Reyna

Reyna había aprendido dos cosas importantes sobre el amor: No puedes entregarle tu corazón por completo al primer chico "Lindo" que cruzara por tu camino, y que el amor no correspondido dolía como una patada en el trasero.

Su experiencia con cierta diosa del amor había sido tan agradable como lo era ser amigo de Octavian, ¿Era necesario montarle un espectáculo solo por el hecho de estar "ligeramente" enamorada? Joder, por eso prefería guardárselo (Aunque siendo una diosa, prácticamente era imposible).

¡Bien! No podía evitarlo ¿Si? Era un ser humano como cualquier otro y también poseía sentimientos, muy por encima de que también era una líder y estaba a cargo de todo el campamento. ¿Le gustaba Jason Grace? Mierda, ¿Quién estaría ciego para no notarlo? Rubio, alto y fiel a las reglas eran todos los adjetivos que Reyna tenía en su lista de requisitos, además de que el chico naturalmente era un imán para las chicas buenas como ella.

¿Percy Jackson? No la culpen, pero alguien tan intrépido como él le hacía mover su itinerario y orden de una manera increíble. Si querías gustarle a la pretora, tenías que ser muy valiente y estúpido, pues solo así podrías llamar su atención.

Y aunque sabía que Afrodita se extasiaba de felicidad, a la vez que lloraba a mares con su "Historia de amor", Reyna no podía evitar sentirse impotente de no tener el control de lo que la volvía débil. Si, ocultarlo era sencillo, pero no sentirlo era un caso imposible.

Además, Reyna no podía odiar a Piper por algo tan estúpido como el amor.

Mientras los dos campamentos celebraban juntos el fin de la guerra, ella se acurrucaba en el lugar más lejano posible a la diversión y la comida. Su humor no mejoraría viendo a la magia del amor en acción frente a sus narices, sintiéndose culpable por el dolor en su pecho y la amargura a pesar de la victoria.

¿Qué le pasaba? El mundo estaba en paz, ambos campamentos ahora eran Aliados y Los dioses dejaban de tener tantos dolores de cabeza, ¿Tan mal le sabía estar sola, ahí arriba, como la líder? Su corazón tembló, esperaba que esa no fuera su respuesta.

El crujir de las hojas por detrás le hizo desenvainar su Gladius y apuntar, preparada para convertir en brocheta a quien sea que estuviera por atacarla. Una chica asiática apareció con ambas manos en el aire y una media sonrisa preocupada, casi feliz de que no la hubiera rebanado en dos.

—Oye, solo vine a darme un respiro de ahí adentro—dijo la chica agitando sus manos— el calor le hace mal a mi piel.

—Lo lamento—musitó Reyna, guardando su espada— ¿Mucha locura para una fiesta Griega?

—Sabemos divertirnos, pero de vez en cuando hay que respirar para volver a la batalla—la chica repasó con los dedos su cabello negro y le escaneó con la mirada— Soy Drew Tanaka, por cierto.

—Reyna—se presentó, tendiendo su mano. Drew tendió la suya, pero la encogió mirando sus uñas y exclamando lo increíblemente feas que estaban. La pretora resopló.

—¡Oh! ¿Quién no iba a conocerte? Tu amigo el rubio raro y tú son famosos, jamás olvidaría a la persona que estaba dispuesta a destruir el campamento.

—Bueno, no es que confiáramos exactamente en ustedes.

—En fin, estoy agradecida que todo esto de los gigantes ya haya terminado—le interrumpió, pero algo provocó que Reyna no replicara.— Cariño, ¿te han vestido esos viejos fantasmas que andan por ahí? Esa armadura está completamente pasada de moda.

Miró su atuendo por instinto, tirando de la capa morada que la diferenciaba de los demás por su rango. Por supuesto, era tradicional que ella llevara esas ropas, aunque, si lo pensaba bien, se pasaba un poco de anticuada.

Reyna lo pensó, ¿Qué había dicho?

—No me sorprende el por qué ningún chico te ha invitado a bailar—la inspeccionó dándole la vuelta, cómo si ella no fuera una general de alto rango— Uhm si, tienes una postura buena, pero según mi intuición, te hace falta algo…Dime, ¿Tienes un amor imposible?

—Ah…—balbuceó, pero no pudo decir nada. Drew sonrió como un gato mientras sus ojos rasgados se hacían curiosamente más pequeños.

—Oh, es eso—le tomó la mano y la miró, asintiendo con la cabeza— ajá, te lo han arrebatado. ¡Uy! Y no por cualquiera, ha sido una de mis hermanas—apretó sus labios llenos de brillo labial como si la cosa fuera un chiste— Lo quieres de vuelta.

—Yo no he dicho nada—respondió con voz segura.

—No es necesario, cariño—Le tomó un mechó de cabello y lo enroscó en su dedo— Soy una hija de afrodita y sé cuándo alguien tiene un amor no correspondido. Ahora dime, ¿estás dispuesta a recuperarlo?

—¡Son tontería! ¡Jason y yo no podemos…!—

—¡¿Jason?!—Exclamó la chica—El novio de Piper, ¿Eh? Bien, esto es personal—tronó sus dedos y su cuello, con una mirada decidida— Ven conmigo ahora y los destrozaremos cariño, ¡Los haremos trizas! No solo te deslumbrarás sino que podrás sacar ese poder que llevas adentro.

Drew ya había comenzado a llevarla hasta que Reyna la detuvo en un tirón. La hija de afrodita susurró un "¿Qué demonios haces?" antes de que Reyna se soltara por completo. Ella no quería nada de eso, ni sentía que ellos dos se lo merecieran.

—Nada de eso, Yo me quedo aquí—golpeó el suelo con la planta de su pie— así que mejor regresa por donde veniste, Drew Tanaka.

—Ay, cariño—Drew susurró, con una voz demasiado dulce para el gusto de la Pretora.— Sé lo que quieres, tu corazón lo está gritando. Déjame ayudarte a sanarlo y obtener venganza.

—¿Y cómo sabes lo que quiero?

—Puedo verlo y te hace falta—Los dedos de la hija de Afrodita de aferraban más a ella, distrayéndole—Rómpele el corazón, tal y cual lo hizo contigo—Los pies de Reyna se movieron solos, no tenía control de sí misma— No hay nadie que sepa mejor que yo para hacerlo.

La Pretora asintió mecánicamente y se dejó llevar por la suave risa de Drew en la penumbra del bosque. Caminaron hasta que ella no supiera el sendero y su mente se perdió en un segundo.

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Despertó con un increíble dolor de cabeza y un liviano peso en sus hombros.

Estaba en el mismo lugar en el que se había ocultado toda la fiesta y, al parecer, no existía rastro de la chica asiática loca que le estaba insinuando acabar con la relación de su compañero y su novia.

Dioses, tocó su frente tratando de poner su mente en orden. El sabor dulzón en su boca le trajo mala espina y revisó su persona, asombrándose con lo que encontró.

El vestido era sumamente revelador y demasiado griego para su gusto. Los brillantes brazaletes de sus muñecas tintinearon con su collar. Su cabello estaba recogido en un moño griego a la antigua que le causó desesperación.

Le habían transformado en una Barbie Griega.

Trató de mantener la calma y caminar como una persona normal, ¡Tenían que haber puesto su ropa en algún lado! Si cualquiera del campamento Júpiter la viera de esa forma seguramente se volvería el hazmerreír. ¡Malditas locas Griegas! ¡Maldita diosa del amor!

Esperó estar irreconocible, pues no creía que pudiese ser invisible ante tantas personas. Por Júpiter, ¿A quién le diría? Definitivamente no a Jason, Y mucho menos a Octavian.

—¡Hey Tú, La nena escondida en los arbustos!—gritaron, Reyna maldijo en latín cuando su pie tropezó con el horroroso vestido— ¿Qué sucede, dulzura? ¿Estás perdida? ¿Eres una Ninfa perdida?

Reyna no se atrevió a moverse, Leo Valdez le tendía una sonrisa divertida mientras sostenía una copa con algo espeso y burbujeante dentro de ella. Bien, la estaba confundiendo con una Ninfa de la Naturaleza.

—No tenga miedo Señorita, ¡Estamos celebrando! —Pero ella no se movió. El chico ajustó los tirantes de su pantalón y Relamió su cabello rizado— Si es muy penosa, puede venir conmigo. Leo Valdez es el amo supremo de las fiestas.

Resopló, estaba segura que no se lo quitaría de encima por nada del mundo. Leo esperó con una gran sonrisa y una mano amiga a que se moviera de su lugar, pero no lo hizo.

—Eh, está bien, Puedo bailar solo ¿Sabes?—sus hombros cayeron un segundo, pero luego se volvieron rígidos— Toda esta gran fiesta para sentirme solo, ¿No crees que es estúpido?

Le echó un vistazo, Claro que no le parecía estúpido.

—Pero, los demás están felices teniendo "acción" mientras estoy aquí, hablándole a la noche, sin ofender—balbuceó, Reyna pensó que era lindo—¿Siempre eres así de callada?

Se tentó a responder, pero su orgullo le pesó mucho más

—A todo esto, ¿Por qué te ocultas? Seguro y eres muy guapa, digo, tu silueta es de lo más espectacular que he visto—no pudo evitarlo, soltó una risita que hizo que Leo volviera a poner su postura confiada— ¡Vamos a Bailar! No tengas miedo, podemos divertirnos juntos aquí, en lo oscuro.

Reyna dejó que sus collares tintinearan en respuesta, no quiso moverse. Leo esperó a que pudiese responder, pero la Ninfa de la noche volvió a dejarlo en visto. Suspiró con pesar y dio la media vuelta para regresar.

—¡Leo! ¿Qué haces ahí hablando solo?—gritó Piper.

—Creímos que estabas en el tablero de la música—le dijo Jason.

—No estaba hablando solo—señaló el fondo— había una chica con la que quería….¿Por qué me miran así?

Dirigió su cuerpo en dirección hacia dónde sus amigos marcaban y su mandíbula resbaló. Oh dioses, oh dioses… Esa era…

—¡Reyna! ¿Pero qué te ha-…?

Retrocedió apenada, la expresión de Jason era tal que hizo sus piernas temblar. La atención se centró en ella y pudo sentir cómo su reputación se desmoronaba sobre ese desagradable vestido griego. Caminó (algo un poco más fácil de lo que pensaba) y habló con la poca dignidad que le quedaba:

—¿podrían ayudarme? Alguien me ha cambiado por esto.

—Pero Reyna—dijo Piper, tan asombrada como la gente a su alrededor— Estás…

—Ya sé, ¿Podemos evitarnos la vergüenza?—gruñó—solo quiero quitarme este maldito vestido de una vez por todas.

—Hermosa

Leo le tomó una mano temblando y con la boca entre abierta. Reyna parpadeó varias veces, escuchando algunos suspiros detrás de ella. ¡¿Qué estaba pasando?!

—¿Disculpa?

—Ha dicho que estás hermosa, Reyna—le respondió Piper— ¿Pero qué te ha sucedido? Te vez magnífica.

—…¿Ah?—exclamó confundida. Corrió como si flotara entre el agua y algunos chicos le persiguieron con la mirada. Encontró un cuenco con la bebida que andaban bebiendo y se reflejó. ¿pero qué mier….?

—Oh, Júpiter.

No habían palabras para explicar lo bellísima que se veía; El vestido tan típicamente Romano y su peinado le sentaban como anillo al dedo; Su maquillaje le hacía lucir muchos eones más hermosa y fuerte de lo que pensaba. Los rastros de ese feo trapo de concubina no existían y ella se veía divina.

Regresó a la realidad y concentró su atención en sus tres amigos. Sin explicación, sonrió de pura felicidad y Jason cayó al suelo, Inconsciente.

—¡Jason!

—Eso no fue intencional—dijo Ella, preocupada. Le tomó el brazo a Leo y pasó un cabello suelto por su oreja— ¿Vamos a bailar o no? Estuve escuchando tu monólogo y no habrá otra oportunidad.

—A-ah…

—Lo tomaré como un sí. Procura que no se golpee mucho la cabeza—le dijo a Piper y lanzó a Leo hacia dónde la música sonaba. Los de su alrededor volvieron a sus asuntos y Reyna sonrió para si misma, después de mucho en la noche por fin estaba disfrutando la fiesta cómo se debía.

Las hijas de afrodita definitivamente estaban locas, pero le agradecía, muy en el fondo, que hubiese hecho algo por ella. Si afrodita estaba a cargo de las transformaciones instantáneas, le dedicó una disculpa. Los dioses no siempre estaban tan pendientes de ellos como para ayudar a una chica solitaria a divertirse.

Soltó una carcajada, tal vez no le había roto el corazón pero si la cabeza.

Ni se quejó, los planes no siempre eran perfectos, aunque el suyo había salido mejor de lo que esperaba.

Afrodita le sonrió, por primera vez en su vida.


Lo admito, me salió un tantito Oc, pero no pude detenerme mientras escribía.

Gracias chicas y chicos por sus comentarios alentadores y lamento haberlos dejado tanto tiempo sin publicar.

La universidad me ha tenido como una loca, de verdad, aun tengo muchísima tarea que hacer pero cuando lo comencé a escribir no paré. Tenía que terminarlo y publicarlo a toda costa.

Ultimamente las cosas salen muy rápido y voy corriendo, perdónenme.

DemigodOnFire: muchísimas gracias, Ellos dos son increíblemente difíciles. ¡Me encanta que te guste!

Nyaruko - San: Tiempo es lo único que no tengo, pero descuida, te esperaré todo lo que tengas que tardar. Gracias por pasar a verme y muchos besos.

Mister Walker: ¡Gracias! es bueno verte de nuevo por aquí con vida. Espero que los dos podamos continuar escribiendo.

leyna scorse: ¿Alguien ordenó Leyna para llevar? ¿orden número 7? Jajajaja, aquí tienes con todo mi amor.

Muchas gracias a los que me comentan y leen, a los que solo leen les mando un gran abrazo y anímense a escribirme.

Con un gran cariño por todo.

Kura.