Llueve otra vez
Ya el sol matutino brillaba. Hacía un poco de frío y Rukia lo estaba sintiendo en su cuerpo cansado, por no haber dormido anoche. Suspiró y siguió su camino hacia su habitación, que quedaba cruzando el parque interno de la mansión.
Entró y cerró la puerta. Se apoyó un instante contra esta y le dedicó una mirada inspeccionante a todas las cosas perfectamente ordenadas que allí estaban. Cerró sus ojos y exhaló con fuerza. Ésta sería una ardua tarea.
Primero miró detrás de unos cuadros con fotos que tenía sobre una cómoda. Allí había una serie de papeles mezclados dentro de un cuaderno deshojado. Sonrió al recordar lo que esas hojas significaban y las guardó en la mochila sin mirarlas. Luego se detuvo un minuto en las fotos. Tres portarretratos que le había regalado Rangiku.
En la primera, ella salía con Renji. Él la abrazaba con una mano por sobre el hombro y con la otra saludaba alegremente hacia la fotógrafa. Rukia sonreía con los brazos cruzados, tal vez algo vergonzosa. En la segunda, estaba ella con Ukitake y sus compañeros del treceavo escuadrón. Todos sonrientes, hasta ella no había salido tan tensa.
Y la otra era una foto que había traído del mundo humano, en la que salían Uryu, Orihime, Chado, Ichigo y ella. La había sacado Keigo después de insistirles durante media hora seguida que debían tener una fotografía juntos si tan amigos eran. No pudo evitar reír tras recordar esa escena y la cara malhumorada de Ichigo en la foto.
Tomó el último portarretratos y también lo guardó en la mochila.
Se dirigió al armario y lo abrió. Adentro había algunos kimonos coloridos, un par de vestidos de los que usaba en el mundo humano y algunos otros accesorios. Tomó un vestido blanco con celeste y lo miró con tristeza. Era el que llevaba puesto el día en que Byakuya y Renji la fueron a buscar para apresarla. Su sonrisa se desvaneció y la tristeza se apoderó de su mirada…
Movió la cabeza negando y una imagen se fijó en su mente… la de Ichigo… Ya en ese momento sentía algo especial por él… ya en ese momento se sentía parte de su vida, de su familia… incluso sabía, aunque inconscientemente, que él había crecido mucho desde que ella lo conoció y que ahora era como era por ella…
Guardó el vestido y sacó del armario una caja de cartón mal cerrada. Se sentó en la cama y la abrió. Adentro había unos papeles viejos que apartó, una bufanda, un collar y debajo de todo, la insignia de teniente del treceavo escuadrón. La tomó en sus manos y la miró seria. El distintivo de Kaien.
¿Y ahora, qué era Kaien para ella? ¿Era necesario que siguiera guardando eso como un tesoro?
Suspiró y lo envolvió en un papel que también estaba sobre la cama. Guardó los papeles y las cosas en la caja y luego la caja en el armario. Cerró la mochila y se la colgó y tomó el paquete con la insignia.
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Abrió la ventana para que la brisa de la mañana entre. Eran las 7:30 y debía apurarse para llegar a la escuela si es que no quería llegar tarde. Se cambió y bajó las escaleras con pereza… no le sentaba bien no dormir… para nada…
Yuzu lo miró compungida y Karin, indiferente.
- ¿Dónde está el viejo? – preguntó desganado al tiempo que tomaba una tostada.
- Tuvo una urgencia, salió temprano – contestó Yuzu, volviendo a sonreír.
- Nos vemos – Ichigo salió de la casa sin decir más. Estaba molesto, además de cansado. Y por demás aburrido… ¡era muy molesto estar al pendiente de la enana de esa forma!
Pero… ¿por qué estaba al pendiente? ¡Maldita enana! ¡Ella no es nadie para que él esté así! Cerró sus ojos con fuerza y los volvió a abrir. Su seriedad y fruncimiento eran los mismos, pero supuestamente ya no pensaría más en Rukia.
- ¡IIIIICHIIIIIGOOOO! – Gritó Keigo, como habitualmente. Ichigo entraba al aula y lo saludó con un puñetazo en la cara.
- Hola – dijo para todos Ichigo.
- ¡Kurosaki-kun! ¡Hola! – Inoue agitaba sus brazos.
- Hola, Ichigo – lo saludó Tatsuki, mirándolo fijo.
- ¿Qué te pasa, Kurosaki? ¿No dormiste bien anoche? – dijo Ishida acomodándose los lentes.
Ichigo se sentó en su banco y se recostó en él. No tenía ganas de hablar ni pelear con nadie.
La mañana transcurrió normalmente y nadie se atrevió a preguntarle nada sobre lo que le pasaba, más notando que Rukia no había asistido a clases. En el almuerzo, todos decidieron ir a la terraza.
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- ¿Capitán Ukitake? – Rukia entró despacio al despacho - ¿Se puede?
- Por supuesto, adelante – Ukitake la recibió con una sonrisa.
- Permiso – entró, cerró la puerta y se sentó. Apoyó el paquete en el escritorio.
- ¿Qué es eso? – preguntó el capitán algo sorprendido por la cara que traía Rukia.
- Vengo a devolverle esto – Rukia sonrió tristemente. Ukitake la miró sin entender y abrió el paquete. Se sorprendió al ver lo que era.
- ¿Estás segura de que quieres devolvérmelo? – le preguntó algo extrañado por la conducta de Rukia.
- Creo que ya pude aceptar mis culpas, capitán. Es hora que mis recuerdos sean sólo eso, recuerdos – le sonrió.
- ¿Te quedarás en el mundo humano?
- Sí, creo que allí es donde debo estar, al menos por ahora
- Muy bien – Ukitake le dedicó una sonrisa sincera. Realmente Rukia parecía estar conforme y contenta con lo que había decidido.
- Gracias, capitán – se levantó.
- No hay nada que agradecer. Rukia – lo miró a los ojos – suerte
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- Hey, Ichigo, ¿dónde se metió Kuchiki-san? – preguntó Keigo, al borde del llanto - ¡¿Qué le hiciste que no vino a clases?! – Tatsuki le dio una fuerte palmada en la espalda. Ahora Keigo lloraba de dolor.
- En serio, Ichigo, ¿qué le pasó a Kuchiki?
- Tenía asuntos que atender – respondió secamente mientras comía su sándwich.
Nadie preguntó nada más ya que el aura de Ichigo comenzaba a asustarlos.
¡Maldita enana del demonio! ¡¿Dónde se había metido?! ¿Y ahora por qué diablos estaba tardando tanto? ¿Acaso pensaba no volver? ¡¿Acaso era cierto que ella pensaba en él sólo como un ryoka?!
Se levantó bruscamente y todos lo miraron.
- ¿Kurosaki? – preguntó algo preocupado Ishida.
- Ahora regreso – Ichigo dijo entre dientes.
Salió corriendo de la escuela, casi desesperadamente. Justo en ese momento el distintivo de shinigami sustituto comenzó a brillar.
- Maldición – murmuró. Se paró detrás de unos árboles y se transformó en shinigami.
El hollow era uno de los más débiles, así que no tardó nada en derrotarlo. Volvió a su cuerpo, maldiciendo por lo bajo. Se quedó sentado detrás del árbol, mirando al cielo, que había comenzado a cubrirse de nubes negras.
¿Qué debía hacer cuándo ella volviera? Al parecer, no reconocía haberle dicho eso a Renji… pero… ¿Por qué si realmente lo dijo? ¡Él lo había escuchado claramente!
Sin duda aclararía los tantos… no podía dejar que pase más tiempo en esta condición… si ella estaba en Karakura por trabajo y nada más, entonces que se lo diga…
Pero… ¿cómo decirle? Porque a él no le estaba pasando nada con ella… ¿o sí?
¡NO! No le pasaba nada… solamente necesita que ella esté, que esté con él… ¡Maldición! ¡Necesita que ella le diga lo que piensa realmente sobre él!
¿Y qué si ella no quiere? ¿Y qué si es verdad que ella piensa que es un asqueroso ryoka que no puede comparársele?
Rukia atravesó la puerta Senkai justo cuando unas gotas comenzaban a caer. Otra vez llovía… ¿no que había amanecido con sol? Protestó por lo bajo y comenzó a caminar en dirección a la casa… era demasiado tarde para ir a la escuela…
Algo llamó su atención en el camino. Un reiatsu… el de Ichigo. Estaba cerca… pero… ¿por qué no en la escuela?
¿Tenía que ir a buscarlo? ¿Y qué pasaría? ¿Qué le diría? Seguramente algo del beso… ¡No! No… ¿o sí? ¡Bah! Era hora que de una maldita vez se enterara el por qué Ichigo estaba actuando de esa extraña forma.
Siguió caminando hasta que llegó al lugar. Lo vio entre los árboles, sentado en el suelo, sintiendo cómo las gotitas de lluvia caían sobre él. Se acercó y se puso detrás del árbol dónde él estaba, sentándose a sus espaldas contra el tronco.
- Volví – dijo despacio.
- Bienvenida – contestó él.
