Lawrence, Kansas, mayo de 1978

Mary no sabía dónde se encontraba, no conocía ese bosque. Lo único que sabía era que tenía frío, mucho frío en realidad. Miró hacia abajo y se encontró con que estaba en camisón y descalza. ¿Qué hacía en medio de la nada en camisón? Iba a pedir ayuda cuando alguien la llamó. Alzó la cabeza y se encontró con una chica, automáticamente su instinto de cazadora afloró y se puso en guardia, esperando en fingida relajación esperando un ataque por parte de la desconocida. La mujer lo notó y, levantando las manos y avanzó lentamente en un eterno gesto de paz.

-No tienes nada que temer -le dijo la desconocida-, Mary. No tienes nada que temer. Sólo quería avisarte de lo que está por venir, se supone que yo no debería estar aquí.

-Y, ¿quién se supone que eres?

-Perdón, soy Atenea, la diosa de la sabiduría y la guerra en...

-Sé quién era Atenea, gracias. Pero no te creo en absoluto. En serio, ¿una diosa griega?

-¿Con todo lo que has visto y cazado, aún te sorprende de que mi familia exista? Pero eso es lo menos importante. Debo darme prisa, pues tengo que decirte algo antes de que mi padre descubra que te he puesto sobre aviso.

-Cómo sé que eres de fiar. Que no me engañarás para beneficiarte tú.

-Mary, soy una diosa del panteón griego, no un demonio. Mira, no tenemos mucho tiempo, ¿vale? Se supone que ningún dios puede prevenir sobre su futuro a ningún mortal, pero esto es importante.

-Está bien, te daré el beneficio de la duda, pero si esto es una trampa...

-Sí, me matarás, o al menos lo intentarás. Te lo puedo prometer si quieres, pero los dioses no mentimos.

-De acuerdo, dime lo que me tengas que decir y acaba de una vez.

-El mes que viene vendrá un ser del futuro a acabar contigo y con John. Querrá mataros para evitar que vuestros hijos nazcan.

-¿Qué? Pero, ¿de qué estás hablando?

-Un ángel, aún no sabemos quién será, mis hermanas no han podido ver más que un peligro inminente para tu marido, para ti... y para el bebé que crece en ti.

-¿Qué? No. ¿Estoy embarazada?

-Sí. Su hilo apenas acaba de empezar a crecer, aún es demasiado corto para poderlo tejer, pero te puedo asegurar que mis hermanas han visto en lo que se convertirá, que, junto a su hermano salvará al mundo del ocaso varias veces. Pero, para eso, primero tienes que vencer a ese ángel.

-¿Es un niño? Yo, esto es muy confuso. ¿Por qué nos va a querer matar un ángel? Si ni siquiera existen...

-Créeme cuando te digo que si existen y que nos son los angelitos tiernos y dulces que el arte humano se ha empeñado en plasmar en lienzos y catedrales a lo largo de la historia del cristianismo. Son, ante todo, guerreros de Dios. Y son prácticamente imparables. Cuando uno de ellos recibe la orden de acabar con un humano no se detienen ante nada ni nadie hasta que no consiguen realizar su misión. Por eso he tenido que avisarte, aunque sea por mediación de tus sueños. Debes estar avisada para cuando el ángel vaya a por vosotros...

De repente todo se puso negro, Atenea desapareció y Mary se despertó en su habitación junto a John, quien se despertó también al notar el movimiento brusco de su mujer.

-¿Estás bien? -le preguntó sentándose en la cama, le apartó un mechón de pelo de la cara y se la giró hacia él para que lo mirase-. ¿Qué te ha pasado?

-Nada, una pesadilla -contestó ella mirándole a los ojos.

-¿Quieres contármela? Tal vez así ya no vuelvas a tenerla.

Mary le sonrió antes de darle un beso en los labios mientras intentaba recordar lo que había soñado, fuese lo que fuese lo había olvidado, aunque esa sensación de que algo iba mal no se le quitaba. Decidió quitarle importancia, si no recordaba lo que era, tal vez no fuese importante...

-No me acuerdo de nada, tranquilo. Fuese lo que fuese no era nada más que un sueño. Deberíamos seguir durmiendo, cariño.

-Sí, aún es muy pronto -respondió él metiéndose con ella de nuevo en la cama.