Hola amores. Les dejamos un nuevo capítulo escrito con mucho mucho amor. espero que les guste!

Dejen sus reviews :)


Capítulo 7

Las clases siguientes pasaron bastante rápido para ambos, Damon ajeno por completo del mundo exterior siguió mensajeándose con Elena, las cosas iban bastante bien, esa pequeña crisis los había hecho más fuertes, y se retrasó mientras recogía sus últimas cosas para escribirle un nuevo mensaje.

"Amor, cuántos caminos hasta llegar a un beso, ¡qué soledad errante hasta tu compañía!" -D

Elena sonrió como una tonta al leer aquel mensaje. Reconoció al instante el autor de esas palabras y, mientras caminaba por los pasillos desiertos saliendo de la escuela, sonrió como una idiota enamorada. Rápida e inteligente, como la mejor alumna de literatura que era, envió su respuesta.

Pablo Neruda, ¿creías que no lo iba a reconocer? -E

A Elena no le llevó más de dos segundos encontrar una cita perfecta con la que responderle y sonrió mientras tecleaba en su móvil las palabras.

"Por una mirada, un mundo;

por una sonrisa, un cielo;

por un beso... ¡Yo no sé

qué te diera por un beso!" -E

"Bécquer otra vez" respondió Damon instantáneamente. "Te quiero más que nadie, nena" -D

"No seas tonto. Yo te quiero más"-E

"Lo dudo"-D

"Sí, porque yo te quiero por doble. Te queremos más"-E

Tras ese mensaje, el cual tuvo que leer varias veces, se quedó sin respuesta. Él, que siempre tenía palabras bellas para decir, ya sea propias o ajenas, él que le decía siempre las cosas más hermosas que ella jamás podría escuchar, se había quedado sin palabras. Era tan tierno ver esos momentos, como su amor había crecido de tal forma que ambos podían incluir a esa cosita tan pequeña, que aún ni siquiera tenía forma, en sus vidas, un fruto de su amor, acarició con cariño la pantalla, como si con eso estuviera rozando el vientre plano de la chica.

Iba a teclear la respuesta cuando notó la presencia de alguien más detrás suyo, justo cuando apagó el aparato un brazo le rodeó por el hombro de modo amistoso. Ric le sonreía de oreja a oreja.

-Tío amo cuando pones esa sonrisa de enamorado, ¿quién es la afortunada? -le picó, apretando con un poco más de fuerza el agarre.

-Ric, ¿estás celoso?

-Colega no empecemos con eso, pero digo yo, que tendrás que presentarla en sociedad.

-Claro su majestad -bromeó siguiéndole el juego, ambos salieron al estacionamiento, buscaron con la mirada a Meredith que los esperaba pacientemente delante del auto del moreno. Ric golpeó con la mano en la cabeza a Damon y salió corriendo en dirección a su novia, Damon soltó un bufido e hizo exactamente lo mismo; mientras Alaric se refugiaba en el interior del coche, Damon alcanzaba a Mer.

-Me ha pegado-le aclaró como si no fuese evidente, la chica, con una sonrisa resplandeciente, negó con la cabeza, eran un par de críos.

-No vais a cambiar nunca, ¿verdad? -Damon hizo como si se estuviese pensando la respuesta, colocó el dedo índice en la barbilla, dándose unos pequeños golpecitos.

-No, mmm, creo que no, ¡y bájate de mi coche Ric!

-¿Y a esto le puedes llamar coche?

-¡Eso si que no! -abrió la puerta del copiloto- ¡Baja de ahí! No se le insulta y lo sabes.

-¿Ves Mer? Hablaba por teléfono con su "auto"-Damon le agarró del brazo y tiró de él, Ric se agarró en lo que pudo mientras su novia reía a carcajadas disfrutando del espectáculo.

-¡Basta ya chicos, que seguimos en el instituto! -se acercó a ellos- ¿No vas a casa a cambiarte, amor?

-No, voy directo a lo de Damon -sonrió Ric acomodándose en el asiento del copiloto.

-Vale, yo voy a cambiarme y a soltar unas cosas -se acercó a su novio y le dio un tierno beso en los labios, a Damon le revolvió el pelo- Adiós bebés.

-Me encanta -dijo Damon y se dio la vuelta para entrar por el otro lado- Amo que habléis y decidáis por mi sin contar con mi opinión.

-Ya la conoces… -se puso el cinturón.

-Dirás -miró por el espejo retrovisor y arrancó- Que ya os conozco.

Los dos chicos llegaron al apartamento del moreno entre risas y bromas, mientras comentaban el partido, que había sido el tema predilecto para todo el instituo, llegaron al cuarto de Damon y soltaron allí las cosas, justo en ese momento el timbre sonó, Damon recibió un nuevo mensaje, dejó que Ric fuese a abrir excusándose en tener que preparar algo para picar. Mientras se dirigía para la cocina miró el mensaje.

"Ya que no respondes, y no, no estoy enfadada, te mando un regalito"-E

Con el mensaje había una imagen adjunta, se la descargó comprobando que se trataba de ella tumbada en el sofá de su casa rodeada de apuntes y con una bolsita de ositos de gominola en la mano. Con el dedo de su mano libre señalaba un tomo de poesía moderna que estaban viendo en clases. Damon sonrió como un tonto, deseando más que nada estar allí con ella en ese momento, quizás acurrucados en una manta molestándola con "inocentes" besos o caricias que no le permitirían hacer su tarea.

"¿Quién te hace estudiar un día como hoy?"-D

"Un profesor bastante mono"-E

"¿A sí? ¿Debería estar celoso?"-D

"No, o tal vez sí...porque...me recita poemas a mi solita"-E

Damon soltó una carcajada, iba a contestar al mensaje cuando entraron sus amigos riendo y muy acaramelados con unas bolsas en la mano, el chico se guardó el teléfono y se quedó observándolos apoyado en la encimera, ojalá él pudiera tener eso con Elena, una quedada entre amigos para ver unas pelis o simplemente para charlar. Cualquier cosa, no tener que callarse u ocultar el teléfono, le gustaría que esto no estuviese mal para los ojos de los demás.

-Ey, le he dicho a Mer…-empezó Ric- ¿Colega estás bien?

-¿Qué? Si perdona -volvió a la realidad y ayudó a sus amigos a preparar las cervezas y los aperitivos, mientras Ric le relataba lo que le había dicho a su novia, se sentaron juntos en la salita con la televisión, Damon se recostó en el suelo apoyando la cabeza en el sofá en el que estaban sentados sus amigos-nada de cosas raras, que mi mente tiene que estar pura.

-Pobrecito nuestro bebé- Meredith le revolvió, por segunda vez en el día, el pelo, el chico apartó la cabeza y volvió, o fingió volver a peinarse- Necesitas conseguirte una novia Damon -declaró risueña.

Al escuchar ese comentario, a Ric se le iluminó la cara recordando el instante en que había entrado al aula y se había encontrado con Damon mirando su celular con gesto de enamorado.

-Creo que tiene a alguien escondida por ahí y no quiere decirnos -le pinchó Ric empujándolo con sus rodillas.

-No sé de qué hablan -se hizo el tonto- Que ustedes sean una asquerosa máquina de derrochar amor no significa que el resto del mundo quiera ser tan cursi…

-No puedes engañarnos Salvatore, no a nosotros. Sabes que tarde o temprano descubriremos la verdad.

Damon se aclaró la garganta algo asustado por la intensidad de aquel comentario y negó con la cabeza intentando quitarse esos pensamientos de la mente, no había razón para ponerse nervioso. Ric y Mer no tenían modo de saber nada de lo suyo con Elena.

-¿Qué vamos a ver? -preguntó incómodo para cambiar el tema.

-No sé cualquier cosa…

-¿Qué tal si vemos…? -Ric se levantó del sofá y cogió su bolsa rebuscando algo dentro de ella- Hoy le he puesto a los de cuarto esta película, y está bastante bien, es "Amén" del director Constantin Costa-Gavras, es francesa y está buenísima, de la época del nazismo…

Mer y Damon se miraron cómplices y mientras Alaric relataba el argumento de la película y no sé qué historias sobre el protagonista, la pareja que seguía en el sofá empezó a lanzarle cojines a Ric, el aludido los esquivó como pudo y se lanzó a por ellos.

-¡Cojones! Esto no se vale -tenía una bandeja como escudo- Es un peliculón.

-Si del año…¿2001? -se burló Damon.

-2002, animal.

-Ya, es que lo mío no es la historia… prefiero algo más divertido -sonrió guiñándole un ojo con una mueca chistosa.

-Ya, claro que la literatura no tiene nada que ver, ¿verdad? Tío que te leiste Lo que el viento se llevó estando en el instituto -contraatacó- ¿Cuántas veces te has leído a Scarlette?

-Las que haga falta -se cruzó de brazos y frunció en ceño como un niño pequeño. Meredith sonrió divertida pensando que solo le faltaba sacar la lengua para parecer un niño de dos años.

-Ya, ¿sabes Mer? Admiraba a la protagonista, ¿verdad Damon?

-¡Eso es secreto capullo! -le lanzó una palomita, Meredith empezó a reírse a carcajadas, e incluso a patalear como si aún fuesen críos- Mira, se le ha ido a la pinza a tu novia.

-Ok, ¿qué queréis ver? Tengo más -puso el pen en la televisión mostrándoles el repertorio de películas que tenía, diferentes idiomas, inglés, francés, búlgaro, y de diferente temática: la Gran Guerra, Chernóbil, la Paz Armada...

-Cualquier cosa que se entienda, elijan ustedes… -dijo con una sonrisa el chico- Voy un momento al baño -Damon salió del salón escuchando de fondo a sus amigos comentar las películas, llegó hasta el cuarto de baño y se sentó en el retrete, cogió el teléfono, no tenía ningún mensaje de Elena pero es que no podía resistirse a no hablar con ella.

Creo que voy a tener palabras muy serias con ese profesor-D

Elena se distrajo inmediatamente de su estudio al escuchar su móvil vibrar y dejó en un segundo el libro que estaba leyendo para leer el mensaje de Damon. Sonrió como una tonta al hacerlo y respondió sin hacerse esperar ni un segundo.

Jajaja, muy gracioso -E

De vuelta en su casa, Damon casi pudo escuchar las risas de campanas de Elena, anhelando por sobre todas las cosas estar con ella en esos momentos.

¿Qué haces, nena? -D

Como respuesta, Elena le mandó una fotografía de la tapa del libro que estaba leyendo. Era una vieja edición de Orgullo y Prejuicio que él se había comprado en sus épocas de facultad y en la que había hecho algunas anotaciones sobre los márgenes. Era el libro favorito de la chica, que lo tenía desde hacía bastante tiempo, cuando aún ni siquiera se habían confesado sus sentimientos, y desde entonces lo había leído una y otra vez miles de veces.

Damon recordó inmediatamente lo dulce y hermosa que le parecía Elena aún cuando su relación todavía era completamente platónica y no eran más que profesor y alumna, no le hizo falta ningún esfuerzo para recordar la cita favorita de Elena, una que él ya le había dicho en otro momento bastante distante de su propia historia de amor.

Le dijo Darcy un día a Elizabeth: "En vano he luchado. No quiero hacerlo más. Mis sentimientos no pueden contenerse. Permítame usted que le manifieste cuan ardientemente la admiro y la amo" -D

Elena suspiró sintiendo como se le erizaba la piel ante el simple recuerdo de Damon recitando aquellas palabras en su oído, recordó ese momento con perfecta claridad y sintió como sus ojos brillaban de la emoción al hacerlo.

También recuerdo la primera vez que tú usaste esas palabras para mí. Te amo -E

Yo también, nena, yo también. ¿No deberías estar estudiando? -D

Elena rió ante la contestación y apartó el libro a medio leer un momento para concentrarse en la conversación.

No te preocupes, creo que tengo controlado a mi profe ;) -E

¿Ah sí..? Y dime, ¿qué más hace ese profesor? -D

La aplicación le indicaba que la chica estaba escribiendo, aunque seguramente la mitad de lo que escribía no le llegaría, no era la primera vez que ambos dudaban en que escribirse, con una sonrisa boba esperó pacientemente a que la chica decidiese qué palabras eran las adecuadas.

Hoy he almorzado con él -E

Oh, ¿y eso es legal? -D

No creo que tenga nada de malo comer -E

Ya, ya, ¿y entre bocado y bocado…? -D

Que curioso estás… -E

Pero no respondes -D

¿Qué quieres que te diga? ¿que me abrazó? ¿qué me besó como nadie lo había hecho antes? -E

-¿Damon? -la voz de Ric le sacó de su burbuja, murmurando algo inaudible y nada bonito sobre su amigo, se levantó del retrete y tiró de la cisterna, a punto estuvo de que el móvil se le cayera, por lo que en un intento de evitar la catástrofe mundial tiró gran parte del arsenal del baño: el jabón, la maquinilla de afeitar y la caja de las medicinas sufrieron daños colaterales.

-¡Mierda!

-¡Damon! -empezó a golpear la puerta del baño.

-¡Que ya voy! -recogió las cosas como pudo teniendo que tirar a la basura los restos de una colonia bastante cara que se había hecho añicos en el suelo, Meredith también empezó a llamar a Damon preocupada, el chico, al ver los nervios de sus amigos abrió la puerta- Calmaos ya.

-¿Qué está pasando?-entró como pudo Ric, viendo el desastre montado en el baño.

-¿Qué tienes en la mano?-Meredith le señaló temblorosa la cajita de calmantes, Damon las miró sin comprender, la morena se las quitó de las manos- ¿Qué estabas haciendo?

-¿Os hago un gráfico detallado de lo que se hace en un váter? ¿¡me habláis en serio!?

-¿Y todo este desastre?-comentó Ric de muy mal humor, no le estaba gustando para nada la actitud de su amigo, y si ahora se le añadía el desastre del baño la cosa empeoraba por momentos.

-He tropezado-puso los ojos en blanco-luego lo recojo, ¿habéis elegido película?

Meredith le lanzó una mirada acusatoria a Ric, ninguno de los dos había reaccionado bien, y Damon había respondido de la forma que respondería cualquier persona: a la defensiva, la chica miró una última vez el desastre, encontrándose el teléfono de su amigo en lavabo, lo recogió.

-No me gusta esto-le aclaró Ric, como si no fuese sido suficiente el espectáculo de hace unos segundos-voy al salón, ¿vienes?

-Si-se quedó mirando la pantalla en negro del móvil-ve yendo, voy a recoger esto un poco.

Ric asintió desapareciendo por la puerta, Meredith miró su reflejo por el espejo, recordando tiempos pasados, rememorando un día muy similar a este, aunque las circunstancias eran mucho peores, se llevó una mano a la cabeza, ojalá estuviera equivocada, ojalá Damon no esté haciendo una locura de nuevo, no tendría sentido, ¿cierto?

Estaba a punto de recoger la loción para afeitar cuando Damon entró como un torbellino mirando para todos lados, cogió el teléfono de las manos de la chica, ambos se observaron unos segundos por distintos motivos, Damon temiendo ser descubierto, Meredith buscando respuestas. Y sin decir nada, Damon tomó el aparatito y salió del baño dejando a su amiga aún más confundida.

La tarde pasó bastante bien después de ese momento, ninguno comentó nada al respecto, y tampoco hablaron sobre nada importante, Damon se despidió de ellos con un abrazo y unas bromas, vio como sus amigos se iban en el coche de la chica, no esperó hasta estar seguro de su salida para poder dejarse caer en su habitación cansado.

Había estado a punto de que Meredith viera la pantalla de su móvil, y todo saliese a la luz, porque la chica ya sabía del embarazo de Elena era cuestión de segundos que atase lo demás si veía la foto, ¿por qué no podía tener, simplemente, el apoyo de sus amigos? Si hablaba por lo menos las dudas sobre sus miedos quedarían despejadas, pero no podía hacerlo, todo iba a empeorar, eso lo tenía claro.

Se giró hasta alcanzar la mesilla, de allí sacó una cajita, regalo de Elena, ahí adentro tenía sus mayores tesoros, recuerdos, cogió una fotografía, donde Elena dormía usando como única prenda la sábana blanca del hotel, sus cabellos castaños estaban esparcidos por toda la almohada, y lucía tranquila, feliz, cuando se despertó esa noche no pensó en otra cosa que en enmarcar ese momento, ¡y dios lo que daría por tener la cara de la chica por toda su casa! Mejor, tenerla a ella dando tumbos por allí, en la cocina, en la salita, en la entrada, en el baño, en su cama… Daría toda su vida por poder tenerla a su lado a tiempo completo, por no tener que esconderse más. La amaba con locura, y la necesitaba cada vez más. Definitivamente toda esta cuestión del secreto se estaba haciendo cada vez más complicada. Él quería estar ahí, besarla y abrazarla antes de irse a dormir cada día, despertarse con ella a mitad de la noche cuando tuviera una pesadilla o uno de sus locos antojo. Quería ver a su hijo crecer dentro de Elena desde cerca, quería acompañarla en todo ese maravilloso viaje, pero sin embargo allí estaba: extrañándola igual que siempre.

-Te quiero nena -susurró con los labios pegados en la fotografía- No sabes cuanto te quiero -una lágrima traicionera rodó por su mejilla.

Elena seguía sentada en el sillón de su casa más tarde ese mismo día. Ya había dejado de lado lo de hacer sus tareas, era agotador estudiar todo el rato lo mismo, cuando ya estaba más que preparada y había guardado todo pero seguía allí recostada sobre varias almohadas y disfrutando de las líneas de la copia de Orgullo y Prejuicio que Damon le había prestado hacía tanto tiempo ya. Pero más que concentrarse realmente en la novela, Elena leía fascinada aquellos pasajes que Damon había marcado suavemente con un lápiz o las pequeñas acotaciones que hacía en los márgenes o en el espacio libre de las páginas al final de un capítulo.

Tan inmersa estaba en sus palabras, que sin darse cuenta se vio transportada a un momento del pasado, cuando las cosas entre ellos eran tan distintas que le costaba entender cómo era posible que su relación hubiera avanzado tanto en tan poco tiempo.


-Hay dos clases de lectores -dijo Elena muy convencida de sus palabras una mañana cuando, como tantas otras veces, Damon y ella se habían entretenido en alguna discusión sobre literatura a la hora del recreo.

-Interesante, señorita Gilbert -sonrió el profesor reacomodándose en la silla para escucharla más tranquilo- ¿Quiere explicarme eso?

Elena sonrió y se sentó al borde del enorme escritorio de Damon. Sus planes sobre encontrarse con Caroline y el resto de las animadoras en el patio habían quedado olvidados completamente. Una vez más, su profesor favorito había acaparado toda su mente.

-Es muy simple en realidad -comenzó la joven con ese tono de voz apasionado y serio que ponía cuando hablaba de este tipo de cosas- Existen los lectores que tienen una biblioteca llena de libros que se conservan como si aún fueran nuevos y existen los lectores que leen con un lápiz en la otra mano.

Damon rió ante aquella afirmación tan cierta. "Los lectores que leen con un lápiz en la otra mano", repitió Damon en sus pensamientos, alucinado por la facilidad con la que ella había logrado explicar algo tan profundo como esa actitud.

-¿Quiere explayarse? -incitó Damon.

-Supongo que usted me entiende -sonrió la chica con los ojos brillantes- Puedes leer un libro, recorrer las palabras con tus ojos y hacer un camino recto entre la primer mayúscula y el último punto… Como si estuvieras caminando a la hora del amanecer y no apartaras tus ojos del suelo.

Damon asintió ante la profundidad de sus palabras mientras la chica hacía una pausa y tomaba aire antes de continuar.

-O puedes detenerte a disfrutar de esos momentos en que las palabras te erizan la piel. Puedes leer con un lápiz en la mano, cuestionando, agregando palabras, simplemente marcando esas páginas que nunca quieres olvidar. Así como también puedes llegar cinco minutos tarde a donde sea que tengas que ir solo para admirar los colores del amanecer, llegarás tarde, pero serán los mejores cinco minutos gastados…

-¿Así que usted se atrevería a cuestionar las palabras de grandes autores tomándose la libertad de "editar" sus escritos? -desafio Damon sin dejarle ver a la joven si eso le parecía bueno o malo.

-Por supuesto que sí -contestó ella altiva y orgullosa- Yo pertenezco al segundo grupo.

Damon sonrió complacido con la respuesta. Debía confesar que él también pertenecía al segundo grupo.

-¿Y usted? -preguntó Elena sonriente- ¿Se detiene a disfrutar del amanecer?

Damon dudó un segundo antes de hacerlo pero cuando vio de reojo la pequeña edición de bolsillo de Orgullo y Prejuicio que Elena sostenía entre sus apuntes se decidió completamente. De entre sus cosas tomó un viejo libro que ya tenía las esquinas de algunas páginas dobladas por el uso y lo empujó por el escritorio hasta ella.

-Puede comprobarlo usted misma -invitó Damon señalando el libro con sus ojos.

Elena se quedó callada ante aquello, completamente sorprendida por el gesto, y tomó el libro entre sus manos con muchísimo cuidado. Ni siquiera se lo preguntó antes de abrir la tapa completamente alucinada por aquello.

D. S. "Lo imposible solo tarda un poco más" estaba escrito a mano en la primer página en blanco del libro junto a una pequeña mancha de café que la hizo sonreír. Con cuidado, Elena pasó varias páginas descubriendo que la mayoría de los márgenes estaban llenos de anotaciones que ella se moría por leer.

-Creo que eso contesta mi pregunta -sonrió Elena devolviéndole el libro con algo de pena.

-Quédatelo -dijo Damon al ver el rostro de la chica que se iluminó al instante ante esas palabras.

-No… no podría aceptarlo. Es…

-Un préstamo, es un préstamo, señorita Gilbert -concluyó Damon cruzándose de brazos en una obvia negativa a aceptar el libro de vuelta.

-Gra… gracias -tartamudeó Elena y guardó con cuidado el libro en su mochila- Debería irme, es tarde.

Damon miró la hora en su móvil y suspiro, la joven tenía razón, a él también se le hacía tarde, debía ponerse a organizar las cosas para la siguiente clase.

-Que tenga un buen día señorita Gilbert.

-Igualmente, profesor Salvatore -sonrió resplandecientemente la joven y se bajó de un saltito del escritorio para luego abandonar el aula con pasos tranquilos.

Damon respiró profundamente cuando ella se fue… ¿qué tenía esa simple chiquilla que le hacía perder así la noción de las cosas?


Elena, embobada como una nena chica ante ese recuerdo, se mordió el labio inferior, sintiéndose transportada lejos de sus problemas, pero sin darse cuenta, se vio arrastrada fuera de sus recuerdos por el sonido que menos ganas tenía de oír:

-¡Elena, Jeremy! ¡Estoy en casa! -gritó Jenna entrando poco después en la sala con algunas bolsas en sus manos. Elena tragó saliva ruidosamente, no podía vocalizar nada con coherencia, y tenía que hacerlo antes de que su tía viese su nerviosismo.

-Hola -murmuró Elena, sorprendiéndose de su tono de voz y siguió concentrada (o por lo menos lo intentó) en las anotaciones del libro, buscando ahí su refugio.

-Necesito hablar contigo, Elena -dijo Jenna en un tono monótono.

-Ehh… no, no puedo… tengo que… terminar con… la tarea ¡eso! tarea -tartamudeó, empezando a recoger sus cosas para desaparecer de la vista de su tía, pero la mujer no estaba dispuesta en retrasar eso ni un día más, con los brazos en jarra encaró a su sobrina.

-Puede esperar. Tenemos que hablar, Elena.

Ante la firmeza del tono de su tía, la chica no tuvo más que hacer que asentir y marcó el libro en la página que iba leyendo para después dejarlo a un lado. Escuchó atentamente cada uno de los ruidos que hizo Jenna en la cocina mientras dejaba las compras y luego regresaba a la sala, sabía lo que le esperaba: al haberse saltado casi la mitad de las clases, era parte del reglamento de la escuela que se informara por teléfono a su responsable, así que se quedó justo en donde estaba esperando a su tía que a los pocos minutos regresó.

-¿No tienes nada que decirme? -interrogó Jenna parándose frente a Elena con los brazos cruzados.

-¿Sobre… qué? -tartamudeó Elena mirándose las manos.

-Me llamaron de tu escuela hoy, Elena ¡Ya es la segunda vez en la semana!

Elena bajó la cabeza sintiendo su barbilla comenzar a temblar.

-¡Te saltaste la mitad de las clases de la mañana! Fui a tu escuela hoy, jovencita…

Ante eso, la joven abrió los ojos como platos llevándose instintivamente una mano a su vientre en un gesto protector ¿Jenna lo sabría? Si había ido al colegio…

-¿Qué fuiste a hacer al colegio?-soltó, mientras mantenía una mano protectora alrededor de lo que un día sería su bebé.

-¡¿Qué fui a hacer al colegio?! ¡Elena estoy preocupada por tí! -se indignó ante el comportamiento tan defensivo de Elena, la chica nunca se había comportado así nunca, y ella no le iba a consentir que comenzara a hacerlo.

-¡Pues no lo parece! -explotó la chica.

-¿Que no me preocupo por tí? ¡No seas ridícula Elena!-explotó, apartó la vista de su sobrina un segundo, debía controlarse, había prometido que hablaría con la chica, que conseguiría descubrir la verdad, pero llegar a ese punto, y no saber qué hacer le volvía loca, ella no era una madre responsable, era su única ayuda, y Elena no podía reaccionar así, no debía.

-¡Digo la verdad! ¡Lo único que te importa es que la estupida imagen que tengo que dar en ese maldito instituto se mantenga impecable!-las lágrimas empezaban a agolparse violentamente entre sus ojos, amenazando con salir, y dibujar un surco inconfundible en sus mejillas.

-¡Llevas faltando casi a la mitad de las clases de la semana, Elena!

-¡Y tú no te has parado ni dos segundos a intentar escucharme! -se llevó las manos a la cabeza, no quería seguir así, no quería que todo esto tomase ese camino, solo quería desaparecer, olvidarse de todo y de todos, simplemente necesitaba silencio. Algo que estaba claro que su tía no le iba a conceder.

-¡¿Qué no te escucho?! ¿¡Me hablas en serio!? ¡Elena es lo único que intento! ¡Que hablemos! -se acercó a su sobrina, intentando mantener la calma- Solo quiero que hablemos, que me digas en qué puedo ayudarte, ¿no te das cuenta si no me hablas yo…?

-¡Deberías saber que necesito estar sola, Jenna! ¡Necesito...necesito…! ¡Necesito que me creas! ¡Que confíes en mi! ¿¡Tanto te cuesta!?

-No, no...no es que me cueste, siempre he confiado en ti, y es porque confío que no he ido a pedirle explicaciones a nadie más.

-¡No claro que no! -se apartó de su tía- No has ido al colegio a pedir explicaciones, no, solamente te has pasado allí por casualidad.

-¡Jovencita no me hables con ese tono! -le amenazó- Aquí eres mi responsabilidad, ¡eres una niña aún!

-¡Ese es el problema! -se giró bruscamente, las lágrimas ya corrían con toda la libertad por sus mejillas, manchando su rostro de dolor y desesperación, Jenna la miraba sin comprender, e incluso vio en ella un poco de pena. No quería la pena de nadie- ¡No soy una niña! ¡Dejé de serlo hace mucho tiempo!

-¿Qué quieres decir?

Elena negó con la cabeza, limpiándose las lágrimas e intentando alejar cualquier pensamiento estúpido que saliese por su boca, no era el momento ni el lugar para explicarle nada, porque su tía no lo comprendería y seguramente le saliese muy caro contarlo.

Jenna vio las intenciones de su sobrina de huir del problema, y se adelantó colocándose en medio de su camino.

-¡No vas a irte a ningún lado! Y menos vas a dejar esta conversación a medias.

-¿Qué más quieres, Jenna? -le suplicó- ¿Destrozarme del todo? Porque eso es lo único que has hecho.

-¿Q-Qué?

-¡Lo que has oído! ¡Tú, la que dijo que siempre me apoyaría en todo, mi aliada, mi amiga, si, tú me has destrozado la vida! -sollozó, se limpió con la manga los restos de lágrimas- Déjame por favor…

Jenna se apartó inconscientemente un poco de las escaleras, estaba asimilando aún las acusaciones de su sobrina, ella, ¿ella le había hecho daño? ¿cómo? ¿cuándo?

-¡Elena!- la llamó, justo cuando su sobrina se encerró en su cuarto, su tía, no estando dispuesta a dejar esto así la siguió de cerca y empezó a aporrear con fuerza la puerta- ¡Ábreme ahora mismo jovencita! ¡Y explícame lo que se supone que te he hecho! ¡No pongas esto en mi contra, Elena! ¡No me hagas esto!

-¡Tu me lo has hecho primero! -sollozó, su voz se oía lejana y hueca, seguramente estaría abrazada a un cojín o a una almohada- ¡Has elegido el reglamento, y el que dirán por encima de mis sentimientos! ¡Por encima de nuestros sentimientos!

"¿Nuestros?"

-¡Elena! -se hartó, y sin pensarlo mucho se dirigió hasta el otro ala, hacia la habitación de Jeremy, no le gustaba irrumpir en la intimidad de sus sobrinos pero esto era una emergencia, sin pensarlo mucho atravesó el baño, la puerta que comunicaba con la de la chica, estaba encajada, iba a entrar cuando vio a su sobrina abrazaba a su estómago- Elena, solo necesito que hablemos cariño… -entró con cuidado, había visto a Elena demasiado frágil y débil, por lo que decidió entrar con otra estrategia, pero la chica no estaba a la labor de oírla más, de un salto, intentó empujar a su tía fuera de la habitación.

-¿Ahora rompes también esto? ¿Mi intimidad? -sollozó- Por favor Jenna...no puedo más, solo necesito...que confíes un poco más en mi…

-Eso ya me lo has dicho.

-¡Pues parece que no lo has entendido aún!-sollozó con más fuerza, casi derrotada en los brazos de su tía, pero manteniendo la compostura, odiaba esto.

-Cariño si me explicaras…

-¡Deja de hablarme como si fueses mi madre! -le escupió las palabras como dardos envenenados, el rostro de Jenna se desencajó por completo. Ese era el problema. Ella nunca sería como Miranda, nunca había intentado hacerlo, solo había intentado ser la mejor tutora, cuidar de sus sobrinos y ayudarlos. Había fallado en eso,y ahora debía superarlo.- ¡Lárgate!

-¡Si yo no estuviese aquí estarías lejos de Jeremy! ¡Por mi! -se señala así misma- Por mí estáis juntos Jer y tú, si alguien se arruinó la vida, ¡fui yo! ¡maldita sea! -explotó, no queriendo decir esas palabras que no sentía, pero habiéndolas dicho de todos modos. Y aunque le doliese se sintió bien tras decirlas en voz altas.

-Pues ya sabes -murmuró con dolor- Lárgate…

-Tal vez eso es lo que debería hacer, o lo que tendría que haber hecho: irme -Jenna se llevó una mano a la boca, para calmar las ganas tan intensas que tenía de llorar y estallar allí mismo, ¿cómo habían llegado a eso? ¿cómo es que estaban en ese punto de no retorno? Miró a su sobrina, y se miró a sí misma, es como si se estuviese formando una línea invisible entre ellas, como si hubiese una barrera que les impidiese comunicarse, sintiéndose derrotada salió de la habitación no sin antes lanzar una última mirada de soslayo a su sobrina. Las cosas no podían estar terminando así.

Jenna salió de la habitación dejando a Elena de nuevo consumida en lágrimas.

La habitación parecía aún más grande que antes, más grande y más vacía, como si nunca hubiera sido suya, se tocó el vientre, buscando respuestas, cerró los ojos, necesitaba...le necesitaba. Pocas veces la joven se había sentido tan sola y devastada definitivamente había sido demasiado para un solo día y se sentía completamente sobrepasada. Así que sin pensarlo, tomó su teléfono entre dedos temblorosos y llamó a su mejor amiga.

-¿Elena? -contestó rápidamente la rubia, extrañada de que su amiga la hubiera llamado a esa hora.

-Necesito un favor -suplicó ella con la voz quebrada ni siquiera deteniéndose a saludar.

-Si lo que quieres es que interceda por ti con las chicas...

-No. Necesito que me busques, necesito salir de aquí: necesito ver a Damon

-Wow… espera, Elena ¿Qué sucede?

-Hablé con Jenna.

Ante esas palabras, un extraño silencio se hizo hueco en la comunicación mientras Elena sentía como sus ojos se llenaban de lágrimas de nuevo.

-¿Lo sabe? -preguntó Caroline simplemente.

-No… pero estuvo cerca -suspiró- ¿Puedes llevarme?

Caroline lo dudó un poco, pero sentía tanta tristeza en el tono de voz de su amiga que no pudo evitar ceder ante su petición.

-Dame diez minutos y estoy allí.

-Gracias Car… -comentó Elena con un hilo de voz.

Caroline se despidió preocupada por su amiga y Elena reunió todas las fuerzas que le quedaban para guardar en una mochila un poco de ropa, el cargador de su móvil y algunas cosas importantes para pasar la noche fuera. Se sentía débil como pocas veces se había sentido en su vida y notaba como su cuerpo le daba señales de que en pocos segundos estaría a punto de explotar en angustia de nuevo.

Con los labios y las manos temblando por contener el llanto, la joven volvió a tomar su móvil esta vez para enviar un mensaje.

Te necesito ¿Podemos dormir juntos esta noche? -E

Pero evidentemente Damon no tenía cerca su móvil porque la aplicación jamás le avisó que él hubiera visto el mensaje. De todos modos, cuando escuchó el sonido de la bocina de Caroline decidió que iba a ir a verlo igualmente. Su necesidad era demasiado grande como para esperar a que contestara un mensaje.

-Me voy a dormir a lo de Caroline -soltó de sopetón cuando puso un pie en la sala.

Jenna no fue capaz de replicar y se mantuvo en silencio mientras Elena salía de la casa rápidamente, aprovechando su oportunidad antes de que su tía se arrepintiera y en menos de dos minutos estuvo sentada en el asiento de copiloto de su mejor amiga.

-Fue una conversación bastante fea ¿No? -intuyó Caroline mirándola con ojos tristes y Elena asintió- Y no quieres hablar de eso… -volvió a suponer.

-No…

-Está bien -suspiró Caroline- Ahora dime… ¿Dónde es la casa del profesor capullo?

Elena sonrió débilmente ante ese sobrenombre tan tonto y le explicó a su amiga como llegar. Hasta ella misma se sorprendió de que Caroline no hiciera más que unos pocos intentos de tener una conversación y ambas pasaron el viaje en silencio hasta que finalmente Elena le dijo a Caroline que aparcara frente a la casa de Damon.

-Gracias… -murmuró la morena.

-Siempre puedes contar conmigo, Elena -sonrió Caroline- Cuando quieras contarme… ya sabes.

-Te llamo…

-Disfruta de la noche -le deseó sinceramente su amiga, viendo que lo que más necesitaba Elena era un poco de cariño y, aunque a ella misma no le agradaba, sabía que Damon era el único que podría darle exactamente lo que la joven quería- Y descansa tranquila mañana, es sábado así que no tendrán que madrugar.

Elena asintió sintiéndose un poco optimista sobre aquello y se alegró inmensamente de solo pensar que podría despertarse en la cama de Damon sin ninguna presión.


Damon estaba en la sala tomando un vaso de bourbon cuando escuchó dos suaves golpes en su puerta y se sorprendió al no haber estado esperando a nadie. Sin plantearse ponerse la camisa que hace rato se había quitado porque estar frente al fuego de la chimenea le había dado calor se levantó a abrir la puerta descalzo llevándose una enorme sorpresa con lo que encontró al otro lado.

Elena estaba parada frente a la puerta con las mejillas manchadas de lágrimas y una pequeña mochila colgada al hombro. Toda ella temblaba como una hoja y Damon no atinó a reaccionar de ninguna forma antes de que la chica se arrojara a sus brazos llorando suavemente.

-Ey… -susurró Damon en su oído prácticamente haciendo malabares para cerrar la puerta sin soltar a Elena- Que sorpresa, nena -atinó a decir Damon estrechándola suavemente contra su pecho- ¿Qué pasó?

Elena negó con la cabeza despacio y se abrazó aún más fuerte a Damon. Había algo en la cálida piel desnuda de su pecho que le resultaba la mejor medicina para la angustia, algo en la seguridad que sentía ahora que estaba rodeada por sus fuertes brazos… de solo pensar en que la soltara un momento aunque fuera solo para contarle que le pasaba tenía ganas de llorar más fuerte.

-¿Estás bien? -preguntó entonces Damon con voz suplicante.

-Sí… -susurró Elena con voz quebrada abrazándolo cada vez con más fuerza y enterrando su rostro en el cálido hueco entre el hombro y el cuello de su profesor- Voy a estar bien.

Damon asintió más para sí mismo que para ella como para convencerse de que en realidad nada demasiado malo estaba pasando y, al ver que ella no se tranquilizaba decidió levantarla con cuidado entre sus brazos y llevarla suavemente hasta el sofá. Cuando él se sentó aún con la joven en sus brazos, Elena se acurrucó contra su pecho como un gatito asustado mientras le daba pequeños e inocentes besos en la piel descubierta que encontraba a su alcance en un intento de sentirlo más cerca y llenarse de la tranquilidad y la fuerza que estar junto a Damon le generaba.

-Te quiero -murmuró Elena con la voz quebrada- No sé qué haría si no te tuviera…

-Y nunca lo sabrás -prometió Damon acariciando su cabello lentamente- ¿Quieres contarme qué pasó nena?

Elena dio un profundo suspiro antes de incorporarse un poco. Damon sintió una punzada de dolor al verla tan triste y quebrada e instantáneamente copó el rostro de la muchacha con sus manos intentando secar sus lágrimas. Elena cerró los ojos y dejó que él se acercara a sus labios hasta besarla. Fue un beso lento, suave, lleno de todo el amor que ambos se tenían y cuando sus labios se separaron Damon se ocupó de repartir pequeños besos por todo el rostro de su chica que dejó escapar una pequeña sonrisa y luego volvió a su antigua posición apoyando la cabeza en el pecho de Damon que en ningún momento dejó de acariciarla con cuidado.

-Discutí con mi tía -confesó Elena mientras dibujaba pequeños círculos en el pecho de Damon- Se enteró de que me estuve saltando varias clases y… peleamos-Damon se tensó al instante, pensando en la posibilidad de que todo hubiese salido a la luz.

-¿Sabe lo de…

-No, no sabe nada sobre la bebé -se adelantó Elena antes de que él terminara la frase.

Ni bien esa palabra salió de los labios de Elena ambos se miraron a los ojos con un brillo especial, no habían hablado abiertamente de ese tema pero de a poco ambos comenzaban a encontrarse más cómodos y hasta emocionados con esa idea que en un principio parecía tan terrible.

-¿Puedo? -preguntó Damon algo inseguro dirigiendo tímidamente su mano al vientre plano de Elena.

-¿De verdad me estás preguntando eso? -sonrió resplandecientemente la chica y ella misma tomó con cuidado la mano de Damon para colocarla sobre su vientre.

Los ojos de la joven volvieron a llenarse de lágrimas mientras Damon la acariciaba alucinado y la sonrisa se hizo aún más evidente en su rostro.

-Nunca voy a dejar que nadie les haga daño, Elena. Lo prometo.

-Lo sé…

-Estamos juntos, nena. No sé cómo lo haremos pero todo estará bien.

Elena asintió convencida, confiando plenamente en él como siempre hacía. Porque cuando Damon prometía algo, daba igual lo que pasase o los problemas que hubiesen, siempre cumplía con su palabra.

-Y no importa lo que diga tu tía, ni mis compañeros, ni mi jefe ni nadie. Vamos a estar juntos, los tres -sus palabras fueron como un bálsamo, una forma de eliminar todo los malos ratos vividos, ese era el efecto que tenían el uno para el otro, la capacidad de olvidarlo todo estando entre los brazos del otro.

-Te amo -murmuró Elena con la voz completamente quebrada por la emoción y se acercó a Damon hasta que sus labios se unieron en un beso lleno de mil sentimientos indescriptibles.

-¿Te das cuenta de que esa fue la primera caricia que nuestra hija recibe en toda su existencia?-susurró Elena emocionada contra los labios de Damon.

Él sintió su pecho hincharse con la alegría ya que desde que aceptó que se iba a convertir en padre una de las cosas que más pena le daban era que, dada la situación, seguramente se perdería de muchas cosas importantes de Elena y del pequeño que crecía dentro de ella pero el solo hecho de que ella le hiciera parte de un momento tan importante para ambos como ese le hizo sentir más feliz de lo que había estado en muchísimo tiempo.

Pero de repente, Damon repasó la frase en su mente e inmediatamente un detalle llamó su atención:

-¿Dijiste "hija"? -se extrañó, un brillo travieso pasó por los ojos café de la muchacha.

Elena sonrió de manera enigmática acomodándose tranquilamente en brazos de Damon solo que esta vez ambos tenían una mano sobre el vientre de Elena acariciando distraídamente a su bebé.

-Creo que es una niña -admitió Elena tímidamente.

-¿Crees?

-Solo lo sé -se encogió de hombros- La imagino como una niña… ¿Tú?

-No lo sé -admitió Damon acariciando suavemente a Elena allí donde crecía su pequeña- Pero si te imagino a tí haciendo dormir a un bebé sano y hermoso mientras lo arrullas con suaves palabras de las más hermosas que nunca voy a escuchar. Eso es todo lo que sé.

-Tenemos tanta suerte de tenerte… -suspiró Elena y bostezó sin querer.

-¿Estás cansada? ¿Quieres que vayamos a dormir un poco?
-No, no, no -se negó rotundamente la muchacha- No quiero perderme de poder estar juntos sin escondernos aunque sea por un rato ¿Quién sabe cuándo podré volver?

-¿Estás segura? Fue un día… intenso.

-Dímelo a mí -bromeó Elena demostrando la rapidez con la que había comenzado a recuperar su sentido del humor.

-Te diré algo entonces. Tú irás arriba a darte un largo y relajante baño en mi habitación mientras yo preparo algo para que comamos juntos ¿Te parece?

-No tengo hambre -se quejó un poco la chica.

-No mientas. Te hará sentir mejor y te ayudará a reponer energías para no caer dormida en menos de media hora.

Elena lo meditó un poco y terminó cediendo. Se incorporó no muy contenta con la idea de alejarse de Damon y luego se inclinó para darle un beso.

-Gracias -sonrió sinceramente Elena- Gracias por hacerme sentir tan bien, por hacernos tan felices.

-Te amo, nena. Relájate arriba, estaré esperándote.

La chica asintió no muy convencida, pero la idea de que la noche se alargara era una tentación que no podía ignorar así porque sí, así que, con la mejor de sus sonrisas rodeó el cuello del chico y le besó, un beso dulce y pasional.

-Wow…-bromeó él- Creo que me voy a meter contigo en el baño.

-No, no, no -negó con el dedo- Dijiste baño relajante -se encogió de hombros, mientras el chico negaba con una sonrisa en los labios, esa chica… simplemente no podía vivir sin ella.

Damon le guiñó un ojo antes de que la joven desapareciera escaleras arriba rumbo a su habitación.

Tal vez esa noche fuese un regalo, puede que incluso mañana no pudiesen estar mucho rato juntos, y Damon no tenía intención de perder ni un segundo más, iba a hacer de esa noche algo inolvidable, para ambos, para los tres.