Malos entendidos


-¿Esperas a alguien?- preguntó Fersen, notó que Oscar no lo escuchaba, tratando de llamar su atención tapó con la diestra la pantalla de la tablet que la rubia mantenía apoyada en una almohada.

-¿Qué?- la pentatleta se quitó los audífonos, puso pausa a la competencia de esgrima que estaba revisando y miró al equitador. El joven permanecía sentado junto a ella en el borde de la cama.

-Alguien está golpeando la puerta...- insistió el sueco.

-Abre por favor…- Oscar miró su pie, la extremidad estaba vendada y acomodada sobre unos cojines.

Hans dejó su celular sobre la cama y se levantó. la rubia miró de reojo la conversación que estaba desplegada en la pantalla, el equitador y Marie llevaban horas discutiendo por whatsapp.

-¿Cómo estás André?

La voz de Fersen la hizo mirar hacia la puerta, vio al nadador de pie en el umbral.

-¿Puedo pasar?- preguntó André mientras recorría rápidamente la habitación con la mirada, notó que no habían sillas cerca de la cama y que la misma tenía señas de que alguien estaba sentado ahí, fijó la vista en el celular que estaba apoyado sobre la colcha, no era el de Oscar. Miró a la pentatleta, la joven estaba vestida con un corto short de pijama y camiseta a juego.

-Sí… pasa- contestó ella mientras dejaba la tablet sobre la cama, tomó un cojín y lo abrazó para que el temblor de sus manos no fuera evidente.

-¿Qué ocurrió?... ¿Cómo te heriste?- se acercó a la cama y se sentó en el borde, vio como ella se deslizaba unos centímetros lejos de él al tiempo que sus mejillas se encendían.

-Me corté- levantó el pie, cuando vio que la mirada de él recorría su pierna sintió que sus entrañas se encogían de deseo. Apretó con fuerza el cojín contra su estómago.

Ambos miraron a Fersen, el sueco se acercó y sacó su celular de la cama; sin ponerles mucha atención se alejó y continuó chateando. André esperó unos segundos y se acercó a ella. -¿Por qué huiste? ¿A qué habías entrado a los vestidores?- preguntó en apenas un murmullo.

-No huí... Simplemente me fui-. Cuando vio que André movía una de sus manos para tomar la de ella, rápidamente tomó la tablet para evitar el contacto. Después de lo que había pasado hace tan sólo un rato, sentía que aún no tenía control sobre su cuerpo y si él se acercaba, o la tocaba, corría el riesgo de lanzarse a sus brazos sin importar nada más y no quería lastimarlo; el nadador había sido muy claro, sus sentimientos por ella eran mucho más profundos que una simple atracción y eso la había sorprendido, jamás se había dado cuenta de lo que él sentía por ella –Los calmantes me están haciendo efecto, quisiera dormir- habló tratando de disimular.

-¿Te ayudo a acostarte?- André se puso de pie.

-No- levantó la vista y vio los intensos ojos verdes de su mejor amigo, tragó saliva y habló –Hans me ayudará.

-¿Estás segura de lo que estás diciendo?- preguntó turbado por los celos.

-Sí- se humedeció los labios de forma inconsciente –Hans…- el sueco continuaba pegado a su teléfono -¡Hans!- insistió.

-¿Dime?- Fersen se acercó sonriendo mientras guardaba el celular en el bolsillo de su pantalón.

-¿Me ayudas a acostarme?

-Por supuesto- el equitador se acercó sin complicarse con que André continuara de pie junto a la cama. El nadador permanecía con los puños apretados y sin moverse un centímetro del lugar en el que estaba. El sueco se inclinó y esperó que Oscar se afirmara de su cuello, con facilidad la levantó en sus brazos –¿Me ayudas corriendo las sábanas?- miró al hombre de ojos verdes.

André hizo lo que le indicaron y sin esperar que Fersen depositara a Oscar en la cama salió de la habitación cerrando con fuerza la puerta tras de sí.

-¿Está molesto?- preguntó el equitador mientras quitaba el exceso de cojines de la cama para dejarlos sobre un pequeño sillón que estaba cerca de la ventana.

-Sí… lo está- murmuró Oscar, se apoyó en las almohadas y miró al joven que la había hecho suspirar durante meses, sintió que su enamoramiento comenzaba a desvanecerse –¿Te reconciliaste con Marie?- preguntó con sincera preocupación.

-No… insiste en que no terminará su compromiso con Luis- la miró con tristeza –No quiere entender que su familia en realidad no tiene el poder suficiente para mandar en su vida... No conseguiré nada con seguir hablando con ella a esta hora, insistiré mañana- en un amistoso gesto tomó la mano de Oscar y la besó con cariño –Me voy a dormir, mañana entreno temprano… es la mejor hora para Aura- sonrió.

-Gracias por haberme ayudado- susurró la pentatleta.

-Por nada… para eso están los amigos- tomó las muletas que les habían entregado en la enfermería y las apoyó en la mesa de noche –Recuerda lo que te dijeron, trata de no levantarte... y si lo haces apóyate en esto-. Cuando ella asintió apagó la luz de la mesa de noche y salió de la habitación.

Sola en la recamara, cerró los ojos y se concentró en no pensar en André. Un profundo sueño, ayudado por los calmantes, la atrapó.


El alto deportista de ojos castaño caminó con tranquilidad hacia la sala de entrenamiento de tiro, cuando llegó a la entrada frunció el ceño al ver a la espigada pentatleta ocupando uno de los cubículos. Se colocó junto a ella -¿No se supone que aún estás con reposo médico?

-No puedo continuar en la habitación…- contestó Oscar revisando su arma, la levantó e hizo un tiro. Acertó en la esfera* número 8* de la Diana electrónica.

-Uffff estamos perdiendo la magia rubita… ¿Un 8*?- Alain sonrió y apuntó, su disparo acertó en la esfera* número 9*.

-¿Puedes entrenar en silencio o debo pedir que cambien mi horario para que no me molestes?- habló sin voltear a mirarlo.

-¿Cuantas puntadas te pusieron?- preguntó preocupado. Cuando supo que Oscar se había cortado la planta del pie, se maldijo a si mismo por haber dejado que ella saliera del Natatorio descalza.

-Siete- la rubia apuntó y disparó, acertó en la cruz central de la diana*.

-¿Te duele?

-Sólo cuando hablo…- contestó sonriendo mientras preparaba nuevamente su arma.

Alain sonrió y miró las muletas que estaban apoyadas cerca de ella. –¿Estás segura de que no afectará tu recuperación el andar por todos lados como el Dr. House?

–No entiendo de que hablas, ¿Puedes ser más claro?- Oscar dejó el arma a un lado y lo miró.

-Dr. House, ese médico que era brillante y cojo… Me recuerdas a él- como ella no contestaba insistió –¿Nunca viste la serie?

-No.

-Olvídalo, jamás me vas a entender- Alain tomó su arma y la levantó para apuntar hacia la diana*.

-Acabas de decirme que soy brillante- Oscar sonrió –Intenta explicarme.

-Yo nunca he dicho que seas brillante…- el deportista comenzó a hablar, cuando vio brillar divertidos los ojos de la rubia calló y sonrió, había caído en su broma.

-Todo el mundo vio Dr. House- la pentatleta tomó nuevamente el arma –Incluso yo- la levantó y tiró sin prepararse. Acertó nuevamente en la cruz del centro, exactamente en el mismo lugar que el disparo anterior.

Después de unos minutos Alain habló nuevamente. –¿Aún sigues molesta con André?

-No estoy molesta con él…- su manó tembló levemente y disparó, acertó en la esfera 6*.

-¿Qué pasó entre ustedes?- se atrevió a preguntar, pocas veces tenía la instancia de hablar con ella de forma seria.

-No ha pasado nada.

-Él me contestó lo mismo que tú cuando le pregunté si te había visitado para saber de tu recuperación- se rascó la cabeza en un gesto preocupado –Desde que te conozco jamás has bajado del 8* y acabas de hacer un 6* ahora que lo nombré... puede que no sea brillante como tú, pero tampoco soy tonto- miró la diana* frente a la cual la rubia estaba practicando.

-No insistas en imaginar cosas que no existen- Oscar guardó su arma en la caja, la puso en el bolso y se lo colgó en el hombro –Yo no estoy molesta, él tampoco lo está y no ha pasado nada entre nosotros- tomó las muletas –Gracias por preocuparte por mi salud, pero estoy bien- hizo una mueca que trataba de ser una sonrisa –En un par de días me quitarán los puntos y podré apoyar el pie nuevamente- dio media vuelta para alejarse, antes de dar el primer paso preguntó sin atreverse a voltear nuevamente -¿Cómo le fue a André en las competencias que tenía esta semana?

-Perfecto, podio en ambas.

-¿Primer o Segundo lugar?- fijó la vista hacia el suelo, hablar de él la ponía nerviosa.

-Primero en ambas-. Ella asintió aún dándole la espalda -Oscar…- Alain habló para que se detuviera, cuando la joven volteó a mirarlo continuó –El General… ¿Sigue molesto?

-Está furioso…- contestó –Debí cancelar todos los entrenamientos y competencias por dos semanas al menos.

-Lo siento- la miró apesadumbrado.

-¿Cómo sabes que…?

-Lo escuché gritándote- la interrumpió –No me gustó que te hablará así…

-No te preocupes- sonrió –Fui irresponsable y me merecía todo lo que dijo.

-No, no mereces que nadie te trate así… los accidentes pasan- Alain intentó acercarse a ella.

-Sé cuidarme sola- contestó reaccionando como un animal acorralado, no le gustaba parecer débil frente a los demás. Antes de que el joven de ojos castaños contestara dio media vuelta y salió de la sala.

Alain observó cómo Oscar se alejaba caminando con dificultad, la conocía desde hace cinco años, y ,pese a que siempre había admirado su tesón e inteligencia, no podía terminar de entender, ni aceptar, la armadura que siempre usaba frente a los demás. Era una joven solitaria y de pocos amigos, la única persona que siempre veía cerca de ella era André, se había acostumbrado a verlos juntos en los periodos de descanso entre entrenamientos, ambos siempre sonriendo y acompañándose. Durante la semana transcurrida desde el accidente, había observado como su mejor amigo se mataba entrenando y apenas hablaba durante las comidas o ratos de descanso. Desde el día en que ella se había cortado el pie no los veía juntos.

-o-

-¿Qué haces aquí?- Oscar se acercó a Víctor, el joven la esperaba en la salida del recinto de tiro.

-Vine a buscarte- el esgrimista estiró una mano y tomó la correa del bolso que ella llevaba colgado de un hombro –Fui a tu habitación y no te encontré- movió la cabeza mientras sonreía, sus rizos castaños se despeinaron suavemente –Tiro es lo único que puedes practicar sin apoyar los dos pies- colgó el bolso en uno de sus hombros.

-Muy inteligente de tu parte- contestó comenzando a caminar junto a él -¿No deberías estar entrenando para la competencia de este fin de semana?

-Ya lo hice- sonrió –Esa competencia es sólo un trámite.

-No seas confiado- lo reprendió –Un mínimo error puede cambiar todo un combate.

–Después del torneo te invito a cenar a casa de mis padres- Víctor ignoró su comentario.

-¿A casa de tus padres?- preguntó extrañada, después de unos segundos recordó las advertencias de su hermana mayor –Víctor… no quiero que mal entiendas el carácter de nuestra amistad...

-Mi madre ya invitó a la tuya y ella aceptó- el joven la interrumpió y continuó hablando –Mi labor es llevarte a ti- sonrió confiado –Te he acompañado a eventos de tu familia, no veo por qué tú no puedes hacer lo mismo por mí.

-No es lo mismo.

-Lo es- se colocó frente a ella –Somos amigos y nos apoyamos, eres la mejor esgrimista en tu categoría y me gustaría tenerte acompañándome en la competencia, quiero celebrar contigo mi triunfo y luego ir a cenar con mis padres para demostrarles que lo mío es esto y no el mundo legal-corporativo, para eso está mi padre y mi hermano mayor.

Oscar dudó por unos momentos, estaba plenamente consciente de que Víctor estaba interesado en ella, pero también sabía que él la había acompañado cada vez que ella lo había pedido, suspiró cansada al darse cuenta de su error, sin notarlo había permitido que él se acercara mas de lo que ella quería. –Te acompañaré a la competencia…- levantó el mentón –Pero no iré a cenar con tus padres, no quiero que ellos mal entiendan nuestra amistad- sostuvo su mirada.

-Como quieras- el esgrimista sonrió y continuó caminando junto a ella.

-Espera…- Oscar se detuvo y sacó del bolsillo de su pantalón deportivo su iPhone, buscó el contacto de André y tecleó rápidamente en su whatsapp. "Felicitaciones por tus triunfos"


Oscar aplaudió cuando vio que Victor realizaba a la perfección el movimiento que tantas veces habían practicado. El alto esgrimista ejecutó un bloqueo a las seis seguido de inmediato por una finta, remató en segundos con una doble intención y levantó su florete. Había ganado el combate, era el ultimo del torneo. Mientras esperaba que finalizaran las correspondientes premiaciones, revisó su teléfono, André aún no contestaba su mensaje de felicitaciones. Un suave beso en la mejilla la hizo levantar la vista. -¿Qué haces?- preguntó incomoda ante el cariñoso gesto de Girodelle, el joven la miraba contento sosteniendo su trofeo.

-Te miré durante toda la premiación y no despegaste la vista del teléfono- comentó levemente molesto.

-Víctor…- suspiró incómoda -Vine a ver tu competencia y eso hice…- se puso de pie -He visto muchas veces como recibes un premio, no te molestes porque no te puse la atención que querías- se levantó de la grada en donde estaba sentada -Si no me crees, pregúntame por tu combate... te describiré en detalle todos tus puntos y los errores que cometiste.

-No cometí errores- Girodelle extendió una mano para ayudarla a descender de las gradas.

-Sí lo hiciste- contestó aceptando su ayuda, aún le dolía un poco el pie -Sí tu rival hubiese sido mas hábil habría aprovechado el espacio que dejaste después de la finta del segundo asalto, tardaste un par de segundos en reaccionar.

-Y supongo que de ser tú mi rival, me habrías derrotado- una vez que estuvieron en terreno plano, deslizó la mano de la joven hasta su ante brazo para que ella continuara apoyándose en él.

-Supones bien- Oscar sonrió.

-¿Has hablado con tu padre?- preguntó el esgrimista cambiando de tema.

-No… y no quiero hablar de eso- comenzaron a caminar hasta el estacionamiento -Todo se solucionará cuando vuelva a entrenar, eso es lo que lo tiene nervioso y molesto.

Víctor se acercó a su lujoso automóvil y abrió galantemente la puerta para que la joven subiera. Ninguno de los dos se dio cuenta del Citroën blanco que estaba detenido en el semáforo frente a ellos. Una vez que Girodelle puso en marcha el automóvil Oscar revisó nuevamente su teléfono, no habían noticias de André. Cuando levantó la vista vio que el camino que estaba tomando no era el que los llevaba al Centro de Entrenamiento.

-¿Dónde vamos?- preguntó.

-Vamos a cenar con mis padres y con tu madre...- contestó el joven de ojos felinos sin atreverse a mirarla.

-Te dije que no asistiría a esa cena- lo miró molesta -¡Detén el auto!

-Oscar, no me avergüences por favor- habló concentrándose en el camino -Es sólo una cena- insistió.

-o-

André pestañeó varias veces antes de convencerse de lo que estaba viendo: Oscar caminaba tomada del brazo de Víctor, ambos jóvenes hablaban de manera cómplice y cercana. Cuando el Veyron negro salió del estacionamiento, lo siguió a una distancia prudente esperando que se dirigieran al INSEP, tal y como lo estaba haciendo él. Sintió una puntada en el pecho cuando vio que el automóvil cambiaba de rumbo y tomaba la autopista que conectaba el centro de la ciudad con el sector mas acomodado de París, no necesitó seguirlos para saber que iban a la mansión de la familia Girodelle. Se pasó la mano por el rostro tratando de serenarse.

En el estacionamiento del Centro del Entrenamiento tomó su celular y buscó el contacto de Alain.

-¿Estás en el centro?- envió el mensaje, esperó unos segundos; su amigo contestó casi de inmediato.

-Sí.

-Te invito un trago.

-Mañana entrenas.

-No necesito una niñera, me acompañas o no? Estoy en el estacionamiento.

-Voy… quieres que llame alguna compañía? XD

-Es una buena idea…- no estaba seguro pero necesitaba distraerse.

-Hecho, dame unos minutos y estoy ahí.

Mientras guardaba su celular fijó la vista en las entradas para un concierto de violín que estaban sobre el asiento del copiloto, ese mismo día pensaba ir a pedirle disculpas a Oscar por no haber contestado su mensaje y la invitación a la Filarmónica eran su ofrenda de paz, él era uno de los pocos que conocía la pasión de la pentatleta por aquel instrumento. Muerto de celos, las tomó y arrugándolas en su puño las lanzó fuera del auto.


(*) La diana de tiro con pistola tiene 10 anillos y un círculo central, variando la puntuación de 1 a 10 desde el anillo externo hasta el círculo central (que tiene una cruz). Si un disparo está en el límite de dos anillos se concede el valor más alto.


Lo sientoooooooo falté a mi palabra y actualicé este fic antes que Isabelle, pero prometo que ahora me concentro en él, es un capitulo complicado y de transición así que me ha tomado mas tiempo del que he querido. Les mando un abrazo y ya saben, me quedo aquí casual esperando un review XDDDDDD.

¡GRACIAS POR LEER!