Capítulo 7

Al grito de Carlisle siguió un silencio tenso. Luego, para sorpresa de Bella, Edward se acercó al sofá, la tomó en brazos y salió con ella de la estancia.

— ¿Qué haces? Tenemos que explicarles que no nos vamos a casar —insistió ella.

—Son mis padres. Tú no tienes que explicarles nada. Ya me encargaré yo.

—Pero siento causarte tantos problemas. Cuando me vaya…

El hombre la depositó en la cama.

—No te preocupes por nada. Solo descansa. Estás haciendo demasiadas cosas antes de tiempo.

Bella apretó los labios y apartó la vista.

—Seguramente tendré que dar de comer pronto a Nessie.

—Yo te la traeré cuando tenga hambre. Creo que a mi madre le gustará tenerla un rato más. ¿No te importa?

La joven le agradecía que se lo preguntara. Negó con la cabeza e intentó sonreír. No le salió muy bien, pero estaba muy cansada.

La sorprendió que él se inclinara a besarla en la mejilla.

Lo miró salir de la estancia. No estaba habituada a las caricias intempestivas. Cuando se acostaban juntos, Edward no la tocaba a menos que estuvieran haciendo el amor.

Se juró que a Nessie no le ocurriría lo mismo. Se aseguraría de que la niña tuviera besos y abrazos de sobra, aunque estuvieran las dos solas.

Cerró los ojos con un suspiro, tocándose aún la mejilla del beso.

Edward regresó al estudio, irritado con sus padres. No quería que molestaran a Bella. Sabía que tendría que explicarles lo que ocurría, pero prefería hacerlo él solo.

Jake seguía hablando con ellos. Pero la conversación se detuvo al entrar él y los tres lo miraron.

— ¿Qué pasa aquí, hijo? —preguntó Carlisle, con irritación en la voz—. Bella es una dama. ¿Cómo puedes tratarla así?

Edward sabía que su padre condenaría su comportamiento. Se sentó y carraspeó.

—Lo sé. No debí… Bella y yo tuvimos… No sabía que estaba embarazada.

— ¿No sabes distinguir si una mujer va a dar a luz? —preguntó su padre, levantando la voz.

—Si hace siete meses que no la veo, no.

Su madre frunció el ceño.

—Cuando estuvimos aquí en septiembre, Alice nos presentó a Bella. Me alegré mucho de que al fin hubieras aceptado la pérdida de Tanya y tu hijo. ¿Cuándo rompiste con Bella y por qué?

Jake se puso en pie.

—Me llevo esto a la cocina —señaló los platos sucios—. ¿Alguien quiere más café?

—Gallina —musitó Edward, entre dientes.

Miró a sus padres, apoyó los brazos en las rodillas y empezó su confesión.

—No estoy orgulloso de lo que hice. Pero yo no tenía intención de hacer daño a Bella. Nos hicimos… amigos. Percibía en ella una soledad a juego con la mía. Nos acostumbramos a cenar juntos un par de veces por semana y a charlar. Una noche la acompañé a su apartamento y una cosa llevó a otra y…

Respiró hondo. Miró a sus padres. Sus rostros eran inexpresivos. Bajó la vista al suelo de nuevo.

—Lo ocurrido me pilló por sorpresa. Yo no pretendía… Tanya seguía instalada en mi corazón. Pero lo que tenía con Bella estaba… bien. Por eso seguí adelante.

—Comprensible —murmuró su padre.

—Sí, bueno. A primeros de octubre vino Bella al rancho un sábado. Comimos juntos y fuimos al cine. Parecía un poco nerviosa, lo cual era raro en ella. Cuando le pregunté por qué, me sugirió que viviéramos juntos, que tuviéramos una familia.

No podía quedarse quieto mientras contaba su despreciable comportamiento. Se puso en pie y echó a andar por la estancia.

—Entonces supe que había cometido un gran error. Perdí el control y le grité que nunca tendría otra familia. Que amaba a Tanya y mi hijo había sido la luz de mi vida. Que nadie podría sustituirlos —respiró hondo—. Estuve cruel, pero no era mi intención. Perdí los estribos. Y ella se marchó corriendo.

— ¿Te disculpaste luego? —preguntó Esme con suavidad.

Edward negó con la cabeza.

—Sé que debí hacerlo, pero me daba miedo que pensara que había cambiado de idea. Me pareció que sería mejor que ella siguiera adelante, encontrara a otra persona mejor… Ella es muy especial.

—Pero la verías por el pueblo y notarías que había engordado —insistió su madre.

—Era invierno. Todo el mundo llevaba mucha ropa. No volví a la biblioteca. La vi de lejos un par de veces, pero yo no iba mucho por el pueblo. Le pregunté a Alice por ella, pero solo se vieron una vez. Me dijo que Bella se había negado a continuar su amistad.

— ¿Y no había cotilleos en el pueblo? —preguntó su padre.

—No. Bella desapareció de la circulación. Dejó de ir a la iglesia, en la tienda no se quitaba el abrigo… Siguió el embarazo con un médico de Buffalo.

— ¿Y cómo te enteraste? —gruñó su padre.

—Cuando fui al hospital a ver a Jasper el día en que nació —cerró los ojos y recordó el momento que había cambiado su vida.

— ¿Te llamó Bella desde el hospital? —preguntó su madre, con el ceño fruncido.

—No. Cuando la enfermera dejó a Nessie en la sala de cunas, vi mi nombre en la tarjeta de identificación.

—Oh, Bella debió decírtelo. Eso no estuvo bien.

Edward sonrió a su madre. Sabía que ella se pondría de su lado, pero no podía permitir que pensara aquello.

—Dice que tenía intención de decírmelo, pero tuvo un embarazo difícil y el parto no fue bien. Ha mejorado mucho desde entonces, pero tenía que lidiar con la vuelta al trabajo sin fuerzas y sin dinero. Estaba asustada. Y yo me había portado muy mal con ella la última vez que hablamos.

— ¿Y entonces por qué lo dijo de ese modo? —preguntó el padre—. ¿Quería arruinar tu reputación?

Edward se puso las manos a la espalda y se volvió hacia ellos.

—Ya os ha dicho que es huérfana. Nunca supo quiénes eran sus padres. Y jamás le habría hecho eso a su hija. Creo que cuando rellenó los papeles, no pensó que pondrían esa información en la tarjeta. Solo quería que su hija sí lo supiera, no como ella.

—Oh, pobrecita —musitó Esme.

— ¿Y qué hace aquí si no os vais a casar?

—Papá, no tenía dinero ni nadie que la ayudara. No podía tenerse en pie. Tenía que ocuparme de Nessie y de ella. Insistí en que viniera aquí a recuperarse. Ella se negó con fiereza, pero al final no tuvo elección.

Dio un par de pasos más por la estancia.

—Pensé que, una vez aquí, arreglaríamos algo, pero ella estaba tan furiosa que decidí mantener las distancias. Y ayer le pidió a Rose que la llevara a su casa.

—Pero es demasiado pronto —exclamó su madre.

—Sí. Fui a buscarla y tuve que llamar a Aro porque se desmayó. Dijo que no se quedaría donde no se quería ni a Nessie ni a ella.

— ¡Oh! —gimió Esme.

—Así que le dije que las quería en el rancho y le prometí ser más amable.

— ¿Y vas a convencerla de que se quede? —preguntó Carlisle.

—Lo intentaré. Ella habla de mudarse a otro sitio, pero intentaré convencerla de que siga aquí.

Su madre se echó hacia adelante.

—Pero si tú la quieres…

Edward se quedó inmóvil.

— ¡Yo no he dicho eso! —gritó.

La niña, que descansaba tranquilamente en brazos de Esme, soltó un gemido. Edward tendió los brazos hacia ella, pero su madre la apretó contra sí.

— ¡La estás asustando! —protestó.

—No era mi intención. Dámela —tomó a la niña y la acunó murmurando palabras de consuelo. Nessie se tranquilizó en el acto y lo miró.

—Edward, no puedes permitir que se marchen —protestó Esme—. Nessie es tu hija. ¿Y si Bella necesita ayuda o la niña se pone enferma? ¿Te llamaría?

El joven sabía que no sería así. Miró el hermoso rostro de su hija. Hasta entonces había evitado pensar en el futuro, pero su madre lo obligaba a hacerlo. Y no le gustaba.

—Bella no comprende la importancia de la familia, hijo. Tienes que insistir en que se quede.

Pensó que su madre se equivocaba. Por cosas que había dicho en el pasado, sabía que Bella comprendía mejor que nadie la importancia de la familia, porque nunca la había tenido.

—Le preguntaré a Jasper —dijo su padre—. Pero no creo que tengas derechos sobre la niña si no estás casado. Tienes que casarte con ella.

Miró a su padre. Sus palabras sonaban muy frías… legales. Y él lo que quería era que Bella fuera feliz, estuviera protegida… no siguiera sola.

Podía imaginarla contenta, como la veía después de hacer el amor con ella. Tanya esperaba sentirse amada y valorada. Bella siempre demostraba su agradecimiento, como si no se lo esperara.

Su padre se puso en pie.

—Ahora nos vamos y te dejamos con tu hija —dijo Carlisle—. Ya te contaré lo que dice Jasper.

Edward no quería que nadie planeara acciones legales contra Bella. Pero tampoco podía soportar perder el contacto con su hija. Asintió en silencio.

Sus padres besaron a la niña, lo abrazaron a él y se despidieron.

Edward siguió en el estudio, con Nessie en los brazos. No podía imaginarse volviendo a su vida de soledad sin Bella y la niña. ¿Qué iba a hacer?

Bella se despertó dos veces por la noche para dar de comer a Nessie. La primera recordó que Rose no estaba en la casa, y trató de salir de la cama, pero Edward apareció en el umbral antes de que terminara de incorporarse.

—No te levantes —musitó, poniéndole a la niña en los brazos.

La joven lo miró confusa. ¿Esperaba que la amamantara delante de él?

El hombre pareció leerle el pensamiento.

—Estaré en el estudio —dijo—. Llama cuando hayáis terminado.

Bella se concentró en dar de comer a su hija. Después se tapó y llamó a Edward con suavidad.

Este se llevó a la niña con una sonrisa. La joven oyó el rumor de la manta cuando tapaba a Nessie y luego el silencio. Trató de escuchar sus pasos subiendo las escaleras, pero se quedó dormida antes de oírlos.

A las cuatro se repitió el proceso. Edward volvió a aparecer antes de que pudiera salir de la cama.

—Esta vez tiene mucha hambre —anunció con una sonrisa adormilada—. O yo estaba más dormido.

Nessie lloraba con todas sus fuerzas.

—Seguramente haya que cambiarla —comentó la mujer, frotándose los ojos.

—Tenía que habérseme ocurrido. Enseguida volvemos.

Bella parpadeó al verlo cambiar de dirección y desaparecer de la vista. Lo oyó hablar con Nessie y los gritos de la niña se convirtieron poco a poco en gemidos suaves. Al rato regresó con ella.

—Lista para comer, mamá.

—Gracias. Podía haberla cambiado yo.

Edward se encogió de hombros y se volvió para salir.

— ¿Cómo la has oído desde arriba? —preguntó la joven.

—Estaba en el estudio —comentó él. Salió por la puerta.

Bella pensó en sus palabras. ¿Se habría quedado dormido leyendo? Al día siguiente iba a estar muy cansado. Quizá debería acostar a la niña con ella, así no lo despertaría.

Cuando terminó de amamantar a Renesmee, decidió acostarla ella y no volver a molestar a Edward. Salió de la cama y tendió los brazos hacia la niña.

— ¿Por qué no me has llamado? —preguntó el hombre desde la puerta.

Bella se volvió con tal rapidez que estuvo a punto de caerse. Edward se acercó corriendo y la sujetó por el codo.

—Acuéstate antes de que te desmayes —ordenó con fiereza. Tomó a la niña y le sujetó la manta abierta para que se metiera en la cama.

—Pero tú no estás durmiendo nada —protestó ella.

—Ni tú tampoco —se inclinó y la besó en la mejilla antes de salir con Renesmee.

Bella cerró los ojos. Pensó que no sería difícil acostumbrarse a aquellas caricias. Pero eso era algo que tenía que evitar. Se durmió embargada por la tristeza.

Edward corrió a la cocina.

— ¿Has oído a Bella o a la niña? —preguntó a Jake.

—No he oído nada.

—Vale, prepara el desayuno para dentro de veinte minutos. Voy a ducharme y luego iré a verlas.

—A tus órdenes, jefe.

Edward había decidido levantarse a su hora de siempre, tomar un café y trabajar un rato en los establos antes de que se despertara Bella.

Luego volvería a desayunar con ella antes de salir para el trabajo del día.

Después de ducharse y vestirse, fue de puntillas al cuarto de la joven, a la que encontró dormida, relajada bajo las mantas.

Lo embargó un deseo súbito de reunirse con ella y despertarla a base de besos suaves. Retrocedió un paso para reprimirse. Bella y él ya no eran amantes. No eran nada.

Aunque aquello no era cierto del todo. Él era ahora su cuidador y el padre de su hija.

Nessie soltó un grito y el hombre salió del cuarto antes de que Bella pudiera adivinar que la había estado observando. Esa vez cambió a la niña antes de llevarla con su madre.

— ¿Qué haces aquí? —preguntó esta en cuanto lo vio—. Son más de las ocho.

El hombre sonrió.

—He trabajado un rato y he vuelto a desayunar contigo.

Bella frunció el ceño.

—Yo no pretendía que cambiaras tu vida para cuidarme a mí. Y también tenemos que hablar de lo de anoche.

Nessie empezó a llorar de nuevo y Edward se la tendió.

—Dale de comer, antes de nada. Luego desayunamos juntos y hablamos de lo que quieras —salió de la estancia, sin darle tiempo a protestar.

Entró en la cocina, donde Jake sacaba galletas del horno.

— ¿Necesitas ayuda?

—Sírvele un vaso de leche a Bella. Tiene que beber mucha mientras esté dando de mamar.

—No me digas que también has leído un libro sobre eso.

—No, me lo dijo tu madre anoche. Y nada de cafeína. Pero le he preparado de ese sin cafeína que compraste ayer.

Edward frunció el ceño.

— ¿Y es eso lo que me has dado esta mañana? ¿Por eso sigo con tanto sueño?

—No —sonrió Jake—. Yo también necesito café auténtico para empezar el día.

—Si tienes sueño —dijo Bella, desde el umbral—, es porque te has pasado la noche levantándote por Nessie.

El hombre corrió hacia ella.

—Ven a sentarte. ¿La niña se ha dormido otra vez?

—Sí. Pero tú no puedes pasarte las noches en pie y trabajar todo el día.

Jake dejó la bandeja de galletas en la mesa.

—Venid a comer antes de que se enfríen.

Edward se sentó al lado de la joven y le pasó las galletas. Luego le sirvió huevos revueltos y algo de beicon.

—Puedo servirme sola. Yo no soy Nessie —se quejó ella.

—Perdona, pero tengo mucha hambre y así es todo más rápido.

La joven no contestó. De hecho, lo dejó comer en silencio, charlando solo ocasionalmente con Jake. Pero cuando vio que se echaba hacia atrás en la silla con un suspiro de satisfacción, se volvió hacia él.

— ¿Has dormido toda la noche en el estudio?

—Sí. Jake, ¿me pasas otra taza de café? Ah, también hay sin cafeína. ¿Quieres un poco?

—Sí, por favor. Y deja de intentar cambiar de tema.

—No es eso. Estaba pensando en tu bienestar.

— ¿Has dormido en el sofá?

Jake se levantó de la mesa.

—Ah, voy a hacer una colada y dejaré los platos para luego —salió de la cocina como si lo persiguiera alguien.

—Creo que se siente incómodo —sonrió Edward—. Deberías avergonzarte.

—Ya estás tratando de distraerme otra vez. ¿Por qué no has dormido arriba?

—Porque Nessie y tú me necesitabais —repuso él con sencillez, retándola con la mirada a que lo contradijera.