Perdón por tardar, es que estoy en períodos de exámenes! Sepan entender por favor! jajaja
Se que no mucha gente lee este fic, y eso es debido a que no tiene a los personajes que mas amamos, pero solo quiero decir que no falta mucho para que esta pequeña historia concluya, de modo que Tori esta MUY cerca de encontrarse con un par de personajes SUMAMENTE conocidos por todos nosotros! Pero aunque no muchos lean, yo quiero terminar esta parte de la historia porque es algo que tuve en mi cabeza por mucho tiempo y realmente quería publicarlo.
Bueno, los dejo de aburrir!
El cielo seguía oscuro cuando los hermanos llegaron al cuartel de la milicia. Tori había dormido apenas tres horas, sobre la mesa de la cocina, por lo que todos sus músculos gritaban de dolor. El vehículo fue bajando lentamente desde los aires hasta llegar hasta la puerta del edificio. Tori nunca había viajado en uno de esos, eran demasiado nuevos en el mercado, y la mayoría aún iba por tierra. El hombre musculoso bajó antes, y les mantuvo la puerta abierta para que ellos pudiesen descender. Primero Michael, y luego ella.
-Síganme.- Les comunico una mujer de rodete, que los aguardaba en la puerta.
Tori comenzó a avanzar. Apenas dio un par de pasos cuando sintió la mano de su hermano aferrarse a la de ella, como si de eso dependiera su vida. Bajó la mirada para ver al niño pegado a ella y con los ojos fijos en el frente.
Ingresaron al edificio. Los pasillos eran blancos y los pisos se encontraban relucientes. Era el lugar más pulcro eh inmaculado en el que ella había estado. Sus pisadas resonaban por todas partes, siendo lo único que podía escuchar. Finalmente llegaron a un escritorio en donde una mujer los esperaba sentada.
-¿Los demás ya llegaron?- Preguntó la señora de rodete.
-Sí, ustedes son los últimos.- Confirmó la secretaría, observando a los hermanos.
-Bien, gracias. Por aquí.
Tori y Mike la siguieron, pasando por incontables puertas, hasta que por fin la mujer se detuvo en frente de una.
-Adentro les explicaran todo.
-¿Y por qué usted no lo puede hacer ahora?- Preguntó Tori inmensamente enfadada, pero sin soltarse de Michael.- ¡Hemos atravesado la ciudad sin ninguna clase de respuesta sobre qué ha pasado con nuestra madre!
-Escucha, jovencita.- Respondió la mujer agachándose un poco para que sus ojos quedasen a la misma altura que los de Tori.- Todos en el edificio están trabajando en arreglar un problema, no tengo tiempo para contarte los detalles, pero los que están detrás de esta puerta sí, de modo que has lo que se te dice y entra de una vez.
Tori abrió la boca para contestarle, pero Mike ya había comenzado a avanzar hacia la puerta, arrastrando a su hermana mayor. De modo que la chica se guardó sus opiniones y simplemente se dejó llevar por el niño hacía el interior de la habitación.
Apenas ingresaron ambos pudieron apreciar la enorme extensión del cuarto. Estaba repleto de sillones, y de algunas camas marineras. Varias puertas abiertas que dejaban ver que eran baños. Un par de mesas para comer completaban la vista. Sin embargo, el lugar parecía chico por la cantidad de gente que había.
Al principio Tori no reconoció a nadie, pero solo le bastó unos segundos para comenzar a toparse con caras conocidas. Eran las familias de los compañeros de su madre. ¿Qué hacían todo allí?
-¡Tori! ¡Michael!
Ambos buscaron con la mirada a la persona que los estaba llamando, y no tardaron en ver a la Señora Thomson. Una mujer mayor bajita, ojos negros y piel oscura. Era la madre de Brian Thomson. Uno de los mejores amigos de su madre. Era la típica señora que hace galletas y teje frente a la chimenea. Los había cuidado cuando Sarah se tenía que ausentar más de lo habitual.
-Señora Thomson.- Saludo con alivio Tori al encontrarse con alguien de confianza.
-Hola, niños.- Respondió la señora colocando su mano en el hombro de la chica.- Deben estar aterrados, los pobrecitos.
-No nos quisieron contar nada.- Dijo la muchacha.
- Esos idiotas, vengan, les explicaré todo.- Dijo la mujer guiándolos hasta uno de los inmensos sillones y sentándose en el mismo. Tori y Mike la imitaron al instante.- Esto va a ser difícil, chicos, pero tienen que saberlo… Su madre… ella, mi hijo, y todos los demás que se encuentran en la misma unidad, perdieron contacto con la base hace más de seis horas. No hay noticias de ninguno de los veinte. Se han esfumado en el aire…
Los ojos de la señora Thomson se humedecían cada vez más, con cada palabra que pronunciaba. Finalmente se rindió, desarmándose en lágrimas, mientras tapa su rostro con las manos. Tori la observó atónita. Su mente estaba en blanco. ¿Su mamá había desaparecido? Eso era…
-Imposible.-Dijo Mike, como si le hubiese leído al mente.
- Completamente imposible.- Contestó con la mera intensión de no preocupar al niño, aunque la verdad era que un nudo se le estaba comenzando a formar en la garganta.
-Están organizando una misión de rescate.-Aseguró la mujer con una leve sonrisa esperanzadora.- Hay que tener fe, chicos.
Tori le apretó la mano a su hermano y compartió con él una fugaz sonrisa.
-No hay nada de qué preocuparse entonces. ..Mike ¿Por qué no vas a dormir un rato? Yo te acompañaré en unos minutos ¿Si?- Tori posó su mano en el hombro del chico y le sonrió para tranquilizarlo.
-Claro.- Respondió obediente Michael, pero mientras se estaba alejando se volteó por unos segundos para agregar:-No soy tonto, quieres alejarme para hablar con la Señora Thomson. Sera mejor que luego me cuentes todo.
Tori asintió con la cabeza, mientras el niño se iba acorriendo a buscar en lugar para poder descansar.
-¿Es verdad lo del grupo del rescate, o solo mintió para no hacer sentir mal a Mike?- Preguntó la chica, apenas su hermano se alejó lo suficiente.
-Es verdad.- La señora Thomson se quedó en silencio unos segundos, observando a la chica, y entonces tomó su mano con delicadeza y la apretó entre las suya.
-¿Qué hace?-Preguntó un poco más a la defensiva de lo que pretendía.
-Tratas a Mike como un niño, y te olvidas que tú también lo eres.
-Yo no soy una niña.- Las palabras salieron automáticamente. Ni siquiera tuvo que pensarlas.
¿Una niña? ¿Hablaba enserio? ¡Tenía casi catorce años! La niñez era una etapa relativa, pero si aún no la habías superado a los doce años, entonces eras un auténtico fracaso. Ese mundo no perdonaba. O madurabas rápido, o morías. No hay una tercera opción. A menos, claro, que fueses Michael, y aún así ella consideraba que su hermano debía comenzar a aprender a manejarse solo en ese mundo cuanto antes. Tori había aprendido a utilizar los cuchillos a los siete, y el arma a las once. Sabía de defensa personal, y su madre le había enseñado a conducir a los diez. Podía robar y mentir, si eso quería, y la gente ni siquiera se daría cuenta. Era capaz de recorrer todas las esquinas y callejones de su barrio con los ojos cerrados. Cuidaba a su hermano desde los ocho, sabía cocinar y evitar que casa fuese un caos. Tori no era una niña.
-Disculpe, debo ir al baño.
La muchacha se soltó del agarre de la señora Thomson, para dirigirse al baño más cercano. No quería hablar con nadie, y menos con una persona que la considerara una simple niña. La mayor de los Evans se encerró en el pequeño cubículo y trabo la puerta. ¿Niña? ¿Cómo se atrevía? Se acercó al grifo y lo abrió, para mojarse la cara. Apenas levantó la mirada se encontró a sí misma reflejada en el espejo. Estaba demasiado blanca. Quizás por eso la señora Thomson se había preocupada por ella. Tal vez, y solo tal vez, ella si era una niña. Se observó por unos instantes. Pestañas largas, labios disparejos, cabello atado para ocultar lo horrible que se vía despeinado, ojos grandes, nariz pequeña, cejas pobladas…. Parecía una niña. Una niña huérfana. Negó fuertemente con la cabeza para apartar ese horrible pensamiento. Tori se dejó caer, sentándose en el frío piso y apoyando la espalda contra la pared. Cerró sus ojos eh intentó reprimir el llanto. Su madre no estaba muerta. La encontrarían. Debían hacerlo. Vamos, no eres tonta. Aún sin un cuerpo es sabido que las posibilidades de mamá, o de cualquiera que no sea inmune, son mínimas allí fuera. Ella está muerta, y CRUEL se llevara a Michael.
-¡NO!
Presionó sus manos contra los oídos y comenzó a balancearse. Su cerebro era un maldito desgraciado. Siempre asumiendo lo peor. Tori trato de respirar profundo, pero no podía. Abrió los ojos y se dio cuenta de que todo el baño estaba borroso. Era como si estuviera viendo desde la perspectiva de una cámara de fotos con el lente fallado. Cerró otra vez sus ojos y trató de respirar otra vez. Era imposible.
-No, no. ¿Qué me pasa?- Sus palabras eran un eco lejano en sus oídos.
-Tori, respira, mamá está aquí, todo estará bien.
La chica abrió sus ojos. El baño había desaparecido. Ahora se encontraba en su casa, y podía observarse a ella misma, a los seis años. Sentada en un rincón y meciéndose con una expresión de terror absoluto. Su madre se hallaba a su lado y le hablaba con voz calma.
-Había mucha sangre… lo mataron… había tanta sangre….- La niña pequeña parecía estar teniendo una ataque de pánico- ¿Por qué? ¿Por qué no solo se lo llevaron con los demás enfermos mami?
-Porque no podían. Era demasiado peligroso. Los guardias se lo hubiesen llevado, pero el hombre estaba amenazando a muchas personas.
-¿Entonces está bien… ma….matar?- preguntó la niña mientras cada centímetro de su cuerpo temblaba violentamente.
-No siempre.- Sarah se quedó callada unos instantes, buscando las palabras correctas.- No voy a mentir y decirte que el mundo es un lugar seguro. Pero si te puedo asegurar que algún día cambiara. Tiene que hacerlo. Hasta entonces debemos protegernos a nosotros mismos y a los que amamos. Ese hombre podía contagiarte. Era peligroso, y esos guardias hicieron bien en alejarlo de los que pueden contraer la Llamarada…. Escucha, Tori, lamento que hayas tenido que ver eso, pero esa es la realidad. Yo haría lo que fuese para protegerlos a ti y Michael, y si tengo que recurrir a eso, entonces lo hare, porque lo queramos o no este es el mundo en el que vivimos ahora. ¿De acuerdo?
Tori alejó sus manos de los oídos y miró a su madre mientras asentía con lentitud.
-Te amo, Tori.
La niña, con la cara roja y empapada en lágrimas, se abalanzó sobre la mujer y abrazó con todas sus fuerzas.
-Yo también mama. Gracias.
La Tori mayor abrió sus ojos y de percató de que el baño había vuelto a la normalidad. Se paró con dificultad, aun sintiendo sus piernas temblar. Se secó las lágrimas con la manga, y luego comprobó en el espejo que no quedara rastros de su ataque de nervios. Su hermano no podía verla en ese estado. Abrió la puerta del baño y atravesó el salón para ir con su Mike, quien se encontraba acostado en una de las camas marineras. Tori se se colocó a su lado y casi inmediatamente su hermano se le acercó, para acurrucarse cerca de ella. La chica paso un brazo por arriba de la cabeza del niño, para poder envolverlo en un abrazo.
-¿Estas bien?
No importaba cuanto quisiese ocultarlo, su hermano la conocía demasiado bien.
-Sí.
Era una completa y absoluta mentira.
