CAPITULO 7: LARGO CAMINO A CASA
Squall, mientras tanto había estado recorriendo el camino entre Balamb y el jardín. No llevaba su vieja arma, la Lionheart, la dejo en el jardín cuando partió y dejo de ser Seed, por lo que no se pudo apartar del camino para recordar sus largas horas de entrenamiento en los alrededores de su antigua escuela.
Podía ver a lo lejos las luces que iluminaban el jardín, y lo hermoso que se divisaba desde lejos. A medida que se acercaba, parecía que el tiempo no había pasado, que aun estaba preparándose para alcanzar su gran meta, convertirse en Seed...
Llegó a la entrada del jardín, y encontró sus grandes puertas de hierro frente a él. Las cruzó y llegó a la zona de acceso al jardín. El portero estaba vigilante durante la noche, y no autorizaba ninguna salida ni entrada a esas horas, aunque era una cara conocida...
SQUALL: Buenas noches, disculpa la hora a la que vengo pero...
PORTERO: Buenas noches... ¡Squall! Cuanto tiempo, ¿que te trae por aquí y mas a esta hora?
SQUALL: Acabo de llegar de viaje desde Dollet, y no tenia donde alojarme, además, necesito hablar con el director Kramer lo antes posible respecto a unos recientes acontecimientos que necesitarían de su apoyo.
PORTERO: Sabes que durante la noche no se me permite dejar pasar a nadie, pero por ser tu, y por el carácter urgente que veo que tiene tu mensaje, llamare a Cid Kramer para que te reciba, y por supuesto tendrás una cama en la que alojarte esta noche, descuida que aunque sea en la portería, tendrás donde dormir.
Mientras Squall esperaba, el portero realizo una llamada al despacho de Cid Kramer, donde estaría aun despierto.
Squall sentía una emoción que le embargaba. Toda su vida le recorrió la mente y un escalofrío se escabullía desde lo mas hondo de su ser. Apenas habían pasado 6 meses desde que renuncio a ser Seed para llevar una vida lo más normal y menos arriesgada posible, pero ahora se planteaba si era eso lo que había querido siempre. Deseaba fervientemente a sus 18 años seguir viviendo las aventuras para las que había sido preparado tantos años.
PORTERO: Squall, puedes pasar. El director te recibirá encantado. Ya sabes como llegar... Bienvenido a casa chico.
SQUALL: Muchas gracias por todo. Me alegro de estar de vuelta.
Mientras entraba y caminaba por el largo pasillo que le separaba del ascensor, veía a lo lejos los diferentes pórticos que llevaban a las distintas dependencias del jardín. En ellas veía a los profesores que vigilaban la entrada a cada una menos, como siempre, la zona de entrenamiento y los dormitorios. Una sensación de tranquilidad le asalto cuando llegó a las escaleras del ascensor, y deseaba con toda el alma volver a recorrer cada pasillo, y apenas podía esperar a la mañana siguiente para ello. Un profesor vigilaba el acceso al elevador, pero este ya había recibido órdenes de dejar pasar a su antiguo alumno, no sin antes darle la bienvenida.
A pesar de sus ansias, subió al ascensor, y reprimió sus ganas de pararse en el primer piso para visitar las aulas. Una vez hubo llegado al segundo piso, las puertas se abrieron y, allí estaba Cid Kramer, sin apenas creer lo que estaba viendo.
CID: No podía creer lo que me decían cuando pronunciaron tu nombre... Squall, me alegro mucho de verte muchacho.
SQUALL: Yo también me alegro mucho de verle y de estar aquí director Kramer... Y agradezco que me haya dejado pasar a esta hora.
CID: Primero, sabes que esta es tu casa y siempre lo será. Puedes haber renunciado a tus privilegios de Seed, pero siempre serás un antiguo alumno, comandante del jardín y una de las personas a las que debemos nuestras vidas. Segundo, déjate de formalidades conmigo, hemos pasado mucho juntos y te has criado conmigo, y ahora no eres alumno, no debes llamarme de usted.
SQUALL: Esta bien Cid...
Squall se sentía a gusto con él. Por fin estaba en casa, y agradecía esa sensación de protección. Pasaron la noche hablando, y Squall le contó a Cid Kramer todo lo acontecido en los últimos meses.
CID: Bueno Squall, Rinoa no ha podido desintegrarse en la nada. Deberá aparecer, es cuestión de tiempo. De todos modos, investigaremos lo sucedido. Además, parece que todos os habéis puesto de acuerdo para venir. He recibido una llamada de la vicepresidenta de Esthar…
SQUALL: ¿Vicepresidenta?
CID: Si, ¿no ves las noticias Squall? Tu instructora, Quistis Trepe, es ahora la flamante segunda al mando de una de las más poderosas naciones del mundo.
SQUALL: No tenia ni idea. Nunca me he preocupado mucho por ver la televisión. Tenia mejores cosas que hacer y nunca he sido muy propenso a perder el tiempo de esa manera.
CID: Bueno, respeto tu decisión, pero a lo que iba. Quistis me llamó. Dice que vendrá mañana al jardín porque han ocurrido unos sucesos que les han extrañado y merecen ser supervisados. Supongo que os encontrareis aquí...
SQUALL: Así que mañana veré a Quistis...parece que el destino nos une poco a poco de nuevo. No se si alegrarme o preocuparme.
Squall no podía disimular sus deseos de verla. Ella había sido su instructora en el camino al ascenso a Seed, y posteriormente su compañera en la lucha contra las brujas. Era una persona muy importante para él.
CID: Es tarde, debes dormir y descansar. Mañana continuaremos hablando. Ve a tu habitación.
SQUALL: ¿Mi habitación?
CID: Si, aun esta libre. Tanto la tuya como la de tus compañeros. Como abandonasteis el jardín cuando el curso ya había empezado, no había alumnos que ocuparan vuestras habitaciones hasta el siguiente curso, cuando se ofertaran mas plazas para ocuparlas... ya estamos por terminar el curso en breve, así que tanto vuestras plazas como las de los que se gradúen y quieran abandonar el jardín se pondrán a disposición de los nuevos alumnos. Has tenido suerte de volver justo ahora, podrás dormir en tu cama.
Squall estaba aun mas contento, era una tontería ponerse así por una cama, pero no era solo eso. Él no había tenido nunca casa ni familia, así que lo único que había sido realmente su espacio era esa habitación, y ahora volvería a ella. Paradojas de la vida.
Bajo en el ascensor y recorrió el pasillo circular, saludando a todos los profesores por el camino, a los que ya conocía. Entro en el pasillo de las habitaciones y llegó. Allí estaba, como el día en que se fue. Allí tenía su dormitorio. Se tendió en la cama y disfruto de que por una vez en seis meses no fuera un sueño, había vuelto al fin.
