.::La Ley de Murphy (Please Come Back From Me)::.
#PCBFM
Playlist
1.- Come As You Are- Nirvana.
2.- Welcome To My Life- Simple Plan.
Come as you are as you were as I want you to be (Ven como eres, como eras, como yo quiero que seas.)
as a friend as a friend as an old enemy..(Como un amigo, como un amigo, como un viejo enemigo...)
Come as you are- Nirvana.
Chapter 7: Hora de empezar.
BPOV
La oscuridad se cernía sobre mí como la peor de mis pesadillas. No estaba sola, un montón de gente se cernía a mí alrededor de manera salvaje. Yo emitía unos gritos que hasta el mismo diablo escuchó en las profundidades del infierno. Nadie me oía, pero yo sí oía las risas de esas personas no definidas. Eran ras malvadas, de diversión por el dolor de otros… Mi dolor.
En el suelo me retorcía como una serpiente la cual sabe que le queda poco de existencia, pero no por ello deja de luchar para sobrevivir en este mundo que se alimentas del dolor.
Quieres vivir.
Tu instinto grita por ello.
Unas suaves y gélidas manos me recogen del suelo en el que estoy tendida. Es como si de repente me sintiera a salvo.
Con cuidado abro mis ojos para encontrarme con el más bello de los ángeles caídos.
Su piel, era fría y pálida, pero con la dureza del mármol. Su pelo era un nido enmarañado del más bello color cobre. Sus labios parecían suaves y carnosos, sus brazos eran fuerte, me estaban sujetando como si fuera lo mas liviano y sobre la superficie de mi cuerpo sentía sus tonificados músculos en tensión. Era hermoso, pero lo de su espalda lo igualaba.
Un par de grandes y majestuosas alas nacían es su ancha espalda. Eran blancas con reflejos dorados. Su tamaño era admirable, una sola era tan grande como una sábana de cama matrimonial. Con temor rocé una de las plumas, sintiendo como el tacto era cálido y suave como el más exquisito terciopelo.
Su expresión era tranquila y serena, dándome la fortaleza de la cual carecía en esos mismos instantes.
Al estar tan metida en mis pensamientos no me dí cuenta de cómo la hermosa criatura me contemplaba.
Su mirada transmitía la misma frialdad que un témpano de hielo, pero en el fondo una pequeña llama le daba vida, viéndolo hermoso.
-¿Cómo te llamas?-pregunté en un arrebató de valentía.
El misterioso y bello ángel esbozo una sonrisa torcida.
Ya no oía nada a mi alrededor, solo estábamos el y yo. Miré por mi vista periférica que estábamos volando, pero lejos de temer una caída me sentía a salvo, en casa.
-Me llamo Edward.-dijo con una aterciopelada voz que lo hizo más real.
-Eres hermoso.-mi admiración por ese ser era escalofriante. Haría cualquier cosa que me pidiese.
-¿Confías en mí?-me limité a asentir con mi cabeza. Su expresión cambió a una más sombría, pero no me asusto, el era demasiado hermoso para poder temerle.- Decisión incorrecta, Isabella.
Sus brazos dejaron de abrazarme para dejarme caer en aquel oscuro abismo donde estábamos suspendidos. Mi voz había desaparecido y yo solo era capaz de ver como mi ángel me dejaba caer ene se oscuro precipicio con una mirada fría y despreocupada. Yo no le importaba. Fue mi último pensamiento antes de impactar contra un frío suelo.
Me desperté sobresaltada sobre la cama de mi nueva habitación. Mi cuerpo estaba empapado del sudor producido por la terrible pesadilla y por mis mejillas bajaban fuertes corrientes de agua salada, teniendo de origen mis ojos. Miré a mí alrededor desorientada por la pesadilla.
La habitación aún tenía algunas cajas con mis cosas dentro, las cuales habían llegado ayer por correo. El cuarto malva se veía ahora oscuro por la noche que se cernía sobre Miami. Estaba sobre una cama matrimonial que equipaba esa habitación. La habían decorado solo para mí, dado a que antes era un trastero. Habían quitado los trastos, luego pintado y la equiparon. Solo por mí. Tenía un pequeño escritorio en una esquina, un armario demasiado grande para mí, y varios armarios de estanterías para que ampliara mi colección de libros.
Eleazar y Carmen se habían excedido.
Me acodé también de la llamada de Charlie al tercer día de mi llegada. Estaba furioso y preocupado, el no entendía mi repentina marcha del pueblo ni nada de mi aspecto al llegar a casa, cosa que le agradecí más tarde a mi madre. Me suplicó que volviera, pero yo no fui capaz de aceptar. Ambos acabamos llorando y yo con otra parte de mí rota al hacer sufrir a mis padres.
-¿Bella? ¿Estás bien? ¿Bella?- no me dí cuenta de que Tanya me estaba llamando.
De manera rápida sequé las lágrimas de mi cara.
-Sí.-dije con voz temblorosa debido al llanto.
-¿Otra pesadilla?-estaba preocupada.
Me limité a asentir con la cabeza.
-No es nada.-era un mero intento de quitarle importancia.
-Siempre dices lo mismo, Bells, y todas las noches te despiertas a altas horas de la madrugada sudada y gritando a pleno pulmón.- su mirada era comprensiva.
La miré detenidamente. No parecía un familiar mío ni de lejos.
Tanya poseía una larga y hermosa melena rubia rojiza hasta la mitad de su espalda, en forma de perfectos y definidos tirabuzones. Sus ojos, grandes, eran de unos hermosos color ámbar, y su cara tenía forma de corazón. Sus labios eran pequeños pero carnosos y su pómulos era definidos. Su cuerpo no era excepción a la belleza de su rostro. Era de tamaño medio con sinuosas curvas y bien proporcionado, causando que todos los integrantes del género opuesto la desearan. Un mes allí me lo había mostrado a la perfección los estragos que mi prima lograba entre los hombres.
Gracias, a Dios no era una engreída idiota.
Sus notas eran excelentes y era amable y generosa. Diversión podía ser perfectamente su segundo nombre. Yo en mi estado depresivo me reía con sus ocurrencias, no me quería imaginar cuando volviese a ser la Bella de antes. Si algún día volvía a serlo, pues una parte de mí quedó en un pequeño rincón del húmedo y lúgubre Forks.
-Estaré mejor.- era una promesa para mí y para ella que se preocupaba de mí como una hermana.
De cierto modo lo éramos.
-Bella, se que no es bueno esto de la presión, pero yo necesito saber lo que te atormento tanto hasta el punto de irte de tu hogar.-su mirada era suplicante.
Pensé la idea. Ni Renee lo sabía, realmente nadie lo sabía. No me creía lo suficientemente fuerte para hablar del tema, dado que el fuerte dolor en mi pecho estaba presente con mucha fuerza, y no me atrevía a pensar en la posibilidad de regresar en un futuro muy próximo a ese lugar maldito que para mi ahora era Forks.
Miré a Tanya.
Ella de cierto modo merecía saberlo. Era ella al que venía todas las noches a consolarme y aguantaba las lágrimas que derramaban mis ojos algunas tardes a causa del lacerante dolor de mi pecho. Ella aguantaba y esperaba con paciencia a que le contara. En realidad sabía que ella estaba haciendo bien al preguntarme, pues yo misma sabía que si no me presionaban jamás lo contaría.
Suspiré con aire de derrota.
-Te lo contaré.-sus ojos se iluminaron.
-Sí…-era un murmuro.
-Será bueno para ti el desahogarte, te lo prometo.-su mirada era sincera.- Pero antes dúchate y ponte otro pijama, no quiero que mi prima enferme.
-Está bien.-dije con resignación.
-Piensa que mientras te duchas te podrás preparar psicológicamente.-intentaba animarme con si efusividad.
Una tímida sonrisa salió por mi rostro a hurtadillas. Tanya era simplemente genial.
Ella se recostó sobre la cama y empezó a leer un libro que tenía sobre mi mesilla.
-A lo mejor me arrepiento.-no lo haría.
-No lo harás.- seguía concentrada en el libro.-A las 4:30 te quiero aquí.
Eso sonaba a orden.
-Si, Sargento Swan.-ella era la única capaz de animarme mínimamente.
-Así me gusta, que seas un buen soldado.-eso fue lo último que escuché al salir de mi habitación.
Por el espacioso pasillo me dirigí al espacioso baño. Si una palabra describía esa casa era espaciosa. Era una mansión colonial de dos plantas perfectamente restaurada a las afueras de Miami. Estaba situada en una lujosa urbanización.
¿Cómo era esto posible?
Fácil. Mi tío era uno de los mejores cirujanos de Miami y mi tía era una respetada psiquiatra. Ellos se lo podían permitir a la perfección.
Con cuidado abrí el grifo de la ducha para que el agua empezara a calentarse. Empecé a desvestirme delante del espejo de cuerpo entero del baño. La marca en mi brazo eran unos puntos secos que mañana tenía que ir a quitarme al hospital. Mi labio ya estaba prácticamente curado pero mi nariz había quedado con una ligera desviación. Eleazar me recomendó una pequeña operación que me dejaría una hermosa nariz y esa operación se realizaría en menos de una semana.
No me había quedado otro remedió que aceptar. No era solo por estética, pues decía que podía dificultar mi respiración y tener problemas en un futuro con las enfermedades agravándolas.
Me metí debajo del chorro dejando que el líquido de la vida se llevara los problemas que pasaban por mi mente en esos momentos….
Con temor entré en mi habitación para encontrarme a Tanya en la misma posición que cuando salí. Tumbada en mi cama concentrada en el libro de Emily Brontë.
Cuando notó mi presencia en la estancia dejo de manera delicada el libro sobre la mesilla y se sentó para verme. Con un gesto de mano me indicó que me sentará a su lado.
-Venga, cuéntale todo a la tita Tanya, que sabes que no se lo contará a nadie.- cogió mi mano en un gesto tranquilizador.
Su sola presencia lo era.
Con resignación empecé a narrarle mi historia con los Cullen desde su llegada hacía ya tres años. Le contó como la pequeña y enérgica Alice se había ganado su amistad incondicional con sus gestos y acciones hacia ella, como Esme al cuidaba y trataba como otra hija. Le contó como Carlisle le curaba siempre que se hería o se torcía algo, y le regaba que tuviera más cuidado las próximas veces. Le conté como me enamoré desesperadamente de "él" desde la primera vez que lo vi. Con lujos de detalles le narré exactamente la noche donde empezó todo realmente. Como se había roto su Volvo y yo le dí un derechazo en la nariz, como después yo me quemé y el me llevó rápidamente a urgencias, y como ambos dormimos en la misma cama esa noche, como me había arropado a su vera y velado mi sueño, y yo el del. Le conté como después de esa noche nos volvimos inseparables, haciendo todo prácticamente juntos, de vez en cuando con Alice. Le hable de nuestro rincón en el río, de nuestros momentos en la sala de música, de las salidas al cine riéndonos del penoso argumento de lagunas películas de clase B y de la pésima actuación de los actores, como el era mi confesor y yo la suya, claro que eso pensaba yo. Le hablé de cómo nunca le conté de mi escasa practica al piano de pequeña por miedo a que el me pidiera que tocase algo para el, o de cómo me apasionaba verle a el acariciar el piano. Le hablé de nuestras horas de lectura. Le conté todo. Como hace unas semanas me había invitado al baile y yo como tonta enamorada acepté. Como en un momento resacó del bullicio y actúo haciéndome creer que quería besarme. Como mi cara se estampó contra la pared y el estaba en una esquina mirando impasible como el ángel de mis sueños. Le conté como después de eso Victoria, Jessica y Lauren me dieron una pequeña paliza dejándome como estaba actualmente. Le conté como Emmett se añadió de mí y me llevó al médico y luego a casa. Le confesé que huí por temor a volver a verle, como la cobarde que soy.
Todo esto lo hice viendo el movimiento contante de mis temblorosas manos.
Levanté la vista de mis manos para poder observar la reacción de mi prima.
Me asombró.
Lágrimas rodaban por sus mejillas de manera silenciosa.
-Bells, eso es horrible.-se abalanzó a abrazarme.
-Estoy viva.-eso es lo que me repetía siempre para aguantar.
-¡Ese gilipollas se las verá conmigo!-gritó encolerizada saltando de la cama para empezar andar por la habitación como un león enjaulado.-Esto no se va a quedar así, no, no… Nadie te hace sufrir de ese modo y se va de rositas… ¡Y esas guarras! ¡Oh lo que les espera!
-¡No, no, no!- exclame horrorizada, sabía lo que podía salir de esa cabecita.-Nada raro, ¿vale?
-Claro.-mostró una sonrisa esplendida.
No tenía más remedio que creerla.
-Bella, ¿aún no te presenté a ninguna de mis amistades, verdad?-se volvió a sentar a mi lado, ya más calmada.
-No.-dije nerviosa.
No me gustaba sociabilizar.
-Tengo un quinteto que te va a encantar…
Así pasamos esa noche. Hablando de temas triviales de la vida de Tanya, dado que ambas sabíamos que no era buena idea tocar mi vida precisamente. Me paré a reflexionar que en cierto modo Tanya tenía razón. Cuando le conté todo lo sucedido sentí como si un gran peso saliera de encima de mis hombros y parte de la opresión de mi pecho desaparecía. Peor que una parte desapareciera no quería decir que fuera menos doloroso. No se cuando fue exactamente pero en algún momento ambas nos quedamos dormidas sobre la cómoda cama, y ocurrió un milagro.
Por primera vez desde mi llegada a Miami no soñé con el hermoso ángel de cabello cobrizo y ojos verdes…
Al día siguiente acudí al médico.
Me quitaron los puntos del brazo, y ya me adelantaron que me iba a quedar una cicatriz por la profundidad del corte. Era una buena forma de recordarme que no me podía fiar de nadie.
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Los días fueron pasando. Mañana sería la operación y en dos semanas Navidad. Eleazar me aseguró que para tan especiales fechas mi nariz estaría tan bien que no parecería que me hubiesen operado hace dos semanas.
Me senté en el porche sintiendo como mi pálida piel absorbía el sol al ritmo de "Come As You Are" de Nirvana. Esa canción me estaba empezando a identificar, de cierto modo. Era increíble que en plenos invierno pareciera verano. Era algo agradable, pero me pregunté si la gente de esta ciudad no extrañaría el frío y la gélida nieve. Yo de cierto modo la extrañaba, era como si el lugar decidiera cambiarse para esa fecha de paz y amor. Pero ahora que lo pensaba no me gustaba tanto Navidad. Ahora sabía que no era dar amor. Era comprar a los centros comerciales para hacerlos más ricos y nosotros más materialistas y superficiales.
La humanidad daba asco.
Más bien lo ricos lo hacían.
El resto de la tarde me la pasé viendo una película de animación con Tanya para matar el rato y tranquilizarme. Ella sabía perfectamente que estaba nerviosa a más no poder por la operación del día siguiente, pero me tranquilizó con sus bromas y sonrisas llenas de sinceridad…
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Desperté de la anestesia alrededor de las seis de la tarde encontrándome a Carmen, Eleazar y Tanya sobre mí. Me asusté y en ese instante fue cuando noté el dolor de mi nariz.
-Es la mejor nariz que he modificado en mi vida.-dijo Eleazar sonriendo.
-¿Es blandita verdad?-preguntó Tanya como una niña pequeña que pregunta sobre el estado de la plastilina.
-No me refiero a eso…Más bien es… Es mi obra maestra.- Eleazar estaba orgullosos de su trabajo con mi nariz, eso era bueno.
-Estarás preciosa, Bella.-dijo Carmen sonriéndome de manera maternal.
-Ya era preciosa, cariño.-dijo mi tío besando su mejilla.
-Pero aún más.-dijo sonriendo.
-¿Tardará mucho en curar?-pregunté con temor a la reacción de Charlie.
- Yo creo que para la semana ya debería estar perfectamente.-miró los papeles.-Me he fijado que tu piel se regenera muy rápido. Deberías estar contenta por esa maravilla de organismo que tienes.
-¿Gracias?- eso era raro.
Algo vibró en la estancia y Eleazar se disculpó diciendo que tenía que ir a ver a otro paciente.
Me quedé sintiendo como el olor a desinfectante rodeaba el ambiente. La verdad es que siempre había odiado los hospitales.
Los siguientes dos días me los pasé en el hospital, siendo atendida como una reina por mis tíos y Tanya…
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A los dos días antes de Navidad me retiraron el vendaje. Tal y como predijo Eleazar no había ningún rastro de la operación en mi nariz.
Me fijé en mi nueva nariz.
Era pequeña y respingona y hacía que mis pómulos se vieran más definidos, causando que mi rostro se embelleciera ligeramente. De cierto modo no me parecía nada a la Bella que había abandonado el pequeño pueblo abandonado de la mano de dios llamado popularmente Forks.
El mismo día de Navidad vinieron Charlie y Renee. Toda la familia fuimos a recibirles al aeropuerto donde había una masa de gente espectacular.
Era cierto eso de que la gente vuelve a casa por Navidad…
-¡Bella!-Renee me abrazó sin tener en cuenta mis reservas de oxígeno.
-Renee la estás ahogando.-Charlie la regañó.
Me separé de mi madre para ver al jefe.
Estaba tal y como le recordaba. Su cabello negro y rizo tenía unas pequeñas canas por las patillas y su tupido bigote seguía sobre su labio dándole un aire más mayor. Ambos nos vimos a los ojos. Los ojos chocolates de ambos que cruzaron.
-¡Mi niña, estas preciosa!-el grito de Renee nos trajo de vuelta a la realidad.
-No creo.-puse un mechón detrás mi oreja.
-¡Como que no! –Volvió a abrazarme.- Tu tío te dejo una nariz más bonita que la de antes.-susurro en mi oído.
-Mamá…
-¿Charlie no piensas abrazar a tu única hija?- el reproche de Renee hizo que mi padres se sonrojara.
-Claro, estaba esperando a que la soltaras.-sonrío mientras se acercaba para abrazarme.-Mi Bella…-susurró contra mi pelo.
Cuando nos abrazamos un fuerte olor a casa me invadió. El olor a madera con lluvia, ese era el olor de Forks que estaba impregnado en mi padre como si estuviera grabado en su material genético. Su abrazo me reconfortó como nada lo había echo hasta ahora y me acorde de cómo Renee me decía que yo era una niña de papa. Ahora me daba cuenta de que Renee siempre había tenido razón. A pesar de que nunca nos comunicáramos de manera afectuosa, ambos nos queríamos. Nuestro lazo padre e hija era grande…
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Las fiestas las pasamos entre risas y viejas anécdotas familiares. Era agradable saber que nada había cambiado. Durante la estancia de mis padres pude observar el ligero parecido de Charlie y Eleazar. Ambos morenos, con ojos marrones y labios gruesos con una fuerte mandíbula. El resto eran completamente distintos. Charlie era sobre protector y descuidado, Eleazar, era más liberal y cuidadoso. Los regalos fueron magníficos por ambas partes. Mis padres me regalaron un ejemplar antiguo del Drácula de Bram Stoker. Carmen y Eleazar, me regalaron me regalaron una colección nueva de ejemplares de toda la colección de Jane Austen. Tanya me regaló un montón de ropa. Me aseguró que le debía una tarde de compras en un par de semanas.
Temblé de puro horror causando la risa de toda la familia.
Todo el mundo sabía que yo odiaba las compras, eran algo que no me hacía mucha falta y podía sobrevivir bien sin ropa nueva, pues la que tenía estaba en perfectas condiciones de uso, pero claro, eso a mi querida prima no le interesaba…
Año nuevo también lo pasaron en Miami, mientras todos en el salón veíamos la retransmisión desde Nueva York. Era hermoso ver el Times Square lleno de gente que se deseaba un buen año nuevo.
Cuando la última campanada de año nuevo sonó yo pedí mi deseo.
Quería que el dolor de mi pecho desapareciera…
Al día siguiente acompañamos a mis padres al aeropuerto para que regresaran a Forks lo antes posible, dado que Charlie, como jefe de policía, no se podía ausentar mucho tiempo.
Como era de esperarse Renee lloró al despedirse de todos, alegando que amaba Miami con su alma y no quería marchar. Todo reímos por esa locura. Lo que mas me trastocó de toda la despedida fue cuando me separé de Charlie.
-Vuelve, Bells.-su mirada era suplicante.
-Lo siento…
La voz de la azafata les llamo y ambos tuvieron que embarcar de vuelta a casa…
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Los días fueron pasando con una rapidez digna de admirar. El cálido clima de Florida hacía que mi ánimo fuera un poco más alegre y las bromas y compañía de Tanya hacía todo más llevadero.
Tanya se volvió en mi pilar más fuerte durante mi estadía en Miami, ambas hacíamos prácticamente de todo juntas. Ella me hablaba de chicos con los que esperaba tener una noche movida, y de muchos otros que intentaban llamar estrepitosamente su atención.
Era realmente divertido oír los relatos de mi prima.
De vez en cuando le decía que me dejara un rato y que ella aprovechara paras salir de fiesta con sus amigos y amigas. Ella realmente se lo merecía ya por el mero hecho de aguantarme durante toda mi estancia en su casa.
Ellos no se imaginaban como estaba de agradecida hacia su hospitalidad, el acogerme en su casa ni cuando yo misma me quería. Como aguantaban mis pesadillas cada noche, pues las seguía teniendo. El ángel de cabellos cobrizos me atormentaba desde mi subconsciente de manera contante, no dejándome dormir plácidamente. Hasta la fecha, solo hubo un sueño donde no lo tuve presente, y ese sueño fue justo de contarle a Tanya toda la historia.
Ella era la única que realmente sabía la verdad, a parte de los allí presente, claro está. Siempre que tenía una pesadilla, venía a mi habitación y se quedaba a dormir conmigo durante el resto de la velada sin hacer ninguna pregunta, cosa que yo agradecía enormemente. Pero yo sabía que ella conocía mis sueños y pesadillas.
Una de las pocas cosas que me alentaban a seguir era que el dolor en el pecho, cada vez, iba siendo más pequeño, pero seguía manteniendo su potencia ala hora del dolor. Era insoportable ala hora de las pesadillas. Era su momento de apogeo.
Siempre que me despertaba después de las pesadillas, mi pecho dolía como si acabara de vivir los sucesos que me llevaron a abandonar Forks. Peor también instalaban poderosas dudad en mi mente. Como del tipo: ¿Cómo estará? ¿Y Alice?... Alice era algo pendiente que tenía en mi lista de tareas.
Cuando me fui de Forks, me propuse llamarla más adelante, cuando el dolor fuera menor, pero tenía un miedo terrible a llamar por la mínima posibilidad de que "él" cogiera el teléfono. No estaba preparada psicológicamente para oírle hablar, oír esa hermosa voz que me engatuso con sus viles y hermosas palabras para luego hacerme sufrir de la peor de las maneras que nunca conocí. El había sido mi paraíso en la relativa tranquilidad de Forks, pero ahora solo significaba dolor, pena, la muerte de mi roto corazón.
Si oía su voz me volvería derrumbar, y no quería hacerlo de nuevo. Tanya se había esforzado enormemente en mí y yo no quería defraudarla volviendo a mi estado depresivo.
Ahora me encontraba relativamente bien.
El dolor en mi pecho seguía presente, era menor pero con la misma intensidad pero ahora era capaz de sonreír y mirar al mundo con objetividad. Me sentía psicológicamente más madura y ya no tan aniñada como antes. Ahora era capaz de mantener una conversación fluida, dejando de lado los bien utilizados monosílabos y "Aja" que tanto usaba.
Esta era una nueva y decidida Bella que tenía un nuevo reto ante sus narices. Un reto que debía superar sola sin ayuda de nadie, ni siquiera de Tanya. Debía hacerlo dejando atrás mis temores y mí mal sentido de humor, porque un nuevo reto era eso, un nuevo reto, no era una amenaza para que me echara atrás. Era algo que yo tenía el deber se superar.
Mi reto era el primer día de instituto en Miami.
Acudiría a la mejor escuela privada de la zona. Era una escuela que te pedía unas medias de notable para arriba y con no tan buena posición económica para permitírtelo. Era algo que me gustaba de ella. Era privada, y muy buena, pero no por ello excluía a la gente con menos recursos económicos.
-¡Bella baja o te voy a buscar por los pelos!-el grito de Tanya hizo temblar la estructura de la casa.
¡Mima! Lo que me esperaba si no me daba prisa.
-¡Ya voy!-grité mirándome por última vez ene l espejo.
Llevaba unas Converses negras con unos shorts del mismo color. En la parte de arriba una camiseta blanca con emoticones dibujados. La camiseta era una talla más grande que yo, pero era cómoda. Rápidamente cogí de encima de la cama, la chaqueta vaquera por si refrescaba, cosa que dudaba.
En mi mes de estancia había observado como el clima de Miami era siempre cálido, invitándote sutilmente ano hacer nada durante todo el día. Tomé la mochila desgastada en mis manos con todo lo necesario para el primer día de clase.
Bajé rápidamente las escaleras y tome una manzana para llevar mientras me bebía a correr un baso de leche con cola Cao.
-¿Solo desayunas eso, Bella?-preguntó Carmen frunciendo el ceño ligeramente.
-Sí, no quiero que tu hija me saque la cabeza.-sonrió levemente.
-Suerte en tu primer día.- me abrazó pasándome parte de la tranquilidad que emanaba.
-Gracias, Carmen.-le dije poniendo bien las cosas.
-Buena suerte, Bella.-Eleazar escogió lo mismo que yo para desayunar.
-Gracias.-sonreí.
-¿Solo eso, Eleazar? Eres médico, deberías saber que la comida más importante es el desayuno.-le reprocho Carmen.
-Lo sé perfectamente, cariño, pero llego tarde y ya compraré algo en la cafetería del hospital.-se despidieron con un rápido y casto beso en los labios.
Hizo que mi marchito corazón se emblandeciera por la escena. Eran adorables.
-¡Isabella Marie Swan baja ya!-era Tanya gritándome desde el garaje.
Me despedí de Carmen con un gesto de cabeza y me fue corriendo hacía el garaje. Allí me esperaba Tanya apoyada en su Audi gris mientras revisaba su correo.
Se veía muy guapa con un ajustado shor vaquero, unas sandalias negras, y una blusa celeste que dejaba ver un poco de su plano vientre. Su pelo estaba recogido en una perfecta coleta y sus ojos ocultos detrás de unas gafas de sol último modelo.
-Ya estoy.-dije sonriéndole.
-Ya era hora.-me devolvió la sonrisa.
Ambas nos subimos al coche y nos encaminamos para el instituto donde sería el nuevo juguete de los chicos. Sería la chica nueva que no tiene amigo pero es prima de la perfecta Tanya Swan.
Gemí por el día que se me avecinaba.
-No es tan malo.-dijo Tanya.
-Tu no eres la nueva.-dije mirando mis pies.
-No dejaré que te hagan nada.-me aseguró sin apartar la vista de la carretera.
-No es eso lo que me preocupa, si no el hecho de ser otra vez la comidilla de la gente.-mis manos temblaban.
-Quien diga algo de ti se las verá conmigo.-esbozó una sonrisa torcida.
-No quiero que te tengas que preocupar por mí.
-Es un placer estar contigo… A demás, hoy te presentaré al quinteto.- su sonrisa se hizo más amplia.
-Me das miedo.-no pude evitar sonreír.
-Haces bien…
El resto del trayecto lo pasamos en un como silencio que era roto por los acordes de Simple Plan al ritmo de "Welcome To My Life".
Tanya estacionó el Audi en el aparcamiento del instituto. Salí del coche para prácticamente caerme de culo.
¡Era un instituto norme!
De echo después del impacto inicial pensé que Tanya se había confundido y nos había traído a la Universidad, pero no, era le centro.
Tenía enormes cristalera y estaba cubierto de piedra, dándole un toque elegante y distinguido. Luego, por lo poco que veía, tenía hermosos jardines rodeándolo estando estés perfectamente cuidados.
-¿Bella? ¿Bella Swan?- una voz a mis espaldas me llamó.
Me giré para encontrarme aun chico alto musculoso con rasgos de indio nativo americanos. Su piel tenía un ligero toque rojizo y sus ojos eran marrones que iban a juego con su pelo corto y negro.
Me quede a cuadros.
-¡Jacob!- sus brazos me envolvieron en un potente abrazó de oso.
-¿Qué haces aquí?-preguntó con una blanca sonrisa.
Esa pregunta me entristeció por un momento.
-Estudiar.-respondí velozmente- ¿Y tu?
-Lo mismo.
-¿Sabes que los anabolizantes son malos?-le pregunté a modo de broma.
Estaba enorme en comparación de cuando dejó Forks.
-Esto es genética, Bella.- se mostraba divertido.
-Tienes suerte.-dije encogiéndome de hombros.
-¡Vamos, Jake!-le llamó un castaño a lo lejos.
-¡Ya voy, Mark!-le respondió- Te tengo que dejar para hacer el papeleo del fin de la beca, Bella.
.-Pero…
-Espero verte más tarde, Bells.
Se despidió de mí como cunado lo hizo en Forks hace cinco años. Con un beso en la frente.
Mientras se iba se despidió con un gesto de mano al cual correspondí.
-No pierdes el tiempo, ¿eh?-preguntó Tanya poniéndose a mi lado.
Noté como la sangre se agolpaba velozmente alrededor de mi cara.
-No sé que te refieres.
-Jake es un buen chico. Me gusta.-sentenció dándose la vuelta para sentarse en un banco.
-No es lo que te piensas.-dije mientras me sentaba a su lado.
-Nunca es lo que yo pienso.-puso lo ojos en blanco.
-En este caso no.-mis manos en ese instante eran de lo más interesante.- Jake es un viejo amigo de Forks.-expliqué.
-Comprendo…
Miré como alrededor de mis pies se apreció una enorme sombra producida por un grupo de personas.
Ante mí se encontraban cuatro rubios y un moreno. Dos rubias y dos rubios más bien.
-Hola.-dijo uno de los rubios.
-Hola, James.-dijo Tanya efusivamente.
¿Quiénes eran?
-Tanya, ¿nos puedes presentar a esta encantadora joven?-preguntó el otro rubio de manera educada y con caballerosidad haciendo que la sangre volviera a mis mejillas.
-¡Claro! Ella es mi prima Bella.-Tanya estaba en su salsa.- Bella te presento a Kate Denali.-señalo a la rubia con larga cabellera de reflejos rojizos y unos hermosas ojos verdes.
-Encantada.-la susodicha me dio un beso en la mejilla.
-El es Garret Pace, el novio de Kate.-señaló al moreno de ojos azules.
-Un placer, Bella.-esté se decantó por un abrazo.
-Este es James Witherdale.-señalo al rubio que nos señalo. Era alto musculoso y su pelo era corto y era poseedor unos profundos ojos azules.
-Encantado, Bella.-me dio un beso en la mejilla, haciendo que me sonrojara-Tranquila, soy homosexual.-dijo como su fuera algo de lo más normal.
Esa actitud me gusto haciéndome sonreír.
-Bien y estos dos son Jasper y Rosalie Hale…
Sí, soy mala por dejarlo justo en el momento Hale. Bueno es la primera aparición de muchos personajes importantes en este fic, como el caso de Tanya, Jacob, Rosalie y Jasper, sinceramente decidme que os ha parecido cada uno. Otra cosa mas, es que quería pedir perdón por no actualizarlo la semana pasada, pero tenía ganas de hacer algo distinto y subí un OneShot con mi primer leemon, al parecer a la gente le gusta.
Os quería agradecer enormemente el echo de leer cada semana de este fic y dejar reviews. Gracias a Gigi TheBest Cullen, Bety MOchis D Black, jennyteamedward, LoCkIa y aurorhex, y también a todos los favoritos y seguidores.
Y por último decirte que Jazzy (YasminaRG), este capitulo no has tenido adelanto en clase y me encanta que llames a Victoria Verónica hahahaha, controla vien el teclado antes de enviar la review ;p
Con todo esto, muchas gracias por leer.
Besos, Lau.
