Chicas, siento el retraso. He acabado esta historia, pero se me olvida entrar a fanfiction cada cierto tiempo a publicaros, y asi pasa, que os tengo muchísimo tiempo con la intriga.

Que menos que dejaros dos capis de una. ¡Disfrutadlos! ;D

Le Rose era uno de los locales más conocidos de toda la ciudad. Muchos universitarios se daban cita allí para pasar su tiempo libre y se desahogaban al final de la temporada de exámenes. Nunca había tenido la oportunidad de ir, pero siempre había odio hablar muy bien del sitio, donde decían que era imposible entrar porque a veces las colas eran eternas, pero eran sitios limpios, no había ni pizca de droga que no fuese alcohol (si la consideramos como tal). Y así era, la cola doblaba la esquina, pero Alice aparcó su lujoso Porsche en la puerta y le dio las llaves a uno de los chicos que estaban a la entrada del local, ordenándole que lo aparcase. Ángela, Ben y yo la miramos atónitos y Jasper le dedicó una mirada divertida mientras nos invitaba a pasar. Supongo que Alice sería conocida en ese local, de ahí que disfrutase de esos privilegios.

Al entrar, todo lo que pude hacer fue mirar para todas partes. Era increíble el estilismo de ese sitio, todo estaba perfectamente adornado y colocado. El suelo era de cristal y se podían ver las piedras de colores iluminadas que habían bajo los cuadrados transparentes, con alguna rosa cada cierto numero de cuadrados. Las paredes estaban decoradas con papel de color rojo y unas enormes rosas negras dibujadas cubriendo toda la pista. Al final de la misma, se podían ver unos amplios ventanales que daban a un patio con una enorme piscina de la cual salían chorros de agua, por lo que supuse que también cumplía la función de fuente. En la parte alta de la discoteca estaban los reservados, a los que se accedía por una escalera de caracol situada en una de las esquinas y por la que Alice nos invitó a subir. Una vez arriba, podíamos observar la multitud bailando al mismo ritmo que les marcaba la música, y en la pared contraria a la de los reservados, podíamos ver al Dj en su cabina. Los reservados seguían la misma estética de la discoteca, salvo por unos sillones muy amplios de color blanco y unas cortinas blancas que los separaban del pasillo repleto de cristales que daban al centro de la pista. Alice se sentó y nos invitó a hacer lo mismo:

-Valla, este sitio es una pasada-dijo Ángela

-¿Os gusta?-solo pudimos asentir- La decoración es cosa de mi cuñada-dijo mirando a Jasper con una sonrisa. Ángela y yo nos quedamos petrificadas con la boca abierta

-No, yo no tengo hermanos, es la mujer de su hermano-explicó Jasper

-¡¿Edward?-dijimos Ángela y yo a la vez dirigiendo nuestra mirada a Alice

-No-dijo Alice moviendo su cabecita- Emmet-Y señaló a la cabina del Dj, donde un chico de pelo negro y con apariencia de culturista levantó su mirada mientras seguía amenizándoles la noche al resto de la gente y nos guiño el ojo, a lo que Alice respondió saludando efusivamente con la mano- Chicas, os presento a mi hermano, Dj. Cullen.

Los chicos bajaron a pedir bebidas mientras Alice y Ángela trataban de sacar cualquier tema para tener en mi cabeza algo que no fuese la discusión que había tenido con Jacob esa tarde, y mucho menos quien era esa con la que estaba y cuya voz no fui capaz de reconocer en ese momento. Una vez todos arriba, seguimos una animada conversación, y de pronto comencé a darme cuenta de pequeños detalles que provocaron un gran dolor en mi corazón: como miraba Alice a Jasper, la forma en que Ben se apoyaba suavemente sobre el hombre de Ángela, como tocaba Jasper los dedos de Alice mientras tenían las manos entrelazadas. Salí del reservado para ir al jardín a que mi cabeza tuviese una oportunidad para descansar y me senté de espaldas a los ventanales por los que había llegado hasta allí, en uno de los bancos que estaban en dirección a la espesura de aquel lugar. Nunca había visto un jardín tan grande que pareciese un bosque, y mucho menos en una discoteca, pero aquel lugar era precioso. Algo mojado comenzó a recorrer mi mejilla, y con mi dedo averigüé que era una lágrima. Valla por dios, ya lloraba incluso sin darme cuenta.

-Las lágrimas no deberían estar hechas para un rostro tan bonito como el tuyo-no podía ser. Me esperaba a cualquier persona en ese momento menos a él

-Edward-dije tratando de limpiar mis ojos sin hacerle daño al maquillaje de Alice-¿Qué haces aquí?

-Estas en mi zona favorita de la discoteca. La única pega que tiene este sitio es que cada dos por tres te encuentras a parejitas dándose el lote en alguno de los bancos, pero aun así es precioso-dijo sentándose a mi lado-¿Hay algo que pueda hacer por ti? Sabes que puedes contarme lo que quieras, que si puedo aconsejarte, lo haré-dijo descargando todo el poder de su mirada sobre mi. En ese momento se me puso el vello de punta

-Verás, yo…no se por donde empezar-dije agachando la cabeza

-Es fácil, Bella… Por el principio. Dime, ¿Por qué lloras?

-Me ha dejado mi novio. Habíamos quedado esta tarde y se ha olvidado de mi, y cuando lo he llamado…-no se porque le estaba contando esto a mi propio profesor-…estaba con otra.

-Valla-su cara se contrajo- no entiendo como teniendo a una persona como tu en su vida puede olvidarse de ti y mucho menos para estar con otra en vez de contigo

-Y la cosa es que su voz me sonaba-dije mientras una lagrima descendía por mi mejilla.

Cogió mi rostro entre sus manos y fue la primera vez que esa sensación recorrió mi cuerpo. Un cosquilleo desde mis mejillas que bajó recorriendo todo mi cuerpo hasta alojarse en mi estomago

-Escúchame, Bella-sus ojos verdes me acogieron abrazándome y sumergiéndome en lo más profundo de su intensidad-Mientras estés conmigo no quiero ver ni una sola lágrima mas salir de esos preciosos ojos, ¿entendido?-yo asentí y el besó mi frente. Continuó mirándome y me cogió una mano y ese cosquilleo volvió a tomar vida propia-Ven, quiero intentar algo.

Me levantó de allí y me llevó cogida de la mano. Noté como un rubor se adueñaba de mis mejillas, haciéndome tomar un elevado color rojo. Nos abrimos paso entre los jardines hasta que llegamos a una zona desierta, pero donde la luna iluminaba todo y le daba a aquel lugar una vista más hermosa que la que estaba viendo minutos atrás. Nos paramos en seco y apoyó mi cuerpo contra uno de los grandes árboles, ocultándome de cualquier mirada indiscreta. Me miró a los ojos profundamente, y en los suyos había picardía, deseo y temor. En ese momento su dulce aliento inundó mi cara, mientras se acercaba lentamente a mis labios. Cerré los ojos y me dejé llevar por los sentidos. Sentí como sus labios temblorosos depositaban un suave beso en los míos, llenando toda su longitud del hormigueo que había sentido antes con su contacto. Abrí los ojos y pude ver como me observaba atentamente, esperando una reacción por mi parte. Lo miré y sonreí.

-Podría meterse en un buen lío por esto, profesor-dije con una sonrisa pícara

-mmmm, apuesto a que si eso sucediese, sus notas se verían afectadas, señorita Swan-dijo mostrándome su preciosa sonrisa torcida- No me pidas que me arrepienta, porque llevo desde que entré por la puerta de esa clase con ganas de hacer esto.

-No lo hagas- dije acercándome a sus labios. Esta vez los separó, dejándome degustar su sabor en todo su esplendor, dejando a mi lengua encontrarse con la suya y batallando para terminar en tablas, probándose y reconociéndose por primera vez. Mi respiración se tornó irregular y el hormigueo cada vez se hacia mas punzante en la boca de mi estomago. Era una sensación extraña, pero una de las más maravillosas que había experimentado en toda mi vida. Entonces, el se separó.

-Bella, deberíamos volver, ahora mismo nos echarán en falta-dijo depositando un pequeño beso en mis labios-además, ahora que veo que has recuperado la sonrisa, estas mas radiante que nunca, y tienes que salir a esa pista a demostrar quien es la favorita de su profesor-dijo sonriendo

-Muchas gracias por todo, Edward-dije besándolo por última vez

Quería asegurarme de que esa sensación seguía ahí cada vez que lo tocaba o que se acercaba a mí, y así era. Cuando llegamos a la zona de la piscina, Edward soltó mi mano. Pese a ser mayores, siempre era una norma que debíamos cumplir: "Profesores y alumnos no pueden mantener relaciones, salvo la estrictamente profesional. De lo contrario, el alumno será expulsado del centro y el profesor, despedido." Nos estábamos saltando las normas, pero ahora solo respondíamos a los impulsos de nuestros cuerpos, en cuanto a la mente, ya era totalmente libre, había dejado a Jacob y terminaría averiguando con quien estaba cuando le llamé, eso no quedaría así.

Edward me acompañó hasta los reservados, y se incorporó junto a nosotros. Se sentó y me ofreció un hueco a su lado, envolviéndome en su abrazo. Por fin comenzaba a sentirme segura, a olvidar todo lo que había pasado tanto con Jessica como con Jake, a olvidarme de todo, solos Edward y yo y el maravilloso cosquilleo que hacia arder mi piel allí donde rozaba con la suya.