Disclaimer: Todos los derechos reservados a mi escritora británica favorita J.K. Rowling, Warner y Salamandra y compañía. Todos los personajes y el mundo pertenece a la increíble Jo, me temo que sólo los he tomado prestados para jugar un ratito con ellos. La historia es de mi muy retorcida y triste (poco creativa) imaginación.

Disfruta de la lectura como lo he hecho yo escribiendo...

Infiel

por LunaHHr

Capítulo VII: El final

Hermione esperó unos quince minutos antes de salir del aula para dirigirse a la Torre de Astronomía. Se sentía más ligera de lo normal, podría decirse que liviana al fin por haber aceptado que Draco era la persona con la que quería estar. Trató de despejar su mente un par de veces de los recuerdos de sus ojos cuando le dijo que ella ya lo sabía.
Lo sabía todo.
Vio miedo en esos ojos glaciares, esa mirada que siempre pretendía estar fría e indiferente. Vio agonía y soledad. Y ella ya no quería eso en él. Lo aceptaba por completo, pero como le dijo, eso no significaba que estuviera de acuerdo con lo que había hecho o lo que podría hacer.

¿Cuándo un moustro deja de serlo? Oh, suspiró Hermione, cuando te enamoras de él.

Se apresuró al abrir la puerta, con varita en mano, tomándola con fuerza y silenciando sus pasos. Al principio no escuchó nada, pero conforme se fue acercando fue escuchando las voces que estaban al subir las escaleras. Desde abajo pudo vislumbrar a Draco, dos mortífagos más y a la mismísima Bellatrix Lestrange. Vio a Snape y luego al cansado y muy decaído profesor Dumbledore.

Sintió que las piernas le comenzaban a fallar, el corazón le latía a mil por hora y sus manos comenzaban a temblarle. ¿Dónde rayos estaba Harry? Hermione buscó por toda la habitación en busca de su mejor amigo. ¿Le habrían hecho algo? ¿Estaría arriba con ellos? ¿Estaría él...? No quería ni siquiera pensarlo. Harry no podía estar muerto. ¡No!
Rápidamente y sin pensarlo mucho, decidió que lo mejor era subir las escaleras poco a poco, echándose así misma el encantamiento desilusionador por precaución.

—Vamos, Draco—le susurró Bellatrix en el oído—¿Qué estás esperando? Sabes que son órdenes del Señor Tenebroso. ¡Debes hacerlo!—gritó lo último, comenzaba a impacientarse.

—Draco—musitó el profesor Dumbledore—No ensucies tu alma.

Draco lo miró con ojos desesperados. No quería hacerlo... pero debía.

—¡Tengo que hacerlo!—gritó—¡O sino él me matará!

Dumbledore dejó de mirarlo para dirigirle una mirada de súplica a Severus Snape, pero este no lo miraba. Tenía puesto los ojos fijos en Draco.

—Sabes lo que le juré a tu madre—le susurró—Deja que me encargue de esto.

—No, esto es algo que debo hacerlo yo...

—¡El chico debe hacerlo, Severus!—chilló Bellatrix—Ha sido honorado con esa misión, ¡no te metas queriéndole robar toda la gloria!

Draco miró nuevamente al desgastado director de Hogwarts que yacía a las orillas de la alta Torre de Astronomía. No quería hacerlo, por eso caviló entre las posibles consecuencias de no cumplir con la misión del Señor Tenebroso. Su mente traicionera lo llevó al momento justo cuando Hermione le dijo que no le importaba lo que él era o lo que había hecho, le había dicho en pocas palabras que quería estar con él. Tenía una oportunidad con ella. ¡Lo estaba eligiendo por encima del San Potter! El maldito santurrón que todo mundo adoraba. La mejor bruja de su generación creía que no todo estaba perdido en cuanto a él. Hermione le daba esperanza, calidez, ganas de vivir y dejar ese maldito estilo de vida que a lo largo de los años lo había llevado hasta su propia ruina. Estaba seguro de que la quería, de que la deseaba y que estaba dispuesto a hacer lo que sea para merecerla. Podía imaginarse fácilmente lo que sería su vida con ella. Se veía así mismo con ella por el resto de su vida, aunque eso le daba escalofríos ya que sólo contaba con diecisiete años cumplidos, pero ¿qué podía hacer? La quería a su lado, crecer con ella, aprender con ella, luchar con ella. Deseaba pasar fechas importantes con ella, terminar el último curso de Hogwarts a su lado, competir con ella por las mejores notas, graduarse del Colegio y celebrar con ella sólo como ellos dos sabían y preferían hacerlo: haciendo el amor. Deseaba llevarla a su trabajo, pasar por ella, sorprenderla, hacerle el amor en su oficina o en su casa, escaparse a algún sitio, jugar con ella... quería aprender a vivir sin odio, sin racismo y sin tanta violencia. Estaba harto de todo aquello. Y aún cuando todo parecía demasiado platónico, demasiado irreal o absurdo para poder cumplirse, quería aunque sea intentarlo o verla a escondidas, quería que ella se sintiera orgulloso de él. No quería su odio ni sus lágrimas.

Harry vio cómo Draco Malfoy comenzaba a bajar la varita que sostenía con tanta fuerza. Alternó la mirada hacia Hermione que estaba medio escondida en las escaleras, sintió un pavor indescriptible en la boca del estómago.

—Severus, por favor...—escuchó que suplicaba el director.

Harry se movió con todas sus fuerzas, saliendo del encantamiento lentamente. Estaba desesperado por moverse y hacer algo. ¡Las dos personas que más le importaban estaban en peligro!

—¡Vamos, Draco!

—¡Hazlo de una vez o lo haré yo!

Harry sintió los dedos de sus manos moverse poco a poco. Miró con pánico en los ojos como Snape alzaba la varita y apuntaba al director... luego, luego todo pasó muy rápido.

Hermione salió disparada hacia ellos gritando "¡No!", empujando a Bellatrix en el proceso y viendo cómo el director Dumbledore caía muerto desde la Torre de Astronomía. Los otros dos Mortífagos apuntaron con su varita a lo que sea que había aparecido de la nada para atacarlos. Draco quería arrancarse el cabello al percatarse de quién se trataba.

—¡La sangre sucia!—gritó Dolov con una sonrisa repugnante en el rostro—Qué sorpresa, ¿eh?

Bellatrix pateó a Hermione con sus botas cuando se dio cuenta que sus cuerpos rozaban, hizo una mueca de disgusto y se puso de pie de inmediato. Hermione, por el contrario, era ajena a todo lo que pasaba a su alrededor.

El profesor Dumbledore estaba muerto.

—¿Cómo te atreves a tocarme, maldita sangre sucia?—gritó Bellatrix fuera de sus casillas—¡Crucio!

El grito ensordecedor que salió de la boca de Hermione fue suficiente para sacar a Draco de su estupefacto y para que Harry saliera del encantamiento, se lanzara a las escaleras y así revelara su presencia. Logró desarmar al Mortífago que se dirigía hacia la ausente Hermione en el suelo.

—¡Crucio!—gritó Bellatrix una vez más, sintiéndolo en su interior, impregnando todo el odio que sentía por los sangres sucias en ella.

Hermione sentía un dolor indescriptible recorrerle por todo el cuerpo, taladrando cada uno de sus huesos, agujerando su interior con miles de cuchillas ardientes. La vista se le nubló y por lo que le pareció una eternidad dejó de escuchar la risa histérica de Bellatrix, los hechizos que Harry lanzaba para tratar de desarmar al Mortífago que quedaba junto a Snape. ¿Dónde estaba Draco? Incluso entre todo ese sufrimiento, entre toda esa agonía ella aún tenía la fuerza suficiente para buscarlo. Quería alcanzarlo.

—¡Crucio!—gritó Lestrange una vez más luciendo una sonrisa perversa en el rostro—¡Eres una estúpida y despreciable sangre sucia, niñita!

Draco respiraba con dificultad, sentía impotencia en ese momento. Si ayudaba a Potter y defendía a Granger quedaría expuesto por completo. Sus padres...

Hermione gritó una vez más.

—¡Colloshoo!—musitó Draco para que los pies del mortifago sin varita quedaran pegados al suelo. Vio cómo este perdió el equilibrio y cayó al suelo desorientado. —¡Desmaius!—susurró después y el mismo mortífago cayó contra la pared, desmayado.

Draco se acercó lentamente hacia su tía Bella, quien lucía extremadamente concentrada en torturar a Hermione con palabras amenazadoras y grotescas.

—¡Expulso!—gruñó Draco en contra de su tía, pero ella se defendió con un ágil movimiento de su varita.

Miró a su sobrino con ojos desorbitados y la boca muy abierta.

—¿Qué fue lo que intentaste hacer?

Draco alzó su varita contra ella. Ya no temblaba como lo hacía contra Dumbledore. No sentía miedo, ni angustia ni mucho menos algún tipo de culpa por pensar en esa tercera maldición imperdonable. Sentía su cuerpo caliente, como las orejas casi le silbaban por la furia que sentía en todo su interior. Estaba muy seguro de que nunca en su vida dejaría que alguien lastimara a Hermione Granger otra vez.

Harry lanzó por las escaleras al segundo Mortífago y fue testigo de cómo Draco apuntaba a Bellatrix con su varita, con la mirada llena de furia y repulsión.

—Draco—lo llamó su padrino, sin dejar de apuntar a Harry con la varita.—¿Qué es lo que te sucede?

No dio respuesta.

—¿Acaso quieres ser tú el que le haga la tortura, sobrinito?—preguntó Bellatrix con voz chillona, labios apretados y mirada suspicaz.

Draco sonrió de lado, asintiendo levemente con la cabeza.

—Hazte a un lado.—ordenó.

Harry estaba listo para desarmar a Malfoy cuando sintió un golpe fuerte en el estómago que lo lanzó contra la pared, lejos de Hermione y los otros. La varita se le escapó de la mano, perdiéndose entre la oscuridad. A su lado vio al otro Mortífago que seguía desmayado. Palpeó por todo el lugar en busca de su varita, sin éxito por el momento.

Draco miró a Potter, dándolo por inconsciente también. Sin su ayuda, sería más difícil.

—Vamos, Draco, ¡tortúrala!—presionó su tía, apúntandolo con la varita.

Él se acercó a la chica que yacía en suelo, pálida, gimiendo bajito y los ojos cerrados con fuerza. Podía ver que sus labios se movían, pero no tenía ni idea de lo que ella podría estar diciendo. Quizá estuviera suplicando para que el dolor parara...

Llegó a ella dándole la espalda a su tía y su padrino. Llenó sus pulmones de aire una vez más y luego se volteó para enfrentarlos.

—No la voy a torturar. —sentenció el Slytherin. —Y tú tampoco lo harás, Bella.

Su tía se rió con ganas, mirando a Snape para asegurarse de que él también hubiera escuchado lo que ella, pero el rostro de Snape era de incredulidad y luego cayó en la cuenta del comportamiento extraño durante el último año de Draco; sus escapadas, más ojeras de lo acostumbrado, las veces que lo había descubierto mirando a Granger en su clase... El profesor confirmaba sus sospechas en ese momento: Draco estaba enamorado de Granger.

—¡Sectumsempra!—gruñó Harry con todo el odio que tenía en su interior contra Snape, pero él repeló el hechizo con rapidez.

—¿Cómo te atreves a usar mi propio hechizo contra mí? —preguntó Snape con las cejas fruncidas, arrogante y mirada penetrante.

Harry arrugó la frente.

—N-no...—tartamudeó, confundido.

Snape rió, sabiendo que Bellatrix los observaba con atención.

—¡Yo soy El Príncipe Mestizo, arrogante idiota!—le gritó a Harry con furia.

—¡Mátalo, Severus!—ordenó Bellatrix sumamente entretenida en ellos dos; haciendo que Draco aprovechara el momento para lanzarse contra ella y quitarle la varita. Ella lanzó un grito agudo y trató de arañar a su atacante. —¡Traidor! ¡Eres un maldito traidor! ¡Te mataré!

Draco guardó la varita en su bolsillo y con la suya trató de desarmar a su padrino, pero este lo hizo primero.

—¡Desmaius!—gritó una voz rota detrás del rubio, haciendo que el profesor Snape cayera por las escaleras, desmayado.

—¡Hermione!—dijo Harry preocupado, viendo cómo se agarraba con la mano de la pared más cercana. Draco se acercó a ella para tomarla de la cintura.

Bellatrix se tiró contra Harry para quitarle la varita. Ambos forcejeaban en el suelo, haciendo sonido sordos y golpeándose sin miramientos.

—Hermione—musitó Draco mientras la tomaba por el rostro.—Tenías razón respecto a todo. Voy a cambiar. Voy a intentarlo por ti, quiero enmendar todo lo que he hecho, quiero...

—¡Malfoy!—gritó Harry por ayuda, tenía los ojos llenos de pánico ya que se encontraba sin varita en mano y en el suelo, con la nariz rota y llena de sangre.

—Eres un traidor, Draco Lucius Malfoy, y a los traidores hay que darles una muerte lenta.—le avisó con voz afilada—¡Sectumsempra!—gritó mientras lo apuntaba con la varita.

—¡No!—gritó Hermione, poniéndose entre Draco y el hechizo. Recibiéndolo en su lugar, directamente en el pecho.

Todo se detuvo por un momento. Todo comenzó a ocurrir en cámara lenta. Los sonidos dejaron de existir, todo era ajeno a los oídos de Draco quien tomó a Hermione en brazos, sentándose en el suelo para ponerla en su regazo.

Harry se lanzó contra Bellatrix una vez más, haciendo que se golpeara la cabeza contra el suelo cuando cayó sobre ella. Se quedó inconsciente en el acto. Le quitó la varita e hizo que sus manos quedaran pegadas por medio de un hechizo, al igual que sus pies. Hizo lo mismo con el otro Mortífago, por si se despertaba.

—¡Potter!—escuchó que gritaba Malfoy.

Harry lo vio con Hermione entre sus brazos, vio con horror que toda su ropa estaba empapada de sangre, que de hecho, esta no dejaba de esparcirse por todo el lugar. Vio las manos del rubio rojas, sus ojos llorosos y desesperados. Se arrastró hacia ellos.

—Hermione—la llamó él—Por favor, no...—le suplicó tomándola de la mano que no tenía aferrada a Malfoy. Le acarició la frente.

—Snape—musitó Draco—Él me curó de esto. ¡Despiértalo!

Harry asintió con la cabeza y se dirigió escaleras abajo.

—Draco—susurró ella con dificultad ya que el dolor no la dejaba hablar con claridad.

—Shh—respondió él, arrullándola entre sus brazos.—Te amo, Granger.

—Lo sabía—musitó ella en un vago intento del tono sabiendo que usaba cuando tenía razón en algo.—Yo lo... —tartamudeó—hago más.

—No puedes dejarme ahora, Granger. No cuando he logrado enfrentarme contra el mundo. Te necesito a mi lado para seguir haciéndolo.

—Podrás—susurró—Tienes que ayudar a Harry a destruir a Vol-Voldemort.

Draco frunció las cejas, negando con la cabeza.

—Juntos lo haremos, mi amor. Juntos. Resiste. ¡Potter! —gritó desesperado mientras volteaba la cabeza para verlos venir. Sintió la mano de Hermione en su mejilla.

—Te amo—le sonrió mientras dejaba de sentir las leves convulsiones en su cuerpo. Sintió la mano de Draco hacer presión contra los miles de cortes que iban apareciendo en su cuerpo, pero era imposible.

—¡No está!—gritó Harry, cayendo de rodillas junto a ellos—He revisado todo el lugar—dijo desquiciado.—Hermione, ¿qué hacemos?

Ella lo miró con ternura.

—Debes destruirlo, Harry. Debes encontrar los Horrocrux res-restantes—susurró con dificultad.

—No voy a poder. No sin ti, Hermione.—lloró Harry mientras le besaba las manos.

Draco sentía sus propias lágrimas caer por sus mejillas. Veía como el amor de su vida moría lentamente frente a sus ojos y él no podía hacer absolutamente nada. Hermione cada vez lucía más pálida, sus labios morados; y era increíble la fuerza de esa maldición que hacía que luciera ojerosa y cada vez más esquelética.

Sin embargo, sus ojos seguían teniendo ese brillo especial, coqueto y llameante que lo miraban con intensidad en ese momento. Pronto se dio cuenta que conforme pasaban los minutos, esos ojos iban perdiendo el brillo también, la esperanza se iba perdiendo, se iban apagando y desapareciendo justamente como sus ganas de vivir o seguir luchando. Sintió el cuerpo de su amada inerte, flojo y frío.

Hermione murió en sus brazos y se llevó consigo su última oportunidad para ser feliz.

FIN


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Notas de autora: Y aquí acaba! Debo confesar que mi intención principal era que Draco o Harry murieran, pero al final he creído que Hermione era la mejor opción. No me odien, es sólo drama. Aunque claro, hay un final alternativo con menos muertes y menos ataques de tortura, jeje pero eso significaría alargar la historia y tengo otras que merecen mi atención. Así que por el momento, se terminó. Gracias milveces a todos por leer, sus comentarios y votos! Los llevo en el corazón.