Y otro capítulo más... no puedo anticipar cuántos capítulos tendrá esto, porque ahora mismo ni yo lo sé, sólo espero que no os aburrais antes de que acabe.
Muchísimas gracias a martafenix y a CellyLS por su incondicional apoyo y sus bellos reviews... al resto que lee, si es que hay un resto que lee... animaos a compartir vuestras impresiones, serán bien recibidas!
-¿De dónde en el Tártaro has salido tú?- quiso saber Iolaus.
-Estamos en una cueva, debajo de la roca- informó el hombre.
-¿Debajo de…?-comenzó a decir Hércules.
-No tienes pinta de enano, para vivir bajo tierra- en la voz de Syerh se adivinaba la desconfianza.
-¿Enanos?- Gabrielle se arrepintió en seguida de su pregunta, Ayiin ya se disponía a contestarle cuando la amazona la detuvo con un gesto.
-Somos refugiados. Nos dirigíamos a Haeldyn desde Sithlys, nuestro reino ha sido devastado por las fuerzas oscuras. El mago Kaeldoer nos hechizó para que no pudiésemos salir a la luz del día. Intentamos viajar de noche, pero entonces nos atacan los lobos… No unos lobos cualesquiera, son aliados de Kaeldoer, salvajes y temibles. Llevamos una semana aquí atrapados, se nos han terminado las provisiones y nuestros niños están hambrientos.
No pasaba desapercibido para ninguno que el hombre palidecía más con cada segundo que pasaba bajo la luz. Esa maldición parecía real.
-¿Hay algo que podáis hacer vosotros?- Xena se dirigió a Syerh y Ayiin, que negaron con la cabeza-. Pues vaya magos- musitó.
-Sin saber exactamente cómo fue la maldición, no podemos hacer nada, a no ser que quieras que lo empeoremos- se defendió la sanadora.
-Sigamos hablando en la cueva- dijo Hércules temiendo por el hombre.
-¿Hay mucha gente allí?- preguntó Gabrielle.
-Unos quince.
-Iré a cazar algo- se ofreció Iolaus. Ares y él se internaron en el bosque.
-¿Dónde podemos encontrar a ese Ka…Ka…?-comenzó a decir Hércules una vez estuvieron dentro de la cueva. El hombre parecía recuperar las fuerzas y, posiblemente, el color, aunque, debido a la escasez de luz de aquel lugar, nadie podría asegurarlo al cien por cien.
-Kaeldoer- le apuntó el refugiado, cuyo nombre era Arintheys y que, antes de aceptar el cargo de líder de los fugitivos, había sido el herrero de su reino.- Supongo que continúa en Sithlys, regocijándose en su destrucción y torturando a aquellos que no han logrado escapar. Tiene a la gente esclavizada, trabajando en las minas para él.
-¿Qué es lo que hay en esas minas?- quiso saber la princesa guerrera.
-Bajo el Volcán del Trueno se generan unos cristales muy codiciados por los magos.
-El Cristal Hamthir- informó Syerh-, se utiliza para fabricar todo tipo de objetos mágicos, armaduras, armas, pociones… pero si se poseen demasiados de esos cristales, resultan peligrosos.
-No sé por qué, pero me lo imaginaba- musitó Gabrielle.
-Bueno, el Templo está a medio camino entre esto y el reino de Sithlys- continuó Xena ojeando el mapa que les había proporcionado Keersh-, podemos averiguar qué le ocurrió a los desaparecidos y luego matar a ese mago.
-¿Y esa gente esclavizada?-dijo Gabrielle-. A lo mejor podemos dividirnos, unos a Sithlys y otros al Templo.
Hércules negó con la cabeza.
-Puede ser peligroso. No hay nada que indique que el Rey y su hija sigan en el templo, o que hayan llegado hasta allí. No sabemos quién puede tenerlos secuestrados, tal vez el propio Kaeldoer los tiene a ellos en las minas también.
-La idea de Gabrielle no es descabellada- comentó Ayiin, aunque a la bardo no pareció importarle que la sanadora estuviese de acuerdo con ella-, lo mejor es separarse, aunque sólo sea para ver cómo están las cosas. Podemos idear un punto de encuentro y allí decidir qué hacer.
-Perderemos tiempo en viajes de ida y vuelta- sentenció Xena, que compartía con Hércules la idea de que debían permanecer unidos.
-Está oscuro fuera, vuestro amigo debería haber regresado ya, esos lobos no hacen distinción y destrozan a todo aquel que se atreve a acercarse a las cuevas.
Los tres griegos se miraron preocupados.
-Tal vez debamos ir a buscarlo…- sugirió Xena
-Se enfadaría, creería que no confiamos en sus habilidades…
-Y tendría todo el derecho del mundo- dijo Iolaus entrando con varios conejos y con Ares en su hombro.
-Te encanta aparecer justo cuando nos empezaos a preocupar, ¿verdad?- se quejó el hijo de Zeus-. A veces creo que te escondes hasta que empezamos a hablar de ti, y entonces haces tu entrada triunfal.
La sonrisa del cazador iluminó la cueva.
-No, pero puede que lo haga a partir de ahora-contestó tendiéndole la caza a una de las mujeres-. He visto a esos lobos. No son animales, son unos monstruos enormes. He disparado a uno de ellos.
Hércules lo miró furioso
-¿Te has enfrentado a ellos tú sólo?
-No me he enfrentado, he disparado flechas contra uno de ellos. Lo hice para ver si eran tan malos de matar como los orcos… Quirón decía que teníamos que explotar nuestro lado empírico- nuevamente esa expresión de suma inocencia que Hércules detestaba porque no era capaz de seguir enfadado después de verla.
-¿Y cómo fue el experimento?- gruñó.
-Si les aciertas entre los ojos, los matas- informó entusiasmado- pero tienen un par de lanzadores de hechizos de esos…
-Chamanes- le corrigió Syerh.
-Lo que sea- Iolaus estaba demasiado emocionado con su informe-Van curándoles las heridas mientras los hieres, con lo que se tarda más.
-Entonces no era sólo un lobo…-dijo Xena.
-Sólo en chamán, ese… pero es relativamente fácil matarlos, el truco es acertarles con una flecha cuando están conjurando, luego es más rápido acabar con el resto.
Hércules no dijo nada, pero manifestó su enfado cruzándose de brazos y apoyándose en la pared. Xena miró a Gabrielle, divertida, mientras la bardo se mordía la lengua para no decirle a su amiga que no riese demasiado con la situación, ya que ella era exactamente igual… con un semidiós enfurruñado era más que suficiente.
-Sabéis que Gabrielle tiene razón, ¿verdad?
Ahora sí que la bardo sonrió ufana al oír a Iolaus apoyar su idea.
-No vamos a discutir otra vez sobre eso- dijo Xena mirando al cazador.
-Sí, vamos, imaginad la de hombres, mujeres y niños que estarán ahora mismo en las minas trabajando bajo la mano cruel de los esbirros del mago- desde luego, Iolaus sabía cómo tocar la fibra sensible de su amigo, viendo la expresión en la cara del semidiós, supo que no faltaba mucho para que estimase que separarse no era tan mala idea. Le costó, pero logró ocultar su sonrisa triunfal.
-Claro- Gabrielle también se había dado cuenta del cambio en la expresión de su amigo y decidió jugar sus cartas-, mientras buscamos al rey puede morir gente…
Lo consiguieron, Iolaus y Gabrielle irían a Sithlys, dejando la heroica tarea de rescatar al rey y a su hija a Xena y Hércules. Ayiin habló por primera vez desde que se había iniciado la conversación.
-Yo iré a Sithlys- Gabrielle soltó un bufido. Hércules puso los ojos en blanco, debería haberlo imaginado, miró a Syerh, que sonreía divertido.
-Bueno…- el cazador se incorporó y cogió su arco y las flechas-, vayamos a matar a unos cuantos lobos.
Gabrielle se sacudió el polvo de la falda y se dispuso a salir. Xena y Hércules se miraron.
-Si ellos no pueden viajar de día, tienen que llegar a Haeldyn ahora- informó la barda con naturalidad.
Como les había anticipado su amigo, el truco consistía en matar a los chamanes y acertar a los lobos entre los ojos… El rubio sintió la hierba crecer bajo sus pies y aferrarse a sus piernas, impidiéndole caminar. Dirigió una mirada a sus compañeros, que luchaban con los animales y no parecían tener el mismo problema que él… esos chamanes no debían ser muy listos, se dijo con una sonrisa, ya que habían inmovilizado al único que atacaba a distancia…
Al poco tiempo, el camino estaba libre de enemigos.
-Debéis daros prisa- dijo el semidiós despidiéndose de Arintheys-, supongo que Kaeldoer no tardará en darse cuenta de que hemos acabado con sus aliados… espero que a esas alturas estéis a salvo.
Arintheys estrechó la mano de sus salvadores y los seis viajeros optaron por regresar a la cueva y descansar. No sabían qué sería lo que se encontrarían en su camino al día siguiente, pero estaban seguros de que les convenía estar descansados.
