¿Qué has hecho ahora?

Queridos amigos! Gracias por la paciencia se que no publicaba hace mucho tiempo! Y me alegro ver que aun tengo lectores asi que seguiré escribiendo, espero que este capítulo les guste, y para este capitulo les recomiendo escuchar la canción What Have you Done de Within Temptation, que fue el tema con el cual me inspiré para escribir este capítulo (ojalá el video versión 2).

Gracias por su apoyo y espero poder contar con su valiosa opinión, me haría muy feliz.

Respuesta de Reviews

Luna-maga: Querida gracias por tus cariños y por la bienvenida. Bueno en este capítulo verás lo importante de la relación que Draco tenía con Isabel, ahora lo de Hermione bueno, no puedo adelantar mucho pero digamos que ella tiene una inclinación hacia Draco pero no sabe que nombre ponerle a esa inclinación, iremos viendo como se da con el tiempo! Espero tu comentario y miles de gracias por pasar.

Lorena: Querida me demore mucho en responderte por que no había escrito nada, en verdad mil disculpas pero la vida muchas veces nos impide hacer tantas cosas, en verdad no pienso dejar la historia por que me gusta mucho escribir, asi que espero que eso ayude! Ojalá hayas leído el capítulo anterior y ahora este y me des tu opinión, gracias por el apoyo!

Crimela: Hola! Mucho tiempo pero contesto, la relación de Hermione con Ron es complicada por que con ellos pasa ese como sentido de obligación, donde ellos creen que deben estar juntos. Lo de Draco es super importante por que asi se puede entender que a pesar de toda su frialdad aparente y su vida tan miserable es un hombre con un corazón gigante. Espero que te guste este capítulo y gracias por pasar.

Cutie: Gracias linda! Espero que siga interesante aun! A pesar del tiempo muchos cariños y espero verte pronto.

Adela Malfoy: Bueno un poco tarde pero seguiré escribiéndola! Espero que hayas podido leer estos dos últimos capítulos y ojalá pueda seguir contando con tu apoyo! Muchos cariños.

El reloj de su habitación marco las 12 en punto con un sonido estruendoso, sin esperar ni un minuto mas y con el corazón palpitando fuertemente en su pecho se apresuró a tomar su capa negra y rápidamente acomodo la capucha negra de tal forma que su rostro y su llamativo cabello quedaran ocultos tras la oscura tela, con decisión tomo la varita y se acercó a la ventana para abrirla lentamente, tratando de evitar el crujir del viejo metal, mirando hacia al frente viendo una luna tapada de nubes, pensó que la vida era sumamente irónica, ya que como la luna estaba oculta tras esa cortina que solo dejaba una noche como boca de lobo, los tiempos ahora eran de esa misma forma, sumamente oscuros y riesgosos.

A pesar de todo eso su motivación era aun mas grande que el miedo y sin pensarlo mas saco su varita y con firmeza convocó su escoba que en unos segundos se detuvo frente a ella, sin titubear ni un poco subió sobre ella, resguardando su cuerpo con la larga capa, tratando de pasar desapercibida avanzo por los cielos cada vez mas ansiosa y a la vez acongojada, cuanto lo extrañaba y cuanto temía por él, por su vida. Apretando mas el palo de escoba giro con gran precisión y comenzó lentamente a descender hasta llegar a una zona absolutamente abandonada que estaba justo en uno de los limites del Londres mágico y el Londres de los muggles, con suma delicadeza apoyo sus pies en el suelo y con un movimiento de varita redujo el tamaño de su escoba guardándola rápidamente dentro de los bolsillos de la capa y comenzó a avanzar por la calle principal mirando a cada momento a los lados, tratando de camuflarse con los viejos arboles que enmarcaban la avenida, tratando de evitar que sus pasos retumbaran en el cemento llamando la atención de alguna persona peligrosa.

Lo noche era sumamente fría y con una gran neblina que le causaba problemas para encontrar la dirección que hoy había recibido en una pequeña nota sin mas detalles que la dirección y la hora, sin ningún remitente. Inconscientemente apretó el pequeño papel que estaba escondido en el bolsillo, mientras con la otra mano pegada a su pecho afirmaba su varita atenta por si algún ataque la pillaba desprevenida, aunque al parecer algo de suerte estaba a su favor por al parecer ese barrio estaba totalmente desolado.

Afinando su visión comenzó a fijarse en la numeración hasta que se topo con el fondo de la avenida, que se cerraba con una casa ni grande ni pequeña, sin un aspecto muy particular, con un pequeño jardín delantero y al parecer deshabitada ya que no se veía ningún tipo de actividad dentro de la casa y al juzgar los dueños ya no vivían ahí ya que la maleza se había apoderado de todo en antejardín. Parándose frente a la reja mirando a ambos lados antes de abrir la puerta empujo el delgado metal con sumo cuidado y camino por lo que había sido un pequeño camino de piedrecillas hacia la entrada del hogar donde una vieja puerta de madera se interponía entre ella y su objetivo, sin esperar mas apoyo su mano sobre la madera descascarada y susurró la clave de siempre y en un abrir y cerrar de ojos llegó a una habitación muggle, al parecer de una jovencita ya que estaba llena de poster musicales como decoración y había una pequeña cama de metal pegada a la pared donde había una ventana que daba hacia el barrio que estaba cubierta con una gruesa cortina morada.

Su sonrisa se marcó al ver como un hombre delgado se levantaba de la cama de manera elegante y con una agilidad que solo él podría tener se ponía de pie para en abrir y cerrar de ojos estar enfrente de ella y sin acercarla a él para estrecharla fuertemente en sus brazos apretándole como si la vida misma se le fuera en ese gesto.

–Por fin… – solo fue un susurró débil que no espero respuesta alguna ya que con desesperación las manos de aquel joven se colaron debajo de la capucha que ocultaba a la muchacha, deslizando sus delgados dedos por su cuello subiendo por su nuca para atesorar su ondulado cabello, tomando con propiedad la cabeza de la dueño dejando caer aquella tela que la ocultaba, permitiendo que la poco luz de la luna que alumbrara el lugar dejará ver el hermoso color rojo de sus cabellos.

Draco con una desesperación que secaba su garganta y apretaba su pecho tomó los labios delicados y carnosos de aquella mujer que le quitaba el sueño sintiendo la suavidad de ese toque que él anhelaba todos los días, y mas ahora que no sabia si en unos minutos mas podría volver a tenerla nuevamente.

Aquel rocé fue como una bocanada de esperanza, de alegría que no estaban presente hace tanto tiempo en su vida, sentirla tan cerca de él, poder oler ese aroma tan característico de ella, poder tener su cuerpo pegado al de él era, sin duda alguna, estar en el cielo unos minutos, olvidar toda la mierda que lo rodeaba, y ser absolutamente feliz, desconectándose de todo y de todos, y solo dejarse llevar por aquel movimiento tan simple pero tan intimo que era un beso, un beso que encerraba el la mas profunda devoción, ternura, pasión y deseo, todo mezclado en una entrega tan simple pero a la vez tan significativa.

Alejándose de ella lentamente abrió sus ojos rápidamente para no perder mas tiempo sin poder mirarla, y ahí estaba ella, como siempre con esa enorme y hermoso sonrisa, instintivamente puso sus manos sobre sus mejillas sintiendo como la suave piel blanca comenzaba a tomar un color rosa al sentir el contacto de sus manos. Embelesado viendo como su rostro estaba tan perfecto como la ultima vez que la había visto, se quedo ahí sin despegarse de ella ni un segundo, solo mirándola, notando como esos gestos que tanto amaba comenzaban a florecer, esa timidez que siempre provocaba en ella cuando la miraba por mucha rato, como miraba al suelo y luego volvió sus hermosos ojos azules a él, mirándolo como cuando eran pequeños, con esa mezcla entre a ternura y la inocencia, para luego como siempre lo hacia esconderse entre su cuello y su hombro, apoyando sus manos en su pecho.

No sabes cuanto te extrañé– susurró Isabel y con un movimiento nervioso se aferró al cuerpo de Draco sonriendo como niña pequeña.

Yo a ti– el rubio hizo una pausa para buscar el rostro de la joven con su mano, levantándolo delicadamente por el mentón buscando aquellos enormes ojos– Mi amor–

Draco sonrió satisfecho al notar como aún las palabras que él le decía provocaban efecto en la pelirroja, sintiendo como su cuerpo dio respingo al escucharlo y como sin ella darse cuenta salía un suspiro delator de sus labios.

El rubio no le dio espacio a las palabras y tiernamente desato del cuello la capa que ocultaba a Isabel, viéndola con un hermoso vestido blanco sin breteles ajustado hasta la cadera para luego caer en una especie de falda suelta hasta las rodillas, llevaba una botas cafés y pudo ver como el delgado anillo con tres franjas aun adornaba su dedo anular, al verlo su corazón se alegro y sintió como el calor invadía su cuerpo al saberse amado.

Con una destreza digna de un hombre de educación refinada, Draco tomó a la joven de la cintura avanzando en la penumbra de la habitación hacia el fondo del dormitorio, mientras un rayo de luz se posó sobre Isabel permitiendo que Draco admirará como sus ondas rojas como el fuego caían sobre esos tan blancos hombros desnudos, contrastando con una perfección que hacia que todo su ser anhelara a esa mujer de una manera desaforada. Lentamente la recostó encima de la pequeña cama, sin dejar de mirarla, notando como los ojos de ella tampoco lo dejaban ningún momento, y le mandaban mensajes sin palabras, confirmando que todos sus movimientos eran aceptados y deseados.

El rubio se acomodo suavemente encima de ella, viendo como Isabel con la respiración entrecortada doblaba sus piernas apoyando los pies sobre la colcha de la estrecha cama y las separaba para darle un espacio a Draco, que se dejo atrapar por las piernas de ella que lo apretaron con pasión, dándole un golpe eléctrico por toda la espalda, provocando que su corazón se acelerará al sentir sus piernas alrededor de su cadera, con los ojos ocultos por su cabello la miro de forma penetrante e impulsado por su deseos la recorrió con la mirada hasta llegar a su rodilla que aun era tapada por la delgada tela.

Por primera vez en su vida Draco sintió ganas de tocarla y a la vez timidez, no quería hacerle daño, no quería presionarla, no quería manchar ningún momento con ella, la anhelaba como nada en el mundo pero la respetaba como lo mas sagrado de toda la tierra.

Dentro de esas cavilaciones sus pensamiento fueron interrumpidos por la mano de ella que tomo la suya guiándola hacia su rodilla, posándola sobre su propia piel para luego seguir el recorrido hacia arriba por su muslo, dejando que la tela fuera revelando la blancura de su piel. El joven estaba hipnotizado por el movimiento y no dejaba de mirar el movimiento sintiendo como un hormigueo fuerte dominaba la boca de su estomago, y esta sensación se intensifico cuando su mirada se junto con la de ella que pedía sin hablar que la acariciará.

Obedientemente y con toda la paciencia del mundo Draco se inclinó hacia ella quedando rostro frente a rostros, pudiendo notar cada facción que adornaba a aquella mujer que tanto amaba, sus ojos grandes y brillantes, su nariz pequeña y respingada, las pecas que se esparcían por sus pronunciados pómulos, la bien delineada boca que entre abierta dejaba salir un cálido y nervioso aliento. La miró profundamente y dejo reposar su mano sobre su mejilla para darle un beso sobre su frente para luego acercarse a su oreja y susurrar:

Te amo– Draco besó su oreja y comenzó a hacer un camino hasta llegar frente a sus labios – Eres mi mujer para siempre– tras esa declaración levantó la vista hacia Isabel, y con ansiedad volvió a tomar su boca entre la suya, para luego deslizarse por su cuello mientras sus manos bajaban por sus brazos para luego volver a tomar sus piernas, acariciando suavemente, casi rozando, percibiendo como la piel de la mujer se erizaba mientras el avanzaba, mientras él se deleitaba sintiendo su piel entre sus labios, tan suave y cálida y absolutamente suya.

Por primera vez Draco conocía ese cuerpo y se dio todo el tiempo para recorrerlo, sin apuro, lentamente, cada rincón lo acariciaba y lo tomaba como el mayor tesoro, grabándolo en su mente para no olvidarlo, mientras escuchaba a Isabel jadear muy despacio mientras su cuerpo respondía a cada uno de sus movimientos, apretándolo, tiritando o levantándose un poco para luego caer nuevamente al colchón entregándose a los deseos de Draco sin ningún tipo de atadura.

Draco hábilmente comenzó a desatar las amarras del vestido, dejándolo luego a un lado de la cama, para luego arrodillarse sobre el colchón para así poder admirar el cuerpo que tenia delante tan perfecto a sus ojos.

La joven nerviosa cerró los ojos y giró la cabeza ocultándose debajo de su pelo, jamás había estado desnuda frente a nadie:

–Eres perfecta – escuchó como Draco pronunciaba algo conmocionado, para luego tomarle la mano y llevarla hacia sus labios para besarla.

Las horas pasaron y Draco solo se dedicó a mirarla y acariciarla queriendo conocer cada detalle de la joven mujer, besando cada rincón, hasta que Isabel se giró para acostarlo a él y con el mismo cuidado que él había tenido ella tímidamente llevo sus dedos a su boca y los beso uno por uno para luego acariciaros con su mejilla para luego inclinarse hacia él, y robarle un beso desesperado, mordiendo sus labios rogándole que el la tomara.

Draco sintió como una llamarada se prendía en él frente a este gesto incorporándose, sentándose en la cama sin soltar su boca, mientras ella se acomodaba y bajaba sus inexpertas manos hacia su pecho buscando los botones comenzando a sacarlos para así dejar que la tela despejara el pecho del joven con suaves caricias propinadas por sus manos quitando aquella molesta tela que se interponía entre su cuerpo y el de él.

Las manos de Isabel recorrieron todo su pecho sintiendo como las cicatrices de aquellas heridas que él siempre ocultaba se mostraban ante ella y sin pensarlo dos veces se inclino y beso cada uno de ellas con ternura, queriendo sanar aquel cuerpo tan magullado, para luego subir por sus manos por la ancha espalda del joven y aferrarse en su cuello y tomar nuevamente esa boca.

El rubio tembloroso por aquellos movimientos amorosos que solo recibía de ella, volvió a acostarla y se deshizo de sus ropas, mostrándose ante ella tal cual era, quedando como el diría indefenso frente a la pelirrojo, entregándose en su totalidad.

Ella sonrió emocionada y estiró sus brazos llamándolo, mientras el bajaba hacia ella y de forma natural se unió con ella siendo lo que siempre habían querido, uno.

Cuantos meses habían pasado… exactamente 10 meses, sin duda muchos meses sin tener noticias de él, ni la mas mínima carta, nada, absolutamente nada, era como si él no existiera, como si hubiera muerto y el solo hecho de pensar en esa posibilidad, Isabel sentía que su mundo comenzaba a acabarse y que ya nada mas podría hacer.

Aun recordaba aquella noche en que se había visto, lo hermosa que hacia sido, lo importante que había hecho, la felicidad que había sentido de tenerlo tan cerca de ella.

Fue hermoso …– dijo Isabel acomodándose al lado de Draco –Pero tengo miedo– confesó.

¿De que?.. ¿Acaso no ves cuanto te amo?– respondió el joven algo sorprendido por lo que la pelirroja había dicho.

No es por eso … es por esta estúpida guerra en la que te empeñas en participar– Isabel se incorporó sentándose en el colchón mirando a Draco, y tomo su brazo indicándolo un extraño tatuaje– Aunque no me quieras contar en lo que estas metido, no soy estúpida… se lo que significa esta asquerosa marca, se como debes estar involucrado en todo esto– sintiendo como el nudo en la garganta comenzaba a apretar prosiguió– ¿Crees que no se lo que intentaste hacer en tu colegio?–

Draco le quitó la mirada avergonzado y se soltó de su agarre mirando hacia la pared.

Es por ellos ¿cierto?– la voz de la joven cada vez era mas débil y apenada– Por Lucius… por Narcisa…¿Por qué Draco? Ellos jamás te han querido, no merecen todo este sacrificio–

Son mis padres Isabel– respondió secamente el rubio

Pero nunca se han comportado como tal–

Pero lo son– remarcó – No me interesa lo que ellos hagan, pero son mis padres– volviendo la cabeza hacia la mujer siguió– No puedo dejarlos solos, me guste o no llevan mi sangre.

Pero… pero… pero… yo– los ojos de la pelirroja comenzaron a inundarse de lágrimas– Te perderé–

Draco la abrazó fuerte y beso su cabello y luego todo su rostro

Jamás me perderás, te prometo que cuando todo esto termine, por fin viviremos juntos y nos iremos lejos de todos donde nadie sepa quienes somos y comenzaremos desde cero– Draco la obligó a mirarlo y le limpio la lágrimas– Confía en mi, nada me pasará–

Isabel lo miró asustada y se acurrucó en su pecho y sin decir nada lloró sin mas, lo que menos tenia era de tonta, sabia que todo lo que él decía era para dejarla tranquila, pero ambos sabían que él a cada minuto estaba arriesgando su vida y que lo mas probable es que no sobreviviera.

–Draco …–

Isabel se había dormido pensando en él, ella se había ocultado lejos de Londres, el parentesco que tenían con la familia Malfoy los hacia sumamente vulnerables en el estado de guerra en que estaban, y a pesar de que su madre había llevado ese apellido, jamás había tenido relación con los temas concernientes al señor oscuro, su madre había sido de un pensamiento alejado de las guerras y las peleas, y gracias a eso se había agarrado la antipatía de casi toda su familia, pero poco le importo.

Sin aviso sintió como una mano le tapaba la boca, asustada abrió los ojos apunto de comenzar a tirar puñetazos en el aire.

–No grites, soy yo–

Isabel paso del susto a una profunda alegría y se lanzó en sus brazos tocándolo por todos lados cerciorándose que era verdad lo que estaba viendo y que no estaba siendo victima de una ensoñación, tomo su rostro y comenzó a besarlo sin detenerse, sin dejarlo respirar.

Tras unos minutos de simplemente sentirse Draco se sentó en la cama tomando de las manos a Isabel

–Querida… todo terminó– sentenció él, pero antes de que la muchacha comenzará a ilusionarse siguió hablando– Pero ahora para los que estuvimos de lado del señor oscuro se nos viene la persecución, tú sabes que tanto yo como mis padres estamos mas que involucrados con esto, pero–

Isabel lo interrumpió tomando su rostro:

–Escapémonos de aquí–

–No lo haré, mi familia no puedo dejarlos, tu marido…–

–Pero Draco… –

–Entiende Isabel, y mas importante que eso… Yo no soy un cobarde, afrontaré las cosas–

La joven sintió como su mundo comenzaba a desvanecerse, sabía lo que significaba lo que él estaba diciendo, se entregaría y lo mas seguro es que jamás saldría de prisión, era un hecho que seria juzgado y junto con eso todos sus sueños quedaban en nada y seguiría como hasta esta hora, alejada de él y quizás ahora si que por siempre y peor aun, viendo como esta maldita cárcel lo consumía.

– Te esperaré todo lo que sea necesario–

No, quiero que seas feliz, no tienes futuro conmigo– Draco tomo su rostro y acercó su frente a la de ella– Te amo, perdóname… yo solo quiero que seas feliz, yo no te merezco… tu no puedes estar con alguien como yo, no puedo encadenarte a mi maldito destino– Cada palabra era absolutamente dolorosa para el joven.

No decidirás por mí Draco – Isabel se acercó a el y lo beso dulcemente– Te esperaré siempre, no me importa el costo–

Draco quiso protestar pero ella puso su mano sobre sus labios y sin decir nada más lo ayudo a recostarse sobre su cama y lentamente hicieron el amor.

Ya habían pasado dos meses desde que Draco fue arrestado, dos meses en los que ella sagradamente visitaba la prisión, esperando la mínima oportunidad de poder verlo, cuanto le hacia falta, cuanto lo extrañaba.

Isabel lucia demacrada, había adelgazado mucho y el color de su piel estaba muy amarillento, su pelo había perdido color y sus ojos vida. La gente aludía que todo era a causa del fallecimiento de su marido, marido que apenas tuvo unos meses, con él cual simplemente se habían unido por un tema de protección mutua.

–Sra. Lionel, pase por favor–

La joven entro a la consulta donde un treintón medimago que comenzó a hacerle las típicas preguntas de rutina, para luego indicarle que se parará para poder revisarla.

El mago comenzó a examinarla mientras comenzaba a sospechar la "afección" que la pelirroja podía tener, al notar como la varita creaba círculos encima de su vientre:

–Sra. Lionel usted esta embarazada–