Muy buenas, sé que me he tardado, es porque no he viajado en estos últimos días y no he podido tocar mi PC puesto que la tengo que formatear para actualizarla con el Windows 7. En fin, hice lo que pude con este capítulo, ahí se los dejo…

NOTA: Los personajes de MLP le pertenecen a Hasbro y a Lauren Faust, este fanfic se ha realizado sin fines de lucro, solo para el entretenimiento del público.


Justo después de que Soarin se marchara, Shun y Rainbow Dash liberaron una batalla sumamente mortal para cualquier ser humano. Ambos, se habían puesto a jugar… póker.

Para algunos les sonará descabellado, pero para otros es una cosa sumamente sería, no es cuestión de juego.

Rainbow miraba fijamente sus cartas, pensaba la movida perfecta para luego realizarla. Mientras que Shun, no paraba de sudar frío, pero aun así estaba muy pero muy atento a la siguiente movida que haría su rival.

La tención era fuerte, ambos estaban bastante concentrados, no había nada que los interrumpiera.

Al cabo de unos pocos segundos, Rainbow decidió hacer su movida, mientras que Shun iba poniendo una cara de tragedia al mismo paso que la embarazada movía la mano. Al soltar la carta, el pelinegro ya había adoptado la cara más horrible del mundo a causa del horror, según él.

— ¿Qué te sucede? — preguntó Rainbow Dash.

— ¿Todavía lo preguntas? La movida que acabas de hacer es ilegal en treinta y cuatro países — respondió Shun.

— Por favor, eso es mentira, solo hice lo que todo jugador haría — se defendió Rainbow Dash.

— Si, hacer trampa — murmuró Shun.

Después de eso, Rainbow se levantó con una mirada asesina y comenzó a decir un par de advertencias poco convencionales, pero bastante fáciles de entender.

— En este preciso momento, vas a dejar de ser un mal perdedor y vas a pagarme los dólares que me debes si no quieres una golpiza de Ajualakachú — aseguró Rainbow Dash.

La palabra que había pronunciado Rainbow le resultó muy extraña a Shun, por lo que decidió preguntar para asegurarse de lo que había escuchado.

— ¿Qué fue lo que tu dijiste? — preguntó Shun.

— Ajualakachú — respondió Rainbow Dash.

— Sea lo que sea que quieres hacer, no lo vas a lograr — aseguró Shun.

— ¿Por qué lo dices? — preguntó Rainbow Dash.

— A parte de que estas atada a la mesa, yo tengo un par de almohadas que me protegerán hasta la muerte — respondió Shun.

— Eso no te protegerá — dijo Rainbow Dash levantándose como si nada.

Bien, este era el momento indicado para correr, cosa que el pelinegro empezó a hacer rápidamente sin voltear hacia atrás.

— ¡No huyas! — exclamó Rainbow Dash.

— ¡Lo siento, no oigo nada! — mintió Shun.

Era evidente que las cosas no pararía pronto, la persecución tendría al menos una hora en pie, por lo que pensaba Shun.

Mientras tanto, del otro lado de la ciudad, Soarin se encontraba revisando varias tiendas que vendían ollas de acero inoxidable.

Todo iba normal, hasta que Star se decidió aparecer, aunque ayuda extra no le hace daño a nadie.

— ¿Todo bien? — preguntó Star.

— Si con "Todo Bien" te refieres a sumamente cagado de miedo por tu aparición, entonces sí, todo bien — respondió Soarin.

— Y yo que pensaba que ya nos llevábamos mejor — murmuró Star.

— Mira, nuestra relación va bien, solo que aún hay un inconveniente, te apareces sin avisar — aclaró Soarin.

— Créeme, trato de controlar eso, pero aún no lo consigo — se lamentó Star — En fin, ¿qué haces por acá?.

— Buscando una olla para poder hacer una receta — respondió Soarin.

— No será, para preparar una receta — corrigió Star.

— Como tú lo digas, de igual manera quiero hacerlo — se quejó Soarin.

— Sí, claro, ¿qué olla es la que quieres? — preguntó Star.

— Una con un agujero, que quepa todo lo que yo quiera meter — respondió Soarin retrasadamente.

— Me refiero al tamaño o alguna otra característica — dijo Star un poco molesta.

— ¡AAAHHH! ¡Ya se a lo que te refieres! — gritó Soarin — Así que quiero una olla con un agujero para poder meter los ingredientes de algo… para usarlo como quiera.

5 Minutos después…

— Vale, usted quiere la olla a crédito — supuso el cajero.

— No, quiero la olla que tiene el tendero — corrigió Soarin.

— Chicos, dejen de pelear y hagan lo que van a hacer de una vez — exigió Star.

— ¡No te metas! — dijeron Soarin y el cajero al unísono.

Luego de un par de intercambio de palabras, Soarin logró hacer su compra, mientras que Star se encontraba comiendo helado en un parque no muy lejano pues se había cansado de esperar al peliazul.

— En donde estará esta bruja — decía Soarin entre dientes.

— Aquí estoy, deja de divagar — indicó Star apareciendo al lado.

— Muy bien, ahora si vas a entrar en acción porque cuando estaba haciendo las paces con ese hijo de su mamá, los dedos del pie se me majaron — recordó Soarin.

— Ya eso es culpa tuya, nadie te ha mandado a pelearte con el primer idiota que vez o que aparece de la nada — reprendió Star.

Tras decir eso, un chico un tanto robusto se ofendió, por lo cual respondió de una manera no muy inteligente.

— Pues si no quieres verme, pásate al otro lado de la acera — se defendió el chico robusto.

— Y siguen bastos — murmuró Soarin volteando los ojos.

— ¿Decías? — preguntó Star.

— Nada, vamos a comprar las verduras — respondió Soarin.

Las cosas iban viento en popa con Soarin y Star, pero por parte de Rainbow y Shun, era lo contrario de alguna manera.

— EL BAÑO ES BONITO. EL BAÑO ME GUSTAAA. EL BAÑOOOO. EL BAÑO, ES PARA MEAR Y HACER POOOPOOOOO. PARA HACER POOOPOOOOO — cantaba Shun aterrorizado pues no quería que Rainbow lo encontrara.

A decir verdad, las cosas se habían puesto un poco terroríficas, demasiado desde el punto de vista de Shun.

— No puedo más… no pueeeeeedo mas — decía Shun tirando en el piso.


Vale, dejo el capítulo hasta aquí. Lamento que sea muy corto, lo que pasa es que unos HIJOS DE PUTA no me dejaban concentrar para poder seguir escribiendo. Lo siento, de verdad discúlpenme, será para la próxima… ESOS HIJOS DE PUTA ME LA VAN A PAGAR! Disculpenme por las palabras fuertes, es que tengo demasiada rabia encima, lo siento, nos leemos la próxima.