Recostada en la pared me tome el tiempo para pensar. Debía poner mis ideas en claro, tenia que repetirme miles de veces que yo no sentía nada por él.

Damon estaba parado en la caja registradora pagando unas cuantas prendas que había comprado para mi. Al final él las había escogido todas. Las piernas todavía me temblaban. Él era un desgraciado, no podía sacar esta sensación de mi cuerpo, todavía tenia su sabor en mi lengua.

Sacudí los hombros, esas ideas no me iban a conseguir mi libertad.

—Elena —murmuro. Lo ignore—. ¡Elena! —volvió a decir, pero esta vez con mas presión.

Exasperada llegue a dónde estaba.

—¿Qué pasa? —pregunte, mis ojos en su rostro. Él sonrió y trate de detener a mi corazón, quería brincar en mi pecho.

—¿Te gustan? —alzo unos pequeños aretes a la altura de mis ojos. Levante una ceja en duda—. Si no te gustan solo dilo —le negué con el rostro y los tome.

—Son bonitos, pero... ¿para qué quiero yo esto? —él bajo la mirada, se mordió el labio.

—Te quedan con ese vestido —su mirada era lujuriosa, deseosa. Sabia que estaba recordando lo que hacia minutos atrás había hecho conmigo. Volteé el rostro nerviosa. El calor estaba volviendo, mis bellos se erizaron. Sentí sus manos levantar las ondas de mi cabello. Quise dar unos pasos hacia atrás pero él me sostuvo de los hombros—. No te alarmes. Solo quiero poner esto en tus orejas —pase saliva. Con delicadeza alejo mi cabello de mis orejas, saco un arete y lo coloco en mi lóbulo. Yo no podía moverme, siempre me dejaba sin aliento. Sus ojos viajaban curiosos en mi rostro—. ¿Que pasa, Elena? me crees incapaz de ser amable.

—Eres un idiota y los idiotas no son amables —un sonido tipo gruñido se escapo de su garganta.

—Bueno, me han llamado peor —frunció las cejas y se echo a reír. Tomo el otro arete y lo coloco de igual forma. Sus dedos recorrieron mi oreja lentamente. Sentía que su toque me quemaba. No quería sentirme nerviosa, si no él se daba cuenta, y jugaba aun mas conmigo. Tome una respiración profunda. Él alzo mi cabello con sus manos y lo acomodo en mis hombros—. Listo, mi guapa transexual —rió de lado.

Le puse los ojos en blanco.

—Gracias, Da-mon —murmure con una sonrisa. La de él se torno maliciosa curvándose en sus labios. Se acerco a mi rostro.

—Creo que me gusto mas como sonó en el vestidor —se dio la vuelta con arrogancia, podía notar burla llenando sus ojos. Maldito, a él solo le gustaba jugar conmigo. Mis ojos se revolvieron. Trate de sacudir la sensación que él me hacia sentir, que él dejaba en mi.

Salimos de la boutique.

En el camino no volvimos a emitir palabra. Estaba molesta, cabreada, emputada, encabronada. Como se describiera el enojo, así me sentía. Él solo quería probar su teoría. Quería hacerme rogar. Pero se equivocaba si creía que yo le rogaría. ¡Ja! podía ser conquistador, podía ser un hombre demasiado sexy, podría tener unos ojos que con solo mirarme, hacían que dejara de respirar, podría llenarme de sensaciones nuevas jamas experimentadas, podría hacer que mi cuerpo temblara, podri... Mierda, odiaba sentirme de esta forma. Ya había enumerado todas las formas en las que él me hacia sentir y si seguía nunca terminaría.

Su teléfono sonó haciéndome salir de mi nube de pensamientos. Lo acerco a su oreja sin ver quien era.

—¡Bueno! —sus ojos no se despegaban de enfrente de la carretera—, claro, entiendo —suspiro—, estaré ahí en cinco minutos —colgó el teléfono. Lo dejo en el porta vasos. Yo seguía todos sus movimientos—. Tendremos que cancelar la comida —dijo sin voltear a verme. Yo ni siquiera sabia que eso haríamos. No dije nada—. Tendrás que comer en el hotel. ¡¿Me estas escuchando?! —esta vez su tono salio brusco.

—Claro que te escucho. Por mi no hay problema —alce los hombros.

—Te dije que teníamos una junta. ¿Lo recuerdas?

—Sí.

—Muy bien, cuando termines de comer quiero que te dirijas a mi oficina.

—Claro, Amo —solté con ironía.

—¡Oye! eso me gusta. De ahora en adelante me llamaras Amo.

—Primero me arrancaría la lengua antes de llamarte así —espete enojada.

—Porqué te quejas, fuiste tú la que puso la idea.

—No te hagas ilusiones. No soy ninguna sumisa.

—No, claro que no lo eres, ellas se dedican a dar placer. Tú eres mi mascota —la cara se me calentó. El coraje apuñalo mi estomago—. Shh... silencio no quiero escuchar reclamos —puso un dedo en mis labios.

Lo removí con fuerza.

—Com...—bajo del auto dejándome con las palabras en la boca.

Ni siquiera me había dado cuenta que ya habíamos llegado al hotel.

Uno de sus gorilas me abrió la puerta para que pudiera salir. Baje del auto con la cara caliente. No podía creer que con Damon se evolucionaran tantos sentimientos en un solo día. Él entro al hotel, dejándome atrás.

Yo iba con la mirada en el suelo tratando de no caerme con los malditos tacones. Tropecé con algo enfrente de mi. Eleve mi mirada para ver en los brazos de quien me encontraba, él me había ayudado a no quedar estampada en el piso.

Era Stefan, el hermano de Damon. Me tenia entre sus brazos. Trague saliva y me enderece.

—¿Estas bien? —pregunto con sus ojos en los míos.

—Sí, ¡Wow! —reí nerviosa—, eso estuvo cerca ¿cierto? Gracias —él me sonrió.

—No me des las gracias. Debes prestar mas atención. ¿Por qué venias tan aprisa?

—Ah... Bu-eno, es que Damon me dejo atrás —levanto una ceja dudoso.

—Damon —murmuro—. Veo que los formalismos no existen entre ustedes —el cuero cabelludo empezó a picarme.

—Es cosa de él. Dice que detesta los formalismos —él desvió el rostro y dejo escapar una risita.

—Sí, me lo imagino —alzo el pecho.

—Veo que no logre alcanzarlo —dije, aclarando mi garganta.

—Paso como bala hace unos segundos, ni siquiera se digno a verme.

—¡Ja! —emití, él no dejaba de observarme.

El silencio me incomodo.

—Traes otra ropa —señalo a mi vestido.

—¡Oh! sí. Damon me dijo que tenia que lucir mas profesional —me mordí el labio.

—¿Y siempre haces todo lo que te dice? —pregunto en tono de broma. Pero no llevaba nada gracioso su pregunta.

—No, claro que no, es solo que...

—¿Ya comiste? —me interrumpió. Le negué con el rostro.

—¿Que te parece si te invito? —volteé la cabeza de un lado para el otro, antes de contestar—. ¿Que pasa? ¿tienes que pedirle permiso a Damon para comer? —su tono cada vez sonaba mas molesto, mas pedante.

—No, para nada.

—Genial. Después de ti — me dio el paso. Le fingí una sonrisa y camine derecho.

Llegamos al restaurante del hotel. Nos preguntaron si queríamos la mesa cerca de una gran ventana, Stefan les indico que sí, ya que era mas privado.

Las personas murmuraban al vernos pasar. Unas jóvenes se nos acercaron saltando emocionadas.

—¡Stefan! eres Stefan ¿cierto? —él le sonrió dulcemente a las chicas.

—Así es.

—¿Nos darías tu autógrafo? —las chicas sacaron dos fotos de él con una pluma.

—Con gusto —respondió coquetamente—. Para una hermosa fan...—alzo la barbilla, para que la chica le dijera su nombre.

—Sofia —respondió casi sin aire, se veía que la chica no cabía de la emoción.

—Con amor para Sofia —firmo su rostro y se lo entrego a la primera. La otra le temblaban las manos, podía notarlo por que la foto no dejaba de moverse entre sus palmas—. ¿Y tu eres?

—¡Meredith! ¡Con H! —él volvió a firmar su rostro. Le entrego la foto a la segunda chica. Ella temblaba como una maraca. En un rápido movimiento se lanzo a él. Le rodeo el cuello con sus brazos y le planto un beso a un lado de los labios—. En verdad te amamos Stefan, y queremos que te quedes con la chica —dijo soltándolo.

Él rostro de Stefan parecía un papel. Estaba tan pálido que pensaba que se desvanecería allí mismo.

—Gracias —fue lo único que emitió—. Vamos, Elena —me dijo sosteniendo mi brazo.

—¡¿Quien es ella?! —preguntaron las chicas, echándome rayos con los ojos.

—Una amiga —respondió Stefan.

Uno de los gorilas de Damon apareció. Stefan le hizo señales con los ojos para que alejara a las chicas. El gorila obedeció. Hablo con ellas mientras las distraía y las sacaba del restaurante. Stefan y yo nos movimos rápidamente a la mesa que nos tenían preparada.

—Eso fue emocionante —sonreí, mientras arreglaba los pliegues de mi vestido para tomar asiento.

—Bienvenida a cada minuto de mi vida —dejo salir el aire irritado.

—¿No te gusta? —pregunte dudosa. Por su tono, me había dado la impresión que no le agradaba.

—Claro que me gusta. Si no, no fuera actor —sus ojos se apagaron. Tome un cubierto que estaba a mi lado derecho, empecé a jugar con el.

—Entonces...—moví la boca hacia un lado—, ¿te quedaras con la chica? —reí curiosa.

—Créeme que si te contara, me demandarían y me quedaría sin trabajo.

—¡Hm! En ese caso, creo que empezara a verme tu serie.

—¿Pensé que la veías? —hizo pucheros con los labios.

—No. La verdad eso de los vampiros, no llaman mi atención—baje el rostro—. Si te soy sincera, me causa algo de temor —él soltó una carcajada.

—Me lo imagino. Pero no te preocupes, no te morderé —me guiño un ojo y sonrió con picardia—, aunque tu sangre sea demasiado llamativa —si esas eran indirectas, las había captado con todo entendimiento.

Reí nerviosa.

—Solo he visto promociones con tu cara en ellas, y uno que otro anuncio o revista—sus cejas se alzaron.

—¿Así que no eres de ver mucha televisión?

—No esa clase de series —él se inclino hacia adelante. Puso sus brazos cruzados en la mesa. Su mirada directo a mi rostro.

—De verdad ¿donde conociste a mi hermano? No creo que seas su asistente —arqueo una ceja con desdén.

Mis ojos se revolvieron, no me había esperado esa pregunta de él. Deje el cubierto en la mesa. Empecé a jugar con mis dedos.

—Claro que soy su asistente. ¿Qué te hace pensar que no lo sea?

—Es que él nunca antes había tenido una —sus ojos seguían en mi rostro, como queriendo descubrir algo mas alla, quería adentrarse en mi mirada. Desvié los ojos al mesero que venia con una libreta.

—Buenas ¿qué desean tomar?

—Una copa de vino tinto —él contesto, sin dejar de ver mi rostro. Su mirada me incomodaba de maneras terribles. Me hacia sentir extrañas sensaciones en el estomago.

—¿Para usted, señorita? —pase saliva.

—Un té esta bien —dije, sonriendo dulcemente.

El mesero se dio la vuelta en sus talones. Stefan volvió a tomar compostura. Yo ladeaba el rostro de un lado hacia el otro. Ahora me estaba arrepintiendo de venir a comer con él.

—¿Qué deseas comer? —alce los hombros en señal de respuesta—. Toma, aquí esta el menú.

—Gracias —lo tome sin verlo.

—Siempre eres así.

—¿Como? ¿a que te refieres "con así"? —alce la mirada algo sorprendida.

—Tan linda... —fruncí el rostro. ¿No entendía porque el estaba coqueteando conmigo? cuando claramente se veía que muchas chicas se desvivían por él.

—No siempre —respondí riendo.

—Disculpa si te estoy incomodando. Pero eres muy guapa.

—Pues nunca me he considerado guapa, pero gracias —bueno, si él estaba coqueteando conmigo, yo no me estaría quejando.

El mesero llego con las bebidas. Luego nos pidió que ordenáramos. Ordenamos un salmón a la parrilla con romero, espárragos y una ensalada mixta.

Ya había pasado media hora. Stefan y yo ya habíamos comido, reído y hablado de su serie. Estábamos muy adentrados en la conversación que había olvidado completamente lo que Damon me había ordenado. Al ver a Matt en la entrada del restaurante recordé. Salte al ver la hora en el reloj que colgaba de la barra. Había olvidado completamente que debía ir con Damon a una junta.

Me levante al ver que Matt se acercaba aun mas a nosotros.

—¡Elena! ¿Pensé que te habías ido a tu casa? —dijo sin ver a Stefan.

—No, lo siento, es que me entretuve —estaba avergonzada.

—Damon me dijo que tal vez ya te habías ido, por eso lo mencione —fruncí las cejas.

—¿El pensó que me había ido? —pregunte incrédula.

—Sí —Stefan se aclaro la garganta. Matt bajo la mirada hacia él—. Stefan, puedes decirle a tu director que estamos listos en la sala de juntas —su tono fue tosco.

Stefan se levanto de su silla.

—Claro Matt, yo le informare—saco unos billetes de su cartera y los aventó a la mesa—. Nos vemos Elena, fue bastante grata tu compañía, espero verte mañana o hoy, cualquier otro momento estara bien —se despidió y paso cruzando miradas matadoras con Matt. ¿No entendía por qué?

—¿Vamos? —pregunto Matt, dándome el paso.

—Si, vamos —espete.

Nos dirigimos hacia la oficina de Damon. Al dar un paso adentro, mi estomago se hundió. Mi corazón dio un vuelco y mis ojos se abrieron de par en par.

Damon estaba agarrado de una despampanante rubia. La tenia sujeta de la cintura. Ella rodeaba su cuello con sus largos y delgados brazos. Estaban sentados al borde del escritorio, ella estaba en medio de sus piernas. Un fea y ardiente sensación se esparció en mi vientre, sentía un nudo en la garganta. Damon rodó los ojos hacia nuestra dirección y dejo ir a la rubia.

—¡Mierda Matt! ¡cuantas jodidas veces tengo que decirte que toques la jodida puerta! —se arreglo el saco y rodeo su escritorio. Tomo asiento. La rubia se volteo a encararnos, pero no se movió de su lugar.

—Miles —contesto Matt de mala gana—, pero tu sabes que al único que no puedes manejar a tu antojo, soy yo —le dio una mala mirada a la rubia. Sentí escalofríos, no había visto a Matt dar esa mirada—. Rebekah ¿pensé que estabas de viaje? —la rubia no despegaba los ojos de mi rostro.

Yo seguía en mi sitio. Era como si me hubiera quedado pegada en este.

—¡Elena! ¡Pasa! —dijo Damon con un tono demandante.

Maldito idiota.

Camine hasta el sofá que estaba cerca de la pared. Me senté en este.

—Bueno Matt, esos viajes no duran mucho —la rubia al fin había contestado. Me había seguido con la mirada todo este tiempo. Sus ojos fulminándome—. ¿Quien es ella? —encaro a Damon. Él estaba perdido con su mirada en unos papeles—. ¡Damon! ¿quien es ella? —él no contesto.

—Soy Elena —respondí al ver que Damon no contestaba.

Me levante y me acerque a ella, le ofrecí mi mano en saludo. Ella me inspecciono de abajo hacia arriba, elevo su mano y como si yo tuviera lepra apenas y la rozo.

—Rebekah —emutio, volviendo su atención hacia enfrente—. ¿Damon? —volvió a preguntar, su tono algo desesperado.

—Ella no es nadie que te interese saber —la cara me ardió. Yo no era nadie. Ira lleno mi cabeza. Me sentía avergonzada y furiosa. Se levanto de su lugar con toda esa aura de Dios, se arreglo el saco y fijo su mirada en mi—. ¡¿Lista?! —sus ojos radiaban, su tono era tosco, seco.

—Sí —conteste de igual forma, seca.

—Bien —me dio el paso.

Salimos de la oficina seguidos por Matt. Volteé el rostro, para ver si la rubia venia detrás de nosotros, pero nada. Ella se había quedado con la duda en la mente y no solo eso, Damon la había dejado parada ahí sin responder nada.

Los ojos de Damon me causaban temor. Los sentía pesados en mi. Exhalo aire y me di cuenta que estaba molesto. Matt venia con los ojos en una tableta, lo veía mover los dedos como un mago sobre el aparato.

Llegamos a unas puertas de cristal dobles. Adentro se encontraba Stefan, con un hombre gordo, mayor, rozaba los cincuenta. Caminamos hacia dentro, cerca de una enorme mesa con sillas en los dos lados. Damon movió una silla del otro lado de donde estaban los presentes y me hizo señas para que me sentara. Él se sentó al frente del escritorio, Matt a su lado. Stefan me observo dándome una suave y tierna sonrisa. Le sonreí de vuelta, agachando la mirada. Alce los ojos y observe a Damon, me trague el aire, sus ojos me fulminaban. Observo a Stefan, y luego a mi, ¿qué era lo que hacia?

—Damon, me da gusto que me dieras un poco de tu tiempo —el hombre viejo hablo. Damon agacho el rostro en respuesta—, se que eres un hombre muy ocupado. Por eso te agradezco que nos atendieras.

—No hay problema Richard. Sabes que tenemos algunos años haciendo negocios —Matt seguía con los ojos en la tableta.

—Como sabes, y Stefan te dejo saber, necesitamos de tu ayuda —no entendía muy bien que hacia yo en esta junta, que claramente se veía que era de negocios—. ¿Espero podamos contar con tu ayuda?

—Richard, como sabes este hotel es muy exclusivo. Si permito lo que deseas, tiene que haber control en todo.

—Lo habrá, te lo prometo —Matt alzo la mirada, al fin. Había tenido los ojos en la tableta todo el tiempo.

—Podemos empezar la semana que viene. Esta semana tenemos demasiados clientes importantes. Con solo decir que tenemos al Príncipe de Brunei —mis ojos estaban puestos en Matt. Ellos recibían hasta príncipes en este hotel. Pero ahora la pregunta era, ¿con que propósito? me imaginaba que también venían a comprar personas. Malditos y raros millonarios, enfermos.

—Muy bien Richard, ya has escuchado a Matt —Damon cruzo los dedos y enderezo su cuerpo.

—Esta bien, creo que puedo hacer eso. Además no falta mucho para que la semana termine. Puedo atrasar la filmación un poco —¿filmación? Ahora si estaba confundida.

—Stefan, ¿algo que quieras agregar? —pregunto Matt, mirando fijo a Stefan. Él ladeo una sonrisa, observo a Damon.

—No, claro que no. Gracias Damon —dijo con un tono irónico. Los ojos de Damon brillaron, una sonrisa maliciosa se curvo en sus labios.

—No hay problema Stefan, para eso estamos, para apoyarnos. Aunque, me sorprende que eligieran precisamente este hotel para filmar su serie, cuando claramente el que esta en el Este de Miami les queda mas cerca —Stefan ladeo una sonrisa peligrosa.

—Lo se, pero también se que este hotel es tu prioridad, y quería estar mas cerca de ti —sus ojos viajaron a mi, y de nuevo a Damon—, no puedes culparme por querer pasar tiempo con mi hermano —la arrogancia en sus palabras se podía sentir. Mire a Damon, él tenia un rostro de espanto.

—Bueno —dijo Matt, cortando toda tensión entre esos dos—, como ya les dijimos, pueden empezar la otra semana —el director se levanto de su silla, al igual que todos. Saludo a Damon y después a Matt.

Stefan se acerco a mi, mientras el director discutía algo con Damon.

—Espero mi hermano no te diera un mal rato por llegar tarde —ladeé una sonrisa.

—No, para nada.

—Genial—sonrió—. Como ves, estaremos viéndonos mas seguido. Filmaremos unas cuantas escenas en este hotel —así que eso era todo este rollo.

—Eso es sorprendente. Te veremos en acción —reí moviendo el cabello de mi hombro, algo coqueta. ¿Por qué demonios estaba coqueteando? Giro el rostro y lo escuche jalar aire.

—Damon —murmuro.

Gire el rostro de igual manera. Damon estaba parado al lado de nosotros. Nos estaba matando con la mirada.

—Nos vamos —la tensión en su mandíbula era dura. Se mordía los labios.

—Claro —respondí dando un paso enfrente. Stefan me tomo del brazo. Gire mi rostro algo sorprendida.

—Elena, ¿vendrás mañana? —iba a contestar, pero Damon me tomo del otro brazo jalándome. Stefan me soltó algo confundido.

—Claro que vendrá, ¿que parte de que es mi asistente no entendiste?

—Sí, solo que no sabia si atendería al evento —evento, ¿cual evento? No pude responder nada, por que no sabia de que hablaban.

—Nos vemos, Stefan —el tono de Damon le dejo saber que no quería que hablara conmigo.

Damon me haló caminando hasta la salida. Salimos del hotel y me removí bruscamente para que me soltara.

—¡¿Por qué eres tan agresivo?! —me sobe el brazo.

—Ni siquiera quiero escucharte, así que cállate —le puse los ojos en blanco. Llegamos a la limusina—. ¡Entra! —murmuro.

No entendía por que su actitud, era como si yo lo hubiera ofendido de alguna manera.

El silencio en la limusina era tétrico. Él iba con la mirada en la ventana, sus dedos en los labios. No podía dejar de verlo. No importaba lo idiota que fuera, el era como una luz y yo era la polilla, me atraía y mucho. Giro su rostro y se topo con mis ojos, desvié la mirada para disimular. El calor se empezaba apoderar de mis orejas. Lo escuche reír.

—En verdad es una mala costumbre ¿cierto? —alce los hombres sin voltear a verlo.

—¿No se de que me hablas? —trataba de hacerme la estúpida.

—Estoy molesto contigo —dijo en un tono brusco. Gire mi rostro para toparme con él. Inclino la cabeza y dejo salir un largo suspiro—. No entiendo que hacías antes, pero por lo visto no eras muy eficiente —la ira me golpeo el estomago.

—¿A que te refieres con eficiente?

—Eres una irresponsable —espeto molesto.

—¡¿Qué?! pero a que viene todo esto.

—Te dije que tenia una junta, y te dignas a llegar media hora después. Que poca responsabilidad tienes —bajo el rostro—. Ahora veo por que te mandaron como objeto de subasta. Eras inservible para tu jefe, lo único que tienes es una cara bonita, con una cabeza hueca —empuñe las manos. Estaba llenándome de furia.

—¡¿Cual es tu jodido problema?!—la cara me ardía—, eso que tiene que ver con lo que tu haces. ¡Tu eres un jodido que compra personas y te detesto con todas mis fuerzas!—la furia me había consumido, sentía la sangre estancada.

Él alzo el rostro encarándome, había una extraña mirada en sus ojos.

—¡¿Por eso quieres conquistar a mi hermano?! —el estomago se me ahueco. ¿Que demonios había dicho? Fruncí las cejas tratando de comprender—. Pues no te va a servir, nadie te puede liberar, solamente yo, además, no existes —la cabeza me pulso.

—¡¿Como que no existo?!

—No existes, ¿No se quien mierdas eres? ¿No se nada de ti? —sus ojos me apuñalaron eran como si quisieran cruzar la barrera de los míos.

—P-p-ues, yo si se quien soy. ¡Me llamo Elena Gilbert! y-y soy un ser humano, del cual tu no puedes abusar —le apunte con el dedo, eso se lo había gritado con tanta fuerza que la garganta me dolía.

Se movió hacia enfrente y me tomo del brazo, bruscamente me impulso hacia adelante, me hizo caer de rodillas enfrente de él. Mi mente golpeo pulsando en mi cabeza. Me tomo de la barbilla apretándola, penetrándome con la mirada.

—¡No te creo! —dijo apretando aun mas mis labios—. Como se que no eres una buena actriz, que lo único que quieres, es hacerme caer por tu carita de mojigata —un nudo se me formo en el estomago.

Trate de removerme. Él me tomo de la cintura y me pego entre en medio de sus piernas, las presiono para que no pudiera mover mi cuerpo.

—¡Su-el-t-a-me! —murmure entre los labios. No podía decir nada, su presión escocia los lados de mi boca.

—¿Dime por que no encuentro nada tuyo? ¿por mas que he buscado, no hay nada? —sus palabras salían desesperadas.

Yo no tenia idea por que no habían registros míos, ni siquiera una acta de nacimiento, eso me había dicho Matt.

Todo este tiempo Damon, me había estado investigando, pero si el con su dinero e influencias no encontraba la razón, mucho menos yo que nunca había pedido esto. No sabia quien había borrado mi existencia.

Las lágrimas empezaron a escaparse de mis ojos, el corazón me pegaba tan fuerte que sentía que en cualquier momento me rompería el pecho. Apreté los ojos. Ya no podía distinguir el rostro tan tenebroso de Damon, mientras tenia mi barbilla entre la yema de sus dedos. Lentamente aflojo el agarre. Mi pecho se libero, pero no pude calmar los sollozos. Llore como una niña quien se ha perdido y no encuentra a sus padres.

Él me dejo ir. Suspiro, veía culpa en sus ojos. Bajo la mano a mi mejilla queriéndola acariciar, lo golpee en rechazo. Me levante del suelo, me volví a sentar en el asiento en donde había estado. Puse mis manos en los lados de mi barbilla, me dolía la quijada. No quería ver a Damon, él estaba callado.

—Eres un maldito —murmure, con la mirada directa en la ventana de mi lado.

—Lo se —dijo tan bajo que apenas lo escuche—, nunca te dije que yo fuera un caballero o un Ángel. No lo soy. Yo soy malo Elena, soy una persona que abusa y le gusta el poder, soy una persona que jamas en tu vida, hubieras querido cruzarte —me decidí a verlo.

Su expresión me causo un temblor en las piernas. No tenia brillo, sus ojos y todo su rostro estaban pálidos. Era como si toda su vida, su alma se hubieran esfumado, como si lo único que estuviera enfrente de mi, fuera un vil cascaron. No dije nada, solo lo observe.

Escuche la limusina pararse, el chófer se bajo y camino hasta la puerta y la abrió. Damon salio primero. No quería salir de la limusina, quería hundirme en ese asiento. No quería saber mas de todo esto, me habían metido en un problema del cual no tenia ni siquiera una maldita idea.

Jale aire antes de salir. Damon ya no estaba afuera, sin esperarme había entrado a su mansión. Camine admirando el lugar, era la primera vez que lo veía bien. Era hermoso todo era bastante grandioso.

Subí las escaleras hasta la puerta principal. Entre haciendo eco con los tacones en el mármol. Me quede parada en mi sitio no sabia a donde dirigirme, me sentía tan fuera de sitio.

Rose apareció por una de las esquinas de la mansión.

—¡Hola! Bienvenida —me dijo con una sonrisa.

—Hola —conteste algo nerviosa.

—Entra, no te quedes allí parada —finji una sonrisa y camine hasta donde estaba ella—, acompáñame —me hizo señas con sus ojos.

La seguí hasta el tercer piso. Lo conocía por que ya había estado aquí. Me preguntaba si me llevaba a la habitación de Damon. La sola idea enviaba escalofríos a mi cuerpo. Giramos en otra esquina pasando de largo la habitación del desgraciado, pero la puerta estaba abierta. No pude evitar querer ver hacia adentro, con el rabillo de mi ojo y suavizando el paso me fije, pero nada, no estaba. Sacudí la cabeza para dejar de pensar idioteces, por que quería verlo, después de como me había tratado. Él era un imbécil y yo mas por querer verlo.

Llegamos a enorme puerta. Rose la abrió y entramos en la habitación, mi quijada cayo. Yo no estaba acostumbrada a lujos de esta magnitud. Siempre mi familia fue acomodada, pero después de la muerte de mi madre, todo cambio. Teníamos que vivir con mi padre al día.

Entre en la habitación que bien podría ser del tamaño del apartamento donde había residido ese año y medio. La habitación estaba decorada con colores crema y a perlados. La cama era enorme, se veía tan cómoda, unos pilares la rodeaban con unas cortinas cayendo en cascada a cada costado. Un majestuoso candelabro que caía como las patas de una araña. Muebles del color de toda la habitación. Era como estar en la habitación de un Ángel, si es que ellos poseían una.

Rose me hizo señas para que entrara del todo a la habitación.

—¿Que hago aquí? —pregunte incrédula.

—Esta sera tu habitación —espeto caminando hasta el armario, abrió las puertas dobles—. Hoy vinieron de la boutique, dejaron todo esto para ti —camine hasta el armario. Era enorme y ya estaba lleno de zapatos y ropa para todas las ocasiones. Me rasque la cabeza—. Puedes tomar lo que desees, es para ti. El baño esta a la izquierda —me señalo con el dedo—, puedes usar todo lo de esta habitación, es tuya —observe su rostro, sonreí. Ella movió los ojos hacia una pared—. Y eso de allá, creo que es el lado humano de Damon —dejo salir en un tono suave. Volteé el rostro por encima de mi hombro a ver de que era lo que hablaba. Ella camino hasta la puerta—. Que descanses —dijo cerrándola.

Me quede congelada por unos segundos analizando sus palabras "Su lado humano" ¿tenia uno? lo dudaba.

Camine hasta la pared donde ella me había dicho y no pude contener la sensación en mi pecho. Me tape la boca.

La pared estaba llena de las fotografías que tenia en mi departamento. Era mi madre. Las fotografías estaban aquí, todas ellas. Las inspeccione, apreté los ojos para ver si en verdad estaba viendo bien, pero era real, ahí estaban todas. Sentí un dolor en el pecho, la nostalgia me tomo por sorpresa, unas lágrimas empezaron a correr, las limpie con fuerza. No debía llorar, no debía, todo esto era como un sueño dentro de una pesadilla. No comprendía a Damon, el se portaba de una forma en la que me empujaba a odiarlo y al siguiente instante, hacia estas cosas.

Exhale aire mientras veía cada fotografía, no las habían cambiado, seguían con los marcos con las que las tenia en el departamento, algunos los había hecho yo misma. Sonreí. Tome uno donde estamos los tres, mi padre, mi madre y yo. Fue unas semanas antes de que la diagnosticaran. Ella había muerto de cáncer. No se había podido hacer nada, ya que cuando se lo diagnosticaron estaba bastante regado en zonas criticas. No le habían dado muchas esperanzas, ella se rehusó rotundamente a la medicina y las quimioterapias. Su único deseo había sido morir en paz, como ella siempre había sido, un espíritu libre. Tal vez por eso ansiaba tanto la libertad, por que a pesar de que mi madre se había casado y me había tenido, su espíritu siempre fue libre, aventurero.

Volví a colocar la fotografía en su lugar. Tome una larga respiración y camine hacia la cama. Me tumbe en esta enterrando mi rostro. Las sabanas me acariciaban, se sentía tan bien. Me envolví en ellas y rodé envolviéndome como un capullo. Quede de frente, perdí mis ojos en el alto cielo de la habitación. Miles de pensamientos corrían por mi mente. ¿Por qué Damon se tomaba tantas molestias por una compra? o como él me había llamado, su mascota. ¿Por qué no solo me encerraba en el sótano y me dejaba allí? o incluso ¿por qué no solo me mataba o algo que los locos como él hicieran? "Yo soy malo Elena, soy una persona que abusa y le gusta el poder, soy una persona que jamas en tu vida, hubieras querido cruzarte"

Esas palabras llenaron mi cerebro. Sí él, en verdad era malo como decía, por que no era así, en verdad malo. Tal vez no sabia como ser delicado, tal vez su carácter era fuerte, no sabia como tratar a las personas. Gire los ojos, solo estaba buscando escusas.

No, no me sorprendería por los detalles que había tenido conmigo, no debía. Él me trataba como si fuera un objeto, a mi mente se vino la rubia, ni siquiera se digno a decirle quien era. Aunque él mismo no lo supiera, bien había podido decirle que era su asistente, como le decía a todo mundo.

Aspire aire y cerré mis ojos, dejándome arrastrar por la calma del silencio en mi habitación. Un profundo cansancio se apodero de mi cuerpo y solo me rendí a los brazos de Morfeo.