Capítulo 7

"¿Quiénes sois? ¿Qué es lo que pretendéis?" Les espetó Korra.

Uno de los dos presos sonreía de una manera que parecía casi triunfal, cosa que molestó aún más a Korra, que respondió a la sonrisa dando una patada a los barrotes.

"¡Habla!" Se dirigió al personaje en concreto.

"No servirá de nada, Avatar… No hablaré, y aunque lo haga no puedes con esto."

Korra se iba enfureciendo por momentos y se acercó a los barrotes de la manera más amenazadora posible.

"¿Esto?..." Preguntó, ladeando la cabeza ligeramente a la vez que fruncía el ceño. El hombre solo soltó una pequeña risa desagradable y falsa.

Su compañero se encontraba mucho más cohibido y tenía una expresión totalmente contraria a la del primero.

Korra notó la mano de Tenzin en su hombro, tratando de relajarla.

"Quizás deberíamos dejar esta tarea para las autoridades Korra…"

Entonces se dirigió a ellos. "Habéis hecho un buen trabajo, sugiero que los llevemos a Ciudad República para que puedan ser interrogados apropiadamente. Allí tenemos al mejor cuerpo de policía y detectives para estos casos." Pareció haber una afirmación conjunta silenciosa.

Pero Korra entonces miró al segundo de los asaltantes, que estaba recogido con sus manos encadenadas sentado en el suelo. Intentó contener su ira y su frustración y se dirigió a él.

"¿Tienes hijos?..." Preguntó calmadamente, viendo como todo seguido el hombre afirmaba lentamente con la cabeza y la mirada perdida.

"¿Cómo te sentirías si secuestraran a tu hijo?" La expresión de éste empezó a intensificarse, abrió los ojos y parecía tragar saliva.

"Keiji… No cedas. Ella solo trata de manipularte." Le contestó seriamente su compañero.

"Pero todo está perdido para mi…" Su mirada estaba aún más perdida, Korra miraba los ojos de aquel joven hombre y veía la desesperanza total en ellos. No podía odiarlo ni juzgarlo del todo negativamente. Al menos no aún.

"Keiji…" Esta vez sonó como una orden.

El pobre hombre de la mirada perdida pronunció algo pero demasiado bajo, que nadie más que su compañero de celda pudo escuchar.

"No…"

"Akenatón…" Pronunció, esta vez de manera que Korra pudo oír claramente.

Se aferró a los barrotes mientras abría los ojos esperanzada al ver que podría llegar a obtener alguna pizca de información.

"Él es nuestro jefe…" Dijo finalmente, cerrando los ojos intentando aguantar una lágrima.

Se levantó súbitamente e hizo ademán de atacar a Keiji, a lo que Korra le lanzó un gran golpe de aire a través de los barrotes que lo hizo rebotar contra la pared de la celda.

"¡Es suficiente!" Anunció el jefe local de policía. "Será mejor que los separemos…"

Mientras hacían el traspaso de celda del asaltante orgulloso, Keiji miró a Korra y le suplicó clemencia.

"¡Yo no quería hacer esto, él me obligó!" Intentaba hablar mientras no podía aguantar sus lágrimas.

"Sólo fui hasta Ciudad República para poder encontrar un trabajo y ayudar a mi familia…"

Korra sintió que estaba siendo totalmente sincero, estaba honestamente derrotado.

Ella intentó hablar de manera que lo consolara, pero tampoco podía justificar sus actos, pero creía que podía mínimamente creerlo y entenderlo.

"Aun así, eso no justifica lo que habéis intentado hacer." Dijo, de la manera más humana que pudo, aplicando lo que había aprendido con Kuvira y Zaheer. No eran inherentemente malvados, solo que habían llevado sus ideales a extremos demasiado peligrosos y habían perdido el norte.

Esa operación concreta les había salido mal, pero en otra aldea más humilde y menos protegida de la tribu del agua del norte había tenido éxito y habían secuestrado a cinco niños más. El total ahora alcanzaba la cifra de treinta y cinco niños. Los otros habían desaparecido en diferentes lugares y momentos. Si eran el mismo grupo, ¿Por qué habían actuado esa vez de manera tan poco sutil?

"Siempre me pasa lo mismo Tenzin, acabo con más preguntas de las que tenía al principio en lugar de encontrar respuesta a las primeras."

Tenzin la miró con una sensación de deja vu.

"Lo solucionaremos." Korra sonrió a la respuesta.

"¿Cómo podemos estar seguros de que este suceso está conectado con las desapariciones de los otros niños?" Les preguntó la avatar a los policías.

"Aún no podemos decir que estamos seguros completamente, pero es el argumento que más sentido tiene para nosotros de momento." Empezó a contar el jefe.

"Estos dos hombres son maestros del agua y el fuego."

Tenzin y Korra se quedaron sorprendidos por igual.

"¿Eso es posible?"

"Pensábamos que no, hasta ahora. Esto parece tener que ver con la creación del tercer portal espiritual en Ciudad República."

Korra conocía esa sensación; cualquier cambio brusco en el orden del mundo siempre traía consecuencias inesperadas de todo tipo. O al menos eso había experimentado durante los últimos años de su vida. Aquel tercer portal para ella ahora tenía sensaciones muy diversas asociadas con él: había sido creado por culpa de la destrucción total causada por la gran arma de Kuvira y había destruido el corazón de Ciudad República. Habían perdido gran parte de la ciudad pero a la vez se había creado una nueva entrada al mundo espiritual, haciéndolo así más accesible para la gente que quisiera visitarlo y empaparse de una nueva experiencia.

También era el portal por el cual Asami y ella habían viajado allí para pasar las que habían sido sus primeras vacaciones juntas. Y aquella había sido una de las mejores experiencias de su vida.

Ahora el portal adquiría otro significado más.

"Y estas habilidades de control de elementos… ¿Empezaron a darse justo después de la creación del portal? Pero… ¿Qué tiene que ver eso con las desapariciones?" Korra ya no sabía si realmente esperaba que alguien le diera respuestas o simplemente planteaba sus preguntas en voz alta.

"Hemos recibido alguna información que apunta a ello." Contestó el jefe.

"El portal de alguna manera debe de haber esparcido algún tipo de energía espiritual." Apuntó Tenzin, acariciando su barba en modo reflexivo.

Korra entonces miró hacia la celda que solo contenía una persona, que se encontraba casi en estado de shock y aún tenía lágrimas en los ojos.

"Jefe, han seguido el rastro de los que pudieron escapar, pero los perdimos en medio de la nación de la tierra." Dijo un policía, casi avergonzado, mientras hacía una reverencia al jefe.

"Buen trabajo." Dijo, de todos modos. "Suerte que hemos capturado a dos de ellos. Creo que deberían llevárselos a Ciudad República e interrogarlos allí."

Empezaron a llevarse a Keiji también, entonces el jefe de policía se dirigió a Korra.

"Avatar Korra, en esta aldea a diferencia de la otra, solo hay un niño que se conozca que tiene habilidades especiales. Ahora aún debe estar un poco impactado por todo lo ocurrido, pero si os quedáis podríais hablar con él pronto, quizás, si los padres lo aprueban." Explicó.

"Gracias. Me gustaría poder conocerlo." Contestó. "Y así poder intentar entender algo más de todo esto…"

Todo lo que tenían de momento era una cifra, un nombre, y un lugar indefinido.

Fuera Bolin y los cuatro maestros del aire, Opal incluída, que habían viajado hasta aquí estaban intentando ayudar en cuanto podían, intentando deshacer mínimamente el desorden causado por los delincuentes que habían destruido puertas, y mobiliario de la ciudad en busca del niño.

"Buen trabajo." Les animaba Tenzin.

Korra sonrió al ver a Bolin y Opal formando parte de la cadena que apartaba grandes pedazos de madera de las entradas de las casas.

"Tenzin… Hay algo que no me cuadra. ¿Por qué armar todo este jaleo solo para buscar un niño?" Le preguntaba Korra mientras observaba como dirigían a los dos prisioneros hacia la pequeña aeronave.

"Yo también tengo una mala sensación con todo esto. Mantente alerta." Tenzin después de todo ese tiempo seguía siendo y actuando como un maestro y casi como un padre también. Seguidamente fue a unirse a la tarea de organización.

Entonces notó algo a la altura del muslo que le tiraba ligeramente de la ropa, se giró para ver.

Un niño pequeño, de unos quizás cinco años, miraba hacia arriba con cara de haberse perdido.

"Hey, pequeño." Dijo cariñosamente, agachándose hasta quedarse más o menos a su altura. El niño era claramente nativo de la tribu del agua, con su característica piel de tonalidad oscura y ojos de un brillante azul claro. Llevaba su pelo largo de color castaño oscuro y algo desorganizado, de una largada hasta un poco más debajo de los hombros.

El niño parecía haber estado llorando. Le acarició la cabeza y le preguntó de manera reconfortante: "¿Qué pasa? ¿Te has perdido?" Miró alrededor para alguna señal pero entonces el niño arrancó a correr en dirección opuesta y Korra sintió el instinto de seguirlo.

"¿¡Dónde vas!?" Le preguntó a gritos cuando habían cruzado ya un callejón.

Entonces el niño se paró, en una pequeña calle donde no había gente excepto por una figura que llevaba una especie de máscara. Korra creyó estar alucinando.

"¿Amón?..." Dijo casi sin voz, quedándose totalmente paralizada.

El niño se puso delante de la figura enmascarada, se giró y miró a Korra fijamente con una expresión totalmente diferente a la del niño inocente y perdido que había visto hacía unos instantes. La Avatar se elevó unos metros por los aires, totalmente en contra de su voluntad. Sintió como si perdiera el control de cada musculo de su cuerpo, que ahora se movían en direcciones totalmente antinaturales. Sentía que estaba a punto de desmayarse, los ojos se le cerraban. Lo último que experimentó antes de perder la conciencia fueron la voz que parecía tan distante de Tenzin, sonidos de bocanadas de aire pasando justo por debajo de sus pies elevados, la voz Asami hablándole, cuando ella iba en silla de ruedas: "Korra, quiero que sepas que estoy por si me necesitas, para hablar o… lo que sea." Finalmente, la imagen de Asami sonriéndole más abiertamente que nunca, volteándose para mirarla y cogiéndole de la mano mientras caminaban juntas descalzas y tranquilas por el lago del mundo espiritual.