Disclaimer: los personajes no son, ni serán míos. El manga basado en esta historia fue creado por Rumiko Takahashi. Esta historia está hecha sin fines de lucro


Sol de primavera

VII

La declaración del demonio blanco


―Señora Kagome―La aludida dio un pequeño bostezo y volteó a ver a la adolescente.―. El señor Inuyasha y usted ya están casados, ¿verdad?―Aquella pregunta hizo saltar por dos segundos a la sacerdotisa, un sonrojo apareció en las mejillas y desvió su mirada.

―Eh…Bueno, podrías llamarlo así―rascó su mejilla derecha un tanto avergonzada. Realmente no sabía cómo definir su relación con Inuyasha. Todo el mundo consideraba ya un hecho que ambos estaban casados y ambos se comportaban como un matrimonio, pero nunca hubo ceremonia. Se removió nerviosa y observó con el rabillo del ojo a Rin; la pre-adolescente dejó a un lado el canasto lleno de flores y se acercó un poco más.

―¿Y cómo fue?―Esta vez la chica se tomó el lujo de abrazar sus rodillas poniendo absoluto interés―. ¿Cómo fue la declaración del señor Inuyasha?―La sacerdotisa abrió su boca para contestar pero calló al instante, ¿Cómo fue? Frunció el ceño tratando de recordar. Nope. Nada.

Bostezó otra vez, quería contestarle a Rin pero no tenía ni el recuerdo ni las ganas de hacerlo. Aún estaba cansada por el día ajetreado de ayer, incluso Inuyasha estaba exhausto, el pobre tardó una hora para levantarse y una vez que lo hizo tenía un malvado humor de perros, sí, digno de su raza. Echó su cabeza hacia atrás y suspiró, ¿Inuyasha se había confesado? No, por supuesto que no, Inuyasha no era así.

―Él nunca me propuso matrimonio―comentó un tanto desanimada.―. Él no me pidió ser su esposa o algo por el estilo.―Rin abrió mucho los ojos, Kagome la tranquilizó con una sonrisa―. No hubo necesidad porque ya conocía sus sentimientos―Escuchó una risilla por parte de la joven de catorce años. Kagome tuvo nostalgia, por un segundo recordó a sus amigas hablando sobre su supuesto novio.

―¿Y cómo supo sus sentimientos?―Kagome miró a los lados en busca de su marido, lo vio a lo lejos, estaba completamente dormido en la rama de un árbol. Sonrió enternecida, era mejor verlo dormido que jodiendo al mundo por su falta de sueño―. ¿Señora Kagome?―La sacerdotisa se recostó en la hierba, tenía tantos deseos de dormir.

―Él siempre me cuidó y…siempre prometió protegerme―Ah, recodaba esa promesa, estaban a punto de besarse pero Sôta lo echó a perder. Escuchó un suspiro por parte de la joven, eso la hizo levantarse rápido y con una mirada de lechuza se acercó a Rin. ―. ¿Alguien se te declaró?―Para su sorpresa no hubo ningún sonrojo o una señal que delatara a Rin, solo negó con la cabeza, aunque sus ojos brillaban más de lo normal. ―. ¿Nadie? ¿Ni Kohaku?―Vale, admitía que shippeaba a esos dos, pero sabía que no era correcto presionarla ni mucho menos ser víctima de la furia de Sesshômaru. Sesshômaru, su mirada se afiló aún más―. ¿Ni Sesshômaru?― sonrió victoriosa al ver el sonrojo de Rin extenderse por toda su cara, casi grita si no fuera por Inuyasha quien la levantó como si fuese un costal de harina. Trató de voltear pero Rin ya se había marchado, apretó los nudillos ―. ¡Hey! ¡¿Qué te pasa?!―golpeó levemente la espalda del híbrido, ni siquiera se inmutó. Genial, de sacerdotisa a saco de papas―. Inuyasha bájame, no seas un bruto… ¡Bájame! ¡Necesito que Rin me conteste!

―Kaede dice que vayas a la siguiente aldea para un exorcismo―Kagome roló los ojos. Malvados exorcismos―. Y que entregues algunos remedios―Inuyasha siguió caminando alejándose lentamente de aquel prado, Kagome suspiró resignada, dejo caer su cabeza.

―Estaba hablando con Rin, Inuyasha―dijo después de un rato. Su segundo shipp era su cuñado y esa niña. Sintió un apretón en su glúteo―. ¡Oh! ¡No me llamaba Kaede, ¿verdad?!―escuchó a su marido reír―. Inuyasha…

―Feh, deja de presionarla.―Kagome abrió sus ojos sorprendida, ¿Inuyasha sabía algo?―. Además, no es algo que nos incumba―Esta vez fue ella quien bufó, Inuyasha resultaba ser un aguafiestas en esos asuntos.

―¿Kaede no me necesita?―bostezó una vez más, Inuyasha la imitó.

―No. Tenemos tiempo libre y podremos hacer mejores cosas, ¿no?―Kagome sonrió, esta vez se levantó un poco y lo encaró. Ambos se miraron llenos de confianza, Kagome mordió su labio e Inuyasha asintió.

―¿Dormir?

―Sí, pero no en la casa. Pueden llamarnos y jodernos.―Kagome movió su cabeza cual niña de cinco años. Estaba feliz, ¡Dormir! ¡Sí! ¿En qué momento había envejecido? Para tener veinte años ya no soportaba las noches en vela, que duro. Inuyasha volvió a bostezar, él por su parte los desvelos, las continuas luchas, el terrible ardor en sus manos y la molesta responsabilidad de ser líder de la aldea (cosa que nunca pidió) lo orillaban a arrojar todo a la mierda, tomar a su esposa e irse a dormir.

―Aún no llega Sango―canturreó Kagome e Inuyasha asintió. En menos de cinco minutos el pobre matrimonio dormía a pierna suelta en una cabaña ajena.

Lejos de ahí, Rin caminaba despacio. Respiró más de cuatro veces esperando mantener su corazón en calma, resultaba en vano…La pregunta de Kagome le hizo recordar algo, algo vago, un recuerdo, algo instantáneo, pero lo suficiente para mantenerla inquieta por bastante tiempo. Se apoyó en el tronco de un árbol y suspiró.

¿Ni Sesshômaru?

Recargó su cabeza en la corteza, ¿por qué esa inquietud? Realmente su curiosidad no era maliciosa, si había hecho tales preguntas era por la necesidad de saber cómo era una propuesta, nada más. Cerró sus ojos un momento, leves imágenes llegaban a su mente: un claro, una mano cálida…

Podrás examinar tu corazón a su propio ritmo…

Sus ojos se abrieron en menos de un segundo, sus manos temblaron y tuvo que sentarse en las raíces del árbol. Sí, ahora los recuerdos eran más claros…¿Él había hecho una promesa? ¡¿Cómo había olvidado algo tan importante?! Parpadeó, ¿qué edad tenía? ¿Nueve? ¿Ocho? Sí, algo así. Fue justo después del exterminio de Naraku, la aldea se estaba construyendo debido a los daños de la batallas…Sango y Miroku planeaban una boda, Inuyasha se había alejado por un tiempo… ¿Y ella? Alzó su rostro, las nubes se movían lentamente. No forzó su mente, los recuerdos llegaban uno tras otro, como una cadena que entrelazaba sentimientos olvidados, pero jamás extintos.

¡Señor Sesshômaru!―Fue su primera imagen, ella estaba en la cabaña de la anciana Kaede llamándolo, sí, lo recordaba. Estaba emocionada en ese momento, ¿Por qué? Ah, claro, había escuchado a Jaken decir que pronto se irían.―. ¿Señor Sesshômaru?―Había salido de la cabaña en busca de él, no lo había encontrado. Frunció el ceño, lo llamó, poco después apareció Kaede.

Vas a quedarte a aquí, Rin. Vivirás conmigo a partir de ahora.―Abrió sus ojos la adolescente, claro, ¿Cómo olvidar aquella vez donde sintió que él la había abandonado? Aún no entendía la situación en ese entonces y corrió, ignorando a la anciana y sumergiéndose al bosque, gritaba su nombre.

Sintió un dolor en su pecho al recordar la sensación de abandono, de olvido, recordó el miedo al perderse en el bosque, gritaba su nombre, no quería quedarse, quería irse. Lloró. Fue ahí cuando él llegó, estaba molesto, si, lo recordaba molesto. Le decía que volviera, ella negaba, suplicaba quedarse con él…

¡Quiero volver! ¡No quiero estar aquí!―No hizo caso alguno cuando él la llamó por su nombre, fue la primera vez que ella había hecho un berrinche y él había alzado la voz. Sí, la memoria de quedarse callada ante la voz gélida e iracunda ahí estaba, no recordaba el rostro de su señor, no recordaba haberlo mirado en la cara.

Obedece y vuelve―Hubo una laguna mental, un salto. Al parecer se había rehusado porque el siguiente recuerdo que tenía era que ella estaba tomándolo de la manga, reteniéndolo, negando la cabeza al borde del llanto. Era normal, para esa edad creía que él la estaba abandonando.―. Volveré. Es necesario que decidas algún día.

Pero yo quiero estar con usted.― El recuerdo se volvió más nítido, sí, él se había volteado, su mirada puesta en ella, ¿qué pasó después? La adolescente tocó su mejilla, ladeó la cabeza ¿Él le había acariciado el rostro?

Te quedarás aquí―Él se había agachado a su altura― No dejes que nadie te intimide, si algo sucede llámame o silba como te gusta hacerlo. Y yo vendré, siempre.― Las palabras eran claras, el recuerdo de su voz era suave, aterciopelada, esperaba que aquellas frases no fuesen una ilusión y sí un recuerdo:―. Y no temas, basta que recuerdes que volveré, con esa confianza basta, tenemos mucho tiempo―El rostro de él era pacifico―. Podrás examinar tu corazón a su propio ritmo

Pero yo quiero estar con usted―Recordó haber dicho eso, suplicante, llena de dolor, con lágrimas mojando todo su rostro―. Por favor, no me deje, no me deje―Él se levantó rápido, y se dio media vuelta, intentó seguirlo pero él había emprendido vuelo, en sus memoria, él jamás volteó a verla―, ¡Señor Sesshômaru!

Las memorias se dispersaron en ese instante. Rin abrió sus ojos y suspiró, varias lágrimas se habían acumulado en sus ojos…¿Cómo pudo ser capaz de haber olvidado tal despedida? Ah, sí. Ella estaba tan enfadada, como toda niña no había entendido y había elegido la furia, sepultando aquellos recuerdos. Él no volvió sino seis meses después, tiempo suficiente para perdonarlo y entender que viviría en la aldea, conformándose con las visitas de su amo. Nunca había entendido el por qué, ahora lo comprendía, era algo tan claro como el agua: él la estaba esperando.

Suspiró y cortó varias flores. ¿Y si era solo un producto de su imaginación esos recuerdos? Se detuvo y miró la margarita que tenía entre sus dedos…Era posible, tal vez ese era su deseo y por la pregunta de Kagome sus sentimientos le había jugado una broma…O solo eran mitad de recuerdos y mitad fantasía. Abrazó sus rodillas…ah, dulces y agria desdicha.

Si algo sucede llámame o silba como te gusta hacerlo.

¿Podría ser que…?

Se levantó, su corazón latía rápido…¿Sería estúpido hacerlo? Tenía miedo, ¿Y si en verdad solo esos recuerdos no eran más que fantasías? Respiró hondo, y con los dedos silbó, fue un silbido largo, algo agudo pero lo suficientemente fuerte para dispersarse entre los árboles. Tragó duro cuando terminó, sus manos comenzaron a sudarle, bajó la mirada sonrojada…Tonta, ¿Creer que alguien como él vendría solo por silbar? Era imposible, la última vez que lo vio fue hace seis meses ¿O un año? La desilusión golpeó su maltrecho corazón, se dio media vuelta y se dirigió a la aldea.

Miró al cielo y agradeció por un segundo las fantasías que tuvo, fueron muy dulces a pesar de ser solo mentiras. Caminó unos minutos más hasta visualizar la casa de Kaede, forzó una sonrisa e intentó caminar con naturalidad, ¿Se habrá ido Kaede a comprar verduras?

―Rin―La chica volteó tan rápido como pudo. Fueron fracciones de segundo cuando vio la sombra imponente de la bestia blanca, inmutable…No, había una respiración agita y unos ojos interrogantes.

Ella sonrió con lágrimas en los ojos, se acercó a él tratando de contener las ganas de abrazarlo…No, eso era inapropiado.

Sesshômaru frunció el ceño. No debió venir, se había prometido no hacerlo más…No cuando en una de sus últimas visitas había olfateado ese olor a sangre por parte de ella, no cuando había entendido la situación que padecen los humanos de su rápido crecimiento y de su rápida muerte. Debía irse antes de verla crecer, y crecer, y crecer…Apretó los nudillos. A pesar de ellos él había llegado ante ella como un perro. ¿Pero cómo vencer a tales impulsos?

―Señor Sesshômaru…

El demonio la miró otra vez, la sonrisa de ella provocó en él una incertidumbre…Solo por última vez, se prometió…Sí, solo estaría con ella hoy y mañana tomaría distancia…

Claro, ese era el plan. Sin embargo el destino tenía otros planes para él, sobre todo cuando ella cumpliera diecinueve años, cuando realmente él descubriera el sentimiento de amor que tanto deseaba esconder.


Ha pasado algún tiempo que no publicaba (en verdad trato de hacerlo cada semana debido a la Universidad) Pero esta vez me ha costado un poco el capítulo, creo que fue el más difícil de todos porque sé que no recibiré ningún review de esa persona a la que va dirigido: Hayden, mi M.J Hayden.

Ella fue y será siendo una de las mejores piratas del bello Foro de Siéntate, siempre estaba ahí para reír y endeudarse, siempre bromeaba acerca de las tangas y de sus hermosos juegos. Le encantaba mucho la pareja de Sesshômaru y Rin, de hecho, ella fue quien me impulsó a realizar escritos sobre esta pareja. Quisiera creer que está leyendo esto, en verdad, porque es triste escribir algo y no saber si realmente le gustó o no. Recuerdo que amó el primer lemmon que hice, nunca dejó review pero siempre me decía que era su favorito, siempre me pidió una precuela de eso y jamás tuve tiempo...Este regalo es honor a ella e intenté entrelazar al final este capítulo con el lemmon...

Ojalá le haya gustado, me imagino que lo está leyéndolo en su nube y con su botella de ron en la mano. Realmente es difícil escribir algo así, porque cada instante piensas en esa persona que se fue y que no volverá...En su familia, amigos, trabajo...Seis meses y aún duele.

Lo siento, espero no haberles arruinado la lectura. Este humilde regalo es para ella, gracias por leer.

Firee