Pelirroja cabeza dura
Fueron cinco años los que pasaron, veloces y a la vez con una parsimonia un tanto agria. Para Harry, Ginny no había sufrido muchos cambios; continuaba igual de hermosa, con esas diminutas pecas adornando su respingona nariz y parte de sus mejillas, con su fragante pelo rojo un poco más arriba de su cintura -ahora más marcada que antes-, su piel nívea ante el roce de su mano… siempre fue perfecta. Ante sus ojos, Ginevra Weasley era la mujer más hermosa que hubiese visto jamás. Su primer amor, la primera chica con la cual se vio conociendo la verdadera felicidad. ¿Cómo pudo dejarla?
- Ginny… - la pelirroja liberó su mano del agarre apenas sintió como los dedos de él bajaban la presión. – Yo…
- De verdad que está haciendo frío. Mejor… - vio como Harry se liberaba con velocidad de su chaqueta y se la tendía. "Siempre tan caballero… tan…" – Gracias, Harry. Pero mejor voy adentro y…
- Quiero hablar contigo – el moreno hablaba con seguridad, mas por dentro estaba nervioso, o quizá ansioso. No sabía qué cosa esperar de Ginny después de tanto.
La observó, ella se veía increíblemente hermosa e incómoda. Miraba y miraba algún punto frente a la madriguera, como si esperara que algo apareciese desde detrás de la colina. La luna hacía que su lacio cabello brillara, obsequiándole a él una vista bastante sensual, a pesar de que su rostro mostrara una expresión de quien ha succionado un limón.
- ¿Te encuentras bien? – preguntó por segunda vez.
- Tengo frío.
- Ponte la chaqueta. – se acercó a ella, colocando la prenda sobre sus hombros.
Ginny percibió su cercanía con fascinación, aspirando el aire que ahora olía al perfume de Harry. Se acomodó mejor la chaqueta y lo miró con atención por primera vez desde que había llegado a la madriguera. Las ganas de abalanzarse sobre él se acumulaban dentro de ella sin piedad, haciéndola enloquecer. ¿Sería muy malo llevar a cabo ese caprichoso impulso? No, no podía hacer aquello por más que lo deseara, su orgullo no la dejaría.
- Gracias – fue lo que dijo en un vago susurro. Llevó sus manos hacia su bufanda y se la ajustó mejor alrededor del cuello, tan sólo para hacer algo.
- Extrañaba mucho las noches frías de acá – Harry le sonrió a la par que sus manos iban hacia el interior de los bolsillos de su pantalón. – En Nueva York había noches frías, pero ninguna como las de Londres. – vio como Ginny asentía con la cabeza mientras volvía a apoyar sus manos en la verja del jardín. – Ginny… - dudó en acercarse a ella, pero al final terminó cediendo. – Lo que me hizo regresar…
- No tienes por qué contarme tus asuntos, Harry.
- Quiero decirte que…
- Ya te dije que no…
- ¡Quiero decírtelo! – con la terquedad de Ginny, debía asegurarse de tener bastante paciencia. No se permitiría acabar esa noche con una idiota discusión como la última vez. – Escucha, Ginny, regresé por…
- ¡Harry, Ginny! – alguien los llamó desde la madriguera. Harry bufó, algo irritado.
- Debemos entrar – Ginny sonaba neutra, no obstante, se podía percibir un atisbo de ansiedad en su voz.
- Ginny, sólo quiero… - la miró darse la vuelta para entrar a la casa. - ¡Ginevra! – Una de las cosas que Ginny odiaba era el que le alzaran la voz más de la cuenta. Quien lo hiciera, debía bajar la cabeza al instante y pedir disculpas sin vacilar, claro, todos a excepción de sus padres. Su madre, sobre todo. Sólo las mamás pueden gritar a sus hijos, con o sin razón, porque lo que dicen es por su bienestar.
La pelirroja viró el rostro con los ojos entrecerrados.
- Sabes perfectamente que odio que me hablen con ese tono.
- Es necesario cuando no quieres escuchar – habló con calma, demostrando que lo que menos deseaba hacer ahora era pelear, mucho menos con ella.
- ¿Y qué es lo que quieres decirme? – se cruzó de brazos y lo miró a la par que alzaba sutilmente una ceja. Harry sabía que esa pose la realizaba automáticamente.
- Hace mucho que quería regresar. No es precisamente por la boda de Ron y Hermione por lo que estoy acá, sino por… - liberó una bocanada de aire mientras, inconscientemente, una de sus manos despeinaba su cabello. – Por…
- No tengo toda la noche, Harry. Lo que quieras decirme mejor que…
- Por ti… - bien, pensó. No había iniciado con mal pie. – Regresé porque tú, yo, nosotros… - miró como la pelirroja realizaba una extraña mueca mientras sus brazos se colgaban a sus costados.
- Te recuerdo que ya no hay un nosotros, Harry. Desde hace cinco años.
- Algo que yo no deseaba, pero tú…
- ¡No te atrevas a echarme la culpa de todo ahora! – le apuntó con el dedo. – En ningún momento quería que te fueras.
- Pues, no hiciste nada por evitarlo – no quería culparla de todo, sabía que la absurda y fea situación se dio de parte y parte por una completa estupidez. Pero es que Ginny era tan cabezota que… Sólo Dios sabía por qué se había enamorado de una mujer así.
- Sabías perfectamente lo que pensaba – apuntó, menguando la irritación que empezaba a emerger en su interior, bullendo.
- No, Ginny. En realidad no tenía idea de qué era lo que pensabas. Y aún no lo sé. Esa noche...
-Serás idiota – susurró con acidez mientras arrugaba la nariz. Harry adoraba ese gesto que sólo se daba cuando se estaba exasperando.
- Quizá sí, tienes razón. Fui un completo idiota. Pero tú no te quedas atrás y… ¡No me interrumpas! – bramó alzando una mano al verla abrir la boca. – Esa noche actuamos sin pensar y todo por una tontería que…
-Harry… - suspiró. Lo que Ginny menos deseaba hacer en esa noche era recordar precisamente ese episodio. – Escucha, ya no importa lo que pasó esa noche. Sólo…
- Si ya no importa, entonces vuelve conmigo – aquello la tomó completamente desprevenida. Con los ojos bien abiertos, miró como el moreno se acercaba a ella, decidido. – Vuelve conmigo y…
- Pero… pero… Harry… - Su voz se había vuelto apenas un tenue susurro al sentirlo tan cerquita de su cuerpo. Su perfume varonil parecía actuar como una droga que provocaba la alteración de sus cinco sentidos. Harry se aproximaba cada vez más hacia ella y lo que más anhelaba era abalanzarse sobre él y besarlo hasta que le dolieran los labios.
- Vine a pedirte que regreses conmigo – Decir aquello le estaba resultando fácil. – Vuelve conmigo, Ginny.
¿Estaba soñando? ¿Era eso? Porque, siendo sincera, más de una noche soñaba con momentos así. Sí, no sólo fantaseaba con esos apasionados instantes que vivió con Harry durante su noviazgo, sino también se imaginaba el regreso de él sólo para estar con ella… y ahora, ¿de verdad estaba sucediendo?
-Harry… - perdió la noción del tiempo y del espacio cuando sintió la tibieza de las manos de Harry tomar las suyas para atraerla hacia sí. Su brazo sujetó firme su cintura y su aliento acariciaba su cara conforme lo sentía cada vez más y más cerca.
¡Por Merlín que si era un sueño, daría lo que fuera por que durara toda la eternidad! Sin dejar de pensar de esa forma, sus brazos rodearon el cuello del moreno. La necesidad de sentirse era tan obvia por parte de ambos que casi se podía palpar en el aire. Las charlas que venían desde la madriguera se extinguieron… no escuchaba nada, no veía nada… sólo sentía esa suave y apetecible boca varonil sobre la suya, moviéndose ansiosa y ávidamente, con un frenesí desesperado y una pasión para nada extinta en ellos. Los labios de Harry seguían de un sabor inigualable y delicioso y la suavidad con la que masajeaba su lengua continuaba igual de magistral y perfecta. Y es que ese hombre no podía hacer nada mal… sus caricias eran tan… tan… la chaqueta cayó al suelo.
Se apretó a él permitiéndole profundizar el beso ya fuera de control para quien lo viera desde los ojos de un tercero. Si con sólo verlo esa mañana en el restaurante ya estaba excitada, el besarlo y abrazarlo ya la estaba volviendo loca por la necesidad. Las cosquillas en su panza aumentaron conforme subía su temperatura corporal, coloreando sus mejillas y todo su pecoso rostro. Lo deseaba tanto…
Entre esas sensaciones desbordándose a flor de piel, dio con la realidad. ¡No era un simple sueño! Harry había vuelto y la estaba besando con urgencia y anhelo. Sus manos la tocaban y la humedad del beso era tan…
- Ya… alto… ¡Detente, Potter! – Tuvo que aplicar toda su fuerza de voluntad para poder alejarse de su boca, de ese sabor que tanto había extrañado. Nada quería más que continuar besándolo, pero su testaruda cabeza le pedía a gritos aclarar todo antes. No podía dejarse olvidar todo y estar con él sin haber solucionado lo que hacía cinco años pasó. Harry no podía pretender que ella volviese con él así como así. ¿La creía fácil? Estaba muy equivocado.
- Pero… - Harry la miró sorprendido mientras la pelirroja lo empujaba con ambas manos por el pecho, obligándolo a soltarla. – Ginny…
- No te acerques de nuevo – Le dijo haciendo un alto con sus manos. – No te me acerques que… - Cerró los ojos y sacudió su cabeza.
- ¡Por Dios, Ginny! Creo que está bastante claro ya el que…
- No, Harry – Ginevra suspiró. – Esa noche en la que te fuiste gritando histéricamente, dejándome sola en el departamento, estuve llorando tal cual magdalena durante horas…
- Ginny…
- Horas. Me llamaba estúpida y luego me cuestionaba. Me preguntaba qué cosa había hecho mal. Esperé, y esperé, y esperé… tenía la esperanza de que regresaras para así aclararlo todo, disculparnos, y volver a cómo estábamos. Pero tú no volviste y cuando te fui a buscar…
- Ginny… – La interrumpió Harry, mirándola serio.
- No me interrumpas.
- No fui yo quien te dijo terminar – Dijo con un deje extraño en la voz. – ¿Acaso no recuerdas tus palabras?: "Quizá debamos terminar, estúpido", una puñalada para mí acompañada de un insulto. Eso sí que fue…
- Sé lo que dije esa noche… y… y no…
- Tú lo dijiste, Ginny. Y no…
- ¡Sé que lo dije! – Vociferó. – Lo sé… - Lo miró, y Harry pudo notar como sus almendrados ojos se estaban empañando. Algo dentro de él se arrugó. – Lo dije… y, ¿sabes qué pasó después? Te fuiste sin hacer absolutamente nada. Y ahí me puse a pensar, ¿tan poco me quería cómo para irse así como así? No hiciste nada, Harry.
- Esa noche yo estaba molesto. Ambos lo estábamos, pero yo jamás…
- Sí, estábamos enojados. Así que al día siguiente, sintiéndome más calmada, te fui a buscar para aclararlo todo. Pero al llegar a tu departamento, ¿qué encontré? Nada, absolutamente nada. Te fuiste sin más y yo… - No había notado que estaba llorando hasta que, llevándose la mano al rostro, percibió la humedad en sus mejillas. – Quise solucionarlo, y tú…
- Ginny… - Obedeciendo a sus impulsos, se acercó a ella, mas la pelirroja se alejó unos dos pasos hacia atrás. – Escucha, ese día estábamos fatigados, cansados. Dijimos cosas que no queríamos y yo…
- Igual te fuiste, Harry. Y pasaron cinco años. ¿Por qué venir ahora y querer solucionar todo?
¿De verdad debía responderle esa pregunta? Creía haber sido obvio hacía unos minutos atrás. Porque nos amamos, mujer.
¡Vaya que era testaruda!
- ¿Por qué venir ahora y solucionarlo todo? Pues, simplemente por…
- ¡Chicos! – la voz de la señora Weasley llegó desde el marco de la puerta de entrada de la madriguera. – Chicos, vamos. Está haciendo demasiado frío acá afuera y no quiero que se enfermen. – habló Molly, con esa preocupación y esa actitud tan maternal que nunca se extinguiría en ella, tuvieran sus hijos los años que tuvieran.
- Vamos, mamá – Ginny lo miró por última vez conforme se secaba los ojos rápidamente y con disimulo. - ¿Queda pastel de melaza? Muero por un trozo desde que llegué. – Ignoró a Harry, alejándose con rapidez del jardín.
- Hermione se comió el último trazo – Ginny rezongó como niña pequeña, y Harry pudo imaginar sin problemas la forma en la que fruncía sus labios con inconformidad por no obtener su trozo de pastel. Siempre que la veía hacer eso le venían ganas de mordérselos… si ella giraba la cabeza y lo miraba con su boca como un puchero, quizá no podría contenerse.
Vio como la espalda de la joven se perdía tras el marco de la puerta, su delgada silueta contrastaba con las luces de la sala de estar. Soltó un bufido contenido mientras se despeinaba más los cabellos.
¡Esa pelirroja cabeza dura, terca y orgullosa! Al menos, por la forma en la que esa mujer respondió a su ferviente beso, sabía y juraba por cualquier cosa que esperanzas para volver a estar con ella habían de sobras. Ginny aún lo amaba y, costara lo que le costara desechar ese orgullo Weasley que tenía, sabía que volvería a tenerla.
Entró a la madriguera y la buscó con la mirada, si hacía que se sonrojara, estaría sonriendo feliz por lo que quedaba de noche. La vio sentada entre Hermione y Audrey, tratando en vano de estar concentrada en algo que su castaña amiga decía con entusiasmo. Como sabía que sucedería, sus ojos se conectaron por unos cuantos segundos y, como lo supuso, sus lindas y pecosas mejillas se tiñeron de un encantador rojo carmesí.
Le sonrió, divertido. Ginny lo miró con los ojos entrecerrados y giró la cabeza en un exagerado movimiento que hizo volar su cabellera y golpear a Hermione con ella.
¡Esa pelirroja volvería con él! Por cualquier cosa que sí.
Sin dejar de sonreír caminó hacia donde Ron, George y Charlie, quienes le hacían señas para que se uniera a lo que parecía una charla sobre Quiddicth y dragones… dragones jugando Quiddicth, o algo así. Sin duda ya los tres estaban algo pasados con el Whiskey de fuego.
- ¿Por qué tan callada, Ginny? – Audrey chasqueó los dedos frente a ella para llamar su atención.
- Sólo… pensaba.
- Sí. Escucha, no quise hacerte enfadar hace un momento con…
- Descuida – miró a su cuñada. – No me enfadé.
- ¿En serio? Porque saliste de aquí como alma que…
- No me enfadé – repitió. – Sólo, no vuelvas a decir semejante estupidez.
No quería ponerse a pensar en eso; pues, si lo hacía, vería que la sugerencia hecha por su morena amiga y cuñada no era una estupidez, ciertamente.
N/A: Espero piensen como yo y crean que Ginny, en lugar de ser tan cabezota, ya debería estar haciendo bebés con Harry bonito (?). Aunque yo amo a Ginevra-Cabezota-Weasley! Puede que su testarudez fatigue un poco, mas no puede olvidar todo así como así y volver con Harry apenas éste se lo cante. Ginny no es chica fácil y esa es una de las razones por las cueles la amo.
Quiero dedicar este capítulo a Bita, por siempre estar pendiente del fic y por darme ánimos para seguir. Obviamente, te mereces algo mejor que un capítulo bobo de esta historia, miga, pero por los momentos... Espero disfrutes tus prontas vacaciones en Argentina. Te quiero mucho!
Y bien, no tengo excusas por haber tardado. Menos con lo corto que salen los capítulos, lo siento. Sólo diré:¡tarde pero seguro! No voy a dejar ninguna historia sin terminar, por más loca, boba, fea y tonta que sea. Son mías y les tengo cariño.
¡Gracias por leer! Correcciones, críticas, comentarios... ¡Oh!, lo llamaré "Las Tres C" (?) Sí, un chiste malo!
Hasta la próxima actualización.
Yani!
