¡MUAJAJAJAJAJ! ¡KURAII-CHAN HA VUELTOOOOO! *-* Siento haber tardado, pero aquí estoy yo de nuevo :D

Como ahora hay espíritu navideño y eso, éste capi es vuestro regalo, pero para qué vamos a engañarnos, especialmente para Emiita (ya verás por qué XD)

Sin más, os dejo ^^

CAPÍTULO 6

Natsuki Uzumaki suspiró, su cálido aliento entró en contacto con el frío del exterior y formó vaho, se colocó algo mejor la capucha de su abrigo y sonrió ampliamente mientras, de un salto, se subía a la rama de un árbol. La mayoría de la gente estaría dormida, los primeros rayos de Sol daban claridad al día.

Hacía ya tres meses que Haru se había ido, tres meses desde que vio a aquel hombre sin chakra, tres meses de entrenamiento exhaustivo y tres meses de preocupación, preocupación que comenzaba a disiparse como la niebla en un día de brisa ahora que todo parecía tranquilo. "Un fallo de mi Byakungan imperfecto." Se repetía a menudo, tan solo para tranquilizarse a sí misma y verse capaz de sonreír.

El brillo del hielo formado sobre el pequeño riachuelo donde a menudo jugaba con Obito brillaba de forma casi espectral, dándole a todo un toque mágico estaba la nieve. En Konoha nevaba casi todos los inviernos, pero ese año estaba siendo especialmente frío y, en cierto modo, a Natsuki le molestaba, ¿cómo iba a entrenar si hacía tantísimo frío?

Miró sus manos, bajo los guantes sin dedos de color negro estaban las pulcras vendas que utilizaba desde hacía ya un tiempo para cubrir las heridas.

Haruto había llegado de su misión en el país de la Roca parloteando sobre el equipo que le había ayudado, especialmente sobre una tal Hana cuyo extraño color de cabello había llamado muchísimo la atención del menor Uzumaki, por mala suerte, éstos chicos no habían podido ir a Konoha, y se habían despedido de Haruto prometiéndole visitarle alguna vez, visita que él esperaba con ansias. "¡Son increíbles luchando, papá!" Le había dicho a Naruto, quien también deseaba conocer a aquellos shinobis.

-¡Yooooosh! ¡Vamos allá, Daiki, Hiyori, demos veinte vueltas a la villa!—Exclamó la voz de…bueno, creo que todos sospechamos quién es.

De golpe, una idea cruzó por la mente de la Uzumaki, quizá fuera el ver allí al equipo de su primo, o quizá el hecho de que los gritos de Rock Kei se escuchaban por todo el lugar, pero entonces se le ocurrió que la mejor forma de entrenar sería pedir ayuda al loco de la llama de la juventud. Rock Kei nunca daba tregua.

-¡Kei-kun, Hiyori-neechan, Daiki-oniisan!—Gritó la joven Natsuki, bajando de un brinco.

-¡Ah, Natsuki-sama!—Saludó su prima.

-¡HIYORI-NEECHAN, NO ME LLAMES ASÍ!—Gritó la Uzumaki dando una patadita al suelo, como si de una niña pequeña en medio de un berrinche se tratara.

-Está bien, Natsu-chan.—Aceptó Hiyori con un suspiro.

-Prima.—Dijo Daiki mientras alzaba una mano.

-¡NATSUKI-SAN, MI PEQUEÑA REMOLINO!—Gritó de forma melodramática Rock Kei, lanzándose hacia ella y tomándola de la mano mientras se ponía de rodillas. La susodicha se rió de forma nerviosa.

-¿Pequeña…remolino?—Inquirió.

-¡Claro! ¡No por nada eres llamada "Konoha No Uzu"!

¿Es que ese chico no había sacado nada de su madre? Oh, cierto…ella era algo parecido.

Hiyori suspiró, alzando los ojos al cielo y preguntándole a Kami por qué tenía que haberse graduado un año antes en la academia y terminar con ese loco de compañero de equipo.

-¡Kei, deja a mi prima ahora mismo!—Gritó la menor Hyuuga, cogiendo el brazo del susodicho y arrastrándole, mientras éste se alejaba con lagrimitas en los ojos, dejando a Natsuki con una sonrisa divertida.

-En realidad, Hiyori-neechan, no tienes por qué alejarle, venía a pedirle un favor…-Explicó la Uzumaki.

-¿Favor? ¿A Kei?—Preguntó, sorprendido, Daiki.

-Sí…-Natsuki cogió aire, mirando a todos los presentes y finalmente sonriendo.— Kei, ¿te importaría tener una batalla de entrenamiento conmigo?

De golpe, Rock Kei pareció quedarse en un estado entre serio y sorprendido, pero fue solo unos segundos, pues un momento después sonreía con llamitas en los ojos.

-¡Claro! ¡Pero después tendrás que acompañarme a dar cincuenta vueltas a la villa!

"Tal como pensaba…él es incansable."

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Itachi estaba sentado tranquilamente en la cabeza de la única Hokage que llegó a ser mujer, con los ojos cerrados y la respiración tranquila, sintiendo el frío en la piel que la manga corta dejaba desnuda, el objetivo del entrenamiento era alejarse de lo terrenal, dejar de sentir aquella irritantemente baja temperatura. Estaba a punto de conseguirlo, lo sabía, pero como siempre, algún loco tenía que inmiscuirse en sus planes, o mejor dicho…loca.

-¡Lo tengo!—Chilló Naomi, apareciendo de la nada y señalándole con el dedo. De golpe, pareció darse cuenta de algo, porque abrió los ojos, sorprendida.-¿No tienes frío, Ita-kun?

Éste no contestó, se limitó a suspirar de forma cansada y a ponerse la chaqueta, seguida de otro par de capas de ropa. Odiaba el frío, era algo que simplemente no soportaba, pero su padre le había comentado que una gran forma de saber cuándo llegabas al estado de tranquilidad deseado en la meditación era aquella.

-¿Qué tienes?—Preguntó con tranquilidad el Uchiha.

-¡Sabía que algún dulce tenía que gustarte! Y después de mucho pensar me he dado cuenta de algo, no te gusta el dulce, pero ¡hay chocolates amargos!—Chilló Naomi, aparentemente satisfecha consigo misma.

-Enana…¿no te darás nunca por vencida?—Inquirió Itachi con un suspiro cansado.

-¡NO! ¡He encontrado una respuesta, Ita-kun, lo hice! ¡Mira, prueba!—Le tendió una tableta en la que se leía claramente el nombre de una marca.

-No.—Se negó el Uchiha.—Me gusta más que el dulce, pero tampoco es de mi agrado.

-¡Vamos, los hombres a los que no les gusta el dulce no son para nada sexys!—Se quejó la bajita muchacha, sin ni siquiera darse cuenta de lo que decía.

Itachi alzó las cejas un par de milímetros como único gesto de sorpresa. Naomi se sentó a su lado con un bufido y sacó del bolsillo un pedazo del ya muy nombrado dulce, seguramente no sería amargo, pensó Itachi al verla morder, ella era demasiado dulce como para que le gustara otra cosa.

¿Que Naomi era dulce? ¿En qué mierdas estaba pensando…? Se reprendió el Uchiha mirando hacia delante y apoyando la cabeza sobre las manos, la chica comenzaba a hablar como una cotorra, y él empezaba a tener ganas de asesinar a alguien.

Sin embargo, unas palabras de ella le hicieron alzar la cabeza.

-¡Alguna forma tiene que haber de que te guste el chocolate!

Itachi la miró, volvía a nevar, y los copos caían sobre el oscuro pelo de ella, moteándolo de blanco, los ojos azules brillaban, las mejillas estaban rosadas por el frío, y el vaho escapaba en forma de aliento de entre sus labios entreabiertos…unos rosados labios manchados de chocolate…

…Antes de darse cuenta, sus propios labios presionaban los de ella, quien abrió los ojos, sorprendida. Por primera vez, y quizá última, el pedazo de chocolate resbaló de las manos de Naomi. Los labios de ella eran dulces, sabían a chocolate, dulces, aditivos y suaves, tal y como él había llegado a pensar que serían, la tierna personalidad de ella casi podía sentirse cuando se la besaba, y él no pudo evitar sonreír levemente. Cuando finalmente se separó, aún con la sombra de una sonrisa, colocó la cabeza contra su mano.

-Creo que ya la has encontrado.—Fue todo lo que le comentó a Naomi, quien seguía en shock.

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Lo veía. Tenía claro que algo fallaba en aquel hombre, su Byakungan no detectaba el chakra, pero tendría que hacerlo, ¿cierto? Ella era hija de una Hyuuga, tenía que detectar el chakra, era algo de cajón.

¿Por qué no todo podía ir bien? ¿Por qué todo debía complicarse? Sintió algo apoderándose de sus entrañas, como si las estrujaran, y un jadeo ahogado nació en su garganta mientras su cuerpo temblaba. Notaba la boca pastosa, y las manos sudorosas, un sudor frío. Pasó una mano por su largo cabello y otro jadeo nació en su garganta.

-Tú…-Susurró de forma entrecortada a aquel hombre que, desde luego, tenía todo menos chakra.

-Muy mal, pequeña Kasumi, lo has hecho muy mal…-Arrulló como si ella fuera una niña, Kasumi se dejó caer al suelo de rodillas, aún jadeante y él le acarició el pelo.—No vas a poder protegerla, ¿sabes? Ha empezado, y ella será mía tarde o temprano…¿o a caso prefieres serlo tú?

Ella sacó fuerzas de la flaqueza, era una Uzumaki, tenía su orgullo, escupió a la cara de aquel…capullo.

-Ah, parece que la gatita tiene ganas de guerra.—La tomó por el cabello y tiró de ella hacia arriba, obligándola a levantarse.-¿Sabes? Creo que sé por qué te llamas Kasumi, eres pálida, albina y de belleza casi efímera…como la niebla.

Sonrió, de forma sarcástica, y Kasumi se revolvió, tratando de escapar. ¡No quería estar más allí! ¡Quería irse! ¡Marcharse lejos! ¡Irse con Hikaru!

-Ah, seguro que ahora estás pensando en tu chico, ¿cierto? Él no puede salvarte aquí, pequeña gatita.—Kasumi paró en seco, ¿cómo lo había sabido…?—Él no puede entrar en tus sueños.

Ella chilló, y el lugar en el que estaban pareció temblar, como si de un terremoto se tratara, su grito se alzó hacia el cielo, y el hombre sin chakra se llevó las manos a los oídos, soltándola.

Entonces…

Despertó.

Kasumi miró hacia todos lados, perdida, palpó a su alrededor, en busca de algo a lo que asirse, algo que le dijera que estaba en su casa, en su cama. Escuchó los golpes en la puerta, y en seguida Haruto apareció ante ella, con una mueca preocupada.

-¡Onee-chan! ¿Qué ocurre, dattebayo?—Chilló, histérico.

-N-Nada, solo ha sido una pesadilla…-Pero ¿lo decía para convencerse a sí misma o a Haruto?

Todo el mundo tenía chakra, ¿cierto? Aunque, extrañamente, la cara de ese hombre era exactamente igual a la de aquel de la misión, aquel que estaba allí, sobre la montaña de arena de los hermanos Sabaku No.

Sin poderlo evitar, se abrazó a su hermano menor, sollozando suavemente sobre el pecho de éste, que confuso, comenzó a acariciar el largo cabello de Kasumi. ¿Qué le ocurría a su hermana? Ella siempre había sido la fuerte, la que sostenía a la familia junto a su madre. ¿Es que el mundo se volvía loco?

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-¡Papá, quiero un tatuaje!—Chilló Haruto, dando un golpe en la mesa.

A su lado, Kasumi sonrió de manera nerviosa y una gota resbaló por su nuca. Metió un pedazo de carne en la boca, saboreando la comida preparada por su madre.

-¿A qué viene eso?—Inquirió el Hokage.

Shikamaru, quien había sido invitado a comer con ellos junto al resto de su familia, solamente alcanzó a pensar lo parecido que era Haruto Uzumaki a su progenitor, tanto física como mentalmente, y seguidamente se preguntó cómo Hinata aguantaba a alguien tan…problemático.

-¡Pues…pues….!—Kasumi pudo entender que su hermano buscaba una excusa tonta. Pero dentro de lo posible, encontró una bastante convincente según el criterio del Hokage.-¡Sasuke-san va a dejar a la teme hacerse uno!

Souta alzó una ceja inquisidora, eso era mentira, sin embargo, se encogió de hombros. ¿Para qué meterse en problemas con Haruto?

-¡¿Qué? Pues si el teme deja a su hija yo…

-Naruto-kun.—Hinata le cortó, con una mirada de reprimenda, y el rubio Hokage hizo acopio de buena voluntad y de pocas ganas de disgustar a su dulce esposa.

-…No. Teme puede hacer lo que quiera, mi hijo menor no va a hacerse un tatuaje.

-¡Papá…!—Trató de rebatir.

-Nee, Naruto, ¿dónde está Natsu?—Inquirió Temari, cortando la discusión padre e hijo.

Naruto se quedó callado unos segundos, tratando de recordar dónde había anunciado su hija mediana que iba aquella mañana, sin embargo ninguna idea acudía a su mente. Entonces, recordó el por qué no la había escuchado…estaba comiendo Ramen en ese momento.

-N-Naruto-k-kun…¿has vuelto a p-perder a N-Natsu-chan?—Inquirió de forma tartamudeante Hinata, pues en ese momento, y pese a la seguridad que había ido adquiriendo en sí misma durante años, Naruto se veía ciertamente adorable, y no podía evitar volver a sentirse la niña que suspiraba por él.

-¡No la he perdido! Solo…no sé dónde está, dattebayo.

-Vamos, que la ha perdido.—Se rió Haruto por lo bajo.

-¿A caso alguien puede perder a una persona, Kasu-chan?—Preguntó Kokoro Nara a su amiga.

-Mi padre sí.—Afirmó ésta.

Mientras los murmullos llenaban la mesa, Naruto se estrujaba los sesos en busca de la respuesta. Al fin y al cabo, es de su hija de quien estamos hablando, y él se preocupaba por Natsuki, aunque a veces no lo pareciera. Como para tranquilizar a su progenitor, la puerta se abrió, mostrando a la desaparecida muchacha.

-¡Ohayo familia! ¡Buenos días, Shikamaru-san, Temari-san, Sou-kun y…! ¡KOKORO-CHAN, CUÁNTO TIEMPO!—Chilló al ver allí a la joven, histérica.

La Nara se lanzó hacia su amiga, estrujándola, aunque Kokoro era bastante bajita, Natsuki lo era algo más. Sin embargo, lo que llamó la atención de Naruto fue algo que destelló cuando el corto pelo de su hija dejó por un momento a la vista la oreja de ésta, algo que brillaba reflejando la luz, algo de color dorado que se encontraba en la parte superior de la susodicha oreja…

-¡UN PENDIENTE, DATTEBAYO!—Gritó el Hokage.

-Lo tengo desde hace mucho, papá.—Respondió la Uzumaki mediana, llevando una mano a su oreja, tocando tanto el pendiente del lóbulo como el de la parte de arriba. El primero, uno redondo de color negro, el segundo un pequeño arito dorado.

-¡¿Qué? ¡Hinata-chan, ¿tú sabías de esto?—Gritó.

-C-Claro Naruto-kun, lo noté en cuanto se lo hizo.—Respondió la aludida.

-¿Kasumi? ¿Haruto?—Continuó preguntando.

-Claro, papá, el plateado se nota entre el pelo oscuro de Natsu-chan.—Respondió por los dos la mayor.

-Yo también lo sabía, Naruto-sama.—Informó Kokoro.

-Y yo.—Corroboró Souta.

-Naruto-sama…¿tan poco te fijas en ella?—Inquirió Temari, con una ceja alzada.

-Problemático.—Suspiró Shikamaru.

Mientras Naruto lloriqueaba sobre lo crueles que eran con él, Natsuki le hacía morritos a su padre y le reprochaba no fijarse en ella, Souta y Shikamaru suspiraban a una un "problemático", Hinata y Temari charlaban sobre nimiedades y Kasumi junto con Haruto se reían de ellos, todo parecía estar bien, todos creían que seguiría así, que ningún problema asolaría sus vidas, incluso Naruto esperaba el "felices para siempre" que creía merecer.

Pero no todo eran flores, aunque el Hokage quisiera creer lo contrario. Y la explosión se lo demostró.

Nada más escucharla, todos se quedaron serios, el rubio más mayor fue el primero en reaccionar, saliendo a correr hacia la puerta seguido del resto.

-¡Se ha producido en el bosque!—Gritó Kokoro.

-¡Shikamaru, Temari, id a avisar a algún grupo ANBU, deben ir a ver qué a ocurrido! ¡Hinata, busca a tu primo e id a buscar algún rastro de chakra! ¡Y vosotros, niños, no os mováis de…!—El aura de atractivo que rodeaba al rubio se evaporó al ver que, en el lugar donde estaban anteriormente los integrantes de la "nueva generación" solo quedaba aire y polvo.-¡Demonios! ¿Es que no saben esperar a recibir una órden?—Gritó.-¡Hinata-chan me matará!

"Claro, son mis hijos, mis endemoniados hijos, ¿qué me esperaba? Aunque debo decir que pensé que Kokoro-chan y Souta-kun eran más maduros…" Se dijo el Hokage mientras hacía un puchero y se tiraba de su rubio cabello. "¿Voy por ellos? No, debo hacer como un buen Hokage y movilizar a mis shinobis, esa explosión ha sido demasiado grande y estaba demasiado cerca de las puertas…"

Se dio la vuelta y saltó a un tejado, dejando tras de sí sus palabras cargadas de cariño. Una única cosa le importaba en ese momento, y esperó que su deseo llegara a oídos de sus hijos y los hermanos Nara.

-Tened cuidado.

Los acontecimientos se les echan encima.

Bien, más corto de nuevo, pero tenía que dejaros con el gusanillo para ser feliz (¿) XD, en serio, lo siento T_T

En fin, ahora me voy, mi madre quiere matarme porque lleva quince minutos diciéndome que salga a dar una vuelta con ella…lo siento de nuevo -o-

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