Disclaimer: Los personajes de Death note no me pertenecen.

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Capítulo VI

Celos

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L leía atentamente lo que estaba escrito en el monitor con ojos como platos y con la mirada centrada en alguna palabra escrita en él. Sostuvo el cubierto que se había llevado a la boca entre sus labios unos segundos, analizando con aires distraídos su situación.

—Watari — pronunció suavemente y con voz aburrida, sin observar a su interlocutor —Creo que ya descubrí lo que relaciona a la familia Cavallone con Encorp. Estoy un 67% seguro de haberlo hecho, pero aun así necesitaremos pruebas— balanceó el tenedor entre sus labios —Comunícate con Weddy, por favor, y pídele que venga. Me gustaría instalar cámaras y micrófonos en las oficinas de Encorp en Nueva York.

—¿Estás seguro, L? ¿No es arriesgarse demasiado traerla a Wammy?

El detective negó suavemente con la cabeza, sacando el cubierto de su boca.

—Trabajar juntos en el caso Kira solo ha apremiado mi confianza hacia ella y Aiber; aunque por precaución le diremos que ésta es una de mis sedes, como la de Japón, ¿te parece correcto? — preguntó con voz indiferente, tomando otro trozo de pastel.

—Es preferible — musitó el anciano —Rn seguida me comunicaré con ella.

—Bien. Y otra cosa, Watari— revolvió con tortuosa parsimonia su taza de té, posando sus aburridos ojos sobre el liquido oscuro— he estado repensado la situación… Misa-san ha demostrado una mejoría realmente admirable estas últimas semanas, además de que su estado de salud ya no corre ningún riesgo, ergo, he concluido que tal vez sería bueno enviarla a casa — dijo sin emoción, alzando la cucharilla, con la que revolvía el té, a la altura de los ojos. Watari frunció los labios y el entrecejo, observando a su joven protegido con reproche.

—L, no creo que lo mejor para la señorita Amane ahora sea volver a su antigua vida. Ella ya se ha adaptado al movimiento del orfanato y ha entablado una estrecha amistad con todos los niños. ¿En verdad crees que lo mejor para ella seria regresar a su vida en soledad? — inquirió, escéptico —Sin mencionar que también se ha encariñado contigo.

El detective dio un sorbo a su bebida para luego alzar la mirada al techo con aires despistados, analizando la situación en su mente.

—Umm…creo que tienes un buen punto. Pero también cabe la posibilidad de enviarla a la nueva sede que Wammy´s abrió en Japón, ¿no crees? Podríamos enviarla allí, o incluso a la sede en Hawái si es más de su agrado —propuso con voz monocorde—. Podríamos dejarla elegir el lugar del mundo que más le agrade.

—Me temo que el lugar no es importante para alguien como ella —refutó Watari con seriedad —Tú mejor que nadie conoces la debilidad emocional de la joven Amane, y luego de aquel circo que armaste con ayuda de Aiber sabes que ahora eres tú el centro de la obsesión de Misa-san, ¿no crees que ella preferiría morir que volver a perder a sus seres queridos? ¿Cómo crees que se sentirá la joven Amane?

L nuevamente pareció meditar la situación, dejando de lado su taza y llevándose un dedo a la comisura de los labios.

—Horrible —contestó con voz indiferente, pareciendo meditar la situación una vez más— ¿Cuándo crees que el personal en la isla pueda recibirla?

El anciano resopló cansino, masajeándose suavemente el puente de la nariz mientras tomaba asiento en el lugar vacío junto al joven.

—Piénsalo bien L. ¿No crees que tus intereses personales nublan tu objetividad? Yo creo que alejar a Amane-san de aquí tan repentinamente sería una acción contraproducente.

L, aún encaramado, se giró sobre su asiento para enfrentar a su mentor con los ojos bien abiertos y el pulgar entre los labios, bajando la vista momentáneamente para ver como movía los dedos de sus pies descalzos sobre el asiento.

En cierto punto Watari tenía toda razón: tal vez estaba dejando que su deseo por deshacerse de Amane Misa alterara su correcto razonamiento; pero nunca antes había querido mantener a alguien tan alejado como a ella. No sólo porque era molesta, gritona, demasiado efusiva o "emocionalmente inestable", como Watari siempre la describía. A L todo el mundo le era indiferente, siempre y cuando no se metieran con la justicia, pero no le agradaba que las personas que lo rodeaban fueran tan impulsivas, incoherentes y poco inteligentes como la modelo, aunque sabía que ella no era tan tonta, después de todo, había demostrado gran astucia al ayudarlos a atrapar a Higuchi; aún así, le incomodaba tenerla cerca, sobre todo porque su plan comenzaba a írsele de las manos: las variables eran demasiadas cuando se trataba de Amane Misa y las cosas no habían resultado como él lo esperaba; o sí, pero las consecuencias eran más severas de lo que había predicho, al menos para su salud mental.

Sabía que Watari no le permitiría deshacerse de la modelo con tanta facilidad, además, aunque no la soportara, tampoco quería exponerla a una nueva crisis. L siempre cumplía su palabra.

—De nuevo, veo tu punto— suspiró con resignación —Aunque actuaste de la misma forma en que intuí que lo harías, tal vez tú también estás perdiendo la objetividad, Watari.

—Tal vez, sí. Pero sólo somos humanos, L— contestó con una sonrisa, recogiendo los trastos.

—Sólo somos humanos —repitió el joven con voz casi inaudible, bajando la mirada y mordiéndose el dedo pulgar—. Shinigami Rem… Tal vez eras más humana que el propio Yagami Light.

...

—Umm…

—¡Vamos, Matt!

—Umm

—¡Maldita sea! ¡No necesitas pensarlo tanto! — exclamó el joven Mello, tirándose suavemente del cabello, mientras escrutaba el tablero de ajedrez frente a él con ojos expectantes.

—Ya, ya…eres muy molesto cuando te lo propones, ¿sabías? — protestó inflando las mejillas y moviendo uno de sus alfiles blancos.

—¿Es en serio? —inquirió su amigo en tono ofendido, pero sonriendo victorioso —Me lo dejaste servido. ¡Jaque!

—¿Qué? —Matt bufó con sorpresa, echándose ligeramente hacia atrás —No de nuevo…— suspiró con hastío —¿Ves por qué me gusta meditar cada movimiento? Eres un idiota por distraerme — dijo amenazante, pero una suave risilla lo distrajo de su enojo, haciéndolo voltear hacia atrás para observar a Misa Amane sonreír mientras intentaba armar una casa de legos con Near, sentada frente a él en una de las pequeñas sillas para niños de la sala de juegos. Ella parecía reírse de sus propios comentarios, mientras el niño de cabello blanco sólo se dedicaba a su construcción.

—Es extraño que Near le permita a Misa acercarse tanto, ¿no crees? —comentó el joven de ojos verdes, volteando nuevamente hacia su mejor amigo, mientras tomaba a su alfil de madera e intentaba balancearlo sobre el dedo índice.

—Sí lo es — suspiró con desconfianza, frunciendo levemente el ceño —El muy fenómeno nunca permite que otros toquen sus estúpidos juguetes.

Matt sonrió, despeinándose los cortos cabellos con su mano libre.

—Misa debe agradarle mucho — afirmó —Después de todo, ella es muy agradable, y linda y…— de pronto fue interrumpido por el sonido del timbre anunciando el final del receso.

—Oh —ambos dejaron escapar un suspiro de resignación, poniéndose de pie, dejando su tablero de ajedrez de lado.

—¡Adiós, Misa-Misa!— exclamaron al unísono, despidiéndose de la joven rubia con un movimiento de manos.

— ¡Adiós niños! Oh, ¡recuerden que hoy en la tarde haremos galletas! — grito antes de que los jóvenes desaparecieran por la puerta — Y tú también puedes venir Near-chan—. Le sonrió al niño de cabellos blancos mientras éste se levantaba en silencio y con lentitud, tomando entre los dedos la pequeña pata del conejo blanco de peluche que estaba sobre la mesa, al parecer ignorando a Misa, para luego salir de la sala de juegos detrás de sus compañeros.

Misa dejó escapar un largo y sonoro suspiro, desperezándose alzando los brazos y echándose ligeramente hacia atrás sobre la pequeña silla. Tomó perezosamente una pieza de lego con la punta de los dedos, llevándolo a la altura de los ojos para observarlo con desinterés. Siempre se aburría mucho cuando los niños no estaban con ella, y como ya había terminado la campaña publicitaria que la había contratado para ser su nueva imagen, ni siquiera tenía trabajo para hacer, al menos hasta que Roger-sama, que fungía como su nuevo representante, consiguiera otro contrato; pero él era un hombre muy ocupado…

Se puso de pie y con calma caminó escaleras abajo; odiaba cuando todos los niños estaban en clases porque no había nada que hacer, pero en momentos como ese siempre la animaba ir a la cocina. A Misa nunca le habían gustado mucho las cosas dulces, aunque en realidad no era que no le gustaran, sino que no podía comerlas para no engordar, pero desde su llegada al orfanato era una costumbre que había adquirido, cocinar postres era casi terapéutica para ella, sobre todo cuando lo hacía con tanto amor para alguien tan especial como Ryūzaki, sin contar que sólo podía ingresar al centro de mando si llevaba dulces para el detective.

—Es un placer volver a verla, señorita Weddy.

—Ha pasado tiempo, Watari —. Misa desde la mitad de la escalera no pudo evitar estirar el cuello al oír aquella voz femenina, desconocida para ella.

—Por aquí, si es tan amable — la cordial voz de Watari se dejó oír una vez más, seguido del sonido de unos tacones golpeando contra el suelo de mármol —. Oh, lo siento, pero no se permite fumar aquí…es por los niños.

Bajando los últimos escalones, la modelo vio al anciano pasar frente a ella sin notarla, y detrás de él, a una mujer de cabello rubio, esbelta y bastante alta, que usaba un vestido a cuadros de dos piezas, un sombrero haciendo juego y lentes oscuros que impedían ver el color de sus ojos. Misa se paró al pie de las escaleras y al pasar por su lado la mujer le dedicó una breve pero analítica mirada, caminando detrás de Watari para luego perderse por unos de los corredores.

Ella observó a la extraña en todo momento hasta que la perdió de vista. Frunció el entrecejo e infló las mejillas. Pensó en seguirlos y así descubrir adonde llevaba Watari a esa mujer, pero recordó que le había prometido a Ryūzaki (muy a su pesar) dejar de inmiscuirse en asuntos ajenos; por eso sólo suspiró con pesadez antes de dirigirse a la cocina para olvidarse del asunto.

...

—Bien Weddy, confío en que cumplirás exitosamente con ésta misión… ¿quieres? —preguntó sin muchas ganas, ofreciéndole uno de sus bombones a la mujer sentada frente a él, sin embargo, ella lo rechazó con un simple movimiento de muñeca.

—No hay problema, Ryūzaki. Una vez realicé un trabajo de espionaje corporativo para Encorp. Conozco el lugar, así que no será difícil instalar las cámaras y los micrófonos.

—Qué bueno —exclamó el detective sin demasiada emoción—. Necesito esa pruebas cuantos antes. ¿Vas a comerte eso?— ladeó ligeramente la cabeza mientras observaba la porción de pastel que Watari le había servido a la mujer con atención. Ella negó una vez más, alcanzándole el pequeño plato al pelinegro, que sonrió con autosuficiencia. Weddy cambió de posición cruzando las piernas mientras alzaba su taza de café en el aire; le dio un sorbo a su bebida mientras observaba con atención al desalineado detective desde detrás de sus lentes oscuros para luego fruncir los labios.

—Dime algo, Ryūzaki — dijo de pronto, dejando su taza de lado mientras recargaba su cabeza sobre los dedos índice y pulgar de su mano derecha, escrutando atentamente la reacción del joven, que al oírla alzó sus aburridos ojos negros para observarla con algo de crema embarrada alrededor de sus labios—. Cuando llegué a este lugar vi a una mujer, bastante joven y con cara de tonta — comentó, curiosa.

—Oh sí, sin dudas hablas de Misa-san— sentenció con aires distraídos, terminando el pastel que quedaba en el plato.

—Sí, supongo que ese debe ser su nombre — contestó la mujer con voz aburrida —En fin, hemos trabajado juntos por años, y jamás había visto que llevaras a una mujer entre tu personal —sonrió con malicia — Dime, ¿acaso es tu novia?

L volvió a alzar la vista despistadamente, observándola sin cambios en su semblante sin emoción, llevándose un pulgar a los labios.

—Misa-san es una amiga — informó con indiferencia, limpiándose la comisura de los labios con el mismo dedo que segundos antes tenía en su boca.

—¿Una amiga?— inquirió burlonamente— ¿Estás seguro?

—Bueno…no es lo que podría llamarse una "amiga" realmente. Ni siquiera me agrada demasiado, pero, en líneas generales, sí, podría decirse que soy su amigo — comentó alzando la mirada hacia el techo —Además, ya una vez te había dicho que no tengo tiempo para preocuparme por cosas tan triviales como esas, que además podrían influir en mi habilidad de deducción.

—Ah, sí—. Adquirió un gesto pensativo de repente, recordando una vieja duda que tal vez podría disipar en ese momento; L jamás había sido alguien muy conversador, así que debía aprovechar la oportunidad que se le presentaba —Se me había olvidado lo puritano que eres — abanicó una de sus manos, suspirando con aburrimiento —. Apuesto a que ni siquiera te has acostado con alguien — entornó la mirada para ver la reacción del detective quien sólo permaneció impasible, alzando la mirada una vez más.

—Te equivocas.

— ¿Huh?— la mujer se inclinó hacia adelante con gesto expectante.

—Me he acostado muchas veces con Yagami-kun —comentó tranquilamente, llevándose el dedo índice a los labios como si rememorara el suceso; Weddy casi se cae de su asiento por la impresión, formando un perfecto círculo con sus labios rojos—. Siempre era muy molesto con su insistencia de que me recostara con él. De otra forma le habría sido muy incómodo conciliar el sueño cuando estábamos atados, aunque tampoco puede decirse que me acosté, porque no me agrada tener mi espalda recta — culminó distraídamente mientras un tic aparecía en el ojo derecho de la ladrona —No fue una experiencia agradable. Sin contar que Yagami me pateaba entre sueños.

La mujer sonrió con diversión, deshaciéndose del tic de su ojo.

— ¡Vaya! Para ser alguien tan inteligente eres muy mojigato.

— ¿Mojigato? ¿Yo?— preguntó con incredulidad, autoseñalándose —Umm…— una vez más adquirió un gesto pensativo —Y pensar que Misa-san solía llamarme pervertido…—susurró —Qué gracioso.

—Bueno, viniendo de otra persona me habría sorprendido — admitió Weddy —Pero casi estoy segura de que tampoco has besado a nadie, ¿o me equivoco?

—Estás muy conversadora hoy, Weddy. Ésta vez sé a qué te refieres: Reeta Rise me besó una vez aquí— señaló su mejilla— cuando descubrí que Bobby Keene le había escondido su muñeca favorita. Se sintió húmedo y algo desagradable —contestó, cerrando los labios y formando una línea recta con ellos. La ladrona bufó con exasperación.

— ¡No me refiero a besos infantiles! ¿Nunca nadie te ha besado en los labios?— preguntó más interesada, levantándose lentamente de su asiento.

— ¡Ah! Bueno, cuando tenía 15 años una de las niñas del orfanato intentó besarme allí. Se acercó así, como lo haces tú ahora — comentó despistadamente, señalando como Weddy se acercaba con lentitud a su rostro, totalmente ajeno a lo que la mujer tenía en mente —Pero cuando estuvo lo suficientemente cerca no pude evitar señalarle que debía cepillarse los dientes más seguidos y… ¿Qué haces? — inquirió echándose ligeramente hacia atrás con desconfianza.

—No digas nada— lo silenció la ladrona, colocando sus manos en cada unos de los antebrazos del sillón en el que L se encontraba— He decidido que voy a ayudarte con tu…falta de experiencia — dijo alzando ligeramente los anteojos, revelando sus ojos castaños para contemplar mejor la cara de desconcierto del moreno, sonriendo con autosuficiencia. Eso estaba tornándose muy divertido.

—¡RYUZAKI-KUUUUUUN!— la puerta se abrió de golpe, dejando ver la femenina silueta de Misa a través del umbral. Tanto L como Weddy (quien seguía inclinada sobre el detective) giraron sus rostros para observar a la escandalosa recién llegada—. KYYYYYYYYYYYAAAAAAAAAAAAAA! ¿QUÉ ES ESTO?— los pastelillos que llevaba en la bandeja que cargaba volaron por los aires mientras Misa señalaba acusadoramente a los otros dos.

—Ah, hola Misa-san—. Saludó como si nada mientras observaba a la muchacha con aires indiferentes y sumamente despistados.

— ¡ALÉJATE DE MI RYŪZAKI-KUN, BRUJA!— gritó la modelo irradiando rabia por los poros. Weddy la observó indiferente, enderezando su postura y frunciendo el ceño.

— ¿A quién llamas bruja, chiquilla tonta?

—Oigan, no es necesario recurrir a insultos — comentó L mordiéndose el dedo pulgar mientras mantenía la mirada enfocada en algún punto perdido en la habitación, pero las féminas lo ignoraron por completo.

— ¡Misa N-O E-S T-O-N-T-A!

— ¡Jah! Sí, como no…sólo basta con verte para saber que no eres el guijarro más brillante del tarro, cariño—. Dijo la ladrona con voz indiferente y burlona, manteniéndose impasible en todo momento.

—MISA-MISA NO ENTIENDE DE QUE HABLAS VIEJA BRUJA, ¡PERO TE ENSEÑARÁ A NO METERTE CON SU RYUZAKI!

— ¡¿A QUIEN DEMONIOS LLAMAS VIEJA, IDIOTA?!— por primera vez la mujer se desencajó, apretando los puños amenazadoramente; Misa sonrió al dar en el clavo.

— ¡VIEJA, VIEJA, VIEJAAAAAA!

—¡CÁLLATE, CHIQUILLA ESTUPIDA!

—¡NADIE TRATA A MISA-MISA DE ESTUPIDA, VIEJA BRUJA!— ante la atenta mirada de L Misa se abalanzó sobre Weddy, jalándole de los cabellos con brusquedad, haciendo que sus lentes y su sombrero volaran por los aires; pero la ladrona no se quedó quieta: también tiró de los cabellos de la modelo, haciéndola gritar de dolor, trenzándose ambas en una histérica lucha de jalones de cabello.

— ¡AUCH! ¡SUELTAME VIEJA!

— ¡L, CONTROLA A TU FEA NOVIA!

— ¡¿FEA?!

—AAAAAHHHU!

L de seguro hubiera hecho algo, claro, si no hubiese estado tan concentrado en observar la contienda. Había leído alguna vez algo sobre el comportamiento territorial de los animales, por lo que observar a aquellas dos mujeres podría aclarar algunas de sus dudas y comprobar teorías propias al respecto…

— ¡ERES UNA…!

La lucha las llevó hacia el carrito de dulces del detective, chocando contra él y provocando que cayera junto con todos los deliciosos dulces de L, quien los observó caer como si hubiera sido en cámara lenta, y aquello ya fue demasiado; las cosa se habían salido de control, pues nadie podía meterse con sus dulces.

—Amm… ¿Watari?— Presionó el botón del intercomunicador.

— ¡Ay!, ¡SUELTA, SUELTA!

— ¡TE DEJARÉ CALVA! ¡CALVA!

¡Dime L! ¿huh? ¿Qué es ése ruido?

—Watari…ocurrió una tragedia… ven pronto por favor.

No pasaron ni dos minutos hasta que la puerta del centro de mando se abrió de par en par.

— ¡L! — Roger y Watari entraron corriendo en la habitación con caras de suma preocupación, las cuales se desencajaron al ver la pintoresca escena: por un lado Misa y Weddy estaban trenzadas en una pareja lucha de tirones de cabello, chocando contra todo y derribando varias cosas a su paso; y por el otro, en el lado opuesto de la habitación, L estaba encaramado en el suelo, recogiendo con la punta de los dedos los restos rotos de porcelana que estaban tirados sobre la alfombra, junto al carro que había corrido la misma suerte, intentando rearmar los pedazos antes de girarse hacia la puerta al oír su nombre.

¡RINDETE BRUJA! ¡AY!

— ¡AH!

— ¡Watari! ¡Roger! — Exclamó el joven en tono alarmado, abriendo sus ojos negros rodeados de ojera como platos— ¡Rápido, por favor! Creo que aún podemos salvar a los chocolates.

— ¡¿Qué?!— exclamaron al unísono, observando al preocupado detective recoger uno a unos los chocolates como si nada estuviese pasando a su alrededor.

—Ah, y si nos queda tiempo, será mejor que separen a esas dos —sugirió con voz aburrida, llevándose un bombón a la boca.

Los ancianos se observaron incrédulos, para enseguida proceder a separar a las mujeres, ignorando las quejas de L por dejar "morir" a sus dulces.

— ¡Señoritas, por favor!— gritó Roger tomando a Weddy por la cintura, mientras Watari hacia lo mismo con Misa, pero ellas parecían no querer separase.

— ¡TE MATARÉ! ¡TE MATARÉ!

— ¡MISA-SAN, POR FAVOR! ¡YA BASTA!

— ¡SUELTAME, ANCIANO!— Comenzó a gritar la mayor cuando Roger al fin pudo separarla de Misa, alzándola del suelo, a pesar de su avanzada edad, mientras ella luchaba por liberarse.

— ¡Sácala de aquí, Roger!— ordenó Watari, conteniendo a la modelo para que no se abalanzara sobre Weddy una vez más. El director asintió, procediendo llevarse a la mujer por la puerta.

— ¡ESTO NO ACABA AQUÍ! TE MATARÉ, ¿ME OYES?— Weddy se sujetó del marco de la puerta— ¡ME LAS PAGARÁS CHIQUILLA IDIOTA!— hizo un gesto de amenaza, pasándose el dedo índice por el cuello, sonriendo con sadismo antes de que Roger pudiera llevársela de allí, gritando por los pasillos de orfanato.

— ¡Llámame cuando instales los micrófonos!— exclamó L, recuperándose de la fatal perdida de sus dulces, como si nada—. ¡Oh! Weddy olvidó sus lentes, y su sombrero.

Watari lo observó con el ceño fruncido un momento, sin soltar a Misa que aún luchaba por liberarse.

— ¡Misa-san, contrólese, por favor!— por primer vez le gritó, como si fuera una niña pequeña. Misa dejó de luchar y lentamente, tras asegurarse de que Weddy no regresaría, la soltó, observándola con atención para asegurarse de que ya se había calmado.

—Lo siento, Watari-san— susurró visiblemente apenada por sus acciones, con la mirada baja, como un niño quien acaban de regañar — ¡Pero esa mujer estuvo a punto de besar a Ryuzaki! Si no se hubiera detenido cuando llegué, ellos…— comenzó a hipar, subiendo y bajando los hombros por su agitada respiración; el llanto amenazaba con caer en cualquier momento.

— ¿Besar a L?— No pudo evitar enarcar una ceja ante lo inverosímiles que las palabras de Amane-san se oían. Debía llamarle la atención por lo ocurrido, pero sabía que tal vez él no era el indicado para esa labor. Volteó hacia su protegido, quien se mordía el pulgar mientras flexionaba las rodillas y alzaba unos papeles con las yemas de los dedos de su mano libre.

—Watari… ¿podrías acomodar este lugar? Así me temo que no podré trabajar.

—L…— suspiró; Misa había comenzado a lloriquear en silencio— en seguida — se separó de la idol para acercarse a él antes de dirigirse a la salida —Pero antes por favor habla con Misa-san. Lo ocurrido hoy no puede volver a repetirse. En esta casa viven muchos niños.

—Entiendo —el más joven cambió de dedo en sus labios, volteando hacia la joven mientras su mentor salía de la habitación.

Misa sujetaba el dobladillo de su falda mientras hipaba, aún sin alzar la mirada. L la observó indiferente, buscando las palabras adecuadas.

—Misa-san — dijo con voz aburrida, la aludida alzó la llorosa mirada —Esto que acabas de hacer no puede volver a repetirse.

Ella se sorprendió ligeramente, frunciendo los labios con ira.

— ¡Pero esa mujer fea iba a besarte!— gritó casi perdiendo la compostura nuevamente, pero controlándose a tiempo, bajando la mirada una vez más.

— ¿Y? un simple beso no significa nada. Además, nada más allá de una cordial relación de amistad, nos une. Y por como veo las cosas, aunque Weddy hubiera intentado besarme en verdad, tú no debiste armar tanto escándalo.

—¡Significa mucho para mí!— gritó alzando los ojos— ¡Quiero ser yo quien te bese! Y no quiero que nadie más lo haga...

L entornó la mirada. No sabía que su plan había llegado tan lejos, y por primera vez fue extraño para él contemplar las consecuencias de sus actos.

—Misa-san, eso no es…

— ¡MISA AMA A RYŪZAKI! — Gritó sorprendiendo ligeramente al detective— Me ha enamorado de ti aquel día cuando me salvaste… fue como amor a primera vista, porque Misa-Misa sentía que era la primera vez que veía al verdadero Ryūzaki. Así que…Por favor…—cerró los ojos y pasó saliva con nerviosismo— ¡SÉ MI NOVIO!

L casi cae hacia atrás de la impresión. Si se esperaba que ella lo acosara por un tiempo, pero aquello era demasiado.

—¿Qué?— se desencajó por un instante, antes regresar a su semblante analítico de siempre — Misa-san— pronunció con calma— No sabes lo que dices.

— ¿Qué acaso no te pasa lo mismo?— inquirió con ojos llorosos, acercándose a él para tomarlo por la camiseta — ¿No sientes lo mismo por mí?

Ante la cercanía de la joven L se echó ligeramente hacia atrás. Watari ya le había advertido de esa situación, advirtiéndole también que no cometiera el error de volver a lastimarla, pero tampoco podía dejarla confundirse a sí misma.

—No Misa-san. Yo no siento nada más que apreció hacia ti…lo siento— en ese momento lo lógico para él hubiera sido que ella llorara, lo golpeara y se fuera de allí desengañada, entendiendo que lo que planteaba era imposible; pero lejos de eso, Misa sorpresivamente se abrazó a su cintura con fuerza.

— ¡NO IMPORTA! ¡Si tú me aceptas yo amaré por los dos! Nada más me importa si me permites estar a tu lado.

Nuevamente la sorpresa. Odiaba que las cosas no salieran como las planificaba.

—Misa-san eso no sería justo para ti — dijo con calma, separándose con suavidad del abrazo de la joven en un intento por razonar con ella.

— ¡TE DIJE QUE NO IMPORTA! — insistió aferrándose a él una vez más, haciéndolo trastabillar ligeramente —Quiero estar contigo…quiero hacerte feliz porque te amo —Misa separó su rostro del pecho de Ryūzaki para observarlo con seriedad, teniendo que alzar la cabeza por la altura del encorvado detective, para observarlo directamente a los ojos —Pero si veo a otra mujer como la de hoy cerca de ti, la mataré — aseguró con implacable seriedad, casi asustando al joven, quien hubiera jurado que en ese momento los ojos de Misa habían adquirido un extraño brillo rojo.

Los celos sin duda eran algo muy peligroso.

—Amane-san, entiende —suspiró separándola una vez más de su persona —No puedo ser tu novio porque no sé como relacionarme con otras personas, y tampoco es algo que me interese, además no quiero — sentenció sin ninguna delicadeza, pero a ella pareció no importarle.

—¡Entonces Misa le enseñará a Ryūzaki a quererla y a dejarse querer por ella! Pero por favor, ¡por favor acéptame!— gritó abrazándose a él una vez más, antes de caer suavemente al suelo, con el rostro anegado en lágrimas.

L resopló con pesadez, escondiendo las manos en las bolsas de sus pantalones. Era como regresar al principio de toda la historia, cuando ella se había enamorado loca y ciegamente de Light. Bajó la mirada para observarla en el suelo. Podría ignorarla y arriesgarse a una nueva crisis e intento de suicidio, o podría seguirle el juego y llegado el momento, cuando ella madurara, contarle la verdad y permitir que continuara con su vida; realmente no había mucho que pensar.

"Maldito Shinigami"— pensó mientras se agachaba a la altura de la muchacha, tomándola del rostro con la punta de los dedos, escondiendo a la perfección toda la renuencia que sentía en esos momentos. A veces, para ganar una guerra, lo mejor era perder una batalla.

—Es imposible discutir contigo — suspiró con pesar —Eres mucho más perseverante y testadura que yo, ¿verdad?— Misa se limpio las lágrimas con una mano, para volver a observaba a los ojos, los cuales no demostraban ninguna emoción—. Una simple sonrisa puede hacerte feliz, aunque sea falsa. Y ya le había dicho a Watari que tu personalidad me asusta, por eso, creo que aceptaré tu propuesta — los ojos de la idol se iluminaron —Solo si prometes no desobedecerme otra vez. ¿De acuerdo?

Misa, totalmente shockeada como para pronunciar palabra alguna, asintió en silencio. L, creyendo que era el momento propicio, la abrazó en el suelo, como Watari le había dicho que las personas se demostraban "afecto", aunque en verdad no lo sintiera por Misa, eso la convencería. Ella se sonrojó por completo, tardando unos pocos segundos en corresponder el gesto, cerrando los ojos con felicidad.

—Te amo, Ryūzaki-Kun — susurró escondiendo la cabeza en el pecho de L. Él no contestó, simplemente abrió los ojos al máximo, perdiendo sus orbes color ónix en algún rincón de la habitación. Parecía estar absorto en su propio mundo.

Las cosas estaban poniéndose muy peligrosas; al menos, para él.

...

Editado, 29/06/2019

H.S.