Cap 7 Conociéndonos… verdades a medias.

Esto tiene que ser una broma. Se dijo a si misma Marie.

Llevaban diez minutos caminando prácticamente en círculos, según su parecer. Si el camino hacia la guardería seguía el mismo rumbo que un laberinto definitivamente su sentido de orientación explotaría… si tuviera uno, claro.

Tal vez debería imitar a Hansel y Gretel… se dijo con distraídamente antes de chocar con la espalda del pelirrojo.

— ¿Porque te detienes así? —le acuso.

— Ya llegamos…

— ¿Sí? ¿Donde es? No lo veo. —le interrumpió mirando en todas direcciones.

— Lo tienes en frente. —le contesto visiblemente irritado.

— De acuerdo. No te enojes.


Marie lo siguió de cerca mientras ingresaban a un pequeño establecimiento, el cual tenía su propio patio de juegos en la parte delantera.

Por dentro estaba muy bien organizado y decorado en su totalidad con muñecos y adornos para niños. Las paredes estaban pintadas de colores brillantes y dibujos didácticos. Tenía varios salones que aparentaban ser aulas, un taller de arte y otro de música.

Interesante lugar… ella sin duda podría encajar en un sitio como este. Pensó Gaara buscando con la mirada al hada. ¿Por qué siempre se distrae tan fácilmente? Se pregunto cuando ella se detuvo por un momento, para observar a un pequeño un oso de felpa que formaba parte de la decoración de la sala de espera en dirección a la administración. Comenzó a admirarlo en silencio mientras se acercaba cada vez a él con una visible expresión de fascinación antes de tomarlo en sus manos. Era un oso de mediano tamaño y de color marrón, llevaba puestos unos lentes redondos y sobre sus manos cargaba un pergamino.

Le pareció extraña aquella expresión en su rostro… ella era una persona verdaderamente desconcertante. Ella podía ser fastidiosa la mayor parte del tiempo, completamente manipuladora, totalmente aniñada, torpe y caprichosa… y aun así tenía algo en ella que lo volvía loco.

— ¿Nunca antes habías visto un peluche? —le pregunto sacándola de su mundo.

Ella le dedico una mirada triste en respuesta, dejando el muñeco de vuelta en su lugar.

— Por supuesto que sí. Es solo que… nunca me dejaron tener uno.

— ¿Qué? —exclamo confundido.

— A mi padre nunca le gusto que me comportase como una niña, y mi madre siempre quiso que me interese la moda y ese tipo de cosas. Los juguetes y juegos, para ellos son una pérdida de tiempo, al igual que los amigos. —le explico.

— Ya veo. —le respondió dándole nuevamente la espalda y preguntándose quien le negaría algo a ella.

— Oye…—le llamo.

— ¿Ahora qué?

— ¿Donde se supone que están los niños? —pregunto buscado por los alrededores a cualquier infante.

— Con sus padres supongo. ¿Porque?

— ¿Porque no están aquí?

— Porque es domingo. Este tipo de lugares solo abren hasta los sábados. — le contesto dirigiéndose nuevamente a la oficina principal.

Marie contemplo en silencio la oficina del señor Nobu, el padre de Karin. La habitación era mediana y con decoración bastante seria a comparación de la de afuera. Tenía varios cuadros de paisajes colgados sobre las paredes, un pequeño escritorio con unos cuantos documentos sobre él y varios libros perfectamente acomodas sobre repisas del dado izquierdo.

Él, la saludo con una sonrisa, que se desvaneció al notar la presencia de su acompañante.

—Tomen asiento. —les dijo a ambos. Su mirada se volvió a posar en ella antes de volver a hablar. — La puntualidad es muy importante señorita. —le reprendió.

— Lo siento, señor. —se disculpo con una sonrisa, pese a que en realidad no lo sentía.

— No hay problema, después de todo es nueva en este lugar. Es comprensible.

— Gracias, señor.

— ¿Porque no comenzamos con el tema principal? —les corto Gaara yendo directamente al grano.

Te odio… bufo Marie. Por otro lado el señor Nobu pareció estar de acuerdo.

— Señorita Marie. Este, es su contrato asegúrese de leerlo bien antes de firmarlo. — le dijo pasándole un papel.

Ella se mordió ligeramente el labio inferior. ¿Que se supone que tenía que decir ahora?

Lo siento, pero el troll que está sentado a mi lado no está de acuerdo con esto. Así que tengo que declinar su oferta… y conseguir un collar de ajos y una estaca.

Dejo escapar un profundo suspiro antes de dedicarle una última mirada de suplica al engendro del mal vestido de rojo que se encontraba sentado a su lado derecho. Este, simplemente tomo el documento en sus manos para revisarlo.

— ¿Sucede algo Marie? —le pregunto extrañado por tal acción.

¿Por qué no hablas degenerado? ¡Esto es tú culpa! Quedamos en que hablarías.

Gaara parecía ignorarla por completo mientras leía con atención el contrato.

Llenare de jalea toda tu ropa si no hablas. Juro mentalmente.

Marie suspiro una vez más antes de hablar.

— Lo siento en verdad, pero lo que sucede que yo…

— Lo que sucede es que primero tengo que aprobarlo. Esta chica, es mi responsabilidad y sus papeles de ciudadanía aun no están listos. No puedo dejar que se comprometa a este tipo de cosas sin mi consentimiento. —le corto Gaara.

Marie lo miro incrédula. Él, la estaba ayudando, pese a que sabía que estaba en contra de que ella trabajase.

No llenare tu ropa de jalea. Le prometió. Pero de todas formas pondré laxante a todas tus bebidas.

— Entiendo. Sería un problema si eso sucediera. —le contesto, el dueño del local.

— Todo en orden. Fírmalo. —le dijo pasándole el papel a ella.

Marie recorrió el contenido del texto rápidamente y se maldijo mentalmente por aun no entender nada. Tendría que aprender rápido el idioma.

— De acuerdo. —le respondió a Gaara sonriéndole en agradecimiento y firmando el documento, antes de devolvérselo a su nuevo jefe… bueno, en realidad a su primer jefe.

— Bien, pequeña comienzas mañana. Tendrás el turno de la tarde; de dos a cinco, y se te ha asignado el salón "4-C". El programa de actividades es este. —Le dijo pasándole otra hoja. — Tu uniforme tendrás que recogerlo. Está en la sala de empleados al final del pasillo, justo en frente del salón de música.

— De acuerdo. Voy por él. —le dijo desde la puerta.

— Kazekage-sama, me temo que usted y yo necesitamos a hablar sobre esa muchacha. —le informo el moreno una vez Marie había salido de la habitación.


Marie se giro hacia la puerta de la entrada del silencioso salón de empleados y tomo varias prendas del armario del fondo para ver cuál era su talla. El uniforme consistía en un vestido corto muy parecido a un kimono pero algo abultado en la parte de parte baja. Era de color rosa y con él, venia un cinturón de tela grueso para la cintura, o al menos eso creía ya que no tenía idea de la moda oriental y mucho menos de la de ese lugar.

Se sintió un poco irritada al comprobar que solo el más pequeño le quedaba perfectamente. Ella siempre tuvo problemas con admitir su estatura. Ser tan bajita le molestaba. Todo a su alrededor siempre fue mucho más grande que ella, inclusive sus amigos le pasaban con más de una cabeza.

Suspiro frustrada, y se acerco al espejo que se encontraba a un lado de la puerta, para ver cómo le quedaba su nuevo vestuario. Ella nunca tuvo la intención de usar ese tipo de ropas. Sencillamente le parecían mucho más cómodas las de su mundo y aunque todos la mirasen como bicho raro, sabía perfectamente que de todas formas resaltaría en ese lugar. Como no hacerlo si sus rasgos eran totalmente distintos.

Una vez visto su reflejo frente al espejo. Le encanto ver cómo le quedaba la prenda.

Me veo genial, con el peinado y maquillaje indicado me parecería a una muñeca tradicional.

Su sonrisa se desvaneció inmediatamente al recordar los comentarios que siempre le hacia su madre.

Marie, te vez como una barbie con ese nuevo vestido. Pruébate todos estos también.

No te muevas Marie, arruinaras esa pose. Si fueras un poco más desarrollada, te pondría en la portada para la nueva línea en otoño… y no, no me mires así, no puedes hasta que yo te diga.

La moda nunca le llamo mucho la atención. Ella era intelectual, por tanto ese tipo de cosas, las dejaba muchas veces de lado. Pero su madre vivía para ello. Si quería estar con ella, debía aparentar agradarle ese tipo de cosas. Lo cierto era que detestaba todo ese tipo de reglas en combinaciones y demás.

Su madre, Evangelique Valentine, era la fundadora de la línea Fashion Magic. Empresa multinacional de textiles.

Marie suspiro una vez más. La única forma en que la veía su madre, era como a una muñeca, a la que sobornaba con chocolates...

Ahora que recuerdo… aun me debe esa habitación repleta de chocolate que me prometió. Pensó algo molesta ya que no había recibido su último soborno.

La melodía triste de un piano la saco de sus pensamientos.

El salón de música. Pensó rápidamente, mientras se dirigía allí.

Camino lentamente, pero con paso decidido hasta el umbral y abrió la puerta, lo suficiente como para poder espiar y no interrumpir al intérprete. Se limito a observarlo en silencio mientras disfrutaba tal bella sonata. Las notas parecían cobrar vida y sintió un deja vu.

Le era tan familiar aquella interpretación. La esencia que dejaba el intérprete al tocar tan famosa melodía…

La pieza termino y ella se ordeno a si misma averiguar quién era el talentoso músico… pero no se animaba molestarlo.

El se aclaro la garganta y le hablo aun dándole la espalda.

— Cinco minutos, cuarenta y cuatro segundos. Es ¿enserio? —se burlo él, dándose la vuelta para que lo reconociese.

Marie se maldijo ante sus palabras. Era el sujeto misterioso de antes. Steve.

— Algunos podrían considerarlo extraño, pero a mi parecer, esas son las acciones de personas pervertidas. —continuo hablando este al no recibir respuesta de su parte.

— ¿Disculpa? —le pregunto molesta.

— Quedas disculpada, ma belle. —

— Te sigues burlando de mí… ¿Steve?

— Mon Dieu, Marie. Yo jamás haría eso.

— ¿Qué haces en este lugar? —lo interrogo.

— No es obvio. Yo trabajo aquí y solo practicaba para mañana.

— ¿Eres el maestro de música o algo así?

— Brillante deducción, Sherlock. —le dijo con una divertida sonrisa, que ella con gusto borraría de su cara. En lugar de lanzarlo lo primero que encontrase cerca, se limito a poner los ojos en blanco y tomar asiento a su lado.

— ¿Porque cambiaste el color de tu cabello y ojos?

— No te adelantes, princesa. Todo se sabrá a su debido tiempo.

— Tienes algo en contra de mi nombre o es tan difícil para ti recordarlo.

— Por supuesto que no Marieli.

Ella lo miro sorprendida. Nadie la llamaba así desde niña, de hecho, nadie más que José la llamaba así.

— ¿Te gusto la melodía? —le pregunto cambiando de tema.

— Fue muy linda… Claro de luna. ¿Verdad?

— Exacto. Cuentan que fue compuesta para un amor no correspondido.

— Sí, lo recuerdo.

—…y dime Elizabeth. ¿Sabes tocar algún instrumento?

— Pues… soy una experta guitarrista de aire y nadie me iguala en la batería de pupitres.

El dejo escapar una corta carcajada por ello.

— ¿Qué me dices de tu voz? Seguro que debe ser muy buena.

— ¡Claro! No hay duda de ello, mi ducha siempre queda muy sorprendida. Estoy empezando a creer que es mi fan numero uno.

Steve se limito a sonreír esta vez por su comentario.

Esto no tiene sentido. Yo me largo. Se dijo a si misma encaminándose hasta la salida.

— Que te parece, mi pequeña. Si te invito mañana el desayuno.

— No lo creo. —le contesto desde el umbral de la puerta.

— Te daré todo el chocolate que puedas comer. —le dijo haciéndola detenerse con su oferta.

— Juegas sucio. —le acuso divertida. — Pero, está bien. Cuenta conmigo. — le dijo alegre mientras se apoyaba en el marco de la entrada.

Un nuevo temblor sacudió el lugar y Marie se sentido extraña…

Su visión disminuyó y todo le fue confuso. Vio como los instrumentos del anaquel junto a ella se deslizaban hacia ella, pero le parecía que se movían en cámara lenta… Steve la aparto rápidamente de la salida antes cayesen sobre ella.

Un agudo dolor en la cabeza la hizo reaccionar por completo.

¿Qué ha pasado? ¿Cómo llego tan rápido hacia mí?

— ¿Quién eres en verdad? —lo interrogo mientras se masajeaba ligeramente en la sisen.

— Hoy, tu salvador. —le dijo guiñándole un ojo. — Mañana tu anfitrión. — continuo ayudándola a levantarse. Pauso brevemente acercándose a su oído y con un tono más seductor volvió a hablar. — Y por el tiempo en que haya formalidad entre nosotros. Tu guardián.

Marie no pudo evitar sonrojarse ante el modo en que le hablo.

— ¿Interrumpimos algo? —pregunto secamente Gaara desde la puerta, junto a él estaba el dueño del lugar, el Sr. Nobu.

— Para ser sincero. Si. —le respondió Steve desafiándolo.

— ¿Quién diablos eres tú? —cuestiono aun más molesto.

Steve sonrió de manera arrogante antes de contestarle.

— Yo solo soy… un simple acosador. — respondió desviando la mirada nuevamente en ella.

— Kazekage-sama, el es Yamashiro Ryuji. El maestro de música. —le informo Nobu.

— ¿Ryuji? —le cuestiono Marie a Steve mirándolo fijamente.

— Nos vemos mañana, ma belle. — fue su única respuesta mientras salía de la habitación.


— No he cambiado de idea. —le dijo secamente Gaara a Marie, mientras terminaba de firmar algunos informes sobre su escritorio. — Si quieres trabajar en la guardería, tendrás que seguir mis normas. Mantente alejada de ese músico, no le hables, no lo mires. Y no estarás a solas con él de nuevo jamás.

— ¡Que dices! —exclamo Marie dirigiéndole una mirada incrédula. — ¿Porque mejor no me pones un letrero de advertencia para que nadie se me acerque?

— No me pongas a prueba, Hada. Estoy muy cerca de prohibirte totalmente que salgas de casa.

— Me sentiría ridícula evitándolo a él, creería que me intimido con su comentario. —protesto ella. — Y que dirá el Sr. Nobu, si me niego a trabajar con él. Es mi colega, tendremos algunas clases juntos.

— No me importa. Ten claro que si no me obedeces, no trabajaras.

Marie le miro furiosa.

— Eres igual que Julián. —Soltó con amargura. — Hice el hechizo y la maquina que me trajeron a este lugar para obtener mi libertad. Y en lugar de ello, solo he cambiado de carcelero.

— Nadie goza de total libertad. Ni siquiera yo.

— Tú por lo menos tienes derecho a decidir por ti mismo…

— Y por ti. —le corto.

— ¡Eres un idiota! —le grito saliendo de su oficina.

Gaara suspiro frustrado mientras se preguntaba quién diablos era Julián.


— Sé amable con los humanos, Marie. Porque son crocantes cuando los asas y saben bien con chocolate.

Marie hizo un alto en su vaivén del columpio y arqueo una ceja ante ese comentario. Había estado en el parque por horas, tratando de enfriar su furia con Gaara, y en todo ese tiempo nadie la había molestado…

No hasta ahora.

Con su mirada más irritada, se dio vuelta para enfrentar al culpable de su pelea con el pelirrojo.

Con casi dos metros, era una de las personas más altas que había conocido. Vestía como de costumbre sus jeans rotos y camisas de mangas larga.

Marie no confiaba nada en ese sujeto. Steve, o Ryuji como lo había llamado el Sr. Nobu siempre aparecía de la nada y le decía cosas sin sentido.

— No estoy de humor, acosador. Así que piérdete. —le mascullo.

— Lo siento, si te cause algún problema con el humano. —le dijo sin parecer para nada arrepentido.

Humano. Repito Marie en su mente.

— No sé qué es lo que quieres. — Le dijo con aspereza. — Pero puedes buscarlo en otro sitio.

— Me parece, que las chicas que se sientan solas en un parque de noche, son las que están buscando algo. —le contraataco.

¿Noche? Se pregunto Marie mirando por primera vez al cielo y maldijo al notar las estrellas que se veían en él. ¿Cuánto tiempo he estado aquí?

Marie suspiro derrotada.

— ¿Por qué estás aquí? —le preguntó. — Tú eres de mi mundo.

Un malvado brillo apareció en su mirada.

— Seré breve… estoy aquí para violarte.

Ella se burló de la absurda idea, aunque algo a dentro de ella dijo que no hacía falta mucho para aceptar esa explicación.

— Por supuesto. ¿Por qué otra razón seria?

— Ignora mi advertencia si quieres, pero recuerda que al final te casaras conmigo y te violare.

— Solo eres un pervertido sin nada más que hacer que molestarme.

Steve adopto un aire herido.

— ¿Pervertido yo? —le pregunto con fingida ofensa. — Como si fuera malo decir que te quiero coger sobre ese maldito columpio y escuchar tus gemidos y gritos pidiéndome más y más.

— Hay algo mal en ti. ¿Verdad? —bufo.

Steve no podía resistirse a molestarla de esa forma. Había esperado tanto el volver a verla. Sentada allí meciéndose de un lado al otro se veía tan inocente como la primera vez que la conoció… y seguía atrayéndolo de la misma forma tan poderosa.

Ella no era consciente de los grandes problemas en los que se había metido. El requería su total atención para protegerla, pero por su vida, no podía sacarle la mirada de encima. Deseaba desesperadamente soltar su cabello y sentirlo deslizarse entre sus dedos. Reprimió una sonrisa por ello y se pregunto que lo retenía de tomarla a ella en sus brazos en este momento.

— ¿Te gustaría acompañarme con una bebida? —le pregunto.

Ella estaba nerviosa y asustada de él. Podía sentirlo. El quería hacerla sentir a gusto con su presencia.

— No salgo con extraños, pervertidos o acosadores.

— Podrías llegar a conocerme si…

— Realmente Sr. Ryu…

— Steve.

Ella sacudió su cabeza.

— ¿Qué hace un francés aquí y por qué nadie parece notar que no eres de este lugar? Gaara, al igual que es Sr. Nobu te describieron de manera distinta a la que yo te veo. Es más, te apareces frente a mí en momentos inoportunos y pareces poseer algún tipo de poder. Lo cierto es que apestas a azufre.

— ¿Prefieres alcohol o un jugo de frutas?

Ella volvió a sacudir la cabeza.

— Eres persistente. ¿No?

Ella no tenía la menor idea de cuánto. La había esperado milenios, no quería esperar mucho mas. Ella tenía que despertar pronto…

Steve reprimió al depredador dentro de él. Puso sus manos en los bolsillos para evitar tomarla y asustarla.

— Cuando veo algo que quiero, voy tras ello. —le respondió encogiéndose de hombros.

Ella arqueó una ceja, y lo miró suspicazmente.

— ¿Por qué diablos quieres violarme pedófilo? —le pregunto mientras saltaba fuera del columpio y comenzaba a marcharse.

Moviéndose con la increíble velocidad de su especie, tiró de ella para detenerla.

— Dicho de tu inocente boca, suena horrible esa palabra, ma belle. Porque no lo llamas mejor… sexo sorpresa… —le dijo juguetonamente, pero se detuvo al ver su furiosa mirada, y trató de pensar una mejor forma de estar con ella un tiempo más.

Ella miró a su mano, que todavía aferraba su codo y el, de mala gana la soltó. Aun cuando toda su alma le gritaba que la mantuviera a su lado sin tener en cuenta las consecuencias.

Forzó una sonrisa encantadora.

— Lo siento. — se disculpo. — Es solo que pareces ser una persona agradable, y hay tan pocos como tú en este mundo. Me gustaría pasar algunos pocos minutos más contigo.

Ella se rió.

— ¡Ah! — trato de bromear él. — Entonces puedes sonreír.

— Al parecer.

— ¿Aceptas mi oferta, entonces? — le preguntó.

— Espero que me preguntes, la de acompañarte por un trago. —bromeo ella.

— Por supuesto. Hay un bar en la esquina. Podemos caminar hasta allá a la vista de todo el mundo. Te prometo no morderte a menos que tú me lo pidas.

Marie sacudió la cabeza.

— Tienes un enfermo sentido del humor. ¿Sabes?

— ¿Eso es un sí?

— No sé...

— Mira, te juro que no soy un psicótico. Excéntrico tal vez, pero no psicótico.

Ella aun no parecía completamente segura respecto a eso.

— Sabes, creo que el infierno está lleno de hombres que le dijeron eso mismo a mujeres o niños...

— Jamás lastimaría a una mujer o un niño, y mucho menos a ti.

Marie lo miro por un largo rato.

— ¿Es por esta calle?

— Sí. —le dijo con una sonrisa. — Vamos, prometo mantener mis colmillos escondidos, y el control mental para mí mismo.

Aunque ella había aceptado la oferta, permanecía en alerta contra cualquier tipo de movimiento de su parte. Parecía que estuviera lista para huir de él en cualquier momento si fuera preciso. Y eso era precisamente lo que él nunca permitiría… otra vez.

— Para de hacer eso. —le dijo Marie, sacándolo de su ensimismo.

— ¿Parar de hacer qué?

— De devorarme con la mirada y de autoproclamarte mi dueño. —le siseo. — Detesto que hagan eso.

— Me han acusado de cosas peores…

— Apostaría que sí. —lo interrumpió.

— Lo siento. —se disculpo a tiempo que ordenaba una botella de sake. — Lamento mi comportamiento de antes.

— ¿Cuál es el verdadero motivo de esta charla? Porque sinceramente no creo que quieras hablar del calentamiento global o lo genial que se ve Taylor Lautner sin camisa.

— No creo que estés lista todavía para una plática abierta, chéri.

— ¿Que eres? Porque es obvio que no eres humano.

— Soy un ser que llama hogar a la oscuridad.

— ¿Enserio? Para mi pareces bastante normal. —le dijo Marie. — ¿Sabes? Un sacerdote estaría bastante desilusionado.

— Una persona normal estaría asustada, Elizabeth.

— ¿Porque debería? Antes dijiste que eras mi guardián. ¿Lo recuerdas? Eso a mi parecer me da algo de inmunidad diplomática.

Steve sonrió ante su comentario.

— Estoy aquí para entrenarte y protegerte.

— Entrenarme y protegerme. —repitió aburrida. — ¿De qué exactamente tienes que protegerme?

— ¿Realmente quieres las respuestas a tus preguntas, Elizabeth? Debes estar muy segura de que es eso lo que quieres. Las respuestas que obtendrás no son lo que esperas.

Marie se tomó un momento para pensarlo. Presentía que iba a revelarle algo monumental, algo aterrador… y se pregunto si era lo suficientemente fuerte como para aceptarlo. Ella necesitaba saber.

Tomó un profundo aliento y asintió.

— Creo que ahora mismo ya tengo suficientes misterios en mi vida sin añadir este. Así que cuéntame la verdad.

— Bueno, para empezar tú no eres…

— Marie. —los interrumpió Gaara apareciendo junto a ellos.

— Agradable tono. Creo que deberíamos sacarle provecho y ponerte a grabar álbumes para Halloween. —le dijo Marie sin incomodarse ante su tono amenazador.

El la asesino con los ojos.

— ¿Tiene idea, lord kazekage, de que le paso a la última persona que le hablo en ese tono a la Sta. Elizabeth? —le pregunto Steve en advertencia.

— Déjame adivinar a mí. —le contesto Marie. — Desmembramiento. Probablemente doloroso. Definitivamente lento. —le dijo ella arqueando las cejas ante él. — Pero lamento advertirte yo a ti, que no te acerques a mi juguete. A menos claro. —se apresuro a añadir. — Que desees volver al hoyo de donde saliste.

Gaara frunció el ceño.

— ¿Por qué has estado bebiendo sake? —le pregunto a Marie, arrebatándole la botella de las manos.

— Porque no tenían vodka. —le respondió ella con una sonrisa engreída en los labios mientras se encaminaba a la salida.


Marie camino sin rumbo durante diez minutos. Podía sentir la presencia de Gaara detrás de ella. Él, la había seguido todo ese tiempo desde que abandono el bar y ella ciertamente seguía teniendo ganas de estrangularlo. Lo último que necesitaba era hacer una escena en frente de toda la población del lugar. Se detuvo finalmente al llegar de nuevo al desierto parque.

¿Por qué siempre llego a este lugar? Se cuestiono molesta.

Marie conto sus respiraciones tratando de calmarse y finalmente hablo con Gaara.

— Si vas a venir a hacer una escena, será mejor que sea una porno. —se le escapo.

¡Mierda! He estado mucho tiempo con Steve.

Él la miró como si pudiera visualizar sus manos alrededor de su cuello, pero no le importo. Ya que casualmente, albergaba la misma fantasía con respecto a estrangularlo.

— Te prohibí que te acercaras a él…

— No eres mi dueño. Puedo hacer lo que yo quiera y hablar con quien yo quiera.

Gaara se limito a observarla mientras ella se mecía en el columpio.

Nadie le había tratado de esa forma. Jamás.

Él era Gaara del desierto. Se había pasado la vida haciendo que todo el mundo a su alrededor temblara de miedo cuando se les acercaba. Incluso al consejo de ancianos. Él era la encarnación del mal.

Y esta niña se atrevía a dar órdenes a su alrededor.

Ella estaba loca y mientras la miraba, se detuvo. Ella era realmente tentadora, más de lo que debería ser ninguna mujer. Hasta que la conoció, no había pensado nunca en estar con alguien. El deseaba desesperadamente hacerle cosas inimaginables a ella. Incluso sus ojos esmeraldas lo incendiaban.

¿Por qué ella no entendía que el músico la deseaba con la misma intensidad que él?

Su mirada triste lo hizo sentir miserable. Él y su egoísmo eran causantes del dolor de ella, del vacío en sus bellos ojos.

— ¿Quién es Julián? —le pregunto sentándose en el columpio vacio a su lado.

— Mi padre. —respondió ausentemente. — Escucha, se que estas amargado, pero lamento decirte que no eres el único que se siente golpeado por la vara de la vida. Créeme. Todos viven con dolor, sin importar de donde vengan o lo que pienses de ellos. La pena aqueja a todos y las cicatrices no perdonan a nadie. Todos somos sobrevivientes en esta cruel realidad y hay penas que son demasiado profundas para ser aliviarlas. Lo mejor que podemos hacer es recoger nuestros pedazos y rogar por la fuerza necesaria para seguir adelante.

El la miro incrédulo por la amargura en cada una de sus palabras.

— Nunca me imagine que alguien tan risueña como tú, pensara de esa forma.

Ella no le respondió, simplemente comenzó a tararear una canción de cuna para sí misma.

— Aun no has encontrado la razón por la cual seguir viva.

Marie se detuvo bruscamente en su vaivén.

— Mi único deseo es ser libre. —le dijo con aspereza.

— Hablas como si nunca hubieses gozado de libertad… antes me habías hablado de que habían cosas peores a la muerte. ¿Te referías a esto?

— Hay cosas allí afuera mucho peor que la muerte. Como experimentar la eternidad a solas sin esperanza de liberación.

Gaara apartó la mirada cuando esas palabras tocaron una parte de él que no había sido tocada en años. Él se había sentido así también. Hasta que lo conoció a él. Naruto Uzumaki. El no supo porque sintió una conexión a partir de su dolor.

— Háblame de tu vida al otro lado. ¿Cómo era tu familia?

— Cuéntame tu primero sobre la tuya. —le dijo con una sonrisa que no alcanzo a sus ojos.

Gaara medito su respuesta.

— Nunca conocí a mi madre.

Marie abrió los ojos de par en par por ello.

— ¿Tienes una madre? —le pregunto con incredulidad antes de darse cuenta había hecho la pregunta en voz alta.

Gaara sonrió de lado por ello.

Supongo que debí esperar una pregunta de ese tipo, por parte de ella.

— ¿Qué creías? —le preguntó divertido. — ¿Que soy una marioneta y que Temari y Kankuro me armaron?

— No me parece tan descabellada la idea, aunque tenía la teoría de que eras un androide. —se defendió. — Pero solo para salir de dudas. ¿Tienes fotos tuyas de bebé?

Gaara le sonrió en respuesta, dejándola aun mas desconcertada.

— Dado que puedes sonreír de esa forma, queda por completo descartado que seas un robot. —bromeo ella. — Sabes, eres realmente guapo cuando sonríes de esa forma.

— ¿Lo soy? — preguntó desconcertado, pero sintiendo una extraña satisfacción por su comentario.

— Espero que no se te suba la testosterona por esto, pero si, lo eres. —respondió con una sonrisa. — Continua. —le recordó.

— Ya conoces a mis hermanos. —prosiguió.

— Son personas agradables. —le dijo Marie mirándolo de frente para que continuase.

— Mi padre murió hace algunos años. —continuo dejando escapar un poco de amargura.

— Por la forma en la que lo dices, debo suponer que era un idiota.

— No quiero hablar de eso.

— ¿Alguien más?

— Tenía un tío…— dijo antes de poder detenerse. No había hablado de su tío con alguien nunca. Inconscientemente se llevo la mano hacia el tatuaje en su frente.

Marie tomo su mano entre las suyas y lo miro de forma amable. Era la primera vez que lo miraba de esa forma, por lo general siempre tenía ganas de golpearlo. Ella trataba de consolarlo, era la primera vez en su vida que alguien trataba de hacer eso.

— Lo siento. Quizá no debí preguntar…

— Hay demasiadas cosas en la vida, que un lo siento no puede arreglar. Algunos dolores corren demasiado profundo para ser sanados por algo tan simple como las palabras, sin importar lo mucho que signifiquen.

— ¿Era importante para ti? —fue mas una afirmación que una pregunta.

— Me traiciono…

— Dudo que lo hiciera.

— Pero así lo hizo.

Ella seguía contradiciéndolo con la mirada, pero aun así no dijo nada. Ella no tenía idea de la verdad. Si ella se enterase de lo que él, en verdad era. Nunca más se le acercaría de nuevo.

— ¿Qué significa ese tatuaje?

— Amor.

— ¿Me responderás si te pregunto el porqué?

Gaara sacudió la cabeza.

— Es tu turno. —le dijo a Marie.

Marie suspiro derrotada.

— Es justo. —respondió dándole la espalda.

— No hay mucho que contar… al principio solo éramos papa y yo. Después apareció José y con el mi madre. No supe de la existencia de mis hermanos mayores, hasta hace tres años atrás y de mi infancia no recuerdo nada, excepto estar encerrada entre cuatro paredes.

Gaara se pregunto si en verdad esa era su historia, pero la expresión de ella era sincera al igual que el tono de sus palabras.

— ¿Por qué no recuerdas nada de tu niñez?

— No tengo idea… lo cierto es que la única razón por la que no me he suicidado es porque tengo a José a mi lado.

Gaara se puso rígido ante la franqueza de sus palabras.

— ¿Quién es José?

— Mi guardaespaldas y niñero. Pero en realidad es mucho más que eso. El es mi padre, madre, hermano y mejor amigo.

— ¿Por qué querrías suicidarte?

— Tenia la creencia en que con la muerte ganaría mi libertad… absurdo. ¿No crees? Fue entonces cuando José insistió en que debía apegarme a alguna religión. —le dijo ausentemente. — ¿Sabías que el suicidio es un gran pecado? Su castigo es pasar la eternidad en el séptimo círculo del infierno, donde son enviados aquellos que cometieron violencia contra sí mismos.

— Temes llegar hasta ese lugar.

Marie sacudió la cabeza.

— Los condenados no pisaran el cielo ni el infierno. Sus ancestros los repudiaran y su castigo será vivir, siendo las emociones… un regalo del cual serán privados. El cielo maldijo su sangre y el infierno les dio su marca...

Gaara la sacudió suavemente para que reaccionase. Sus ojos antiguamente verdes ahora no eran más que oscuridad pura.

Las palabras de la maldición hacia su pueblo son impresas en ellos antes de su nacimiento. Explico Shukaku.

¿Qué le pasa a sus ojos?

Todos los hijos de los caídos presentaran una marca del infierno en ellos. Toda su raza tendrá la oscuridad infinita en sus ojos. Nunca la veas directamente a ellos, ambos estaremos perdidos si lo haces.

¿Qué es ella?

Algunos piensan que su raza fue expulsada de los cielos por su orgullo. Otros, creen que son el resultado de un cruce entre ángeles y demonios.

Responde a mi pregunta, Shukaku. ¿Qué es ella?

Mientras no seas su dueño, ten cuidado de no enfadarla, porque podría maldecirte.

— Estás tan callado que me estás poniendo nerviosa.

— ¿Disculpa? —pregunto desconcertado volviendo a la realidad.

— ¿Has escuchado el refrán que dice que el tigre se mantiene agazapado no por temor sino para observar mejor su objetivo? Eso me recuerda a ti.

Gaara se rió a pesar de sí mismo. Él todavía no entendía como lo hacía ella. Le hablaba como si fuera normal.

— Quizás debería.

Ella suspiró.

— Realmente te gusta asustar a la gente, ¿verdad?

— Me he criado con eso.

— ¿Me enseñas como asustar?

— No juegues, Marie. Sabes que esto no cambia nada…

— Trabajare en ese lugar y Steve será mi amigo te guste o no.

— Creí que su nombre era Ryuji.

— Steve… Ryuji. ¿Cuál es la diferencia de todos modos?

Gaara meneo la cabeza.

— ¿Por qué siempre divagas?

— Lo encuentro muy tranquilizador.

Gaara suspiro derrotado. Solo ella podía hacerlo cambiar de opinión de esa forma tan rara.

— Solo promete que no te meterás en problemas y no estarás a solas con él.

— No creo que sea justo, pero hecho.


— ¿Cuántas veces tengo que decir que lo siento? —pregunto fastidiada Marie a Gaara mientras lo ayudaba a limpiar la cocina.

— Basta con una, pero no te has disculpado hasta ahora. —le espeto realmente molesto, votando a la basura el informe sobre el presupuesto militar.

El había dejado a Marie sola en casa con sus hermanos por unos minutos, para ir a recoger otros informes que había olvidado en la torre. Pero cuando llego a casa sus hermanos y ella estaban apagando un pequeño incendio dentro de la cocina.

Al parecer Kankuro le había pedido que sostuviera esos documentos por unos segundos mientras le traía una de sus marionetas para enseñársela y ella los había leído según le informo Temari…

¿Por qué rayos haría eso? ¡Ella no sabe leer nuestro idioma!

Después de repasarlo con la mirada, ella los sostuvo en sus manos y se dirigió a ayudar a su hermana en la cocina. Temari le había dicho aun desconcertada, que de un momento a otro, ella había hecho a Marie tropezar y dejar caer los documentos sobre el fuego.

Nada de eso engañaba a Gaara. Marie había planeado eso. Pero… ¿porque?

— Los accidentes ocurren. —le dijo Marie.

— Eran documentos originales, Marie. El encargado de recibir el dinero para el presupuesto militar de parte del ayudante del señor feudal, no se encuentra en la aldea en estos momentos. Tendremos que solicitar otro informe, pero desde del ayudante mismo. Tendré que enviar a alguien de confianza para que nadie se entere de lo sucedido. El ayudante del señor feudal nos entregara una copia, pero…

— Lamento decirte que no me interesa. Fue un accidente y no me disculpare enserio por algo así.

— ¡Desaparece! —le gruño.

¿Cómo no podía darse cuenta de lo que su torpeza o plan siniestro causaba?


— ¿Por cuánto tiempo estarán fuera? —le pregunto Marie mientras ella empacaba algunas prendas.

— Tres días a lo mucho. —le respondió Temari.

— Tú en verdad crees que lo hice a propósito, al igual que lo piensa él. ¿Verdad?

Si, así lo creía. Pero no quería lastimarla en decírselo de frente.

— Aun no te has disculpado…

— No pienso disculparme por algo de lo cual él, debería agradecerme.

Temari levanto la vista hacia ella y la miro de forma suspicaz.

— Fue a propósito…

— Lo haría de nuevo.

— ¿Qué pretendes con esto?

— Ayudarles. —le dijo Marie con una sonrisa encantadora. — Me enteras cuando tengas los informes en tus manos.

— No estoy tan seguro de ello.

— Piensa lo que gustes, no me interesa. Solo hago esto por la tregua que tengo con tu hermano… recuerda que tu también prometiste confiar en mí.

Temari suspiro con pesar. ¿Sería un error confiar en ella?

— Solo traten de no matarse mientras Kankuro y yo terminamos esta misión.

— No lo sé. El y yo tenemos lo que muchos dirían odio a primera vista.

— Simplemente no lo incites a una masacre, Marie.


Hola a todos los lectores. Estoy de vuelta con la imaginación mas recargada después de este largo tiempo… ahh si por cierto, lamento haber tardado tanto en subir un nuevo capítulo. Es solo que estuve editando los anteriores… y… y bueno fui vaga. XD

Prometo no tardar tanto en subir la continuación esta vez.

Quería darles las gracias a todos por leer mi historia y comentar… sip y sé que el personaje de Marie suele ser muy incoherente, pero la idea de su intromisión, es la de cambiar la rutina de los personajes de Naruto. Ella hará lo posible para hacerlos divertirse de una manera en la que nunca creyeron hacerlo.

Ahhh, claro y habrá bastante drama en el futuro… no sé, ustedes pero a mí me encanta el drama y tengo preparado varias escenas descabelladas en los próximos capítulos… y como todavía soy nueva en esto, les pido paciencia. La narrativa nunca ha sido mi fuerte.

De todas formas gracias a los seguidores y deséenme suerte.