Capítulo 7.
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Sus secretos.
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Tengo un secreto grande, tan grande que me rebasa.
Este secreto, me cubre he intentado hacerlo invisible ante los demás. Pero sin buscarlo, ni desearlo; siempre vuelve a aparecer.
Fui feliz durante algunos años. Después, muy poco e intento serlo ahora.
Cada mañana me levanto evitando pensar demasiado. No estoy amargado, o al menos creo que no lo estoy. Cuando me case, pensé evadiendo la realidad, que todo podría llegar a ser perfecto, o lo que es peor; me creí el cuento de que así seria.
Por supuesto, había logrado de ese matrimonio algo maravilloso, nuestro hijo Souichi. Un legítimo Tatsumi.
Antes de ser padre, no había algo suficientemente fuerte que me animara los viernes a apresurarme después del trabajo para llegar a casa. Por lo regular, iba a beber una o dos cervezas con mis compañeros del laboratorio. Por extraño que parezca, siempre han existido personas que se acercan a mí y ahí permanecen; Innue y Tetsuo son de aquellos…nunca igual a él.
Ayane por su parte, entre quejas y demandas, (producto del embarazo, más que de su personalidad) paso los últimos dos meses de su embarazo casi sin salir de la casa de sus padres. Ella es hija única, y su madre la monopolizo casi por cinco meses, dos antes del nacimiento de Ichi*, y tres meses más después de tener al bebe.
*Forma amorosa de Souichi de llamar a su hijo, quien tiene el mismo nombre.
Odiaba llegar a la casa de mis suegros, siempre diciéndome que debería ser más atento, más cuidadoso, más cariñoso. Que tenía abandonada a Ayane y me dedicaba solo al trabajo. Sé que todo eso era verdad, pero por más que intentaba actuar así, simplemente mi personalidad no se prestaba para hacerlo. Y una vez más, la mujer maravillosa que fue mi esposa, se encargaba de disculparse en mi nombre ante sus padres; los cuales no se tragaban fácilmente los inconvenientes que siempre ponía como excusa.
Pero ahora mis fines de semana son para estar con mi pequeño, él se emociona por cualquier cosa. A veces deseo que no crezca y nunca pierda esa capacidad infinita que tiene de sorprenderse por cualquier cosa. Soy un soñador con él, a sus tiernos dos años, creo que será Arqueólogo, le encanta llevar sus dinosaurios cada vez que nos vemos. Viernes y Domingos.
Dentro de su mochila siempre lleva todo un equipo, en eso poco nos parecemos. Cuando abre el cierre comienza a sacar todo: una pala, una pequeña cubeta y una brocha que me hizo comprarle, además que siempre lleva esa caja pequeña de madera que le regale para que guardara las piedrecillas que suele coleccionar. Muchas de estas, tienen formas distintas y algunas son porosas, mientras otras son lisas.
La mayoría de veces, me pide ir al parque; la pequeña y escasa zona verde que está más cercana de donde vivo actualmente. Todo está siempre desierto, solemos llegar muy temprano. Lo normal sería que me pidiera de manera escandalosa, ir a los juegos, impulsarlo en los columpios cada vez con mayor fuerza, pero rara vez lo desea. Es más común que me diga que entierre los juguetes en la arena y después con su gorra se cubre del sol y excava con mucha paciencia para después quitarles el polvo con la brocha y acomodarlos por especies y tamaños. Veo como lo que hace mientras fumo un cigarrillo y leo un rato en una banca muy cerca de él; no lo pierdo de vista. Y ahora se me ocurre que, en nuestra siguiente salida, llevare algunos pequeños huesos y le haré algunos fósiles con barro o algún material moldeable. Eso lo alentará a interesarse más y se divertirá a lo grande y yo con él.
A medida que avanza la mañana, llegan muchos niños. Para esas horas el sol es templado y la brisa de la mañana alivia mis pulmones. El diminuto parque se llena de gritos, risas y uno que otro llanto porque algún pequeño se cae o se lastima al correr. Ichi siempre consigue que se le acerquen niños y niñas curiosos que quieren saber qué hace con la pala y la cubeta. Mi hijo, aunque es un poco callado, les explica todo en ese peculiar lenguaje que tienen los niños.
Cuando finalmente se decide en levantarlo todo, ponerlo dentro de su mochila, siempre consigue agrandar su colección de piedras y las mete en la caja. Es entonces cuando me da todo y decide ir a lanzarse en el tobogán. La pequeña pandilla que se le unió en la arena lo sigue y después comienzan a jugar un rato más. Para cuando el sol ya está encima de nuestras cabezas y calienta mucho, le llamo y se despide tomando mi mano y la otra la menea diciendo adiós a sus amiguitos. Para esa hora, ya tenemos mucha hambre y buscamos un lugar para comer, él siempre quiere comer Yakitori (brochetas de pollo)
Desgraciadamente, este viernes no lo veré. Tengo que reunirme con Morinaga y eso provocara que solo vea el domingo a Ichi. Sé que, si no fuera por mi pequeño, me la pasaría aún más pensando en el pasado y en ese persistente hombre que siempre espero mucho de mí.
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Esa consciencia que muchas veces eludió durante su relación con Tetsuhiro, hoy le recordaba una y otra vez que, se encontraría con Morinaga, lo inquietaba y le quitaba el hambre. Y los sucesos pasados revivían en su mente.
Como aquello que paso en un anochecer de invierno, hacía poco más de 9 años: Morinaga le respondió que, si se establecían como una pareja y tomaba la propuesta de trabajo en Hamamatsu, Souichi podría poner todo su corazón y mente en la investigación y él lo apoyaría financieramente.
- Púdrete!
Fue su colérica respuesta
- ¿Por quién me tomas?
Pregunto enfadado al pensar que Morinaga lo veía incapaz de salir adelante por sí mismo.
-Supongo que tu cuidaras de mis necesidades financieras, mientras yo solo dejo que me folles cuando tú quieras-
Y de ahí, la discusión continua hasta que termino por herirlo y darle el tiro de gracia.
-Y en serio, es suficiente de esta mierda acerca del amor...
Entonces supuso que sería imposible hablarle de esa manera en la actualidad, él continuaba siendo un tirano en el laboratorio, pero definitivamente, ya no era esa misma persona que por todo se irritaba y gritaba. No desde que se casó y fue padre, eso lo había cambiado.
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Pero su mente no podía enfocarse solo en esa reunión con Morinaga. También estaba el problema de Tomoe y Kurokawa.
El cabeza dura como tabique de su hermano, le trajo una preocupación más y para colmo, le dijo por la noche que llamaría a Isogai, explicando que el mejor amigo de su esposo podría decirle que sucedía con ese atípico comportamiento del hombre que sospechaba lo engañaba o le ocultaba algo.
Tatsumi Tomoe daba por hecho, que su esposo ya se había comunicado con Isogai. Tal vez era cierto, pero en esos momentos, no tenía certeza de nada.
Después de tres días con su hermano en casa, el repiquetear del teléfono de la casa, lo tenía hasta el borde de un arranque de nervios. Souichi deseaba lanzar ese aparato ruidoso contra la pared o por lo menos convencer a su testarudo hermano que lo cogiera de una buena vez, pero Tomoe se había negado a contestarle el teléfono varias veces a Mitsugo quien insistía en hablar con él, y saber por qué desapareció de San francisco sin decir nada, sin siquiera dejar una nota o algo que le dijera de su paradero.
De todos modos, Kurokawa se las ingenió para conseguir el número telefónico de su aterrador cuñado, fue por cortesía de Kanako, quien siempre confiada no puso un, pero al brindárselo. Aunque no parecía ser de mucha ayuda para Mitsugo.
Tomoe como un necio aguantaba la necesidad de oír la voz de su esposo, a quien amaba con todo su corazón. Se había quejado, llorado y estallado en ira delante de Souichi, quien sin decir poco más que nada, veía con frustración el sufrimiento de su hermano. Sin embargo, cada que el teléfono los interrumpía, el menor no daba su brazo a torcer. Dejaba a posta que el contestador entrara en funcionamiento, se paraba a un lado y escuchaba las preguntas inquietantes de su esposo. Y aunque le temblaba la mano que por momentos quería rendirse y levantar la bocina ante esa voz angustiada. No hablaría con su esposo, no hasta tener una larga charla con Isogai, quien pensó era su cómplice y tapadera, en ultimas, eran mejores amigos y Kurokawa siempre corría a éste por consejo y ayuda.
Para Souichi, Isogai nunca fue santo de su devoción desde que lo conoció, y menos cuando se enteró que era muy amigo de aquel maldito pederasta que había corrompido la inocencia de Tomoe. A partir de ese momento, sintió cierta animadversión por el sujeto, y para avivar más ese sentimiento, sucedió lo peor. Taichirou los pillo en pleno manoseo a unas cuantas calles de la que fuera la casa de Souichi, su antiguo hogar. En esa ocasión, Isogai, pudo conocer una parte aterradora de Morinaga quien ante los mismísimos ojos de Isogai, se había comportado como un hombre de las cavernas, imponiéndose y haciendo lo que le dio la gana como muchas otras veces. Sin embargo, eso no le basto al tipo, conoció el departamento de Souichi y Morinaga, a unas estaciones del metro más adelante, en el cual, el rubio vivió en el número 33 durante dos años, un periodo dichosamente feliz y absolutamente desgraciado con Morinaga.
Hubo varias otras situaciones más que lo hicieron desear matar al hombre, pero en una de tantas veces, Isogai le sirvió de consejero y la última vez que se vieron, también quiso interceder a favor de Morinaga y esa extraña y tortuosa relación.
Aquel viejo conocido, Isogai, pese a vivir también en Tokio, no volvió a visitar a Souichi después de discutir con él por la repentina separación del rubio con Morinaga.
Souichi nunca se enteró como ese endemoniado sujeto se enteró de su separación con Morinaga, aunque sus sospechas recaían en la bocona de su hermana pequeña. Kanako. Quien se la paso haciéndole mas difícil la situación que ya de por si vivía. Sus constantes preguntas de "¿Porque estas tan deprimido niisan? " "¿Porque no quieres cenar?" "Otra vez pelearon tú y Morinaga san?" Y eso no era todo, la tía Matsuda san insistía animándole a contarle que lo tenía tan abrumado, además que ya para ese tiempo la suspicacia de la tía iba más allá de creerlos simples mejores amigos.
De un recuerdo a otro, su mente lo torturaba. Ahora veía las imágenes claras de aquella pelea que comenzó con un dialogo forzado y termino en puñetes con Isogai.
Isogai sobre su espalda, haciéndole una especie de llave china. Le presionaba el rostro contra el piso con la otra mano y Souichi gruñía y soltaba sus característicos tacos de "Suéltame bastardo" "Nadie te pidió tu opinión" mientras trataba de quitárselo de encima. Las palabras del Taichirou hicieron que dejara de resistirse tanto. Siempre las palabras de aquel, podían hacer que se detuviera un instante a pensar y sacar alguna conclusión de esa maraña de emociones que cada vez se anudaban más dentro de él.
- ¿Qué fue tan terrible entre ustedes, que te hizo tener tantas ganas de recibir una paliza del querido Isogai? Sabes que mi técnica supera la tuya -
Souichi no contesto la pregunta, el dolor en su mejilla del derechazo que le lanzo Isogai no cumplía con su objetivo, fracasaba en llevarse todo el dolor que sentía en el pecho de lo que había sucedido una semana antes con su amante. En el cerebro, en el estómago, estaban clavados los sentimientos que no se irían en mucho tiempo. La pérdida, la culpa y un enorme dolor.
Toda su farsa había sido brillante, Morinaga le creyó todo: Que no sentía nada por él, que lo veía como menos de lo que merecía. Y de ese modo así, él lo dejo ir, lo aparto de él. ¿Porque? Por qué se había convertido en algo mucho más serio. Porque si no lo hacía en aquel momento, no lo haría jamás y eso lo mataba de miedo. Ante su silencio, Isogai continuo.
- Estas cometiendo un gran error Souichi kun, ¿Has olvidado lo mal que te sentías cuando tú y Morinaga se alejaron tiempo atrás? Tal vez no te des cuenta del impacto que tendrá en tu vida una decisión tan equivocada -
La voz de Isogai, lo sacudió. Sabía que era un error, no era ningún estúpido, sabía que siempre pagaría por el.
Souichi era consciente de que Isogai podía ser un completo idiota con sus bromas, pero cuando se trataba de asuntos serios; el hombre actuaba perspicaz, como si pudiera prever el futuro, su futuro. Desgraciadamente, en esta ocasión, no lo escucharía.
- Ya antes te dije que te metieras en tus asuntos, además, se supone que tu deberías entenderme... ¿No tú mismo dices que no eres homosexual? Es lo mismo que yo he repetido hasta el cansancio ¿Porque mierdas no solo te largas y me dejas en paz? -
- Eso sí que no, el moratón que me quedara en el ojo hace que me debas siquiera saber que paso aquí. ¿Porque esta todo patas arriba? Kana chan dice que ni siquiera has ido a la Universidad los pasados 2 días. Y lo que más me temo es que si tu estas así, Morinaga kun debe estar desecho o se ha arrojado a las vías del tren -
La dolorosa tristeza se asentó de golpe en él y lo azoto como una tormenta fría. Había llorado durante quién sabe cuánto tiempo. Lo suficiente para considerarse el peor desgraciado en el mundo, pero no lo suficiente para sentirse mejor. Y ¿si Morinaga de verdad hizo una estupidez?
- ¡Quítateme de encima cabronazo de mierda! Paso lo que tarde o temprano tenía que pasar. Una relación entre dos hombres no es algo que pueda durar. Y fui educado desde pequeño que después de terminar mi maestría y conseguir un trabajo, debía formar una familia, tener una relación estable. Nosotros no teníamos ningún futuro y él se merece estar con alguien que no sienta estas constantes dudas que yo tengo permanentemente -
- ¡Pero le amas! Si no, entonces ¿Porque resolviste la última vez que se separaron que querías que permaneciera contigo? Eres un carbón, esa hubiese sido la ocasión para dejarlo ir. Sin tomar de pretexto que quieres estar con una mujer y casarte con ella, restregándole en la cara que nunca sentiste nada por él -
Le amas...
Las palabras retumbaron en su adolorida cabeza.
Era verdad, le amaba, pero nunca lo dijo y menos lo haría ahora, aunque quisiera correr y buscarlo para aclarar las cosas, para cambiarlo todo y detener la boda cuando aun había tiempo. No, no lo haría, ya le había causado demasiado daño. Isogai aspiro profundamente, mostrando lo frustrado que se sentía ante la obstinación y terquedad de Souichi.
- Te volveré a ver, solo cuando seas capaz de arreglar todos los destrozos que has causado y ya conoces mis fetiches. Siempre grabo todo o tomo videos y en mi celular, mantendré guardada esta conversación entre nosotros, tu secreto. Si la necesitas un día, llamame…aunque sabes que tendrás que pagar por ello de algún modo que ya se me ocurrirá -
La seguridad que vio en el hombre, la confianza en su declaración "tendrás que pagar por ello" ... Le irrito, parecía que Isogai estaba seguro que un día lo buscaría para ayudarle a corregir su terrible error.
No, no lo hare...
Pensó con pesar y tristeza.
Lo hecho, hecho esta.
Isogai se levantó y salió con un ojo que ya comenzaba a volverse purpura, el derechazo que Souichi le propino, fue aún más potente que el lanzado a Kunihiro años atrás. Ese hombre, Taichirou, que lograba sacarlo de quicio, conocía ese secreto. La relación que mantenía con Morinaga, esa relación a la que se negaba en llamar de algún modo. Pero sabía más, ahora sabía que los dos se amaban y actuaban como unos verdaderos imbéciles. Le molesto demasiado.
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¡Ah! ¡Ah, aahh!
Despertó con la cabeza que le estallaba y una dura erección.
Su situación no era una sorpresa. Después de todo, se había despertado cada día durante más de cuatro años sufriendo ese amanecer.
El pulso rápido, la respiración agitada y los bóxeres empapados al grado que la humedad traspaso el pantalón de su pijama, Morinaga toco su entrepierna y sintió lo duro que todavía estaba.
Había tenido otro sueño con él. Con Souichi, lanzo un suspiro lleno de frustración y molestia. Aborrecía esos despertares.
Con la frente sudada, carraspeaba y esperaba que su respiración volviera a su ritmo normal, termino de manera manual, se preguntaba cuando había sido la última vez que pudo terminar un orgasmo con Kenichi, ¿hacia un mes? ¿Dos meses? Y eso solo si apretaba los ojos e ignoraba los ruidos de la persona debajo de él. Agradecía que su amigo sexual, como lo llamaba él, no le comentara nada de su notoria eyaculación precoz, para no ser tan rudo, lo minimizo. Pero en el fondo, se avergonzaba de que estaba más cerca de llamarlo…impotencia sexual.
Una noche antes, antes de esta mañana y la reunión con Souichi por la noche. Morinaga quería probarse, ver por sí mismo si aún era capaz de sentir fuego por alguien más que su ex amante.
Kenichi pese a muchos contra tiempos acudió al hotel. Habitación 112, el cuarto en el que por lo regular se citaba en Hamamatsu con Morinaga.
Morinaga ignoro el hecho de que el alcohol afloraba su lado oscuro y violento ¿Una copa? Tal vez ¿seis? Se había contenido mientras Kenichi bebía copa tras copas, era lo única salida que encontraba para que su acompañante se perdiera pronto en el sueño y no percibiera el rechazo que sentía por su cuerpo y olor. Quería liberarse de esos sentimientos y se preguntaba si algún día finalmente lo conseguiría, la respuesta la obtuvo ante su propio exceso aquella noche. Experimento una desagradable sensación de libertad, un abandono que no encajaba con él.
Se desnudaron con la torpeza que ocasionaban los tragos y después de varios tropezones, llegaron a la cama, Morinaga cayó sobre ese cuerpo pequeño y demasiado enjuto para su gusto. Copularon frenéticamente, tan rápido, arrebatado y sin ninguna ternura. Cero besos, cero juegos previos. Terminaron en escasos 7 minutos. Si hubo algún efecto real como el que buscaba en el acto, no lo sintió. Solo había sido una liberación rápida y repulsiva y se debía a que su cerebro no lograba desconectarse. La resaca seria horrible y esperaba que se disipara antes del momento en que sucedería su encuentro con Souichi.
Cuando termino el coito, los dos se derrumbaron en el colchón. Tetsuhiro se destapo por completo para refrescarse un poco y se giró al otro lado de la cama, con la habitación dándole vueltas y un sabor amargo en la boca, se quedó dormido casi al momento. ¿Cuánto durmió? No sabía hasta que vio que ya eran las dos de la madrugada, se levantó y le dejo una simple nota a Kenichi:
Te llamo después.
No era justo, Souichi le había robado todo. Hasta el placer sexual, pero estaba seguro que se recuperaría; aún era muy joven.
El encuentro de esa noche y lo que sucedería esa noche, lo asaltaban a cada paso. La mala relación con sus padres y el aislamiento de sus viejos amigos, todo en su vida le parecía un gran caos.
Le debía varias citas a Hiroto kun que siempre llamaba para invitarlo al bar. A veces creía que hablar con su amigo del bar adamsite, le recordaría todo de Souichi y estaba en lo cierto, en el pasado, cuando veía a Hiroto siempre terminaba hablándole de lo mismo: quejarse de su mal tino en enamorarse de un hombre que no era gay y del que estaba enamorado desde el fondo de su corazón.
Analizándolo bien, Tetsuhiro entendió que en realidad sus gustos si habían cambiado cuando conoció a Souichi, Masaky san, aunque no era afeminado, si parecía débil y vulnerable. En contraste su ex amante era el prototipo perfecto de un hombre heterosexual en todo el sentido de la palabra. Pero eso no había logrado detener su atracción por él, al contrario, se reafirmó más. Simplemente no le gustaban los de modales afeminados, aunque eran los que en su mayoría buscaban los gay. Los seguros pasivos. Y ahora se preguntaba cómo se vería físicamente Souichi a sus casi treinta años. Una edad exquisita pensó.
Lo sabría esa misma noche.
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Morinaga lo observó unos segundos antes de llegar a la mesa.
Lo miro embelesado desde los pies, hasta la cabeza; como Souichi se levantaba para saludarlo con cortesía. Más delgado, pero hermosamente torneado…como un dios de la antigua Grecia. Más guapo, traía otros anteojos y el traje le quedaba espectacular; respiro profundo antes de llegar. Iba a ser algo muy duro de soportar, pensó mordiéndose el labio inferior al tiempo que vaciaba sus pulmones del aire que había contenido desde el momento en que lo vio.
Odió el hecho de que, incluso en ese momento, furioso como estaba, todavía se sintiera tan atraído por él. Si pudiera, correría hacia él, para abrazarlo y sujetarlo entre sus brazos. Pero no, no lo haría.
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Souichi sintió sobre él la mirada de esos ojos oscuros que no hacían ningún esfuerzo por ocultar su desprecio. Claro, tenía varias razones para detestarlo, pensó el rubio mientras lo veía acercarse.
En algún momento planeo ser cortes y sonreír "solo levantar un poco la línea del labio" razono, y tratar de crear un buen ambiente portándose amable, pero sabía que era demasiado obvio, que solo sería una actuación.
Morinaga por su parte, noto el porte firme de Souichi y que este no desvió la mirada en ningún segundo. Se había vuelto a olvidar cuán fuerte era el impacto físico que le causaba aquel hombre y lo que significaba que aquellos ojos fríos y hermosos estuvieran clavados en él. Y a continuación, lo que quiso evitar durante mucho tiempo. Hablar con el:
- Cuánto tiempo -
Comentó sin verse afectado el recién llegado.
Pensaba que Souichi se había disculpado por teléfono y que por el solo hecho de presentarse ante él demostraba que ya no era el mismo. Él estaba dispuesto a escuchar. Después de todo, hacía tiempo que ... lo había olvidado y era absurdo guardar rencor por alguien que ya había dejado de "importarle" y del que era claro se había desquitado de algún modo, no como quería, pero "Algo es algo" razono insatisfecho.
Souichi confiado por su aparente falta de hostilidad, le extendió la mano mientras luchaba por disimular su ansiedad y ganas de salir pronto.
- Algo de tiempo, si, ya lo creo -
Su apretón de manos fue rápido y breve, como si acabaran de conocerse. Aun así, ambos sintieron el roce de piel contra piel y dejaron que lo que sea que su mente quisiera pensar en cuanto a aquello, se evaporara.
- Pidamos algo de beber antes de cenar -
Menciono sin rodeos Morinaga, pero Souichi no había planeado permanecer con él más de unos minutos que pensó serían suficientes para preguntar que sabía el de los experimentos en que trabajaron juntos.
- ¿Cenar? Yo...-
Repitió Souichi bastante desconcertado, 15 minutos y se suponía todo acabaría. Pero Morinaga tomo las riendas por completo.
- No me digas que ya cenaste porque no te creeré de ninguna manera, nunca cenas a la hora debida. Es más, a veces ni siquiera lo haces -
Contesto Morinaga y añadió:
- Siempre decías que no era adecuado cenar antes de terminar los pendientes en el laboratorio y si era algo importarte, trabajabas hasta no poder más y llegabas a dormir con el estómago vacío a pesar de lo que yo dijera -
¡Qué idiota e irrazonable fue en ese tiempo!, pensó Souichi. En la vida actual, cenaba siempre a las ocho de la noche, una nueva rutina impuesta en su matrimonio fallido. Pero se le ocurrió que, en realidad, cenar en ese restaurant de lujo y prestigio, no era una idea tan mala, porque en ese lugar, ambos se la pensarían antes de armar alboroto. Y estaba seguro que Morinaga podría hacerlo, ya que nunca le había importado contenerse en nada.
Morinaga al ver que Souichi pensaba demasiado las cosas, pregunto:
- ¿Que bebida quieres mientras tanto? -
La mente de Souichi, regreso a la realidad y contesto.
- Sí, tomaré algo -
- ¿Qué te gustaría? -
- Algo fuerte, un whisky está bien -
Por un momento, Morinaga se sintió inestable, Souichi lucía un discreto traje café claro, una camisa azul y una corbata a rayas café con beige. Tenía un aspecto elegante y muy guapo que, combinado con el inevitable atractivo de sus ojos miel, su varonil presencia y esos labios que recordaba perfectamente como sabían, hacían de él un ser casi irresistible.
Souichi no pudo evitar ruborizarse cuando advirtió la mirada penetrante de Morinaga, primero sobre él y luego mirando a su alrededor. No se detuvo, aunque pensó que debería y comento algo que a Souichi le pareció fuera de lugar.
- Pensé muchas veces cuando ingrese a trabajar, que con mi nuevo salario podría llevarte a comer a un lugar como este y a muchos otros más que he conocido -
Ante el comentario, Souichi vio a su alrededor, pero se detuvo en las palabras, para cualquier otra persona eso tal vez hubiese sido un cumplido, para él, no. Le recordó cuando discutieron y Morinaga le dijo que, si tomaba ese trabajo, podría apoyarlo económicamente y entonces la respuesta colérica que dio, quiso repetirla otra vez. Pero no lo hizo.
- ¿Un lugar como este? Es solo comer -
- No has cambiado por lo que veo, sigues sin mirar nada más allá que lo que te importa solo a ti -
No se dejaría provocar, confirmo Souichi.
- Supongo que me conoces bien entonces -
Una sonrisa se dibujó en los labios de Morinaga, y bebió de su copa observándolo por encima de sus densas pestañas negras la mueca que provoco en Souichi.
- Más de lo que crees y en todos los aspectos…todos -
Sabía que había sido eso. Souichi se enfureció, su entrecejo de antaño fue visible.
- ¿Qué pasa? ¿Es que quieres discutir? -
- En realidad, no, mis últimas palabras eran un cumplido -
Souichi abrió la boca lista para hablar, pero miró a una pareja sentarse en la mesa de junto y que el mesero se acercaba "Es mejor no armar lio" concluyo ante la concurrencia que vio. Le pidieron la comida al camarero y el rubio decidió esperar a que Morinaga bebiera más de su bebida, que el alcohol lo relajara un poco. Aunque también temía, su ex kouhai, bebido era más agresivo y atrevido.
Souichi con cautela, opto por otro tema.
- ¿En que estas ocupado actualmente? -
- Trabajo cincuenta horas a la semana en la sucursal de Hamamatsu, donde me asignaron desde que...-
Vivíamos juntos.
Quiso decir, pero no era apropiado. Basta de hacerse daño solo. Cavilo.
Morinaga ya no termino la frase. Por su parte Souichi, estaba al tanto de los logros de su Kouhai, sabía que era un buen profesional y competente. Vinieron unas preguntas más.
Morinaga las respondía todas, en un principio con tono vacilante, pero paulatinamente con mayor confianza, sabía que hablar del trabajo era el tema favorito de conversación de Souichi.
Si, Souichi no era un experto para socializar o crear amistades, pero había mejorado mucho, y añadido que sabía escuchar, y con su actitud atenta animaba a su acompañante a hablar.
Cuando el camarero retiró los platos y cubiertos, Morinaga ya había contestado casi todas las preguntas de Souichi y había bebido más de 2 vasos de whisky. Pero había llegado el momento de abordar el tema en cuestión y ambos se sentían mucho más relajados que al principio.
Se miraron mutuamente, en incomodo silencio. Souichi hizo un comentario cortes.
- En Hamamatsu son afortunados de tenerte trabajando con ellos. Siempre has sido muy aplicado con el trabajo y responsable -
Souichi fue sincero al decirlo. No tenía la menor duda de que Morinaga era un trabajador excelente, muy capaz. Al hablar, su estilo profesional se había puesto de manifiesto, así como su dedicación, su inteligencia, su entusiasmo y, sobre todo, su coraje e ingenio.
- Yo he sido el afortunado con este trabajo -
Repuso Morinaga sonriendo y añadió:
- Ahora el trabajo es lo más importante en mi vida y me dedico a este en cuerpo y alma -
Souichi se acomodó en su asiento, pensando en que escucho muchas veces a aquellos labios decir que "Él era lo más importante en su vida" Frunció el entrecejo.
Morinaga lo miraba y sentía una extensa combinación de emociones dentro de él. Eran las mismas emociones que había sentido el día que lo conoció, y esas emociones iban acompañadas al enorme deseo de poseerlo, un deseo que en vano trato de anular.
Pero los recuerdos de verlo ya más de 10 años atrás, sus ojos dorados, su cabello rubio y brillante, esa angosta cintura que lo hizo perder el sentido. En ese momento le parecía difícil como comportarse.
Recordar porque quería en primera instancia ese trabajo en Hamamatsu, su sincero deseo de cuidarlo y protegerlo para siempre.
¿Cuidarlo y protegerlo? Morinaga comprendió lo que implicaba su sentir y apretó los dientes disgustado consigo mismo. La mandíbula se le tenso en segundos.
¡Maldición! Siempre me he comportado como un idiota con este hombre, pensó Morinaga y mejor se inclinó al frente para conversar ahora de él, él ya había hablado suficiente y también moría de ganas por enterarse, de saber todo acerca de Souichi.
- En Hamamatsu y en cualquier otra compañía también tendrían suerte si trabajaras como su investigador, eres muy constante y cuidadoso…cuando se trata de tus experimentos -
Sin saberlo, Morinaga acababa de darle paso a Souichi para abordar el tema que lo había llevado a buscarlo. El rubio nuevamente tomaría esas oportunidades que Tetsuhiro le brindaba inconscientemente.
- Entonces debería intentarlo en otro lugar, porque por acá me ha costado seguir esos criterios, principalmente, el de ser cuidadoso -
- No entiendo ¿Qué significa eso? ¿En que no has sido cuidadoso? -
- Significa que nunca puse cuidado en publicar el trabajo que hacíamos, y menos de tramitar ninguna patente. Pero al parecer, alguien se tomó esas molestias sin mi conocimiento y supongo que sin el tuyo también. Esto me está causando problemas en mis actuales investigaciones, en las cuales no trabajo solo y si no lo arreglo pronto, perderé algunas subvenciones y se detendrá todo. Y como resultado, también mis compañeros se verán afectados -
Incapaz de esconder nada más, Morinaga se inclinó hacia delante, enarco la ceja izquierda y enfatizo una mueca en los labios mientras aspiraba.
- Bueno, supongo entonces que...tengo algo que decirte, así que, como me dijiste hace 4 años ...Trata de no perder la calma -
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Como siempre, pueden comentar que les pareció.
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Capítulo dedicado a la pequeña Mina Betty.
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Saludos!
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