Candy había caminado cerca de 5 calles cuando pudo ver a Albert a la distancia, ella corrió hacia él lo más rápido que pudo – Por favor Sr. Albert, no se vaya, no me deje sola – Imploró Candy llorando.

- Candy, por favor no me digas eso, tu lugar es con Terry, los dos se aman y si yo sigo viviendo con ustedes, solo les traeré muchos problemas – Dijo Albert, abrazándola.

- Terry no confía en mí, ¿cómo puede pensar que yo podría engañarlo con usted? Si usted es como mi hermano mayor – Dijo Candy, aun llorando.

- Ustedes dos tienen que platicar, si van a casarse pronto deben tenerse confianza, si no, nunca podrán ser felices. Además, ¿no me contaste que tú también habías desconfiado de él, cuándo fue a verte a Chicago? Creo que no deberías ser tan severa con Terry, él te ama por sobre todas las cosas y si se comportó así contigo, es porque tiene miedo de perderte.

Al escuchar las palabras de Albert, Candy comprendió que su amigo tenía razón, ella ni siquiera le había dado la oportunidad a Terry de disculparse – Hablaré con él en la tarde, ahorita ya se me hizo tarde para ir al hospital - Le dijo ella a Albert - Pero usted me preocupa, ¿a donde va a ir si no conoce la ciudad?

- Ahorita voy a ir a trabajar y cuando salga voy a irme a un hotel barato, en mi descanso buscaré un lugar para vivir.

Candy recordó lo que Terry le había platicado acerca de los departamentos económicos, si Albert se quedaba ahí, ella podría visitarlo de vez en cuando – Por favor Sr. Albert, espéreme a la salida en la cafetería, necesito platicar con usted de algo muy importante – Dicho esto, Candy le sugirió a Albert que tomaran un taxi, ya que no les iba a dar tiempo de irse caminando.

Por su parte, Terry estaba furioso con Susana y también con él mismo por haberse dejado llevar por sus intrigas – Sí, el tonto he sido yo por desconfiar de Candy – Se dijo así mismo. Cuando se calmó, comenzó a pensar las cosas fríamente, él comprendió que necesitaba alejar a Susana para siempre de su vida – Le contaré todo a Candy ésta noche, no quiero que haya más secretos entre los dos.

Candy llegó al departamento cerca de las seis de la tarde, había convencido a Albert de aceptar la ayuda de Terry, Albert pasaría esa noche en el hotel, mientras ella convencía a Terry de que llevara a su amigo a los departamentos. Ella preparó la cena para esperar a Terry y después tomó una siesta, sabía que Terry llegaría entre las nueve y las diez.

Cuando Terry llegó, vio que la mesa ya estaba servida, le sorprendió que Candy lo estuviera esperando, él supuso que ella estaría muy enojada. Terry llevaba consigo un enorme ramo de flores, él se acercó hasta ella y se arrodilló a sus pies.

- Pecosa, por favor perdóname, moría de miedo de pensar que podrías dejar de quererme, los celos se apoderaron de mí y dejé de pensar con claridad – Le dijo Terry, con lágrimas en los ojos.

Candy se sintió conmovida, ya ni siquiera estaba enojada con él. Ella lo ayudó a levantarse y lo abrazó con fuerza – Claro que te perdono Terry, yo sé que tú me amas, pero no podemos seguir desconfiando el uno del otro, hemos pasado por tantas cosas como para que un chisme malintencionado nos separe. Necesito que confíes en mí, tú eres todo lo que yo necesito para ser feliz.

- Te prometo que jamás volveré a dudar de ti.

Durante la cena Terry le platicó a Candy todo lo que había pasado con Susana, él sabía que si no quería tener más malentendidos con Candy, tenía que empezar por ser sincero con ella. Candy no se molestó, ya estaba acostumbrada a que la gente la calumniara, solo le pidió a Terry que tuviera cuidado con Susana, ella estaba segura de que esa mujer seguiría tratando de separarlos.

Antes de irse a dormir, Candy le platico de la situación de Albert, ella quería saber si la decisión de Terry de ayudarlo seguía en pie. Él le apuntó en un papel la dirección de los departamentos y le dijo a ella que pasaría temprano a pagar la renta de Albert. Candy se sintió más tranquila.

Esa noche y las que siguieron, hicieron el amor, sus encuentros eran cada vez más intensos, Terry ya no se sentía tan torpe y se había vuelto mucho más apasionado, siempre estaba buscando nuevas formas de satisfacer a Candy. Ella, por su parte ya había perdido la timidez, siempre trataba de complacer a Terry en la cama, sentía que era la mejor manera de demostrarle cuanto lo amaba.

Durante los ensayos de la obra Terry comenzó a ignorar a Susana, él había decidido no reclamarle nada de lo ocurrido, ya que estaba seguro que ella se iba a alegrar mucho, si se enteraba de que por su culpa había peleado con Candy, y no quería darle ese gusto. Se prometió a sí mismo no volver a darle importancia a sus intrigas.

Faltaban pocos meses para que Terry cumpliera 18 años, él quería aprovechar esa fecha para casarse con Candy, ella ya era su mujer en la práctica, pero deseaba que fuera su esposa ante los ojos de Dios. Además, pronto comenzaría la gira de la obra y quería que cuando eso sucediera, Candy estuviera legalmente unida a él. Terry le compró un bonito anillo de compromiso, él se lo daría durante la cena de año nuevo, conmemorando la noche en que se conocieron, tres años atrás.

Candy iba a visitar a Albert tres veces por semana, al salir del trabajo, ellos siempre se quedaban platicando durante toda la tarde, al final, Albert siempre la acompañaba hasta su casa. Él se sentía feliz con su vida en Nueva York, estaba tranquilo y no le hacía falta nada, una vez por semana iba a cenar con Candy y Terry al departamento, él estaba muy agradecido con ellos por haberlo ayudado.

Una tarde, Candy se encontraba comiendo en casa de Albert, cuando comenzó a sentirse mal, ella sintió muchas nauseas al oler la sopa que su amigo le habían servido, lo primero que pensó, fue que el helado que se había comido saliendo del hospital le había caído mal. Albert se asustó, notó que Candy estaba muy pálida, además, él recordó que en sus últimas visitas, ella se había quejado de estar muy cansada.

- Candy, sé que yo no soy nadie para meterme en tu vida, pero ¿no has pensado que podrías estar embarazada? – Preguntó Albert, preocupado.

Candy se quedó pensativa, había hecho el amor con Terry casi todas las noches y hacía más de un mes que no le venía su periodo, por un momento entró en pánico, ellos dos aún no se habían casado, y si de algo estaba segura, es que no sería bien visto por la sociedad, que ella estuviera embarazada siendo soltera. Ella necesitaba saber si eso era lo que le estaba pasando, estaba decidida, al día siguiente le pediría a alguno de los doctores que la revisaran.

Después de la sorpresa inicial, Candy sintió una gran alegría de pensar que pudiera estar embarazada, pensó que por fin tendría la familia que siempre deseo. Ella no quiso decirle nada a Terry hasta que estuviera segura de su embarazo, esa noche no pudo dormir de la emoción.

A la mañana siguiente, Candy se levantó de muy buen humor, estuvo cantando mientras le preparaba el desayuno a Terry, él se sorprendió de verla tan feliz.

- ¿Qué mosco te picó hoy? Veo que amaneciste más contenta que de costumbre – Le dijo Terry, mientras la observaba bailar y cantar por la sala.

- Es que soy muy feliz contigo – Le respondió Candy, después lo abrazó y le dio un gran beso.

- Te comprendo, yo también estaría muy feliz de estar con alguien como yo – Bromeó él.

Candy hizo una mueca de disgusto, pero al final, terminó por sonreír. Los dos permanecieron abrazados por un largo rato, después se arreglaron para irse a trabajar. Ese día Terry la acompañó hasta el hospital, sin importarle que iba a llegar tarde al teatro.

Cuando Candy llegó al hospital, lo primero que hizo fue buscar a un médico de confianza para que la revisara, sabía bien que sería difícil que le confirmaran su embarazo, no tenía mucho tiempo de haber comenzado a tener intimidad con Terry. Pero antes que nada, ella quería descartar que no estuviera enferma de algo.

Cuando el doctor la reviso, no encontró nada fuera de lo normal en ella, fue entonces que ella le comentó de sus sospechas, él le pidió que esperara un mes más para poder hacer un diagnóstico más certero y le pidió que estuviera al pendiente de los síntomas más comunes: nauseas, antojos, aumento de peso, y que se cuidara más de lo habitual. Él la volvería a checar dentro de un mes.

- Estoy segura que si estoy embarazada – Pensó Candy, algo dentro de ella le decía que pronto sería mamá.

Ya casi terminaba el mes de noviembre y Terry se sentía preocupado, dentro de dos meses más iniciarían la gira de la obra y viajarían por varios lugares. Serían aproximadamente tres meses de gira y él no quería dejar sola a Candy, le preocupaba que algo malo pudiera pasarle durante su ausencia.

El mes de diciembre se pasó volando, Candy se miraba todos los días su pancita, para ver si le estaba creciendo, además trataba de tener cuidado al hacer el amor con Terry, no quería que algo malo le pasara al bebé. Su periodo no había aparecido aun y había días que tenía unas nauseas terribles, ella vomitaba más de una vez al día. Terry notó que algo le estaba pasando a su mujer, pero Candy se negaba a darle la noticia.

Terry seguía teniendo mucho éxito con la obra, se había convertido en un actor reconocido y sus ingresos habían aumentado considerablemente, él trataba de ahorrar lo más que podía para la fiesta de la boda. Terry iba a tener una semana libre antes de empezar la gira, la cual aprovecharía para celebrar su unión en el hogar de Pony, él sabía que Candy estaría feliz de casarse ahí.

Cuando Candy iba a visitar a Albert, pasaba todo el tiempo hablando de su futuro bebé, estaba tan emocionada. Albert también se sentía muy contento por ella, deseaba con todo el corazón que ellos fueran felices, estaba seguro que este bebé terminaría por unirlos más.

Los tres pasaron la Noche Buena juntos, Albert les ayudó a preparar la cena. Candy decidió que esa noche le daría la noticia a Terry, ese sería su regalo de navidad para él. La madre de Terry se unió a la celebración, llegó cerca de la medianoche para hacer el brindis con ellos, ella no había visto a Candy desde aquella vez que se encontraron en Escocia, cuando se conocieron.

A las doce de la noche alzaron sus copas, todos brindaron por las cosas buenas que estaba por venir, poco después, empezaron a intercambiar presentes. Eleanor comenzó, ya que había traído varios regalos para ellos. Cuando llegó su turno, Candy sacó un par de botitas que había tejido a escondidas, las tenía guardadas debajo de la cama, ella se las entregó a Terry, pero él no comprendió por qué se las estaba dando.

Eleonor lanzó un grito de emoción - ¡Felicidades hijo! – Gritó ella y corrió hacia Terry para abrazarlo. Él seguía sin comprender lo que estaba pasando, solo miró a su madre con desconcierto – ¡Vas a ser papá! – Le dijo ella, mientras lo abrazaba.

Terry se quedó sin palabras, no esperaba recibir esa noticia y menos de esa manera, volteó a ver a Candy y vio que ella le estaba sonriendo, él le regresó la sonrisa, la abrazó con fuerza y le dio un gran beso en la frente - ¿Es verdad? – Le preguntó, con lágrimas en los ojos.

- Sí, es verdad, vamos a tener un bebé.

Terry no pudo evitar llorar de alegría, esa era la mejor noticia que había recibido en toda su vida, él se disculpó con todos y fue a buscar el anillo que había comprado para Candy, salió del cuarto y caminó hacia ella.

- Yo también tengo un regalo para ti – Dijo Terry, hincándose frente a ella – Por favor, cásate conmigo – Él tomó su mano y le colocó el anillo en su dedo anular, Candy lo abrazó, sin lugar a dudas, ese era el día más feliz de sus vidas.