Hola, espero no haber tardado mucho con actualizar este fic, como siempre disfrútenlo ya que a mi criterio, no se el de ustedes, es el mejor fic que pude haber escrito n.n


Sus muñecas quemaban, no entendía de que lugar su amado saco fuerzas, para estar allí, encadenado, cada noche, durante dos años— ¿Cómo era posible?—Se preguntó y una lagrima cayo por su mejilla, perdiéndose dentro del escote de su vestido, gastado y sucio. Hacía tiempo Tsubaki se había marchado, dejándola sola, en medio de esa oscuridad, sin ni siquiera una gota de luz, ganando tristeza y miedo. —Deseo verte, solo una vez más, Inuyasha—Dijo, cerrando sus ojos, para tener más oscuridad, sin ser capaz de dormir, que en su situación, era lo más hermoso.

Ya hacia un día que caminaba sin rumbo, algo lastimado, sucio, con sed y hambre, pero solo deseaba encontrar a Kagome, todo el tiempo gritaba su nombre, pero ella no le respondía. El día no existía para él, ya que solo despertaba de noche, sin ser capaz de recordar algo, desde ya hace un día. — ¡Maldita bruja!—Grito, pero nadie más que él, oiría sus maldiciones. — ¿¡Que es lo que sucede!? ¡Kagome!—Pero nadie escuchaba, hasta que una débil luz apareció en medio de la tenebrosa nada, la cual lo rodeaba, a cada paso, perdido, que lograba dar.

La luz era cada vez más grande, a cada paso, hasta que pudo ver de dónde provenía, se trataba de una casa vieja, con un campo pequeño de cultivos muertos—Debe de ser culpa de la bruja—Pensó y a medida que se acercó a un más hasta la casa, pudo reconocerla—Imposible, aquí… este lugar…—Antes de decir algo más, la puerta se abrió.

—Pasa, eh estado esperándote—Dijo una vos masculina, desde dentro, Inuyasha desconfió, pero que más podría pasarle y sin dudarlo otra vez, entro dentro, sintiendo alivio, ya que el lugar estaba iluminado y ahí lo vio.

—Totosai… tú eras ese viejo…—Dijo, reconociendo al hombre que lo crio, que le dio una falsa paternidad, para luego venderlo a ese maldito rey.

—Lo único que quise, cuando te vendí a ese rey, fue darte una vida mejor, mejor de la que te di y con tiempo no pude darte más—Dijo el anciano, quien estaba sentado en un viejo sofá. —Lamento el hecho de no haberlo logrado, pero ese jovencita, Kagome, tu amada princesa, pudo aparecer en tu vida.

— ¿Tu?—no sabía cómo actuar, tenía tanta furia encima, necesitaba estar al lado de Kagome, verla sana y salva, pero también quería respuestas de todo y antes de tomar un decisión equivocada, la cual consistía en irse de ese lugar.

—Tu princesa está sufriendo, desea verte como tú a ella y te prometo que te ayudare a llegar a ella y líbrala de aquellas esposas, de las cuales solo, se liberara cuando muera. —El anciano se levantó y se acercó a Inuyasha, quien fue esquivo. —La bruja, Tsubaki, piensa que ni tu fuerza podrá liberarla, pero te aseguro que con mi ayuda, tu demonio interior, se hará más fuerte y lograras liberarla—Dijo, pasando su mano por delante de la cara de Inuyasha, haciendo que forzosamente, este, cerrara sus ojos, captando algo, como si fuera un sueño, un sueño que no era.

A punto de caer dormida al fin, de la nada, una luz apareció frente de ella, la cual era compañía de bruja, quien no estaba de muy buen humor. — ¡Veo que no está! ¡Pronto tendrás que morir! ¡El no llegara a ti! ¡Aunque lo haga, no podrá liberarte, solo cuando des tú último respiro, cuando tu último latido se escuche, en ese momento, cuando tu piel este blanca como cadáver y tus ojos cerrados estén! ¡Ahí sí, sí, podrá liberarte!—Dijo a los gritos, muy furiosa, sabiendo que una presencia, mala para ella, la bruja, invadía el calabozo.

— ¿¡Que es lo quieres con nosotros!?—Se atrevió a preguntar Kagome.

—A ti muerta y tu amado, quiero que él sea mío, solo mío, por siempre, pero con tigo en el camino, será imposible, salvo por un obstáculo, que hay para ambos, ustedes—La bruja hizo una pausa, Kagome la miro con desprecio y continuo—Eso que le di de beber, es una pócima, la cual creo un alma extra dentro de Inuyasha, una alma, creada por la maldad dormida de él, tú la dormiste, pero gracias a esa poción, despertó y se convirtió en un alma más, un alma que desea ese cuerpo, todo ese cuerpo. Pero en un momento determinado, esta despertara, solo un momento, y yo deseo que despierte para siempre, así estará a mi lado, siempre, pero que tú sigas viva, me impide que eso pase.

— ¡Inuyasha vendrá, o veras y nos iremos juntos! ¡Lejos de ti!—Dijo Kagome, con todas sus fuerzas, pero la bruja enojo y le pego una cachetada, la cual tan fuerte que este desmayo.

— ¡No! ¡Kagome!—Grito Inuyasha, quien veía todo, pero dejo de ver, cuando abrió los ojos y repentinamente, el anciano, estaba sentado nuevamente.

— ¿C-cómo?

—Cámbiate, no querrás que tu princesa te vea con la ropa más maltratada de lo habitual—Dijo este, señalando un cambio de ropa, pantalón y camisa, que estaban en una silla. Sin saber por qué, no lo dudo y enseguida se cambió. —Hace tiempo morí, pero mi alma, es tu única salvación, por el momento, Inuyasha—Dijo y se acercó en un flash a Inuyasha, entregándole un cajita, que tenía su nombre "Inuyasha" —Lo que hay dentro, por el momento, te ayudara, ahora solo camino hacia el amanecer y estarás con tu amada, cuando lo encontré entre tus ropas de bebe, lo vendí, ya que era de oro, pero luego, que te vendiera a ti, fui a recuperarlo, así fue como morí…—Dijo y desapareció.

—Pronto esteremos juntos, Kagome…—Dijo y al salir, vio luz, estaba amaneciendo y claramente se podía ver más maltratada la casa y todo el lugar, que estaba muerto. — ¿Qué significa esto?—Se preguntó, mirando la cajita e inconscientemente, la abrió, viendo el dije que estaba dentro, el cual brillaba, logrando que el oro parezca una autentica luz.

A medida que avanzo, ese lugar estaba más lejos, aún más lejos, y más amanecía, dejando ver apenas, el palacio, que ya no era majestuoso, sino tenebroso, a pesar de ser de día.

— ¡No puede ser! ¡Puedo saber que está de pie y cada vez más cerca! ¿¡Cómo es posible!?—De un lado al otro iba, sin saber qué hacer, sabía que Inuyasha estaba cerca, pero nada podía hacer, algo se lo impedía, hasta que apareció fuera del palacio, justo en ese momento, Inuyasha llego a la puerta del calabozo, la cual estaba abierta, junto con la continua, cruzar por el húmedo pasillo y hasta finalmente, dar con Kagome.

— ¡Kagome! ¡Mi amor!—Dijo, sintiendo igual que ella, por un momento. — ¡Vamos, despierta, debemos irnos!—Casi suplico, pero ella no le respondió—Te liberare—Dijo y luego de hacer fuerzas con esas esposas, logro doblarlas nuevamente, liberando a Kagome y no a él, como la primera vez.

Escuchaba su voz, quería ir a esta ella, pero quería mantener sus ojos cerrados y dormir, el sueño era un paraíso, en ese momento, no podía saber si la voz que escuchaba, que la llamaba, era parte del sueño o verdadera, y como nada bueno esperaba ya, no quiso despertar, soñando, soñando con aquella vez.

Hace un año

Era verdad que amaba, verla llegar, abrir esa puerta de hierro todos los días, cada noche y estar con ella hasta el amanecer, que duerma entre sus brazos, pero últimamente la notaba muy rara, cansada ya algo caliente, le preocupaba, aunque no se imaginaba que tenía; hasta que un día.

—Kagome… Kagome, vamos, despierta, princesa, a tienes que irte—Dijo, varias veces, incansablemente, pero esta seguía dormida entre sus brazos.

—Un poco más, si, Inu-Yasha—Dijo, apenas abriendo sus ojos chocolates, para acurrucarse aún más, contra su amado.

—No se puede, debes de irte ya, vamos, Kagome—Dijo, sacudiéndola con cuidado, pero ella había quedado dormida nuevamente. Luego de unas par de sacudidas, Kagome despertó molesta, abriendo en grande sus ojos.

— ¡Te dije un poco más!—Se quejó.

—Ya amaneció, debes de marcharte, mañana vendrás, como siempre, a verme—Dijo el, levantándola.

—Es verdad, lo lamento. —Se avergonzó, bajando su cabeza, pero Inuyasha la levanto del mentón y deposito un beso en su cabeza, así era menos tentador, ya que si la besaba en los labios, podría tardarse más en irse.

—Tu frente, esta algo caliente ¿Qué podrá ser?—Como no entendía nada, acerca de esas cosa, jamás se le cruzo por la cabeza, que podría estar enferma, a Kagome si se le cruzo, pero no se lo diría.

—Nada, será mejor que me valla, antes que sea más de día y no me encuentre en mi aposentos—Dijo, dándole un beso en la mejilla, un último abrazo, lo encadeno nuevamente, con el acostumbrado dolor y así, se fue, desapareciendo de la vista de Inuyasha.

Como casi todos los días, la princesa, almorzaba sin su padre, acompañándola, sabiendo aun como era, por lo menos, deseaba desayunar con su padre, hasta que se puso a imaginar, estando en la luna, sin querer volver a tierra. —Me imagino, que almorzamos juntos, aquí o en cualquier lado—Pensó, soñando aún más, hasta que de su silla, cayo, desmayada al suelo, viviendo un tiempo en aquel sueño.

— ¡Espero pronto despierte, vuela de fiebre, como se me paso esto!—El rey estaba desesperado, de un lado al otro iba, mientras Kagome descansaba en la cama.

—Por favor, no grites ¿Si?—Dijo Kagome, acomodándose en la cama.

—Al fin despiertas, empezabas a preocuparme.

— ¿Es de día o de noche?—Pregunto.

—Aun no, pero pronto anochecerá, mandare a que traigan tu cena, si necesitas algo, solo toca la campana, una las sirvientas, estará fuera, atenta. —Dijo y se retiró.

— ¿Cómo iré a verte?—Se preguntó, por Inuyasha, quien seguro esa noche y no sabía cuántas más, no le vería.

En el calabozo

Ya enterado de que Kagome estaba enferma, empezó a sentirse culpable, ya que podía ser y era, por pasar la noche, todas, junto con él, en ese calabozo, sucio y húmedo. La extrañaba, pero debía descansar y no importaba cuanto tiempo, debía hacerlo. —Espero verte pronto—Dijo, mirando hacia la puerta, con el poco de luz, que aun entraba.

Dos largos días después, Kagome volvió a visitarlo, lo libero, se abrazaron y se besaron, como si hace una eternidad que no se veían. Instintivamente, Inuyasha toco su frente y para el colmo, aun seguía caliente.

—Vuelve.

— ¿Qué? ¿Por qué? Dime.

—Aun necesitas hacer reposo, vamos, y no acepto un no como respuesta—Se impuso firme, colocándose, listo para estar encadenado nuevamente…

Actualidad

Un intento más y al final, pudo observar como poco a poco abría sus ojos, y sin dejar de acurrucarla contra sí, entre las cobijas de la cama, que le pertenecía a ella, su princesa Kagome, se puso enfrente de ella, mirándola fijo.—Inu… yasha… ¡Inuyasha!—Grito y se abrazó a él con todas sus fuerzas.

—Al fin despiertas, mi princesa—Dijo el, besándola, mas apasionado de lo normal.

—Esto me trae recuerdos—Dijo—Pero… ¿Qué hacemos en mis aposentos?—Continuo, reconociendo su cama, el armario donde estaban sus delicados vestidos y el espejo, donde se sentaba frente a este, todas las mañanas y se peinaba su largo cabello azabache.

—Mejor sigue descansando, se te ve algo débil ¿Si?—Le dijo, lo más tierno que le salió, ya que aun, tenía un poco de su alma, endemoniada fuera y no quería dejar de ser delicado con su amada.

—Es un sueño hecho realidad, estar entre tus brazos, descansando, en esta misma cama—Comento Kagome, con una sonrisa y buscando el pecho de Inuyasha, para apoyarse en él y dormir un poco más.

Por otra parte, la bruja, ese engendro de maldad, deseaba, con todas sus fuerzas, entrar al palacio y acabar con Kagome, despertar el alma, malvada de Inuyasha por completo y así, hacerlo su esclavo eterno, pero algo se lo impedía, algo que no sabía precisamente que era, lo cual, por el momento, daba tal vez un día, más de amor, para Inuyasha y Kagome.


¿Que tal? ¿Les gusto?-Eso espero y nos leemos en el siguiente capitulo, el numero 8 ya n.n

jaja

Sayonara y arigato.

02/11/2013