Girasoles

Lo besó, mordió sus labios y no dudó en apegarse más a él, profundizando el contacto sin despegarse un milímetro y empujándolo a la pared. Jadeó dejándose inundar por aquella placentera sensación y ese agradable contacto que antes de poder asimilarlo por completo, terminó repentinamente, dejándolo confundido en el lugar. Vio una hermosa sonrisa dibujada en los labios de su acompañante y unos brazos rodeándole por los hombros al momento de oír cerca de su oído.

"Me rindo" –rió -"Así como los girasoles, desde ahora giraré siempre hacia ti…" –y volvió a soltar una delicada risa "Te admiro por esto" –concluyó y besó su cuello, muy cerca de dónde había hablado segundos atrás y terminándolo de acorralar en la pared frotándose suavemente contra él "¿qué dices?" –sonrió desafiante.

El castaño lo miró algo pasmado por lo que pasaba. Rió tomándolo de la cintura "Digo que no podías haber elegido mejor… ¿acaso he derrotado al hijo de Dios?" –y sin dejarlo responder volvió a besarlo, tocando sus mejillas y alargando el contacto en un intento de alargar aquel beso, de tocar más, intentando calmar ese apetito que pedía por más. Tomó su camisa, intentando explorar más allá, pero antes de llegar más lejos aquellos labios se despegaron de él volviendo a hablar.

"El hijo de Dios… no ha sido derrotado por ti" –sonrió. "Pero quizá sí, una flor que ha brotado gracias a tu resplandor" –Y sin más el castaño lo tomó del brazo, jalándolo hacía su habitación y derribándolo sobre su cama antes de empezar a besarlo una y otra vez.

"Enamorado… por completo, eres invencible" –sonrió Shiraishi antes de besar al peliazul, iniciando una larga noche de susurros y besos, con aquel quien había pisado fuerte en su mundo y sería ahora, su más preciada flor.


Espero haya sido entretenido para ustedes~

Muchas gracias por leer!