Los años pasan, las nieves se suceden, y Gulfan crece. Crecen también los polluelos humanos y ya no necesitan de escoltas para ir de caza.
Cabalgan en silencio hacia el bosque. Gulfan lleva la caperuza de cuero que lo aísla del mundo dejándolo ciego y casi sordo. El suave balanceo del caballo le adormece y las voces —sin la risa franca y sincera de antes— le llegan ahogadas y ensordecidas…
Debería estar volando. Debería estar cazando…
Gulfan se resiste contra la obligación, contra el condicionamiento que por años le fuerza al sometimiento. A veces, es una chispa, a veces, una llama que no alcanza a disipar la oscuridad…
Debería ser lo que siempre estuvo destinado a ser…
Debería ser libre…
