Ni ouat, ni TWD, ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia es mía.
Este fic va dedicado a mis chicas del whatsapp swanqueen, a las del grupo evil regals, a mi petita, a mi morena, a Irina, a amandis la tetis y por supuesto a mi manager adorada.
Va especialmente dedicado a mi amada esthefybautista, porque la amo más que a mi vida, la extraño a rabiar los fines de semana y pienso en ella cada minuto que pasa.
A mi Miss Swan favorita, ya que ayer estuvo ligando con el peque, ya le vale que al final te querrá más a ti que a mí.
A Vero porque tiene una voz hermosa y a Natalia porque me emociona con cada uno de sus capis.
Muy en especial a mi prima María porque me deja su ordenador para poder subiros capítulo.
Sin más os dejo disfrutar del capítulo no sin antes recordaros que debéis leer a franchiulla, my dark queen, EvilSwanQueen21, el lado ciego del amor y por supuesto a mi amada esthefybautista.
CAPÍTULO 7 PHILADELPHIA
Sus labios la devoraban con sed infinita, bebía de ella como si fuese un bálsamo a todas las heridas de su alma. Desde que llegó a su grupo, Regina se había vuelto su obsesión, las veinticuatro horas del día la tenía en su mente, pensaba constantemente en el brillo de sus ojos, en su determinación, en su valor y fortaleza.
Quería saber más de ella, conocer quién fue, quién quería llegar a ser, sus sueños, qué dibujaba en ella sonrisas y qué le hacía llorar, quería saberlo todo, quería tenerlo todo con ella. Desde que cayó Philadelphia y lo perdió todo no había encontrado un motivo por el que luchar, se obligaba a sí misma a continuar adelante para salvar al mundo porque era su deber, mas cada día deseaba dejar esa vida y viajar al más allá con los suyos, marcharse junto a ellos y descansar, hasta que apareció en su vida aquella mujer morena, llena de vida y esperanzas, como un tornado de frescura le llevó la contraria, contestó a sus groserías y la puso en su sitio colándose en su interior poco a poco hasta quedar enganchada en su mente para siempre.
Ese beso fue producto de un alma atormentada por miles de recuerdos felices ya olvidados, por los tormentos que esa guerra sin precedentes había colocado en su corazón. Su soledad se había vuelto asfixiante y su dolor un veneno que recorría lentamente sus venas hasta llevarla a la locura. Un beso como un clavo ardiendo al que aferrarse y no perder su humanidad, un beso como balsa en medio del océano, necesitaba ese beso para seguir adelante, para no llevar su pistola a su sien y despedirse de vivir.
Fue un beso correspondido, ya fuese por la sorpresa o por la tensión que las envolvía en ese momento. Regina no se apartó, se aferró a ella y le dio acceso a sus labios, correspondió cada caricia de su lengua, con los ojos cerrados y temblando bajo sus manos.
La mente de la morena parecía una bomba a punto de explotar, un cortocircuito de emociones. Por un lado estaba la intensidad de esos ojos aguamarina que la habían dejado completamente estática, fulminada con una mirada, por otro lado estaba besando a una mujer en el fin del mundo, una mujer a la que difícilmente soportaba y solo en ocasiones, grosera e impertinente que la había humillado desde el primer momento en el que estuvo frente a ella, por la que sentía odio y admiración.
Las frías manos de Emma sobre su piel, por debajo de su camiseta, fue todo lo que necesitó para recuperar la cordura y, de un fuerte empujón que tomó a la rubia por sorpresa, la aparto rompiendo todo contacto con ella y, mirándola con furia le gritó.
-"¿Qué coño estás haciendo?"
-Aprovechar cada instante ya que sigo con vida
-"¿Y no te has parado a pensar en que yo no quería besarte? Siempre haces lo que te da la gana, eres asquerosa Emma Swan"
-No parecía que no quisieras besarme
-"Tampoco me has dado la opción a decirte que no"
Emma, confundida por la reacción de Regina, ya que hacía solo unos instantes correspondía a su beso con idéntica pasión, intento acercarse a ella, disculparse de algún modo, más la morena se alejó y le volvió a gritar sin dejar lugar a dudas.
-"No te acerques a mí, no quiero que me toques, ya no viajaré contigo en el Hummer, no te quiero cerca de mí"
Tras sus duras palabras se marchó, dejando a Emma sola junto a ese árbol donde segundos antes había estado apoyada, atrapada entre los brazos de la rubia, esta sacó de su bota su cuchillo y desahogó su rabia y su frustración apuñalando el tronco con fuerza, mientras amargas lágrimas caían por sus mejillas. Nada sería lo mismo jamás, no después de Philadelphia, ella no podría volver a ser la misma y su impulsividad había provocado que la única persona que le recordaba que era humana y seguía con vida se alejase de ella definitivamente.
Cayó exhausta y lloró recordando tiempos mejores, recordando los ojos azules de su esposa, los rizos dorados de su hijo y la sonrisa amable de su pequeñaja, su familia, aquellos que se habían ido y no volvería a ver jamás.
Regina se alejó todo lo rápido que pudo de Emma, acariciando sus labios con sus dedos, degustando en ellos el sabor de la rubia que aun perduraba, confundida y asustada por ese beso rabioso que la rubia le había robado y que, interiormente, había removido todo su ser.
Desde ese tres de mayo en el que el mundo había llegado a su fin, nada había tenido sentida hasta el momento en el que Emma la besó. Ese momento había sido real, humano y cargado de sentimientos y por ende, le aterrorizaba tanto que se solo pudo huir, dejarla atrás y fingir que nada había pasado.
Turbada y en sus propios pensamientos, chocó con Mary que había salido a buscarla, ya que al no verla en el campamento se imaginó lo peor y estaba preocupada. La doctora, al ver el estado en el que se encontraba Regina, su cara de horror, su mirada confundida y sus dedos acariciando sus labios. Acariciando su brazo para darle confianza y apoyo la incitó a que le contara qué la había turbado tanto mas Regina no habló de ello.
-"Mary ¿te importa si viajo contigo en la caravana a partir de ahora? Quisiera alejare de Emma durante un tiempo"
-¿Te ha hecho algo la general?
-"Solo quiero alejarme de ella…"
-Está bien, mi casa es tu casa
A la mañana siguiente, partieron sin pronunciar palabra, retomando su viaje. Emma no dijo nada al respecto de que Maggie viajara con ellos así que la muchacha decidió quedarse, viajando con Glenn en el coche mientras Regina se había instalado con Mary en la caravana. Nadie notó la tensión que había entre Emma y la morena, solo la doctora pero no hizo comentarios al respecto, cuando Regina quisiera hablar ella la escucharía, no antes.
Cuando llevaban medio día de viaje sin parar, Regina sentía que no podía más con el avispero que llevaba en su mente. Necesitaba saber más sobre Emma, entenderla aunque fuese un poco. No sabía nada de su vida, de quién era y por qué se comportaba como una idiota y a la vez podía mirar con tanta intensidad. Rompió el silencio y preguntó a Mary sin reparos.
-"¿Qué sabes sobre Emma Swan?"
-¿Qué quieres saber?
-"Todo, lo quiero saber todo de ella, quiero entenderla…"
-Es una larga historia, y yo solo sé una parte
-"Tenemos tiempo, por favor Mary, ella no me va a contar nada ya sabes cómo es"
Mary resopló, empezaba a conocer a Regina y cuando se le metía algo en la cabeza no había forma de hacerla desistir así que decidió contarle todo cuanto sabía de Emma.
Ella estaba en Atlantic City trabajando cuando ocurrió el accidente y el virus fue liberado. El protocolo de seguridad se activó y el gobierno mandó al ejército rápidamente. Al mando del pelotón iba Emma y, a pesar de que por su posición podía quedarse en la base dando las órdenes, al ver el caos y a tantos civiles en peligro, fue la primera que se metió en medio de la ciudad. Miles de personas inocentes salvaron la vida ese día gracias a su formidable actuación.
Una vez terminaron en Atlantic City, Emma la recogió prometiéndole que la mantendría a salvo hasta que ella consiguiera revertir el virus Z y devolver la normalidad a un mundo de locos. Cuando se enteraron de que Atlantic City no había sido la única ciudad afectada y que se estaba expandiendo con rapidez, los pocos que quedaban de su pelotón pusieron rumbo a Philadelphia, donde residía la familia de Emma, su esposa Alice Swan y sus dos hijos Judith y Carl.
De camino, la radio no dejaba de anunciar las ciudades que el ejército daba por perdidas, replegando sus tropas ya que no se podía hacer nada por salvarlas. Cuando el nombre de Philadelphia fue pronunciado, Emma perdió todo el color de su rostro y aceleró, sin escuchar a sus hombres que le advertían que era mejor olvidarlo, si su ciudad había caído significaba que su familia también.
Emma siempre fue terca y no paró hasta llegar a su hogar, los muertos poblaban cada rincón y fue una ardua tarea pasar entre ellos, muchos soldados cayeron pero Emma no atendía a razones, no se iría sin los suyos. Cuando llegaron a su hogar, su casa estaba vacía, desvalijada y destrozada, como todo en esa ciudad, solo quedaba que se pudiera respetar una fotografía de familia, que estaba enterrada entre los escombros, lo único que le quedaba a Emma de su vida anterior.
Mary le explicó como la general buscó a los suyos por todas partes, llamándolos desesperada, hasta que los encontró, pero habían llegado tarde. Ellos ya estaban muertos, sus miradas estaban vacías y andaban hacía Emma con sed de sangre, sin reconocerla, ya no eran su familia.
El rostro de la general permaneció impasible, mientras elevaba su arma y terminaba con ellos, su mujer, su hija y su hijo perecieron definitivamente y con ellos también Emma Swan.
Desde entonces usaba gafas de sol, ocultaba al resto del mundo cualquier tipo de emoción, era fría y dura, como una roca. Cumplía su palabra de protegerla y llevarla a algún lugar donde poder salvar el mundo, aunque todos sabían que cuando todo acabara, Emma dejaría de respirar, se iría con su familia pues no había un solo día en el que no se sintiese culpable, miles de civiles se habían salvado gracias a ella, mientras no estuvo al lado de su mujer y sus hijos, no los protegió y los había perdido.
Regina miraba hacía la carretera tratando de ocultar las lágrimas. Se encontró a sí misma preguntándose cómo habría sido la rubia en una época mejor, si sonreía, si era feliz, cómo habría sido ver sus expresivos ojos cuando estaba feliz. Todos habían perdido mucho en esa guerra absurda, pero nadie había pasado por lo mismo que Emma, nadie había tenido que disparar a un ser querido porque ya no era el mismo, porque estaba muerto en vida.
Un frenazo la sacó de sus pensamientos y rápidamente bajaron de la caravana a ver qué había ocurrido, por qué se habían detenido.
Emma había parado el Hummer de golpe y se había bajado del vehículo, mirando en una dirección exacta con su arma preparada por si tenía que usarla. Regina se acercó a ella casi con miedo después de cómo la había tratado la noche anterior, se fijó en que su rostro estaba tenso y le preguntó con timidez.
-"Emma ¿Por qué nos detenemos?"
-He visto un vehículo que me parece familiar, creo que cerca de aquí hay un campamento y si estoy en lo cierto alguien se va a llevar un tiro
-"¿Quién?"
-Neal Cassidy, el sargento al cargo de la unidad destinada a proteger Philadelphia y el que se suponía que era mi mejor amigo.
