-continuación-
—Nee, nee, (tn)~ ¿Qué trajiste en esas bolsas? —te preguntó haciendo caso omiso a la advertencia de su hermano.
—STUPIDO FRATELLO! ¡TE DIJE QUE OLVIDARAS EL ASUNTO, MALDICIÓN! —Lovino le gritó a Feli completamente rojo de la vergüenza.
Escuchaste un sonoro facepalm y al mirar, fue Alfred. Matthew simplemente sonreía nervioso queriendo esconder su cara bajo la tierra. Feliciano no se dio cuenta de la gran incomodidad que generó su inocente pregunta.
—Hmm.. S-son cosas de mujeres... —comentaste bastante apenada.
En realidad nunca tuviste que hablar sobre "tus días" frente a tantos hombres, era muy vergonzoso.
—¿Eh? ¿Qué cosas? —insistió Feli.
—¡AHORA SÍ TE ESTRANGULO! ¡VEN AQUÍ BASTARDO! —Lovino salió corriendo tras su hermano menor, quien gritaba suplicando por su vida.
Llevaste una mano a la frente en signo de resignación dejando salir un gran suspiro, al tocar tu frente te diste cuenta que estaba muy caliente, palpaste toda tu cara, sintiendo bastante calor en ella. Estabas completamente roja de la vergüenza. Instintivamente entraste a la habitación cerrando la puerta tras de ti.
Es cierto que habías convivido con muchos hombres en tu época de militar, pero nunca a tanto nivel de confianza. Ahora tendrías que vivir con estos chicos como si fueran tu propia familia, y eso implica pasar MUCHAS cosas que para un extraño serían vergonzosas, pero es normal en una familia.
¿Estabas realmente preparada para eso? ¿Podías ser capaz de confiar en ellos hasta en esos detalles que no quieres que el mundo exterior se entere? Tal vez no, tal vez sí, lo cierto era que si tenías que arriesgar ciertas cosas íntimas tuyas, a estar sola, preferías lo primero. Después de todo los seres humanos no fueron hechos para vivir solos, sino en manadas, mejor conocidas como familias, y si no había familias, siempre debía haber amigos, compañeros, gente con quien compartir aunque sea unos momentos del día.
Seguías sumergida en tus pensamientos hasta escuchar más gritos en la sala.
—¡LO SIENTO! ¡LO SIENTO! ¡LO SIENTOOOO! —gritaba Feli mientras su hermano lo estrangulaba.
—¡¿CÓMO ES QUE NO PUEDES DEJAR DE SER TAN IMPRUDENTE?! ¡MALDICIÓN! ¡Ahora la bella ragazza está encerrada en la habitación por tu culpa! —parecía que no iba dejar de ahorcarlo nunca.
—¡Dude! ¿Qué nunca tuviste clases de educación sexual en la escuela? —le preguntó Alfred con cara de pocos amigos a Feli.
—¿Eh? Yo sólo recuerdo que las mujeres tienen- —Lovino le tapó la boca con su mano, fulminándolo con la mirada.
—¡POR TODOS LOS CIELOS! ¡El gringo no se refiere a eso, maldición! —le gritó mas enojado el castaño de ojos verdes.
—What the hell, dude! ¿Qué rayos tienes en la cabeza? —le regañó el gringo al menor de los Vargas.
—Pasta, eso es todo lo que tiene en su cabeza —comentó aún enojado el mayor de los italianos, sin destapar la boca de su hermano.
—Uhm, para explicarlo de forma sencilla, podríamos decir que las mujeres tienen una época de fertilidad, una vez al mes, y antes de esos días, bueno, no encuentro las palabras... —habló el canadiense tratando de suavizar el ambiente.
—¿Y eso qué tiene que ver con las bolsas? —preguntó Feli bastante curioso, de alguna manera se zafó del agarre de su hermano.
Los tres suspiraron resignados ante la pregunta del menor.
—Hay ciertas cosas en esta vida que tú sólo debes ignorar, las mujeres son un misterio en muchas cosas, y así es como son bellas, así que ya deja tanta curiosidad —comentó Alfred.
—En eso estoy de acuerdo con el gringo —agregó Lovino— Además ya te lo expliqué muchas veces, ¡¿por qué es que tienes una memoria tan deficiente para ciertas cosas?! —le volvió a cuestionar.
—¡Ve~! ¡Ya lo recuerdo! Cuando hablan de "esos días" —dijo haciendo comillas con los dedos— se refieren a- —Lovino le volvió a tapar la boca.
—Sí, sí, eso, ¡hasta que por fin recuerdas! —los ojos del mayor rodaron hacia un lado en signo de exasperación.
Matthew sólo volvió a reír nervioso y Alfred miraba a Feli compadeciéndolo.
—Pero, ¿por qué estuvo mal que preguntara? Es normal, ¿no? —se volvió a zafar del agarre de su hermano.
—De verdad Feli, te falta mucho por aprender... —ahora quien se daba un facepalm tremendo era Lovino.
—Dude, hay temas con los cuales las mujeres son muy sensibles, y digo MUY SENSIBLES, especialmente cuando se toca el tema de "sus días" —lo último dijo con bastante seriedad en su voz, como si se tratase de algún cuento de terror.
—Ah, ¿entonces no debo mencionar el tema? —insistió el italiano menor.
—¡ARGH! ¡Hasta que por fin entiendes! —le contestó el italiano mayor.
—Ya veo, entonces, lo que hay en la bolsa es- —por tercera vez su hermano le tapa la boca.
—De verdad Feli, ¿Dónde mierda estabas cuando Dios estaba repartiendo la prudencia? ¡No tienes ni una pizca! —Lovino le volvió a regañar.
—¡Veeee! ¿Pero por qué tantas? —insistió Feliciano. (volviéndose a zafar)
—Eso lo preguntas porque no eres tú quien se desangra una vez al mes —hiciste tu aparición en escena luego de salir de la habitación, después de escuchar a los chicos discutir por minutos ya te estaban dando dolor de cabeza, además ya te colmaron la paciencia hablando de más sobre tu fisiología femenina.
—(tn) —dijeron los muchachos al unísono al voltear hacia tu voz.
—¿Podemos dejar de lado de una buena vez por todas ese tema? —preguntaste con cara de pocos amigos, hace varios minutos que la comodidad saltó por la ventana y se perdió en el bosque.
Seguiste guardando las bolsas de alimentos sin esperar a las respuestas de los chicos.
Cuando volviste a entrar al cuarto los tres mayores, una vez más, fulminaron con la mirada al menor imprudente.
Después de eso te ayudaron a seguir guardando los alimentos, luego de sacar algunas cosas para la cena, llaveaste la habitación. Con ellos no podías estar enojada mucho tiempo, en pocos segundos volviste a tener el semblante que tanto les agradaba ver a los muchachos.
—Bien, podemos cenar primero, y luego se vuelven a bañar, pues siguen mojados por la lluvia, o viceversa —les dijiste, acto seguido bostezaste por el cansancio.
—Creo que mejor nos bañamos y cambiamos de ropa —comentó Alfred.
—Es verdad, y tú, bella, deberías ir a bañarte también, estuviste todo el día con la misma ropa mojada —dijo Lovino mostrando un poco de preocupación por ti.
—Eso es cierto, bueno, iré a bañarme, ustedes hagan lo mismo, y acomoden las ropas que les traje en las habitaciones donde van a quedarse.
—En la del fondo entonces —dijo Lovino cruzando los brazos.
—Hmph, hablaremos de eso después de la cena, por el momento deberán buscar otra habitación donde quedarse —dijiste mientras subías las escaleras con la bolsa que correspondía a tus ropas nuevas.
—¡Eso por qué! —te reclamó el mayor de los Vargas.
—Ya me fui~ —cerraste la puerta de TU habitación y te preparaste para bañarte.
Por suerte ese pueblo contaba con energía eléctrica bastante estable, aunque aún no sabías de dónde provenía, por lo que podías darte un buen baño con agua caliente.
Ahora que habían más personas en la casa, ya no podían dormir contigo, no sería justo. Además, ¿Qué pensarían los norteamericanos de ti si seguías durmiendo con los italianos? Nada bueno, aunque no hubiera nada de malo en ello, pero no querías dar una mala impresión. Aparte de eso, no dormirías en esa habitación, alguien debía cuidar el Jeep, tendrían que hacer turnos entre tú, Alfred y Lovino para vigilar, teniendo tantas cosas valiosas en un solo lugar ya era bastante peligroso.
Te bañaste y lavaste la cabeza bastante rápido, te secaste con la toalla, y después de peinar bien tu corto cabello (rubio/castaño/etc) saliste del baño para vestirte.
De la bolsa sacaste unos jeans negros, que te quedaban bastante ajustados, pero cómodos, muy buenos para moverte en caso de que hubiera necesidad de pelear. Te pusiste unas medias y unas nuevas botas de caza marrón oscuro que te llegaban hasta las pantorrillas. Encima te pusiste una polera mangas cortas de color (color favorito), después de limpiar tus armas y secar tus cinturones con la toalla, los acomodaste alrededor de tu cintura y cadera.
Una vez que estabas bien limpia y armada, saliste de la habitación, colocaste tus ropas por el infinito barandal de las escaleras y bajaste a la sala, el único presente era Kumajiro. Te acercaste al pequeño oso polar para acariciarlo. Aunque te producía escalofríos el hecho de que pudiera hablar, el animal era demasiado tierno como para tener en cuenta aquel factor.
Un rato después bajó Alfred con una camisilla negra (me encanta que usen camisillas estos chicos xD) y unos pantalones deportivos color beige. Se sentó en el sofá admirándote mientras tú seguías "asesinando" con ternura al pequeño animal.
Otro rato después bajó Matthew, al voltear a verlo, llevaba puesto una camisilla blanca y unos shorts del mismo color, se sentó cerca de su hermano esperando que los otros dos integrantes de la casa bajaran para poder cenar.
En un rato más, salieron de la tercera habitación, contando la tuya como primera, los Vargas. Ambos llevaban puesto unas camisillas, el mayor de color negro, y el menor de color naranja (iba a ponerle rosa, pero no, no puedo xD). Ambos tenían puestos unos shorts verdes.
—Bien, ya que estamos todos, vamos a cenar —dijiste con una gran sonrisa yendo hacia la cocina, donde ya estaban los alimentos.
Te lavaste las manos y a ti se te antojaba comer una lata de atún, así que sacaste la navaja suiza que tenías guardada en uno de los bolsillos de tu chaleco para abrir la lata. Alfred se conformó con tres bolsas de frituras para él solo, Matthew tomó un paquete de galletas y y se dispuso a preparar un poco de chocolate caliente para acompañar, a los Vargas se les antojó lo mismo que al canadiense.
Entre los tres prepararon para sus cenas, mientras tú y Alfred ya fueron a sentarse en el comedor, la verdad que el clima era propicio para un chocolate caliente, pero tu antojo de atún fue más fuerte, y una lata no fue suficiente, así que fuiste a buscar dos latas más, con eso sí ya te conformabas.
Cuando volviste a la mesa con las dos latas más, los tres chicos ya estaban sentados comiendo. Hiciste lo mismo hasta devorar por completo las latas de atún, después de meses volvías a probar aquel pescado que tanto te gustaba.
La cena fue bastante tranquila y en silencio, pues todos estaban más concentrados en comer que en socializar, especialmente Alfred, que parecía un barril sin fondo la forma que comía.
Una vez terminada la cena, recogieron todo, lavaron los cubiertos, tiraron las basuras, y fueron a la sala, en una esquina cerca de la puerta de entrada viste la caja de cervezas, se te había olvidado que las trajiste. Te acercaste a la misma y las botellas estaban calientes, así que las metiste al refrigerador vacío, que por circunstancias del destino, funcionó cuando lo enchufaste. Perfecto.
Cuando volviste a la sala estaban todos sentados, esperando tu explicación a cierto asunto con la habitación.
—¿Y bien? —dijo Lovino mirándote levemente molesto.
Te sentaste en una de las sillas para comenzar a hablar.
—Mi apocento de ahora en adelante es sagrado, nadie entra —dijiste como si fueras la reina y ellos tus súbditos, claro, con el buen humor que te caracteriza.
—¡Ve~! ¡No es justo! —se quejó Feli.
—Y todo por culpa de estos extranjeros —Lovino se cruzó de brazos.
—Hey, tú también eres extranjero, ¡idiot! —le contestó Alfred "ofendido".
—¡No me llames idiota! ¡Idiota! —reclamó enfadado.
—¡Oye! ¡Tú empezaste! —se defendió Alfred.
—Vee~ yo quiero dormir con (tn) otra vez, no quiero dormir sólo con fratello... —se quejó de nuevo Feli, como si nadie lo iba a escuchar.
—WHAT?! ¡Eso no es justo! —se quejó Alfred cruzando los brazos y mirándote con ojos de corderito degollado.
Simplemente te diste un facepalm, por alguna razón ya sabías que algo así pasaría.
—¿De verdad ellos estaban durmiendo contigo? —preguntó el canadiense, con un poco de temor.
—¡Claro! ¡Y seguiríamos así si ustedes no hubieran llegado! —levantó la voz el mayor de los Vargas, parecía que estaba celoso de los nuevos muchachos.
—¡¿EEEH?! ¿Acaso eso es una especie de bienvenida? ¡Yo también quiero! ¡Exijo mi bienvenida! —exclamó Alfred parándose de su asiento, como si el asunto se tratara de alguna revolución.
—¡Claro que no! ¡Idiota! ¡Sólo nosotros podemos, llegamos primero que ustedes, maldición! ¡Y no es una cuestión de bienvenida, es cuestión de antigüedad! —se defendió Lovino.
Como si llegar dos días antes al lugar fuera ganarse una membresía.
—¡Eso no es justoooooo! —Alfred comenzó a hacer un berrinche.
Rayos, estos muchachos eran un verdadero escándalo juntos.
—¿Ya terminaron de chillar? —preguntaste mirándolos como si fueras una madre regañando a sus hijos por estar peleándose todo el tiempo.
—Exijo mi bienvenida —dijo Alfred mirándote ofendido por no darle "su bienvenida".
—Pff... —no pudiste aguantar la risa que te causaba la reacción de los chicos, especialmente de Lovino y de Alfred.
—Hey, ¡no es gracioso! ¡Exijo mi bienvenida! —volvió a repetir el gringo mientras tú seguías muriendo de risa.
Por un momento se olvidó del asunto y decidió observarte mientras reías, le parecías muy bonita siendo seria y dando órdenes, pero eras más bonita a los ojos de todos cuando estabas en plan informal, dejándote llevar por tus emociones.
Cuando acabaste de reírte tomaste aire para seguir hablando.
—Eso no es un rito de bienvenida, lo que pasa es que esos chicos —señalando a los Vargas— son bastante miedosos para dormir solos, no me quedó remedio que dejarlos dormir conmigo —comentaste tratando de contener la risa por la cara de enojo que puso Lovino, a Feli en cambio, no le ofendía para nada tu sinceridad.
—¡No es cierto! ¿Recuerdas lo de estar juntos por si algo pasa? ¡Es sólo eso, maldición! —refunfuñó el castaño de ojos verdes mientras fruncía aún más su seño.
—Sí, sí, claro, entonces ustedes cuatro deberían dormir todos juntos —bromeaste.
—¡NI HABLAR! ¡ESO NUNCA! —gritaron Alfred y Lovino al unísono. Al darse cuenta de ello se miraron con un odio infantil.
Volviste a reír por eso.
—¿En dónde entraremos los cinco? —dijo Feli muy animado, aceptando la idea que diste.
Cuando los hermanos mayores se percataron que aún podían dormir contigo, aunque tuvieran que tener una no tan agradable compañía con ellos, se tranquilizaron.
—Yo no dormiré en la casa, voy a dormir en el jeep, es demasiado peligroso dejarlo afuera, así como así, y aunque vigilemos desde dentro, podría ser tarde para cuando nos demos cuenta que se están llevando el vehículo —los cuatro te miraron un poco preocupados, aunque dos te miraban más enojados que preocupados.
—¡No puedes estar tú sola en el vehículo! ¡Deja que el hero te acompañe! —exclamó Alfred haciendo una pose de superhéroe.
Bien, ese complejo de héroe es nuevo para ti.
—De ninguna manera, ustedes se quedan aquí dentro y yo en el jeep, ya lo dije, así que no hay objeciones. Lovino, ten en un lugar cerca tuyo las pistolas que te di por cualquier cosa, por hoy Matthew dormirá con ustedes, Alfred dormirá aquí abajo, necesito un respaldo desde dentro si llega a pasar algo, y te necesito a ti cuidando a los chicos —le dijiste al de ojos verdes seriamente, mirándolo directo a los ojos.
Él entendió por qué lo hacías, así que aunque no le agradaba tanto la idea, aceptó sin quejarse.
—¡OK! —Alfred aprobó el plan con su pulgar, aunque te diste cuenta que miró de una manera extraña a su hermano menor.
—Toma, te dejo mis rifles, yo iré a buscar unas pistolas del sótano —le pasaste a Alfred tus armas.
No estabas muy segura aún de dejarle armas al gringo, pero no te quedaba de otra, estando Lovino con su hermano, no pensabas que fuera a hacer alguna estupidez, además parecía muy confiable aunque lo conocieras muy poco.
Fuiste a desllavear la habitación, moviste el estante, abriste el sótano, y agarraste dos pistolas automáticas de 9 mm y las pusiste en sus respectivos lugares a cada lado de tu muslo, tomaste unas cuantas municiones de las mismas y las guardaste en tu chaleco.
Volviste a llavear todo y saliste de la habitación, Alfred abrió la puerta de entrada y cuando fuiste afuera la volvió a trancar con la silla desde dentro.
—Cualquier cosa, sólo grita, estaré atento —te dijo el gringo con una sonrisa que te pareció encantadora.
—Está bien... —le sonreíste y subiste a la parte trasera del jeep, pues era la más amplia.
Revisaste el interior del vehículo para asegurarte que todo estuviera bien, y viste que habías dejado las llaves puestas. Te reprendiste mentalmente por eso, no podías ser tan descuidada, para tu suerte no pasó nada. Sacaste la llave y la guardaste en uno de los bolsillos de tu jeans, y abriste un poco las ventanillas traseras del vehículo para que circule el aire. Te acomodaste en el gran asiento trasero del jeep, y sentías que te dormirías en unos segundos, de verdad estabas muy cansada, el día estaba bastante agitado. Al menos ya dejó de llover y el cielo comenzaba a despejarse. Antes que te dieras cuenta, ya estabas en tu tercer sueño.
El sonido de la puerta abriéndose te despertó de golpe, en segundos agarraste tu pistola con la mano derecha y apuntaste al intruso, a punto de dispararle.
—Easy girl, soy yo —dijo Alfred alzando los brazos en señal de rendición.
—Sigh... —bajaste el arma— maldita sea Alfred, casi te vuelo la cabeza —dijiste molesta. El chico se subió a la camioneta como si nada y cerró la puerta.
—¿Qué? —estabas intrigada.
—Dejaste las puertas abiertas —dijo él trancando las puertas de su lado.
¿No trancaste las puertas? ¡Qué rayos te estaba pasando! ¡Eso sí que fue descuidado de tu parte!
—¿No te dije que te quedaras dentro? ¿Por qué estas aquí? —le cuestionaste al rubio guardando la pistola en su lugar.
—No puedo quedarme tranquilamente adentro mientras tú estás aquí arriesgando tu vida por todos nosotros —contestó seriamente, acomodándose en el extremo izquierdo del vehículo para dormir.
—¿Cómo saliste? ¿Está asegurada la puerta?
—Matthew me echó una mano —dijo con una gran sonrisa.
Así que de eso se trataba la mirada extraña de antes.
—De acuerdo, sólo por hoy, y porque estoy cansada —bostezaste—, pasaré por alto el hecho de que desacataste mi orden —dijiste a punto de quedarte dormida de nuevo.
—(tn), tú nos ofreciste quedarnos aquí, y aceptamos, pero no aceptamos para que nos trates como niños pequeños a quienes debes cuidar, aceptamos porque queremos también apoyarte, no tienes por qué cargar todo el peso de la situación sobre tus hombros, la carga es más ligera si se comparte, por eso estoy aquí, si tenemos que luchar, para que lo hagamos juntos —contestó bastante serio Alfred, acercándose más a ti.
Te tomó por sorpresa lo que dijo, cosa que te sacó un poco el sueño. Te sentaste en el asiento para mirar mejor al rubio de ojos azul cielo. En algún momento se acercó hasta quedar a tu lado.
—No es que los vea como niños, ni que los subestime, es sólo que—
—Te preocupas demasiado, lo sé, y lo entiendo —te interrumpió el rubio mirándote fijamente a los ojos sin perder su seriedad—, pero no tienes por qué preocuparte tanto, desde ahora somos un equipo, y debemos actuar como tal —te dedicó una sonrisa mientras revolvía un poco tu cabello.
—Hey, ¡no hagas eso! —sonreíste mientras apartabas su mano de tu cabeza.
Es verdad, tal vez estabas sacrificándote demasiado tú sola por el bienestar de estos chicos, sí que podía ser muy racional este estadounidense cuando se lo proponía. Ahora ya tenías apoyo, aunque tal vez Matthew y Feli no estén muy capacitados mentalmente para defenderse solos en estos tiempos, tenías de apoyo a Lovino y a Alfred, especialmente a éste último por ser bastante testarudo.
—Además de me debes mi bienvenida ¡HAHAHA!
—Tenías que arruinarlo, ¿no? —dijiste riendo.
—¿Eh? ¿Arruinar qué? —preguntó confundido.
—Nada, olvídalo —era increíble como podía pasar de adulto razonable a niño de cinco años en segundos.
El chico hizo un puchero al no entender muy bien a lo que te referías.
—Mejor descansemos, mañana será un largo día —comentaste, ahora tú le revolvías el cabello al chico para animarlo. En seguida volvió a tener su característica expresión alegre.
Te acomodaste otra vez hacia el lado derecho del asiento para recostarte por la puerta, nuevamente en segundos te quedaste dormida. No sentiste que alguien te estiró hacia su lado recostándote en su hombro.
—Good night(tn), descansa —el gringo besó tu frente y se acomodó para dormir.
