Disclaimer: CCS y sus respectivos personajes no me pertenecen. Estos pertenecen a las CLAMP.

Summary: Una decisión los hará conocerse antes de lo que debían para después enterarse que tendrían que casarse, sin embargo, los planes de otros harán que se encuentren unidos antes de que su matrimonio se lleve a cabo.


– Un Destino Confuso –

— Capítulo 6: "Pequeñas verdades" —


—Ese era su primo, ¿verdad? —le preguntó Sakura a Tomoyo mientras caminaban hacia donde se habían dirigido las demás.

—Así es —respondió, la miro con una pequeña sonrisa—. Debo de admitir que me sorprendió ver cómo le hablaste, más que nada el idioma.

Sakura estrujó sus manos, nerviosa.

—Desde niña tuve diversos tipos de clases —contó a la pelinegra—, el aprender chino era una de esas… mi madre decía que era muy importante. Aún no sé cómo es que pude hablarle así —musitó avergonzada.

Daidouji rió un poco.

—No te preocupes, se lo merecía.

—Tal vez —le dio la razón algo insegura—. No me gusto ver esa expresión en Meiling... si continuaban hablando así podría haber pasado lo mismo que ayer y no quería eso… salir lastimado por culpa de un familiar no es un sentimiento muy grato —termino de decir, en voz baja.

Tomoyo la observó con preocupación y estaba a punto de cuestionarle a que se refería con eso ultimo cuando iniciaron a escuchar la voz de Meiling, quien soltaba blasfemias en chino.

Claramente estaba enojada.

Sakura la miró con sorpresa, la china estaba hablando bastante rápido pero aun así pudo detectar una que otra palabra, lo que causó que prefiriera desviar la mirada.

—Lleva así desde que llegamos —les informó Nakuru como si nada, para ella ya era normal ver a Meiling de esa forma.

—¿Qué tanto dirá? —soltó Akane con curiosidad, para después morder una manzana.

—Por la cara que tiene Sakura, nada bueno —dijo Tomoyo, algo divertida.

Nakuru y Akane giraron a ver a Sakura con duda.

—¿Sabes chino, Sakura? —exteriorizó Nakuru la pregunta que ambas tenían.

La castaña de ojos verdes asintió tímidamente.

—Fue parte de mi educación en casa —completó su respuesta.

—Siento mucho que veas a Meiling de esa forma —le dijo Akane a la chica, con una pequeña sonrisa—. realmente no se comporta así seguido.

—Es una reina del drama, así que es mejor que te vayas acostumbrando —comentó Nakuru, después de dar un sorbo a su bebida.

—A pesar de todo es una buena chica, no la juzgues tan rápido —sonrió Tomoyo, siguiéndole la corriente a sus amigas.

—No hablen de mi como si no estuviera presente —escucharon la voz de Meiling, con un deje de molestia.

—Entonces haz acto de presencia en la plática y deja de maldecir en tu idioma natal —le respondió Nakuru mordazmente.

La pelinegra suspiró y finalmente se sentó al lado de Nakuru.

—Suerte para mí, ya estoy acostumbrada a esos arranques —Meiling la miró, no sabía hacia donde se dirigía, para ella era más que obvio que Nakuru había soportado ese tipo de situaciones con ella muchas veces—, pero deberías disculparte con Sakurita, la pobre se espantó en cuanto escuchó todo lo que decías.

Meiling dejo de observar a la castaña para mirar a Sakura con sorpresa.

—¿Sabes chino? —preguntó, y por tercera vez en los últimos diez minutos, Sakura volvió a asentir—. Vaya… No muchos chicos de aquí dominan ese idioma —le informó el porqué de su sorpresa— y, sobre todo, no quieren cursarlo.

—Así es, todos son un montón de holgazanes —dijo Nakuru divertida, después señaló a la peli-negra de cabello corto—. Akane es el vivo ejemplo, inicio a estudiarlo pero lo abandonó por el alemán.

—¡Oye! —le reclamó, avergonzada. Nakuru sonrió sacando la lengua, dando a notar que sólo estaba bromeando.

—¿Syaoran dijo algo después de que me fui? —le preguntó Meiling a Tomoyo.

La peli-negra negó con la cabeza.

—Le pedí que te dejara tranquila por un tiempo —explicó—, la verdad es que no le dimos oportunidad de decir algo.

Después miró a Sakura, esperando a que ella continuara con la explicación.

—Yo le dije a tu primo que lo mejor e-era que hablaran una vez que estuvieran más tranquilos —comentó Sakura con un poco de vergüenza, entendiendo lo que Tomoyo deseaba que hiciera.

Meiling les sonrió suavemente a las dos, dándoles las gracias.

Entonces recordó lo que le había dicho a Sakura antes de que iniciaran las clases.

—Sakura —le llamó Meiling a la chica, quien la miro inmediatamente—, ¿recuerdas lo que te dije en la mañana? —recibió un asentimiento de parte de la castaña como respuesta—. Te lo explicaré antes de que puedas imaginar cualquier cosa.

—No es necesario que me lo digas si no quieres —le dijo la chica de ojos verdes, ella entendía lo que era mantener en privado ciertos asuntos.

—Mi primo y yo somos originarios de Hong Kong, en cambio Nakuru y su primo, Eriol Hiragizawa, lo son de Inglaterra —inició a contar, ignorando a la chica—; debido a que Eriol es primo materno del mío, ellos solían pasar todos los veranos en Hong Kong hasta que vivieron ahí durante una temporada…

Suspiró levemente para continuar hablando.

—Desde que era niña, siempre se me hizo raro que mi madre y yo viviéramos en la mansión principal de la familia Li, pero más que nada, que yo no tuviera a alguien a quien llamar padre. Le solía preguntar a mi mamá que era lo que sucedía, ella sólo me decía que había muerto pero jamás me dijo un nombre o enseñó alguna fotografía—miró hacia Nakuru, quien le sonreía con cariño—. Fue entones, cuando tenía diez años, que Nakuru y yo habíamos logrado convencer a Syaoran y Eriol de jugar con nosotras a las escondidas dentro de la mansión, lo cual fue bastante difícil de conseguir debido a que mis tíos recibían una visita muy importante ese día.

La china miró hacia el cielo, admirando lo despejado que estaba, recordaba ese día como si fuera ayer.

"¿Estás segura de escondernos aquí? El tío Hien se podría enojar —dijo una Meiling de diez años a una Nakuru de su misma edad, que se encontraba abriendo el despecho de su tío con calma.

No creo que haya problema —respondió la castaña y volvió a mirar a la niña de coletas que se encontraba detrás de ella—. Vamos, Mei, si no ellos nos van a ganar.

La niña observó hacia todos los lados, quería estar segura que nadie viera que estaban a punto de entrar al despacho de su tío.

Una vez que comprobó que nadie se acercaba, entró con rapidez a la habitación y cerró la puerta de inmediato.

¿Ahora qué? —le preguntó Nakuru a la consideraba su prima.

Hay que buscar algún lugar para ocultarnos, no quiero que mis tíos entren y nos vean aquí.

Nakuru miró en todas las direcciones hasta que encontró una puerta, con rapidez se acercó ahí y al abrirlo se dio cuenta que había encontrado el lugar indicado para esconderse.

¡Aquí, Mei! —le habló con entusiasmo.

Meiling sonrió con entusiasmo y se acercó de inmediato, lo que Nakuru había encontrado era un armario.

Entremos —le dijo sonriendo."

—Quizá nuestro error fue entrar ahí en primer lugar —sonrió Meiling con ironía—, pero por otro lado, si no hubiéramos entrado, seguiría viviendo en la ignorancia y esa es la peor forma de vivir.

"Meiling resopló y se cruzó de brazos, enfadada. Llevaban escondidas ya mucho tiempo y ni Eriol o Syaoran podían encontrarlas. Así que sólo pensaba en dos posibilidades: realmente eran buenas en eso o sus primos ya las habían olvidado y habían preferido realizar otra cosa.

Nakuru, quien estaba al lado izquierdo de ella, estaba a punto de quedarse dormida.

Nakuru —le llamó, moviendo su hombro levemente. Lo mejor sería ya salir de ahí e ir a golpear a ese par.

¿E-eh? —se sobresaltó la chica—. Yo no me quede dormida —dijo, para después bostezar descaradamente.

La peli-negra la observó con una ceja alzada, logrando que la castaña sonriera avergonzada.

Ya mejor vámonos —le dijo, a lo cual recibió un asentimiento de parte de la niña, y cuando estaba a punto de salir, logró escuchar como la puerta del despacho era abierta con brusquedad.

Regresó dentro del armario con rapidez, golpeando a Nakuru en el camino, y cerró la puerta.

Ouch —se quejó la castaña—. ¿Qué pas-

Silenció —le demandó Meiling, ocasionando que Nakuru la viera con rareza.

Y la castaña estaba a punto de decir algo, pero entonces logró escuchar los pasos que se introducían al despacho.

Abrió los ojos con sorpresa, si las descubrían estaban muertas.

Miró alarmada a Meiling, quien le indicó con un movimiento de su mano que debían mantener silencio. Por varios segundos no escucharon nada, lo cual causó que se miraran entre sí, con extrañeza.

¿Qué es lo que quieren hablar conmigo? —demandó una voz femenina que Meiling reconoció inmediatamente.

Se trataba de su madre.

Sabes a la perfección de lo que queremos hablar —respondió la voz de un hombre—. Han pasado ya diez años del nacimiento de tu hija…

¿Y eso qué? —preguntó Mei-Yin nuevamente, interrumpiéndolo intencionalmente—. Mi hija jamás ha sido de su interés, si por ustedes hubiese sido, ella jamás habría pisado este mundo.

Nos alegra que tengas eso en claro, ojalá lo hubieras entendido hace diez años, nos habríamos ahorrado tantas vergüenzas.

Meiling dio un paso hacia atrás, no creía lo que estaba escuchando.

Mi hija no es una vergüenza ni mucho menos algo que les deba importar —contestó enojada.

Mientras esa niña lleve el apellido Li es algo se encuentra dentro de nuestros asuntos —respondió otra voz, con evidente burla—. Debiste tener eso en claro cuando le pediste a Hien que le diera el apellido a la niña.

¡Es un apellido que le corresponde! —declaró Mei-Yin.

No. No lo es —respondió una tercera voz, con cansancio—. Dejemos de hacer esto más largo, Mei-Yin, y solamente dinos de una vez lo que te estamos pidiendo.

Y yo, como cada vez que lo preguntan, les digo: ¿para qué lo quieren hacer? Si intentan hacer que mi hermano nos saque de aquí están muy equivocados.

Hien salió muy blando de corazón, esperemos que Xiao Lang no sea así —comentó la primera voz a sus acompañantes, quienes asintieron a sus palabras.

Me gustaría que no hablaran de lo que desean para mi hijo, ya han hecho lo suficiente —respondió una nueva voz, era claramente la de Hien Li.

Lo que hemos hecho es lo mejor para la familia Li —respondió la segunda voz—, es una pena que ninguno de los dos lo pueda comprender.

Mei-Yin ya les dijo que no les dirá nada, y aunque así fuera, primero tendrían que pasar sobre mi cadáver para lograr que ellas pierdan el apellido y sus privilegios.

No hay que llegar tan lejos, Hien —le respondieron—. Sólo queremos saber el nombre del padre de la bastar-

¡Cállese! —prácticamente grito Mei-Yin—. ¡Mi hija no es eso!

Deberías consultar un diccionario, querida —nuevamente la segunda voz le habló con burla, ignorando la mirada enojada de Hien—. Bastarda es la palabra perfecta para describir a tu hija."

—Después de eso mi tío prácticamente los echó de la casa, se trataba del consejo de ancianos de la familia… Aparentemente ellos acudían cada cierto tiempo a realizar la misma pregunta a mi madre, pero jamás recibían una respuesta… como yo.

—Meiling… —musitó Sakura sorprendida.

"¿Te encuentras bien? —le preguntó su hermano, recibiendo la mirada llorosa de ella.

No —prácticamente hipó, consiguiendo que él la abrazara rápidamente.

Sé que siempre te has negado, pero, ¿no crees que lo mejor sería que le reveles la verdad a Meiling?

¡N-No! —se soltó de abrazo y lo observó con angustia—. ¿Quieres que lastime a mi pequeña hija diciéndole que el hombre que yo amaba prefirió abandonarnos porque yo no representaba nada económicamente para él y que sólo fui su pasatiempo favorito? Jamás.

Está bien —aceptó él, abrazándola de nuevo al ver que iniciaba a llorar—. Si tú así lo deseas, ellos no le dirán nada a Meiling, yo mismo me encargaré de eso.

Si ellos se atreven y-yo… yo no sé lo que sería capaz de hacer —susurró la mujer, apretando el abrazo.

No llegaremos a eso, ya lo verás —besó la coronilla de su cabeza—. Vamos con Ieran y mamá, se quedaron preocupadas.

Mei-Yin asintió y aun siendo abrazada por su hermano, salió del despacho sin siquiera imaginar que, dentro del armario, Meiling se encontraba en los brazos de Nakuru, llorando desconsoladamente."

—Después de eso fuimos con nuestros primos, quienes se preocuparon de verme así, por lo que me atreví a revelarles la verdad, con la promesa de no decirle nada a nuestros padres de que yo sabía todo —terminó de relatar lo sucedido en ese día—. Descubrir tal cosa a esa edad fue un gran impacto, pero me hizo entender muchas cosas…

Inmediatamente sintió como la castaña la abrazaba por segunda vez en el día, lo que la hizo sonreír un poco a pesar de las lágrimas que se acumulaban en sus ojos.

—De verdad lo lamento —le dijo Sakura a Meiling.

Y lo decía con sinceridad, porque gracias a la historia de Meiling, se había dado cuenta que los dramas familiares iban más allá de actitudes indiferentes y pocos gestos de afecto.

El gran amor de una madre y los secretos eran otra forma de causar daño.

Observó lo que su profesora escribía en la pizarra sin prestarle realmente atención. Llevar clases de química era lo último que le interesaba en ese momento.

Necesitaba hablar con Himeko.

Dirigió su vista hasta el lugar de ella, quien se percató de eso y le dedicó una coqueta sonrisa. Frunció el ceño sin poder evitarlo.

¿Acaso estaba jugando con él?

Lo siguiente que vio fue que ella se había volteado y ahora dirigía su vista hacia abajo, segundos después sintió vibrar su celular dentro del bolsillo del pantalón.

Con calma lo sacó y vio que se trataba de un mensaje de ella.

"Quita esa cara, le dejará arrugas a tu bello rostro", había escrito para terminar con un emoticón de beso.

Rodó los ojos y escribió su respuesta.

"Debemos hablar".

Observó por varios segundos la pantalla de su celular y al darse cuenta que no recibía ninguna respuesta por parte de ella, frunció el ceño y levantó la vista.

Himeko se encontraba con la vista enfrente, fingiendo que prestaba atención a la clase.

Entrecerró los ojos, obviamente lo hacía con la intención de que él se diera cuenta.

Los siguientes quince minutos no le quedo de otra más que esperar a que la clase terminara para volver a tratar de interceptar a la chica una vez más. Si no fuera porque se trataba de un tema serio para él, no estaría detrás de ella.

—Bueno, chicos, eso será todo por hoy, terminen de leer el capítulo ya que la siguiente clase realizaré algunas preguntas. Pueden retirarse —dijo su profesora después de que el timbre de salida se hubiera escuchado.

Mientras sus compañeros se retiraban, miró instantáneamente hacia el lugar de la rubia una vez más, sorprendiéndose al notar que ella había permanecido ahí.

—¿Vas a quedarte a hablar con ella? —escuchó como Eriol le preguntaba a su izquierda.

Lo volteó a ver, notando que él ya se encontraba de pie y tenía su mochila colgada de uno de sus hombros.

—Así es —contestó el castaño—. Debo hacerlo.

Eriol no pudo evitar sonreír irónicamente.

—Buena suerte con eso —justo después de decir eso, inició a salir del aula, dejando solamente a Himeko y Syaoran.

Los dos continuaron así por varios minutos, sólo sentados en su lugar, sin decir ninguna palabra; eso hasta que Himeko, ya algo cansada, habló.

—Para querer hablar, estás bastante callado.

—Pensé que eras tú la que debía hablar —contestó él—, me debes varias explicaciones.

La rubia se sentó de lado sobre su asiento, logrando que Syaoran pudiera observar su perfil, después giró su cabeza ligeramente hacia la izquierda, para mirarlo.

—Anda —le sonrió coquetamente—, pregunta.

—¿Cómo fue que te enteraste?

Himeko sonrió para sí misma, lo había estado pensado durante toda la mañana y si lo quería era cumplir su trato con la señora Kinomoto, debía conseguir seguir con él de la forma en la que lo estaban actualmente.

Aunque eso significara tragarse su orgullo y tener que pedirles disculpas a Meiling.

Afortunadamente, tenía como evitar la verdadera forma en la que se enteró.

—Cierta mañana que me quedé a dormir a tu apartamento, desperté y ya no te encontré. Como pensé que ya te habías ido, como suele ser tu costumbre, decidí levantarme y prepararme algo de desayunar —contó, causando que Li la mirara con atención—. Pero cuál fue mi sorpresa: tú aún estabas en el departamento y en compañía de Hiragizawa. Estaba a punto de salir cuando logré escuchar su conversación.

Himeko sonrió al ver como Syaoran iba abriendo los ojos con comprensión.

—Le hablaste sobre la búsqueda de cierta persona, a lo cual Eriol te dijo que seguía sin tener un detalle concreto... Después de eso te escuché decir muy claramente "Debemos encontrarlo y hacer que le den una explicación a ella, no es justo que Meiling no tenga alguna explicación del abandono de su padre", sonabas tan molesto y frustrado —la chica se levantó e inició a caminar a la dirección de él—. Debo aceptarlo: quedé sorprendida por eso.

La rubia volvió a sonreír, sabiendo que Syaoran le creyó lo que le había contado. Como no hacerlo, si en realidad todo lo que había contado era verdad.

Ella realmente había escuchado esa plática entre Eriol y Syaoran, logrando captar el momento justo donde el castaño mencionó las palabras que le ayudaron a confirmar lo que él ya le había revelado estando ebrio.

En un principio, Himeko no iba a hacer nada con lo que acababa de enterarse, ya que conocía la versión de la familia Li: que antes de poder casarse con su madre, el padre de Meiling había muerto en un accidente.

Y entendía que Meiling Li no quisiera revelar nada sobre su verdadero padre.

Ella misma había hecho lo mismo.

Lamentablemente para Meiling, había tocado un tema demasiado sensible para ella por lo cual la forma más rápida de vengarse había sido revelando lo que tanto temía.

—Inmediatamente regresé a tu habitación, ya que había logrado escuchar tus pasos hacia donde estaba. Cuando tu entraste, logré fingir perfectamente que salía del baño, ¿recuerdas? —Syaoran asintió, quisiera admitir que lo que ella decía era mentira, pero no podía.

—Demonios... —murmuró él, haciendo sin querer su asiento hacia atrás.

¿Cómo podría ver a Meiling a la cara cuando ella tenía razón y en cierta parte era su culpa que Himeko supiera lo de su padre?

Recordaba bien ese día, antes de que él pudiera salir del apartamento, Eriol había pasado a recoger algo que tenía olvidado y que necesitaba antes de viajar a Londres. Teniendo la creencia de que Himeko seguía durmiendo, le había cuestionado sobre la investigación que ambos estaban llevando y que aún no le revelaban a Meiling. Después había sucedido lo que la rubia le contó y él, ingenuamente, creyó que ella no había escuchado nada.

Grave error.

Salió de sus pensamientos al sentir como ella se sentaba en sus piernas y lo abrazaba del cuello, la observó seriamente, a lo que recibió otra sonrisa.

—¿Quieres que me disculpe?

Por primera vez desde que iniciaron a hablar, él se atrevió a soltar una sonrisa burlona.

—Sabes perfectamente que no es suficiente.

—Entonces… ¿qué? —replicó ella, acercando su rostro al de él, al punto de que sus labios se rosaban levemente y podían sentir la respiración del otro—. ¿Vas a alejarte de mi lado sólo para conseguir que se contente? —se burló.

Syaoran llevó sus manos hacia las de ella y las apartó de su cuello, provocando que la rubia alejara levemente su rostro.

—Exactamente —respondió con sencillez y al notar como ella iba frunciendo el ceño, colocó un dedo sobre sus labios, impidiendo que fuera a decir algo—. No lograras que cambie de opinión.

Entonces hizo que ella se pusiera de pie, para después él hacer lo mismo. Tomó su mochila, con la finalidad de salir de ahí.

Justo cuando estaba a punto de salir, la chica volvió a hablar.

Obviamente no podía quedarse callada.

—Engáñate todo lo que quieras, Li —dijo, sonando bastante calmada, lo que hizo que el castaño la mirara sobre su hombro—. Al final volverás conmigo, todo gracias a tu banal intento de buscar en mí a otra persona.

Syaoran apretó sus puños y salió rápidamente del aula sin siquiera responderle a Himeko, quien sonreía ante su reacción.

Porque los dos sabían que las palabras de ella tenían cierto porcentaje de verdad.

Tomoyo y Meiling se despidieron de Sakura al ver como subía al auto que iba por ella y en cuanto el vehículo estaba fuera de la escuela, la amatista la observó de reojo.

—Debo de admitir que estoy sorprendida —comentó Daidouji.

Meiling se encogió levemente de hombros.

—Eventualmente se lo diría —respondió—, prefiero que sea conmigo en mis cinco sentidos y no ebria como se los conté a ustedes.

Tomoyo sonrío, recordando que la primera vez que habían bebido alcohol.

—¿Tú piensas que debería hablar con Xiao Lang? —preguntó Meiling repentinamente, mirando hacia el cielo.

—Creo que no vas a estar realmente tranquila hasta que lo hagas —le respondió la amatista—, sin embargo, debes tener cuidado. Las cosas pueden salirse de control y eso sólo provocará que se causen daño.

—No quiero estar molesta con él, pero no puedo evitarlo —murmuró—. Él sabe lo mucho que me dolió saber la verdad y que exista la posibilidad que se lo haya dicho a esa zorra me enoja.

Sintió como Tomoyo tomó su mano y deshacía el puño que inconscientemente había hecho, causando que la volteara a ver.

—Tienes que confiar que todo saldrá bien entre ustedes —le sonrió, soltando suavemente su mano—. Ante todo, son familia y han sabido apoyarse en los momentos difíciles del otro.

Meiling asintió levemente y le sonrió con agradecimiento.

—¿Quieres que te lleve a casa? —le preguntó.

—No —negó suavemente—. Creo que quiero caminar y pensar un poco.

Daidouji asintió, confiando en que esa caminata la ayudaría y, antes de subir al auto, la observó por un breve momento.

En su opinión, Meiling era una persona muy valiente y no merecía tener que cargar con algo como eso.

Le sonrió una última vez como despedida y subió al auto que la estaba esperando, Meiling sólo se había despedido con un gesto para después ver como el vehículo se alejaba.

Suspiró y apretó el agarre de su mochila mientras iniciaba a caminar.

Tenía muchas cosas en las cuales pensar, la principal de ellas tenía que ver con Syaoran, su querido primo. Él la conocía mejor que nadie, y ella a él, no por nada habían crecido juntos. Ambos sabían los temas que más le dolían al otro, y lo complicado que era vivir con eso.

Era justo que por eso le dolía la sola idea de que su primo haya sido capaz de contarle su mayor secreto a alguien como Himeko, quien no tuvo ningún escrúpulo al decirlo ante todos.

El tema de su padre era delicado para ella, algo de lo que no le gustaba hablar. Desde que se enteró de la verdad, sólo lo había hecho pocas veces: cuando se lo contó a Syaoran y Eriol; cada que ellos le insistían en tratar de conseguir algo de información y ella se negaba a eso; la primera vez que se emborrachó con sus amigas y se los reveló sin darse cuenta; cuando lo habló con Tomoyo y lloró tratando de sacar todo lo que tenía guardado desde hace años; y ahora, con Sakura.

Aún no entendía del todo porque había decidido contárselo a Sakura… bueno, en realidad sospechaba la razón. El día anterior, cuando habían hablado de sus padres, logró detectar una pequeña chispa de melancolía y soledad dentro de esos ojos verdes.

Un sentimiento que ella conocía muy bien.

—¡Li! —escuchó un grito a sus espaldas, justo cuando iba alejada varios metros de la puerta principal de Seijo. Giró para averiguar de quien se trataba, y debía admitir que se había sorprendido al ver que se trataba del otro chico nuevo—. Que bueno que te pude alcanzar —le dijo con una sonrisa el castaño.

Se quedó un momento mirándolo con duda, ¿cuál se suponía que era su nombre?

—Ah… claro —dijo sin saber que más decir.

—No tienes idea de para qué te estaba buscando, ¿verdad? —le cuestionó algo divertido. La mueca que ella hizo le dio la respuesta que estaba esperando, por lo que le sonrió con resignación—. Sobre el trabajo de Ciencias Sociales.

Meiling abrió sus ojos completamente, mientras se golpeaba mentalmente. ¡Llevaba dos días de clase y ya estaba olvidando sus deberes!

—Lo sé, es muy pronto para que te esté molestando con eso —volvió a decir el Shouta, despertando a Meiling de sus pensamientos de irresponsabilidad estudiantil—. Pero en Nueva York estaba acostumbrado a iniciar mis trabajos lo más pronto posible para no estar al final haciéndolos, y no quiero que eso cambie ahora que estoy en Tokio, además…

—Está bien —le cortó. El chico la miró con atención—. ¿Te parece bien reunirnos el fin de semana?

—¿Tienes tiempo libre ahorita?

—Tal vez… ¿por qué? —respondió algo a la defensiva, le había extrañado que él respondiera su pregunta con otra.

—¡Entonces pongámonos de acuerdo ahora! —dijo Shouta con entusiasmo.

Y antes de que Meiling pudiera objetar algo, se encontró siendo arrastrada por él.

Apagó la estufa que se encontraba frente a él y observó el contenido de la olla con satisfacción, había preparado una pasta y no es porque fuera pretencioso, pero sabía muy bien que le había quedado perfectamente, no por nada era su especialidad. Se acercó a su refrigerador y de ahí sacó el queso parmesano para iniciar a rallarlo, eso funcionaría muy bien como complemento.

Una vez que los colocó sobre la encimera al lado de la estufa, observó el reloj de su muñeca.

Ya no debía faltar mucho para que Syaoran llegara a su departamento.

Después de todo, conocía muy bien a su primo y sabía que después de lo que sea que fuera a hablar con Himeko, iría a su departamento para desquitar su mal humor con él.

Lo dejaba hacer ya que más de una vez él hizo lo mismo.

Más que primos, también eran mejores amigos.

Justo cuando estaba a punto de terminar de rallar el queso, escuchó como la puerta era abierta para después ser cerrada con brusquedad.

Alzó una ceja, concentrado aún en su tarea. Syaoran debía tener algo importante que decir si se había molestado en usar su llave.

—Eriol —escuchó la voz del castaño frente a él. Se giró levemente para verlo y le sonrió mientras cerraba los ojos, después de eso se movió rumbo a la izquierda para buscar unos platos.

—¿Cómo te fue con tu mujercita? —le preguntó divertido—. ¿Al fin te pudo refrescar tu memoria?

—Sí —le contestó con un gruñido, lo que provocó que lo volteara a ver.

¿Eso significaba que sí había sido él quien le había dicho a Himeko sobre el padre de Meiling?

Dejo los platos en su lugar y lo observó con seriedad, una parte de él esperaba que realmente Syaoran no hubiera sido quien le revelara eso a Himeko, sin embargo, parecía que no era así. Cuando estaba a punto de decirle algo, se calló para poder ver con atención el semblante del castaño. Se notaba muy serio, cuando lo más natural era que estuviera soltando maldiciones en chino por lo que había hecho.

—Di una vez lo que te dijo ella.

—Fue culpa de los dos.

Abrió los ojos con impresión y después miro al castaño con el ceño fruncido, dos cosas que no solía hacer muy seguido.

—¿De qué demonios hablas, Syaoran? —le cuestionó.

Era imposible que por su culpa Himeko supiera algo, estaba bien que la única ocasión que había pasado más tiempo de lo usual con ella hubiera estado algo ebrio, pero estaba seguro que no le había revelado algún profundo secreto a la chica esa noche.

Syaoran se pasó una mano por su cabello, mientras suspiraba con frustración.

—No sé si recuerdas la ocasión en la que antes de viajar a Londres pasaste a mi departamento debido a que habías olvidado algo aquí y que aproveche para preguntarte sobre nuestra búsqueda secreta, la cual no tenía unos buenos resultados.

Cuando Syaoran se refería a "nuestra búsqueda secreta", quería decir que hablaba de sobre la investigación que llevaban haciendo desde hace un año sobre el padre de Meiling, así que con eso sabía que eran pocas las ocasiones en las que habían hablado sobre eso, por lo que no era tan complicado recordar el día del que su primo estaba hablando.

El departamento de Syaoran se encontraba más cercano al aeropuerto, por lo que había decido quedarse ahí la noche previa a la que tenía que viajar a Londres por pedido de su madre. Sin embargo, no logró sus planes debido a una llamada que Nakuru le había realizado. Así que, en la mañana siguiente, cuando estaba buscando sus documentos, se percató que la mochila que los contenía la había dejado en lo del castaño, lo que provocó que acudiera esa mañana a donde vivía su primo. Después de tener su mochila en sus manos y antes de que se fuera, Syaoran había aprovechado para cuestionarle sobre la investigación, todo gracias a que unos días antes le había comentado que el investigador se comunicaría con él.

Sin embargo, no recordaba que Himeko se hubiera encontrado presente en la habitación. De haber sido así, no se hubieran atrevido a tocar ese tema en presencia de la rubia.

A menos que…

—Eres un idiota —le espetó. Entendiendo lo que había sucedido—. ¿Ella durmió esa noche ahí y te atreviste a tocar ese tema con ella en tu departamento?

—Pensé que estaba dormida, ella tiene un sueño muy profundo —trató el castaño de defenderse—. Pero hoy me reveló que no fue así.

Lo último pareció decirlo en un gruñido.

Eriol, por su parte, sólo suspiró.

—Debemos decirle a Meiling —dijo después de varios segundos, entonces inició a servir la pasta en los dos platos y colocó uno frente al castaño, que lo siguió mirando con su ceño fruncido—. Quizá de esa forma logremos que deje de estar tan enojada contigo.

—Lo seguirá estando —murmuró.

—Es una posibilidad —concedió él, acomodando sus lentes—, pero ella ha estado contigo en situaciones muy difíciles y debes conseguir que te perdone, a cualquier precio.

Syaoran lo miró directo a los ojos, con seriedad, tal parece que había entendido a lo que se refería.

—Lo sé —contestó el castaño—. Lo haré.

Eriol lo observó con una sonrisa resignada.

Él era su mejor amigo, su primo, y sabía que esa determinación no duraría tanto.

Meiling vio a su alrededor con el ceño fruncido y se cuestionó como ese chico había logrado llevarla hasta una cafetería que se encontraba cerca de la estación de Shibuya. Lo que no negaría era que parecía un lugar agradable, la próxima vez que fuera llevaría a sus amigas con ella.

—Entonces—escuchó que el muchacho que la había arrastrado hasta ahí le decía después de sentarse frente a ella—, ¿qué vas a pedir?

—¿Por qué me trajiste aquí? —preguntó finalmente.

Él sonrió nerviosamente.

—Ya te lo dije, para ponernos de acuerdo con el trabajo.

—No necesito conocerte para saber que mientes —le contestó ella inmediatamente. Después abrió los ojos, con fingida impresión—. ¿Será que te enamoraste a primera vista de mí y esta fue la única forma de tener una cita conmigo?

El castaño, sin poder evitarlo, se sonrojó por la vergüenza de que ella imaginara algo semejante.

Sin embargo le agradó ver, por primera vez en lo que hablaba con ella, un leve brillo pícaro en sus ojos rojizos.

—¡N-No es así! —contestó de inmediato.

—Entonces, ¡habla! —demandó ella, intrigada.

Shouta restregó una de sus manos por su cara, suspiró y después la observó.

—Yo… buen-no… —balbuceó. Meiling alzó una de sus cejas—. Te lo diré, ¡pero no quiero que pienses que soy un entrometido! —terminó de decir con algo de vergüenza.

—¿De qué estás hablan-

—Escuché la plática que tuviste con tus amigas en la hora de descanso —la interrumpió, causando que Meiling lo viera sorprendida.

—¡¿Qué?! —exclamó, importándole poco lo que pudieran pensar los que se encontraban dentro de la cafetería.

El chico alzó sus manos, recargándose lo más que pudiera en la silla, casi podía jurar que esos ojos le iban a iniciar a lanzar rayos asesinos.

—No fue mi intención —declaró. Meiling lo observó enojada—. Yo estaba dormido en un árbol y cuando desperté, tú ya estabas contándole todo a Kinomoto; de haber salido, me hubieran acusado de entrometido.

Meiling lo vio con los ojos entrecerrados.

—Pudiste decir lo que me dijiste ahora.

—Eso es cierto, pero no se me ocurrió en ese momento —le dijo, dándole la razón en ese punto—. Yo no iba a decirte nada, pero para ser el segundo día de clases he escuchado muchos rumores, y pensé que por compensación de mi intromisión podría traerte aquí para que pudieras distraerte un rato de todo, mi madre me recomendó el lugar…

Shouta unió sus manos frente a su rostro, pidiéndole disculpas; Meiling no pudo evitar suspirar y suavizar un poco su mirada.

—Bueno —se encogió de hombros. Entonces colocó el menú frente a su rostro, de forma que él no pudiera ver la pequeña sonrisa que en su rostro—, te voy aclarando que es muy probable que la cuenta no te salga muy barata.

—No te preocupes, no tengo ningún problema con eso —contestó él, satisfecho.

La peli-negra bajó el menú un poco, permitiendo que sus ojos se distinguieran. Lo que captó fue al muchacho frente a ella viendo con entusiasmo todo lo que había en la carta.

Sonrió, está vez un poco avergonzada.

—A todo esto… —sintió un sonrojo subir a sus mejillas—. ¿Cuál era tu nombre?

Él la miró de inmediato, directo a los ojos, y lanzó una carcajada; lo que causó que su vergüenza creciera.

¡No era su culpa que olvidara los nombres con tanta facilidad!


Nota: En el capítulo anterior les mencioné que había salvado el que esperaba fuera mi penúltimo semestre en la facultad, ahora puedo confirmar que estoy a siete semanas de terminar mi carrera y debo admitir que estoy muy contenta, pues una parte mí creía que si me iba a llevar un poco más de los cuatro años que eran de la licenciatura.

En fin, por lo mismo fue que me tardé tanto en actualizar (además de que paso alrededor de quince horas fuera de mi casa). Lo que sí, es que no estoy segura del momento en el que el capítulo termino siendo concentrado en Meiling y por lo mismo no estaba del todo segura de en donde debía cortarlo hahaha.

Como siempre, me gustaría saber sus opiniones con respecto al capítulo, me encantaría saber lo que piensan.

¡Saludos!


Respuestas a reviews:

En "Y el karma dijo" estoy contestando los reviews, así que desde este capítulo iniciaré a hacer lo mismo en esta historia, ¡así que empecemos!

Miaka-chann: ¡Siento la tardanza! Y sí, a Himeko le encanta causar problemas, parece que vive para eso la pobre, ya veremos que tantas cosas más se le van a ocurrir haha. Lo de Sakura y Syaoran era algo que me moría por escribir, sin embargo, debido a las circunstancias no pude hacer su encuentro demasiado largo; pronto se volverán a encontrar, de eso no lo dudes.

isabelweasleygranger: ¡Hola! Me tanto gusto que te haya hipnotizado la historia, además que mi escritura y mi imaginación te parezcan sensacionales, eso le da alegría a mi corazón haha y sip, parece que prácticamente todos los personajes tienen algo por ahí escondido, pero con el tiempo se iniciará a saber todos esos misterios que hay.

¡Créeme que lamento con todo mi corazón la tardanza que tuve! Pero todo resultó ser un poco más complicado de lo que esperaba, lo bueno es que pronto me libraré de la escuela y tendré más tiempo libre haha.

Guest(1): ¡Que gusto que te haya parecido bien!

Guest(2): Es un gusto que te haya encantado, espero que tanto tú como el Guest(1) puedan dejar algo más para identificarlos a la próxima haha.

PazWaldorf: ¡Tu comentario me dejo una gran sonrisa! Para mí, el punto de escribir todo esto, es que detrás de una pantalla haya alguien disfrutando la historia e interesándose en ella, por lo cual me da mucho gusto que para ti sea así. Ya en otro capítulo había mencionado el OoC en Nadeshiko, pero como lo comenté ahí, todo es por propósitos de la historia (y además gracias a todos los años que llevo leyendo fanfiction de CCS, sé que no es el primer fanfic, ni será el último, que ha recurrido al OoC en distintos personajes).

Por cierto, no te preocupes por la tardanza en dejar un comentario, mejor tarde que nunca(?) haha.

Gracias a ti por dejar tu opinión, espero que la historia te continúe gustando para volver a leerte y ¡que también la vida te trate muy bien!

Maia Kender: ¡No mueras de la intriga, aquí está la continuación! Espero que la hayas disfrutado haha.


¡Gracias a todos los que agregaron a favoritos y dieron follow! ¡También a todos a aquellos que no dejaron ningún comentario, pero que llegaron hasta aquí!

¡Cuídense mucho!