Prólogo Capítulo 7

Mezcló el mazo lentamente y con los ojos cerrados, embotada por el vino y la marihuana. Era un sábado a la noche y como todos los sábados, iba a leer su tarot.

Skye no era experta en esto, no. Como toda adolescente dark, tenía una afinidad por lo oculto y las drogas; la ausencia de su padre por viajes de negocios y la muerte temprana de su madre habían aumentado su gusto por el tarot y la marihuana, aunque lo reservaba únicamente para momentos especiales. No iba a transformarse en una fumeta ni en una sacerdotisa Wicca. Al menos no ahora.

Comenzó a barajar con los ojos cerrados, formando un arco en el escritorio de su habitación con todas las cartas dadas vuelta. Una vez que su ventana al futuro estuvo formada, comenzó a sacar las cartas. Algo dentro suyo, quizás el alcohol, quizás el THC o quizás ambos, le dijo que lo hiciera con los ojos cerrados.

Pasó las yemas de los dedos suavemente por cada carta, como saboreando el roce con el cartón. Retiró seis, sin darlas vuelta y las ubicó de izquierda a derecha. Un poster de Edgar Allan Poe observaba toda la escena desde la pared de la habitación.

Comenzó a darlas vuelta en el orden que creyó era el indicado. No había lugar para la lógica ni para la razón en este juego.

El Diablo

El Juicio

La Muerte

El Enamorado

La Torre

La Justicia

Las tres primeras cartas no vaticinaban nada bueno, en cualquier orden que aparecieran. Pero la cuarta era rara. Alguien iba a cambiar, y que apareciera antes que la muerte reforzaba esa idea de transformación . La quinta carta era una torre; en ese cambio podría estar involucrada la ira de Dios o quizás alguien saliera de su caparazón para evolucionar. Aunque las tres primeras cartas indicaban un desastre de proporciones divinas. La sexta carta, la justicia, le resultó más confusa que todas: iba a ganar El Diablo o El Enamorado?

Su corazón empezó a latir frenéticamente. Los vidrios de la ventana vibraron por una explosión lejana mientras Edgar Allan Poe mantenía su mirada fija en la nada.

Capítulo 7

-Mierda.- dijo el motociclista y corrió hacia la puerta.

El muchacho sintió un bajón de presión, parecido a un mareo, y algo mojado en su camisa. Una mancha roja se formaba en el costado izquierdo de su cuerpo, rápidamente. Sintió la necesidad de recostarse contra la pared bajo la ventana y así lo hizo, tomándose el orificio de la bala. ¿Porqué seguía consciente? ¿Así se sentía la muerte? El dolor se hacía cada vez más fuerte y le impedía desmayarse. El dolor y ese olor a perro cada vez más fuerte, que lo había perseguido toda la noche.

En la pared, justo atrás de donde recibió el tiro, había una cruz. Era de unos pocos centímetros, totalmente simétrica, clavada en la mampostería agrietada. El olor a gasolina y a pólvora le inundaba las fosas nasales y le quemaba. Permaneció en silencio durante algunos minutos, o segundos o quizás horas, hasta que entró Tony.

Todo lo que siguió fue muy rápido. Tony llamando a la ambulancia. Hannah aullando de dolor a su lado. Gracias a Dios, está viva. Sirenas de policía. Sirenas de ambulancia. Sherri agradeciendole con lágrimas en los ojos, abrazada a Jeff. Un paramédico negro, inmenso, con tatuajes en los hombros aplicando presión sobre la herida y hablándole permanentemente. Otro paramédico, aplicando inyecciones en su brazo de distintos tipos.

-Hannah…- suspiró Clay

La Chica se arrodilló entre sollozos. Si iba a llevarse una imagen al otro lado, para toda la eternidad, que fuera ella. Aunque estuviera llorando.

-Hannah, volví… me dijiste que me fuera pero volví-

-Perdón Clay! No te mueras!- aulló La Chica.

-Perdón si hice algo mal… Te amo- dijo en voz cada vez más baja El comentario hizo que la adolescente explotara en llanto aún más fuerte. Agarró la mano del muchacho tan fuerte que podría habérsela fracturado, aunque él ya no lo sentía.

-Tony... b´alam… Cuidala-

El balbuceo agonizante de Clay remontó al muchacho latino a algunos años atrás e hizo que su pecho ardiera de dolor. Cuatros rayas rectas surcaron la piel bajo su camisa a cuadros abotonada.

Justin entró como una tromba para hallar al nerd tirado en el piso, y Bryce con media cabeza volada recostado contra la pared. Incluso en la muerte su boca tenía una expresión de sonrisa estúpida, como burlándose de la sensiblería barata a su alrededor.

Se aproximó a Clay.

-Gracias Jensen. Un maldito héroe. Gracias.- y empezó a llorar también.

-Córranse muchachos, vamos a cargarlo- dijo el paramédico negro; había llegado la camilla. El paramédico blanco vociferaba órdenes por un radio. Escucho hospital, camilla, quirófano, hemoterapia, shock, pero las palabras cada vez significaban menos para Clay, mientras se desmayaba.

Lo bajaron por la escalera, la escena era dantesca. Había por lo menos 5 cuerpos aunque no pudo reconocer a nadie. Hannah seguía la camilla mientras Tony la abrazaba. Justin, Jeff y Sherri seguían la escena justo atrás.

-No te mueras Clay, no te mueras!- chilló La Chica.

La camioneta Humvee del violador Bryce estaba llena de impactos de bala, y la ambulancia estaba estacionada al lado. Algunas motocicletas estaban tumbadas en el piso, prendidas fuego. Subieron la camilla como si fuera un mueble y las puertas se cerraron.

Las caras de los dos paramédicos estaban encima de él, y decían palabras sin sentido. Pulso. Oxigeno. Suero. Hidratación. Tramadol. Fentanilo. Entubación. Atracurio. Amnesia anterógrada. Escopolamina.

Todo se volvió negro.

-X-

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