Bueno, simplemente me inspire jajaja aquí les dejo, disfrútenlo.


Capítulo VII

CENA I

Todo un público observándome, muy interesado en lo que estaba pasando, y yo, ni enterada estaba en mi burbuja personal, en es momento no me importaba nada, me quede como estatua en la entrada del salón suspirando.

—Señorita Swan, ¿usted va a ser tan amable de acompañarnos en la clase? —dijo la profesora, sacándome completamente de mis cavilaciones y tomándome totalmente desprevenida, me sonroje ante la vergüenza de que todo el salón estaba mirándome, con risitas conteniéndose.

—Disculpe —le dije y me dirigí inmediatamente hacia mi puesto.

No presté mucha atención a lo que se decía en la clase, aunque escuchaba los poemas que era recitados por la profesora y que me traían a la mente a mi príncipe, a mi Edward.

Ay, no es posible ¡ya! — ¿qué me está pasando? me estoy ilusionando mucho, pero ya que; por lo pronto, solo me importa las maravillosas líneas que me encantaría me las recitara él.

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cuatro
y acabo la planilla y pienso diez minutos
y estiro las piernas como todas las tardes
y hago así con los hombros para aflojar la espalda
y me doblo los dedos y les saco mentiras.

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cinco
y soy una manija que calcula intereses
o dos manos que saltan sobre cuarenta teclas
o un oído que escucha como ladra el teléfono
o un tipo que hace números y les saca verdades.

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las seis.
Podrías acercarte de sorpresa
y decirme "¿Qué tal?" y quedaríamos
yo con la mancha roja de tus labios
tú con el tizne azul de mi carbónico.*

Pero más parecían versos que yo le podría recitar, él me hacía tanta falta cuando no estaba a mi lado; en estos momentos incluso desearía que estuviera y por lo menos mirarlo, sentirlo cerca; y que carajos, quisiera sentir sus labios que a la vista eran tan deliciosos, de solo imaginar su sabor se me hacía agua la boca.

Ilusiones, tan solo ilusiones vanas me estaba formando en la cabeza; él nunca se fijaría en mí, una chica sin gracia.

Las horas hasta llegar al almuerzo se pasaron como un borrón, cuando menos me di cuenta ya estaba en la entrada de la cafetería haciendo la fila para pedir mi almuerzo.

—Bella. Edward, el chico nuevo viene hacia acá —me dijo Ángela despertándome del sopor en el que estaba, y efectivamente, ahí venia tan guapo, con unos movimientos que producían exquisitez, con andares muy sutiles, hacia mí se dirigía el príncipe, el rey de mi corazón, con una enorme sonrisa adornando su rostro.

—Hola Bella —me saludo y me dio un tierno beso en la mejilla —y tú eres… _ dijo dirigiéndose a mi acompañante.

—Ángela, mucho gusto —dijo ella y le tomo de la mano

—El gusto es mío —su sonrisa era radiante —Bueno, Bella quisiera que compartieras mesa hoy conmigo. Claro, si quieres.

—Ok —dije simplemente al no hallar más palabras.

—Espérame aquí —me dijo mientras se dirigía a pedir la comida para los dos —listo —dijo sonriendo.

Nos sentamos y por un largo tiempo solo nos quedamos mirando en los ojos del otro; que ridículo, yo miraba en sus ojos, él seguro que ni me notaba, sólo debía ser por mera cortesía que me invitaba a comer con él; aunque las malditas esperanzas que afloraban constantemente sin siquiera haber agua real conque alimentarlas, solo un mero gas que con un triste soplo iba a volar a rumbos muy, muy lejanos.

—Bella —dijo de repente —quisiera invitarte a cenar hoy en la noche ¿te parece? —me dijo y como siempre, preguntando mi opinión.

—Claro —dije sorprendida, ahora que lo pensaba, nunca me había negado a nada que me pidiera, pero ¿quién podría negarse? _ ¿a dónde iremos?

—Es una sorpresa —dijo y sonrió de manera torcida, una sonrisa tan fascinante que me deslumbro completamente.

—Claro, una sorpresa —dije bajo, para mí realmente, pero él lo escucho

— ¿No te gustan las sorpresas? —Preguntó, asustado y sorprendido

—No mucho la verdad, —mi expresión de fastidio pareció desilusionarlo —pero, solo a ti te dejo que me sorprendas —dije en forma de secreto, acercándome a su oído, a sus ojos regresó ese brillo mágico que siempre los envolvía; sonreí, para que no desistiera de su plan, porque aunque no me gustaran las sorpresas eso significaba que iba a estar con él, así que me guardaría para mi la fobia por ellas y aceptaría, aunque me llevara sin enterarme al mismísimo infierno, con él a mi lado seria el paraíso.

—Ok—. Dijo y de repente cambió bruscamente de tema, me empezó a preguntar cosas sobre mi familia, mis amigos, mis gustos, hasta que sonó el timbre para regresar a clases. —Bueno señorita, creo que hasta aquí llega nuestra conversa, por ahora —recalcó y sonrió — ¿vamos? —me ofreció su mano.

—Claro —contesté sin rechistar

—Te llevare hoy a tu casa, no te deje venir en tu auto y es justo que te regrese —dijo, mientras nos dirigíamos a la clase.

—Claro, gracias.

—No tienes de que —sonrió, últimamente estaba tan sonriente, eso me encantaba porque yo lo estaba también a la par de él. Nos estábamos sentando cuando continuó —y que te parece si te paso a recoger a eso de las 7 para irnos a nuestra cena —que bien sonaba ese "nuestra", lo dijo en medio de una sonrisa y una mirada que reflejaba incertidumbre

—Por supuesto estaré lista a las 7, pero ¿cómo debo ir vestida? — pregunté asustada, no sabía a qué lugar me llevaría y era mejor preguntar; pero rio ante mi pregunta, me sonroje un poco

—No te preocupes, no importa con lo que vayas, créeme que si fueras incluso con harapos te verías totalmente fabulosa —dijo, haciéndome sonrojar aún más —y con ese color divino en tus mejillas —me acaricio el rostro y sonrió.

El profesor empezó la clase y ya no tuvimos oportunidad de seguir hablando, pero si tuve muchas oportunidades de avergonzarme ya que estaba totalmente perdida, mirando constantemente a Edward que muchas veces me pillo observándolo y cada vez que lo hacía me sonreía de manera muy tierna.

Cuando la clase terminó nos dirigimos hacia su auto, con las miradas de los curiosos encima nuestro; la verdad me molestaba un poco, aunque al lado de él me sentía protegida; los hermanos de Edward simplemente nos sonrieron y nos saludaron desde lejos, dirigiéndose todos a un fabuloso auto rojo descapotable, pero mi camioneta parecía ser más resistente y eso me enorgullecía.

—Paso por ti entonces —dijo, cuando sin darme cuenta ya habíamos llegado a casa.

—Em claro, te espero entonces.

—Estas muy distraída, ¿en que piensas? —preguntó casualmente y con unos ojos que demostraban incertidumbre.

—No, no es nada _ dije bajando la cabeza

—Bueno, creo que te lograre convencer para que me cuentes —Me guiñó un ojo, pícaramente sonriendo de lado, me deslumbro completamente

—Eso lo veremos —respondí únicamente. Me baje de su auto dirigiéndome rápidamente hacia la puerta y cuando voltee su carro ya se miraba a lo lejos; sonreí, quería ver que hacia para convencerme, la idea me hizo pegar una carcajada.

Entre suspiro y suspiro me fui rápidamente al teléfono, tenía que avisarle a mi padre por si llegaba tarde no se preocupara; sonó dos veces y contesto el jefe Swan.

—Hola, jefatura de policía de Forks. ¿En que le puedo ayudar? —contestó de manera autoritaria y profesional, lo que me causo un poco de gracia, nunca lo había escuchado hablar de esa forma tan seria.

—Hola papá —saludé en medio de una risita.

—Ah, hola Bella, eres tú. ¿Pasó algo?

—No, solo llamaba a decirte que me voy a cenar con un amigo y quizás llegue tarde, solo era para que no te preocuparas cuando llegues.

—Ok, pero con que amigo señorita —me dijo serio.

—Edward Cullen, no sé si lo conoces, es nuevo en el pueblo.

—Claro, es el hijo del doctor ¿verdad?

—Si papá.

—Está bien, pero vete con cuidado

—Ok, adiós.

—Adiós —me dijo y colgué. Bueno, por lo menos no había preguntado más de la cuenta y eso me tranquilizaba, solo espero que no pregunte nada más.

Le deje la cena preparada de todas maneras en el refrigerador para cuando llegara. Subí rápidamente a mi dormitorio y me cambie, colocándome el único vestido que me gustaba, era de color gris, de tiritas, llevaba una cinta bajo el busto, a partir de ahí caía hasta la altura de la rodilla y encima me coloque un saco delgado color beige; con los zapatos no había opción, me coloque una especie de baletas porque los tacones y yo no combinábamos. Así me haya dicho que fuera como quisiera, no quería de pronto desentonar, era un traje elegante pero casual y me pareció justo para la ocasión.

Cuando me di cuenta ya faltaban solo 10 minutos, me lavé rápidamente los dientes, mi cabello lo dejé como siempre, suelto, y sin ninguna gota de maquillaje porque uno, no me gustaba y dos ya no tenía tiempo, pasé rápidamente las cosas de mi maleta a un bolso pequeño, adecuado para le vestido y me apresure a bajar. Estaba pisando el ultimo escalón y la puerta sonó sutilmente con tres golpes, respire hondo y me dirigí a abrir.

La puerta se abrió y ahí, como una misma aparición celestial estaba él, tan informal y tal sensual como siempre. Llevaba unos pantalones color negro, un saco pegado al cuerpo color beige y un gabán negro, lo que me hiso pensar que yo iba demasiado elegante.

—Te ves hermosa Bella, aunque en esa palabra no cabe toda la belleza que tu guardas —me dijo, haciéndome sonrojar.

—Tú te ves muy bien —MARAVILLOSO quería decirle, pero temía a que se molestara —aunque creo que voy muy elegante.

—No, no, te ves espectacular —sonrió — ¿vamos? —me tomó de la mano, simplemente asentí y mientras él me guiaba hasta su auto yo cerré la puerta tras de mí.


*Poema "Amor de tarde" de Mario Benedetti


Ok terminado :D espero lo hayan disfrutado.

Gracias por leer a quienes lo leen y me dejan sus opiniones y han colocado esta historia como favorita y alerta ;) Sin más hasta aquí llego, hasta la próxima. Los quiero.


EDIT: :') amé el poema :') … "Editado" recuerden, no soy perfecta así que muchas cosas se me escaparán.


GRACIAS POR LEER

Beijos

Merce