Disclaimer: Ranma ½ pertenece a Rumiko Takahashi-sama.

SOUNDTRACK: Every rose has it's thorns (Poison), New Rules (Dua Lipa), What Can I Do for you? (Rose Quartz ft. Mr Universe), Usubeni (Lacco Tower).

Realidades de Cristal.

Capítulo 7: ¿Qué puedo hacer por ti que nadie más podrá?

No estoy segura de esto… —expresé a Ranma, pasando el peso de un pie al otro y mordiéndome el interior de la mejilla.

Estábamos en el porche de la residencia Hibiki, para hablar con Ryoga. La cosa era que Ranma no se molestó en avisarle que veníamos, ¿qué íbamos a hacer? ¿Entrar a su casa como si fuésemos dos ladrones? Ya me había dejado en claro que NO tocase el timbre.

Fue cuando sacó un manojo con muchas llaves de colores y comenzó a rebuscar en él, hasta que tomó una que estaba pintada de amarillo.

—¿Y eso? ¿A poco tienes una copia de la llave de casa de Ryoga? —asintió—. ¿Por qué?

—Emergencias —se encogió de hombros y me enseño el llavero—. Tengo copias de las llaves todos, esta —tomó una pintada en púrpura—, es del restaurante del papá de Ukyo, esta otra —tomó otra, de color rosa chicle—, es de la puerta trasera del Nek0-Hanten y esta —tomó una blanca—, es la del apartamento de Mousse. Después son la de mi casa, de la Harley y… ¿de dónde es esto? —frunció los labios con confusión—. Ah, de la puerta de tu casa…

—¿Por qué tienes la llave de la puerta de mi casa? —exclamé estupefacta—. ¿Y en qué momento la sacaste?

—Oye, no tienes que gritar, estoy justo frente a ti, demonios —me regañó, yo apreté los labios, pensando en algún improperio que dedicarle—. Además, me refería al portón que da a la calle, entérate. Y la tengo, porque mi papá me la dio antes de que ustedes volvieran, es para poder entrar al dojo porque ahí entrenaba.

—Ah —contesté sin saber que más decir.

—¿Quieres que te la devuelva? —me preguntó con sinceridad.

—Nah —le resté importancia con la mano—. Sólo no te abuses.

—Vale —dijo mientras abría, finalmente, la puerta de la vivienda.

Todo parecía estar en orden, podía escucharse música de rock suave que venía desde el piso de arriba, así que supusimos que Ryoga estaba en casa. Nos quitamos los zapatos y fue cuando noté que había dos pares de zapatos más. Uno eran las botas militares negras de Ryoga, casi idénticas a las de Ranma, y el otro eran un par de botas de cuero, largas y con muchos broches.

Eran botas de mujer.

Este hecho tampoco pasó desapercibido para Ranma, quién, cuando terminó de quitarse las botas, subió los escalones con pasos fuertes que resonaron en la madera. Obviamente iba a enojarse, pues, más de una vez, dio a entender que quiere a Ukyo y a Shampoo como si fuesen sus hermanas, lo cual fue la razón de quedarse con ellas cuando nos separamos. Sin saber qué más hacer, le seguí. Conforme subíamos, la música se volvía cada vez más fuerte y comprensible, al punto que reconocí que era una vieja canción de amor americana. Me encontré tarareando bajo mi aliento, mientras tomaba a Ranma del brazo para que no cometiese ninguna imprudencia.

Tenía que admitirlo, me preocupaba Ryoga, pues se hallaba en un estado emocional muy frágil y a lo mejor se le ocurría alguna estupidez. Una cosa era segura, él amaba y extrañaba a Ukyo, demasiado, me lo había dicho un millar de veces. Ella ahora debía de estar en el restaurante de su papá, haciéndole de mesera o ayudando a cocinar.

¿Entonces quién estaba con Ryoga?

Nos acercamos con lentitud, comenzando a escuchar unas risitas por debajo de la música. Si mi amigo estaba con otra chica, Ukyo no se lo iba a perdonar jamás. Yo sabía qué era imposible que él cayese tan bajo, pero mi cabeza me hacía pensar lo peor. Una vez que llegamos a la puerta de su cuarto, Ranma y yo nos miramos, él tomó aire –su enojo no había disminuido- y abrió la puerta, haciendo que el olor a humo de cigarro nos golpease.

Ryoga y su acompañante se hallaban sentados en el suelo, con las espaldas contra la cama. Yo no me lo podía creer cuando la vi a ella, con el cuerpo levemente entornado hacia él y una botella de cerveza en la mano. Nada más verme, me sonrió. Miré a Ranma, cuya expresión asesina se esfumó, para convertirse en una de estupefacción.

Nuestro amigo de colmillos nos miró unos momentos, antes de dejar su cigarrillo en el cenicero que estaba entre él y su acompañante y luego levantarse.

—Akane, Ranma, ¿qué hacen aquí? —nos preguntó.

—Veníamos a hablar contigo, para que arreglarás las cosas con Ukyo, pero parece que ya tienes compañía… —expresó Ranma cruzando los brazos, miró a la chica vestida de negro—. Tenía entendido que estabas enojada con él, princesa.

—Nos arreglamos, duh —le contestó Ukyo con tono de obviedad para, acto seguido, dar otro sorbo a su cerveza—. ¿Quieren sentarse o algo? —ofreció.

—¿No tenías que trabajar hoy? —insistí yo, sin hacer caso alguno a sus palabras.

—Papá se dio cuenta de que algo me molestaba y decidió darme el día libre, ¿a qué es muy bueno?

—Tu papá ya no va a quererme —se quejó Ryoga con un pucherito, volviendo a sentarse junto a ella.

—No meto a mi papá en mis problemas, osito.

—¿Entonces soy un problema? —le preguntó con inocencia batiendo las pestañas.

—Mi problema favorito, nene.

—¡Demonios! —soltó Ranma—. Ya empezaron con las cursilerías, realmente se han arreglado.

Algo, sin embargo, llamó mi atención. Los labios de ambos lucían algo hinchados y tenían las mejillas coloradas. Ucchan ya casi no tenía labial, cosa que podría atribuírsele al hecho de que estaba bebiendo, si no fuese porque Ryoga tenía algo de rojo en la esquinita de su boca.

—¡Ustedes estuvieron a los besos! —acusé, señalándolos, haciendo que Uchan riera y Ryoga-kun se removiese incómodo y sonrojado.

—Oh, Akane, son cosas que pasan cuando dos personas se aman mucho. Aunque si tan desesperada estás por besarte con alguien, Ranma está junto a ti —me recomendó, gesticulando al de la trenza, a quién volteé a mirar. Él batió las cejas, haciéndose el galán y ganándose un puñetazo en el hombro.

Mientras Ranma frotaba su brazo, llamó nuestra atención el sonido del timbre. Ucchan me pidió que la acompañase a atender y accedí, siguiéndola fuera de la habitación.

Suaves pétalos, escúchenme, sólo quiero una oportunidad, de olvidarla por siempre… por siempre… —cantaba Mousse, que había traído su guitarra, mientras que Shampoo había traído unos cuantos bocadillos de bolsita.

Nos estábamos relajando en la sala de estar de la casa de Ryoga, felices de estar reunidos y juntos otra vez. Ranma les contaba a los chicos lo de su accidente –Mousse se enojó porque nadie se molestó en decirle- y yo charlaba amenamente con Ukyo y Shampoo. Todo parecía volver a la normalidad, aparentemente.

Y no podía estar más feliz por ello.

—Oye, Ucchan —llamó Mousse.

—¿Hum?

—¿Qué es lo más romántico que Ryoga te ha dicho? —ella le miró confusa ante tal pregunta, pero luego sonrió y se golpeó la barbilla levemente con el dedo índice.

—Creo que cuando me pidió ser su novia, en el verano —contó, sorprendiéndome, pues pensé que ellos salían desde hace mucho, ¡resulta que sólo desde ese verano, poco antes de conocerme a mí!—. Me dijo: Yo podría ser tu Sid Vicious… y luego me cantó la de I wanna be your Joey Ramone.

—¡Chúpate esa…! —todos miramos a Ryoga, haciéndolo cohibirse—. Mandarina… chúpate esa mandarina.

—Pff… —resopló Mousse, para luego mirar a Ryoga con una sonrisa burlesca—. ¿Es todo lo que tienes?

—¿Qué tienes tú? —desafió.

—Shampoo, airen… dime, ¿estás cansada?

Ella le miró confusa, mientras Ranma se tapaba los ojos, entre exasperado y divertido.

—No, viejo, no… —lo oí musitar.

—No, ¿por qué? —contestó Shamps, ladeando la cabeza y meciendo sus mechones lavanda.

—Porque has estado recorriendo mi cabeza todo el día… —completó Mousse, con una sonrisa victoriosa.

—Tonto Mousse —se quejó sonrojada y mirando para otro lado.

—Amigo. AMIGO —dijo Ranma—. NO.

—Mejóralo, pues.

Todos miraron a Ranma fruncir los labios, pensando, se llevó la mano a la barbilla y miró al techo. Pareció asentir para sí mismo y se acercó a mí. Arqueé una ceja a la par que él se pasaba la mano por el cabello, imitando a Johhny Bravo, aparentemente. Crucé los brazos, dos pueden jugar ese juego.

—Dime, nena, ¿tienes un teléfono?

Tengo que admitir que eso me tomó por sorpresa, sinceramente, esperaba que me preguntara si me había caído del cielo o algo por el estilo.

—¿U-un teléfono? ¿Para qué?

—Es que le prometí a mi mamá que la llamaría cuando me enamorara… —remató, arqueando las cejas.

Bueno, sí, fue un poco inesperado. Mentiría si dijera que no sentí mis mejillas calentarse levemente, sin embargo y como dije, dos pueden jugar ese juego. Así que, alcancé el bolsillo trasero de mis jeans y saqué mi teléfono celular, para luego dejarlo en la mano de Ranma.

—Toma, llámala.

La expresión descolocada de Ranma fue toda la victoria que necesite para empezar a reírme como loca, con mis amigos imitándome.

¡Oye, Akane! ¡Akane! —me llamó la atención Ranma mientras corría por sobre una de las rejas que rodea el canal.

«Ojalá se caiga para que pueda reírme en su cara» pensé con saña.

—¿Ahora qué? —le espeté.

La mañana apenas había comenzado, pero Ranma ya me tenía fuera de mis casillas. Desde el día anterior, cuando NO me impresiono su oh tan asombroso intento de ligar conmigo estuvo toda la tarde tirándome indirectas similares, y sí, sí me preguntó si caí del cielo. Idiota. Tenía que admitir que me sentía halagada, ningún muchacho se había esforzado tanto en coquetear conmigo, uno que otro lo ha intentado, pero, al notar mi indiferencia siempre se daban por vencidos. Ranma, por el otro lado…

—¿Sabes a quién te pareces? —me preguntó saltando desde la reja al piso para caminar a mi lado.

—No, Ranma, ¿a quién? —le pregunté de modo cansino.

—A mi próxima novia…

—Nah, quédate con la que tienes —dije sin pensar, ¡ya no sabía ni cómo contestarle de tantas cosas que me había dicho!

—Eso es cruel, Akane —intervinó Mousse, caminando a nuestro lado con Shampoo de la mano—. Él ni novia tiene.

Nos reímos y él resopló, pero no se dio por vencido. La increíble determinación de Ranma es en realidad admirable, pero la verdad se vuelve MUY fastidiosa.

—Oye, pareces tener frío, ¿quieres usarme de manta? —batió las cejas.

—No.

—¿Vamos de la mano para que pueda contar en la escuela que me tocó un ángel? —sonrió.

—¡No!

Vale, con ese último si me sonrojé, pero debía recordar que nada de eso iba en serio, no lo creía así. Siempre pensé que Ranma enmascaraba en nuestro juego lo que realmente pensaba de mí, que era marimacho, fea y algo boba. Siendo justos, yo SÍ pensaba que él era un idiota pervertido. Ya estábamos a una calle de la escuela, por lo que supuse que se detendría, ¡inocente de mí!

—Oh, vamos, muñeca, tu mano se ve pesada, ¡déjame sostenerla por ti! —insistió, tomándome la mano.

«Sólo ignóralo, Akane, eventualmente se detendrá» pensaba, entrando por la puerta de la escuela, sin pasar por alto las miradas y murmullos poco discretos del resto del cuerpo estudiantil al vernos así. Me sonrojé más, se ve que Ranma notó mi incomodidad porque me soltó. Al llegar a la puerta de entrada al edificio, él me murmuró.

—Sólo están celosos porque entre de la mano de la niña más bonita de la escuela…—sonaba tan sincero y traía una sonrisa tan bonita que por poco le creo.

Lo miré mal.

—¡Ya déjame en paz!

Ranma se quedó quieto ante mi respuesta, yo giré sobre mis talones y, con paso firme, fui a clases.

No me quedé a ver qué me respondía él.

La clase trascurrió, sin incidentes, prefería que se quedase así. Mientras el profesor repasaba los últimos contenidos en química, mis amigos me mandaron unas notas de papel para saber qué había pasado. No importaba mucho, nadie nunca le presta atención. La primera era en papel amarillo con una caligrafía muy pulcra, la siguiente en papel blanco con tinta azul, la siguiente en tinta rosa y con corazones sobre las íes y, la última, con bonita caligrafía en una hoja de carpeta arrancada con tinta púrpura.

«¿Qué te hizo Ranma? ¡Tú dime y yo le pego, Akane!» —Ryoga.

«Akane, perdónalo, sabes que le falta cerebro y sentido común» —Mousse.

«¿Querer que Shampoo estrellar libro en su cabeza? ¿O mejor silla?» —Shampoo.

«Linda, estoy empezando a pensar que le gustas a Ranma ;)» —Ukyo.

Todos dejaron puestos sus nombres para que supiera de quién era qué. Aprovechando que el tema que estaba explicando el profesor por decimocuarta vez yo ya lo había entendido, me preocupé en anotar respuestas para mis amigos en los dorsos de sus papeles. A Ryoga le dije que le pegase a Ranma si le venía en gana, a Mousse que me dijese algo que no supiese, a Shampy que no se preocupase, que me encargaría yo y a Ukyo que se dejara de fumar y beber porque comenzaba a afectarle. Luego de responderles a todos, estuve en rato como si nada, garabateando en mi cuaderno.

Hasta que me llegó otro papel.

«Lo siento, ¿vale? Hubiera parado si me hubieras dicho que te molestaba. Eres como mi tarea, no te presto la atención que te mereces ;)» —Ranma.

«¿Eres como mi tarea? ¿EN SERIO?» pensé estupefacta. Aunque lo de la atención fue un poco halagador, iba a contestarle cuando me arrebataron el papel. El profesor fue quién lo hizo, para luego enviarnos a ambos afuera a sostener baldes. Una vez afuera en el pasillo, estuvimos un rato callados y la verdad yo no tenía ni ganas de hablar.

—Oye…

—No, no me hables. No tengo ganas de pelear.

—Entonces sólo escúchame, Akane, lo siento. No quise molestarte, no sabía que te molestan hasta los halagos cuando yo te los digo, ¿bien?

—No me molestaron los piropos —admití, sonrojándome—. Me molestó que no los dijeras de verdad.

—¿Eh?

—Te la pasas diciendo que soy una marimacho, que soy boba y una niña fea, ¿cómo esperas que te crea cuando me comparas con un ángel?

Al no obtener respuesta, levanté la vista del suelo y le miré, lucía una mueca y en sus ojos brillaba algo que sólo había visto una vez en él: arrepentimiento. Algo incómoda por su mirada, cambié el balde de mano, centrando mi vista allí, pero él lo tomó por mí y lo dejó en el suelo, junto al suyo. Me sorprendí gratamente cuando tomó mi mano.

—Eso es sólo un juego, Akane, tú lo sabes… no pienso que seas realmente esas cosas —se rascó la nuca, incómodo y miró para otro lado—. Okey…sí eres una marimacho… pero, eres una marimacho linda. No deberías sorprenderte cuando alguien te dice que lo eres, porque en serio eres bonita.

Sonó el timbre que indicaba que era hora del receso, así que tomé aire y, armándome de valor, dejé un beso en su mejilla.

—Gracias, Ranma…

Antes de que pudiera decirme algo, me apresuré a ir en dirección de la tienda de la escuela. Comprobé, tras una rápida mirada sobre mi hombro, que él me veía irme con las mejillas coloradas y la mano sobre la mejilla que le besé, volví la vista al frente y ya no mire atrás.

«¡Corre, perra, corre!¡AY! ¿Por qué hice eso? ¡Ahora todo será raro e incómodo!» me apremié a bajar las escaleras con mayor rapidez.

—¡Akane, espera! —escuché que me decía.

«Oh, no, no, no, no, no, ¡MÁS RÁPIDO!».

¡Hola! Je, je, traje un nuevo capítulo y encontré una solución temporal al problema con los line-breakers, ¿no es genial?

Respuesta a reviews:

PaulaYJoaqui:Je, je, sí, ya volví, Darling Bv. Ryoga y Ukyo se arreglaron, Akane besó a Ranma, en resumen, todo está bien con el mundo :). Gracias por leer y comentar, hermosa :3.

Eliza Tendo: A ver si entendí, tú quieres darme una idea para una nueva historia, ¿correcto? Y dices que quieres que yo escriba dicha historia en base a ese resumen… ¡suena como un desafío! ¡Hay que hacerlo! ¿Por qué no me mandas por mensaje privado el resumen y vemos que se puede hacer con ello? No prometo que lo haga enseguida o que sea muy extenso, pero podemos intentar :). Puedes mandarme el mensaje por medio de mi página de Facebook, si te es más cómodo: Dreamland Inc o mi cuenta de FB: Dee-Dee Zednem. ¡Gracias por leer y por tu propuesta! La cual, déjame agregar, me hace sentir muy halagada n.n

Dee-Dee Zednem

01/08/17

06:02 p.m.