Capítulo 7. La llegada a Kaishan
La mirada de Grulla devolvió el ánimo antes caído de sus compañeros. Todo esto hizo que el desprecio que sentían por los chacales se convirtiera en odio, y a la mente de todos llegó un solo pensamiento: la próxima vez que los encontraran no serían tan clementes. No los dejarían escapar.
Tigresa puso su mano en el hombro de Po, y con voz cálida le dijo:
―Vamos, falta poco para llegar al palacio.
Reconfortado por estas palabras dichas con una calidez poco común en ella, el panda la siguió en silencio, seguido por los demás. Las horas pasaron lentamente, hasta que el alba llegó.
Los maestros de kung fu nunca habían corrido tan rápido, pero no se percataban de eso porque ni siquiera les pasaba por la mente. Deseaban llegar y ver a Víbora sonriente otra vez, y con el tiempo suficiente para estropear el plan de Fenghuang. Con ansias devoraban el camino con la mirada mientras avanzaban levantando polvo y quebrando las hojas secas. Entonces empezaron a encontrar árboles con hojas color naranja que sutilmente se mezclaban con los de hojas verdes. Luego aparecieron los de hojas amarillas y azules. Los de hojas verdes se fueron quedando atrás, hasta que solo quedaron los árboles de colores ardientes como si el sol los hubiera quemado, o alegres, como si las flores les hubieran regalado sus vivos colores. Entre todo ese arcoíris vieron escondido a lo lejos una edificación de paredes café y columnas rojas. No era uno solo, porque tenía varios techos en los que cada uno tenía levantada hacia arriba las cuatro esquinas, como las antiguas construcciones chinas.
―¡Es el palacio! ―dijo Po visiblemente emocionado. Luego sintió un estremecimiento en todo el cuerpo porque había roto un silencio que se había prolongado por horas. Sin darle importancia a esa sensación abrió el mapa, y se dio cuenta de que el símbolo de la flor de loto era el palacio.
Cuando llegaron a la entrada, vieron a dos pumas jóvenes armados con gruesas lanzas, que hacían juego con su armadura. Eran una cabeza más bajos que Tigresa, y también más delgados. Ambos les miraron con el ceño fruncido, pero cuando vieron a Tigresa se quedaron pasmados, luego se miraron entre sí y se dijeron unas palabras que nadie más que ellos escuchó. Para la felina no pasó desapercibida tanta expectación.
―¿Qué es lo que desean? ―dijo uno tratando de ocultar sus nervios.
―Somos maestros de kung fu del palacio de Jade, necesitamos hablar con el gobernador, ¡está en peligro! ―dijo Po intranquilo―. El maestro Shifu, que dirige el palacio nos dio esta carta, aquí explica todo ―concluyó mientras mostraba la carta.
―Esperen aquí ―dijo el guardia. Luego entró en el palacio. Unos minutos después regresó―. Pasen, el gobernador Fai Wu los espera.
El otro puma abrió las grandes puertas de reja metálica. Cuando los guerreros entraron no vieron una explanada de ladrillo como era común ver en otros palacios. Lo que había era un pasillo no muy ancho, que en ambos costados tenía hermosos jardines con flores de todos los tamaños y colores. Sus aromas se unían creando un perfume nuevo, embriagador, que podía sosegar al más irritado. Al final del pasillo se encontraban varias habitaciones amplias, unidas por pasillos bajo techo. Por la principal se accedía a través de una gran puerta protegida por un guardia que daba fin al camino rodeado por los jardines. El guardia abrió la puerta cuando los maestros estaban cerca.
Al entrar se toparon con un amplio salón en el que su pared izquierda era sustituida por amplios ventanales que daban vista a una explanada cubierta por la hierba y frondosos árboles. Las demás paredes estaban tapizadas de rojo vino, decoradas por pintorescos cuadros, el piso era de mármol, igual a todo el que habían visto hasta el momento, y las columnas eran doradas, parecían hechas de oro. Al fondo se hallaba un trono dorado como las columnas. Su constitución era sencilla, ya que su única decoración estaba en la cabecera, en la que tenía gravadas figuras de felinos feroces gruñendo entrecruzados. El gobernador estaba sentado allí, y cuando vio entrar a los maestros se puso de pie y se encaminó a encontrarles. También él se estremeció al ver a Tigresa, pero como anteponía los modales a las emociones, trató de no incomodarla con su mirada de asombro, así que hizo como que nada le pasaba, y dijo afablemente:
―Bienvenidos al palacio de Kaishan, maestros. Sé a qué han venido, y al verlos también sé a quién esperan encontrar aquí. La maestra Víbora se encuentra bien, está descansando en la enfermería en compañía del maestro Grulla ―dijo el gobernador con una sonrisa. La sorpresa y la alegría invadieron a los recién llegados.
En efecto, cuando Grulla llegó al palacio cansado y conmocionado por la situación de su amiga, Fai, amable y compasivo, de inmediato llamó a sus médicos y atendieron prontamente a la reptil. Cuando vio que mejoraba su salud, el gobernador le hizo preguntas al ave sobre su procedencia y la razón del envenenamiento de Víbora, cuestionamientos que Grulla contestó sin dudar.
―Señor, ¿podemos verlos? ―preguntó Po con toda la seriedad y preocupación del caso.
―Por supuesto, yo los llevaré ―contestó Fai. Salieron por donde habían entrado, y se encaminaron hacia la derecha, atravesaron un corto camino de ladrillo, y luego entraron en la habitación en la que descansaba Víbora. Grulla estaba a su lado, y cuando la puerta se abrió y sus compañeros entraron, les sonrió con la sonrisa de los que ven sus sueños cumplidos. Rodearon la cama y vieron a la reptil todavía con la mirada cansada, pero verde otra vez, y con una leve sonrisa que era como una llama al corazón de todos, que le correspondieron aliviados. Estaban rebosantes de alegría, pero mantuvieron la calma por el bienestar de su amiga.
―Aún no puede hablar ―explicó Grulla.
―Me alegra ver que estás bien ―dijo Tigresa acercándose a su amiga.
―Sí, has vuelto a ser verde ―dijo Mantis riendo.
―¿Cuándo volverá a hablar? ―preguntó Po a Grulla.
―Dicen los médicos que en tres días, y en una semana podrá andar ―contestó Grulla. Le era imposible ocultar su alegría.
Un criado llegó hasta la puerta y desde allí dijo:
―Señor gobernador, el señor Lung ha regresado de su entrenamiento en las Planicies Borrascosas.
―Señores, debo retirarme ―dijo Fai a los maestros después de dar una señal afirmativa al criado―, en breve regresaré.
Todos bajaron la cabeza en señal de respeto y afirmación. Y así, el gobernador salió y dio un suspiro de desgano porque imaginaba la cara de fastidio que tendría su hijo.
Al salir vio a Lung que caminaba dando grandes zancadas con los puños cerrados. Estaba notablemente irritado y sudoroso. Entró a su habitación, que estaba detrás del salón del trono, y tiró la puerta al cerrarla. Jing con seriedad pasó por el pasillo principal poco después, y echó de ver a Fai a la puerta del salón del trono, esperando con una expresión neutra. Ella bajó la mirada, porque deducía que Fai estaba enojado con ella.
―Maestra Jing ―saludó Fai inclinándose.
―Señor gobernador ―contestó ella también con una reverencia. Le preocupaba la expresión seria del puma.
―¿Ha sido de provecho el viaje?
―Sí, señor, a pesar de que se ve enojado, Lung ha tenido progresos ―contestó Jing imperceptiblemente nerviosa.
―No veo resultados en él.
Se percibía la tristeza en la voz del gobernador.
―Con el tiempo aprenderá a ser más disciplinado, señor ―dijo la oveja con una leve sonrisa, tratando de animarlo, y contenta de saber que el puma no estaba molesto.
―Empiezo a creer que no será posible reformarlo ―dijo Fai cabizbajo.
―No pierda la fe, señor ―dijo Jing―, solo hay que tener paciencia y esperanza. Estoy segura de que podrá ser un gran maestro de kung fu, y también un noble gobernador ―Fai sonrió―, pero es posible que lleve años lograr que lo sea.
Esas palabras volvieron a abatirlo, pero de inmediato consideró que una posibilidad es mejor que nada, y que sería peor que dejara el entrenamiento.
―Esperaré, creeré en sus palabras, maestra ―dijo Fai con su motivación renovada.
Jing asintió, satisfecha porque había logrado devolverle la esperanza.
―Cambiando de tema ―dijo Fai―, hay un asunto importante que debo hablar con usted y Lung aquí en el salón. Pero como acaban de llegar desde tan lejos les concedo el resto del día. Mañana al salir el sol les esperaré ―. Llamó a un criado que estaba cerca de allí, y le dijo que avisara a Lung de la reunión del día siguiente. De inmediato el criado cumplió su orden.
―Ya puede retirarse a descansar, maestra ―dijo Fai compasivo.
―Gracias, señor ―contestó Jing con una sonrisa. Luego hizo una reverencia y se retiró a su habitación, que estaba detrás de la habitación ubicada a la izquierda del salón del trono.
Continuará...
Notas:
Holis! Como les a ido? Ya entraron a clases? Yo si, es que entro la primer semana de enero. Poquitas vacaciones, sí, que mal ._.
Viendo reviews me fijé que GeraldCullenBlack me preguntó si los tigres y el padre biológico de Po tienen relación. Eso es lo que me gusta de las historias con varios personajes, ver cómo se relacionan entre sí. Así que a su tiempo se va a ir viendo todo eso :)
Que Grulla no sea malo con Po? Ok, Jeffersongongora, creo que yo soy la que he sido mala con él, pero pobresito, ya me da mucha tristeza, que otros sufran, él no jeje.
Había ideado esta versión como algo alterno? Vieras que no, la verdad no había pensado en eso, sino creo que me haría un rollo tremendo xD Gracias por ser paciente, Escarcha 13 :3
Te agrada Jing? oh, Llink, ella es tan curiosa xD No sale mucho, pero cada uno tiene su parte en la historia :) Que pena, me acordé que era Ligh Resurrection que escribe la de Bolt, me perdonas por semejante confusión?
TiPo? O/O buenoo Llink, soy gran fan del TiPo :D En su momento pasará. Gracias por los reviews y seguir la historia, amigo. Te estremeció la historia de Fenghuang? Vaya, los inicios de los villanos son impactantes, eh? ._.
Muchas gracias por dejarme reviews, los quiero mucho, mucho :D Y por cierto, he corregido detalles de los capítulos anteriores, especialmente EL CAPÍTULO 4. Sería genial que lo lean de nuevo para ver qué les parece como quedó porque ese en especial cambió bastante.
Eso es todo por ahora, hasta la próxima!
