Sinopsis

Jacob Black lo tenía todo. Era guapo, rico, una vida llena de lujos. Era el heredero de un pequeño imperio… y luego ya no.

Al morir, su padre solo le dejó la casa donde creció, un nightclub y millones de deudas por cobrar.

Pero uno de sus deudores no tenía con que pagar, así que le ofreció a su hija.

No era la primera vez que Renesmee Cullen era cambiada como mercancía, para pagar las deudas de su padre. Cuando llegó a manos de Jacob Black, estaba rota. Se alejaba de todos y tenía miedo… incluso de ella misma; pero eso no significaba que no fuera a luchar, no como esa noche en la que no tuvo oportunidad de defenderse.

Pero Jacob no tiene interés en ella, al contrario, su único propósito es protegerla y le asegura que nadie la tocará.

Renesmee está a salvo con él…

¿Pero Jacob estará a salvo de Renesmee?


Capítulo 6

A las seis de la tarde, Renesmee comió con Jacob en el comedor e hicieron lo mismo de la noche anterior.

Fueron a Red Rose, revisaron que todo estuviera bien. Subieron a la oficina y bajaron de nuevo al club y se sentaron en su mesa. Luego fueron a Thorn.

Renesmee iba preparada.

Sabía lo que vería, sabía lo que sentiría.

Se sentó junto a Jacob en el sillón de cuero. Sintió el material en la palma de sus manos, era muy suave y cómodo. Los botones eran dorados y el respaldo le llegaba un poco más allá de la cabeza.

Era como un trono para dos.

-¿Estas bien? – preguntó Jacob, notando que no tenía la misma reacción de la noche anterior.

-No, pero estoy evitando hacer contacto visual.

-No tienes por qué estar aquí. Puedes quedarte en la oficina o en el Red Rose, te puede acompañar uno de los chicos.

-No, quiero quedarme. Estoy a salvo contigo.

-Lo estás.

La chica asintió, pero estaba mintiendo. Si estaba haciendo contacto visual. Lo observaba todo con avidez. Desechaba cualquier vista en la que hubiera un Dom. Buscó a las Madames y como interactuaban con sus mascotas.

El rubio y la morena de la noche anterior no estaban teniendo sexo. Él la estaba alimentando y ella chupaba los dedos del hombre con una mirada lasciva, que le prometía el placer que su boca le daría.

Un mesero vestido de blanco se acercó a Jacob.

-Señor Black.

-Quiero un vodka tonic y para ella agua mineral con frambuesas… Lo de siempre para ellos.

-Enseguida, señor.

Renesmee se preguntó seriamente, como es que los meseros del Thorn mantenían limpios sus uniformes, con todos esos fluidos alrededor.

Renesmee bebía su agua con una pajilla y trataba de pescar una de las frambuesas cuando el celular de Jacob vibró. Vio la pantalla con el ceño fruncido.

-Quédate con Renesmee, Quil –ordenó poniéndose de pie-. No hables con nadie a menos de que hablen contigo primero. Si te invitan a participar, respetuosamente di: no gracias, estoy con el señor Black.

-¿Por qué no voy contigo?

-Quédate aquí y perdón por esto – Jacob se inclinó sobre ella y besó su frente.

Estaba marcando su territorio frente a todos, lo vieran o no, la voz se correría.

La chica se quedó sin aliento y lo vio caminar rápidamente hasta la salida. Se movió con elegancia, a pesar de su enorme cuerpo vestido todo de negro –de nuevo-, era muy ágil.

Renesmee miró a Quil, quien se paró a su derecha, en lugar de tras de ella.

-¿A dónde fueron?

-No lo sé.

-¿En realidad es seguro quedarme aquí?

-Por supuesto. Si estuvieras allá abajo en una de las mesas o como público de una de las escenas, significa que estás disponible y en especial si no traes un collar, pero aquí arriba… eres intocable. No tengas miedo, todo aquí es consensuado. Sé que se ve muydesagradable la primera vez que entras, pero te acostumbras… Yo he aprendido mucho – el hombre moreno le guiñó el ojo.

Y eso esperaba también Renesmee.

Cuando estuviera lista ¿alguien estaría dispuesto a experimentar con ella? Tal vez un sumiso con experiencia… tal vez con la guía de una Madame.

Los ojos de Renesmee viajaron hasta la pareja de la noche anterior e hizo contacto visual con la mujer de cabello negro.

Maldición.

Miró a Quil por ayuda, pero él estaba mirando en otra dirección.

Renesmee miró al frente y la mujer ya estaba frente a ella, con un old fashioned en mano y una sonrisa en sus labios.

-Hola. Eres nueva – no fue una pregunta.

-Umm… si – Renesmee habló con la vista en los escalones frente a la mujer.

-Puedes mirarme a los ojos, no eres mi mascota.

-Oh – Renesmee la miró parpadeando, aun confusa y ella le sonrió.

-Mi nombre es Alice. ¿Estas con Jacob?

-Sí.

-Genial. ¿Cuál es tu nombre, cariño?

-Renesmee.

-Mucho gusto, Renesmee. ¿Quieres venir a conocer a mi mascota? No muerde - canturreó.

Renesmee miró a Quil y él se encogió de hombros con ligereza.

-Um… no lo creo. Gracias

-No vas a jugar con él, solo lo vas a conocer. Somos buenas personas. Somos amigos de Jacob, ¿verdad Quil?

-Así es, señora Whitlock.

-Señora Whitlock – la risa de Alice tintineó. Ella siempre les pedía a los guardaespaldas de Jacob que la llamaran Alice.

-No lo sé – Renesmee dudó, quería ir, quería aprender, ahora que había recuperado su libido y supo que había otras maneras de tener sexo, quería explorar, aprender.

Lo necesitaba.

Alice se atrevió a subir los escalones y susurró en el oído de Renesmee.

-Sé que tienes preguntas, lo veo en tus ojos. Lo vi anoche. Podemos responderlas lejos de Quil.

Renesmee vaciló un momento, pero se puso de pie y bajó los escalones con Alice.

Quil dio un paso al frente para seguirlas, pero Renesmee levantó su mano.

-Puedes vernos desde aquí. Estaré bien.

Alice guió a la tímida chica por el lugar hasta que llegaron a su mascota, la morena susurró algo en el oído del rubio y el asintió.

-Renesmee, él es Jasper, es mi esposo y yo soy su Madame. Puedes preguntar lo que quieras.

-Um… No sé. No sé qué preguntar.

-Puedes acariciar el cabello de Jasper, eso le gusta.

-No, gracias – Renesmee junto sus manos al frente.

-No seas tímida. No muerde.

Alice hablaba de Jasper como si en verdad fuera una mascota.

La mascota en esta ocasión usaba un collar de cuero y ropa interior negra y estaba de rodillas. Alice vestía otro vestido negro vaporoso y usaba una gruesa gargantilla de oro pulido, en la que Renesmee pudo ver su reflejo. Su maquillaje era cargado en los ojos y sus labios rosados. Su cabello corto tipo pixie estaba peinado hacia un lado con algún producto dejándolo impecable en su lugar. Madame Whitlock parecía una diosa griega.

Renesmee se acercó poco a poco y acarició el cabello rizado y sedoso de Jasper. Primero, solo palmeó su cabeza, pero después hundió los dedos en el. Jasper sonrió complacido.

-¿Cuánto tiempo llevan haciendo esto?

-Desde que nos conocimos, viniendo al club… desde que somos mayores de edad. Así que bastante. Hubieras visto la cara del pobre Jacob cuando una noche nos vio aquí. Hemos sido amigos desde la preparatoria y jamás se imaginó que viniéramos aquí. ¡Él ni siquiera sabía que su padre era el dueño!

-Oh… ¿Y aun así siguen viniendo, sabiendo que su amigo es el dueño y los ve… hacer… esto?

-¿Por qué deberíamos de detenernos? No herimos a nadie, somos mayores de edad… además, ese es el alcalde de la ciudad… Así que… - Alice se encogió de hombros.

Renesmee dirigió la mirada hacia donde Alice señaló estaba el alcalde y abrió mucho los ojos. El hombre entrado en sus cincuenta estaba en un potro, con una bola roja en su boca, las manos y pies atados y una mujer tras de él follando su trasero con un enorme dildo rosa.

¿Qué carajos?

Un detalle en la escena llamó la atención de Renesmee, la mujer con el alcalde también usaba un collar de oro. La chica miró de nuevo a las Madames y se dio cuenta de que todas usaban algún tipo de joya en su cuello. Algunas de las sumisas llevaban un collar de cuero, como Jasper, otras usaban muñequeras del mismo material.

Renesmee se tocó ligeramente el cuello, preguntándose si ellas mismas se compraron las joyas o su mascota o sumiso se las regaló.

Quería saber más y estaba a punto de preguntarle a Alice, cuando Quil le interrumpió.

-Jacob llamó, hora de irnos – murmuró Quil tomando a Renesmee del brazo y ella se tensó.

-Debo irme – se despidió de Alice con una sonrisa triste.

-¿Tan pronto?

-¡Gusto en conocerlos! – se marchó con Quil, llevándola lejos de ellos.

Cuando Renesmee llegó a la oficina de Jacob se sentó en el sofá, él estaba en el baño tratando de quitarse la sangre de sus nudillos. Por eso usaba ropa negra en el Red Rose, si tenía que ocuparse de alguien la sangre no se vería, a menos de que lo tomaran de las manos y vieran sus nudillos maltratados.

-¿Que hacías con Alice? – preguntó él saliendo del baño, secándose las manos con una toalla también negra.

-Ella se acercó a mí y me presentó a su mascota… Me dijo que son amigos.

Jacob gruñó.

-Si… Le ofrecí una de las habitaciones sin cargo, con tal de que no folle frente a mí y no quiso. Ella y Jas son unos exhibicionistas.

-¿Habitaciones?

-El segundo piso y el sótano son habitaciones especiales. Tienen todo lo que allá abajo hay. Columpios, potros, cruces de madera, mordazas, látigos, fustas, esposas, cadenas… Nómbralo y ahí lo tendrás. Yo también tengo una.

Renesmee lo miró.

-¿Tú también… haces eso?

-¿En serio quieres que hable de sexo contigo? – preguntó con suavidad.

-Solo tengo curiosidad. ¿Pegas o te pegan?

Jacob suspiró y se sentó a su lado.

-Para tener ese tipo de sexo, ese tipo de relación –Jacob señaló a la ventana con la cabeza-, se necesita cierta disciplina, intimidad y confianza. Yo solo follo ahí, no azoto ni nadie me azota. Lo he utilizado para una rápida follada… Siempre hay alguien disponible en el Red Rose. Siempre consensuado, no te preocupes.

-Está bien. No tienes por qué darme explicaciones.

Cierto, pero necesitaba hacerlo.

.

La noche siguiente, aparentaba ser otra noche tranquila.

Jacob y Renesmee cenaron juntos, ella eligió un viejo libro de su colección, pero no cabía en su nuevo bolso y lo llevaba en la mano cuando subieron al auto.

-Esa cosa apenas si se sostiene junta – dijo Jacob despectivamente, pero tomó el libro con delicadeza en sus grandes manos.

-Ha pasado por muchas mudanzas y huidas – respondió ella, avergonzada.

-¿Qué te parece si cuando lleguemos al club te sientas en la computadora y ordenas todos los libros que tu pequeño corazón desee? Toma – Jacob sacó su cartera de cuero negro y le entregó su American Express negra.

-Todo lo usas negro. Incluso tu pretenciosa tarjeta – susurró ella tomando el rectángulo de plástico que en si valía un par de dólares, pero contenía miles.

Jacob y los hombres en los asientos delanteros sonrieron.

-Es más fácil ocultar la sangre en algo negro, Renesmee. Por eso siempre vestimos de negro.

Ella se encogió de hombros sin darle más importancia.

¡Tendría nuevos libros!

En el club recorrieron el lugar viendo que todo estuviera listo para su apertura, como lo hicieron las noches anteriores. En la oficina Renesmee se sentó a leer y Jacob en la computadora después de que ordenaran unos cuantos libros, así como su nueva secadora de pelo, que llegarían a la casa a partir del lunes.

Jacob se sentía feliz, pudo hacer algo que le sacó una pequeña sonrisa a la chica. Quería que sonriera más, pero no sabía cómo hacerla feliz. No sabía cómo tomaría ella que le ofreciera pagarle un terapeuta. Por la vida modesta que vio que llevaba en el apartamento en que vivía, supo que no era vanidosa, no tenía lujos, era sencilla. Pero maldición, se veía hermosa en los vestidos que le compró.

Esa noche Jacob pensó que se veía como una sexy bibliotecaria, ahí sentada en el sofá, con la espalda recta, sus piernas cruzadas por sus tobillos y el libro en sus manos, con la cara metida en el. Su cabello estaba recogido en una alta coleta, dejando al descubierto su hermosa cara que apenas si llevaba maquillaje. Usaba un vestido de falda negra de las costillas hasta debajo de las rodillas y la blusa era de cuadros blancos y negros, de escote cuadrado que no mostraba nada. Era un vestido muy cubierto pero para Jacob, era muy sexy, pues podía ver cada valle y curva de su cuerpo.

Se regañó a si mismo por estar pensando en ella de esa forma, ella jamás lo vería de otra manera, más que su secuestrador/protector. Pero no podia evitar admirar su belleza, aunque fuera a distancia.

Él jamas la tocaría, le dio su palabra.

De pronto, la puerta de la oficina se abrió, Renesmee se sobresaltó y un par de hombres que no había visto lanzaron dentro a un tipo delgado y rubio.

-Señorita – murmuraron ambos con cortesía, antes de marcharse.

Quil y Embry forcejearon con él hasta sentarlo frente a Jacob, quien no se había movido de su escritorio. El delgado hombre trató de ponerse de pie, pero una gran mano en sus hombros se lo impidió.

-Francis, que bueno que llegas. Te hemos estado esperando – saludó Jacob con una sonrisa.

Ah, una bienvenida distracción.

-Jacob, te juro que no sé dónde está mi hermano.

El moreno movió su mano, restándole importancia.

-Calma chico – Jacob se puso de pie y Renesmee siguió contemplando la escena, con su libro viejo aun en sus manos.

-No sé dónde está mi hermano. Lo juro.

Jacob sonrió de nuevo, pero no era una sonrisa amigable. Era una sonrisa siniestra y Renesmee y el rubio tragaron saliva; él de miedo y ella… aun no lo sabía con exactitud.

-¿Entonces por qué vieron tu auto en el Motel Conway? – Jacob tomó al chico del cuello de su camisa acercándolo a su rostro, levantándolo de su asiento.

-No sé de qué me hablas – las débiles manos del chico tomaron las muñecas de Jacob.

-Tengo ojos y oídos en toda la ciudad, niño. Tú y tu hermano son unos estúpidos hijos de papi. Les advertí que conmigo no se juega.

-Estaba en el motel con mi chica, lo juro.

-¿Dónde está tu hermano? – la voz de Jacob bajo amenazadoramente y Renesmee mojó sus labios secos con su lengua.

-No lo s… - el rubio no terminó de dar su respuesta cuando Jacob le dio un puñetazo en el oído.

El rubio cayó al suelo, aturdido. Jacob sacudió su traje negro y respiró profundo.

-No quiero hacerte daño, niño. Tampoco quiero ir con el chisme con tu papi el senador, porque el negocio es entre ustedes y yo. Ustedes son los que me van a pagar… o me las van a pagar.

-Jacob, yo… - Jacob pateó al chico y Renesmee escuchó como se rompieron sus costillas.

La chica miró a Jacob, sus rodillas y muslos se frotaron con anticipación, su respiración era irregular, pero en sus ojos se veía el horror. Horror de sus sentimientos.

Esto está mal. Eres una enferma.

Renesmee emitió un pequeño gemido, que Jacob mal interpretó con temor, cuando por fin se acordó que ella seguía ahí, viéndolo golpear a un chico apenas mayor de edad.

Los ojos de Renesmee se cruzaron con los de Jacob y ella soltó su libro y salió corriendo.

-¡Mierda! –Jacob jaló su cabello, viéndola irse, pero supo que no iría muy lejos y si salía del club uno de los guardias la seguiría y la traería de vuelta-. ¡¿Ves lo que hiciste?! – le gritó Jacob al rubio.

Jacob se concentró en la pequeña mierdecilla. Lo sentó de nuevo en la silla frente al escritorio, lo dejó que recobrara un poco más sus sentidos y estaba listo para molerlo a golpes, como un mensaje para su estúpido hermano mayor, cuando un pequeño bólido entro a la habitación, tomó un puñado de pelo del rubio y estampó su rostro contra el escritorio.

-¿Dónde diablos esta tu hermano? – la chica preguntó abriendo la boca del casi inconsciente chico, metió un par de pinzas, encontró lo que buscaba y jaló con un gruñido salvaje, que se convirtió en una risa infantil cuando logró su cometido.

Jacob, Quil y Embry jadearon al ver la muela ensangrentada con un pedacito de encía aun pegada a ella, brillando al final de las pinzas que sostenía Renesmee.


Julky
helenagonzalez26-athos
AIDEE SANCHEZ SALGADO
familycullenblack
Gracias por sus coments, mis linduras!

Pd: les dije que se iba a poner violento.

Pd2: Ya han sido Little Perverts Asesinas, Little Perverts Rosaditas (creo) y no se que mas perverts ha sido.

Que nombre quieren ahora? Little Perverts Madames? Little Perverts Mascotitas?