¡Hola! Séptimo Capítulo! (wow! Que rápido) espero les siga gustando
Muchas gracias!
A: todos los que están siguiendo el fic , a todos los que ya le pusieron alerta! Y a todos los que lo leen y dicen:
"¿Qué no tiene nada mejor que hacer?"
Y, como siempre, gracias especialmente a todos los que escriben un Review:
K (trataré de subirlos rápido ;) Damian Malfoy (muajajaja pronto llegarán a Hogwarts
Caroone (en este capitulo la respuesta a tu pregunta Sabaana (no tanto como infiltrados, es solo por un poco de acción ;) SunMoon206 (gracias por tu crítica!, a veces pienso (como Hermione) que Ron tiene la gama emocional de una cuchara, por eso creí innecesario hablar mucho de el en el capitulo pasado, pero en este lo encontrarás más, por cierto si soy Mexicano! :) y a "A" (que bien que te haya gustado tanto el capitulo anterior :D tenía muchas dudas respecto a ese capítulo! ¿Tamynna? :S
Sobre este capítulo: Es un capítulo en el cual me divertí muchísimo! Tiene varios contrastes y creo que pasan cosas muuuuy interesantes! Espero que les guste y me digan que piensan de el ok? ;)
Gracias a Ov! Que sin el aderezo no sabría igual… y por sus… interpretaciones :D
Por cierto todos los personajes, lugares, y demás cosas Potterianas son propiedad de J.K. Rowling… yo solo los tomé prestados!
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Visitas Inesperadas
Poco después de recibir su lechuza el trío dorado contestó la carta de Hogwarts, dado que los magos y brujas que desearan terminar sus estudios debían confirmar a vuelta de lechuza su asistencia. Pero Hermione añadió una segunda carta para profesora McGonagall. Desde entonces la chica esperaba ansiosa su respuesta, ya que no sabía si la memoria de sus padres sería razón suficiente para que la profesora recibiera a Malfoy de vuelta en el colegio.
Dos días más tarde, Hermione se encontraba viendo por la ventana de la habitación cuando vislumbró al final de la calle a Crookshanks, quien al parecer había encontrado a una linda gatita… misma que, viéndolo bien, parecía querer alejarse de los fallidos e insistentes coqueteos del animal. En ese momento, Hermione entendió la situación y, de no haber estado tan sorprendida, hubiera soltado una enorme carcajada al ver el atrevimiento de Crookshanks, pues… la "minina" en cuestión de pronto se convirtió en nada menos que en la profesora McGonagall.
Hermione corrió a la puerta para dejar pasar a la profesora:
-¡Vaya gato más encimoso que tienes, Granger! –La reprendió ésta.
-Lo siento profesora –contestó la chica aguantando una sonrisa. Jamás habría imaginado a la profesora McGonagall en un romance y mucho menos en un romance con un gato-. ¿Quiere un té profesora?
-Sí, por favor…
Hermione fue a preparar el té y volvió a la salita unos minutos después con la bandeja y unos pastelitos. Mientras se acercaba para servir, vio divertida como Crookshanks continuaba ronroneando a los pies de McGonagall, para frustración de esta última.
-Y bien, Granger… -dijo McGonagall al tiempo que intentaba alejar disimuladamente al gato-, ¿así que quieres que permita (casi invite) a un mortífago a volver al colegio de Hogwarts y, además, planeas dejar a tus padres en manos de una bruja partidaria de la pureza de sangre en lugar de llevarlos (como la razón indica) a San Mungo…? –La profesora apretó los labios, al parecer se había quedado corta en lo que realmente quería decir.
-Bueno… sí. Malfoy me parece inofensivo- La chica deseó que sus palabras sonaran más convincentes a su profesora de lo que le sonaron a ella-. Por otro lado, no quisiera internar a mis padres; prefiero mantenerlos lejos del mudo mágico, al menos un tiempo. Lo he pensado y creo que Narcisa es la mejor opción: conoce magia que nosotros no y nadie sospecharía que ella cuida de mis padres, estarán seguros.
-Pareces confiar mucho en ella…-dijo ácidamente la profesora McGonagall.
-Tengo una buena razón. Ella ha demostrado que no haría algo que pudiera afectar directamente a su hijo… y ahora el futuro de su hijo depende, en gran medida, de este acuerdo.
La profesora observaba a la joven, evaluándola, era la alumna más brillante que había pisado Hogwarts en mucho tiempo; había sido pieza fundamental para la caída de Lord Voldemort y era de su propia casa. Pasados unos segundos se rindió, no sólo sentía cierta debilidad hacia la Gryffindor, sino que además, sentía que si se negaba a lo que pedía le estaría arrebatando una posibilidad (tal vez la única, pues San Mungo tampoco era un camino seguro) de recuperar a su familia.
-No eres la primera que me pide que le de la oportunidad al Sr. Malfoy, Hermione –habló por fin la profesora, un poco más calmada y utilizando el nombre de la chica-. El profesor Slughorn también me sugirió la idea junto con otros alumnos de Slytherin que no pudieron presentar sus TIMOS por la… situación. Pero, te lo preguntaré una última vez: ¿realmente estás segura de esto, de Narcisa?
-Sí, ella está decidida a recuperar el buen nombre de su familia, en especial por su hijo…
La profesora soltó un largo suspiro y continuó.
-Está bien. Si así lo quieres aceptaremos a Malfoy, pero hay que estar en, como bien decía Moody, alerta permanente –la profesora sacó de su túnica un sobre con un sello de Hogwarts-. Ten, supongo querrás dárselo en persona a Narcisa.
Diciendo esto le tendió la carta de Hogwarts a Hermione.
-Sí… –le contestó la castaña- Gracias, profesora.
-Entonces me retiro, tengo que resolver algunos problemas acerca del profesorado en Hogwarts, después de lo que pasó no hay muchos magos dispuestos a enseñar Defensa Contra las Artes Oscuras, vamos, ni siquiera Transformaciones… ya no digamos Estudios Muggles- Hermione decidió que era mejor no preguntar, la profesora parecía muy estresada-. Cuídate mucho Granger, y recuerda: alerta permanente.
La profesora salió de la casa, se transformó de nuevo en gato y se escabulló entre los jardines de la acera. Hermione la despedía desde el umbral de su puerta sosteniendo a Crookshanks, quien parecía un tanto resignado ya que todos sus esfuerzos por conquistar a la "minina" habían sido en vano.
El siguiente paso de ese día no le entusiasmaba mucho a la joven bruja. Debía llevar la carta a Narcisa y no quería imaginarse los insultos que le diría Malfoy si la llegase a encontrar llevando el correo… para empezar no la bajaría de lechuza.
Había tenido mucha suerte de que la profesora aceptara a Malfoy. "Tal vez para tu próxima visita tengas más suerte… y yo menos ropa", recordó las palabras del rubio y se mordió los labios. Ojalá él no estuviera en casa.
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Ese día Hermione no estaba en la Madriguera, pues había ido a casa de sus padres argumentando que no los veía muy seguido:
-Todos nosotros tendremos mucho tiempo para estar juntos en Hogwarts –le había asegurado.
Por otro lado, Harry y Ginny se habían ido desde muy temprano para pasear con pequeño Teddy. Ron había querido seguir a su amigo, pero Ginny había declarado:
-Tú lo has tenido siete años a tu lado. Ya es mi turno…
Con esa afirmación, Ron se puso rojo hasta las orejas y dejó que se fueran sin él. Lo peor es que Charlie también se había marchado, aunque le había dado ánimos:
-En cuanto termines la escuela puedes venir a tomarte unas vacaciones a Rumania, hasta te dejaré acercarte a Norberta.
Por otro lado, su Madre se había ido a hacer sus compras diarias; su padre y Percy estaban en el Ministerio y George, que últimamente andaba muy decaído, había desaparecido hacía unas cuantas horas sin decir a dónde iba.
Era tal su soledad y aburrimiento que hasta se puso a ordenar su habitación. Estaba acomodando su baúl cuando una cosa caliente le quemó la palma; intrigado, vació todo el contenido y un galeón dorado salió rodando. No obstante no era un galeón común… Ron lo tomó entre sus dedos y vio como aparecía una dirección. ¡Era el galeón que usaba para las reuniones del ED! Seguramente alguien del ejército de Dumbledore lo había activado, la pregunta era para qué. Tal vez se trataba de algo sin importancia, pero ya que no tenía nada mejor que hacer, se pasó una mano por el cabello, tomó su desiluminador y desapareció…
Apareció en un lindo jardín con un gran árbol al centro. En la cerca se encontraba un grupo de jóvenes, uno de ellos, de cara rechoncha con una larga cicatriz en la mejilla, le gritó:
-¡Ron!- Era Neville Longbottom quien lo llamaba- ¡Viniste! Sabía que tarde o temprano verían el mensaje. ¿En dónde están Harry, Ginny y Hermione?
-Ellos estaban algo… ocupados –Contestó el pelirrojo con una leve amargura. Sin embargo, esta desapareció un poco en cuanto vislumbró a algunos de sus compañeros: Dean Thomas, Seamus Finnigan, Ernie McMillan, Susan Bones, Justin Finch-Fletchley, Hanna Abott, Padma Patil, Cho Chang y Luna Lovegood.
-Y bien, ¿cuál es el motivo de la reunión? –preguntó ya más alegre.
-Verás –comenzó Ernie-, a todos nosotros nos llegaron las cartas de Hogwarts para volver a cursar séptimo año.
-Estamos contentos de poder regresar –añadió Luna, quien parecía extasiada con la reunión.
-Pero hay alguien que no quiere volver –completó Seamus-. De hecho, creo que no quiere volver a salir de su cuarto en lo que le resta de vida.
-Sí, es por eso que propusimos esta reunión para convencerla– dijo Neville en dirección a Ron-, para animarla. Parvati y yo solemos visitarla seguido, aunque la verdad es que no hemos logrado mucho. En realidad, ya estábamos por irnos (creímos que no vendría ninguno de ustedes), sólo que Parvati se ha quedado un momento más con ella y la estamos esperando. Estoy seguro de que le alegrará verte, tal vez tú si logres convencerla. Vamos, es por aquí.
Ron comenzó a caminar detrás de Neville, al tiempo que preguntaba:
-¿Pero de quién…?– Estaba por terminar la frase, cuando se dio cuenta de la respuesta. ¿Cómo había podido olvidar que una de sus compañeras había sido herida de gravedad por Greyback?- Ah, Lavander…
Ya en la casa, en el rellano superior, entraron en una habitación poco iluminada de color rosa pálido. En la cama se encontraban dos chicas. Parvati se levantó, se despidió de la chica, saludó levemente a Ron y salió de la habitación. Lavander lucía pálida, con el cabello opaco, parecía haber estado llorando durante mucho tiempo y evitó ver a Ron a la cara.
-Lavander… -Le dijo el chico- ¿Cómo…cómo estás?
-Gracias por venir– Murmuró tristemente la chica.
-Lavander, yo… -Ron no sabía cómo continuar – Sé que no es fácil, pero debes volver al colegio, con todos…
-No. No puedo… -las palabras de la chica comenzaron a mezclarse con leves sollozos-¡Yo, soy un monstruo!
-¡No lo eres!– Intervino Neville con un tono que se dividía entre el enojo y la compasión.
Ron se acercó un poco más y buscó la mano de su compañera, imitando el gesto que había visto en Parvati.
-Mira, todos volveremos. Todos hemos sufrido las consecuencias de esta guerra, pero debemos seguir adelante… -dijo Ron con el tono más serio que sus compañeros le habían escuchado jamás-. ¿Acaso no recuerdas al profesor Lupin? Fue el mejor profesor de defensa contra las Artes Oscuras que hemos tenido y uno de los hombres más valientes e inteligentes que he conocido. ¡Él no se detuvo y tú tampoco debes hacerlo!
En esta ocasión Lavander levantó su rostro lastimado y se le quedó viendo fijamente, parecía que lo estaba observando por primera vez. Le gustó lo que veía… y Neville se percató de ello.
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Hermione se apareció en la entrada de la Mansión Malfoy y antes de seguir suspiró y cerró los puños, como infundiéndose valor.
Draco, que para variar se encontraba acostado a pesar de ser media tarde, escuchó la alarma de aparición. Ni siquiera abrió los ojos, sólo sonrió sinceramente.
Cuando Hermione se encontró dentro de la casa, Narcisa llegó a su encuentro, la observó, asintió, y la guió al estudio.
-¿Té? –Preguntó la mujer.
Hermione se sorprendió por la repentina amabilidad, pero antes de alcanzar a responder descubrió que no estaban solas en el lugar. Cerca del escritorio, donde había una tetera y algunos panecillos- "seguramente preparados por elfos", pensó Hermione- se encontraba sentada una mujer que la observaba con curiosidad.
-Sé que conoces a Andrómeda.
-Sí, nos conocimos hace algunos meses y alguna vez ha ido a visitar a Teddy. ¿Cómo estás jovencita?- Preguntó Andrómeda Black a una confusa Hermione.
Narcisa pareció notar el extrañamiento de Hermione, así que se aclaró la garganta y dijo un poco exasperada:
-Habla, justamente acabo de contar todo a Andrómeda. Ella no le dirá nada a nadie.
La castaña observó a las dos mujeres. Por un lado tenía buena impresión de la madre de Tonks, pero por otro lado había algo en su mirada que la hacía desconfiar un poco… aunque tal vez sólo se trababa del pequeño parecido que, como su hermana, tenía con Bellatrix. Finalmente se decidió a continuar.
-He conseguido que Draco vuelva a Hogwarts–. Esta vez la que sonaba fría era la voz de Hermione.
-Bien. En ese caso, me parece que tenemos un trato.
-Me ha costado trabajo –mintió la chica, quería ganar tiempo-, pero al final lo conseguí
-No sabes mentir- Se burló Narcisa y a Hermione se le erizó la piel-. Seguramente ni siquiera tuviste que esforzarte. Siguiendo con el tema, ahora sólo tendrás que ser mis ojos sobre Draco en Hogwarts.
La certeza de Hermione empezaba a flaquear. Todo en esa casa, en esa sala, la hacía sentir terriblemente incómoda.
-Tiene que prometerme que no los dañará… debe prometer que mis padres estarán a salvo- señaló entrecortadamente.
Narcisa rió y Hermione se asustó al escucharla.
-Probablemente no podrías encontrar mejor atención para esos… muggles– dijo Narcisa.
Hermione tomó aire y le tendió a Narcisa el sobre de Hogwarts, pero lo retiró antes de que Narcisa lo tomara. La leve sonrisa que se había formado en la cara de ésta se borró al instante.
-Júrelo –pidió repentinamente la chica-. Un juramento inquebrantable…
Narcisa sintió un escalofrío al recordar una escena como ésa. Su memoria viajó un par de años atrás, cuando ella, acompañada por Bellatrix, había acudido a casa de Snape y le había hecho la misma petición. De la misma forma que aquel día, Narcisa le tendió la mano a Hermione.
-Andrómeda, serás nuestro testigo.
Andrómeda, que hasta ese momento había permanecido en un silencio sepulcral, como midiendo la situación, afirmó con la cabeza y se levantó para acercarse a las dos brujas.
-Bien, ambas deberán proteger, en medida de sus posibilidades (suavizó la bruja y Hermione no supo si lo hizo en deferencia a ella o a Narcisa), el bienestar de….
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Una vez más, la chica salió sola del estudio. Caminaba por el pasillo lo más rápido y silenciosamente que podía, pues esperaba no tener que encontrarse con Malfoy. Ya era suficiente con lo que le esperaba en Hogwarts.
Sin embargo, el rubio tenía otros planes para ella. Pues sabía que estaba en su casa y no pensaba perderse una oportunidad como aquélla para divertirse.
Hermione empezaba a sentirse más tranquila a medida que avanzaba hacia la salida, cuando, casi llegando a las escaleras, Draco apareció ante ella. El chico parecía dirigirse al piso superior y tenía el cabello mojado, al menos eso fue lo primero que notó la bruja, mas no tardó en descubrir que no sólo venía descalzo (de nuevo), sino que además traía el pecho (delgado, liso…) descubierto y… solamente llevaba una toalla atada a la cintura.
Hermione se quedó de piedra y los colores empezaron a subir por su rostro. Draco se percató de ello, había logrado lo que se proponía…
-¡Vaya Granger! ¡Veo que tienes más suerte de la que creí!
-¿Qué?… No… no tanta…Te encontré–. Le respondió la chica obligándose a dejar de mirarlo y claramente nerviosa.
-Y me encontraste saliendo de la piscina. ¡Lo que muchas darían por ser tú en este momento!
-Yo también daría mucho por ser alguna otra en este momento, en algún otro lugar…–soltó la castaña.
-Lo cual me lleva a preguntar: ¿qué demonios haces aquí, otra vez, Granger?
Hermione se asustó, no había pensando en eso, ¿qué le diría: "vine a preparar galletitas con Narcisa"? No, hace apenas un momento le habían recordado que ella no sabía mentir. Debía ser algo creíble.
-Viene a hablar con tu madre sobre los elfos!
Draco se mostró sorprendido.
-¿Elfos?
-Sí. Los elfos son criaturas mágicas que no deberían ser esclavizadas, mucho menos a personas tan desagradables como tú.- Hermione se mantuvo firme ante la mirada atónita del Slytherin, al fin de cuentas no estaba inventando, era algo que había querido decirle desde la primera vez que estuvo en la mansión Malfoy.
El chico la observó, incrédulo y finalmente no pudo más, empezó a doblarse de la risa.
-¡Pero claro, ahora que se están acabando las primeras planas del cararajada te han enviado a buscar nuevas misiones heroicas! "La pequeña sangresucia en defensa de los elfos", ¿es lo mejor que se te ha ocurrido Granger?
-Y a ti, ¿no te parece que es muy tarde para estar en la piscina? – Hermione, ofendida, empezaba a recuperar la calma- O dime, ¿es que querías exhibirte ante mí? Porque si es así, grande será tu desilusión, pues no me gustan los hurones… ni siquiera recién bañados.
-Eso quisieras, Granger –maldita sea, lo sabía-. Seguramente de tanto convivir con comadrejas y carasrajadas te es difícil comprender que algunos no sólo nos bañamos diario, sino que también tenemos una piscina techada en casa. Pero, ¿por qué esa cara comelibros? ¿Acaso te gustaría que te invitara a nadar?
-Siempre tan amable–respondió la chica con sarcasmo-. Sólo que yo preferiría nadar en veneno de acromantula y tú no eres tan afortunado como para verme nadar.
-No, creo que el problema sería que si te acercaras a la piscina, después tendría que desinfectarla. Por otro lado, sinceramente, ¿tú crees que me gustaría verte nadar?– Comentó el chico acercándose bastante a ella.
Hermione casi podía sentir la respiración del chico, pero aún así no se hizo para atrás, pues sabía que era lo que él quería y ella no iba a ceder. Buscó desafiarlo con la vista y por un largo momento ambos se encontraron reflejados en los ojos del otro; se encontraron con aquella mirada que había logrado que hicieran cosas que jamás habrían creído que harían…, como salvarla de un Mortífago o salvarlo de Azkaban.
-Te encantaría –Le rugió la castaña al tiempo que lo empujaba lejos con una mano. Pero al hacerlo sintió su pecho desnudo, frío; y él también sintió su mano tibia, pequeña, nerviosa.
Hermione salió de la Mansión, asustada por su atrevimiento al tocarlo… y peor aún, porque había tardado más de lo que quería recordar en soltarlo. Draco se tocó el lugar donde ella había puesto su mano.
-Tal vez –dijo en voz alta, respondiendo a la última afirmación de la leona.
