Capítulo 7: Jasper

BELLA POV

Ya habían pasado cuatro meses desde que Jasper y Alice me encontraron. Emmett se les había unido semanas después y eso fue una de las cosas que más me hicieron bien. Jasper se había encargado de todas aquellas cosas legales relacionadas a mí y a Charlie, era un experto en esas cosas. Cada uno de los tres Cullen que estaban conmigo desempeñaba un papel distinto. Emmett era el que mantenía mi estado anímico medianamente alegre; Alice se encargaba de mi vestimenta y alimentación; Jasper de lo legal, mi protección y era el que lideraba a sus hermanos.

No pasé por alto el que la familia Cullen su hubiese dividido y me daba cuenta el por qué. Había escuchado a Emmett y Jasper hablar de Edward con mucho enojo, casi furia, y mucha seriedad rayando en severidad. Al parecer, ni Alice, ni Emmett, ni Jasper querían seguir "sometiéndose" a los mandatos/sentencias de Edward.

Sí. Ya no me dolía tanto su nombre.

Este tiempo que estuve pasando con mis "hermanos" me di cuenta de que él no era el culpable de mi situación ni tampoco los Cullen. Pensaba que la compañía y el apoyo de los Black me habría sido de gran ayuda y justamente había sido eso lo que había necesitado y no había tenido. Ellos eran mi puerto seguro, una piedra a la que podía sostenerme, pero las cosas habían cambiado.

Los Black habían salido de mi vida para no volver, me aseguraría de eso y estaba segura de que los Cullen aquí presentes me ayudarían a alejarlos de mí. Ellos no habían estado para mí cuando más los necesité y ahora los quería a kilómetros de distancia de mí. Los quería fuera de mi vida para siempre.

Con respecto a mi salud, podía decir alto y claro que todas las semanas iba reponiendo el peso que perdí durante meses. Lo cierto era que Alice había aprendido a cocinar y lo hacía realmente bien, y si a eso le sumábamos el hecho de que Emmett se hiciera el gracioso tratándome como una niña haciéndome el avioncito… Bueno, eso no era lo mejor. Para mí, lo mejor era ver cómo se comía un plato de comida cada vez que lo obligaba. Jasper decía que yo le estaba cobrando las bromas que le hizo a él y Alice. Cada vez que quería divertirme, le pedía a Alice que hiciera un plato más de comida y se lo hacía comer a Emmett.

Sí, sin duda, estaba mejorando.

Tenía una balanza en mi habitación donde me pesaban. Todavía no podía caminar sin tambalearme, así que me habían conseguido un bastón de madera para que pudiera apoyarme hasta caminar sin ninguna ayuda. La carne volvía a mis huesos, volvía a los sitios que habían disminuido en su volumen.

Me sentía mejor. Más fuerte cada vez y diferente.

Estaba segura de que, si Edward volvía, ya no sería esa humana patética que una vez fui. Ya no. Perder a Charlie había sido un golpe demasiado duro y la muerte de Renée y Phil lo habían rematado. El destino había matado a la Bella débil.

Aun amaba a Edward, increíblemente.

No podía culparlo por el daño que me habían hecho los Black al abandonarme porque él no los había empujado a hacerlo ni tampoco había sido el causante. Edward ni siquiera podía saber que yo había hecho amistades con Jacob. ¿Cómo podía saberlo si no estaba aquí para saber lo que pasaba entre los Black y los Swan?

Y sí, decía increíblemente porque había sufrido mucho estando él lejos de aquí y después de haber sido abandonada por él. Sí, él me había abandonado… pero no había sido lo peor que me pasó estos meses.

Yo debía haber mejorado… debía haber mejorado con la ayuda de Jacob. Todo iba bien, pero claro. El maldito debía abandonarme… debía dejarme en peores condiciones que Edward.

Pero no me importaba ya.

Las cosas nunca más se arreglarían entre su familia y la mía… porque yo ya no tenía familia. Los Swan ya no existían. Ahora era yo y sólo yo. Y si alguno de los Black se atrevía a intentar arreglar las cosas, se iba a topar con un muro o un golpe.

Por la memoria de Charlie que les daría la espalda como ellos nos la dieron a nosotros.

Con respecto a Edward, ya sabía qué hacer con él cuando volviera.

Si me amaba, las cosas entre nosotros iban a cambiar. Ya no iba a seguir lo que él decidiera porque nuestra relación había sido así sin que me diera cuenta, él decidía y yo obedecía. ¿Por qué tenía que ser así? ¿Qué había pasado con mi voluntad y mi sensibilidad? Yo que era tan terca (lo reconozco) y poco sensible, me había vuelto relativamente dócil e hipersensible. Esas dos cosas habían sido dos motivos por las que quedé tan mal. Me había vuelto débil estando con Edward sin pensar, sólo me había detenido a pensar en si Edward era peligroso o no por ser un vampiro. No me había importado nada más en aquél bosque… en aquél entonces.

Otra cosa más que me había llevado a esa casi destrucción (o autodestrucción) era mi estupidez y mi verdadera falta de… percepción. Había sido buena para descubrir la naturaleza vampírica de Edward, pero no para darme cuenta de una cosa que podría haberme evitado tanto dolor. Había sentido lo extraño en Edward, su comportamiento tan misterioso y sobrenatural aquellos tiempos anteriores.

¿Por qué no me di cuenta de que había algo que no encajaba? ¿Por qué no me di cuenta de qué era ese algo? La respuesta era fácil: debilidad y estupidez.

La gente no se desenamora de un día para el otro. Edward me había hecho creer que se había desenamorado de mí en un semana… o menos. Edward no podía haberme dejado de amar tan rápido. Ni yo lo había hecho con todos los meses que transcurrieron ya, con el tiempo que pasó y que era suficiente para hacer que dejara de amarlo. Claro que no lo dejé de amar, ni un poquito. Lo seguía amando tanto o más que antes.

Y deseaba que volviera, con el alma.

Si me hubiese dado cuenta de aquél significativo detalle, me habría evitado muchísimo dolor… Quizá hasta lo habría buscado, pasado un tiempo. Habría dejado pasar un tiempo antes de buscarlo para demostrarle que no lo podía olvidar.

Fue entonces que se me ocurrió una idea.

¿Y si lo buscaba?

Podría atacarlo a distancia. Esa sonaba… agradable y divertido. Podría jugar con él. La idea de jugar con Edward me parecía atractiva… muy atractiva.

Lo llamaría y le colgaría, sin hablarle… pero sí oírle hablar a él. Podría vivir con eso… por un tiempo. Tener su hermosa voz en mi cabeza gracias a una llamada de dos segundos como máximo.

Una lenta y vengativa sonrisa se dibujó en mi rostro.

Vi mi reflejo en el vidrio de la ventana del cuarto de Esme y Carlisle, me veía… bien. Tenía mi cabello caoba largo, ondulado, con más brillo que antes y suelto; una camiseta lila con mangas largas y un pantalón deportivo celeste; en los pies tenía guillerminas negras. Sí, mi vestimenta era deportiva y no del todo doméstica… la intención era que estuviera cómoda y que pudiera moverme con libertad (a excepción del bastón). Había sido idea de Jasper el que anduviera vestida así. Alice había querido que fuera a la moda, como era su obsesión, y Emmett había creído que me vestiría como la Bella que era antes (la de los vaqueros y las blusas). Jasper había decidido que me vistiera con ropa deportiva hasta haberme recuperado del todo, no quería accidentes de ninguna clase.

Yo le estaba agradecida.

No quería vestirme como antes, pero no era tiempo para vestirme como pensaba hacerlo en un futuro bastante cercano. Tenía pensado dejar que Alice tuviera su parte en mi nuevo estilo, pero no quería dejar toda mi personalidad y estilo atrás. Quería vestirme bonita y sencilla a la vez. Pensaba vestirme con una combinación entre Alice y yo. Un intermedio por ponerle un nombre.

- ¿Bella?

Era Jasper. Me giré y lo vi asomado a la puerta con el ceño fruncido. Le sonreí.

- ¿Puedo pasar? –me pidió.

- Sí, claro –le respondí mientras me iba asentar en la cama.

Entró a la habitación y fue a sentarse conmigo a la cama. Me tomó una mano suavemente.

Su auto control había mejorado, según Alice, gracias a mi permanente presencia en la casa y mi aroma flotando por todas partes. Por eso, no me sorprendió nada el que me agarrara la mano.

- ¿Qué es lo que te divierte? –me preguntó con una sonrisita cómplice- No le dije a nadie y ahora estamos solos en la casa, así que puedes contarme.

Por supuesto, se lo conté todo y no pude evitar soltar una risita al final. Él me arqueó una ceja, seguramente, pensando que estoy loca.

- ¿Estás segura, Bella? ¿Te lo pensaste bien? Estás hablando de Edward… de… -me preguntó y vi que Edward le seguía enojando, por eso no pudo terminar de hablar.

- Sí… Yo aún lo amo, pero no quiero que vuelva… por ahora. Quiero jugar con él. Además, estoy segura de que me hará bien escuchar su voz.

- No podemos saber cómo te tratará y lo sabes –me dijo seriamente.

- Sí, lo sé. Pero no pienso decirle nada, sólo quiero escuchar su voz unos segundos –le dije con un suspiro.

- Mmm… -dijo y se quedó pensativo.

- ¿Qué?

- Creo que podríamos aprovecharlo, ¿sabes? –dijo cautelosamente, eligiendo sus palabras.

- ¿Cómo? –le pregunté con el ceño fruncido.

- Sí… podríamos crearle intriga… Yo podría hablarle con tu celular y sembrar la semilla de la discordia en su cabeza. Podría ser divertido, ¿no crees? –dijo con una amplia sonrisa.

Le devolví la sonrisa y la conversación quedó ahí… por el momento.

JASPER POV

Tenía que admitirlo, me gustaba la idea de Bella… mucho.

Estos muchos días pasados habían servido a que mi enojo por Edward disminuyera gracias a Bella. Mi hermanita merecía nuestras atenciones, nuestrsos cuidados todo el tiempo. Aún estaba muy débil, si no podía mantenerse en pie y caminar sin ayuda. Emmett le había conseguido un bastón de madera que ella siempre tenía en la mano y que la ayudaba a caminar sin tambalearse. Era fácil saber por donde andaba Bella… como antes. La diferencia entre el antes y el ahora era que antes era por su torpeza, pero ahora sabíamos por dónde andaba por el ruidito que hacía el bastón contra el suelo.

Emmett, Alice y yo éramos testigos del estado de Bella, sus pocas y pequeñas caídas y su óptima mejoría. Sí, óptima mejoría porque iba mejorando cada vez más y nada lento, a una esperanzadora velocidad. La comida que le conseguíamos y hacíamos le hacía mucho bien, como también nuestros entretenimientos (no queríamos que pensara mucho en aquello que le hacía daño) y el cariño que le profesábamos.

Por otra parte, me daba cuenta de que había algo más. Ni Alice ni Emmett podán saber lo que pasaba en Bella como yo. Me daba cuenta de que, cada vez que la dejábamos sola, ella no sufría tanto como antes… pero eso no era todo. Sentía ira, odio y deseos de venganza en ella, en esa frágil humana tan golpeada sentimental y psicológicamente. Más de una vez la miraba de reojo, miraba su reflejo y se confirmaban mis sospechas.

Bella no estaba sufriendo como creíamos que lo haría.

También, mi don detectaba un muro no muy grueso que protegía sus sentimientos y me restringía el acceso a ellos… Y eso significaba una cosa tan sencilla como complicada.

Bella estaba construyendo un muro para proteger sus sentimientos, Bella no quería sufrir como lo había hecho y estaba protegiendo su corazón de posibles y futuros dolores.

Lo cierto era que me dolía eso, me dolía que lo hiciera… no por mi don en realidad, sino por ella. Yo sufría por ella, sufría por ver lo que ella hacía y por qué. Por eso, no dejaba de entender su nueva actitud ante la vida y el mundo sentimental.

Mi hermanita estaba cambiando. Se estaba haciendo más fuerte y quizá, más desconfiada.

Cuando Alice y Emmett fueron a cazar, yo me quedé sentado en el sofá de la sala, atento a las emociones de Bella. No pasaron más de quince minutos hasta que noté un cambio en sus emociones que no se venía dando hace semanas.

Diversión, amor y conspiración.

Qué extraño.

Subí a su habitación temporal con intenciones de hablar con ella.

Cuando me contó lo que le pasaba y lo que quería, no pude evitar sentirme desconcertado y enojado. ¡Quería hablar con Edward! Cambié de opinión cuando me dijo por qué y para qué quería llamarlo.

No me pareció mala idea. Jugar con Edward… Llamarlo, escuchar su voz unos segundos y no hablarle. Intrigarlo, ponerlo en discordia consigo mismo.

Edward y Bella se merecían esto. Bella merecía descargarse un poco con Edward y Edward merecía que Bella jugara con él y lo alterara por hacerle pasar tanto dolor con su abandono, y por obligarnos a nosotros a hacer lo mismo.

Fue entonces que se me ocurrió una idea que no le diría a nadie.

Edward nos había prohibido entablar cualquier clase de contacto con Bella, ¿no? Había cometido un error (entre varios) al irse y alejarse de TODOS. Nos había prohibido eso, pero él no iba a estar para ni verlo, ni para saberlo… ni para evitarlo. ¿Qué pasaría…? No. ¿Qué haría si yo lo llamara del celular de Bella, si yo sí le hablara? Me encantaría verlo.

Moría por verlo y escucharlo.

Así que, sin que Bella se diera cuenta, le robé el celular (sólo por una hora como mucho) y salí de la habitación con él en uno de los bolsillos de mi pantalón de jean. Cerré la puerta y corrí a velocidad sobrehumana a la habitación de Edward, otra chispita de malda de mi parte… porque pensaba meter el aroma de Bella en su habitación también. Estaba seguro de que Edward se enojaría mucho conmigo si supiera y cuando supiera, pero estaba igual de seguro de que Bella me apoyaría en esto. Eso me hizo sonreír.

"Estás perdido, Edward", no pude evitar pensar con diversión.

Entré en la habitación de mi estúpido hermano lector de mentes y froté el celular de Bella en el tapizado negro de su sofámientras reía en voz baja y tapándome la boca para amortiguar la carcajada que amenazaba con salir a la superficie. Cuando me cercioré de que el olor de Bella estaba pegado al sofá y que no era débil, fui a una de las ventanas y me paré ahí para llamarlo y hablarle. Marqué el número y esperé, impaciente, golpeteando el piso con mi zapato.

No me contestaba las llamadas, así que tuve que llamarlo más veces… para que me atendiera a la cuarta.

- ¿Isabella? –preguntó frío, aunque también confundido.

- ¡Y un cuerno, imbécil! –le solté poniendo furia en mi voz.

Sonreí cuando escuché un grito ahogado del otro lado y que respiraba ondo.

- ¿Me extrañabas, hermanito? –le pregunté dulcemente.

La respiración de Edward se volvió agitada del otro lado.

- Ya veo… Bueno, me importa un bledo si me extrañaste o no. Puede que a mí no me importe, pero quizá sí a tu humana, ¿no crees?

- ¿Bella? –preguntó desconcertado- ¿Qué pasa con ella?

- ¿Cómo? ¿Es que no lo sabías? –le pregunté con un falso desconcierto… muy convincente.

- Jasper… -empezó, estaba asustado.

"Lo siento, Edward, pero no te daré el gusto… Si tanto te interesa Bella, tendrás que venir, ver y escuchar todo por ti mismo… Como lo hicimos nosotros".

- No, Jasper nada. Tú dijiste que estaría a salvo si todos nosotros desaparecíamos de su vida, pero te equivocaste –le escupí.

No podía evitarlo, pero la ira me estaba invadiendo. Yo sólo quería divertirme, pero era más fuerte que yo.

- ¿Qué…? –empesó, pero lo interrumpí… ya sin poder contenerme. Lo único que podía hacer era no levantar la voz para que Bella se enterara.

- Bella siguió estando en peligro… Nuestra partida y tu abandono empeoraron las cosas. Bella corrió mucho más peligro sin nosotros, sin protección… Indefensa… -la voz se me quebró.

Me dolía sólo imaginar a Bella en la situación en la que había estado, no necesitaba ni el haber estado presente porque había visto en qué condición había quedado Bella y la había escuchado… Lo habíamos escuchado de sus propios labios y visto el dolor en sus ojos.

- Estuvo a punto de morir. Ya casi estaba muerta cuando Alice y yo la encontramos en su habitación, Edward. Cinco minutos más y la habríamos perdido… Nos habría dejado –un sollozo se me escapó sin que pudiera contenerlo.

Cuando oí el silencio de Edward y su casi imperceptible sollozo, me vine abajo. Había sido fácil ser fuerte para Bella, Alice y Emmett… Había sido fácil ser el líder… Pero era muy difícil contarle a Edward lo que Bella había sufrido… Era muy difícil hablar.

- Dime que no es cierto –me rogó… Pero yo no podía complacerlo.

- Fue… horrible, Edward… Si la hubieras visto… si la hubieras escuchado… si hubieras sentido su dolor como yo lo había sentido cuando nos contó lo que pasó… -dije llorando sin lágrimas.

Me encantaría llorar con lágrimas porque Bella merecía que lloraran por ella, ella merecía las lágrimas. Bella valía la pena.

Del otro lado escuché el ya llanto de Edward. Así que seguí, ya no había vuelta atrás.

- Sólo nos tiene a nosotros, Edward –le dije sin pensar.

El llanto se detuve al segundo siguiente.

- ¿Qué? ¿Qué estás diciendo? –preguntó despacio. Tenía miedo de lo que le diría.

- Un vampiro se alimentó de Charlie y hay una manada de lobos, una manada numerosa- sabía que no era suficiente, así que me extendí, a conciencia:- Charlie fue asesinado por un vampiro sediento que anda suelto. Laurent y Victoria vinieron a Forks. Hay una manada de lobos numerosa ya. Victoria quiere matar a Bella para que sientas el mismo dolor que ella sufre porque matáramos a James. Renée y Phil murieron en un choque de aviones cuando venían al funeral de Charlie. Bella se quedó completamente sola e indefensa hasta que la encontramos Alice y yo.

Les contamos a Esme y Emmett de la situación. Emmett se nos unió hace un mes, pero Esme se quedó con Carlisle y Rosalie. Entre los tres la estamos sacando adelante, pero ya no es la misma… Ni creo que lo vuelva a ser alguna vez.

Lo último lo dije más calmado. Era un alivio el que Bella se pusiera en nuestras manos, porque si no era así…

No terminé el pensamiento porque no quería ni imaginármelo, pero ya era inevitable. Me encogí por un latigazo de dolor en el estómago.

- ¿Por qué? ¿Por qué tenía que ser así? Yo no quería… -empezó a decir Edward con una voz puramente de agotamiento.

- No tenía que ser así, Edward. ¿Es que no te diste cuenta? ¿Es que no te das cuenta ahora? Bella sólo necesitaba que estuvieras a su lado, que las cosas siguieran su curso. Ella quería estar contigo y era feliz contigo. No necesitaba nada más. Ella nunca fue una humana normal, ¿es que no te diste cuenta? Los humanos nos temen y nos rehuyen por su instinto de supervivencia, pero Bella no hacía eso. Una vampireza era su mejor amiga, un vampiro era el hermano mayor que deseaba, otro vampiro era un segundo padre para ella, otra vampireza era su segunda madre… Y tú… Tú eras su amor… su vida… Éramos una familia feliz como estábamos. A Bella nunca le asustó nuestra naturaleza. Me perdonó por haber intentado matarla, me comprendió, me volvió a aceptar en su vida y me quiere como a un hermano mayor más. Ella no necesita más que a nosotros, Edward. Bella no quiere nada más que a nosotros.

Le dije lo que tenía en el pecho. Me descargué como antes no lo había hecho.

- Ya despierta. Tu terquedad nos hizo daño a todos y llevó a Charlie a la muerte. Si hubiéramos estado aquí, si nos quedábamos, podríamos haber hecho algo. El que seas lector de mentes, no te hace inteligente. Sólo tenías que ver a Bella para ver lo que ella necesitaba y sólo tenías que verla hace un par de semanas atrás para saber que nosotros somos lo mejor para ella.

Del otro lado de la línea, escuché a Edward calmarse.

- Regresa ya, Edward. Ya fue suficiente.

Le corté y miré el bosque por la ventana. Ahora era su turno. Sólo pude pensar una cosa mientras Bella aparecía en mi mente.

"Era necesario".