Odio ser repetitiva pero lamento la demora, estuve a punto de perder los capítulos que llevaba adaptados pero afortunadamente conseguí recuperarlos. Como sea, los dejo sin antes recordarles que esto no me pertenece, es una ADAPTACIÓN todo el crédito es para Ruth Gogoll, su maravillosa autora.

Los dejo leer con tranquilidad y... ¡Que fluya la locura!


Séptimo Capítulo.

— ¿Tú? —Apartó la mirada del árbol que llevaba rato contemplando y se volvió hacia mí.

Bueno, vale, seguramente yo no había nacido para taxista pero, en cualquier caso, Emma me observó con incredulidad. —Sí, yo. Tengo un coche. Y además, por muy difícil que resulte de creer, lo tengo aquí.

Me observó con frialdad.

—No quiero que te desvíes por mi culpa.

¿Desviarme? Ah, claro, Emma no lo sabía...

—Vivo muy cerca de su casa, en la esquina, si se refiere a eso —le expliqué. Era obvio que quería irse a casa, así que no valía la pena perder el tiempo con alguna otra proposición.

—Tengo el coche allí. —Insistí señalando con el brazo un Mercedes Benz negro que estaba a la izquierda y empecé a caminar sin esperar su respuesta.

Cuando abrí la puerta del conductor, eché un vistazo por encima del hombro y vi a Emma a tres pasos de distancia. Rodeé mi carro y abrí la otra puerta. Emma me miró y me sonrió con amabilidad.

—Qué galante —comentó.

Por lo menos, parecía que empezaba a tomarme en serio otra vez. Cerré la puerta rápidamente una vez ella se hubo sentado. Cuando subí al coche, me di cuenta de que al hacerle la oferta de llevarla se me había olvidado prestar atención a dos aspectos: uno, la inevitable proximidad física dentro de un coche; y dos, su magnetismo erótico. Puse la marcha atrás y me comporté como si nada, pero el corazón me latía en la garganta. Pensé en todos los ardientes besos de despedida que a lo largo de mi vida había dado en el interior de coches, y me pregunté si Emma Swan también me obsequiaría con uno.

Para poder retroceder, tuve que poner el brazo sobre el respaldo de su asiento. Traté de no tocarla, pero noté cómo me invadía el calor de su cuerpo. Menos mal que el trayecto no era muy largo. Conduje concentrada por completo en la sinuosa carretera que atravesaba los bosques de la ladera de la montaña. Todo estaba muy tranquilo y oscuro. Sólo los faros del coche iluminaban la noche, frente a nosotras.

Cuando ya casi habíamos llegado, ella se aclaró la garganta.

—Creo que tengo que explicarte algo —dijo.

—No tiene que explicarme nada. —Quería mostrarme indiferente, para mantener la distancia. Si se me acercaba un poco, me lanzaría sobre ella.

—Ya lo sé. —Al parecer, había llegado a una conclusión, aunque no le resultaba fácil—. Como te he dicho antes, salgo muy poco Regina. De vez en cuando voy a Granny´s, cuando... Pero nunca en un lugar público —prosiguió, sin haber terminado la frase—. Así que, para empezar, jamás tendría que haber aceptado tu invitación. —Por lo menos, eso explicaba por qué le había costado tanto decidirse. Pensé que aquello era todo lo que quería decir, pero después añadió algo más—. Pero eres tan tozuda... —Sentí su sonrisa, aunque no podía mirarla porque tenía que concentrarme en la carretera.

Acabábamos de entrar en la ciudad y circulábamos por una calle relativamente recta. Frente a nosotras había otro restaurante. En realidad, aquella era una zona turística.

—Por favor, para aquí —dijo.

Probablemente, se había dado cuenta de que prefería recorrer a pie el resto del camino antes que abrirse un poco más conmigo. Era bastante difícil entenderla. Encontré un sitio para aparcar y me detuve. Esperaba que Emma saliera del coche, pero no se movió. No me atrevía a mirarla, pero la necesidad de tocarla crecía en mi interior. Haciendo un gran esfuerzo, me dediqué a mirar a través del parabrisas, al tiempo que apretaba los dientes. «Oh, qué más da —me dije—. Puede irse cuando quiera».

—Me gustaría besarle, señorita Swan —dije, contemplando el reflejo de los faros frente a mí. De repente, vi su mano junto al volante. Un instante después, apagó los faros.

—Pues hazlo —dijo. Me quedé paralizada. Me rozó levemente la pierna, apenas un instante, al apartar la mano del volante, y noté cómo me ardía la piel donde Emma me había tocado.

— ¿Me creerá si le digo que ese no es el motivo por el cual la invité a salir? —dije, volviéndome hacia ella.

—No —en su voz aún se detectaba el rastro de una sonrisa—, pero da igual.

¡A mí no me daba igual! Pero su proximidad anuló por completo mi autocontrol. Me incliné sobre ella y busqué su garganta con los labios. Emma apoyó una mano en mi hombro y lo acarició muy despacio. Mientras saboreaba la textura sedosa de su piel, deslicé poco a poco la mano hasta encontrar su pecho. Ella gimió en voz baja. Busqué su boca y me di cuenta de que me estaba esperando. Nuestras lenguas se encontraron y Emma me abrazó; me atrajo tanto como pudo. Después apartó un brazo y tanteó en busca de la palanca para reclinar el asiento. Dejé de besarla de inmediato.

—No pretenderá... —dije—. ¿Aquí?

— ¿Por qué no? —Seguramente, lo hacía en esas condiciones mucho más a menudo que yo. A mí me parecía de lo más incómodo. Aún notaba en los labios el calor de sus besos y supuse que ella tenía recursos más que suficientes para hacerme olvidar dónde nos hallábamos. Al mismo tiempo, me di cuenta de que no me había creído. Volví a sentarme en mi asiento.

—En serio, este no es el motivo por el cual te invité a salir —refunfuñé, mientras ponía el coche en marcha. Antes de que ella pudiera reaccionar, estábamos ya circulando de nuevo por la calle.

—Eso Regina ni tú te lo crees —contestó.

Tenía razón, pero yo no estaba dispuesta a admitirlo. En lugar de eso, lo que hice fue tratar de averiguar algo más sobre ella.

— ¿Por qué no me cree, Swan? ¿Por qué piensa que lo único que quiere la gente es acostarse con usted? —No sabía muy bien adónde pretendía llegar con esas preguntas, pero al menos servirían para distraerme de mis pensamientos lujuriosos.

—Porque es la verdad —dijo con una calma y una naturalidad espantosas.

Si realmente estaba convencida de lo que decía... ¿qué efecto debía de tener eso en su autoestima, o en su concepción de la vida? Me habría sentido más tranquila si hubiera tenido la impresión de que lo que decía hacía referencia únicamente a sus clientas. En ese caso, su afirmación habría estado plenamente justificada, pero a mí me sonó como una observación acerca de todas sus relaciones y no sólo las profesionales. Por eso me resultó tan preocupante.

Desvié la vista de la carretera unos instantes para mirarla.

—Es una mujer muy deseable, de eso no me cabe ninguna duda —afirmé finalmente—, pero también posee otras cualidades.

Soltó una breve y sonora carcajada.

— ¿Ah, sí? ¿Cuáles? —me pilló totalmente por sorpresa.

—. ¿Lo ves? —dijo—. A ti tampoco se te ocurre ninguna.

Por un lado, parecía complacida, pues yo acababa de demostrar lo que ella sabía perfectamente. Por el otro, en su diagnóstico se detectaba cierta resignación. Tal vez en cierta manera Emma había deseado que yo fuera capaz de mostrarle una alternativa que ella pudiera tener en cuenta, pero había fracasado.

—Eso es una tontería, aún no la conozco. —protesté.

—Bueno. No te preocupes. —Estaba tan desilusionada que me invadió una profunda emoción. Sin embargo, mi espíritu luchador salió a relucir.

—Pues la verdad es que me gustaría preocuparme, señorita Swan. —le expliqué, muy despacio.

Era consciente del riesgo que suponía acercarme tanto, pues podía sentirse incómoda. Soltó otra carcajada irónica.

— ¿Por qué? —me preguntó, en tono de desdén.

—Porque creo que vale la pena.

No dijo nada y yo no pude sacar ninguna conclusión de su reacción, excepto que no me había contestado. Seguí conduciendo en silencio a través de la oscuridad, me habría encantado mirarla, pero tenía que seguir prestando atención a la carretera. Al cabo de poco tiempo, llegamos a las cercanías de su apartamento. Encontré un sitio para aparcar justo delante de la entrada de la calle peatonal.

—Bueno —dije, mientras apagaba el motor—. Lo siento, señora, pero no puedo acercar más el vehículo, porque es una zona peatonal —bromeé para evitar permanecer allí sentada y tener que soportar aquel espantoso silencio.

Como ella no dijo nada y tampoco parecía tener intención alguna de salir del coche, volví a intentarlo—. Tienen unas costumbres muy misteriosas a la hora de llevarse los vehículos no autorizados —me estremecí—, como por ejemplo la Tortura de la Grúa.

— ¿Por qué haces esto? —me preguntó.

Ahora que no estaba conduciendo, me di cuenta de que ella tenía la cabeza baja. No levantó la vista, ni siquiera para responder a mi comentario. En realidad, no sabía muy bien a qué se refería Emma.

— ¿Qué quieres decir?

—Tú también me dejarás algún día — dijo, en voz baja.

La conocía tan poco, sabía tan poco acerca de ella, que cualquier destello fugaz de su forma de ser era como un viaje hacia la oscuridad del universo. La verdad es que todo aquello apuntaba hacia una gran catástrofe. Y lo único que podía hacer era tratar de ahuyentar el miedo.

Emma permaneció inmóvil.

— ¿Quieres... —la voz se me estaba empezando a poner ronca, así que tuve que aclararme la garganta— quieres que nos quedemos aquí fuera?

Se sobresaltó ligeramente, como si acabara de despertarse de un sueño.

—No, no, claro que no. Discúlpame, por favor. Estoy segura de que quieres irte a casa.

No estaba tan segura. Más bien todo lo contrario. Emma se volvió hacia la puerta y la abrió. Yo salí a toda prisa y rodeé el coche.

—Ah —dijo ella, con cara de asombro—. Se me había olvidado lo galante que eres. —Sonrió discretamente.

—Más que galante, bien educada. Esto no tiene ningún mérito.

Se recostó en el coche y me miró. Con uno de sus característicos movimientos sutiles, se apartó del coche, se acercó a mí y sentí, de repente, la necesidad de huir. Puro instinto, como los animales salvajes, pero demasiado tarde porque Emma ya se había dejado caer sobre mí y noté la suavidad de sus pechos, la irresistible presión de su cuerpo contra el mío.

—Da igual, a mí me gusta —me susurró al oído—. Hacía mucho tiempo que no me trataban tan bien. "Señorita Swan"… No es la forma en la que suelen llamarme, aunque preferiría que me dijeras Emma y que me tutees.

La rodeé con mis brazos y Emma se acurrucó aún más contra mi cuerpo.

—Ven conmigo, Regina Mills —jadeó, junto a mí oído. Aún no estaba dispuesta a admitir que aquel era el final que había soñado para la noche y estaba segura de que Emma deseaba justo lo contrario. Sin embargo, ella era capaz de leerme la mente—. Te creo —me susurró, con una dulzura increíble.

Y yo deseaba creer que Emma me creía. Me aparté suavemente de ella y cerré el coche.

Emma ya estaba junto a la puerta de entrada del edificio, a pocos metros de mí. Mientras esperábamos el ascensor, me puso una mano en la nuca y me besó de forma provocativa. Sus labios rozaron los míos fugazmente, apenas los acarició con la punta de la lengua. Antes de que yo tuviera tiempo de separarlos para proseguir con el beso, ya se había apartado de mí.

—Oh, es usted muy mala Emma —protesté.

Me obsequió con una risa seductora.

—Lo sé, es parte de mi encanto. —Contestó de buen humor. — ¿Qué te dije sobre tutearme?

Cuando llegamos a su apartamento, dio unos cuantos pasos hacia el interior y luego se volvió para mirarme.

—Me gustaría cambiarme de ropa y ponerme algo más cómodo. ¿Te importa?

Fue como si de repente se hubiera alzado un muro entre nosotras. Pero... ¿es que yo era tonta o qué? Tendría que habérmelo imaginado. En cuanto entraba en aquella habitación todo lo que tuviera que ver con el sexo, para ella era sólo trabajo.

— ¿Por qué me preguntas eso? — repliqué tratando de mantener el buen humor y enfatizando que no la había tratado de usted. —. ¿Qué más da lo que yo diga, qué tiene que ver con lo que finalmente decidas hacer?

Aunque esa noche ella ya había aprendido unas cuantas cosas sobre mí que no acababan de encajar con su patrón habitual, parecía dispuesta a seguir adelante con la misma rutina de siempre. En cualquier caso, me observó como si mi reacción la hubiera pillado con la guardia baja.

— ¿Prefieres que me quede como estoy?

¡Otra vez no! En parte, ese era el motivo de todos nuestros problemas.

Llevaba un encantador vestido veraniego que hacía un conjunto perfecto con sus ojos —sí, ahora ya lo sabía— grises. Sin embargo, que se lo quitara o se lo dejara puesto, que se pusiera otra cosa o no... Bueno, no era yo quien debía decidirlo.

—No me ha escuchado —afirmé.

—Sí que te he escuchado. —Estaba visiblemente nerviosa, aunque hacía esfuerzos por mantener el control—. Pero no me lo estás poniendo fácil.

—. Me gustaría que las cosas fueran distintas.

— ¿Y qué es lo que quieres, entonces Regina? — Ahora parecía bastante enfadada, tal vez incluso muy cansada, aunque no era muy tarde. Quién sabe cómo le había ido la semana. Suavicé un poco el tono de mi voz, pero después recordé qué clase de actividades podían haber causado ese estrés y mis buenos modales desaparecieron de nuevo.

—Esa es una buena pregunta, y la verdad es que me la he hecho muchas veces. Si supiera la respuesta, probablemente ahora no estaría aquí.

Se acercó al sofá y dejó caer el bolso. Se volvió a medias hacia mí y me observó de reojo.

—Muy bien —dijo. Se sentó en el sofá y cruzó las piernas—. ¿Y ahora qué?

—Me gustaría mantener una conversación —dije con tanta naturalidad que parecía como si en ningún momento hubiese deseado otra cosa.

—Una conversación. —Musitó incrédula.

— ¿Tan extraño es?

No me contestó inmediatamente.

—Un poco sí —dijo por fin.

—Lo cual nos lleva de nuevo al tema de antes —contesté, en tono alegre.

Pero en realidad me sentía mal. Emma se había rodeado de un muro alto e impenetrable, en el cual no había ninguna grieta que me permitiese entrever su yo interior.

— ¿Al tema de antes? —dijo, arrugando la frente.

—Ajá. Desde el principio, ha pensado que esta cita era bastante rara. Y al parecer, en algún momento también ha pensado que yo misma soy rara.

—Tienes razón. En algún momento lo he pensado. —Me obsequió una sonrisa seductora.

— ¿Por qué cree que la he invitado a salir, Emma?


Bueno chicas, aún más acercamientos ...en este punto el libro deja de centrarse en el sexo mientras ellas se acercan, aunque no se preocupen pronto tendremos más acción Swanqueen.

Quiero agradecer especialmente a:

Franchiulla: Era una clienta :D y bueno le recordó a Emma sobre su trabajo y todas sabemos que eso hace que Emma se cierre en banda. Espero haber resuelto el misterio aunque tengo la sensación de que muchas estaban dándole bastante importancia a la misteriosa mujer, me sumo a esa mayoría pero aquí entre nos. si van a haber clientas importantes en la trama, sólo que más adelante. Espero te haya gustado, un saludo.

Karlhaestrada: Sip, como venía diciendo lamento si las hice creer que esta clienta en particular era importante, pero ya ves que es solo una clienta más. Me alegra que te haya gustado el fic y no te preocupes, estoy segura de que está buena taxista va a cambiarle la vida a nuestra Emma. Un saludo.

Love Girl: xD lo de la mujer bueno, como dije anteriormente no es realmente importante..pero por ahora vamos a ver más Swanqueen, en algunos capítulos más empezaremos a descubrir más de Emma y también tendrán sus momentos. Espero te haya gustado, un saludo.

geralove: Es un placer adaptarla :) No te preocupes, a mi tampoco me llamo mucho la atención hasta que empecé a leerla y entonces no pude parar. Definitivamente es algo que te impacta, supongo que siempre hay historias increíbles detrás de personas a las que no consideramos fuera de lo común. Emma ha tenido que pasar por mucho, no voy adelantar nada pero es algo que se percibe por como se comporta con Regina, porque lamentablemente sólo Regina ha querido algo con Emma más allá de una noche de sexo y eso nos deja mucho que pensar sobre como ha sido su vida. Admito que no sé sobre libros tanto como quisiera, y de Ruth Gogoll he leído apenas dos historias (que me han enamorado) pero tu solo dime sobre lo que quieres leer y te prometo que sacaré lo mejor de mi repertorio de recomendaciones. Todo depende de lo que estés buscando. Un saludo.

Muchas gracias a todos por leer.

Hasta la próxima.

Enteramente suya,

AnotherCrazyUser