CAPITULO 7 MIRANDA VS VANESSA
—¿Quién gritaba de esa manera? —preguntó Hermione acercándose al mostrador tras el cual estaba la recepcionista.
—Oh, una pobre chica. Tenía muy mal aspecto. Parece que la hirieron en el brazo.
—¿A esta hora? —dijo casi en un susurro y luego se dirigió de nuevo a la mujer —Disculpe, pero ¿cómo era? —preguntó pensando en que tal vez otro de sus amigos había sido herido.
—Pues…
—¿Señorita Granger? —llamó una voz detrás de la castaña.
Se trataba de un sanador de tez clara y cabello oscuro. Hermione se olvidó de la recepcionista y fue hasta donde se encontraba el hombre haciéndole una pregunta ansiosa.
—¿Cómo está Harry?
—Logramos curarle las múltiples contusiones en el cuerpo y ya se le administró una poción para sus fracturas. Sin embargo, hay que esperar a que el señor Potter despierte. Es un milagro que después de eso siga vivo.
—Se pondrá bien ¿verdad?
—Esperemos que así sea y no haya secuelas.
—¿Puedo entrar a verlo?
El sanador se quedó pensativo por casi un minuto hasta que Hermione interrumpió el silencio con un "Por favor"
—De acuerdo, señorita Granger, puede pasar a verlo, pero evite tocarlo. Recuerde que sus huesos están en recuperación.
—Gracias —dijo la castaña y sin perder tiempo corrió al fondo de aquel pasillo donde la habitación de su mejor amigo se encontraba.
OoOoOoOoOoOoOoOoOoO
Mientras tanto, en el cuarto piso Ginny observó cómo introducían a Vanessa en una de las habitaciones, pero trató de no acercarse demasiado. El sentimiento de remordimiento volvió a invadirla desde las puertas de cristal al ver la escena que tenía enfrente; Vanessa se veía tan confundida, indefensa y tan frágil que daban ganas de llorar. Ginny había cumplido con ponerla a salvo y era mejor desaparecer antes de que alguien empezara a hacer preguntas sobre lo sucedido. Había devuelto la varita de Vanessa sin que esta se diera cuenta y ya no había nada que pudiera vincularlas.
Abandonó el hospital procurando no encontrarse con su mejor amiga, pero no la vio por ningún lado así que supuso que se encontraba ya con Harry. Ella deseaba con todas sus fuerzas correr por aquel pasillo de la planta baja y saber cómo se encontraba el hombre que más amaba, pero no podía hacerlo si deseaba continuar con su plan…
Ginny volvió al bosque donde la mortifaga seguía tirada sobre la nieve y presa por los efectos del hechizo durmiente. Fue de un lado al otro tratando de ordenar sus ideas y pensando que hacer para cubrir sus actos perversos, pero nada se le venía a la cabeza; la chica de los ojos azul zafiro tenía razón en decir que la descubrirían y ahora Ginny comprendía que todo se vendría abajo si no le mostraba a los otros el cuerpo de Vanessa. Era necesario encontrar una solución o rendirse e ir nuevamente por ella al hospital, sólo que rendirse no se encontraba entre sus principales alternativas…
Pasaron largos minutos en los que ideas ambiguas llegaban a la mente de Ginny con posibles soluciones a sus problemas, pero una vez que las analizaba todas eran tan improbables y absurdas que terminaba desechándolas hasta que recordó las dos pequeñas botellas de poción multijugos que había arrebatado a Vanessa de las manos. ¿Sería capaz de hacer lo que cruzaba por su mente en ese preciso momento?
Tenía el cuerpo inconsciente de una mortifaga y la suficiente poción multijugos para hacer creer a los otros que lo que llevaba con ella era el cuerpo de Vanessa… ¡Estaba salvada!
Sonrió satisfecha acercándose al cuerpo de la mujer y un segundo después su expresión se des configuró cuando recordó que hacía falta el detalle más importante para poder transformarse: Un cabello de Vanessa.
—¡La liga! —susurró de pronto y rebuscó en sus bolsillos para localizar el accesorio que había pertenecido a la otra bruja. Estaba casi segura de que por lo menos un cabello de la joven podría estar enredado. Necesitó de su varita mágica para alumbrarse y suspiró con alivio cuando encontró lo que buscaba. Sólo que ahí no terminaban sus problemas…
Colocó los pocos cabellos que encontró en ambas botellitas con la poción multijugos y observó como cambiaba de color hasta llegar a un brillante azul, se sintió un poco decepcionada de que el aspecto no fuera tan desagradable como algunos años atrás había descrito su hermano.
Despertó a la mujer que seguía cubierta con cuerdas alrededor del cuerpo, le tapó la nariz y la obligó a beber la poción, a los pocos segundos ya era una réplica exacta de su peor enemiga en el amor quien empezó a gritar y maldecir pidiendo que la soltaran. La durmió de inmediato y supo que ya era momento de llevar el cadáver de vuelta con los otros para que lo vieran. Disponía según sus cálculos de veinte a cuarenta minutos para sostener la farsa. Muy arriesgado, pero continuaría.
Decidió dirigirse a Hogwarts que era el lugar donde era más probable encontrar a sus amigos porque en la mansión no podrían seguir después de tanto tiempo. Se concentró, colocó la mano sobre el cuerpo falso de Vanessa y desapareció del bosque.
Esperaba aparecerse a las afueras del colegio por los hechizos que protegían el castillo, pero se sorprendió cuando apareció en los terrenos muy cerca del bosque prohibido. Los mortifagos habían roto los hechizos de seguridad y se habían infiltrado.
La pelirroja buscó con la mirada a algún conocido y localizó a lo lejos a su hermano.
—¡RON! ¡RON! —lo llamó haciendo señas con las manos para captar su atención. Él corrió hasta ella, pero al cuerpo sólo lo miró de soslayo.
—¿Dónde estabas?
—Yo… yo… —Ginny se soltó a llorar de nervios y de temor a ser descubierta —No sabía a dónde ir —susurró y se abrazó a su hermano.
—Nos tenías muy preocupados ¿te das cuenta de la cantidad de horas que han pasado desde que abandonamos la mansión?
Ginny no contestó y Ron suspiró mirando nuevamente el cuerpo.
—Está muerta ¿verdad?... Pobre, después de todo no era tan mala persona—continuó ante los lloriqueos de su hermana —Quiero que la lleves a donde están los otros, por allá —señaló un lugar muy cerca de la entrada al castillo —Ayuda en lo que sea necesario, tengo que encargarme de algunos mortifagos que siguen dando batalla. —dijo Ron y echó a andar en dirección contraria.
Ginny miró el cuerpo y con un movilicorpus la condujo a donde su hermano había indicado. En el camino se encontró con Luna y McGonagall, pero ambas estaban ocupadas. Su madre también se encontraba en el castillo y cuando vio lo que había sucedido con Vanessa también se puso a llorar. La cubrieron con una manta y entre ambas curaron a algunos de los que estaban heridos, pero Ginny a duras penas y prestaba atención a lo que hacía. No dejaba de mirar el cuerpo rogando que nadie quitara la manta porque ya habían pasado muchos minutos desde que había administrado la poción, una hora más tarde se acercó para comprobarlo y se llevó una sorpresa al percatarse de que seguía siendo Vanessa.
"¿Cómo es posible?" pensó cerrando y abriendo los ojos muchas veces para cerciorarse de que no fuese una alucinación, pero Vanessa seguía ahí.
Al parecer, cuando aplicó la poción multijugos y congeló el cuerpo de la mortifaga, el efecto de la poción permanecería hasta que el hechizo durmiente terminara. Por consiguiente, nadie iba a descubrirla. Vanessa iba a seguir estando muerta ante los ojos de todos los que miraran el cadáver, pero ¿Qué precio pagaría la mortifaga por usurpar el lugar de Vanessa?...
¡La enterrarían viva!
Ginny se había convertido en un monstruo con tal de conservar a Harry a su lado. Lloró y tuvo otra oleada de pánico, pero no diría nada, callaría por siempre. Ese sería su secreto y aprendería a vivir con él, así que debía controlarse si no quería que sospecharan nada.
—Ginny, cariño, ¿Estás bien? —preguntó la señora Weasley cuando la pelirroja volvió a su lado en el gran comedor
—Si —fue todo lo que contestó sentándose en la orilla de una banca.
—Es necesario llevar a Tonks y Lupin a San Mungo. La señora Pomfrey ha hecho todo lo que ha podido para sanar la pierna de Lupin, pero cree que recibirá mejores cuidados allá. ¿Podrían llevarlos tú y Luna?
—Sí, claro.
—Sé que todo esto es muy difícil. Para todos lo es. pero pronto terminará. —continuó la mujer al percatarse de lo afligida que estaba Ginny.
—Tonks no quiere ir al hospital —dijo Luna con su dulce y despreocupada voz acercándose a madre e hija y sentándose a un lado de esta última. —Dice que no tiene nada.
—¿Eso es lo que dice? —exclamó la señora Weasley poniéndose de pie —Ya me escuchará esa mujer. Si no quiere ir por ella al menos que lo haga por el pequeño Teddy. Si algo le pasa a ella o a Remus ¿Quién cree que lo va a cuidar? ¿La abuela? Ella y Lupin irán a San Mungo así tenga que… —continuó hablando y saliendo del comedor.
—Yo sé que te pasa algo. —dijo Luna y Ginny levantó la vista para observarla. Como la mayoría de las veces, su amiga tenía la mirada ligeramente desenfocada dándole el aspecto de loca.
La pelirroja abrió la boca para decir algo, pero Luna siguió con su discurso.
—Sé que no tiene nada que ver con lo que le pasó a Harry o a cualquiera de los otros. Te ves asustada, algo te preocupa mucho, ¿no es así?
Ginny abrió los ojos como platos. Luna la había descubierto o estaba muy cerca de hacerlo; estaba confundida y no sabía que contestarle a su amiga.
—De verdad, no es necesario que me lo digas—prosiguió la rubia como si pudiera saber lo que su amiga pensaba —Sólo que si necesitas ayuda o cuando quieras hablar de ello puedes confiar en mí —dibujó una sonrisa y se encogió de hombros.
En eso entró la señora Weasley al gran comedor y ambas se voltearon para mirarla.
—Lupin y Tonks están esperando en el vestíbulo. Yo iré más tarde, aún quedan muchas cosas por arreglar aquí.
Las jóvenes brujas se pusieron de pie. Esa sería una madrugada muy larga y Ginny no lo decía, pero estaba feliz de tener la excusa perfecta para ir a San Mungo y enterarse de lo que había pasado con Harry…
OoOoOoOoOoOoOoOoOoO
31 DE ENERO DE 1999
Harry seguía inconsciente dentro de una de las habitaciones de la planta baja y sus amigos; Ron y Hermione, evitaban separarse de él.
Ginny, por el contrario, iba al hospital sólo un par de horas porque pensaba que entre más lejos estuviera del hospital menos tendría la tentación de subir al cuarto piso e ir a visitar a Vanessa. A pesar de que todo el peligro para ella se había esfumado, la verdad es que siempre estaría preocupada, pero Vanessa ya estaba enterrada y nada ni nadie podría contradecir eso.
Ya habían pasado tres semanas del trágico incidente cuando Harry decidió despertar. En cuanto Hermione, Ron y Ginny se enteraron de la noticia saltaron y gritaron tan fuerte que todos los magos que se encontraban en la sala los voltearon a ver con mala cara molestos por el escándalo producido, pero a ellos poco les importó. Esa noche Ginny se ofreció para ir a avisar a los demás que Harry había despertado porque no quería estar presente cuando Ron y Hermione le dieran todas las malas noticias. Ella no quería sumar a su conciencia el mentirle directamente a Harry. Era mejor que Hermione y Ron hablaran y contaran la versión oficial de los hechos.
Algunos días después, los cuatro amigos partirían del hospital para ir nuevamente a la mansión por un capricho de Harry que ni Ron o Hermione lograban entender, pero aun así habían accedido a acompañarlo.
—Harry está sufriendo mucho, pero se contiene —dijo Hermione antes de darle el último sorbo a su taza de té mientras esperaban a que Harry terminara de cambiarse e irse.
—Aja —dijo Ron y se metió un pedazo grande de pan a la boca.
—Tenemos que hacer algo por él, está muy deprimido por lo de… Vanessa—continuó la castaña.
—Harry siempre ha sido fuerte, podrá superarlo. —dijo Ron.
—Por si las dudas debemos evitar que se convierta en la copia de la Dama Gris. Nosotros tenemos que apoyarlo. ¿Tú qué dices, Ginny?
La joven Weasley miró a su amiga, pero estaba completamente ausente de la conversación. Apenas y había probado bocado y no dejaba de mover la cuchara de su chocolate caliente.
—Oh si, nuestro apoyo —susurró sin ganas.
—¡Vamos Ginny! Harry ya lo recuerda todo, deberías estar feliz.
—¿Todo?
—Sí y ahora que Vanessa no está me imagino que tú y Harry pues… ya sabes. —la animó Ron y Hermione le lanzó una mirada reprobatoria al pelirrojo pues sabía que no estaba bien darle esperanzas tan próximas a como habían sucedido las cosas. Ron captó el mensaje y volvió a ponerse serio.
—Creo que Harry ya tuvo mucho tiempo para cambiarse y reflexionar consigo mismo. Hay que ir pronto por él antes de que se desespere y decida marcharse sin nosotros.
—Ginny aún no termina.
—Yo los alcanzo —dijo la pelirroja esbozando una sonrisa.
El par de novios se marchó y Ginny los observó desaparecer tras la puerta. No pudo esperar siquiera un minuto antes de levantarse y salir de la sala. Aunque no lo quisiera, debía ver a Vanessa pues unas preguntas habían circulado por su cabeza en los últimos días ¿Seguía con vida después de lo mal que se veía? ¿Su memoria seguiría igual?
Solamente quería asegurarse de su estado y de que no fuera jamás a interferir en su vida, no le importaba verla de lejos porque siempre había un sanador amable que sería capaz de darle la información que ella necesitaba.
"Solo una vez. Necesito verla por lo menos una vez más para estar tranquila" se decía a si misma cuando cruzó las puertas de cristal por las cuales se llegaba al pasillo del cuarto piso.
Aun recordaba la habitación donde la habían metido los sanadores aquella noche y esperaba encontrarla ahí. Como era temprano había muy poco movimiento y por lo tanto, probable que su presencia no llamara tanto la atención.
Entró a la habitación y en la primera cama estaba Vanessa dormida con la mata de cabellos negros a ambos lados de su rostro que continuaba más pálido que de costumbre. Una sanadora bajita y con aspecto de abuelita tierna, hacia anotaciones al pie de la cama, sin duda esa mujer podría darle las respuestas que necesitaba.
—Hola, buenos días
—Buenos días, señorita —dijo la anciana volteando a verla y dedicándole una sonrisa —¿Busca a alguien en esta habitación?
—¿Eh? —titubeó —Oh si, al profesor Lockhart —contestó pues fue lo primero que se le había venido en mente.
—El señor Lockhart se encuentra en otra habitación al fondo de este pasillo. —respondió la mujer que continuaba haciendo anotaciones. —Es muy temprano para que venga a visitarlo alguien. Aún debe estar dormido ¿Por qué no vuelve más tarde?
—Supongo que si
La mujer rodeó la cama por el lado izquierdo y se paró a un lado de Vanessa descubriendo la manta que cubría su brazo.
—¡Por Merlín! —exclamó la pelirroja al ver la herida que a la luz del día lucia mucho peor de lo que pensaba. Vanessa soltó un quejido de dolor, movió la cabeza, pero no se despertó.
—Horrible, ¿verdad? —preguntó la anciana que con cuidado examinaba el brazo —Pobrecilla, con lo bonita que es —suspiró y continuó haciendo anotaciones para después volver a ponerle la manta encima.
—¿Qué es lo que le pasó? —preguntó Ginny como quien no quiere la cosa y como si ella no lo supiera. Una pregunta irónica cuando ella era quien más información poseía al respecto.
—Pobrecilla, pobrecilla —continuó la mujer —No recuerda nada.
Ginny tragó saliva y se concentró para que su nerviosismo no la delatara.
—Y… ¿tienen alguna idea de cómo ocurrió? —preguntó Ginny temerosa.
—Encontraron una varita mágica en su bolsillo. Suponemos que es de ella. —se encogió de hombros —Alguien llamó a Olivander para que reconociera la varita y tal vez así sabríamos algo, aunque sólo fuera su nombre, pero Olivander no fue el fabricante de esa varita, entregamos información al Ministerio por si alguien la buscaba, pero ya pasó casi un mes y nadie ha preguntado por ella. Hicimos el Priori Incantatem y descubrimos que entre los últimos hechizos lanzados por esa varita estaban hechizos de duelo. ¡Pobrecilla, pobrecilla! —dijo la sanadora.
—¿Y su brazo? —quiso saber.
—Todos creen que fue una maldición con magia oscura muy poderosa. Ningún sanador había visto algo así y luego en su estado ¡Oh, pobrecilla! —volvió a lamentarse la mujer como si Vanessa fuera un pariente cercano.
—¿Se repondrá? —preguntó de nuevo la pelirroja.
—Debo seguir atendiendo a más pacientes y tú deberías volver más tarde a ver al profesor Lockhart. Recuerda, la habitación del fondo —le cortó la mujer dedicándole una sonrisa y saliendo de la habitación.
Ginny se acercó más a Vanessa para verla mejor antes de salir. Luego se dio media vuelta al recordar que sus amigos la estaban esperando.
—Espera, por favor —dijo alguien a sus espaldas.
Ginny volteó, se encontró con la mirada de Vanessa y se sorprendió de que en aquella mirada no quedara rastro del odio y rencor que alguna vez había expresado, es más, Vanessa le estaba sonriendo.
—Volviste, creí que nunca más iba a verte… —susurró la chica de los ojos azul zafiro, su voz era pausada y débil. —Gracias por lo que hiciste por mí. Si no me hubieras traído al hospital yo... De verdad, muchas gracias.
A Ginny le dieron ganas de llorar por el sentimiento de culpa que nuevamente llegaba a ella. Era increíble que Vanessa le estuviera dando las gracias de algo que en parte ella misma había provocado.
—Debo irme ya —dijo Ginny que sentía la inmensa necesidad de salir corriendo de aquella habitación. No podía soportar lo que veía en ese momento.
—Está bien —dijo Vanessa con tristeza —¿Vendrás de nuevo?
—No.
—¿Por lo menos puedo saber cuál es tu nombre?
—Ginny —contestó la pelirroja sin pensarlo y después de decirlo quiso morderse la lengua por el error que acababa de cometer. —¿Ya sabes cuál es el tuyo?
—Pues no sé si ese sea mi nombre, aunque yo creo que si —dijo Vanessa con aire pensativo y mirando el techo —Los sanadores me llaman Miranda, Miranda Verlust.
OoOoOoOoOoOoOoOoOoO
—¡ALTO! —gritó Harry al escuchar aquellas palabras de boca de Vanessa.
De nueva cuenta volvían al presente. Faltaban pocas horas para el atardecer y se encontraban en el salón de Grimmauld Place. Ron, Hermione y Ginny seguían sentados en el sofá. Los dos primeros tenían la boca entreabierta por todo lo que acababan de escuchar y Ginny por lo menos había dejado de llorar aunque seguía creyendo que sus manos eran más interesantes que todo lo que decía Vanessa.
Vanessa y Harry también estaban sentados en otro sofá de modo que ambos pudieran verse el rostro. Vanessa seguía muy serena a pesar del grito del muchacho que ahora estaba más que exaltado. Harry durante todo el relato se había contenido para decir algo, pero en ese momento ya no pudo contenerse, era demasiado lo que estaba oyendo y ahora necesitaba más explicaciones de las que esperaba.
—¿Has dicho Miranda Verlust? —preguntó el muchacho tratando de calmarse.
—Aja, eso fue lo que dije.
—¡Tú! —exclamó el ojiverde ahora señalándola con el dedo —¡Tú eras la chica del parque!
—Si
—Increíble —susurró Ron.
—¡Estuve platicando contigo la semana pasada! —volvió a gritarle, pero Vanessa sólo ensanchaba más y más su sonrisa.
—Sí, así es —respondió una vez más asintiendo con la cabeza.
—Y aun así tienes el descaro de decirlo tan tranquilamente.
—¿Y por qué habría de decirlo de otra manera? —replicó levantando los brazos al cielo como si le estuviera preguntando algo que era más que obvio.
—¿Por qué no me dijiste que eras tú en ese momento?
—No era lo correcto.
—Genial, preferiste dejarme esperando una semana más para revelarte ante mí.
—Dime una cosa Harry, si reaccionaste en la forma que lo hiciste estando aquí en la casa ¿Cómo hubieras reaccionado si me aparecía en el parque? —dijo Vanessa frunciendo el ceño —¿Es eso en verdad lo que querías?
—Pues…
—No iba a llegar y decirte "Hola Harry, soy Vanessa, cuánto tiempo sin verte. ¿Adivina qué?, no estoy muerta y desaparecí porque Ginny me borró la memoria" —dijo Vanessa y puso los ojos en blanco al imaginarse la escena. —Lo más probable es que salieras huyendo y del susto te fueras a vivir a otra parte. Al menos aquí tenía la posibilidad de acorralarte.
Vanessa resopló y todos se quedaron callados por un momento.
—¿Hace cuánto recobraste la memoria? —preguntó Harry y le lanzó una mirada asesina a la pelirroja que se mantenía en silencio para que no olvidara que seguía furioso con ella.
—Seis meses —se apresuró a contestar Vanessa.
—¡SEIS MESES! —repitió muy sorprendido y poniéndose de pie —Seis meses y hasta ahora vuelves ¿Por qué?
—¿Puedes dejar de quejarte? Mejor alégrate de que esté aquí porque ni siquiera pensaba volver.
Harry abrió mucho los ojos al escuchar aquella declaración.
—¿Qué es lo que dices?
—Lo que acabas de oír Harry. No pensaba volver
—¿Por qué? —preguntó el ojiverde que ya había perdido la cuenta de la cantidad de veces que había hacho la misma pregunta.
—Siéntate —le dijo Vanessa y Harry lo hizo —Porque no lo creí necesario. Cuando pude recordar quién era y todo lo sucedido fui consciente de que mucho tiempo había pasado…
—¿Cómo recobraste la memoria? —preguntó Hermione interrumpiéndola.
—Ya habrá tiempo para explicar eso —dijo Vanessa sin voltear a verla, aunque su voz denotó la molestia de haber sido interrumpida.
—Como te decía Harry, comprendí que ya había pasado muchísimo tiempo y que si hasta ese entonces no habías ido a buscarme a San Mungo nunca irías porque significaba que Weasley había logrado encubrir lo que me había hecho y yo pues estaba de sobra. Pensé que ya me habías olvidado, que tenías una nueva vida y eras feliz. No estaba bien que yo viniera a pelear y a remover el pasado. Era mejor dejar las cosas como estaban. Tu haciéndote a la idea de mi muerte y yo siguiendo mi propio camino; al fin y al cabo, estaba muerta ¿no es así?
—Espera un momento —dijo Harry y entrecerró los ojos como si se estuviera concentrando —¿Estas queriéndome decir que a pesar de recordar todo lo que te hizo Ginny estabas dispuesta a sacrificarte y hacerte a un lado?
—Sí, estoy segura de que eso es lo que quise decir —contestó Vanessa con determinación.
Harry se empezó a reír y nadie entendió la razón.
—Perdóname, pero eso si no te lo creo —dijo el ojiverde entre risas.
—¿Por qué no? —preguntó Vanessa con el entrecejo fruncido.
—Porque eso es algo que tú no harías a menos que… ya no me quisieras —dijo Harry y al pronunciar la última frase la sonrisa se le borró de los labios.
—Tienes razón en algo. —dijo Vanessa que primero se miró las manos y luego volvió a verlo. —Eso es algo que Vanessa no haría, pero Miranda sí.
Harry la miró confundido y la chica dio un suspiro antes de comenzar a explicar.
—Verás, cuando perdí la memoria mi forma de ser cambió demasiado. Yo era como una niña sin rumbo y tú más que nadie sabes a lo que me refiero. No sabía qué hacer, que pensar o que decir. —el otro asintió al recordar cómo habían sido sus primeros días sin memoria. —Todo era muy confuso al no tener idea de lo que hacía en aquel lugar o que me había pasado y al ver a los sanadores portarse tan amables conmigo y ofreciéndome su ayuda en todo lo que necesitaba, pues simplemente aprendí de ellos y de lo que hacían. Sin darme cuenta me volví amable, cariñosa, una buena persona en todos los sentidos a pesar de la situación en la que me encontraba. Al final no quedó rastro de Vanessa y cuando recordé quien era en verdad tampoco quería que mi personalidad fuera como era antes, a pesar de que estaba furiosa por lo que me habían hecho. Por eso es que planeaba desaparecer por completo de tu vida y no volver nunca. Sin embargo, pasó algo que me hizo cambiar de opinión y que mis planes se fijaran en buscarte y hablar contigo de inmediato.
—¿Y cuándo llegaste a esa resolución?
—No lo sé con exactitud, quizá un mes y medio. —dijo Vanessa con aire pensativo.
—De todos modos, si fue hace mes y medio ¿por qué hasta ahora?
—En San Mungo se enamoraron tanto de Miranda que no la querían dejar ir y como para ese entonces ya empezaba a confrontar mis sentimientos y recuerdos, la personalidad de Vanessa se antepuso a la de Miranda y viceversa tantas veces que muchos sanadores creyeron que me había vuelto loca o bipolar, pero eran arranques que no podía evitar. —suspiró y agitó la cabeza de lado a lado tratando de quitar un recuerdo desagradable de su cabeza. —Era tan extraño portarme grosera con alguien y a los cinco minutos estar lamentándome de lo ocurrido. O al revés, portarme amable con alguien y luego ignorarlos o tratarlos mal. Fue horrible pasar por todo aquello; no le dije a nadie que ya recordaba quien era, la verdad es que estaba bastante cómoda viviendo en el hospital. Sólo que llegó el momento en que no soporté más la pelea interna entre Miranda y Vanessa. Tenía que volver a ser Vanessa si quería llegar a ti, así que me escapé de San Mungo hace tres semanas y están buscando a Una loca fugitiva y peligrosa. Sé que te parece un disparate todo lo que te estoy diciendo —añadió la muchacha. —puedo verlo en la forma que me estás mirando. Tú también crees que me he vuelto loca.
—No es eso —dijo Harry apenado de que Vanessa pensara aquello —Es sólo que trato de imaginarte siendo amable y buena con todo el mundo y no logro hacerme a la idea.
La joven de los ojos azul zafiro sonrió y se acomodó el cabello detrás de los hombros.
—Solo imagínate a Miranda tres veces más amable a como se portó contigo en el parque.
Harry hizo cara de querer vomitar y Vanessa se echó a reír.
—Demasiado meloso, lo sé.
—Oye Vanessa, sobre aquel día en el parque tengo un par de preguntas —dijo Hermione y todos se giraron para mirarla —Ese día tu voz se oía diferente a como la escuchamos ahora. ¿Qué fue lo que utilizaste para cambiarla? ¿Un encantamiento o una poción? ¿Y por qué a pesar de que usabas gorra no pudimos reconocerte?
—Nada de hechizos o pociones —respondió —Simplemente fingí la voz. Llevaba cierto tiempo practicando en ello así que no me costó trabajo y nadie pudo reconocerme porque lo último que esperaban era verme con vida. ¿Eso responde a tus preguntas?
—Sí y… ¿Por qué te acercaste a Harry primero como Miranda si ya sabías que estábamos aquí?
—Quería asegurarme de que en su corazón aun existiera un pedacito de mi recuerdo. Sino probablemente hubiera desaparecido para siempre.
—Yo insisto en que debiste decirme quien eras la semana pasada —refunfuñó Harry.
—Si recuerdas bien la plática que tuvimos ese día yo te dije que iría a ver a mi "ex" después de tanto tiempo de estar separados. Te dije bastantes cosas y todas tenían una pista que no entendiste para nada. Aquel día por la tarde vine a Grimmauld Place como Vanessa y qué fue lo que hiciste, ¿eh? —el tono de Vanessa se estaba elevando sin que ella se percatara —¡Me cerraste la puerta en las narices!
—Perdón —dijo Harry a la defensiva —¿Yo cómo iba a saber que de verdad eras tú?...
—Me dio mucho coraje por el trabajo que me costó llegar ahí y estuve a punto de sacar mi varita y hacer volar la puerta en pedazos, pero en eso vi que Ron y Hermione volvían cargados de cajas y decidí que era mejor desaparecer y regresar hasta la semana entrante.
—¡Entonces si eras tú la que estaba en la puerta! —exclamó Hermione llevándose ambas manos a la boca.
—Por supuesto que era yo, pero quería que Harry fuera el primero que me viera y no ustedes, por eso me desaparecí otra vez.
—Y yo que creí que era tu fantasma que venía a atormentarnos por lo que le ocultamos a Harry.
—Así que si no la hubieran visto seguirían callados con lo que me contaron ¿no es cierto? —dijo Harry que en ese momento recordaba la revelación de Ron y Hermione y que se sumaría a la lista interminable de cosas que preguntar a Vanessa.
—Ya te dijimos que fue para evitarte un mayor sufrimiento —tercio Ron.
—¿De qué cosa están hablando ahora? —preguntó Vanessa que parecía confundida.
—Vanessa… —empezó Harry —necesito preguntarte algo y quiero que seas honesta conmigo —ella asintió con la cabeza esperando la pregunta del ojiverde —Cuando desapareciste por culpa de cierta persona —miró de soslayo a Ginny y continuó. —Cuando ocurrió todo eso tú… ¿estabas esperando un hijo mío?
—Oh… —se oyó susurrar a Vanessa al escuchar la pregunta y Harry temió por la respuesta porque si era afirmativa significaba que había pasado algo malo con la criatura porque no la veía por ningún lado y eso lo haría sentir triste, pero si la respuesta era negativa de todos modos se sentiría triste porque la idea de ser padre en su momento lo había emocionado.
—¿Sí o no? —preguntó Harry con impaciencia después de unos segundos en los que Vanessa no decía nada y sólo lo miraba.
—Si Harry, yo estuve embarazada. —contestó ella con un aire de nostalgia que Harry en lugar de sentirse aliviado se sintió abrumado por el resto de la respuesta.
—¿Y?
—¿Y qué?
—¡¿Dónde está?! ¿O es que murió? —preguntó con impaciencia y agitando las manos nerviosamente. Si ella iba a darle una mala noticia quería que lo hiciera de una vez y no se anduviera con rodeos.
—¡Por Merlín, no digas esas cosas! Está esperándome en casa. —contestó.
—¿En dónde vivíamos antes? —preguntó y Vanessa asintió levemente con la cabeza.
El ojiverde tuvo una extraña sensación de júbilo y una inmensa alegría le recorrió el cuerpo. Se puso de pie y salió corriendo de la habitación para ir en busca de la personita que tanto ansiaba conocer.
