Disclaimer: Los personajes pertenecen a Naoko Takeuchi, la historia es completamente de mi propiedad.
CAPITULO 7: La Realidad de mi Corazón
Los meses pasan tan rápido que a veces no nos damos cuenta, sin embargo en otras ocasiones, se nos hacen eternos y pesados. Ese era el caso de Serena. Se encontraba sentada junto a la ventana, viendo pasar a la gente, tal como lo había hecho durante las últimas dos semanas. No había querido hablar ni ver a nadie y apenas había probado bocado. Su corazón le dolía demasiado.
Recordaba claramente el momento en que su corazón supo la verdad, el momento en que descubrió lo que realmente la lastimaba, el momento en que descubrió que se había engañado por 11 largos meses. La voz de su madre se escuchó del otro lado de la puerta, pero no prestó atención.
— Serena, hija, Rei vino a verte —informó preocupada la mujer de cabello azulado —. Por favor Serena, habla con ella. Las chicas están preocupadas.
Serena se levantó de donde estaba y se dirigió a la puerta. Al abrirla, le regaló una sonrisa a su madre, aunque en sus ojos aún se podía ver la sombra de la tristeza.
— Dile que enseguida bajo —dijo la rubia tristemente, algo que desconcertó a su madre. Esta vez no había tenido que insistir, sin embargo, había logrado hablar con ella.
Serena bajó las escaleras lentamente. Parecía que cada paso le pesaba, estaba débil por la falta de alimento y su rostro se veía pálido. Las ojeras en el rostro, más que por falta de sueño, eran por haber llorado tanto. Al llegar a la pequeña sala, pudo ver a su amiga sentada en el sofá.
— Hola Rei. Lamento no haberte atendido las veces anteriores, pero no me he sentido bien. De hecho, ahora tampoco lo estoy ¿Podrías regresar mañana? Creo que estaré lista para hablar y, si gustas, te pueden acompañar las chicas —le pidió la rubia dándole a entender a su amiga que no quería visitas en ese momento.
La pelinegra la miró como estudiándola. Ella había presentido que esto acabaría mal, pero nunca se imaginó ver a su mejor amiga en el estado en el que se encontraba; sin embargo, tenía el presentimiento de que aún le faltaba mucho más por lo cual tendría que llorar. No queriendo torturarla más, decidió que era mejor dejarla otra vez sola.
— De acuerdo Serena. Me conformo con que hayas hablado, aunque sea un poco. Ahora me retiro —y antes de poder cruzar el umbral de la puerta, escuchó la voz de Serena.
— Rei, espera. ¿Me puedes hacer un favor? —Rei asintió con la cabeza —. Dile a Seiya que venga a verme hoy, después de la comida —pidió la rubia suplicante.
— ¿Crees que sea bueno? —exclamó ella, claramente asombrada —, es decir ¿No te hará daño verlo?
La rubia negó con la cabeza y luego dijo.
— No, necesito hablar con él. Llegó el momento de aclarar algunas cosas.
— Está bien, le diré que venga —concedió, y se dirigió a la puerta.
La rubia vio salir a su amiga por aquella puerta, la misma que ella había cruzado hace dos semanas en compañía de Haruka, sin imaginar que el acontecimiento que se produjo después, la llevaría al estado en el que se encontraba. Sus pensamientos fueron interrumpidos por la voz de su madre.
— ¿Tan pronto se fue Rei? Quería invitarla a comer con nosotros —dijo Ikuko sonriendo.
La rubia también sonrió.
— Regresará mañana. Las chicas también vendrán así que ¿cocinarías para nosotras? —preguntó tiernamente.
— Solo si me ayudas a preparar la mesa —le dijo su madre con una cálida sonrisa.
La rubia asintió suspirando profundamente, para después decir:
— Mami, Seiya vendrá a verme después de la comida —Ikuko la miró con un dejo de preocupación —. Mamá, estaré bien. Llegó el momento de que aclaremos las cosas, así que solo te pido un favor: en cuanto llegue, dile que suba a mi habitación para que papá no lo vea, ¿sí? —pidió ella.
Ikuko asintió. Le preocupaba el estado de ánimo actual de su hija, pero le preocupaba que el hablar con el chico, la dejara en un estado peor.
Se encontraba nuevamente frente a su ventana, viendo correr a los niños y recordando que una vez le dieron ganas de tener uno ¿Cómo pudo ser tan tonta?, se decía internamente… ¿Cómo no se había dado cuenta en ese momento?... Eran tantos "Cómo" y para ninguno tenía respuesta. Los suaves golpes la hicieron dejar de cuestionarse.
— Adelante —contestó, sin apartar su mirada de los niños.
— ¡Hola bombón! —saludó el chico de coleta azabache —. Debo decir que me sorprendió que Rei me dijera que querías verme. Yo te llamé la semana pasada, pero te negaste a contestar mis llamadas —con un respiro profundo, el joven se dispuso a explicar —. Bombón, yo sé que lo que paso fue doloroso pero… aun así quiero que sepas que no fue mi intención.
Serena al escuchar eso, regresa su memoria dos semanas atrás, donde todo su dolor salió a flote.
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Daba vueltas por toda la sala, desesperándose. Serena siempre solía demorarse pero como está vez ella la había citado, esperaba que estuviera lista. Así que olvidándose de que no era su casa, gritó.
— Cabeza de bombón, ¿Tardarás mucho? En serio, no me gusta estar sin hacer nada —gritó Haruka.
Serena rápidamente bajó las escaleras.
— Perdón Haruka. Nunca he logrado ser puntual, aunque con… —Serena se quedó callada, sintiendo que una vez más el pecho le dolía. Le había dolido desde aquel día y pensó que se pasaría con el tiempo, pero parecía que en vez de eso, el dolor crecía.
— ¿Aunque con…? — preguntó la rubia de cabellos cortos.
— Aunque con el tiempo se me pasará. Ya verás —dijo tratando de que no notara que estaba mintiendo —. Bueno, vamos. Es tarde.
Ambas salieron, dirigiéndose al Crown Center, a donde Serena había adquirido la costumbre de no faltar nunca. De hecho, se pasaba mucho tiempo ahí, sola, sin pedirle a alguien que la acompañara; solo llegaba, pedía su malteada y se sentaba a pensar y ver la gente pasar. Pero por alguna razón, hoy se lo había pedido a Haruka.
— Bueno, ya estamos aquí ¿Para qué querías hablar conmigo? —preguntó Haruka con curiosidad.
Sin responder la pregunta, Serena empezó a hablar.
— Todos los días vengo a este lugar, pido una malteada de chocolate y veo pasar a la gente. Tardo aquí por lo menos dos horas, a veces más. Después salgo y me quedo parada en una calle que está a tres cuadras de aquí, luego de un rato, me voy a una colina y allí veo el atardecer. En algunas ocasiones se me va el tiempo y llego a ver salir las estrellas… Creo que esa es mi rutina ¿Te parece aburrida? —expresó la rubia mientras miraba hacia la calle.
— En realidad me parece extraña, pero lo más raro es que me la digas —dijo Haruka sin entender, pues la información la había desencajado ¿Acaso la había citado para decirle aquello? Últimamente Serena no era la misma chiquilla alegre de siempre y esperaba que no estuviera perdiendo la razón.
— Es cierto, tienes razón, pero… —estuvo de acuerdo la rubia, que seguía aun con la mirada perdida. En ese momento, fueron interrumpidas por la camarera que traía sus órdenes: malteada de chocolate para Serena y café negro para Haruka. Se retiró del lugar y reanudaron la conversación
— Me encanta la malteada de chocolate y a ti, el café negro sin azúcar, ¿cierto? —preguntó, no dejando notar que eso le recordaba a Darien.
— Cierto —respondió su acompañante, quien cada vez estaba más intrigada.
— Te decía que sí, era raro —Serena retomó la conversación anterior —. Pero es más raro lo que te voy a decir ahora —agregó la rubia de orbes celestes.
— ¿Y qué será eso?— preguntó Haruka con la ceja arqueada.
— Quiero que hoy me acompañes a hacer mi rutina, por favor. Sé que es raro, pero por favor, no te niegues —le pidió mirándola fijamente con expresión suplicante —. Solo será por hoy.
— Está bien, no tienes que suplicar. Pero me gustaría que me explicaras ¿Por qué yo y no tu novio? —cuestionó bastante confundida.
— Esto solo puedo y quiero hacerlo contigo —respondió volviendo a desviar su mirada.
Un silencio largo e incómodo las invadió. Haruka tomó un sorbo más de su café, pensando que todo era muy extraño. Nunca le había simpatizado Seiya, pero al saber que Serena prefería pasar tiempo con ella en vez de él, sintió lastima por el muchacho. La pregunta que oyó, sacándola de sus cavilaciones, la desconcertó.
— Michiru me odia, ¿verdad? —preguntó la rubia de manera impetuosa.
— Claro que no —contestó, sin disimular su cara de asombro —. Es solo que Darien , más que su primo, era casi su hermano, y a pesar de que lo vio sufrir con lo de Saori, jamás lo había visto en el estado en que lo encontramos la tarde que terminaste con él.
Serena se quedó callada otra vez por largo tiempo, mientras Haruka veía sus emociones. Se había mantenido cerca de ella a pesar de la molestia de Michiru, y aunque Serena conservó su alegría por un tiempo, en los últimos meses parecía ida, desconcentrada y era raro verla sonreír. Ignoraba la razón de su tristeza, pero esperaba que no fuera lo que ella creía. La nueva pregunta soltada, casi con el mismo ímpetu que la anterior, la desconcertó.
— ¿Él está bien? —preguntó con un brillo especial en lo ojos.
Entonces Haruka cayó en cuenta de qué era lo que estaba pasando en la cabeza de Serena.
— Sí, lo vimos el mes pasado. Le va bien en la universidad y le han ofrecido ampliar su beca para quedarse a hacer una especialidad; además probablemente haga una residencia en un hospital de allá —respondió con tranquilidad y honestidad.
Serena, que seguía manteniendo la vista en la calle, volteó rápidamente.
— ¿Ya no regresará? —preguntó con voz temblorosa. Esa siempre había sido una posibilidad, pero le dolía, de verdad le dolía.
— Aún no es nada seguro, pero probablemente la acepte. Está entusiasmado y se ha acoplado muy bien. Además, Karmesite lo alienta a aceptar la ampliación, le dice que es la oportunidad de su vida y que podría empezar a forjarse un futuro… —explicó con naturalidad.
— ¿Karmesite? —preguntó la rubia, interrumpiendo la explicación de Haruka.
— Es su amiga. Al parecer se conocieron al tropezar en el aeropuerto cuando él llegó, luego resultaron ser vecinos y no se separan desde entonces —informó Haruka, sin notar el efecto que causaban sus palabras en la rubia.
Nuevamente un silencio incomodo las inundó. Serena suspiró y volvió a mirar a la calle. Haruka que ya se había dado cuenta de todo, trató de tranquilizarla.
— Es solo su amiga, cabeza de bombón. No tienen nada más —habló tratando de levantarle el ánimo.
Serena no respondió a las palabras de Haruka y repentinamente se levantó de su asiento.
— Creo que es hora de retomar el plan. Nos toca a ir a la calle que está a tres cuadras de aquí, y además, hoy quiero agregar un paseo por el parque.
Haruka asintió con la cabeza, dejando unos billetes para pagar. Luego ambas salieron, dirigiéndose a la salida.
Llegaron a la calle que Serena mencionó, algo que desconcertó a Haruka, ya que ahí, no había nada; sin embargo pudo notar como a Serena se le dibujaba una sonrisa en la cara, al mismo tiempo que cerraba los ojos, como rememorando algo. Después se dirigieron al parque central número diez. No habían conversado mucho, lo que era extraño para Haruka, ya que Serena solía ser muy parlanchina.
— Dime Haruka, él… ¿alguna vez te ha dicho que se quiere volver a enamorar? —preguntó la chica de ojos celestes.
Haruka estuvo tentada de decirle que la última vez que lo vio, seguía tan enamorado de ella como la última vez, o quizás más; que no había hecho más que preguntar cómo estaba y qué si era feliz o si se había enfermado. Sin embargo, decidió callar y solo le respondió lo que creyó prudente.
— Nunca ha comentado nada, pero bueno, ya sabes cómo es él —declaró Haruka dando el tema por zanjado.
Serena asintió con la cabeza mientras seguía caminando, pero de pronto paró en seco y se quedó helada ante la imagen que veían sus ojos, algo que jamás imaginó. Sin darse cuenta, se fue acercando mientras era seguida por Haruka, que no había notado lo que Serena veía hasta que estuvieron más cerca. Entonces lo vio y la ira se apoderó de ella ¿Cómo se atrevía? ¿Quién diablos se creía ese sujeto? Controlándose un poco, hizo acto de presencia.
— Buenas Tardes. Es un verdadero honor encontrarme con tan agradable escena —habló la voz sarcástica de Haruka, ocasionando que la joven pareja interrumpiera el beso que los unía, para encontrarse con la mirada taladrante de Haruka y los ojos vidriosos de Serena.
Por una fracción de segundo todo quedó en silencio, con cuatro rostros, que reflejaban distintas emociones. Se podía ver dolor, decepción, desesperación e ira.
— Bombón, yo puedo explicarlo —mencionó el joven de cabellera azabache —. Esto no es lo que parece —explicaba desesperado intentando acercarse a ella.
— Ni se te ocurra, Kou. No te le vuelvas a acercar, ni a ponerle un solo dedo encima, o de lo contrario, te arrepentirás —amenazó una muy molesta Haruka.
— Perdóname Sere. Te juro que nunca he querido lastimarte. Te aseguro que nunca planeamos esto, es sólo que las cosas se nos fueron saliendo de las manos y cuando nos dimos cuenta, ya no pudimos parar —explicaba desesperada y entre lágrimas, una chica de cabello negro y ojos violáceos.
— Guarda silencio Hotaru, y deja de dar explicaciones tontas. De una u otra manera la traición siempre será una traición —gritó Haruka con voz gélida, ocasionando que Hotaru bajara la cabeza y se sintiera más miserable de lo que ya se sentía.
— Esto… esto… es demasiado… Yo no puedo con todo esto… no puedo —gritó la joven rubia de orbes celeste, con la voz entrecortada y ojos cristalizados —. Era lo último… lo último que necesitaba… para sentirme completamente miserable —apenas terminó de decirlo, no pudo más y empezó a correr mientras las lágrimas contenidas eran derramadas sin parar. Era mucho el dolor el que sentía ya que, después de todo, nada había valido la pena. Tanto dolor y sufrimiento habían sido reducidos a nada ¿Por qué se habían engañado los dos? Ninguno lo quiso, pero terminaron dañados.
Seiya intentó seguirla pero fue interceptado por Haruka.
— Te dije que no te le volvieras a acercar —le dijo, mientras le propinaba un golpe en el estómago y después corría tras su acompañante.
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— Bombón juro que nunca fue mi intención hacerte daño pero yo… —no puede terminar la frase porque es interrumpido por la chica sentada frente a la ventana.
— ¿Desde cuándo? —preguntó algo intrigada.
— ¿Perdón? —es lo que logra responder el chico.
— ¿Desde cuándo estás con Hotaru? Y quiero la verdad.
— Ocho meses —respondió el chico. Serena sonrío irónicamente.
— Wow, eso es sorprendente, considerando que llevábamos once de relación —le dijo con evidente sarcasmo —. Y dime —agregó —¿Algún día pensabas decírmelo?
— Intente decírtelo desde que inició, pero no quería lastimarte. Todo es culpa mía. Hotaru siempre dijo que deberíamos decirte, pero tenía miedo de que te pusieras en el estado en el que estás —dijo Seiya, justificándose.
Por un instante el silencio reino en aquella habitación. Era un silencio incómodo para Seiya, ella no pronunciaba palabra y eso lo desesperaba. Hubiera preferido que le gritara y le reclamara, a tener que soportar ese silencio. Se podía enfrentar a su ira, pero su silencio, era una verdadera tortura.
— ¿Piensas que estoy así por ti? —preguntó la chica al fin, en un tono tranquilo y aún sin despegar su vista de la ventana.
— Bueno, no le encuentro otra explicación —respondió él, algo inseguro.
— No voy a negar que tu traición me afectó... Nunca esperé eso de ti, pero esa no es la razón por la cual me encuentro así —aseguró apartando su vista de la ventana y mirándolo fijamente a los ojos, provocando así una sensación de culpa en Seiya.
La Serena que tenía enfrente no era ni la sombra de la que él conocía. Su rostro lucía apagado y sus ojos rojos por el llanto, transmitían dolor y una inmensa ¿soledad? ¿Acaso Serena se sentía sola?… y si era así, ¿Por qué? Ella había dicho que no era por su traición, entonces, ¿Cuál era la razón de su tristeza? No pudiendo contenerse, se arriesgó a preguntar.
— ¿Quieres explicarme? Porque no puedo comprender la soledad que reflejan tus ojos.
Serena sonrió con melancolía.
— Yo creí que me conocías, pero veo que estaba equivocada —Serena sintió una opresión en el pecho y luego suspiró con pesadez —. El sentimiento de soledad, que dices reflejan ahora mis ojos, comenzó hace un año —no pudo soltar otro suspiro pesado —. Creo que debo empezar por el principio... Las cosas comenzaron cuando regresaste. Yo creí recuperar a mi mejor amigo y comencé a salir contigo más de lo que debía, ocasionando así que mi cabeza se revolviera. Debido a que te había extrañado tanto, empecé a tener sentimientos extraños. Me sentía a gusto a tu lado, me sentía protegida, mimada, aceptada, valorada; fue algo extraño y después, cuando mostraste interés en mí, confundí el sentimiento que sentía, con el amor que algún día te tuve… si es que a eso se le podía llamar amor.
Para cuando terminó su relato, las lágrimas ya habían empezado a correr por su rostro. Hizo una breve pausa y después continúo con voz temblorosa.
— Toda esa confusión me llevó a creer que lo que sentía por Darien no era amor, así que decidí terminar con él para poder estar contigo. Me dejé llevar por el sueño de que tú y yo estábamos destinados, así que le rompí el corazón. Pero ¿sabes qué fue lo peor? —preguntó entre el llanto.
— Bombón yo te juro que… —ella no lo dejó hablar.
— Te pregunté que si sabes que fue lo peor —lo cortó con un grito ahogado, lleno de dolor y desesperación.
— No… no lo sé —contestó el chico casi en susurro.
— Lo peor fue, que cuando le rompí el corazón, pude sentir su dolor, porque el mío también se rompió. Sentí claramente desgarrarse mi alma y como se fragmentaba en pedazos mi corazón. Me odié por eso, porque sabía que era lo mismo que él sentía, por eso en aquel momento quise retractarme, pero mi maldita obsesión contigo y con el sueño que tenía de niña no me dejó —soltó un par de sollozos manteniendo una leve pausa —. A partir de ese día, intenté convencer a todos de que lo que sentía por ti era amor, pero en realidad, era a mí a la que trataba de convencer —dijo intensificando más su llanto y con un grito de dolor continuó —. Y aunque la mayoría logró convencerse de que mi AMOR por ti era real, jamás logre convencerme a mí misma —confesó con rabia. Serena ya no pronunció más palabras. Solo lloraba desconsoladamente, hundiendo la cabeza en sus manos. Seiya intentó acercarse a ella para consolarla, pero no se lo permitió —. No me toques Seiya Kou, no te atrevas a volver a tocarme —le advirtió —¿Por qué tenías que regresar Seiya? ¿Por qué tenías que confundirme? ¿Por qué tuve que ser tan tonta y terca? ¿Por qué tenías que traicionarme, ocasionando que me sintiera más miserable de lo que ya era? Hiciste que sintiera que nada valió la pena.
Seiya solo podía ver a la que alguna vez fue su mejor amiga y a la que creyó sería el amor de su vida. Se sentía culpable e impotente. Él jamás había querido hacerle daño, era su amiga y la amaba, no con amor de hombre, sino más bien el de un hermano. Le dolía, sí, le dolía mucho verla sufrir de esa manera.
— ¿Cómo llegamos a esto bombón? ¿Cómo pudimos hacernos tanto daño? ¿Cómo fue que no pudimos parar a tiempo? Perdóname bombón, de verdad perdóname. Yo te quiero, de verdad te quiero mucho, aunque no esté enamorado de ti. No entiendo cómo nos dejamos llevar por nuestro pasado, afectando nuestro futuro —declaró tristemente.
— Vete Seiya. Creí que podía hablar contigo pero no puedo. Sé que en esto, yo tuve más culpa que tú, pero no puedo seguir viéndote. Márchate por favor —le pidió y en su voz era palpable el dolor, pero sobre todo la tristeza y la desolación, pues ella se sentía realmente sola.
Seiya se marchó con un sentimiento de culpa incontrolable, nunca quiso hacerle daño y sin embargo se lo había hecho, y aunque quisiera, ya nada podía hacer.
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El sol estaba en el centro del cielo. Sin duda sería un buen día, pero la emoción que irradiaban cuatro jovencitas en las afueras de una casa, nada tenía que ver con el buen clima. Ellas se habían emocionado porque su fiel amiga al fin había salido del trance en el que se encontraba, por lo que se encontraban renuentes a creer que fuera real.
— ¿Estás segura que nos atenderá, Rei? —preguntó la jovencita mientras enroscaba uno de sus dorados cabellos. Tenía esa costumbre cuando estaba nerviosa.
— Sí. Ella me dijo que regresara hoy, y que si querían, podían venir—respondió la aludida.
— Le prepare pie de limón, espero que le guste —agregó la chica castaña —. Lo hice con mucho cariño.
— Claro que le gustará, Lita, eso ni lo dudes. Serena es una glotoncita —intentó bromear la más inteligente del grupo.
— Bueno, que esperamos. Toquemos de una vez —dijo una muy alegre Mina, mientras oprimía una y otra vez el timbre.
— Mina, pareces una niña. Con una sola vez era suficiente —Rei la regañó, y pensaba seguir haciéndolo, pero la puerta se abrió, dejando ver a una bella rubia de orbes celestes.
— Sabía que eran ustedes. Solo a Mina se le ocurriría tocar de esa manera —expresó Serena, con una sonrisa que no le llegó a los ojos.
— Amiga, que gusto. Creí que nunca volvería verte —manifestó una muy alegre Mina, pero con un tono melodramático. Y si eso no fuera suficiente, se le lanzó colgándose de su cuello, ocasionando que Serena riera nerviosamente por su comportamiento, que a pesar de las buenas intenciones, la hacían sentir incomoda.
— Mina, pero que exagerada eres. Hazte a un lado para que las demás podamos saludar a Serena —reclamó Rei, algo irritada por la actitud infantil de su amiga.
Así todas se dispusieron a saludar a su rubia amiga, entrando una a una a la casa.
— ¿Estás sola? —preguntó Ami.
— Si, mis papás decidieron que era mejor darme privacidad con ustedes. Bueno en realidad fue idea de mi papá, que anda muy consentidor. Mamá dejó preparada la comida, así que podrán quedarse toda la tarde sin necesidad de que se mueran de hambre —intentó bromear la chica de peinado gracioso.
Nadie quiso interrumpir el momento de calma, así que comieron plácidamente, entre plática y plática, sobre cómo habían pasado esas dos semanas sin Serena; y alguno que otro comentario pícaro de Mina sobre los chicos guapos que circulaban en la ciudad y de como no podía esperar para mostrarle a un chico hermoso que había conocido. Llegada la hora del postre, las pláticas cambiarían de rumbo.
— Pie de limón. Gracias Lita, me encanta —dijo muy emocionada Serena.
— ¿Qué les parece si recogemos todo y tomamos el postre en la habitación de Serena? —sugirió Rei.
— ¡Sí! —exclamaron todas.
Una vez en la habitación, Rei, Serena y Mina tomaron asiento en la cama, mientras Lita y Ami, en un cómodo sillón frente a ellas.
— ¿Qué paso ayer? —preguntó Rei, que había estado preocupada todo este tiempo.
— Nada —declaró Serena, continuando después con una explicación —. Creí que estaba lista para enfrentar a Seiya, pero no fue así. Pensaba decirle que él no tenía la culpa, pero no pude —manifestó la rubia con un dejo de tristeza.
— Él tiene la culpa Sere y por eso no pudiste amiga —expresó la rubia extrovertida, con toda la calma que siempre la había caracterizado.
— No. Sé que no es así, y ya no puedo seguir con esta mentira. Ya no puedo seguir engañándolas, ni engañándome a mí misma —deliberó firmemente Serena.
— Explícate Serena —pidió Ami, sentándose sobre sus rodillas y tomando las manos de ella entre las suyas.
— Yo estaba deprimida. Desde hace mucho venía arrastrando esta tristeza, y la traición de Seiya fue sólo el detonante para dejarme vencer… La verdad es que nunca he dejado de amar a Darien y eso es lo que me tenía así. Esa fue la razón por la que me encerré estas dos semanas, para llorar todo lo que no lloré por su partida y durante su ausencia —confesó al fin —. Pero ya no quiero estar así y por eso decidí que era hora de romper con ese estado. Aunque siga sintiendo ese vacío que siento desde que lo dejé, tengo que aprender a vivir con ello; después de todo, fui yo la que se equivocó —sentenció tristemente.
Hacía mucho tiempo que había aceptado que no amaba a Seiya y que sólo se había dejado deslumbrar. Se había confundido, y al que realmente amaba, era al chico al que, irónicamente, le había partido el corazón; y eso no se lo había dicho a nadie. Había guardado el secreto celosamente, era un autocastigo que se había impuesto, guardando en el fondo de su corazón ese sentimiento. Porque sabía que no tenía derecho a tenerlo, cuando ella misma le había dicho que no era amor. Le habían dolido esos ocho meses en los que se esforzó por aparentar que amaba a Seiya y eran ocho, porque se dio cuenta, y admitió para sí misma que se había equivocado, después de tres meses de relación con él; sin embargo, se había negado a hacer algo para cambiarlo porque le costaba admitir ante los demás esa verdad. Y aunque ahora ya era tarde, el hacerlo la hacía sentirse liberada.
El silencio se apoderó de la habitación. Nadie sabía que decir para animar a su amiga, ya que después de todo, a ellas no las pudo engañar nunca. Pero las palabras "Te lo dijimos" no eran las que querría oír Serena ahora y tampoco las que ellas querrían decir.
— ¿Por qué no lo buscas? —dejó salir Mina de repente, mientras se llevaba una cucharada de pie a la boca.
— ¿Cómo dices? —preguntó Serena, incrédula.
— Búscalo —repitió Mina otra vez, ante la mirada atónita de sus amigas —. Ve y dile: "Darien, fui una verdadera idiota al dejarte y lo admito, pero por favor, te suplico que me dejes volver a tu lado".
Todas se quedaron viendo a Mina con los ojos abiertos.
— Estás bromeando, ¿cierto? —preguntó Serena.
— Claro que no —volvió a decir con esa sencillez que la caracterizaba —. Creo que es lo más serio que he dicho —afirmó Mina, tranquila. Después de todo así era ella, simple. Para ella todo tenía solución, y si te encontrabas al borde de un precipicio, a punto de caer, ella encontraría una manera de evitarlo sin hacer ningún esfuerzo. "Querer es poder" Ese era su lema, y le había funcionado siempre.
— Bueno, la verdad es que yo creo que eso no sería justo para Darien —habló Rei decidida, y todas la quedaron viendo ante la negativa tan directa que había soltado. De inmediato ella se apresuró a aclarar —. Piénsenlo. Ser el plato de segunda mesa no es agradable para nadie ¿Por qué Darien tiene que ser la excepción? Él merece algo más que eso — Rei calló al notar lo que sus palabras hacían en Serena. Sin quererlo, le había recordado que lo había dejado como segundón y eso a Serena le dolía. Al ver como sus lágrimas amenazaban con salir, volvió a hablar —. Sin embargo, una debe luchar por su felicidad y aunque detesto darle la razón a Mina, la verdad es que… no es tan descabellada su idea. Puedes intentarlo —manifestó.
— Están locas chicas. Darien está en USA —intentó ser razonable, Ami.
— Es por eso que lo valoraría más, Ami. Si el chico que me rompió el corazón atravesara el océano para decirme que tomó una mala decisión y quiere regresar conmigo, yo no dudaría en aceptarlo —apoyó la chica castaña a sus demás amigas. Un argumento que Ami no pudo rebatir, aunque creyera que las palabras de Lita fueran las de una chica que siempre estaba en busca del amor, a pesar de no haberlo encontrado aún.
— Aunque las cosas fueran como ustedes dicen chicas, yo no tengo forma de ir a USA —dijo Serena, con los ánimos decaídos.
— Por eso no te preocupes. Yo, Mina Aino, diseñaré un plan, sino dejaré de ser "la diosa del amor" —gritó entusiasta, levantándose con la mano en alto y formando la señal de victoria.
— Y nosotras la ayudaremos para que no arruine todo —secundó Rei, con voz autoritaria, a pesar de que en primera instancia había lanzado una negativa.
— Ya verás Serena, todo saldrá bien ¿Verdad Ami? —preguntó la castaña, tratando de ganar el apoyo y aprobación de la más inteligente del grupo.
— Yo soy la que le da forma a los planes de Mina. No podrían sin mí —bromeó con una sonrisa pues, a pesar de todo, ella jamás dejaría solas a sus amigas.
Esa noche Serena pudo dormir plácidamente, todo gracias al nuevo rayo de esperanza que ahora tenía, el de poder recuperar la felicidad que algún día dejó escapar.
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Dos semanas más tarde
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Haruka salió sigilosamente de la habitación. Su celular había sonado hacía un par de minutos, despertándola de su sueño. Afortunadamente Michiru no lo había escuchado, porque de lo contrario, ahora estaría cuestionándola. No quería discutir de nuevo con ella, ya que bastante caro le había costado la última vez: ¡dos semanas durmiendo en el sillón!... y todo porque le había dicho que debería decirle a Darien que Serena ya no estaba con Seiya. Ella había montado en cólera y le había dicho no haría eso aunque se congelara el infierno.
Haruka llegó a la sala y atendió.
— Tenoh —un grito de exclamación y recriminación se oyó del otro lado. Haruka suspiró. Mina siempre era escandalosa y exagerada —. Estaba dormida Mina ¿Para qué me llamas? —Mina le contestó que quería verla de inmediato, por lo que ambas quedaron en encontrarse en el Crown después de que Haruka lograra evadir a Michiru, pues Mina no quería que se enterara, para que no se opusiera.
Más tarde Haruka empezaba a exasperarse ante el retraso de Mina. Cuando por fin la vio entrar alegremente, sonrió, pues Mina era tan fresca que no le preocupaba llegar tarde.
— ¿Qué estás tramando? —preguntó Haruka de sopetón, pues la risa pícara que Mina llevaba, le decía que algo se traía entre manos.
Mina rio más ampliamente y de repente se acercó demasiado a Haruka, haciendo que esta se pusiera de pie, momento que aprovechó para colgarse de su brazo y decir:
— Tú me vas a llevar a tu departamento a hablar con Michiru.
Haruka trataba de zafarse de su agarre, mientras preguntaba.
Y se puede saber ¿de qué quieres hablar tú con Michiru?
Ella contestó sonriente.
De Serena, es obvio.
Haruka palideció y luego gritó.
— Estás loca. Michiru me mandará al sillón por un mes —después calló al darse cuenta que todos volteaban a verla, ocasionando que se sonrojara. Mina soltó a Haruka, luego se la quedó viendo y en sus ojos se asomaron unas lágrimas.
—Te lo suplico, es importante —imploró y dramatizó —. La felicidad de nuestros amigos depende de nosotras. Si voy y toco, no me abrirá, pero si la agarro de sorpresa, no le quedará de otra que escucharme.
Haruka suspiró y dijo:
Debo estar loca.
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¡Gracias por leer!
Respondiendo rw
yssareyes48: ¿verdad que sí? Yo pienso que fue algo bobo, pero tampoco podía mendigar amor
brujitadcc: Sí Carlita sentirse atraido por una persona cuándo ya está saliendo con alguien es muy común y eso fue lo que le pasó a él, pues deja claro que no está enamorado de ella.
