6. Ningún rastro

- Hermione, tiene sentido. - Replicó Harry mientras perseguía a su amiga por el jardín de la madriguera, esquivando a los gnomos que correteaban cerca de sus pies. - ¿Por qué no quieres aceptarlo? -

- Harry, basta por favor ¿qué te hace creer que algo así podría pasar? - Resopló la castaña con impaciencia aferrando el libro de "La Divina Comedia" de Dante Alighieri lamentándose no poder seguir con la lectura. Además de soportar por enésima vez las disparatadas teorías de Harry, ahora parecía que Ron estaba reclamado un poco más de atención de lo habitual, pues estaba dándole golpecitos en la nuca a uno de los gnomos con la punta del pie mientras este trataba de detenerlo y otro trataba de morderlo. - Incluso si quien-tu-sabes quisiera tener a alguien infiltrado en el castillo, Dumbledore se daría cuenta, el colegio es el lugar más seguro para quedarse Harry. Además, - Interrumpió la castaña con enfasis cuando vio que su amigo abría la boca para replicar. - sé que piensas que Snape está de su lado, pero Dumbledore confía en él lo suficiente para dejarlo ser profesor en Hogwarts, obviamente no tenemos razones para pensar que va a atacar a alguien dentro del castillo sólo por…¡Auch! ¡RON PARA YA! ¿Quieres?. - Gritó la chica, en un intento por zafarse de una de esas criaturas Ron trató de patearlo lejos, pero al lanzar la patada éste se hizo a un lado haciendo que el golpe impactara en la pierna de Hermione.

- Hermi, lo siento. En serio, no lo hice a propósito. - Se defendía el pelirrojo mientras la perseguía por medio jardín intentando acercarse a ella para abrazarla.

- Basta, no tenías porqué molestar a los gnomos en primer lugar. - Se defendió la castaña intentando sonar molesta después de ver sus pucheros, no tuvo mucho éxito.

Ron alzó los hombros restándole importancia al asunto.

- Quería que dejara de morder y funcionó. - Hermione alzó una ceja en señal de contrariedad. - Ya me disculpé ¿puedes perdonarme? - Preguntó en un susurro mientras se acercaba a ella, tomando sus muñecas entre sus manos, aprisionándolas suavemente en caso de que quisiera escapar. - Por favor. - Suplicó con una mirada que derritió a la leona, dejando que éste la besara como siempre hacía cuando él hacía algo que la hiciera enojar.

- Esto no te va a funcionar siempre. - Amenazó ella.

- Entonces tendré que ingeniármelas ¿no? - Comentó mientras se acercaba de nuevo a su rostro.

Los chicos ni siquiera habían notado que Harry se había despedido de ellos cuando Ron perseguía a su mejor amiga. Aunque no estaba en contra de su relación, a veces se sentía un poco ignorado cuando se olvidaban de su presencia y cada vez que los chicos se peleaban era un martirio para el azabache, pues tenía que soportar las quejas de los dos por horas.

"- ¿Quieren ya arreglarse entre ustedes? - Había comentado con fastidio en una ocasión, cuando ambos se habían peleado porque Ron había sacado un "aceptable" en su TIMO de pociones. - Sólo pídele disculpas de una vez y termina con esto. -

- Hombre si yo no he hecho nada malo ¿por qué voy a disculparme? Ademas a ti tampoco te fue muy bien que digamos. - Había argumentado su amigo.

- Gracias Ron. - Comentó sarcásticamente, recordando su TIMO de "supera las expectativas". Maldijo a Snape por lo bajo, recordando con amargura que tendría que buscar otra opción que no fuera ser auror. - Recuerda que ella no es mi novia. - Le reprochó con una mueca.

- Como sea ¿no crees que es linda cuando se enoja? - Sonrió embobado. Harry sacudió la cabeza con fastidio, ya no le estaba prestando atención a lo que le estaba diciendo."

Siguió por el jardín hasta la entrada de la madriguera y vió la jaula de Hedwig aún vacía, la cual había estado cerca de la ventana con la puerta de la jaula abierta para cuando ésta volviera de su vuelo diario para extender las alas.

- Harry ¿sabes en dónde está Hermione?. - Ginny Weasly bajaba las escaleras con unos vaqueros deslavados y una blusa morada ceñida al cuerpo que resaltaba sobre su hermosa piel nívea. - No encuentro su libro de encantamientos, me dijo que estaba en el armario pero no lo vi ahí. ¿Harry? - Harry tardó en comprender que había dejado clavada la mirada en su cintura y, sin saber cómo salir de esa, comentó con sonrojo:

- Tienes un hilo suelto ahí. - Comentó torpemente. Ginny sonrió. - Hermione está afuera con Ron. - Dijo sin mirarla, señalando por la ventana a sus amigos, quienes parecían estar enredados en un abrazo empalagoso.

- Aagh, no sé por qué le gusta tanto mi hermano, es tan tosco. -

- Se veía que se gustaban desde hace mucho tiempo ¿no crees? - Comentó, intentando restarle importancia al asunto.

- Tal vez, pero las cosas no son lo mismo desde que se hicieron novios, ya era suficiente con que Bill y Flerrgggg vayan a casarse y encima ellos dos haciendo teatros en casa. - Suspiró. - Cuando mi hermano deje de intentar tragársela ¿puedes decirle que la estoy buscando? Por favor. - El chico asintió y ella subió de nuevo a su habitación.

Harry recordaba perfectamente el día en que sus amigos comenzaron a salir y fue justo después de su intrusión en el ministerio, en donde Ron casi terminaba estrangulado por uno de los cerebros viscosos que se encontraban en el departamento de misterios, pues uno de los mortífagos había decidido atacar a Hermione cuando se dio cuenta del efecto que provocan cuando los tocaban.

La leona se había sentido responsable por lo que le había sucedido a su amigo y quedó flechada aún más por cómo la había defendido, así que durante la estancia del pelirrojo ella se había hecho cargo de su cuidado y cuando éste despertó y estuvo mejor se atrevió a declararle sus sentimientos a Hermione, iniciando de inmediato su relación.

Harry no dejaba de preguntarse si no sería malo que ambos comenzaran a salir, no es que no le gustara verlos felices estando juntos, pero si sus peleas podían hacer que estuvieran enojados por horas e incluso días, no quería ni imaginar lo que sucedería si llegaban a terminar.

- Este será el año más largo de Hogwarts. - Exhaló contra el cristal de la cocina.

En realidad, ninguno se imaginaba lo que les estaba aguardando ese año para todos.


El último de los Cullen en cruzar el espejo fue Jasper, quien se detuvo unos segundos a contemplar la columna de humo en la ubicación que antes había sido uno de los refugios favoritos de su familia. Su frente se frunció en una pronunciada arruga cuando divisó a lo lejos a un zorro con destellos rojos y plateados correteando por el aire con un aspecto tan magnífico, era de tonos brillantes dándole el aspecto de estar hecho de cobre y, aún así, su cuerpo se veía traslúcido, la criatura bajó en picada pero nunca escuchó el susurro de su larga cola entre los árboles ni el correteo de sus patas, simplemente el ligero berrido que salía de su pequeño hocico.

Con las ráfagas de viento un olor espantoso llegó hasta las fosas nasales de Jasper, era nauseabundo y provenía de atrás del espejo, sin embargo se dio cuenta de que el zorro había girado en su dirección y ahora estaba a unos metros de distancia.

Sin esperar a que llegara hasta su posición, Jasper se apresuró y se introdujo en el espejo, primero las manos, luego una pierna y al final el resto de su cuerpo, de no haber visto a toda su familia atravesar la superficie apenas unos segundos atrás, hubiera pensado que se trataba de una broma bastante pobre. Jasper sólo podía asimilar todo eso en su cabeza palpando las cosas, eso las volvía reales, pero ¿cómo podía palpar todo lo que había visto hacía unos momentos atrás? Sabía que no era un sueño porque su existencia lo había privado de aquella necesidad biológica humana, lo que lo dejaba aún más confundido ¿cómo un mundo lleno de magia había escapado por completo a la vista de su familia?

Cruzar el portal había sido como atravesar una gelatina con el dedo, era una atmósfera densa, tibia y oscura, era extraño, la sensación duró menos de dos segundos antes de poder ver con claridad cómo se formaban las figuras delante de su rostro, uno a uno los miembros de su familia se veían con más nitidez y la gran sala circular le recordó a la arquitectura de la época medieval que se veían en las películas.

Los delicados brazos de Alice lo recibieron del otro lado.

- Bienvenidos familia Cullen y compañía, es un placer poder recibirlos en Hogwarts. Veo que aún falta una persona, me parece. - Un hombre de barba plateada y larga se levantó de su asiento detrás de un escritorio, el cual fue admirado por Esme, los detalles del mueble y el trabajo en el tallado de madera eran impecablemente hermosos.

Seth y Leah estaban de pie uno a cada lado de la gárgola que daba a las escaleras de caracol, justo en la entrada del despacho del director.

- ¿Por qué creen que nos han traído aquí? - Comenzó Bella, sus labios apenas se movieron un milímetro y su voz era tan baja mientras hablaba que el oído humano no alcanzaría a escucharlo. - ¿Qué tiene que ver este lugar con nuestra hija? - Su voz tenía destellos de curiosidad y preocupación.

- Disculpe, pero sería tan amable de decirnos quién es usted y en dónde estamos - Preguntó Carlisle amable, pero firme. Rosalie bufó por lo bajo considerando innecesaria la amabilidad de su padre, mientras que Alice, Bella, Nessi y Emmett aún observaban con admiración los retratos, pues se habían percatado de que se estaban moviendo.

- Lo siento ¿en dónde han quedado mis modales? Mi nombre es Albus Dumbledore, director del colegio Hogwarts de magia y hechicería. -

- ¿Existe un colegio en donde enseñan magia? - Preguntó Jacob escéptico.

- Mi nombre es Carlisle Cullen, ella es mi esposa Esme. - Dijo, señalando a su compañera. - Mi hijo Edward, su esposa Bella y su hija Renesmee. Ellos son Rosalie y su esposo Emmett, Jasper y su esposa Alice. Y ellos son Jacob Black y Seth y Leah Clearwater, unos amigos del clan quileute de la tribu de lobos. - Jacob y Seth sonrieron por el nombre tan elegante que le había puesto el doctor a su pequeña manada.

- Que maravillosa sorpresa. - Exclamó el director. - Me es grato saber que en alguna parte del mundo los vampiros y los lobos se han hecho amigos. -

- Aliados. - Dijo Rose.

- Ya quisieras rubia. - Se quejó Leah. Dumbledore sonrió con diversión.

Bella sintió a Renesmee jalando de su blusa, así que se inclinó mientras ella extendía una mano hacia su rostro para comunicarse como sólo ella podía. - No lo sé amor, hasta ahora no sabíamos acerca de la existencia de los magos, mucho menos de que hubiera una escuela. -

- Por supuesto que existe, sin embargo Hogwarts es sólo uno de los muchos otros colegios que existen alrededor del mundo, nosotros nos encontramos en el Reino Unido. -

- Espere, está diciendo…¿quiere decir que justo en este instante estamos del otro lado del mundo? - Comentó Alice con emoción, si eso era cierto entonces habían hecho tremendo viaje en apenas unos segundos ¡Atravesando un espejo!

Todos los integrantes de la familia y Jacob se sentían asombrados, abrumados y confundidos.

- Y yo que pensaba que los vampiros eran rápidos. - Murmuró Bella.

- En efecto querida, estamos ubicados entre las montañas en Escocia, la joven que vieron antes de atravesar el portal, es una estudiante de Hogwarts que se ha ofrecido voluntariamente a traerlos. - La mirada de Dumbledore no se apartaba del semblante de Draco, que parecía que le habían tirado un balde de agua helada. - Ella tuvo la idea de traerlos al colegio para poder mantenerlos a salvo. -

- ¿A salvo? - Bella se había escandalizado por lo mal que eso se había escuchado. - ¿A salvo de qué? -

- ¿Será verdad? - Le preguntó Emmett a Edward, pero ya todos se habían percatado de las miradas que intercambiaron Esme y Carlisle y percibió el mismo pensamiento en ambos al mismo tiempo "es verdad".

- Esto es una locura, es ridículo. - Se quejó Rosalie.

- Después de todo lo que han visto, me sorprendería que no lo creyeran. - Contestó el director con una sonrisa.

- ¿Estamos en peligro? - Edward miró de soslayo a las personas que habían visto en su casa en Forks. - ¿Ustedes tienen algo que ver con eso? - Preguntó a los individuos que permanecían callados y ausentes en la situación. Edward pensaba que con Irina y los Vulturi tenían problemas de sobra, pero saber que ahora toda su familia se encontraba en peligro y que los habían alejado de su hogar sólo para meterlos en más problemas era el colmo.

Draco tragó saliva, aún sin saber bien qué hacer, pero nada le parecía buena idea, no tenía un plan y se había dado cuenta de que estaba completamente solo en ese asunto.

- Me parece prudente esperar a que todos estén reunidos, si no les importa. - Comentó Inna, su voz sonaba tranquila pero Jasper sabía que estaba a la expectativa, estaba tensa intentando ocultarlo, cruzada de brazos y apoyando su cuerpo contra una columna de piedra de la habitación.

- Entonces. - Comenzó Leah. - No sólo nos están cazando los chupasangres italianos, sino que, además, hay un grupo de magos cazando nuestras cabezas. Esto es simplemente perfecto Jacob. - Se quejó.

- ¿Por qué se supone que esto es mi culpa? - Replicó el lobo.

- Si no te hubieras esmerado en ayudar a tu imprimada esto no habría sucedido. - Le reclamó.

- ¡Hey, no es culpa de Ness...de Renesmee. - Corrigió Seth ante la mirada de fastidio de la madre de la semi vampira. - Además te recuerdo que nosotros nos ofrecimos, somos una manada, un ente unido…-

- Ya entendí Seth. - Era obvio que la chica no era precisamente paciente.

Edward negó poder escuchar lo que pensaban los supuestos magos entre susurros y escuchó el resoplido de Jasper, quien estaba frustrado por la actitud tan relajada del supuesto director.

- Estoy seguro de que todos se están preguntando por qué están aquí y qué es lo que acaba de suceder. - Dumbledore hizo una pausa y observó a todos los integrantes de la familia para descifrar sus expresiones, luego se detuvo un momento en el slytherin, que no parecía decidirse si salir corriendo o echarle un maleficio alguien.

- Me parece que nos debe una muy buena explicación. - Siseó Rose, ignorando cómo la mano de su esposo se situaba en su hombro para calmarla. - Acaban de destruir nuestra hermosa morada, uno de los refugios que hemos estado cuidando por décadas y llegan ustedes a nuestra vida con "un urgente mensaje" de sólo Dios sabe qué, sólo para atacar a nuestra familia. - Comentó furiosa.

- Estoy al tanto de los desafortunados eventos que han ocurrido querida. - Comenzó el director, mirándola por encima de sus gafas de media luna. - Sin embargo, considerando las circunstancias, creo que acabamos de realizar un magnífico rescate pudiendo sacarlos a todos de ahí. -

- Perdón, pero ¿acaba de decir que eso fue un rescate? - Jacob, que seguía atormentado por el dolor del maleficio, no pudo contener su escepticismo.

- Ciertamente, así fue. - Contestó Dumbledore.

- Tks, menudo rescate. - Ironizó Leah en voz alta. Su hermano le dio un codazo para callarla, pero la conocía demasiado bien para saber que eso no sería suficiente, pero ella no era la única que lo pensaba, Rosalie estaba furiosa.

Edward estaba frustrado, no percibía ni el más mínimo atisbo de sus pensamientos, era desquiciante seguir recibiendo las preguntas en voz baja de sus hermanos y tener que decirles que no entendía lo que estaba pasando porque no podía leer sus mentes.

Rosalie abrió la boca para replicar de nuevo, pero antes de lograrlo tuvo que darse la vuelta para observar el espejo, el cual había comenzado a brillar intensamente antes de expulsar a una última persona por el cristal.

- Niña. - Inna se acercó para ayudarla a incorporarse, pues la chica se había tropezado con sus propios pies al pasar del otro lado. Carlisle y Esme concentraron su atención en la chica. - Te dieron una paliza ¿eh? -

La metamorfo tenía la ropa cubierta de tierra con algunos cortes en su jersey, despeinada y con la cara roja.

- Si bueno, deberías ver cómo quedó el otro. - Sonrió la chica. Inna negó con la cabeza, la metamorfo jamás cambiaría.

- Finite incantatem. - El director Dumbledore apuntó al espejo para terminar con el encantamiento que les había permitido crear el portal.

- Cielos ¿te encuentras bien? - La voz de Esme sonaba un poco preocupada.

- Creímos que no volveríamos a verte. - Carlisle se aproximó a ella con expresión afectuosa. - Nos alegra saber que estás bien Elizabeth. -

El comentario confundió por mucho a sus hijos, a los lobos y a los magos.

- Usted debe ser el señor Cullen. - Comenzó Miranda después de darle una rápida mirada a los invitados. - Creo que me confunde con alguien más. Mi nombre es Miranda, sólo Miranda. Elizabeth fue una bruja que vivió hace algunos años, por desgracia ella fue asesinada por un mortífago, hace como 17 años. - La chica arregló su ropa con un movimiento de la varita y acomodó su cabello ante la asombrada mirada de sus espectadores.

- ¿Murió? - La tristeza en la voz de Esme era evidente, parecía que la mujer había tenido un impacto muy fuerte en ella.

- ¿Qué es un mortífago? - Preguntó Emmett.

- Son los seguidores de quien-tu-sabes. - Contestó Miranda distraída, había ubicado a su mejor amigo al otro lado del despacho, cruzado de brazos, probablemente mordiéndose la lengua para no gritarle.

- ¡Ah, claro! Eso tiene mucho sentido. - Dijo Rose sarcásticamente. - Ya nos ha quedado todo claro. -

- Déjenme explicarles todo con calma. - El director apuntó con su varita una de las sillas y creó las copias suficientes para que cada una de las personas que estaban ahí, formando un semicírculo con las quince sillas.

- Wow, es genial. - Exclamó Seth, sin esperar a que le dieran más instrucciones tomó asiento en uno de los extremos en las sillas que el director había puesto para ellos. Emmett soltó una carcajada por la actitud del chico y decidió seguirlo sentándose a su lado.

- Que amable de su parte, pero ellos no necesitan sentarse. - Escupió Leah. - No se cansan de estar de pie, ni de eso ni de nada. -

- Oh, estoy conciente de eso preciosa. - Contestó el director sin inmutarse por el tono de la chica. - Pero considero una falta de respeto dejar que estén de pie cuando puedo ofrecerles un asiento. - Dicho esto, Dumbledore decidió tomar asiento en uno de los escalones más altos del despacho. - Disculpen que me siente en este lugar, pero para un viejo como yo estirar las piernas es algo beneficioso para la salud, además de que así podré verlos a todos desde un mejor ángulo. Adelante, elijan una silla, voy a darles la explicación que me han pedido. -

Uno a uno los miembros del clan Cullen fueron tomando asiento, quedando en orden de izquierda a derecha iniciando por Leah, quien había tomado el asiento de su hermano porque "no quería estar cerca de los chupasangres", enseguida estaba Seth, luego Emmett, Rosalie, Jasper y Alice con Esme y Carlisle a la cabeza en las sillas de en medio. A la derecha de Carlisle se había sentado Edward, que había hecho una estrategia con los asientos dejando a Renesmee en medio de él y de Bella, haciendo que Jacob riera entre dientes, tomando asiento en el lugar vacío a la derecha de Bella.

Draco estaba fuera de sí, no sabía cómo había terminado en esa situación, pensaba que por ir con una de las mejores mortífagas seleccionadas por el mismísimo Señor Tenebroso cumplirían con la misión que les habían asignado sin ningún contratiempo mayor, pero ahora todo había desmoronado sus anhelos y no podía decir nada frente a los vampiros, después de todo sabía que no podía comenzar a gritar improperios por haber terminado en la oficina del director en lugar de la mansión Malfoy en donde planeaban retener a los Cullen, así que intentó tranquilizarse pues lo único que pedía ahora era poder salir de ahí ileso y reunirse con su madre.

- No, gracias. No pienso quedarme, director. - Escupió Malfoy, arrastrando las palabras y mirando al anciano con un sutil brillo de desprecio en la mirada.

- ¿Por qué no? - Le preguntó Miranda, jalando una de las sillas de la derecha que habían quedado vacías. - ¿No quieres saber lo que está pasando? - Jasper se dio cuenta de que la furia comenzaba a hacer estragos en la paciencia de Draco, pero la chica de nombre Miranda no podía sentir otra cosa que no fuera decepción y tristeza, pero había algo más, una conexión asombrosa entre los dos que los hacía desear derrumbarse en ese momento, el vampiro se encargó de comunicárselo a toda su familia en voz baja.

- Sinceramente creo que este tema no me concierne. - Contestó el rubio con la poca paciencia que le quedaba.

- ¿Que no te concierne, dices? - Se burló la chica.

- ¡Por supuesto que no! - Escupió Draco. Su rostro estaba completamente rojo por la ira y, si fuera humanamente posible, se diría que estaba a punto de estallar. - Así que, una de las protegidas más confiables del Señor Tenebroso no sólo desobedece sus órdenes. - Exclamaba cada vez más fuerte, la expresión de Inna era de aburrimiento. - Sino que, además, arruina sus planes y salimos corriendo como ratas cobardes. - Terminó casi gritando.

- ¿Ya terminaste? - Inna lo miró con fastidio y su tono era de pereza, lo miró como quien ve a un niño pequeño que acababa de entrometerse en una conversación de adultos.- En primer lugar, que yo recuerde no tuviste ningún inconveniente para salir huyendo como la rata que eres. En segundo lugar, no estás a mi altura como para hablarme de esa manera mocoso, así que cuida tu vocabulario cuando te dirijas a mi. Y en tercero, si no fuera por esta amiguita tuya, tú estarías formando parte de la decoración en casa de los vampiros, con partes de tu cuerpo colgados del bosque, así que te sugiero que cierres la boca. Te hicimos un favor. - Inna alzó el mentón en señal de autoridad y dejó que Draco retrocediera y sacara sus conclusiones.

- ¿Qué se supone que significa eso? - Susurró el rubio, con el miedo haciendo estragos en su voz.

- Yo creo que eso te toca explicárselo Miranda. - Sugirió la bruja con cansancio. - Yo probablemente termine asustando a esta nenita. - Se burló.

- ¿De qué está hablando? - Preguntó el rubio, dirigiéndose directamente a ella por primera vez desde que había cruzado el espejo. Miranda miró al suelo con pena, indecisa sobre lo que diría. - ¿Y bien hermanita? - Dijo con la voz cargada de ira.

Con una descarga de valor, la chica lo miró con rabia, dispuesta a enfrentarlo.

- Miranda. - Le reclamó Inna. - Contrólate, a mi tal vez me importe un bledo cómo le hable, pero recuerda que yo no lo estimo. -

- No. - Replicó. - Si crees que esto no te incumbe entonces estás más ciego de lo que pensé. ¿Cuánto tiempo creíste que ibas a durar en sus filas? ¿Acaso piensas que me siento bien por lo que pasó durante... -

- Por lo menos yo no te traicioné. - La interrumpió el slytherin, haciendo una pausa. - ¿Y así te atreviste a llamarte mi amiga? Necesitaba de tu ayuda y TÚ ME DISTE LA ESPALDA. - La voz de Draco ahora era un grito desesperado, su cara se tornó roja por la ira y su respiración se volvió errática. No le importó estar enfrente de otras personas.

- ¡Yo no te di la espalda! - Gritó ella, su voz quería quebrarse por el dolor. - Después de todos estos años ¿Qué te hace creer que te abandonaría? -

- Pues no te he visto desde la última vez que hablamos. - Escupió Draco.

- Estoy aquí ¿o no? - Comentó con la voz ahogada de dolor.

- Y arruinaste mis oportunidades de sacar a mi padre de Azkabán. -

Ahí se terminó, Miranda acortó la distancia entre los dos con paso decidido y lo empujó contra la silla con toda la fuerza que su enojo le permitió.

- ¡Iban a matarte imbécil! - Gritó. La chica no planeaba darle esa información de golpe, pero ya nada le importó. Alice y Esme soltaron un grito ahogado y la expresión de todos era una mezcla de horror, sorpresa y lástima. - ¿Por qué otra razón piensas que te mandaron a cumplir una misión suicida sin ayuda de nadie? - Le gritó.

- Tu no sabes nada. - Le espetó Draco. - No estaba solo, me mandaron con Inna, una protegida del Señor Tenebroso. Así que deja de mentir, no vas a convencerme. -

- Inna es una fachada, es una infiltrada que conocía mi madre. -

¿Su madre? ¿Ahora de qué está hablando? se preguntaba Draco.

- Sólo piénsalo mocoso, soy una novata. - Comentó Inna. - Sin importar lo útil que me haya encontrado el Señor Tenebroso mi lealtad aún estaba a prueba. - Explicó con calma. - Mis órdenes eran diferentes a las tuyas, el plan real era abandonarte. - Draco quedó perplejo.

- Tal vez lo que hice no fue lo mejor, pero yo no te abandoné. Eres mi mejor amigo, eres como un hermano para mi. - Sin poder contener las lágrimas, Miranda continuó explicando: - Después de que me explicaste lo que habías hecho y me mostraste la marca de tu brazo supe que necesitabas ayuda. Quise hablar con tu madre, pero tenía miedo de lo que podría pasarte, o a tu padre, si descubrían el plan y no quiso escucharme. Hasta que le presenté a Inna. -

- La cabeza me da vueltas, no voy a creerlo, no tiene sentido ¡El Señor Tenebroso confía en mi! - Se repetía el rubio intentando hallarle sentido a ese asunto.

"¡Ah, casi lo olvido Draco! De ti depende que tu padre sea perdonado, no me falles." Esas habían sido las palabras que el Señor Tenebroso le había dedicado después de decirle cuál sería su primera misión.

- ¿Y si la prueba era para mi? - Se aventuró a decir.

- ¿Qué? - Respondió Miranda confundida.

- Tal vez se dieron cuenta de la traición de Inna y mi verdadera prueba es entregar a la traidora. - Argumentó. - ¿Tu mellizo Aleksey sabe lo que estás haciendo? - Preguntó con desprecio.

- ¡Por Merlín, piensa un poco Draco! Usa el sentido común. - Le espetó Miranda. - Casualmente dos hermanos llegan hasta las filas de Voldemort - Continuó, ignorando el gesto de su amigo al mencionar al innombrable. - y le ofrecen sus servicios y su lealtad justo después de que tu te unieras a sus filas. Él te hizo miembro de su bando luego de que enviaran a tu padre a Azkabán, obligándote a ser prisionero en tu propia casa. -

- Era para restaurar el apellido Malfoy…-

- Yo me ofrecí a acompañarte. - Admitió Inna. - Mi primera tarea me fue encomendada casi de inmediato: tenía que asesinarte como castigo por el fracaso de Lucius Malfoy, pero yo le ofrecí otro trato considerando que me uní a sus filas porque Miranda me lo pidió. - El chico palideció y frunció el ceño en señal de confusión. - Le debo mi vida a su madre. - Explicó. - El plan original era dejarte ir solo a la mansión Cullen, pero le dije que yo podía conseguir que los Cullen se unieran a él después de traicionarte, dos pájaros de un tiro. Si volvías o no a la mansión con los vampiros les tenía sin cuidado, pensaron que sería fácil dejarte morir en sus manos. -

Esme se llevó las manos al pecho horrorizada por la suerte de aquél muchacho y Carlisle frunció el ceño, obviamente en desacuerdo y dándose cuenta de que se había equivocado en la cifra de los integrantes.

- ¡Qué fácil hubiera sido! - Pensó Jasper, encogiéndose en su asiento.

- No te hubiéramos dejado hacerlo hermano, eres mejor que eso. - Le murmuró Edward por lo bajo, mientras Alice tomaba su mano derecha y depositaba un pequeño beso en el dorso de la otra mano.

- ¿Por qué otra maldita razón crees que no hay nadie luchando por sacar a tu padre de ese agujero? No les importa si Lucius se pudre en ese lugar ¿ahora lo entiendes? - Terminó Miranda.

- Una vez que escuche todo lo que hemos hecho joven Malfoy, podrá tomar su decisión al respecto. - Dijo Dumbledore. - Sin embargo, quiero informarle que no está solo, usted será bien recibido en Hogwarts, le brindaremos la protección que necesite. - Abatido y sin nada más que argumentar Draco tomó asiento dispuesto a entender en qué lo habían metido, pero eso no significaba que estuviera menos enojado.

Los Cullen, Jacob, Seth y Leah se habían convertido en parte de la decoración y observaban todo completamente confundidos; nadie les había explicado nada aún, haciendo que todo fuera aún más incómodo y, a pesar de todo, sentían lástima por los chicos.

- Sé que es difícil de entender y aún más horrible de escuchar. - Comenzó de nuevo el Director. - Pero esta, por desgracia, es la realidad en la que se encuentra sumergido el mundo mágico. - Suspiró. - Desafortunadamente, ustedes han sido involucrados en todo esto, les pido una disculpa. -

- Estoy convencido de que, de haber tenido otra salida, las cosas hubieran sido diferentes. - Contestó Carlisle, conmovido.

- Ahora lo recuerdo. - Esme sonrió delicadamente ante los recuerdos. - Cuando mencionaron su nombre en Forks recordé su rostro inmediatamente y también pude recordar el mensaje de aquél entonces. Te pareces tanto a ella - Se dirigió a Miranda, dejando a la chica confundida. - que por eso te confundimos con ella cuando te vimos hace unos instantes. Ella nos salvó de la primera guerra. - Explicó.

- No lo entiendo - Alice no pudo evitar sentir curiosidad. - ¿Por qué no la recordaban? -

- No lo sabemos. - Comentó Carlisle. - No me había detenido a recordar ese día hasta que ellos llegaron. - Prosiguió señalando con un gesto de la mano a Inna y Draco.

- ¿Qué no habían dicho que no la habían mencionado porque "no sabían si volverían a verla"? - Rose recordaba perfectamente las palabras de su padre y no estaba muy segura sobre lo que significaban.

- Probablemente Lizzie haya realizado un hechizo de ocultamiento en ustedes. Verán - Comenzó a explicar el director. - Elizabeth era una bruja brillante y talentosa, no me sorprendería que haya encontrado una manera de ocultar cada recuerdo suyo en sus memorias hasta que llegara el momento apropiado o hasta que escucharan su nombre. - Meditó el mago.

- ¿Se puede hacer algo como eso? - La curiosidad de Bella podía palparse por doquier, el hecho de haber descubierto un mundo nuevo con tantas cosas por comprender era vigorizante y estaba deseoso de saber más.

- Supongo que si, debe ser magia muy antigua y complicada. - Siguió Dumbledore. - Verán, la historia es larga y complicada y por supuesto ha dejado una marca imborrable que perdurará por generaciones. Todo comenzó hace muchos años cuando un mago aficionado a la magia negra se convirtió en el mago más tenebroso de todos los tiempos, se hizo llamar a sí mismo Lord Voldemort, provocando pánico en todo aquél que escuchara pronunciar su nombre, siendo tan temido por la gente decidieron llamarlo "quien-tu-sabes". - Al menos esa parte le era real a Jasper, pues había sentido el miedo emerger de Draco.

- ¿Lord Voldemort? - Repitió Leah, logrando ganarse una mirada de desprecio por parte del rubio, la cual le tuvo sin cuidado.

- Así es, ese no siempre fue su nombre por su puesto, él fue estudiante de Hogwarts y su nombre era Tom Riddle. Fue criado en un orfanato muggle después de que su madre muriera dando a luz. -

- ¿Y su padre? - Preguntó Renesmee. - ¿Los abandonó? - Su voz, al escucharse tan triste, hizo que Edward pusiera un brazo alrededor de sus pequeños hombros cogiéndola entre sus brazos.

- Verán, la madre de Tom era una bruja de nombre Merope Gaunt quien desposó a su marido Tom Riddle Sr. (un muggle) por medio de una poción de amor que ella misma había estado administrándole para poder casarse con él. - Rosalie quedó asombrada ante tal revelación, no sólo por escuchar que existía algo como las "pociones de amor", sino por el descaro que aquella mujer había tenido al haber engatusado a su marido de esa forma tan repugnante; por el otro lado Seth sólo estaba pensando en lo que la gente podía hacer por obsesión. - Cuando Merope se dio cuenta de que estaba embarazada, la pobre pensó que ya no haría falta seguir dándole la poción a su marido pues ahora tenía un compromiso con ella y supuso que no haría más falta. -

- Pero se equivocó. - Asumió Alice.

- Correcto, debido a que Tom fue concebido bajo esas condiciones no es capaz de sentir amor o alguna clase de afecto o compasión hacia otras personas, la poción le provocó eso y, al haber sido rechazado por los muggles por considerarse "anormal", creció menospreciando a los que no pertenecían al mundo de la magia. Sin embargo, con el paso del tiempo al seguir aprendiendo más de la magia su deseo por el poder comenzó a crecer con un apetito insaciable, el problema es que era fácil que le agradara a la gente, era bueno para guardar las apariencias. - Dumbledore les contó las horribles hazañas que había logrado a lo largo de los años, sobre cómo Elizabeth y tantos otras brujas y magos junto con los Potter habían terminado muertos en combate al interferir con sus planes de exterminar a los "sangre sucia", explicándoles que ser llamado así era un insulto de lo más aberrante.

- ¿Y ustedes intentan detenerlo? - Preguntó Carlisle.

- Si, la Órden del fénix somos un grupo de brujas y magos que oponen resistencia frente a los seguidores de quien-ustedes-saben, los cuales se hacen llamar mortífagos. - Inna alzó su brazo izquierdo para mostrarles la marca tenebrosa que permanecía latente como una llama. - Esta marca representa a sus seguidores, por medio de ella es que pueden comunicarse los unos con los otros e invocar al señor tenebroso. -

- ¿Y cómo podemos asegurar que ninguno de ustedes está en contacto con él en este momento. - Argumentó Edward temiendo por la vida de su familia y de su pequeña.

- Ya te hubieras dado cuenta si así fuera. - Sonrió Miranda. - Además, Hogwarts es uno de los lugares más protegidos en Inglaterra en estos momento, hay múltiples hechizos de protección alrededor de todo el castillo, no hay manera de que quien-ustedes-saben pueda pasar desapercibido por estos muros. -

- Suenas muy confiada. - Replicó Draco, ante la Mirada triste de su amiga.

- Aún no comprendo por qué el destino del mundo mágico recae sobre una sola persona ¿por qué no ayudan al tal Harry a matar a ese bastardo? - Comentó Emmett.

- Existe una profecía. - Explicó Dumbledore, haciendo que Alice diera un brinco en su silla por la emoción. - Que habla sobre un muchacho nacido a finales de julio, según la profecía éste es el único que tiene el poder para derrotar al Señor Tenebroso. Es por eso que Tom lo señaló como su igual. -

- Harry Potter no es más que un mocoso de mi edad que no sabe conjurar una aparición. - Se burló Malfoy. - La fe que usted le tiene es inútil. -

- Esperen un momento. - Se escandalizó Carlisle. - ¿Están diciendo que este Harry Potter no es más que un muchacho de 16 años? -

- Sólo es un niño. - Comentó Esme con angustia.

- Por desgracia así es. - Suspiró Albus. - El destino de muchas personas ha quedado marcado para siempre por la guerra y ahora más nunca necesitamos aliados, amigos y la voluntad de toda persona que quiera terminar con esta desgracia. -

- Se parece mucho al holocausto ¿no lo creen? - Dijo Jasper. - Familias enteras separadas o asesinadas sin piedad, un sólo hombre dando instrucciones a sus seguidores en la línea de fuego; mujeres, hombres y niños siendo torturados. - Todos los Cullen se miraron entre sí, muchos de ellos sabían lo que era atravesar por una guerra, Jasper lo sabía mejor que nadie.

- ¿Y cómo entramos nosotros en todo esto? - Preguntó Esme gentilmente.

- Queremos que nos ayuden a mantener el castillo protegido. - Admitió el director.

- ¿Qué no están diciendo que este es el lugar más seguro en Inglaterra? - Chilló Leah. - ¿Por qué necesitan de nuestra ayuda? -

- Como podrán darse cuenta ha habido algunos infiltrados este año. - Comentó señalando con un gesto a Draco. - y no puedo negar que tengo la inquietud de que pase algo dentro del castillo este año, la seguridad de los estudiantes es mi prioridad y como están las cosas no puedo hacer este trabajo yo solo. Necesito de su colaboración. -

- ¿Y qué sacaremos nosotros de esto? - Replicó Rosalie.

- Rose. - La regañó su madre.

- No, ellos tienen que entender que si vamos a poner nuestra vida en riesgo debe haber una buena razón. Mi sobrina Renesmee tiene apenas unos meses de haber nacido y ya la estamos embarcando en una guerra. - A pesar de querer ayudarles a los magos, Bella no pudo estar más de acuerdo con Rose.

- Para ser francos, yo tampoco quiero llevar a mi hija a una guerra. - Admitió Bella.

- ¿Meses? - Preguntó Miranda escéptica. - Pero si parece que tiene ocho años, no puede tener tan sólo unos meses. -

- Mi crecimiento no se desarrolla con el de un humano normal. - Contestó Nessie para sopresa de todos.

- ¿Humano normal? - Inna no estaba convencida de lo que podía significar aquello.

- Soy una semi vampira, mi madre Bella me tuvo cuando aún era humana, llevo un ritmo acelerado de crecimiento, puedo aparentar 8 años pero no tengo más que diez meses de haber nacido. - Dijo tranquilamente. Edward miró a su pequeña hija y comprendió lo que Esme había querido decir cuando aún estaban en Forks, tal vez el mundo mágico tenía la respuesta al acelerado crecimiento de su amada hija.

- ¿Entonces director? - Cruzándose de brazos y sacudiendo su larga cabellera esperó paciente, era obvio que la rubia no iba a dejar pasar la situación, ella quería una respuesta.

- Nosotros necesitamos su ayuda y ustedes la nuestra. - Hizo una pausa para meditar lo que diría a continuación. - Necesitan saber que si se quedan estarán en constante peligro, que van a necesitar toda su fuerza y su valor para salir adelante, pero. - Continuó, antes de que Rose o alguien más replicara. - Si se marchan, no podremos brindarles la protección que toda su familia necesitará a partir de hoy en adelante, estarán desprotegidos. Aquí podemos darles lo que necesitan, les daremos un lugar en el castillo y a cada uno de ustedes se les otorgará una actividad para formar parte de esta escuela. Y así también podrán alejarse de la vista de los Vulturi. - Concluyó.

Carlisle meditó la situación unos segundos, él estaba convencido de que ellos eran del bando bueno, pues los habían rescatado en más de una ocasión y sabía que ese sitio podría significar un refugio para él y toda su familia.

- Creo que debemos someterlo a votación. - Habló por fin. - Así decidiremos lo que vamos a hacer.

- Ni lo sueñen. - Comentó Rose cruzada de brazos.

- Vamos amor. - Replicó Emmett. - Será divertido, además aquí estaremos a salvo. Yo digo que lo hagamos. - Afirmó con emoción.

- No necesitamos su protección, somos inmortales y tenemos fuerza de sobra para defendernos mejor que estos perros. - Se quejó la vampira.

- Oye barbie. - La llamó Jacob. - ¿Sabes cuántos chistes de rubias existen? - La vampira ni siquiera se dignó a mirarlo. - Tres, los demás son anécdotas. - Se burló, Draco lo miró con cara de pocos amigos y Miranda soltó una carcajada involuntaria. - Yo opino que nos quedemos.

- ¿A caso eres parte de esta familia perro? - Le espetó Rose.

- Rose, basta. Esto también le concierne a ellos. - La regañó Carlisle, la chica rodó los ojos pero no dijo nada más al respecto.

- ¿Qué pasará si no logro controlarme? - Se preocupó Jasper. - Habrá muchas personas en el colegio ¿no es así? -

- Podemos ofrecerles un refugio más cerca del bosque, para que tengan su propio espacio en los terrenos del castillo. Le pediré ayuda al profesor Flitwick y a la profesora McGonagall para construirles su espacio. - La propuesta enterneció a Alice y a Esme, quienes le agradecieron por su hospitalidad y su amabilidad.

- Tu puedes hacerlo Jazz, confío en ti. Pero si no deseas correr el riesgo yo te acompañaré. - Lo apoyó Alice. Jasper la miró con ternura y le sonrió.

- Lo haré, quiero ayudarles. - Aceptó.

- Entonces yo también me quedo. - Sonrió Alice, dándole un pequeño beso en la mejilla.

- También creo que deberíamos quedarnos, le debemos un enorme favor a Elizabeth y a ustedes por salvarnos. - Comentó Esme dirigiéndose a Inna, Miranda y Draco, aunque ella sabía que el muchacho no había tenido esas intenciones, sabía que no era malo.

- ¿Edward? - Preguntó Carlisle.

El vampiro ya sabía cuál sería la decisión que tomarían, pero tenía que tomarse en serio la propuesta si quería mantener a salvo a su hija. Si decía que no y Bella también dejarían que su familia se quedara a salvo en ese lugar, pero él los conocía bien, y sabía que los seguirían para no fragmentar a la familia y los arrastraría consigo a un futuro incierto. Si decía que sí, estarían en peligro, pero tendrían tiempo de buscar respuestas sobre la condición de su hija en ese nuevo mundo, podrían ganar protección y nuevo hogar aunque éste fuera temporal. Miró los ojos de Nessi y comprendió que deseaba mantenerla a salvo y entendió que ella también quería explorar ese mundo.

- Yo ya sé cuál será tu decisión. - Comentó Alice sacándole la lengua. Edward sacdió la cabeza, riéndose de ese pequeño duendecillo.

- Hay que quedarnos. - Respondió al cabo de unos segundos. - ¿Qué opinas Bella? -

- Yo también quiero quedarme. - Contestó Renesmee emocionada, mirando a su madre.

Bella asintió.

- Supongo que es lo mejor. Pero tu deberás obedecernos jovencita. - Le advirtió Bella a su hija.

- Por supuesto. - Dijo ella.

- ¿Seth, Leah? - Los llamó Carlisle. - Ustedes también deben opinar. - Les sonrió.

- Diablos, por supuesto que si. Esto será emocionante. - Sonrió Seth, Emmett chocó los puños con el lobo en total acuerdo, definitivamente él era su favorito de los lobos.

- No. - Leah se cruzó de piernas y brazos en su asiento sin intenciones de ceder un milímetro. - Pero supongo que no tengo otra opción ¿o si hermanito? - Le reprochó.

- Por supuesto que no. - Dijo él con una sonrisa de lado a lado.

- ¿Y supongo que te importa poco lo que pueda pasarle a mamá estando en Forks? - La sonrisa de Seth se cayó al suelo.

- Charlie. - Murmuró Bella. - No lo sabe. -

- Por desgracia, debo decirles que ponerse en contacto con ellos sólo les provocaría más problemas. - Aclaró Dumbledore. - Lo lamento, pero será mejor que esto quede así por ahora. -

La sala quedó en silencio unos segundos antes de que Carlisle volviera a hablar.

- Bien, entonces no me queda más que darle nuestra respuesta. - Continuó. - Vamos a ayudarlos. -

Albus suspiró de alivio.

- Se los agradezco familia Cullen. Muchachos. - Comentó dirigiéndose a los lobos.

- ¿Y bien? - Inició Draco. - ¿Vas a decirme ahora en dónde está mi madre? - Le reprochó a Miranda.

La chica se puso nerviosa y comenzó a jugar con sus manos, su cabello corto y ondulado destelló en un color gris con morado.

- ¿Miranda? - Se preocupó Inna. - ¿Está todo bien? -

- Draco. - Sin querer, la voz de la chica salió con un sonido ronco y áspero. - El traslador que llevaban Inna y tu para volver a la mansión Malfoy era un aviso para nosotras. - Explicó, puso su cabello atrás de su oreja y lo miró a la cara. - Tu madre y yo sabíamos que si no llegaban para la hora pactada irían a buscarlos. Nosotras teníamos que darles tiempo. -

- ¿Qué estás diciendo? - Exigió Draco. - Miranda ¿Qué hiciste? -

- Bellatrix se dio cuenta de lo que estaba pasando y comenzó a lanzarnos maldiciones y llamó a los demás mortífagos, derrotamos a cuatro de ellos y logramos ocultarnos, pero nos acorralaron, habían desarmado a tu madre y ella se dio cuenta de que ya no teníamos más tiempo y me ordenó que me fuera para decirles en dónde estaba el portal y cerrarlo antes de que los siguieran. - Hizo una pausa sin saber cómo proseguir, tragó saliva para deshacer el nudo en su garganta y continuó. - Le supliqué que me acompañara pero dijo que ella los distraería. Entonces Bellatrix nos encontró en el segundo piso y le lanzó un maleficio, tu madre tenía muchas heridas. Lancé un hechizo sobre el suelo para hacer un agujero y así ganar tiempo, logré aparecernos en el bosque y corrí a buscarlos dejando a tu madre escondida detrás de los arbustos y coloqué varios encantamientos a su alrededor, pero cuando regresé había desaparecido. - La chica rompió en llanto, sintiendo dolor por haber cometido semejante descuido. - ¡Cuánto lo siento! Te juro que no quería que esto pasara. -

Draco sintió que un gancho jalaba de su ombligo, su mirada se nubló y la ira causó estragos en su cuerpo. Todo lo que le importaba ya estaba perdido, no le quedaba nada.

- Malfoy, tu madre sabía los riesgos que esto implicaba. Ella nos pidió sacarte de ahí y eso hicimos. - Dijo Inna intentando razonar con él. - Danos tiempo, vamos a encontrarla y…-

- ¡NO! No puedes estar hablando en serio. - Le gritó, sacudiéndose la mano que Inna había puesto en su hombro. - En tu vida no habías hecho algo más estúpido en la historia de la humanidad. - Le reclamó sin compasión. - No sé qué se supone que te voy a agradecer después de lo que le pasó a mi madre. - Le espetó Draco. Y sin dirigirse a nadie más, abandonó la oficina del director dando un portazo detrás de sí.

- Inna, vigilalo por favor. - Le rogó Miranda. - No dejes que se vaya del castillo. Por favor. -

- Lo haré, todo va a estar bien. - La consoló, después salió de la oficina en busca de Draco.

- ¿Ella va a estar bien? - Le preguntó Esme, la vampiresa se había movido de su lugar para abrazar a la chica y darle su apoyo. Le dolió mucho verla sufrir.

- Espero que si. - Contestó la bruja en un susurro. - Perdóname Draco. -


¿Les gustó? :D ¿Si? Ojalá lo supiera, muchas gracias a los que siguen mi historia y siguen al pendiente de mis actualizaciones, espero que les haya gustado este capítulo. No olviden dejar sus comentarios para estarnos leyendo, besos.