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32 lugares
Té de menta
Marrakech, Marruecos
27 de diciembre de 2037
Djemaa el Fna
9:00 am, hora local
Las veces que pudiera voltear a todos lados no le bastan para saberse en un mundo comoletamente distinto de Estados Unidos. Los olores, los pregones, los colores y las luces... todo eso maravilla sus ojos.
"Seguro sus hermanos me tendrán envidia", piensa Lindsey, a la vez que entra con un bolso de mano a la gran plaza que ocupa el mayor zoco de Marrakech. Había conseguido un contrato para debutar en televisión de la mano del crítico culinario Timothy Cole. Nunca había salido al extranjero, y el que la producción la haya destinado a Marruecos le parecía una broma de mal gusto.
La idea del show, le comunicaron, no era sino exhibir los pormenores de la vida cotidiana de los puntos a donde ambos fueran. Su carrera en turismo y el rumor de que su más acérrima rival fuera hallada en la cama con una de sus hermanas desnuda dieron motivo suficiente para que aquellos productores posaran sus ojos sobre ella.
Tiene el día libre, y aprovechará que el señor Cole llegará en la noche. No queriendo delatarse, había elegido un conjunto bastante discreto como para pasar por una simple turista. Una blusa verde de manga larga, un pantalón a la pantorrilla, sandalias de piel más o menos baratas y una gorra negra que hace juego con su cabello rojo, recién recortado, para dar la impresión de ser bastante fresca, es todo su ajuar.
Ni bien entrada al gran Zoco, le sorprendió ver que su visión del mundo fuera brutalmente sacudida. Para una chica que toda su vida han sido castings, concursos de belleza y comerciales de televisión, ver una enorme plaza con vendedores le parece demasiado exótico. Ropa, comida, perfumes, telas y bienes en general... los olores se mezclan en su nariz luchando por tentarla a dejar un buen dinero de su bolso en manos de aquella gente que aspira a ganarse la vida de forma mucho menos frívola de lo que un americano piensa.
No deja de atender los llamados de los vendedores. Los encargados de producción le habían indicado que no convirtiera dólares a dirhams a menos que fuera acompañada por un traductor que le hiciera compañía. Algo inútil, pues sabe bien del periodo colonial de Marruecos a manos de Francia. Por lo menos, ese idioma le puede servir de algo en un sitio donde no mucha gente siente aprecio por el inglés.
No pasó mucho tiempo para que algunos vendedores intentaran regatear con ella por y aretes. Aunque parecieran bien trabajados, no tardó mucho en descubrir que eran simples baratijas bañadas en plata. En otro puesto, la vendedora le había ofrecido un hijab para cuando volviera a salir.
Exhausta por recorrer la plaza, se detuvo al pie de una gran torre rojiza. Sus pies la estaban matando, y si bien la cartera no está tan caegada como antes, el gasto no fue tan alto como esperaba. Apenas doscientos dólares que se convirtieron en un hijab de color turquesa, un pequeño velo de seda bordado, y un abrigo hecho de lana de cabra quem si bien no valió el precio, por lo menos á abrigada de noche.
No esperaba, al atardecer, que la gran mayoría de los viandantes, comerciantes y trabajadores de aquel sitio voltearan y empezaran a arrodillarse sobre tapetes o alguna prenda a modo, mientras que una voz llamaba a algo que no entiende en alguna lengua que nunca escuchara de primera mano.
-¿Qué es lo que hacen? -pregunta Lindsey a una mujer vieja.
-No hablar mientras se ora -responde la matrona, vestida por completo de negro-. Es la última oración del día.
-¿Hacia dónde se arrodillan?
-Orar, no hablar -recrimina la mujer, a lo que la pelirroja tuvo que conformarse con resoplar e imitar.
Tuvo que contenerse. Había oído en casa cosas nada agradables sobre el país, aunque estadounidense no ha metido las manos en él. Tierra, polvo, mujeres sin casi libertades de las que goza... sin mencionar que podían raptarla y convertirla al Islam si se lo proponen.
Observa a la anciana que le recriminó hace un momento. El que le hiciera observar una costumbre local que no entiende ya es bastante engorroso de por sí, y si boen su cara no refleja esa hostilidad a los americanos, por lo menos da muestras de ser de una familia como ella, vieja y sencilla.
Volteando con disimulo, repara en que la torre a la que miran solo indica, en parte, hacia dónde queda La Meca. La torre y sus... "hermanas menores", tienen cierto refinamiento, y la roca con que está hecha es tan dura como se muestra aquella gente. Dura, pero hospitalaria hasta donde cabe.
En un momento dado, los rezos terminan, haciendo que la gente volvía a sus quehaceres antes del llamado a orar. Le cuesta creer que el mundo es algo más que América, las pasarelas de Europa y algunos lugares que ha visitado en México, Brasil y Japón sin conocer realmente cómo son, y más aún que aquella gente que le vemdieron por feroz, fanática y altamente intolerante a cualquier fe que no sea el credo de Mahoma sea todo menos eso.
Está de suerte. Creyedo que aquella mujer aprovechó para robsrle, revisó que sus pertenencias estuvieran en orden. Lo único que halló, fuera de lugar, fue un volante escrito en inglés, árabe y francés.
Casa de té
Resplandor de la tarde
Frente a la entrada de la Mezquita Qutubiya.
Desconcertada, se siente un poco mal. Sabe que no debería estar en ese sitio, la Medina, pero como reza el dicho. "A la tierra que fueres..."
Le costó trabajo hacerse camino. A su paso, ve que los puestos que había visitado o visto estaban levantándose, cediendo paso al gran atractivo de la ciudad en sí. Si bien el hotel donde se aloja está a las afueras del recinto amurallado, en la Nouvelle Village, no se había molestado en comer algo, y su estómago le exige lo que sea.
Donde viera antes vendedores, acróbatas y narradores, ahora la oferta se limitaba a fragantes puestos de comida. Le llamó la atención que en algubos sitios sirvieran té con un aroma muy peculiar con la comida, aunque no quiere indagar de momento.
La casa de té no le resulta sino pintoresca. No le importa que el lugar emane ciertos aromas, se limita a tomar asiento en una sección destinada a las mujeres.
Apenas , se percata de que aquella anciana de piel morena y modos un tanto rudos trabaja allí. Le parece algo irónico que esa mujer la trate con cierta amabilidad, antes de extenderle una pequeña fuente de cuscus con verdras, cebolla caramelizada, pasas y garbanzos, un pequeño tazón con limones encurtidos, otro con un puré de habas, y un plato con una especie de empanadas con forma triangular.
-Graciss, pero...
-Mâ kainsh el-kalâm ala etta3âm -suelta la mujer, un poco sorprendida por los modos de Lindsey-. No hablar mientras comes.
Acto seguido, se retira unos segundos para volver con una vaso de vidrio y una tetera de acero, misma de la que vierte un líquido caliente de color y aroma agradables con unas hojas frescas flotando en el líquido antes de retirarse.
Dando un sorbo a la bebida, cae en cuenta de que no es otra cosa sino té verde con menta.
"Si voy a trabajar con esto, creo que me va a gustar", piensa antes de dar cuenta del pequeño banquete que servido. "Lo siento mucho por Tim. Él se lo pierde".
~o~
Marruecos. Si hay algo que debe entenderse de esta nación, es que resulta fundamental tanto en la historia española como en el intercambio cultural entre Europa y el mundo musulmán. ¿Por qué creen que buscaban organizar un mundial de fútbol en 1994?
Les recuerdo. Estoy abierto a sugerencias sobre los personajes. Ya las historias están más o menos determinadas, pero... hace falta eso. Y, de ser posible, les pido su ayuda cuando toque algunos países latinoamericanos. Creo que con Uruguay el asunto fue un desastre *se pone a investigar como loco sobre Perú*.
*Declarada Patrimonio Cultural Intangible de la Humanidad en 2001, la plaza de Djemaa el Fna tiene una vida convulsa. Se encuentra al pie de la mezquita de la Qutubiya, cuya gemela es nada menos que La Giralda en la ciudad española de Sevilla.
*La cocina marroquí incluye platos como el briwat (una empanada de cordero, de los pocos platos preparados por hombres), el cuscus con tfaya (una mezcla de cebolla acaramelada, pasas y garbanzos) y, desde luego, el bissara, un puré de habas.
*Si hay algo valorado en Marruecos por encima de todo, es el té. Rechazarlo es una ofensa, y generalmente es el jefe de familia quien lo prepara. Suele servirse en vasos de caña con hoja de menta fresca (seca es inadmisible), como símbolo de hospitalidad. Si se desea, puede servirse com capullos de flor de naranjo frescos.
See you in the next fiction.
Sam the Stormbringer
