró al ver todo exactamente como lo había dejado la noche del accidente. Era la primera vez que había estado tanto tiempo sin entrar ahí. Caminó lentamente hasta su mesa, se sentó en la silla. Sus ojos se detuvieron en el maniquí colocado en una esquina de la estancia, en el que colocaba la ropa que ella misma confeccionaba cuando no eran prendas destinadas a la venta, como las que hacía para Ruby o para ella misma. Su cerebro instantáneamente relacionó aquel maniquí con la conversación que había tenido con Regina aún en el hospital, cuando la doctora se sentó a su lado mirando sus diseños.
-¡Emma!- exclamó pasando de nuevo la hoja
-¿Qué?
-Es muy egoísta haciendo estas cosas solo para usted.
-No es para tanto
-Su mejor amiga tiene suerte de tener alguien con tanto talento haciéndole ropas exclusivamente para ella.
-Por eso que no quede, puedo hacerle algo que quiera- dijo con naturalidad, captando la atención de Regina, que desvió la mirada de las hojas que estaba observando atentamente para encarar los ojos verdes.
-Solo estaba bromeando- Regina entonces sonrió y volvió a mirar el cuaderno.
-Pero yo no.
-No se moleste, solo fue un comentario
Sonrió ante sus pensamientos. Sí, se iba a molestar.
De las innumerables hojas que tenía sobre la mesa, la primera que vio delante cogió, con un lápiz empezó a garabatear algo que en su mente quedaría perfecto en el cuerpo de la morena. Ya hasta había decidido el color antes incluso de terminar mentalmente el modelo. Sería de su color preferido.
Su reloj indicaba que la hora marcada con su abogado estaba cerca. Mills entró en el coche para salir del hospital a media tarde, algo poco común para alguien que cumplía todos los turnos hasta el fin. Condujo hacia su casa absorta en sus pensamientos que ora le proporcionaban una buena sensación por estar yendo tras el divorcio, ya que Robin no lo había hecho, ora le daban miedo, no es que esperara que él lo aprobase, y ella lo haría de todas maneras, pero estaría bien que su reacción no fuera tan pésima.
Había estado una semana incómoda en su propia casa, se encontraban por los pasillos, en las escaleras o en cualquier estancia, y apenas se miraban, intercambiaban una palabra u otra en un tono frío. Eso no impidió que Robin persistiese en la idea de seguir casado, le estaba dando tiempo para que ella se pensara mejor la situación, pero lo que había conseguido era incentivarla a seguir adelante. Había decidido en una conversación con Emma que iba a empezar el proceso sola y que él no podría escapar de ello, podía retrarsarlo todo cuanto quisiera, pero casados ya no estaban.
Era satisfactorio entrar en su casa sabiendo que estaría sola, una pena que solo fuera para tomar un baño y salir de nuevo. Pasó por la sala antes de subir y le dio al botón del contestador automático por si había algún mensaje.
«¿Para qué tienes móvil, Regina? Estoy intentando hablar contigo desde hace tiempo pero ni miras los mensajes y mucho menos atiendes mis llamadas, llámame lo antes posible»
El tono de desesperación en la voz de su hermana saliendo del aparato hizo que sacara el móvil del bolsillo de los pantalones inmediatamente. Doce mensajes y siete llamadas perdidas de Zelena. Suspiró pesadamente y le devolvió la llamada mientras subía las escaleras.
-¡Menos mal!- dijo Zelena al atender
-¿Qué sucede?
-¿Estás en el hospital?
Regina puso el movil encima del lavabo, en manos libre, mientras se quitaba la ropa.
-No, en casa
-¿Sola?
-Sola
-Las cosas están feas para ti, hermanita
-No lo dudo- soltó una risa baja
-Es serio. ¿Puedes venir a mi casa? Prefiero hablar en persona.
-Voy más tarde, ¿puede ser?
-Vale. ¿Por qué no estás trabajando?
-Te cuento cuando llegue
-Ok. Hasta más tarde
-Hasta luego.
Regina colgó la llamada y entró en la bañera. Tenía poco tiempo, así que se arregló en minutos, volvió al coche y se dirigió al despacho de abogacía.
En cuanto salió del despacho y entró en el coche, notó su móvil vibrando en el bolsillo de los pantalones que llevaba. Pensó en ignorar e ir derecha a la casa de su hermana, pero terminó por cogerlo y no se arrepintió al ver que era Emma.
-Hey, ¿y?
-Di entrada al papeleo, ahora las cosas se pondrán en marcha y espero que salga todo lo más rápido posible
Respondió, y dejó el móvil en el asiento del pasajero.
Le llevó casi una hora llegar a la casa de Zelena, tanto por la distancia como por el tráfico a esa hora, que se volvía peor. Tenía miedo ante lo que se enteraría al pisar allí. Apretó el timbre y segundos después la pelirroja abrió la puerta.
-Entra, hermanita- Zelena le dio espacio para que entrase
-Tengo miedo de lo que me vayas a contar
-Está bien que lo tengas. ¿Quieres tomar algo?
-No, gracias, solo quiero saber qué pasa
-Siéntate- Zelena señaló uno de los sofás y se sentó a su lado, doblando las piernas bajo su cuerpo para quedar frente a Regina -En primer lugar, quiero saber por qué no me contaste lo del divorcio.
-No lo sé- se encogió de hombros -No estaba preparada para hablar abiertamente sobre el tema
-Ya...- Zelena entrecerró los ojos -ahora vamos a lo que interesa -Respiró hondo -Llegue a casa de Cora ayer por la tarde y tu marido, ex marido, sea lo que sea ahora para ti, estaba allí
-Sigue, Zelena
-Estaban conversando sobre el divorcio. No escuché la conversación entera, pero lo que pude entender es que él está intentando conseguir documentos falsos para que tú los firmes y así continuar casados, y nuestra madre está de su lado para intentar arreglar ese matrimonio.
-Cuando le pedí que nos separásemos, le dije que yo me encargaría de los papeles, pero insistió en que lo dejara en sus manos. Ha pasado una semana diciendome que no ha tenido tiempo para ello.
-Sí ha tenido, pero no para un divorcio de verdad. Robin siempre fue astuto. Si firmaras esos documentos falsos, aunque estuviérais lejos, vuestros lazos no estarían cortados.
Regina tenía un remolino de pensamientos en su cabeza. Dudó de ella al haberse casado con una hombre como ese y nunca haber percibido lo ruin que podía ser. O es...
-Ya he ido yo a empezar con el proceso, mi abogado estará al corriente todo esto.
-No te olvides de que está nuestra madre metida en todo esto. No lo va a dejar pasar tan fácilmente. Son dos contra una.
-¿Hasta dónde me he metido?- deslizó la espalda hacia el respaldo del sofá, respirando hondo, y miró a la hermana -¿Puedes intentar descubrir algo más?
-Claro. Soy tu agente particular- le guiñó el ojo derecho
-¡Gracias, hermanita!- extendió la mano, Zelena puso la suya sobre la de ella y la apretó
-Soy tu hermana, mi deber es estar a tu lado- sonrió -Pero cuenta, ¿hay alguien en todo esto, no sé, dandote un empujoncito para no querer más a Robin?- la pregunta hizo que la imagen de alguien apareciera inmediatamente en la cabeza de Regina, pero la repsuesta a la pregunta no era exactamente esa.
-¿Por qué siempre pensáis que hay alguien más en medio? Solo que no lo quiero más.
-Está bien, solo pensé que finalmente alguien había conseguido el corazón de Regina Mills- se encogió de hombros
-Lo veo difícil...
-Difícil, pero la persona acertada lo conseguirá. ¿Has pensado que con esos documentos falos, si tuvieras una relación con otra persona, se hubiera considerado adulterio? Te tendría en sus manos y haría contigo lo que quisiera.
-Me has salvado de eso, te debo una
-Estamos juntas en esto, todo saldrá bien. Intentaré sonsacarle algo a nuestra madre, descubriré más cosas si las hay.
-Cambiando de tema...qué casa vacía- soltó mientras miraba a su alrededor-¿Cuándo voy a tener un sobrino?
-Cuando consigas a alguien que tenga hermanos, ya sabes, de aquí- se puso la mano en la barriga -no sale nada
Regina se quedó a cenar, Zelena la hizo quedarse ya que así estaría más tiempo lejos de Robin, intentó arrancarle algunas sonrisas a la hermana, que visiblemente era infeliz, y algo consiguió.
Sería la primera noche de Emma Swan en su apartamento desde que hubo salido del hospital. En cuanto salió de la empresa, se fue directa para allá, llevandose con ella la hoja con el más reciente modelo que iba a empezar a confeccionar.
Lo que más echaba de menos era su azotea, que la mayor parte del tiempo estaba vacía, era el sitio donde ella ponía en orden todos sus pensamientos, donde podía estar consigo misma, ya que nunca había llevado a nadie allí, sentía celos del lugar, era solo de ella, aunque lo compartiera con los otros moradores del edificio, estaba agradecida de que casi nadie subiera.
A punto de subir para observar desde arriba la ciudad y tener su momento de privacidad, ya que llevaba días rodeada de gente, escuchó que su móvil sonaba a lo lejos. Volvió a su cuarto y lo encontró sobre la almohada de la cama. Sonrió al leer el nombre de Regina en la pantalla y atendió sin pensárselo dos veces.
-Hey
-Hey- el tono de Regina salió más bajo
-¿Qué sucede? ¿Estás bien?
-No mucho
-¿Necesitas algo? ¿Qué ha pasado, Regina?
-Necesito estar lejos de casa. ¿Mi escape está disponible?
-Siempre- Emma sonrió -Ven aquí
-Dame la dirección.
He visto lógico, después de una semana hablándose por mensajes, y después de haber entablado esa amistad, que comenzaran a tutearse. Lo digo porque en portugués se emplea el voce tanto para el tuteo como para algo más formal, y es difícil a veces saber cuándo hacen el cambio. A mí me ha parecido adecuado hacerlo en estos momentos.
