Todo queda en familia

Habían pasado unos meses desde aquella medianoche en que Mimi se había levantado alarmada por una llamada al timbre de su casa. Por la mirilla sólo identificó un bulto echado en el suelo, empapado por la tormenta que había fuera. Abrió despacio, e identificó una cabellera rubia. Yamato estaba allí.

Le ayudó a entrar en casa. Sin pensarlo en ese momento, se lo llevó a su dormitorio, le quitó toda la ropa, y le cubrió en toallas que tenía en su baño. El chico no dijo ni una palabra, como si careciera de voluntad en ese momento. Mimi, que esos días había vuelto a su color castaño natural, le ayudó a meterse en su pijama más grueso, y le preguntó qué le había ocurrido. El chico no había respondido hasta la mañana siguiente, después de haber pasado la noche en el sofá.

Yamato le había contado que se había quedado destrozado al haber sido rechazada su solicitud para convertirse en astronauta. Aunque tenía tiempo para hacer un segundo intento, no se lo había tomado muy bien. Mimi procuró animarle durante los dos días siguientes, que el rubio se había quedado en su casa, incapaz de salir a la calle.

Cuando finalmente se animó a regresar al piso que compartía con su padre, Mimi acudió regularmente los días siguientes para asegurarse de que su amigo estaba bien. Las frecuentes visitas les hicieron acercarse un poco más en su relación, hasta que una tarde, sin darse cuenta, sus labios quedaron fusionados. Los minutos se fueron alargando.

Sin forzar su relación, de manera totalmente natural, otro día habían acabado en la cama. Y de ahí no dudaron en formalizar su estado como pareja, y se iban alternando para pasar las noches en la casa del otro.

—¡Hola! ¡Hoy traigo yo la cena! —anunció Mimi al entrar en el piso de Yamato—. ¡Oh, señor Ishida, llega hoy pronto! —dijo sorprendida.

—Hiroaki, por favor —dijo este, sonriendo—. Si me hablas de usted me vas a poner más años de los que ya tengo.

—Y ya tienes bastantes —bromeó Yamato. Tomó las bolsas de comida que llevaba Mimi y le dio un beso en los labios.

—¿Te quedarás a dormir, Mimi? —preguntó Hiroaki.

—Sí, de hecho… si no es molestia, me gustaría quedarme todo el fin de semana. Mis padres se han ido a pasarlo fuera y no me ape

—Claro que no es molestia. Puedes quedarte siempre que quieras.

—Gracias. ¿Cenamos? —preguntó la chica mientras iba sacando la comida de las bolsas.

Dentro de la invitación de su suegro, poco podía imaginarse Mimi que las intenciones de Hiroaki no eran muy puras. El hombre había desarrollado una especie de atracción hacia ella. Sabía que era una joven muy atractiva, pero nunca se había atrevido a hacer nada. Bueno, o casi nada. Una mañana que Yamato había salido, y Mimi se había quedado durmiendo, la puerta no estaba cerrada. Y se podía ver a la joven, con la sábana cubriéndola aunque no llegaba a taparla por completo. "Yamato, eres muy afortunado", pensó con envidia.

No sólo eso, a pesar de los esfuerzos que hacían ambos por no ser oídos cuando practicaban sexo, algunas noches se les iba de las manos e Hiroaki podía escuchar los gemidos de la chica. Sin duda debía ser una fiera en la cama.

—¿Estás bien, papá? —preguntó Yamato. Hiroaki no se había dado cuenta de que estaba perdido en sus fantasías.

—Er… sí, perdona. Ha sido una semana muy dura en la cadena. Menos mal que mañana descansaré.

—Bueno, yo tengo que salir un momento por la mañana —dijo Yamato—, pero no tardaré. Me ocuparé de la comida al volver.

—Yo puedo ir a comprar algo, si hace falta —se ofreció Mimi—. No me importa.

—No te preocupes, la compra está ya hecha —sonrió Yamato—. Tú descansa también. No estaré mucho fuera, tengo que ver una cosa con los de la banda.

—Pensaba que ya no tocabas con ellos…

—Cierto, pero estoy esperando a que me paguen los derechos por las canciones que compuse.

Hiroaki no volvió a intervenir en un largo rato. Mimi le parecía preciosa incluso cuando simplemente estaba sentada a la mesa. Agitó la cabeza y se excusó para irse a dormir temprano, alegando que tenía horas atrasadas de sueño. Aunque tardó en conseguir dormirse de veras, agradeció que aquella noche su hijo y Mimi decidieran no tener sexo, o hacerlo muy bajito.

Por la mañana siguiente, sin embargo, su obsesión no fue a mejor. Mimi se levantó y salió del dormitorio con una bata de seda que resbalaba mucho. Obviamente, la chica le creía de tan confianza que no se preocupó por el momento en que la tela dejó su hombro descubierto.

Yamato salió del dormitorio ya vestido de calle, dispuesto a desayunar y salir rápidamente para no llegar tarde a la cita. Se sentaron a la mesa, y preguntó a su padre qué tal había descansado.

—Bien, ya estoy mejor, me sentó bien irme temprano.

—Perfecto. Cuida bien de ella mientras estoy fuera, ¿vale? —preguntó el rubio, le guiñó el ojo y se levantó de la mesa.

—No sabía que necesitara que me cuidaran —bromeó Mimi. Yamato se agachó para darle un beso en los labios—. Ten cuidado, no me gustaría que te estafaran.

—No te preocupes. Nos vemos luego.

Y salió por la puerta a paso rápido. Mimi e Hiroaki terminaron de desayunar y dejaron los tazones en el fregadero. A ninguno de los dos les apetecía limpiar en ese momento.

—Señor Ish… Hiroaki, ¿te importa si me meto en la ducha? —preguntó Mimi.

—Claro que no, adelante —ofreció Hiroaki. "Ni se te ocurra", le dijo su conciencia, pero este ignoró el aviso.

La castaña se metió en el dormitorio de Yamato, y salió con un conjunto con el cual se dirigió al baño. Hiroaki se sentó en el sofá a intentar ver la tele, pero el impulso era más fuerte que él mismo. Cuando oyó el agua de la ducha saliendo, se incorporó. Muy despacio, se movió hasta la puerta del cuarto de baño. Con suma delicadeza, la abrió. Y ahí estaba.
Mimi se enjabonaba con mucho cuidado. Completamente desnuda el agua recorría todo su cuerpo. "Quién fuera agua", pensó para sus adentros. La chica era una pequeña diosa, ahí, lavándose en su piso. Sus curvas sexys… el tamaño de aquellos pechos… su zona prohibida libre de pelitos rebeldes.

Odiándose por lo que hacía, pero sin ser capaz de reprimirse tampoco, Hiroaki abrió la bragueta de su pantalón y empezó a acariciar su miembro. Maldición. Estaba buenísima. ¿Y si se atrevía a…? No, no se lo perdonaría.

Pero sus ganas fueron más poderosas que su voluntad, y sin pretenderlo, abrió un poco más la puerta. Mimi tardó unos momentos en darse cuenta de la violenta situación: ella duchándose y su suegro, espiándola mientras lo hacía. Se tapó con el brazo los pechos, y llevó la otra mano a su intimidad.

—¡Hiroaki! —protestó—. ¿Qué hace?

Este no se atrevió a moverse por unos momentos. Pero ocultarse no tenía ningún sentido. Le habían pillado con las manos en la masa. O en su propio paquete. Ignorando ya cualquier comportamiento socialmente bien aceptado, empezó a quitarse la ropa delante de su nuera. Mimi no dijo ni una palabra, asombrada por el descaro de aquel hombre. ¿Qué estaba pasando?

—¿Puedo meterme? —preguntó este, una vez hubo terminado de desvestirse.

"Dios santo…", pensó Mimi al verle desnudo. No había dudas de que era el padre de Yamato. Tenían la misma complexión, y… apartó la vista cuando sus ojos llegaron al pene de su suegro. Este sonrió y caminó hacia la ducha. Se metió con ella, disfrutando de la sensación del agua caliente. Aunque no era lo único subido de temperatura en ese momento. Se acercó a Mimi.

—No voy a tocarte si no quieres —le aseguró—. Tenía que ver esto… con mis propios ojos.

—Hiroaki… esto no es propio. Si Yamato nos pillara…

—Entonces nos tendremos que duchar deprisa, ¿no? —propuso él—. No te estoy pidiendo nada más.

Aunque si podía, lo intentaría. Él y Mimi empezaron a enjabonarse de nuevo, y en ese momento, él le dio la espalda. Con una voz muy pausada, y sabiendo perfectamente que ella podría negarse, le preguntó:

—¿Podrías enjabonarme la espalda?

Mimi no respondió. Con la respiración ligeramente agitada, tomó un poco de gel de ducha en sus manos y lo aplicó por toda la espalda de Hiroaki. Su dura y varonil espalda… bien formada, tersa. Era casi como estar con Yamato. De hecho, se tuvo que recordar a sí misma que no estaba con su novio, pues había sentido tentaciones de jugar con él.

—Gracias —comentó este una vez la chica hubo terminado—. ¿Puedo… hacer lo mismo por ti?

Temblando un poco, ella asintió. Se dio la vuelta y dejó a Hiroaki que le acariciase por toda la espalda. Maldición. Si aquello no estaba bien, ¿por qué se sentía tan maravilloso? Le encantaba sentirse así de tocada. Las manos de Hiroaki tocaban con exquisitez su cuerpo y algo en ella le pedía que fueran a más. Pero no podía ser.

—Hiroaki… —susurró cuando sintió que las manos del hombre bajaban hasta sus glúteos—. Debemos aclararnos y salir…

—O podríamos decirle a Yamato que se una… ¿no es verdad, hijo?

Sin que Mimi se percatase de ello, su novio estaba allí. O no exactamente.

Según había caminado unos cuantos metros, Yamato se dio cuenta de que se había dejado en casa lo más importante: los papeles que necesitaba aclarar con su antigua banda, de forma que había girado sobre sus talones y regresado a por ellos.

Y al llegar, le había sorprendido que el apartamento parecía vacío, pero sin embargo, se escuchaba algo en el baño. Temeroso de poder ver algo que no debiera, se acercó despacio. Y ahí los vio de pronto. Mimi aclarándole la espalda a su propio padre. ¿Qué estaban haciendo? Era algo rarísimo.

¿Por qué no gritaba? ¿Por qué le estaba excitando ver a su novia así… mordiéndose el labio inferior mientras enjabonaba a su padre? Pero aquello fue a peor cuando se dieron la vuelta y era su padre quien lavaba la espalda a Mimi. Debía detenerles… eso no estaba bien… Pero no conseguía ponerse del todo celoso… ¿qué diablos le pasaba en la cabeza?

—O podríamos decirle a Yamato que se una… ¿no es verdad, hijo? —escuchó de pronto, y se cayó de costado, revelando que había estado ahí bastante tiempo.

Mimi se quedó helada al ver aquello. Quería morirse. Pero Hiroaki estaba bastante tranquilo, ya que su hijo parecía no tener claro qué hacer en ese momento.

—¿Qué… es esto?

—Simplemente nos estábamos lavando la espalda, Yamato. Eso no tiene nada de malo, ¿no? —preguntó Hiroaki.

—¿Entre vosotros? Algo de malo sí tiene…

—Bueno, no hemos acabado. Puedes entrar… ya que tanto te ha gustado —inquirió.

Y es que el motivo por el cual Yamato no podía estar del todo celoso con aquello era evidente debajo de su abultado pantalón. Se había puesto cachondo con aquella escena. Su padre lo había notado. A regañadientes, se incorporó. ¿Por qué no era capaz de protestar? Pero se quitó la ropa, revelando efectivamente su erección. Hiroaki no se escandalizó al verlo. Mimi, por su padre, no sabía donde meterse.

Quien se metió fue Yamato en la ducha, le quitó a su padre el jabón de las manos, y empezó a aplicarlo con cuidado en el cuerpo de Mimi. Pero no por la espalda, sino con mucho cuidado sobre sus pechos y toda la delantera de su cuerpo. Mimi se agarró a él, rodeándole el cuello con los brazos.

—Lo siento… Yamato… lo siento…

—No te preocupes… no pasa nada…

—Si no pasa nada me dejarás que la siga enjabonando, ¿no, hijo?

Algo molesto, el rubio asintió. Mimí de pronto sentía cuatro manos masajeando y sobando su cuerpo con total tranquilidad. Maldición… no podía aguantar mucho… se estaba excitando ella también. Yamato parecía darse cuenta. Y no sabía si podía hacer algo en aquella situación.

—Estoy… muy caliente —le susurró la chica en el oído—. Me gusta mucho esto…

—¿Qué quieres hacer? —preguntó él, esperando escuchar una respuesta diferente a la que se estaba temiendo.

—Quiero hacerlo… aquí… ahora…

—¿Y mi padre?

—… Quiero que se quede…

—Mimi necesita a dos ahora mismo, hijo —intervino Hiroaki—. ¿Te parecería mal que yo fuera el segundo?

—Te odio… —dijo este.

—¿Y por qué parece que la idea te excita más?

Maldijo. Era cierto, su erección estaba aún más dura que antes.

—A la mierda —dijo, y besó a Mimi en los labios—. No voy a negarme… por esta vez —dijo, y volvió a atacar la boca de Mimi, buscando su lengua con la propia.

Satisfecho, Hiroaki empezó a besar a Mimi. Por el cuello, por la espalda, bajó hasta su cintura, sus nalgas… besó por donde su lengua se abría paso. Y se abrió paso entre las piernas de la chica. Antes de que ella se diera cuenta, la lengua de Hiroaki estaba en su sexo.

—Aaaaaah… —gimió—. Me encantaaaah…

Se movieron. Mimi se quedó de rodillas delante de Yamato y empezó a devorar su miembro con ganas. Detrás de ella seguía Hiroaki dando placer a su clítoris empleando la húmeda. Joder, era buenísimo… Yamato podría aprender algo de él… Dedicó con más ahínco la felación a su novio en el momento en que supo que Hiroaki iba a ir un paso más adelante. Ella estaba bien lubricada por el uso de su lengua y lo excitada que estaba, así que el hombre no tuvo mucha dificultad para introducir su pene dentro de ella.

"Dios… ¿cómo puede esto sentirse tan bien?", se preguntó mientras Hiroaki empezaba a acometerla con ganas. Era un poco bruto para su gusto, pero la sensación que notaba en su interior era de las mejores que había tenido nunca. Jugueteó ella también con el pene de Yamato, provocándole para que eyaculase. Este no podía resistirse mucho, el morbo de la situación era superior a él.

—Mimí… voy a…

Ella le dejó culminar libremente. El agua caliente aún caía encima de ellos, podía limpiarse perfectamente cuando su novio estalló en su orgasmo. Bastante poderoso, debía gustarle mucho la situación. Pero ella aún le quedaba un poco para acabar, gracias a la maestría de las embestidas de Hiroaki. Ver a su padre tomándola despertó nuevamente la erección de Yamato, unos momentos antes de darse cuenta de que ambos habían culminado.

Hiroaki fue el primero en salir de la ducha. Yamato ayudó a Mimi a terminar se lavarse, pero justo cuando salieron, el rubio tiró una toalla al suelo. Instó a Mimi a tumbarse encima, y una vez la tuvo con las piernas separadas, su lengua buscó el sexo de su amada.

—¡Yamatooooh! —gimió ella—. Sí… sigue…

El chico se empleó a fondo para dar placer a su novia. Pero Hiroaki no podía quedarse sin intervenir. Se puso al lado de Yamato, quien le miró de reojo.

—Puedo enseñarte a mejorar —le propuso su padre—. ¿Me permites?

Desconfiando, Yamato se apartó un momento y dejó a su padre tomar el control. Mimí no dejó de gimotear y jadear cuando Hiroaki le lamió su húmeda cavidad. Era un experto, sin duda, y estaba dejando el listón bastante alto para su hijo.

—Prueba ahora… —le indicó cuando consideró que su parte estaba hecha.

Yamato intentó aplicar lo que había visto tan de cerca, y desde luego, había alguna diferencia. Mimí se retorcía de placer más de lo habitual cuando él le dedicaba un poco de sexo oral. El hombre, por su parte, subió un poco, hasta llegar a la cara de Mimi. Había algo que quería pedirle.

Pero no le hizo ninguna falta. Ella no era tonta y sabía perfectamente las intenciones de Hiroaki, de forma que capturó su erección con los labios y empezó a lamerlo. Hiroaki cerró los ojos, disfrutándolo. Qué maravilla. Sintió una oleada de celos hacia su hijo. Él practicaba esas cosas con más frecuencia que él. Volvió a abrir los ojos y se deleitó con la carita de la chica dándole placer. Le acarició uno de sus pechos mientras lo disfrutaba.

—Escucha… voy a acabar… —le advirtió—. Mimi…

Y ella dejó que estallase en su clímax. Su sabor no tenía nada que ver con el de Yamato. Pero no tenía mucho tiempo de fijarse en eso, ya que si propia intimidad le indicaba que ella misma estaba a punto de terminar. Yamato aceleraba el ritmo de su lengua sin darle un momento de descanso.

—Yamato… un poco más… síííh… aaaaaaaaahhhhhhh —estalló finalmente, con sus jugos empapando la cara de Yamato—. Cariño… ha sido genial…

—¿Estás cansada? —preguntó él—. Porque aún hay algo que me apetece mucho…

No estaba cansada, sino fuera de si. Se incorporó despacio, gateó hasta su novio, quien la esparaba sentado, y pasó las piernas por encima de él. Se dejó caer con suavidad sobre la erección del joven y suspiró al sentir cómo se abría paso dentro de ella.

Hiroaki hizo lo propio y se acercó también. Iba a pasarlo bien. Se lamió un dedo, y con cuidado, lo introdujo en el culo de Mimi. Ella gimió. No era habitual para ella practicar sexo anal. Pero su cabeza sólo le gritaba "más… más… hoy va a ser un gran día…", de forma que no protestó mientras sentía a su suegro dilatando su agujerito.

Yamato se reclinó hacia atrás, dándole más libertad a su padre. Este, una vez hubo dilatado lo suficiente a la joven, preparó su pene y apuntó hacia ella. Muy despacio se lo introdujo, y no supo definir la gran sensación que fue aquella. La chica tampoco podía recordar nada parecido a estar sometida por dos hombres, pero le estaba encantando.

—Yamato… —dijo mirando a los ojos del chico.

—¿Quieres parar? —preguntó él. Ella negó con la cabeza. Ni loca—. No hace falta que me digas nada entonces…

Y se besaron mientras padre e hijo continuaron penetrando a la chica. Muy lentamente, sin hacerla daño, los tres empezaron a sentir muy cerca sus orgasmos. Yamato, vencido por la absurda excitación de la situación. Hiroaki por haber conseguido probar a su nuera. Y ella porque estar en el centro de aquella situación la estaba volviendo loca.

Ninguno dijo nada según se iban dinamitando sus orgasmos. Según acabaron, se miraron entre los tres. Sabían que aquello debía cesar. Se levantaron, y fueron hacia sus habitaciones. Mimi se tumbó en la cama al lado de Yamato. No pronunciaron una palabra hasta la hora de comer. Y antes de salir, acordaron no mencionar aquella experiencia nunca más.


¡Hola! ¡Sí, tardo en publicar! xD Los que me siguen hace tiempo ya lo saben, lo siento pero no puedo hacer otra cosa.

Espero que os haya gustado este one-shot, estaba pedido desde hacía bastante tiempo y tenía que escribirlo. Y tengo más pendientes que iré atendiendo a su debido tiempo ;)

Guest: Al principio poco que entender, empieza en medio de una batalla pero no me apetecía contarla xD Tengo pendiente el Taiki-Akari, aunque debo reconocer que no he visto "Xros Wars".

DIGI-FANTASMA-TAIKARI: Pues pensé lo de Jeri, pero al fin y al cabo... sin compañero perdía mucho sentido el hilo conductor de la historia xD Nah, la batalla la improvisé, no está relacionada con el anime (o al menos, no adrede). Me anoto la idea de los Yagami, aunque como sabes, tengo otras peticiones pendientes ;) Le daré salida igualmente. ¡Saludos!

MAZINGER-TAIORA: Bueno, el D-Arc ya les deja desnudos con la digievolución "Biomerge", así que tiene algo de sentido que quedaran así xD Todo esto parte de la idea original que me dieron :) Me fijé en la review, y la agradezco :) No descarto hacer la secuela del otro, cuando tenga algo más de tiempo. Un saludo!

GranAlan Masterplox: Todas las ideas pueden dar pie a historias ;) Aunque la intención de mis fics lemmon... no es tanto explicar el por qué de las cosas, sino desarrollar el lemmon propiamente dicho :P Y realmente, la idea de que los tres chicos quedaran por encima de Rika... no me agradaba, por eso la convertí en la Maestra xD Espero que te haya gustado este también, y no descarto que en algún futuro, Kazu, Kenta y Juri se enteren y... pase algo ;) Saludos!

Bueno, con esto cierro por ahora. Espero volver a publicar antes de que el año cierre. Aún así, felices fiestas por adelantado. Lemmon rules!