Roads Untraveled.
Chapter siete: Prácticamente muerto (Part II) (editado)
Disclaimer: todo lo que reconozcan como THE WALKING DEAD le pertenece a ROBERT KIRKMAN Y AMC. Sin embargo, el fic si es creación propia.
La mejor beta de todas, Gato Jazz.
"Me raspé las rodillas mientras estaba rezando
y me encontré un demonio en mi zona más segura.
Parece que se está haciendo más difícil creer en nada,
sólo para perderme en mis pensamientos más egoístas"
Turn it off- Paramore.
NotadeA: este capítulo no ha sido corregido por la beta, hemos tenido problemas de comunicación (yo no tengo internet, ella ha estado estudiando y los tiempos no son los mismos que antes) así que lo subo confiando en que no está tan malo y que mi beta en cuanto pueda me lo dará como nuevo en cuanto pueda :D
Jimmy no pudo sostener más entre sus brazos a la muchacha rubia que salió corriendo en dirección al infierno. Ella trastabilló aquí y allá pero logró llegar a donde deseaba.
Con dificultad, arrojó los cuerpos que estorbaban su cometido y se arrodilló en el suelo.
El joven que cada día se sentía más y más extraño para ella, sabía que esta vez, la había perdido para siempre.
—¡Mamá! — sollozó la muchacha rubia sujetando la cabeza de quién alguna vez había sido su madre.
Y en ese momento fue cuando supo que el infierno era la tierra. Que nunca había estado kilómetros y kilómetros debajo de ella, con millones de centímetros de tierra y si todo era cierto, incluso fuego había allí. Todo eso la separaba de ese lugar el cual ella había leído y oído en todos lados. Ese lugar donde el miedo, la tristeza, la soledad, la desesperanza y muchos otros sentimientos perversos reinaban. Donde el rey máximo era el Diablo y sus príncipes todos aquellos ángeles que habían decidido abandonar el cielo junto a aquel ser, malvado y despiadado.
Todo aquello, lo vio en los ojos nublados, enrojecidos y algo lastimados de su madre. Ella estaba muerta hacía mucho tiempo, el olor a putrefacción le inundó las fosas nasales y comenzó a marearla.
Pero nada de eso importó cuando aquellas manos, sucias, moradas, rasguñadas y muertas intentaron sujetar sus rubios cabellos y los brazos de la muchacha que sí estaba viva intentando llevarla al otro lado del mundo, ese lugar donde las personas viajaban cuando ellas morían.
El grito no tardó en escapar de sus labios y el terror la invadió abruptamente, casi dejándola sin aire. Forcejeó con aquel ser y enseguida escuchó otros gritos y brazos que tironearon de ella tratando de alejarla de la mujer que la crío.
Y fue en ese momento, el primer momento en donde sintió que verdaderamente debía morir.
Que en este mundo, ya nada valía la pena y vivir era algo que se entregaba al azar y la suerte, escondiéndose en cualquier rincón, viviendo de ardillas, gatos, ratas y sí tenían suerte, de algún ciervo. Bebiendo agua caliente y sintiendo el frío calarse hasta los huesos.
Porque ahora lo veía más claro que nunca, la granja no resistiría. E irónicamente, mientras su padre la estrechaba entre sus brazos y miraban como Andrea levantaba con algún esfuerzo e insertaba alguna herramienta oxidada en el cráneo de su madre, recordó la conversación que había tenido hacía algún tiempo con Jimmy. Él le había dicho que la granja no desaparecería.
Y ella le contestó que todo desaparecía. Y este, era el principio del olvido.
Maggie veía por una de las ventanas de la sala como Andrea, T-Dog y Lori organizaban la situación fuera de la casa. De alguna manera, se sentía ligeramente agradecida ya que ella no se veía capaz de tener que juntar todos esos restos humanos completamente podridos para hacer algo con ellos. Para darles el último final. Más si allí había restos de su propia familia.
Suspiró, totalmente agotada en todos lo sentidos y se volteó para recibir a aquella persona que entraba en el salón con pasos torpes sobre el suelo de madera. Inclusive antes de voltearse, ella sabía que era Glenn. El muchacho la miraba con ojos llenos de tristeza y, egoístamente, Maggie se dijo a sí misma que ella era le dolía más que a él todo lo que había sucedido.
Hablaron por unos minutos y la hija mayor de los Greene, se dio cuenta de muchas cosas cuando observó al desolado joven bajo el marco de la puerta. Y cuando el coreano se fue de allí insistiendo en que debían seguir y vivir con lo que esta nueva vida ofrecía, porque era lo único que importaba, sintió que todos esos sentimientos que la llenaban no soportarían dentro de ella mucho tiempo.
Se dejó caer derrotada como no lo hacía mucho tiempo, y con las piernas apretadas contra su pecho, lloró como el fin del mundo lo ameritaba.
El anciano Greene dobló cada prenda con delicadeza sobre cajas. Ni siquiera sabía por qué lo hacía exactamente. Quizá sin todas las cosas de ellas en el cuarto donde el aún dormía, la pérdida doliera menos. Sin embargo, sabía que se mentía a sí mismo. Y entre esas cuatro paredes, rememoró cada recuerdo de Anette y su familia desde que ella y Shawn habían llegado a sus vidas.
Desde el primer día que la vio en el festival anual de la Iglesia para recolectar fondos para los pobres. Desde la primer cena y la primera confesión. Desde el ceño fruncido de Maggie cuando ella pisó la granja por primera vez y la pequeña Bethy en brazos de una joven Patricia. Desde los primeros pasos de su hija menor en brazos de Anette y los golpes que se daban Shawn y Maggie cuando se enojaban y ambos mayores se encargaban de calmarlos.
Los besos, las caricias, los sentimientos susurrados, el sentimiento de sentirse completo.
Y ahora todo era desazón. Podía sentir los estigmas de su más terrible infancia y sus pasos se dirigieron a la cómoda sin pensarlo. Corrió las corbatas y con el recuerdo de la madre de sus hijas y el de Anette también, cogió la petaca de metal con licor dentro.
Y se dijo que todo había terminado y que ellos ya no eran nada en ese mundo.
Tres tumbas nuevas acompañaban la de Otis. Una pila de piedras y una cruz de madera señalaban que bajo esa tierra había seres queridos, enterrados entre lágrimas y dolor.
No se dijeron muchas palabras pero cada sobreviviente de Atlanta y de la granja Greene observaba con añoranza y tristeza las cruces que significaban más para ellos.
Daryl miró con frustración una vez más sobre su hombro para comprobar por décima quinta vez que Carol no asistía al funeral de la niña.
El hombre aún no se creía que mantuviera la esperanza tanto tiempo. Si la propia madre insistía que Sophia había muerto hacía mucho tiempo, ¿por qué él seguía insistiendo en buscarla? Se sentía de la manera más estúpida que se podía caber a esperar.
Sin saber cómo o porqué, los sollozos y gritos de Beth se colaron entre sus pensamientos. Se dijo a sí mismo que nunca más querría escuchar tanta desesperación. En nadie, pero particularmente en ella. No cuando la chica era la persona más alegre que había conocido en mucho tiempo y verla en ese estado lo shockeó tanto como ver salir a Sophia del establo.
Dirigió esta vez su mirada a Beth. La muchacha caminaba cual autómata al lado de su padre, quien la abrazaba levemente por los hombros. Los brazos, delgados y flácidos caían a cada uno de sus costados, como si no reaccionaran a nada. El cabello rubio y enredado delataba que la muchacha ni siquiera se había arreglado luego de que esa cosa la sujetara con fuerza intentando comerla.
Él oyó algo. "Mamá". Y realmente no quería pensar en nada más.
En que si Sophia estaba muerta. En que si esa mujer era la madre de la joven. En que si Beth estaba viva. En que si él le había disparado a esa mujer. No quería recordarlo. No quería pensarlo.
Suspiró atormentado y cuando todos se fueron de allí sin siquiera hacer ruido, el cazador sacó de su bolsillo, una rosa de Cherooke un poco mal trecha. Y con algo de suavidad, la dejó encima de la última cruz, donde yacía el pequeño y frío cuerpo de Sophia.
Enterrando todo.
mamá está muerta. Shawn está muerto. Todos ellos estaban muertos. Podridos, cayéndose a pedazos.
Papá me mintió. Mamá nunca regresaría. Daryl me mintió, él sí regresó.
Los disparos, la sangre. Todos estaban muertos, yo estoy muerta.
Quiero morirme. Quiero morime. Quiero morirme.
Voy a morirme.
Voy a morirme.
Voy a …
Jimmy observaba a la muchacha que alguna vez sonreía a cada segundo y que ahora parecía más perdida que nunca.
Con sus ojos azules tan abiertos como opacos clavados en algún lugar del techo y su piel más pálida que nunca. Maggie y Patricia la atendían, y murmuraban cosas. Él sabía que Beth no estaba bien. Nunca lo estuvo desde ese maldito baile. Pero verla así, era demasiado.
Oyó que hervía en fiebre, oyó cada palabra alentadora de su hermana hacia la rubia, oyó que Patricia enjuagaba telas en el cuarto de baño para colocárselos a Beth en los brazos, en el pecho.
Beth estaba mal, necesitaban a Hershel. Y él no podía ir a buscarlo, nunca podría. No podría ir a buscarlo y volver vivo. Ni siquiera llegaría al bar vivo.
Pero sí sabía de alguien que iría, y volvería.
Se levantó de esa silla, clavando su mirada una última vez en la joven a la cual amaba tanto. Salió del cuarto y pasó por al lado de Lori y Andrea, sin siquiera esperar nada. Abrió la puerta principal y bajó los escalones de tres en tres y corrió, corrió y corrió entre esos campos que conocía de memoria por jugar en ellos con Beth cuando apenas eran unos críos.
Vislumbró una construcción de ladrillos que había pasado por tiempos mejores y halló a Daryl Dixon sentado en un tronco partido con sus flechas entre las manos.
—Llegó el granjerito— oyó Jimmy la voz rasposa y ronca del hombre.
—Beth está mal— anunció simplemente él y pudo notar como los hombros del cazador se tensaron al oír aquello.
—Todos en esta maldita granja están mal.
—Está en estado catatónico. No habla, no come. Sólo mira el techo y hierve en fiebre. Necesitamos a Hershel. Ella necesita a Hershel— remarcó el muchacho, intentando no perder el control.
Daryl levantó su mirada y por unos instantes. Jimmy juró ver el caos, el dolor y ese cúmulo de sensaciones que había podido percibir en los ojos de Beth durante los últimos meses. Preguntas sin respuestas se galoparon en su mente cual torbellino.
—Ve tú, niñita.
—Demonios, Dixon¡ te lo estoy pidiendo! — gritó finalmente, sorprendiendo por unos segundos a Daryl— solo hay una persona que es capaz de ir y volver con vida y ambos sabemos la respuesta. Hazlo por ella, maldita sea.
El hombre reaccionó a esas palabras y se levantó rojo en furia. Él no debía hacer nada por nadie. No más. ni siquiera por Beth, no por Beth.
—¡No seas tan malditamente egoísta, idiota! Tú puedes hacer algo.
—¡Yo no puedo hacer nada! yo no soy nada— exclamó el menor de los Dixon encarando al rubio en forma amenazante.
—¡Mataste a su madre, debes hacerlo! — Daryl retrocedió unos pasos, trastabillando un poco— esa pobre mujer merecía algo mejor que una bala mal dada. Ella merecía morir en ese instante, pero ni eso lograste— el chico empujó por el pecho al hombre.
Este reaccionó inmediatamente y sujetó a Jimmy por las solapas de la camisa, acercando su rostro amenazadoramente.
—No sólo erraste. No sólo te equivocaste al seguir al policía mediocre ese al abrir el granero— el chico no se inmutó ante la actitud del hombre y continuó escupiendo todo eso que se guardaba desde hacía meses— Dejaste que Beth viera a su madre viva de esa manera. Dejaste que esa cosa intentara matarla. Y por eso, ella está como está.
Daryl aflojó el agarre y soltó poco a poco al chico, quien lo miraba con la rabia pintada en los ojos. El rubio muchacho se alejó de él unos pasos y se pasó una mano por la frente sudada, totalmente fuera de sí.
—Nunca sería lo suficientemente bueno para ella— murmuró Daryl como si fuera lo más obvio del mundo.
Jimmy rió amargamente.
—Si no haces el intento, matarás a la chica, a la única que fe capaz de ver algo bueno dentro del desastre que eres…Dixon— y con esas palabras, comenzó a caminar con pasos fuertes hacia la granja nuevamente.
La mujer se escondió un poco más detrás del árbol, aún demasiado sorprendida para hacer algo más que eso. Pudo sentir a Jimmy pasar por su lado sin verla y lo vio alejarse, con la espalda tensa y los puños cerrados fuertemente.
Cuando Andrea lo había visto salir de esa manera tan desoladora de la granja, se dijo a sí misma que intentaría ayudar a esa familia de alguna manera. Así que siguió al muchacho, para intentar reconfortarlo. Quizá enseñarle a disparar, para distraer la mente.
Pero se llevó una gran sorpresa cuando Jimmy caminó y caminó hasta llegar al campamento de Daryl. Extrañada por la situación, se escondió detrás de unos árboles cercanos y frunció el ceño cuando ambos hombres comenzaron a elevar la voz.
Y se quedó pasmada cuando oyó al más joven reprocharle a Daryl cosas referidas a Beth. Escuchar la voz quebrada del mayor al reconocer que él no era nadie, que él no era lo suficientemente bueno para ella.
¿Qué sucedía allí?
Vio perderse en los campos de Hershel al muchacho y escuchó partir a Daryl, seguramente de caza.
Así que tras asegurarse de que el cazador no estaba cerca, decidió volver a la granja y sopesar lo que había descubierto con calma.
La noche había caído con calma inusitada sobre la granja. Todos pululaban alrededor de la habitación de Beth, esperando cualquier mejoría. Esperando a Rick, a Glenn, a Hershel.
Daryl se pasó un dedo por la barba incipiente y cruzó una de sus piernas sobre la otra, estirándose por unos instantes. Las luces de la sala y la cocina iluminaban tenuemente las ventanas, permitiendo tener acceso a lo que sucedía dentro de la casa.
Daryl podía ver por la ventana de la joven desde donde estaba sentado, en el campamento original del grupo de Atlanta. Había decidido volver, un poco renuente hacia él. La excusa era el frío que comenzaba a sentirse pero la verdad era que necesitaba estar cerca.
Maggie entraba en esos momentos a la habitación de Beth y se sentaba en alguna parte. Daryl no era capaz de ver desde allí a Beth, quien estaba acostada. Las palabras de Jimmy aún resonaban en su cabeza, martillándole la conciencia. Sabía que debía hacer algo, pero no quería, ¿con qué cara? Para todas esas personas, Daryl no era nada de Beth, ni de Hershel. Y sabía que aunque rubio y tonto, Jimmy nunca los delataría. La fidelidad hacia su amiga era tan o más fuerte que el amor que él sentía.
Amor. Se regañó a sí mismo. Se levantó y arrojó un par de cosas a la carpa que compartía con Glenn, si aún el coreano no se había mudado a la habitación de Maggie, esa chica loca y morena, como la describía Beth. Pero la verdad era que Daryl la veía como una leona protegiendo lo que era suyo. Beth era suya.
No de él.
Le echó una mirada más a la habitación que ahora estaba en penumbras. Seguramente ambas hermanas descansarían juntas esa noche. O Maggie intentaría, si era verdad que Beth estaba tan mal.
Y antes de echarse a dormir en ese catre de cuarta, procuró a algún lugar de esa inmensidad de campo, que si los demás no volvían en unas horas, él seguiría sin hacer nada.
Beth de alguna manera le recordaba a Amy. Y no sólo por su apariencia, delgada, rubia, frágil. Sino también por su mirada, azul cristalina, como el lago donde su padre solía llevarlas a pescar. Su caminata, un poco retraída de todos, con pasividad un poco atronadora.
Sí, Beth le recordaba mucho a Amy. Y aunque Andrea nunca había tenido la mejor relación con su hermana menor, sabía cómo se sentía Maggie en ese momento, sentada en la cama, sujetando con fuerza la menor de la menor de los Greene entre las suyas y relatando historias de hermanos que se amaban más que nada en el mundo. Hermanos que se decían a diariamente que eran lo mejor que podían tener en el mundo.
Andrea nunca había tenido esas experiencias con Amy. Si hacía mucho esfuerzo, podía sacar memorias de cuando ellas eran niñas y compartían más tiempo del que ella podía contar con sus manos. Cuando jugaban en el jardín trasero en los columpios, con su cachorro llamado Pinky, leyendo cuentos de hadas en las carpas mal hechas con sábanas y broches para tender ropa.
Pero… ¿y luego? Luego Andrea había demostrado ser mejor en algunas cosas. Más avispada, más inteligente. Más estructurada. Amy también demostró otras, ella era una artista. Dos gotas de agua totalmente diferentes. Porque sus ojos y su cabello dentaban que eran hermanas, pero sus personalidades contrastaban demasiado. y poco a poco, fueron separándose. Hasta que Andrea terminó siendo la favorita y Amy terminó siendo una artista.
Pero había otros recuerdos que sí estaban muy latentes en Andrea. Amy llena de sangre. Amy boqueando como pez fuera de agua. Amy cerrando los ojos. Amy abriendo los ojos y dos cataratas la miraron. Amy jalando su cabello. Pero ella ya no era más Amy.
Cuando Maggie terminó de relatar aquella historia del lago y cuando ella intentó reconfortarla, se levantó y fue a por un vaso de agua. Ver a Beth allí, tan indefensa en el mundo, le indicó que debía hacer algo.
Así que bajó los escalones de la casa y se dirigió hacia el campamento de Atlanta, quienes se preparaban para ir hacia una rápida inspección por el pueblo e intentar traer de vuelta a Rick, Hershel y Glenn debido a la tardanza. Daryl se hallaba reposado contra un árbol, calando más flechas, como era su costumbre desde que las originales comenzaron a perderse entre muertos y la carretera.
—Hey, Daryl— habló Andrea suavemente y agradeció que estuvieran alejados de los demás— ¿todo bien?
El hombre levantó la mirada de su quehacer por unos segundos para volver a clavarla en ella inmediatamente. Asintió con la cabeza y siguió rasgando la madera distraídamente, ignorando momentáneamente a Andrea. La mujer lo miró unos segundos y decidió continuar con lo que había pensado.
—¿No irás a la recorrida por el pueblo? — insinuó.
—No, cazaré algo por acá— contestó escuetamente.
—Beth necesita a Hershel, ¿la has visto?
Pudo comprobar como el ceño del hombre se frunció repentinamente y ella cambió el peso de su cuerpo al otro pie. Apoyó su mano en la cadera.
—Yo sí la he visto. Está irreconocible. ¿Sabes que pasó ayer? He estado con Beth casi todo el día, junto a Maggie, Patricia y Jimmy, ¿sabes quién es Jimmy? — preguntó Andrea y ladeo la cabeza levemente, descubriendo como la mejilla de Daryl se contraía- yo creo que sí sabes quién es Daryl.
El hombre levantó su mirada y Andrea por un momento sintió miedo. Esos ojos azules que siempre parecían esquivar todo contacto humano, ahora expulsaban rayos de furia y confusión. La mujer sintió escalofríos por su columna vertebral, pero sabía que si Daryl iba, había más posibilidades de que todos volvieran a la granja.
—Es el novio de…
—Sé quién es— la interrumpió bruscamente el arquero decidió que la mejor idea era escabullirse por allí, y caminó hacia el interior del bosquecillo.
—Porque sabes quién es Beth, ¿no?
Daryl se volteó rápidamente y su expresión de sorpresa era más que evidente. Andrea supo que había dado al clavo y que probablemente había dos opciones: o que Daryl reaccionara de la peor de las maneras, cosa a las que se comenzaban a acostumbrar o que tomara una posición similar a la del día anterior: compadecerse de sí mismo.
Y quizá, si Andrea insistía más que Jimmy, lograban el cometido.
—¿Qué quieres decir? — el brazo del menor de los Dixon, se agitó de manera nerviosa.
—Daryl, ¿tú conoces a Beth de antes de que todo esto pasara? — Andrea se acercó unos centímetros a él— ¿eran algo? Tú la quieras- esta última frase, la afirmó.
—Cállate— escupió sin pensarlo.
—¡La quieres! — esta vez casi chilló apuntándolo con un dedo— Daryl, escucha, Beth necesita a Hershel. Está deshidratada, apuesto a que sabes cómo se siente estar deshidratado. Está perdida, está muerta en vida. Necesita a Hershel y sabes que tú puedes ayudarlos más que nadie.
—No metas las narices en asuntos que no te incuben, rubita— Daryl clavó su mirada penetrante en ella, haciendo que retrocediera un paso al sentir como el hombre comenzaba a enfurecerse— que alguna vez me haya acercado a ti para pasarte agua, no significa que seamos amigos. Así que, vuelve a esa maldita casa, con esa maldita chica, con ese maldito granjero ¡y no vuelvas a hablar de ella! — gritó, sorprendiendo a varios de los presentes en el lugar.
—Que te den, Dixon— exclamó Andrea y con un nudo en la garganta, retrocedió sobre su camino y volvió hacia la granja.
El nudo en la garganta, porque sabía que Beth estaba allí muriéndose en vida. Y porque Amy también estuvo así alguna vez y ella no había hecho nada.
Como ahora.
Maggie abrió la puerta de su casa con la angustia pintada en su rostro pero al ver a su padre entero bajando de la camioneta, una mínima sonrisa estiró sus labios, a pesar de todo lo que había vivido hacía unas horas. Observó como el pequeño Carl corrió hacia su padre con tanto entusiasmo que parecía que nunca había estado al borde de la muerte.
Pero cuando vio a Glenn salir de la puerta trasera, salió corriendo sin pensarlo hacia él, esquivando a su padre por el camino.
Cuando el chico la rechazó amablemente, sintió su corazón trisarse de alguna manera y regresó su mirada hacia su padre. El hombre hablaba tranquilamente con Patricia, quien parecía le estaba dando la noticia de Beth. Así que se acercó hacia ellos y siguió a su padre que entraba a la casa.
Tuvieron entre todos una calurosa discusión sobre el chico a quien tenían en el auto. Un pobre joven que se había juntado con el equipo equivocado y lo habían abandonado a su suerte luego de quedar muy mal herido en el intento de huida del bar.
Cuando todos poco a poco comenzaron a levantarse de los lugares y partieron de la sala, se sintió observada por unos segundos. Levantó su mirada de sus manos, y encontró la fuente de la insistencia: Daryl Dixon la miraba desde el otro lado de la sala. Tenía en sus manos una vara corta de madera, una rama de árbol con la que jugueteaba.
—¿Maggie? — preguntó quebrando el silencio.
—Sí.
—¿Eres la hermana de Beth? — la chica frunció el ceño cuando escuchó el nombre de su hermana menor en la voz del hombre.
—Sí. ¿Sucede algo?
Daryl miró sobre su hombro, a través de los cristales de las ventanas y luego dirigió su mirada hacia Maggie por unos segundos. Quebró la rama una vez más.
—He oído que está mal, ¿está mal? — repitió tranquilamente.
—Ella está mal, sí. Pero mi papá ha llegado y podrá ayudarla— explicó sorprendida- ¿por qué preguntas?
Él negó con la cabeza y se guardó su juguete en el bolsillo trasero de sus vaqueros. Dio la espalda a la chica y abrió la puerta de la casa, abandonando el lugar sin una palabra más.
Maggie observó las alas cosidas a ese chaleco mal trecho que llevaba puesto todo el tiempo desde que lo conocía. El hombre arrojó la vara de madera a un lado de su camino y regresó al humilde campamento con ese caminar extraño.
La mayor de los Greene tenía muchas cosas en la mente. Parte de su familia muerta, su hermana menor enferma, su padre retomando la bebida, la actitud más que extraña de Glenn luego de que ella le dijera que lo amaba. Quizá, si Maggie hubiera tenido las cosas más claras en su mente, se hubiera preguntado por segunda vez porque aquel hombre sureño y hosco preguntaba por su hermana con la preocupación pintada en su rostro.
Pero cuando el hombre abandonó la casa, ella no lo pensó una segunda vez y se volteó hacia la habitación de Beth, dejando todo de lado.
Hello chicas. Las excusas empeoran la tardanza, así que sólo pediré disculpas.
¿Cómo ha estado este capi? Uno de mis favoritos (ay es que me está gustando la tramaxD)
¿Qué opinan la introducción de los pensamientos de Beth? ¿Y la discusión de Jimmy y Daryl? Le he tomado cariño al primero, no sé realmente porqué.
¡Andrea entró en acción! Y puedo decir que llegó para quedarse laaaargo rato ;)
Este jueves 30 de abril rindo el primer parcial de Antropología, ahora mismo estaba estudiando pero me tomé un break chitquito para decidir subir el cap. Gato seguramente anda perdida en el mundo real y no puedo culparla, conoció a su actriz favorita, Laurie (quien hizo Andrea) en la Comic Con de Argentina. ¡Me alegra tanto por vos Gatitu, enserio! Muero por saber los detalles de la experiencia ;)
Bueno, sin más, vuelvo a mis resúmenes :D por último les recuerdo mi página de FB Kick-69. Gracias a todas las que pasaron por allí.
¡GRACIAS POR SUS FAVS FOLLOWS Y COMMENTS! LAS QUIERO.
Cambio y fuera, Kicky.
