G de Gasto.

Dante se asustó cuando el primer signo de putrefacción apareció.

Acababa de despertar después de un largo sueño, entre sábanas de seda y almohadones de plumas, sintiéndose como una reina renacida. Y sonrió ante el pensamiento, sabiéndose un ser perfecto por encima de toda la humanidad.

Se estiró sobre aquel lecho, disfrutando del movimiento de los fibrosos músculos tensándose bajo la blanca piel, del vaivén rítmico de su pecho firme con cada inspiración, de la suavidad de las hebras negras descansando sobre su frente. La extasiaba tanto el reconocerse joven nuevamente, tan hermosa y espléndida.

Después de un momento decidió levantarse y caminar hasta el tocador, retornando a una rutina que había abandonado cuando comenzó a envejecer. El reflejo de su rostro aún somnoliento le atrapó al instante y se detuvo allí, encantada con lo que veía. Y es que el sol matutino entraba por el ventanal que había detrás del mueble, bañándola a ella con una suave capa de hilos de oro, dotándola de un brillo que la hacía lucir inalcanzable para el mundo en que estaba.

Maravillada bajo el escrutinio de sus ojos ambiciosos, Dante se proclamó una diosa.

Y fue justo allí cuando lo notó. Una irregularidad que había aparecido para arruinar la belleza de su imagen. Justo sobre el pliegue del codo derecho, una mancha púrpura sobresalía de la manga corta de su camisón.

―No es posible ―sentenció antes de comenzar a rascar la zona coloreada, buscando desembarazarse de ella y de su significado. Sin embargo, la sensibilidad de la carne pronto cedió ante el ataque de sus uñas y una herida putrefacta emergió para su tortura.

No tenía forma alguna de negar lo que le sucedía porque aquello era el símbolo de que su parte terrenal comenzaba a morirse.

Pero no lo entendía, ¿por qué le pasaba estado ahora? Si había cambiado al cuerpo de Lyra hacía unos tres días, extinguiendo en el proceso lo último que le quedaba de la piedra filosofal. ¿Cómo era posible que ya se estuviera gastando? ¿¡Cómo!?

Ella misma había calculado que las manchas no surgirían hasta dentro de un mes de la transferencia de alma, cuando la nueva piedra ya hubiera sido creada y estuviera bajo su poder. Pero esto… ¡No tenía explicación para lo que le pasaba!

―Orgullo. Tengo que llamar a Orgullo.

Y abandonó la habitación botando todo lo que se hallaba a su paso, dominada por el miedo y la frustración. No tendrían de otra más que de adelantar los planes. Precisaba de los poderes de la piedra pero ya.