Fandom: Glee
Título: Kiss me (goodbye, I'm defying gravity). Parte II
Claim: Blaine Anderson/Kurt Hummel
Personajes: Jeff. Nick. Blaine Anderson. Kurt Hummel. David. Wes. Thad. The Warblers.
Parejas: Nick/Jeff. Pre- Klaine y Klaine.
Tema: #24: Magia
Extensión: 60129 palabras
Advertencias: Spoilers del 2x16 Original Songs. En próximas partes, especulaciones sobre el 2x17 A night of neglect.
Dedicatoria: A michan_kitamura , mi eterna musa, apoyo y compañera. Te quiero, corazón *wink*
Jeff se reía un poco entre dientes mientras observaba el ir y venir de preguntas y respuestas, críticas y halagos, de sus compañeros de coro. La verdad era que toda esa parafernalia lo tenía un poco sin cuidado. No porque no le importara, sino porque llevaba el tiempo suficiente en los Warblers como para saber cómo eran las cosas: Blaine era la niña de los ojos del Concejo, el Concejo volvería a elegirlo una vez más, y Blaine no podría negarse sin provocar una ruptura. Él y la mayoría de los Warblers ya estaban tan acostumbrados al procedimiento que simplemente se sentaban a disfrutar del circo y hacer un poco de bulla. Porque si. Porque a fin de cuentas eran adolescentes y ni Wes con su martillo y sus miradas agrias les podía negar un poco de distensión.
La mayoría de los Warblers estaban acostumbrados, pero no todos, Jeff lo sabía muy bien. Y si alguien formaba parte de la minoría, ese alguien definitivamente era Kurt Hummel. Quizás lo que fallaba era precisamente la parte de acostumbrarse, ya que Kurt no llevaba con ellos tiempo suficiente como para generar una costumbre. Jeff sabía un par de cosas sobre el contratenor, pero solo muy pocas iban más allá de los ojos verde-azules, la piel de porcelana, la voz increíble, los modales amables. Conocía solo muy poco de la mirada triste, el humor ácido, las pesadillas nocturnas, los amores contrariados, pero ese poco era suficiente como para saber que Kurt Hummel estaba recostado en el sillón con la sien apoyada en la palma de la mano y seguramente estaba reproduciendo Rent dentro de su cabeza, porque no había otra manera de explicar que aún no hubiera sacado a relucir los colmillos.
Jeff sabía poco e imaginaba mucho de la relación de Kurt y Blaine en las largas noches en vela con Nick. A primera vista, había pensado que el motivo por el que esos dos no estaban juntos, considerando que cuando se miraban la temperatura de la habitación subía diez grados, era la marcada tendencia de Kurt hacia el dramatismo. Poco a poco, se fue dando cuenta de que Kurt tenía las cosas muy claras, y que a la primera oportunidad había puesto las cartas sobre la mesa y que, por una vez en la vida, el drama venía de parte de Blaine.
Y Jeff tal vez no conocía demasiado sobre su relación, pero, demonios, tenía ojos, y cualquiera con dos dedos de frente podía darse cuenta de que las cosas entre esos dos estaban raras, como tensas. Lo cual no dejaba de ser extraño, ya que él y Nick solían reírse de sus miradas de cachorrito apaleado, y nunca antes había visto a Blaine mirar a alguien con tanto fervor. La noche anterior había intentado hablar sobre eso con Nick (porque, bueno, hablaba con Nick más que con su conciencia), pero al final habían terminado haciendo cualquier cosa menos hablar. Y no, Jeff no se estaba quejando, ni mucho menos, pero sin la visión observadora y detallista de Nick sobre el asunto, sentía que lo único que podía hacer era mirar a uno y a otro, sin poder prever de qué costado vendría el primer pelotazo a esquivar.
No pudo evitar la sonrisa de oreja a oreja cuando Blaine propuso un dueto. Intercambió una mirada rápida con Nick, y supo por el brillo de sus ojos que el moreno lo sabía. El diablo se lleve tu alma, no tengo ni la menor idea de cómo haces para saberlo siempre todo, pero eres fantástico, y por cosas como esta es que me gustas tanto. La propuesta ocasionó el revuelo esperado en la sala. Jeff estaba seguro de que si lo hubiera propuesto él, ya habría saltado alguien a morderle la yugular, pero Blaine era Blaine y Jeff reconocía que en cierta manera se había ganado el derecho a ciertos caprichitos. Tuvo que contener una risita cuando, luego de aprobada la moción, Kurt pidió anotarse en la lista para las audiciones. Fue el único.
- No. Sin audiciones. Quiero cantar este dueto con Kurt.
Ahí estaba. Bien jugado, Anderson. Jeff hubiera jurado que ese fue el pensamiento que cruzo por la mente de todos y cada uno de los Warbler, exceptuando a Kurt y a Blaine. Kurt protestó un poco- Jeff sabía que a medias era sincero, pero que a medias lo hacía por educación. Matarías por ese dueto, Hummel, y todos lo sabemos, así que es inútil intentar ocultarlo. Blaine lo ignoró y sometió la propuesta a votación. A Jeff no le alcanzó el tiempo para alzar su brazo en el aire, y pudo ver que Nick hacía lo mismo. Los Warblers decidieron por unanimidad que Blaine Anderson y Kurt Hummel cantaran un dueto para las regionales, y Jeff estaba tan contento por los dos que creía que hubiera podido dar saltitos. Necesitaba ponerse a dar gritos histéricos con Nick casi tanto como necesitaba respirar. Y hubiera jurado que hasta Wes estaba sonriendo. Esa debía ser una de las siete señales del Apocalipsis.
El Concejo disolvió la reunión, instando a los duetistas a encontrar una canción para el ensayo del día siguiente. Kurt fue el primero en retirarse, murmurando algo inentendible sobre Pavarotti, y Blaine se le fue inmediatamente detrás, con alguna excusa sobre su iPod entre los dientes. Ningún otro Warbler se movió.
- Wesley.- Por supuesto que era David. Nadie más podía llamarlo Wesley sin correr el riesgo de recibir un martillazo en la cabeza.- No estoy diciendo que estoy en desacuerdo con lo que acabamos de hacer, pero quiero saber si eres consciente de que el largo historial de elección de canciones desacertadas de Blaine, sumado al hecho de tener dos hombres haciendo un dueto, pueden costarnos las regionales.
Wes frunció en entrecejo. Jeff hubiera jurado que una brisa fría recorrió la habitación y paralizó la espina dorsal de cada Warbler.
- Fue por eso que dejé que eligiera a Kurt.
- Wes, sabes que Kurt puede cantar como una chica, pero definitivamente no es una chica, y estoy seguro de que los jueces van a notarlo. Casi tan seguro como que él te golpearía si te escuchara hacer esa presunción.
- Oh, déjalo en paz, David.- Jeff hubiera jurado que Thad estaba temblando. Él también hubiera temblado si hubiera estado al lado de Wes mientras sus labios se ponían así de finos.- Tarde o temprano había que hacerlo. Si no aliviábamos pronto la tensión sexual entre esos dos, íbamos a terminar todos suicidándonos.
La sala estalló en risa y murmullos frente a ese comentario, con Wes tratando de negar entre balbuceos que hubiera considerado ese motivo. Por supuesto que nadie le creyó. En medio del alboroto alguien soltó un muy audible: Yo creo que Wes lo hizo porque de esa forma va encabezando la lista de posibles ganadores de la apuesta. Jeff se estaba riendo tanto, mientras pasaba un brazo por detrás de los hombros de Nick, ocupando el lugar que Kurt había dejado vacío, que no escuchó a Wes casi destrozar el martillo de la fuerza con la que lo golpeaba, hasta que David y Thad se las ingeniaron para arrebatárselo de las manos y se dio cuenta que de repente todo se había puesto muy silencioso.
Blaine ya había decidido que canción quería cantar con Kurt si tenía la suerte de que todo saliera según sus planes. Y, como todo había salido según sus planes, se dirigió al aula de informática, a imprimir dos copias de la letra, que no había querido imprimir antes, porque sabía que si alguien llegaba a dar con ellas entre sus cuadernos de clase, no hubiera podido explicarlo. El tiempo consumido en esa acción no explicaba, sin embargo, lo rápido que había "elegido" la canción, así que se quedó paseándose como gato enjaulado delante de la puerta del salón donde sabía que estaba Kurt. No, aún no se hablaban, pero había escuchado a Kurt contarle a Nick que tenía que hacer tiempo luego del ensayo, ya que tenía que encontrarse con alguien en el Lima Bean (Blaine hubiera negado ante cualquiera que quisiera preguntarlo que no, que esa punzada en el medio del pecho no era de traición y de celos, muchas gracias). Y Blaine sabía que ese era el salón favorito de Kurt por las tardes, por la luz y la orientación de las ventanas. Lo demás había sido sumar dos y dos.
Blaine Anderson nunca había sentido tantos nervios y ansiedad en su vida. Solo tienes que entrar, proponerle la canción y ensayar. No es muy distinto a cuando le pediste que te ayudara con "Baby, it's cold outside". Pero era muy distinto, y no solo porque en ese momento Blaine sentía que si Kurt le sonreía el corazón le iba a saltar del pecho en paracaídas. No. Ese sentimiento siempre había estado ahí, dormido, esperando a que Blaine estuviese dispuesto y preparado para expresarlo en palabras. La mayor diferencia radicaba en que Kurt estaba molesto con él, y no quería hablarle, y Blaine tenía miedo de que se tomara como un atrevimiento de su parte el que se las hubiera arreglado para cantar un dueto con él. Por supuesto que había sido un atrevimiento de su parte, pero no había podido evitarlo, y esperaba que Kurt pudiese perdonarlo.
Miró su reloj luego de lo que le había parecido una eternidad, y gimió al darse cuenta de que en realidad solo habían pasado siete minutos. Al demonio. Contaba con que el escaso interés de Kurt por su reloj jugase a su favor, y si el contratenor llegaba a sospechar que tenía la canción elegida de antemano, quizás y eso sólo le facilitase las cosas. Coraje, se susurró a sí mismo, y entró en la habitación.
Los sentimientos de Kurt respecto al dueto eran contradictorios. Por supuesto que hubiera vendido su alma al diablo por tenerlo, pero no así. No así. Kurt había sido criado en la filosofía de New Directions: para merecer algo, cualquier cosa, había que demostrar que se la podía hacer mejor que Rachel Berry. Era, por supuesto, un trabajo de hormiga: antes incluso que cualquier cosa, había que vencer los prejuicios del Señor Schuester, esquivar los obstáculos de la entrenadora Sylvester, arreglárselas para que Santana no matase a Rachel a la primera de cambio, y para que Brittany no se asfixiase con un hisopo para las orejas. Pero el obstáculo final siempre era el mismo: si puedes cantar la canción mejor que Rachel, la canción es tuya. Y Kurt sudaba sangre, porque sentía que no era justo, que no era justo que a Rachel se la diera siempre por sentado. Cuando alguien se plantaba a hacerle cara, Rachel hacía un escándalo, cuando el escándalo deberían hacerlo ellos, por estar siempre obligados a plantar cara. Pero las cosas eran así en New Directions, y Kurt se había acostumbrado, y había tratado de sacar la buena lección: si quieres algo, tienes que trabajar duro para conseguirlo, y sólo de esa forma sentirás que te lo has ganado verdaderamente y podrás disfrutarlo. Y por eso se sentía incómodo con la idea del dueto con Blaine.
Por supuesto que quería lucirse, y por supuesto que quería cantar con Blaine. El tiempo que le había pedido estaba dando frutos en cuando a acomodar las ideas en su cabeza, pero también dolía. Un dolor sordo, acompasado y constante. Una carga sobre los hombros más que una puñalada en el corazón. Sabía que, cuando terminara la semana, volvería al lado de Blaine, con la cabeza alta, y los ojos orgullosos, pero que en el fondo estaría indeciso entre retorcerse de dolor o dar saltitos de placer. Volvería al lado de Blaine, porque en realidad nunca había habido otra opción en su panorama: no importaba cuanta frustración pudiera acumular, cuantos deseos rotos, cuantas heridas sin cicatrizar en el corazón, todo era compensado con Blaine y su compañía, Blaine y su comprensión, Blaine y sus secretos compartidos, Blaine y sus chistes internos, Blaine y sus sonrisas, Blaine y la mano ocasional que se apoyaba en su hombro. Por supuesto que hubiera querido mucho más, hubiera querido mucho más con tanta intensidad que hubiera podido gritar, pero no iba a desperdiciarlo una vez que tenía algo en su vida. Una vez que tienes una mano buena, Hummel, no puedes arruinarla. Y eso iba un poco contra sus principios, porque Kurt sabía que se merecía lo mejor, pero para Kurt, Blaine era lo mejor, y la idea de poder tenerlo, pero solo a medias, era tan reconfortante como frustrante.
Era por esos mismos principios que Kurt estaba molesto respecto al dueto. Odiaba la idea de que el Concejo se lo hubiera concedido sólo porque Blaine lo había pedido, pero aún más que eso, odiaba la idea de que Blaine estuviese confundido, o aún peor: que Blaine estuviese jugando con él. Era algo en lo que no deseaba pensar demasiado. Kurt sabía que tenía el nivel mental necesario para jugar psicológicamente con alguien si quería, pero no estaba acostumbrado a la idea de que alguien jugara con él- como sabía que Blaine podría hacer, si quisiera-, y no sabía si podría manejarlo: Finn siempre había sido demasiado simple y honesto; a Rachel le bastaba con gritar; Mercedes jamás haría algo así con él; Santana no lo necesitaba, ya que podía simplemente insultarlo en su cara. Santana.
Bien, una vía de escape.
Kurt suspiró y se dijo que lo mejor que podía hacer era concentrarse en la decoración y en lo que planeaba decirle a Santana esa tarde, antes que seguir martirizándose con una historia sin sentido. No tenía las respuestas, y ni siquiera sabía si alguna vez las iba a tener. Mejor focalizarse en lo real y en lo concreto.
Ni siquiera alzó la cabeza cuando oyó a alguien entrar en la habitación.
Blaine entró sonriendo. Era una acción refleja: Kurt estaba inclinado sobre la mesa, concentrado en lo que estaba haciendo, y la luz de la tarde acentuaba la forma de su mandíbula, su cuello largo, la curva de sus hombros, sus manos de pianista. La luz de la tarde reverberaba en su piel pálida y cremosa. Desde que lo había conocido, Blaine siempre había pensado que había en él algo sobrenatural, algo de hada o de ninfa, pero hasta ese momento no se le había antojado que eso podía ser algo excitante. Blaine temblaba y no sólo era de nervios o de anticipación; Blackbird había roto una barrera en él, la última barrera, y no sabía si estaba preparado para recibir y asimilar la cantidad y la calidad de los sentimientos que habían sido liberados.
- ¿Qué estás haciendo?
- Estoy decorando el ataúd de Pavarotti.
Tan, tan propio de él. Blaine estaba demasiado ocupado sonriendo y quedándose sin aire como para notar que la respuesta no había sido hostil, como tal vez hubiese debido esperar.
- Bueno, termínalo. Tengo la canción perfecta para nuestro dúo, y deberíamos ensayar.
Kurt sonreía, y el cerebro de Blaine se derretía. ¿Siempre había tenido esa sonrisa o simplemente Blaine se había desacostumbrado después de tantos días de no verla?
- Dímela.
- Candles, de Hey Monday.
Kurt arqueó las cejas en un gesto muy característico suyo. No parecía disgustado, y Blaine exhaló el aire que no era consciente que estaba reteniendo.
- Estoy impresionado. Usualmente eres tan Los cuarenta principales.
Blaine dudó un segundo sobre si debería sentirse ofendido por ese comentario, pero se dio cuenta de que rebatirlo sería mucho más sabio.
- Bueno, solo quería algo un poco más… emocional.
Fue en ese momento que se despertaron los seis sentidos de Kurt. Podía aceptar un dueto, pero no podía aceptar eso. Blaine podía estar confundido, pero había límites. Y si Blaine estaba jugando con él… bueno, el límite lo iba a poner él. Un buen ataque es una mejor defensa no era una de las máximas de vida de Kurt Hummel por nada.
- ¿Por qué me elegiste para cantar esta canción contigo?
A Blaine le cayó encima un balde de agua. Su plan no había sido inmolarse como un mártir, pero sabía que no estaba siendo precisamente disimulado. Y Kurt siempre había sido así: honesto, sincero, al punto. Kurt siempre había jugado con las cartas completamente visibles sobre la mesa y Blaine sabía que tarde o temprano llegaría el momento en el que le fuera exigida la reciprocidad. Estaba aterrorizado. Sabía que era la última barrera: una vez que Kurt supiera, una vez que Kurt fuera consciente del poder que tenía sobre él, él estaría completamente vulnerable. Nadie había llegado tan lejos, y el pánico por lo desconocido sobrecogía el corazón de Blaine. Pero, si tenía que ser sincero, aún sin tomar en consideración los últimos acontecimientos, nunca nadie antes había llegado tan lejos como Kurt, por lo que era natural que el contratenor siguiera avanzando progresivamente. Durante toda su vida, Blaine había tenido su propio paradigma para el amor, obtenido de musicales de Broadway, películas de Disney, largas noches en vela en la cama. Blaine estaba esperando a su príncipe azul, pensando que un día se lo cruzaría por la calle, en un café, en los pasillos de Dalton, y sería un amor instantáneo y desgarrador. Su paradigma no era del todo correcto, pero tampoco estaba del todo errado. La atracción podía ser instantánea, pero el amor había que construirlo, porque el amor era la necesidad de hablar con Kurt justo antes de acostarse, el deseo de verlo sonreír, el placer de verlo sonreír y saber que era por su culpa, el dolor agudo en el pecho al verlo llorar. Amor era esa amistad sincera e inquebrantable, si se agregaba a la ecuación la necesidad de saber si los labios de Kurt eran tan suaves como sus manos. Amor era saber que se había abierto completamente con él, que Kurt lo sabía todo sobre él, que había sufrido en carne propia todos sus defectos, y sin embargo seguía a su lado. Pero en algo había acertado su paradigma: la revelación había sido cosa de un segundo que había puesto su mundo de cabeza, como si estuviera viendo a Kurt por primera vez bajo la verdadera luz.
El contratenor lo miraba con los ojos muy abiertos y una expresión indescifrable en su rostro. Blaine nunca se había caracterizado por ser particularmente valiente; si impulsivo, pero no valiente. Pero ahí, frente a él, estaba ese chico, abierto, honesto y tan, tan valiente. Blaine supo en ese momento que si aspiraba a merecerlo en algún momento de su vida, ese era precisamente el mejor día para comenzar. Y no podía haber mejor manera de comenzar que diciendo la verdad.
- Kurt… Hay un momento en el que te dices: "Oh, ahí estás. Te he estado buscando desde siempre."- La verdad, completamente al desnudo, incluso con las mismas palabras que usaba en su mente para describirla. Tomó aire. Los labios le temblaban, pero era tarde para arrepentirse, y además no quería arrepentirse. Apoyó una de sus manos sobre la de Kurt, un poco porque no podía contenerse: la ausencia, tanto física como emocional, de Kurt en su vida durante los últimos días había sido devastadora; pero, principalmente, porque necesitaba un ancla para no desfallecer, y desde que lo había conocido, Kurt siempre había sido su mejor sustento a tierra.- Verte haciendo Blackbird esta semana, fue un momento para mí. Sobre ti.- Blaine no podía pensar en otro momento de su vida en el que hubiera temblado tanto. Las palabras le ardían en la punta de la lengua, como si no pudiera pronunciarlas. Cuando finalmente las dijo, resultaron no ser las que estaba esperando decir, pero se dio cuenta de que en realidad no podría haber dicho nada mejor ni más acertado.- Tú me mueves, Kurt.
Ese fue el instante en el que el cerebro de Kurt cortocircuitó. Hasta ese momento había estado escuchando con una mano en el corazón y la otra en el puño de la espada. Blaine acababa de decir que Kurt lo movía. Blaine acababa de decir que Kurt importaba, que Kurt hacía la diferencia. Kurt no pudo evitar recordar a su padre diciendo Tú importas, Kurt, y con ese pensamiento en mente dejó que se le dilataran las pupilas, que los labios le temblaran, que el corazón se le desbocara. No había modo, en los esquemas de Kurt, de que Blaine estuviese diciendo todo eso sin sentirlo, de que Blaine estuviese diciendo todo eso sin que en realidad significase algo. Sin embargo, no le llegaba suficiente sangre al cerebro como para permitirle esbozar siquiera una idea sobre lo que en realidad significaba. Quizás fuera mejor así. Cuantas menos ilusiones tengas, menos ilusiones rotas tendrás.
Blaine notó el cambio en la actitud: conocía a Kurt demasiado bien como para no notarlo. La mezcla entre ansiedad y emoción en su pecho era indescriptible. Tenía en la mano la última carta, y no lograba decidirse sobre si debía jugarla o no. A la porra, Blaine Anderson. Tampoco era tu plan decirle nada de todo esto, y aquí estás. Relación completamente honesta y sincera, ¿recuerdas? Y tanto si vas a ganar como si vas a perder, que al menor por una vez en la vida sea como un hombre de verdad, con la certeza de que luchaste hasta el final con lo mejor que tenías.
- Y este dueto está siendo solo una excusa para pasar más tiempo contigo.
Y ese fue el momento en el que el que cortocircuitó fue el cerebro de Blaine. Ya está, Blaine Anderson. Game over. Y como su cerebro no parecía responderle en esas circunstancias, Blaine hizo lo que mejor sabía hacer (y que peores consecuencias solía traerle): darle rienda suelta al corazón. Fue así como se inclinó sobre Kurt y lo besó.
Durante unos segundos, Kurt no respondió al estímulo de los labios cálidos y húmedos de Blaine sobre los suyos. Tenía la vaga sensación de que si arriesgaba algún movimiento, rompería la ilusión. Kurt reaccionó solo cuando sintió la leve intención de Blaine de romper el beso. Eso jamás sucedía así en sus fantasías, y por lo tanto solo podía indicar que esa vez era real. Alzó su mano izquierda, ávida de un sustento, ávida de piel, y no encontró mejor punto de aterrizaje que la mejilla de Blaine. Kurt apenas entreabrió un poco los labios porque, demonios, tenía que participar en ese beso- porque todo era un desconcierto de labios, de pequeños suspiros sabor a café y a tic-tacs de naranja y a manteca de cacao, sabor a Blaine, porque si, si, si, así era como debía ser el sabor de Blaine, porque si, si, si, Blaine lo estaba besando-, cuando Blaine rompió el beso y Kurt tuvo que reprimir un gritito de frustración. Los dos estaban respirando agitados, y Kurt sabía que era más por la fuerza emocional que implicaba el beso que por el beso en sí. Wow. Blaine me besó. Wow, era el único pensamiento que podía articular mientras no despegaba sus ojos de Blaine. Blaine sonreía, y a Kurt nunca le habían parecido tan largas sus pestañas, tan brillantes sus ojos hazel, tan delicadas sus muñecas, tan atractivos sus labios. Wow.
- Deberíamos… deberíamos ensayar.
Kurt nunca supo de dónde sacó la valentía para responderle lo que realmente quería decirle-más allá del Wow, Blaine. Wow.-, con su voz ahogada, en la que se entremezclaba una risita.
- Pensé que lo estábamos haciendo.
Y eso, aún más que el beso en sí, saturó los receptores de Blaine Anderson. Ese era Kurt Hummel, y cómo había podido estar tan ciego durante tanto tiempo, cuando en ese momento lo único que quería era más piel y más labios y más Kurt. Hizo, entonces, lo único que su cerebro podía procesar en ese momento: satisfacer ese deseo.
Mucho tiempo después, Blaine negaría fervientemente el impulso y el deseo que había impreso en ese segundo beso. Kurt se reiría un poco, y le diría que no lo negara, que el primer beso había sido fantástico, pero que había sido el segundo el que había dejado bien en claro que esa relación estaba hecha para funcionar; al primer beso los habían llevado la curiosidad y los castillos en el aire, al segundo, el deseo y la realidad de que eso se sentía condenadamente bien.
Blaine tuvo una grata sorpresa cuando se dio cuenta de que él no estaba dirigiendo el beso, sino que Kurt lo estaba haciendo. Tenía que admitirlo: en el fondo de su mente, había un poco de angustia y muchísima presión. Blaine se sabía al dedillo la historia del primer beso fallido de Kurt, y tenía miedo de tener que llenar unos zapatos de expectativas que quizás le fueran demasiado grandes. Pero era Kurt el que lo estaba besando, con los labios entreabiertos, y las manos en sus mejillas, y si, si, si, definitivamente sus labios eran aún más suaves que sus manos, y Karofsky había pasado a ocupar el último lugar en la mente de Blaine, porque en la mente de Blaine no había más que lugar para Oh, Merlín, esas manos, ¿Dónde has aprendido a hacer eso? y Estoy besando a Kurt. Estoy besando a Kurt y me pone tan feliz que podría morir aquí y ahora. Y con todo y el pánico que aún sentía a hacer las cosas mal- porque, ey, esa era la historia de su vida-, no podía dejar de corresponder el beso. Porque Kurt lo estaba besando, y a Blaine le gustaba. Porque Kurt lo estaba besando y todo se sentía jodidamente perfecto en esa situación. Blaine se aferró al sweater de Kurt con las dos manos, mientras entreabría sus labios para capturar el superior de Kurt entre los suyos. Hubiera jurado que Kurt soltó un pequeño suspiro, y eso fue suficiente para que se le pusiera la piel de gallina. Esa segunda vez, fue Kurt el que rompió el beso.
Finalmente, el contratenor dejó escapar el pensamiento que llevaba varios minutos conteniendo.
- Wow.
Blaine no pudo evitar que se le escapara una sonrisa.
- Nunca mejor dicho.
Se miraron fijo a los ojos durante unos segundos. Blaine pensaba que, hasta ese momento, nunca había sido consciente de la intensidad de los ojos de Kurt. O del brillo que irradiaba su sonrisa. Y en ese momento, hicieron algo que Blaine jamás se hubiera imaginado, y que definitivamente no entraba en su paradigma de declaración de amor, pero no importaba, porque estaba con Kurt, y todo era más sencillo cuando estaba con Kurt: se echaron a reír. Kurt se reía con la boca abierta, mostrando los dientes, y Blaine se dio cuenta de que las veces que lo había visto reír tan abierta y sinceramente podían ser contadas con los dedos de una mano. Deseó intensamente tener el poder para, a partir de ese momento, cambiar esa estadística.
- ¿De qué te estás riendo?- Blaine consideró que la pregunta era injusta, considerando que Kurt se había echado a reír primero.
- No sé. ¿De qué te estás riendo tú?
Un leve color rojo tiñó sus pálidas mejillas.
- No sé. De todo un poco, supongo. De felicidad. Y de lo absurdo de la situación.
Blaine se sorprendió. Había muchas maneras de calificar esa situación, pero absurdo definitivamente no hubiera estado en la selección de sus predilectos.
- ¿Absurdo? ¿Por qué absurdo?
Kurt sonrió apenas y el rubor se intensificó en sus mejillas.
- Blaine, hace poco más de una semana me dijiste que era lo menos sexy del universo. Hace cinco días te pedí que me dieras un tiempo para pensar. Prefiero pensar que todo es un poco absurdo antes que pensar que solo me quieres porque eres un niño caprichoso y tu naturaleza te lleva a desear lo que no puedes tener.
El corazón de Kurt se encogió un poquito mientras Blaine se quedaba en silencio, boquiabierto. Y entonces, las dudas se le disiparon enseguida, porque Blaine se inclinó una vez más y volvió a besarlo. Lo besó despacio y con dulzura, con sus dos manos alrededor de su cuello, y Kurt sintió que languidecía dentro del beso. Demasiadas sensaciones juntas, demasiadas emociones juntas. Se preguntó si alguna vez se acostumbraría a los labios de Blaine sobre los suyos. Se preguntó si debería acostumbrarse, y si sería bueno para su cordura que se acostumbrase a los labios de Blaine sobre los suyos. Blaine rompió el beso profundo, pero depositó dos besos suaves y cortos, con la boca cerrada, sobre los labios de Kurt antes de alejarse definitivamente. Kurt no abrió los ojos. Sentía que temblaba demasiado como para encima soportar la visión de Blaine.
- ¿Y por qué fue eso?
Kurt escuchó a Blaine suspirar y abrió los ojos. Si la respuesta que había pedido ameritaba ese suspiro de introducción, definitivamente tenía que mirarlo mientras la formulaba.
- Kurt… esto es algo difícil de explicar.
- Pruébame.
Blaine inhaló profundo antes de contestar.
- No te he mentido, Kurt. Eres mi mejor amigo y la persona que más me conoce. Has estado ahí cuando te he necesitado, has sufrido mis defectos, y aún así sigues a mi lado. Siempre supe eso, y sin embargo creo que no lo he apreciado realmente hasta esta semana. Esta semana he abierto tanto los ojos, Kurt. Te has soltado, y me has mostrado lo mejor y lo peor de tu personalidad. Y me di cuenta de que te acepto, y que me gustas aún más con todo y tus defectos. Me di cuenta de que si algo te hace sufrir, quiero estar ahí para consolarte, y si algo te hace reír, me gustaría estar ahí para compartir tu alegría. Me di cuenta de que cuando tengo algo que contar, eres la primera persona a la que quiero contárselo, y que sufrí lo indecible al estar alejado de ti esta semana, y no quisiera que volviera a repetirse nunca jamás. Sigo siendo el mismo que conoces, Kurt: despistado, impulsivo, extrovertido, entregado, no sé vestirme y necesito llamar la atención. Sé que no soy la mejor opción para nadie. Sigo siendo un desastre para el romance y no tengo ni la menor idea de lo que estoy haciendo. Pero quiero intentarlo, Kurt. Y quiero intentarlo contigo.
Kurt le echó los brazos al cuello aún antes de que hubiese terminado el discurso. Blaine sintió que se le entibiaba el pecho al tener el cuerpo de Kurt tan cerca del suyo, e instintivamente lo abrazó por la cintura. Permanecieron en esa posición unos pocos minutos, hasta que Blaine sintió que algo humedecía su hombro.
- Kurt… ¿estás llorando?
- No. Me entró algo en el ojo.
Blaine lo obligó a apartarse de su cuerpo lo suficiente como para poder mirarlo a la cara.
- Si, una lágrima te entró en el ojo.
Pero Kurt sonreía, y eso hacía a Blaine sonreír también. Blaine le limpió las lágrimas con una mano y Kurt soltó una risita.
- Soy un desastre.
- Si, el desastre más encantador que he visto en mi vida.
Kurt se rió un poco más y se inclinó para darle un beso suave en los labios. La sensación de desear besarlo y poder besarlo era indescriptible. Kurt deseaba eso- todo eso- desde hacía cuatro meses, pero la idea de que por fin tenía derecho a desearlo era un paradigma al que no estaba acostumbrado. Y, oh, con qué facilidad podría acostumbrarse.
- Eres un cursi y un adulador.
Blaine sonrió una vez más, pensando que entre tantos besos y tantas sonrisas la boca se le iba a caer de seguro. Y no podría haberle importado menos.
- Lo soy. Y así me quieres.
Kurt le acarició la mejilla con el pulgar.
- Sí. Así te quiero.
Blaine sentía que el corazón podría salírsele del pecho en ese momento.
- ¿Eso es un sí?
Kurt meneó la cabeza.
- No. Esto es un sí.
Y lo besó una vez más. Blaine pensó que no podría cansarse de nada de todo lo que implicaba esa situación: Kurt tomando la iniciativa, sus labios entrelazados, sus suspiros entrelazados, sus manos entrelazadas. Se hubiera golpeado a sí mismo por haber desperdiciado tanto tiempo de esas maravillosas sensaciones si no hubiese estado demasiado ocupando disfrutándolas.
Pese a todo, no se le escapó la mirada rápida y nerviosa que Kurt dirigió a su reloj de pulsera cuando rompió el beso.
- Deberíamos ensayar…- Admitió con una punzada, leve, muy leve, casi inexistente, de culpa.
Kurt se retorció las manos con un poco de nerviosismo.
- Blaine…
- Oh, si. Lo siento. Me había olvidado. Santana, ¿verdad?
Kurt asintió con la cabeza. Blaine le apretó un poco la mano, tratando de animarlo.
- No lo admitiría jamás, pero creo que me necesita, Blaine. Y yo… creo que yo necesito estar ahí para ella.
- ¿Qué te parece si hablamos esta noche, me cuentas la historia y nos repartimos Candles?- Se acercó a su oído para susurrar Y te recuerdo todo lo que me gustas y cuánto te quiero. Kurt no pudo evitar retorcerse con un escalofrío- ¿Y ensayamos mañana durante la hora del almuerzo?- Nuevamente esa voz sensual y profunda en el oído de Kurt Eso si te queda aliento suficiente como para cantar.
- Me parece una idea fantástica.
Kurt comenzó a guardar las piedritas y las gemas que estaba utilizando para decorar el ataúd de Pavarotti. Blaine se apresuró a ayudarlo y se preguntó cuántos pequeños nuevos placeres le depararían los días siguientes, tales como que sus dedos rozaran los de Kurt sin tener que alzar la vista para verificar si el otro chico no se había sentido incómodo por el contacto. Una vez que Kurt hubo guardado todo en su morral, se miraron a los ojos por un instante. ¿Cómo se suponía que se despidieran? Blaine le tomó la muñeca. ¡Qué difícil que era dejarlo ir!
- Te acompaño hasta el auto.
Se besaron con un poquito de desesperación, y Kurt pensó que podría morirse en ese instante, con su cuerpo atrapado entre su auto y el cuerpo de Blaine, los pulgares de Blaine acariciando sus caderas, sus propias manos firmemente apoyadas en los hombros de Blaine. Rompieron el beso unas cuantas veces, pero luego de mirarse durante unos pocos segundos, volvían a besarse con renovado entusiasmo.
- No puedo entender cómo estuve tanto tiempo privándome de esto.- Murmuró Blaine en una de esas pausas.
- Yo no sé cómo voy a hacer para aguantarme hasta mañana sin hacer esto. Oh, al demonio con Santana.
Blaine negó con la cabeza, apoyándole las manos en los hombros.
- No, Kurt. No sé cuál sea su problema, pero por lo poco que sé de ella, si vino a pedir tu ayuda, debe ser porque realmente la necesita. Y te conozco y sé que, pese a todo lo que puedas decir en le emoción del momento, realmente quieres ayudarla, porque así es como eres.
- Técnicamente, no vino a pedir mi ayuda. Santana jamás haría eso.
- Pero aún así tú crees que necesita ayuda.- Kurt asintió con la cabeza.- Más razón para mi. Kurt, un hombre tiene que hacer lo que un hombre tiene que hacer. Y en este momento, lo que este hombre tiene que hacer es ayudar a esa damisela en apuros.
- Si Santana llegase a enterarse de que dijiste eso de ella, averiguaría donde vives e iría a tu casa para despellejarte, y luego se haría un vestido con tu piel. Solo para que lo sepas.
- Bueno, en ese caso, no estoy tan seguro de que quiera dejarle a mi n…- La palabra se le murió en los labios, mientras Kurt lo observaba con ojos expectantes. No. No, no, no. Eso vas a hacerlo correcto y especial, Blaine Anderson.- … chico. Ya sabes, solo en caso de que le diera un ataque de locura y quisiera hacerse unos pendientes con tus ojos.
- Esta diva tiene uñas y dientes, Blaine Anderson. Que no se te olvide.
La sonrisa de Blaine se hizo aún más amplia.
- No se me olvida. Y es por eso, entre otras cosas, que me gustas tanto.
Se dijeron adiós con un beso que era más una promesa que una despedida. Kurt tenía la sensación de que así serían - pero mayoritariamente tenía el deseo de que así fueran- todos sus besos de despedida con Blaine. Mientras manejaba hacia el Lima Bean, Kurt pensaba que, contra todo pronóstico, estaba feliz de estar yendo a encontrarse con Santana. En ese momento, podría haber estado feliz de estarse dirigiendo a las mismas puertas del infierno, porque Blaine lo había besado y , y él había besado a Blaine, y todo era tan jodidamente perfecto que Kurt incluso se daba un poco de asco a sí mismo.
Notas de la autora: Técnicamente, esta iba a ser la parte final. Luego, me di cuenta de que iban a ser tres partes, y me dije "Bueno, segunda parte hasta después del funeral de Pav, y tercera parte todo lo demás". Y después llegó el beso y me las vi negras para que se besasen. Y una vez que comenzaron a besarse, no quisieron dejar de besarse. Y esto se fue convirtiendo en un monstruo. Y sentía que no lo iba a terminar nunca, así que me dije Bueno, mejor les tiro un pedazo de carne a las bestias furiosas, antes de que me coman a mi. Y aquí tienen... esto.
Lean, sueñen, escriban, amen, bailen, sonrían
Estrella
