.¡Por fin ve este capi la luz! .¡Qué ganas tenía!
Chicos -.¿hay alguno por aquí?-, chicas, el capi del miércoles viene cargadito. Creo que podré compensar la demora con las diecisiete páginas que me han salido. La semana de Byakuya acaba aquí, pero el fic no se despide todavía, ya que os reserva un capítulo final de epílogo.
Espero que os guste. Este pequeño se ha pegado berreando tres meses en el ordenador :D
Cuando escuchaba hablar a mis amigas o leía en las revistas sobre las reflexiones referentes a la importancia de las primeras veces, dentro de mí sonaba un clic. De pocas cosas estaba tan convencida como de que la primera experiencia de cada cosa que se hace marca el modo de verlas de por vida, y nunca se guarda un recuerdo con mayor celo que el de una primera vez. Eso es capital. ¿Qué importaba la quinta, la décima vez que haces algo, cuando de lo que te acuerdas siempre es de la sensación de la primera vez? .¿Cómo podía haber una quinta o décima vez buenas si la primera se hacía a lo loco y te cobraba un recuerdo desafortunado?
Yo podría tener experiencias buenas, buenísimas, con la práctica o en circunstancias distintas después del estreno, pero la importancia de la primera vez no me la podía discutir nadie.
A mis dieciséis años, con amigos íntimos más experimentados y habiendo inaugurado el jugoso juego de instituto de "le gustas a menganito/fulanito me vuelve loca", yo era muy consciente de que mis primeras veces se acercaban. El primer beso, el primer novio, la primera pelea, la primera reconciliación, la primera satisfacción del deseo físico... Me encantaba pensar que los estrenos tímidos de besitos y paseos de la mano tuvieran los días contados. Todo iba a ser perfecto.
Todas las chicas a los dieciséis años soñamos con dejar de ser transparentes. Soñamos con la llegada de un chico guapo y atento que nos dé un primer beso de película y transforme el color de la luz para hacernos visibles. Soñamos que seremos especiales por primera vez y que seremos capaces de darlo todo por él.
Yo soñaba, en naranja y verde, con palabras cariñosas entonadas en una bonita voz varonil, un brillo de emoción en los ojos que te devuelven la mirada, una caricia amable en las mejillas y un beso para ponerse de puntillas.
Yo no empecé con buen pie. Por desgracia, mi primer beso no fue así. Mi primer beso no estuvo precedido de palabras bonitas ni me dio la oportunidad de elegir. Sólo fue intolerante con mis sentimientos; completamente egoísta y desalmado.
El chico que me besó no era caballeroso.
Yo no soñé la noche en que Sasuke me besó; todo era oscuro y asfixiante. Aquella noche, durante nuestra apuesta, apenas dejé de temblar de rabia y tristeza. Me apretaba constantemente los labios contra la almohada y me contenía las lágrimas diciéndome a mí misma que aquel beso no contaba, que ese no era el que yo esperaba. Que el primero sería tan dulce y tierno como el que me gustaba imaginar. Después me daría cuenta de que estaba enamorada de Sasuke y eso cambiaría mucho las cosas, pero que mi mejor amigo me robara el derecho a tener un primer beso honestoy estuviera a punto de violarme me trastocó mucho los esquemas. ¿Dónde estaba mi príncipe bicolor en esa salvajada?
Cuando Neji me besó por primera vez, en mi escenario mágico de luces en la cima del parque de atracciones, el beso delicado que esperaba se desmitificó. Era más de lo que yo había imaginado y no me supo a tanto.
La cuestión de cómo debían ser las primeras veces veía quebradas sus reglas porque yo, secretamente, prefería el beso rudo e insensible del "chico equivocado".
Pensaba que, a diferencia de lo que había estado esperando toda mi adolescencia, con Sasuke-kun las cosas serían un poco más difíciles –al menos, no tan previsibles- porque él no era el chico romántico y cariñoso que imaginaba.
No, Sasuke no era el chico con el que había fantaseado. En eso estaba en lo cierto. Pero aun sabiendo eso, ni con la ventajosa circunstancia de conocerlo como el amigo de toda la vida que era, las cosas no habían salido más manejables...
.¿Mi gran error? No haberme puesto en su lugar.
Había subestimado a Sasuke en tantos sentidos...
Miércoles
Mientras iba haciendo la compra en el súper del barrio, pensaba en dos de las cuatro cosas importantes que habrían de ocurrir ese día, las que habían tenido lugar hasta el momento, las dos en la mañana.
La primera había sido echarle narices y decidirme por meterle en el bolsillo a Sasuke una notita en la que le invitaba esa noche a pasar por casa para cenar. Después de mucho pensarlo el día anterior, concluí que lo mejor sería que nos viéramos con calma a solas cuando ya tuviéramos hecho el último examen. Arriesgarme a pasar por otro calvario y que Sasuke volviera a dejarme plantada a mitad del camino de casa si cruzábamos apresuradamente unas palabras y daba lugar otra confusión se me antojaba más de lo que podía soportar. Aquella mañana fui temprano al instituto para desarrollar mi parte del trabajo y terminar de repasar para el examen. Cuando vi a Sasuke-kun después del primer timbre, me acerqué a él, me puse un dedo sobre los labios para que no dijera nada, y le metí el papelito en el bolsillo de la chaqueta. Él me miró en silencio, obedientemente, y esperó a que me fuera para leer la nota.
El segundo asunto fue bastante inesperado, pero muy tranquilizador. Aunque había estado pensando en él, no había planeado lo que iba a pasar.
Me crucé con Neji cuatro veces en el instituto. Hinata había discutido con Kiba sobre los planes de las vacaciones y los ánimos estaban un poco crispados. Neji iba y venía en cada descanso para preguntarle a su prima si Kiba necesitaba que le leyeran la cartilla. Hinata no dejaba de decirle, con todo el amor del mundo, que estaba bien y que no era asunto suyo, pero a Neji le bastaba saber que entre ella y Kiba había alguna incidencia para idear un acorralamiento "amistoso" en los aseos.
La cuarta vez que nos vimos no pude apartar la vista de él. Ino, Hinata y yo estábamos aprovechando la salida de la clase de Educación Física que teníamos antes del recreo para comentar lo que ella pensaba proponerle a Kiba para arreglar las cosas cuando Neji volvía. Él se extrañó de mi primera mirada en meses, así que me pidió que habláramos aparte. Hinata se quejaba a Ino de que sólo así las cosas parecían más serias de lo que en realidad eran.
Dejamos a mis amigas en la entrada del gimnasio y anduvimos lentamente por el pasillo hasta la entrada del instituto sin cruzar palabra. Parecía realmente preocupado por su prima. O demasiado aprensivo por estar a mi lado.
- .¿Hay algo que mi prima no me quiera contar, Haruno san? .¿Ha pasado algo que yo deba saber?
Negué con la cabeza.
- Nada de eso. Tu prima está siendo sincera.
Neji frunció el entrecejo y entreabrió la boca. Cruzó los brazos.
- Entonces... ¿Por qué... ?
Me senté en el primer escalón de las escaleras que daban a la entrada. Pegué un respingo. Estaba frío.
- Yo... bueno... Se me ocurría preguntarte... qué tal te va todo. No te he podido quitar los ojos de encima. Lo siento.
- Ah –exclamó visiblemente sorprendido-. Bien. Gracias.
El pequeño silencio que siguió a continuación me ayudó a relajarme aunque la situación fuera tan incómoda como lo era cuando lo había estado viendo ir y venir. Estaba más dispuesto a hablar de lo que me había estado imaginando. Pensaba que, tras un breve contacto, daría media vuelta después de darme las gracias y disculparse con alguna excusa porque no soportaría estar a mi lado. Pero notaba su mirada sobre mí y su tono no era resentido. Quizá estuviera más cómodo que yo.
- Te veía muy preocupado por Hinata-san. De repente, al verte tan solícito con ella, he tenido el coraje para... volver a dirigirte la palabra –encogí las rodillas desnudas al pecho y le miré. Neji se mojaba los labios lentamente y apoyaba el talón en el escalón más bajo. Se meció de un lado a otro.
- .¿Por qué dices eso? .¿Te ha pasado algo a ti?
- .¡Ah, no, no! No es nada de eso, es que... desde... desde que... lo dejamos... o... desde que te dejé... he estado pensando en que te traté fatal. Me muero de vergüenza por lo que te hice, .¿sabes? –empecé a sacudir la cabeza, preparada para soltar todo lo que quería decirle. Me abracé las piernas.
- Haruno-san, no hace falta. De verdad –sonrió. Su sonrisa me arañó el corazón. Había fuerzas nacientes de la flaqueza ahí dentro. Su expresión se había desilusionado un tanto, pero sus fuerzas continuaban ahí-. Todo está bien. No creo que hicieras lo que hiciste por pasar el rato. Aunque no me eligieras, sé que no estabas jugando conmigo. Me ha costado digerirlo, es verdad. Pero no voy a crucificarte.
- Pero...
Neji cerró un momento los ojos, intentando disimular su embarazo, y miró distraídamente al suelo. Un mechón del largo flequillo se balanceó hacia delante con el movimiento, lo que hizo que su expresión fuera más encantadora y regia. Había madurado su porte, aunque no sabía distinguir si se trataba también de la reserva madura que debía proteger conmigo.
- Mira, aún me cuesta pensar en ti como si fueras otra más, pero acepto que las cosas sean así. Ya era demasiado raro que me hubieras dicho que sí. Deja el tema estar, no vamos a arreglar nada por más que continuemos con esto.
- Yo... es que... me pongo enferma cuando pienso en cómo... lo podría haber hecho mejor para ti, Neji kun... eh, Hyūga san.
Neji sonrió ante mi descuido.
- A veces no hay palabras correctas, Sakura-san –dijo inspirando resignadamente-. Simplemente no las hay. Tal y como estaban las cosas, no podías hacerlo de otra manera. Así, me vale.
Yo asentí mirando al suelo, admirando la fortaleza que respaldaba sus palabras. Le había dejado a pocos días de empezar la relación por otro chico, que para más inri no había jugado limpio, y comprendía mi caos. Yo llevaba tres meses con Sasuke y mi empatía brillaba por su ausencia.
- Pero sí que hay palabras para dejar las cosas claras –dijo con un ánimo más fresco aunque monótono-. Si Uchiha san las necesita, me uniré a tus amigas para ponerle en su sitio. Sólo espero que no tardes demasiado para eso, en el caso de que ocurra.
Neji y yo nos miramos en silencio.
Desde luego. Desde luego que no había palabras correctas siempre. Estaba visto y comprobado. No podía decirle nada de lo que me hubiera gustado decirle, porque Neji tendría todo el derecho del mundo a enfadarse, no se merecía ninguna mentira por muy agradable que fuera a los oídos. Me ardía la garganta de palabras amables y falsas.
De cualquier manera, me quedé en paz. Allí estaba Neji, más agradable a la vista de lo que recordaba, más maduro, todo eso. Allí estaba, ejerciendo su nerviosa presencia con todo su peso, pero no me suscitaba arrepentimientos sobre mis elecciones y él estaba lo suficientemente recuperado como para hablarme con más comodidad de la que yo disfrutaba. Las dudas que pude tener en cuanto a la medida en que Neji y yo podríamos tener ahora una relación que marchara a las mil maravillas perdieron interés para mí. No podía estar preguntándome qué camino era más sencillo de recorrer. Sencillamente estar con Neji no era camino para mí. Sasuke era el retorcido, el cruel; mi favorito.
Quizá Neji no fuera camino para mí, pero Sasuke por eso no se me hacía una vía fácilmente transitable. Si las palabras siempre podían torcerse de camino a los oídos de la otra persona y había que tener tantísimo cuidado con las impresiones que te podías hacer al no tener perfecta consideración con la persona que tratas tan íntimamente, .¿cómo podría cambiar ese estado indigesto de nuestra relación que yo había fertilizado? .¿Cómo si yo sólo había pretendido hacer lo mejor, si nunca se me había ocurrido insinuarle a Sasuke que quería dejarlo con él y se me habían escapado tantos detalles siendo él mi mejor amigo desde hacía tanto tiempo?
.¿Qué podría decirle? .¿Y cómo? .¿Cómo preparar las palabras si ni siquiera sabía si era lo mejor que arregláramos las cosas?
Iba ya por la quinta vuelta en la sección de congelados y el derrotero que tomaría la cena con él seguía siendo una incógnita tormentosa. Lo único que tenía claro era que la invitación no era una equivocación... y lo que iba a cocinar. Podría confiar en que las cosas salieran solas durante la cena, pero tampoco quería arriesgarme a que Sasuke se presentara en casa y yo no supiera decirle qué quería hacer con él en toda la velada. Había un ultimátum muy fuerte en esa cena que yo iba a preparar. Sasuke-kun continuaría a mi lado como mi novio o se alejaría de mí como si yo fuera una apestada, con todo el odio del mundo por finiquito.
El tiempo me restaba el rato para volver a casa y empezar a cocinar, y ya me faltaban pocas cosas que buscar. Es más, estaba haciendo tiempo a propósito. Mierda.
Algo silbó por encima de mi cabeza y cayó en el carrito que yo empujaba alrededor del gran frigorífico. Aparté mi interés de un nuevo anuncio de unas croquetas de algas y lo dirigí al carrito, encontrándome un paquete colorido de dinosaurios en patinete de una marca de galletas que reconocí al momento entre el tarro de vinagre de arroz y las gambas plastificadas. Miré alrededor. Sasuke estaba a mis espaldas, con las manos en posición de haber tirado a canasta. Se me secó la garganta de golpe.
- Aunque me vayas a mandar a la mierda esta noche, hazlo con un buen postre.
Eso sí que iba a ser la leche. Dejar a un chico mientras se picotea alegremente de un paquete de galletas de chocolate con forma de reptil motorizado.
Me incorporé del tirador del carro sobre el que estaba acodada de un salto.
- .¿Qué haces aquí?
- Me aburría. Tardabas demasiado.
- Pero habíamos quedado a las ocho...
- Ya. Pero te vuelvo a decir que me aburría. E imaginaba que estarías aquí. ¿Qué estás buscando?
- Jengibre y berenjenas.
- Jengibre y berenjenas. En los congelados.
- Se me ha ido la cabeza pensando en los entremeses.
- Ah –se metió las manos en los bolsillos y chasqueó la lengua mientras fue acercándose a mí-. Así que vas a hacer tempura.
- Sí. Y takoyaki.
- Te lo vas a currar, .¿eh?
- Considerándolo desde tu compleja lógica de que cualquier cosa que pase por la sartén y no por el microondas es currarse un plato, sí. Me lo voy a currar.
- Qué maja.
Sasuke posó una mano en el extremo del carrito y lo empujó, obligándome a retomar el paseo.
- .¿Sabes? También podríamos comprar unos de esos tarritos de confeti tan chulos que venden aquí al lado. Y una ristra de petardos. De los buenos.
- .¿De qué narices estás hablando ahora? .¿A qué viene todo eso?
Sasuke me miró ligeramente amenazador. Lentamente se colocó a mi espalda y me ayudó a empujar el carro de manera que yo no pudiera ni mirarle ni escapar de él. Sentirle hacer eso me dio un escalofrío muy desagradable que me obligó a encoger la espalda. Empecé a pensar que mi plan de llevarlo todo con calma y cortesía podría estar predestinado a fracasar. Nos acabábamos de ver y todo lo que había dicho estaba impregnado de recelo.
- Sinceramente, todo esto de la cena me escama. He intentado hacerme una idea de qué es lo que me quieres decir con ella y... joder, lo he encontrado de mal gusto –dijo con simulada afectación-. Me parece que te pasas de elegante y eres un poco grotesca.
- .¡Venga ya! Estás sacando deducciones precipitadamente.
- Ya.
Detuvo el carro en seco y yo choqué contra la barra frontal. Me giré. Sasuke me estaba mirando. Sin expresión. Me habló suavemente.
- Dime sólo una cosa, Sakura-chan. ¿Estás intentando celebrar una despedida? Porque si lo tienes tan claro, no hace falta que te gasten un solo yen en la cena. Nada de fiestecitas de despedida. Francamente, dan asco.
- .¿Eh?
- Contesta.
"No lo sé, Sasuke kun" dijo mi lengua en silencio dentro de la boca.
- No, no estoy intentando celebrar nada. Al menos no sería mi propósito ser tan morbosa dando fin a una relación. Pero hagamos un trato antes de continuar: dejemos los sarcasmos y los malos ratos para más tarde si es que tienen que dar a lugar, ¿de acuerdo? Me tienes hecha un manojo de nervios, lo que necesito ahora es que hagas un esfuerzo y te tomes esto pacíficamente. Ya me dijiste ayer en qué me equivoqué y me quedó claro. Estoy de acuerdo contigo. Lo he estado reflexionando profundamente, por si te interesa saberlo.
- Pero todavía no lo tienes claro.
- La verdad es que no –Sasuke estrechó ligeramente los ojos-. Aun así sé que lo que quiero hacer es sentarme a cenar contigo, hablar de nosotros, y aclarar todo lo que nos ha pasado. He pasado mucho tiempo sin saber realmente qué era lo que pensabas. He malinterpretado muchas de tus señales. No quiero tomar una decisión equivocada.
- .¡Te dije que no te dejaras influir por lo que yo sintiera!
- .¿Cómo no va a hacerlo? .¡Debe hacerlo!
- .¡Sólo tendrías que hacerte una pregunta y es bastante sencilla y evidente!
- .¡Esa no es la pregunta que me tengo que hacer! .¡Esa ya está contestada! .¡Ya sé que quiero estar contigo! .¡Pero no todo queda ahí, ha habido mucha falta de comunicación! .¡Lo que me tengo que contestar depende muchísimo de las preguntas que debes contestar tú! .¡Quiero saber qué es lo que piensas! .¡Quiero ponerme en tu lugar! .¡Quiero pensar qué siento por ti y en qué medida encaja con lo que tú quieres! Necesito escucharlo todo.
Sasuke resopló por la nariz.
- .¿De verdad tenemos que hablar tanto?
- Es necesario. Soy muy despistada, y quiero que esto salga bien. Si quieres lo mismo que yo, tenemos que hablar. Largo y tendido. Punto.
- .¡Pero si yo ya te dije ayer lo que pensaba! El resto del trabajo está a cuenta tuya.
- De eso nada. Necesito que especifiques y me abras aún más tu corazón. Tenemos que discutir.
- Sí, ya. Y después me pruebo tus faldas, nos rizamos el pelo y leemos juntos la sección de consultorio amoroso de las revistas pedantes que te compras. Demonios, Sakura-chan, .¿por qué me tomas? No soy una chica.
.¡Empezaba a sacarme de quicio! .¿Qué esperaba? .¿Que celebrara una sesión de espiritismo y pidiera ayuda a las ánimas para leerle el cerebro? .¿Por qué no me hacía el gran favor de hablar claro?
- .¿En qué quedamos, Sasuke-kun? .¿No querías que me preguntara por lo que sentías? No me machaques con sentimentalismos y te hagas luego el macho. Lo quiero todo con pelos y señales –dije golpeándole con un dedo en el pecho.
Sasuke agachó la cabeza apretando los ojos, arqueándose, encorvado a la altura de mi pecho. Tardó unos segundos hasta volver a mirarme. Cuando lo hizo, me preguntaba con todo su cuerpo si yo era tonta.
- A ver si así lo entiendes... –movió su mano delante de mí como si explicándose con ella hiciera las cosas más evidentes-. Estoy loquito por ti. No entiendo los días sin ti. ¿Lo quieres más claro? .¿Sí? Llevo enamorado de ti desde que tengo erecciones –sonrió como si aquella no fuera una circunstancia con la que se sintiera muy a gusto. A mí se me descompuso la cara. No me podía creer que me estuviera diciendo esto. Simplemente, debía ser mentira. Dijo muy despacio y abriendo mucho los ojos-: Fuiste lo primero que concebí como mujer y aprendí a empalmarme contigo.
- Oye, creo que eso es demasiada información... –murmuré muerta de vergüenza.
- .¿No la querías?
- Sí, .¡pero sáltate los detalles escabrosos!
- .¿Escabrosos? .¿Qué coño? .¡Creo que es lo más bonito que he dicho en mi vida!
- Pues mal andamos...
Sasuke me ignoró y retomó su explicación.
- Segunda parte: Eres mi primera novia. Me he tirado a todas las chicas que se me han puesto a tiro cuando me ha entrado el celo. Bueno, y cuando no estaba en celo también. Alguna que otra vez... Quizá demasiadas.
- Vuelve a ser demasiada información –le gruñí.
- Pero lo único que pensaba cuando estaba con ellas era en correrme –se irguió lentamente y empujó la barra del carrito hacia sí, acercándome a su pecho-. Además de ser mi primera novia formal, eres la primera y la última amiga que he hecho. Cuando lo eras, en calidad de amigo, llegué a meter la pata hasta la sesera. Si me equivocaba cuando era tu amigo, no puedes esperar ahora a que sea el novio perfecto. No sé de qué te extrañas cuando estoy contigo y no sé cómo hacer bien las cosas. ¿Qué cojones necesitas saber aparte de eso?
".¡Ahora mismo necesito que me abraces y me beses, idiota!" pensé emocionada. Me mordí la lengua y apreté los puños. Realmente el cuerpo me rabiaba por que lo hiciera, pero invitarle a hacerlo significaba cerrar el problema de una forma superficial. Ya me había pasado en otras ocasiones con Sasuke-kun y me había arrepentido con creces. Buenas pruebas eran las veces que le había perdonado a la ligera cuando yo aún estaba dolida y había sido pasto de las jaquecas por mi estupidez días enteros.
- .¿Por qué has tardado tanto en decirme todo esto si veías que yo no... ?
Sasuke suspiró cansinamente.
- De verdad hay que explicártelo todo.
Me fijé en la momentánea sombra que le cruzó el rostro. Había algo debajo de todo eso. Había más. Me latía el corazón pesadamente, como si bombeara cemento, mientras mi mente apuntaba hipótesis que me permitían abrirme hueco entre las capas con las que se había estado cubriendo mi novio. La idea más inverosímil, aquella con la que yo me identificaba más, fue la que me impulsó a preguntarle algo asustada:
- .¿Tienes miedo, Sasuke-kun?
A pesar de que capté la respuesta al vuelo por la primera reacción, la primera mueca, que duró menos de un segundo, me contestó rebosante de orgullo:
- Alucinas.
Me di la vuelta en silencio, dejando pasar el apuro. Él sabía perfectamente que le había pescado. Empujé el carrito delante de mí, haciéndole pensar que aquello no era para tanto. De todas maneras, yo también estaba jodida de miedo. Más que él.
Sin embargo, al poco de patrullar por un pasillo nuevo para recoger las berenjenas, le pregunté como si nada:
- .¿Recuerdas la primera vez que me besaste?
- .¿A cuál te refieres? –preguntó echando al carrito un recipiente de plástico para preparar fideos instantáneos-.¿A cuando lo hice durante la apuesta o a cuando empezamos a salir?
- La vez de la apuesta.
- Cómo olvidarlo...
- Ahí tampoco tenías miedo, .¿verdad?
- Te has propuesto destriparme, .¿eh?
- Sí. ¿Qué es lo que pasó ahí, Sasuke?
- Ya lo sabes.
- No, no lo sé. ¿Tuviste miedo?
- Aquello fue distinto. No tenía nada que perder –frenó el carrito y echó en él un paquete de jengibre encurtido tras leer la fecha de caducidad-. Sólo a ti. Quería estar contigo a toda costa. Casi te lo llegué a demostrar.
"Y ahora no es así –pensé-. Ahora, a la vez que me dices que quieres estar conmigo, tienes miedo y no te arriesgas. Hay algo que quieres proteger dentro de nuestra relación que no quieres reconocerme".
La cabeza me zumbaba. Algunas cosas empezaban a cobrar sentido. ¿Qué es lo que tienes miedo de estropear, Sasuke?
- Entonces... –dije volviéndome de nuevo a él-.¿No crees que esto sería mucho más sencillo si no saliéramos juntos y sencillamente fuéramos a mi casa para pasar el rato? Seríamos amigos, nos lo pasaríamos bien... y todos seguiríamos sin miedo. ¿No estaría bien? –le sonreí comprensiva-. ¿No te gustaría más eso?
Sasuke tomó mi mano derecha, la desnudódel guante que la abrigaba –siempre tengo las manos heladas- y se la colocó sobre el corazón. El momento romántico e imposible que me encantaba imaginar en el que yo vestía un enorme y precioso vestido blanco con guantes hasta el codo, aquel en el que Sasuke me estrechaba fuertemente contra su pecho y me besaba cual caballero apuesto de cuento de hadas en un jardín a media noche se veía sustituido por un carrito de la compra a la espalda y el fondo de la estantería de las especias en el supermercado preferido de las marujas, la ropa que me había puesto de estar por casa –mis zapatillas de suelas desgastadísimas y la vieja bufanda morada que me tejió mi madre hace más de cinco años medio enrollada en el cuello-, y el corazón vibrante de Sasuke.
No había yelmo tiznado bajo su brazo ni zapatos de cristal abrazando mis pies, pero el corazón nervioso de Sasuke-kun y su mirada sincera eran mejores que todas esas tonterías. Bajo mis dedos y la sudadera negra que Sasuke llevaba puesta, su corazón me saludaba. Fresco, ligero y grave. Como un pequeño tambor.
Pocas veces le vería hablar tan en serio. Pocas veces me emocionaría algo tan sencillo como el rítmico e inocente tamborileo de su corazón contra mi palma desnuda. El calor de su pecho cruzaba la prenda para acariciarme.
Los ojos oscuros e insondables de Sasuke dejaban ver algo precioso y protegido, estaban completamente desnudos de dobleces. Se disculpaban por lo poco que me ofrecían; me gritaban que me quería con toda su alma.
Los hombros me rodaron hacia atrás. Lo que me ofrecía era tan grande...
- .¿Lo escuchas? No se acostumbra a ti –me rodeó la muñeca con los dedos, poniéndome la piel de gallina en el proceso. Me acarició la sien con la nariz con timidez y me susurró al oído-. ¿Cómo podría llevarte a mi casa y follarte sin más? Se volvería loco –aguanté la respiración, intentando grabar el momento; el sonido de su voz, sus palabras,... el calor que me abrasaba todo el cuerpo de felicidad-. Simplemente no podría hacerlo, Sakura. No quiero hacerlo. Y te confieso que eso me confunde. Pero sé que no cambiaría la relación que tengo contigo ni por el mejor polvo de la historia. Ni por los cien mejores.
Sasuke me sostuvo ahí, tocándome de esa forma tan puntual. Sentía estar en sintonía con él, estar en paz con todo el universo. Él no quería tener algo endeble conmigo. Nunca lo había querido. Me quería como lo más precioso que tenía en el mundo, así me lo gritaba la bomba deliciosa dentro de su pecho. Crucé con las manos el camino hacia su espalda y me enganché a su cuello para abrazarle, sintiendo por él un amor incondicional y enfermizo. Sasuke me contestó el abrazo con un solo brazo en mi cintura. Me mecí solo un momento con él pero sentí que se fundía de ternura conmigo. Sin embargo, no podíamos olvidar que estábamos en un lugar público.
- Saber eso es muy especial para mí.
- Me alegro de que te haya quedado claro de una vez.
- Ahora que por fin te has pronunciado, me cuidaré de no olvidarlo.
Sonrió tímidamente, reconociendo silenciosamente que soltar aquello le había costado más de lo que parecía.
- Grábatelo en esa frente tan grande que tienes.
Le sonreí y él me acarició la mejilla con el pulgar.
- .¿Vamos a casa? Tengo que preparar una cena de reconciliación.
- .¿Tan segura estás de que será de reconciliación? –me cuestionó juguetón- Todavía me da tiempo a ser un ogro.
- Con lo que has dicho, tienes muy difícil la tarea de hacerme cambiar de opinión. Te has ganado los dinosaurios de chocolate y una ensalada especial de tomate.
- .¿Aunque te hable de camino a casa de mis anteriores ligues para ponerte celosa?
- Sí.
- .¿Y aunque te hable de las chicas que se me han insinuado mientras he estado contigo?
- Que sí.
- .¿Y si te digo que me han propuesto unos planazos muy escandalosos y tentadores que siguen todavía en pie?
- .¡Sasuke kun! .¡Vale ya!
Sasuke sonrió de oreja a oreja, encantado de ponerme histérica.
- Vamos a casa.
Miramos disimuladamente a ambos lados del pasillo para comprobar si teníamos público, nos miramos con la sonrisa tonta y nos besamos.
Sabía que Sasuke-kun no iba a llegar tarde, así que me di prisa en dejarlo todo listo o a fuego lento y correr al baño a darme una ducha rápida para no oler a cocina. Justo cuando salía del baño, me llamaron mis padres para preguntarme si iba todo bien y si tenía hecha la maleta. Hablé con ellos mientras me peinaba y salía de un lado para otro para poner la mesa.
Estaba radiante. Tenía la casa para nosotros solos en un día especial, una cena que me encantó cocinar –no quité la cara de "soy la chica más feliz del barrio" desde que salí del súper con Sasuke- y la persona que más me encantaba del mundo para compartirla conmigo.
Aún no tengo palabras para describir lo feliz que era. Era capaz de llorar de felicidad cuando pensaba en la suerte que tenía... si bien si hubiera sabido cómo iba a terminar la velada, creo que podría haberme adelantado y llorar a moco tendido, porque el punto final del día, la cuarta cosa especial de la jornada iba a ser más impactante que las tres anteriores juntas... la que cambiaría hasta el punto de no retorno la relación que tendría con Sasuke para siempre.
Sasuke-kun llamó a la puerta diez minutos antes de dar las ocho, justo cuando me pasaban a uno de mis primos. Éste quería comentarme no sé qué asunto de una película que había salido recientemente a la venta y que se había agotado en Kobe. Me preguntaba si no podría ir yo al centro a comprarla si tenía tiempo. Tener a Sasuke enganchado a mi espalda, besándome en el cuello puntualmente y con sus manos a medio camino del descontrol sobre mi ombligo, mientras yo intentaba tener cerebro para mi primo y la encimera que debía despejar fue una tortura. Se me fue tanto la cabeza con lo que Sasuke me hacía justo debajo de la oreja que apreté demasiado el teléfono contra la mejilla y terminé colgando la llamada.
- .¡Mira lo que has hecho! –le dije al culpable riendo y enseñándole el auricular- .¡Ya te estás yendo al salón! .¡No te quiero ver poner las manos en la cocina!
- En la cocina exactamente... –contestó alzando las cejas.
- Sí, exactamente. Ve o te castigo. No tardo.
Volvió a sonar el teléfono para retomar el tema de la película que debía mirar. Me las apañé para ir sirviendo los platos mientras intentaba librarme de mi primo. Sasuke se acodó en la mesa y jugó con los palillos con los tomates de la ensalada como si fueran los platillos de una batería.
Cuando terminé dejé el teléfono en su sitio, encendí una lámpara de pie, apagué la luz y me senté frente a él. Nos sonreímos.
- .¿Qué? .¿Hay hambre?
- Llevo sin comer en condiciones desde el desayuno. Vas a presenciar un espectáculo de la naturaleza aquí y ahora conmigo.
- .¿Y eso?
- Itachi ha comido en la facultad, y ya sabes de sobra que los bocadillos terminan aburriendo y que el McDonald's más cercano queda a tomar viento de aquí.
- .¿Qué has hecho entonces?
- Comer con Naruto por ahí, en el primer sitio que hemos pillado. Había quedado con alguien en Chūō esta tarde, así que hemos hecho el apaño.
Sasuke me comentó su salida por encima, que a última hora Sai los había llamado para que se acercaran a su casa y Naruto le había desvalijado la nevera.
Sasuke dio fe con los platos. Tranquilamente, mientras íbamos hablando de las vacaciones y bromeando con nuestros tonteos, fue limpiando los platos. Yo comí bastante menos que él; estaba demasiado ensimismada observando cómo levantaba la mirada para sonreírme y hacerme algún comentario de los suyos.
- .¿Sabes qué, Sakura-chan? –me dijo a mitad de la cena- La semana que viene haremos tres meses juntos.
Tres meses. Tres meses con Sasuke, se decía pronto. Sólo habían pasado tres meses y tenía el mismo ánimo entusiasta de estar con él que el primer día. Habían pasado más cosas de las que podía enumerar. Habíamos tenido desencuentros, acercamientos intempestivos en el metro, llamadas telefónicas que habían convertido la comunicación entre nosotros dentro de la incomunicación que no sabíamos afrontar, momentos íntimos que habían inaugurado de una forma genial mi introducción en el mundo del sexo, había sentimientos intensos y disimulados en lo que habíamos hecho cuando habíamos intentado hacer lo mejor... Había sido difícil, pero allí estaba mi caballero, haciéndome reír con las tonterías que sabía que funcionaban. Y así debía seguir siendo. Sasuke-kun iba a estar a mi lado y me iba a regalar el galope rebelde de su corazón durante mucho, mucho tiempo.
Después de tomarnos el postre –se empeñó con los dichosos lagartos esos-, pusimos la tele y nos sentamos en el sofá. Consultamos la guía de la tele para ver que iban a echar una de las películas más antiguas de Akira Kurosawa. Pusimos el canal correspondiente mientras daban los anuncios precedentes y nos acomodamos. La luz en penumbra y la mantita que nos echamos encima supieron a gloria. Sasuke-kun cruzó un brazo conmigo y yo entrelacé mi mano con la suya. Miré encantada sus dedos grandes y calientes entre los míos.
- Sakura...
- .¿Mmm?
- Te tengo que preguntar algo –borré la sonrisa de la cara y le miré algo nerviosa. Su tono no auguraba nada demasiado bueno. Sin embargo, preguntó suavemente-. Ayer. ¿Se te pasó por la cabeza romper conmigo?
Yo guardé silencio. Me daba miedo contestar y que me malinterpretara.
- Necesito que me contestes con sinceridad. Sea lo que sea.
- .¿Lo consideras muy importante?
- Por supuesto –frunció el ceño-. ¿Es que a ti no te lo parece?
- Sí, claro que me parece importante, pero... bueno, ya sabes, cuando uno está confuso puede llegar a pensar muchas cosas aunque no quiera –el ceño de Sasuke se acentuó-. Nunca me lo he cuestionado, Sasuke-kun. Pero si esperas que sea sincera, tengo que decirte que ayer se me ocurrió mientras te negabas a decirme qué te pasaba. Había estado pensando por error que serías tú quien iba a terminar conmigo. Cuando te pedí que te explicaras y me exigiste la comprensión que yo no tenía, me dio miedo perderte y pensé durante un segundo que... antes que... ser tu novia y no conocerte, prefería ser tu amiga y estar de buenas contigo.
- Si termináramos sería imposible que volviéramos a ser amigos.
- .¿Por qué dices eso? –pregunté aturdida de miedo. ¡Eso había llegado a ser muy susceptible de ser propuesto hacía menos de veinticuatro horas!
- Pues porque yo no podría volver a la rutina de verte todos los días y saludarte como un vecino. Prefiero verte como si fueras un mueble. No me haría gracia ni saludarte.
- No me digas eso. ¡Es una gran presión! .¿Sabes lo duro que es pensar que mi miedo a perderte puede hacer que yo...? –me interrumpió.
- Lo siento, pero no podría ofrecerte nada más que la indiferencia si no eres mi novia –apretó ligeramente los dedos en torno a los míos-. Los chicos no sabemos diferenciar. Cuando alguien nos gusta, o todo o nada. A menos que sepamos que podemos follarnos a nuestras ex novias y nos interese en esos términos, es un absurdo.
- .¿Cómo puedes ser tan bruto? –.¡era increíble que me estuviera diciendo algo tan duro!
- Es la verdad. ¿Por qué piensas que el pringado de Hyūga no te habla? Bueno, aparte de porque sabe que le podría partir la boca si me toca los huevos acercándosete mucho...
- .¿Neji piensa igual? –pregunté incrédula.
- Claro.
- Debe ser que se siente dolido...
- O dolido como una nenaza, o frustrado como el desgraciado que es. Hazme caso.
- .¿Cómo lo sabes?
Se encogió de hombros.
- Es un tío.
- Y eso de acostaros con una ex...
- Sinceramente, creo si Hyūga pensara que tiene alguna oportunidad contigo y fuera lo suficientemente imbécil como para intentarlo, te buscaría para intentaría pillar cacho.
Resoplé.
- De ti me lo podría esperar –dije petulante mirándole de soslayo-. Pero me cuesta creer que Neji-kun sea un asqueroso.
- .¡Ah! .¡Conque te lo podrías esperar de mí y de él no! –exclamó boquiabierto.
- .¡Tú eres así de animal! .¡Te pasabas por la piedra hasta a Ino aunque perdieras la cabeza conmigo!
- .¡Hey! .¡Mucho cuidadito con lo que decimos! .¡No vaya a ser yo un animal contigo! .¡Créeme! .¡No te interesa! –se me echó encima y empezó a hacerme cosquillas. Riendo a carcajadas, le agarré de las muñecas y apoyé una rodilla en su pecho para alejarle, pero sólo conseguí recostarme en el sofá.
- .¡Bruto!
- .¡Remilgada!
Volví a romper a reír, intentando quitarme las manos de Sasuke de encima. Cuando dejó de mortificarme, se echó sobre mí y torció la boca. Me sequé las pequeñas lágrimas con la muñeca.
- No me puedo creer que pudieras dejar de hablarme.
- Ni yo. Pero no me imagino tampoco haciendo otra cosa si no me dejaras estar contigo así. ¿Sabes que me destrozarías?
Le acaricié el contorno de los ojos cuando se encogió al sentir mis manos ajustarse a sus sienes. Le recorrí el largo extenso de los párpados con la yema de los dedos. Había estado maravillada con sus ojos desde que éramos unos críos. Los abrió, clavando las pupilas en mis labios. Me dijo con voz ronca e irresistible:
- Quién sabe. Igual contigo me lo pienso y me interesa.
- .¿El qué?
- Acostarme contigo si decidieras dejarlo –contestó con una sonrisa burlona.
- Pues no estoy segura de qué podría hacer contigo, sabiendo de antemano estas cosas.
Sasuke resopló con autosuficiencia y me dirigió una mirada intimidatoria.
Sin borrar esa sonrisa que gritaba seguridad en sí mismo, se inclinó para besarme. Nos abrazamos bajo la manta. Moví despacio las piernas debajo de él para poder enredarlas con las suyas. Sus labios pronto tomaron la decisión de no despegarse de mí; me mordía, me lamía, se movía para esconderse en mi cuello.
Yo ya estaba rendida completamente, el cuerpo me chillaba de placer y calor. Intentando disimular los jadeos, susurré:
- Eres tremendo.
- Lo sé –contestó con el mismo sofoco.
El sonido de la tele iba atenuándose a medida que íbamos profundizando. La fragancia masculina y penetrante de Sasuke me mareaba; sólo por como olía yo ya estaba ideando morderle u olisquearle por todas partes para intentar regalarle a mi memoria algo con lo que trabajar en mi cabeza, llevarme algo muy suyo a la cama para dormir en paz cuando él se fuera a casa. Intentaría convencerle de que me dejara una prenda suya que llevarme a Kobe para abrazarla y olerle antes de dormir.
Sasuke empezó a tomarse en serio sus caricias. Extendía las manos enteras para tocarme, para moverlas lenta e intensamente sobre mí. Yo empecé a gemir por lo bajo, atontada por sus caricias. Su cuerpo estaba peligrosamente encallado entre mis piernas; sus manos se paseaban una y otra vez por mis costados, mis caderas y el espacio desnudo entre el jersey y los pantalones; sus labios... tenía sus labios enterrados en el cuello, absorbiendo la piel con fuerza. Con demasiada.
Contraje el cuello, con los ojos cerrados y la boca abierta por la estampida de mariposas que me salía por los poros.
- Sasu... Sasuke-kun... –dije con un jadeo.
Me contestó con un gruñido de satisfacción, para continuar besándome en la garganta.
- Te vas a llevar un regalito a Kobe. Para que no se te acerquen los moscones.
- .¿Eh?
- Te acabo de hacer un chupón.
Sonreí con las mejillas ardiendo. Era algo que siempre me había llamado la atención, algo que Sasuke no me había hecho antes. Estaba loco de atar.
Le atraje con los brazos ceñidos a su espalda.
- Como me lo vean mis abuelos o mis padres...
- Sabrán que no te has estado quietecita...
- Exactamente, y no me interesa mucho, que digamos...
- .¿No merece la pena? –dijo moviendo una mano de nuevo, sobre mi estómago. Pasó el pulgar por el límite de un pecho desde el costado hasta el centro para encajar el pecho con el índice y apretar ligeramente.
- Joder, sí...
Las piernas se me movieron solas hasta sus estrechas caderas. Casi no podía respirar. Sasuke-kun, volviendo a subir la mano para cubrirme, me sumaba a su locura. Empecé a boquear, las manos empezaban a temblarme violentamente sobre sus hombros. El sostén que llevaba era grueso y nos hacía flaco favor a los dos, pero con que me hubiera puesto una mano encima, yo perdía los nervios con todas las cosas que sentía. A pesar de lo frenético que nos estaba saliendo el rato, Sasuke no dejaba de ser delicado y considerado con todo mi cuerpo. Hasta me había acariciado los tobillos y el reverso de las rodillas con mucha dulzura. Sasuke demostraba con orgullo lo bueno que era cuando estaba calladito.
Sus labios volvían a encontrarse con los míos. Yo sentí que no lo soportaba. Era más de lo que podía sobrellevar, me faltaba algo que no sabía comprender...
-Sasuke-kun... –dije mientras seguía besándome. Dándome besos cortos, se incorporó un poco y me miró. Estaba igual de ido que yo. No lograba recuperar el aliento. Apartó las manos de sus ocupaciones y se acodó a mis costados para recuperarse. Abandonando esa actitud presuntuosa con la que había estado jugando, empezó a acariciarme los labios con el pulgar sin dejar de marear los ojos sobre mí.
- Dime, preciosa.
Intenté sonreír, pero no pude.
- .¿Por qué no vamos a mi cuarto?
Me miró fijamente, sin mover una pestaña. Sólo su pulgar seguía moviéndose, de una comisura a otra. Su cuerpo se había tensado ligeramente, pero nada me decía que le parecía mala idea o que estuviera incómodo.
- .¿Estás segura? –preguntó en un susurro más débil que el tema que empezaba a sonar en la tele, el que abría la película que habíamos estado esperando.
Yo cabeceé, diciéndole que sí sin parpadear.
- Te lo he propuesto por algo.
Su cara se volvió muy seria. Dejó de alisarme los labios. Intenté figurarme qué debía estar pensando, pero me quedé vacía. No tenía ni idea. Se incorporó despacio y me tendió una mano para ayudarme a levantarme. Cuando la acepté y la apreté para auparme, noté un soplo de magia por todo el cuerpo, una energía que pasaba de su piel a la mía parecida a la que había sentido el primer día que empezamos a salir, pero mucho más fuerte.
Nos pusimos en pie, mirándonos tímidamente a la luz azul y parpadeante de la tele y la amarilla de la lámpara de pie. Dándonos la mano, dejando encendido el televisor y la mesa tal y como la habíamos abandonado después de cenar, nos encaminamos por el pasillo oscuro.
No encendimos la luz. Era perfectamente imposible. Pero su mano aún me asía después de haber cruzado el umbral de la puerta de mi habitación y todavía me recorría potente esa magia desorientadora, me sentía con fuerzas.
Mi corazón se saltaba los latidos y la cabeza me giraba sola. No me podía creer que mi momento hubiera llegado. En mi cama, un día que mis padres no están en casa, Sasuke y yo... íbamos a hacerlo.
No podía volverme para mirarle. Estaba tan nerviosa y expectante que no podía hacer otra cosa más que respirar, y me costaba horrores mantener la boca cerrada para no jadear de incertidumbre. Sin embargo, casi sin darme cuenta, con que Sasuke asomara de nuevo los labios sobre los míos y me pasara el brazo por la cintura, hubo un borrón en mi cabeza que deshizo el camino que él recorrió levantándome un palmo del suelo para recostarnos en la cama.
Todas las cosas que había ido utilizando durante el día estaban sobre ella: la mochila, la ropa del súper, el uniforme, el pijama, el delantal, el manga que leí en el tren de camino a casa... Sasuke y yo nos deshicimos de todo o de la mayoría tirándolo al suelo conforme íbamos apropiándonos del colchón. Corregimos lenta y torpemente nuestra caída atravesada, aturdidos hasta la médula. Noté que Sasuke-kun se fue calmando poco a poco cuando cogimos buena posición y nos quedamos quietos. Sus besos ganaron mucho tiempo. Su lengua me exploraba suavemente, deliciosamente. Me besaba con tantísimo cariño...
La poca luz que entraba de la calle se me hizo más evidente al acostumbrarme a la oscuridad y empecé a distinguir más detalles de Sasuke. Podía ver con más claridad cómo tomaba posición sobre mí. Más allá de mis caderas, había apoyado las rodillas, que iba deslizando hacia abajo progresivamente a la par que sus besos. El peso de sus caderas fue materializándose sobre las mías. Noté su excitación clavándoseme bajo la cremallera. Un gemido muy apagado fue el que recogió Sasuke con su boca.
Se incorporó débilmente para mirarme, sonriéndome con benevolencia.
- .¿Estás preparada, Sakura-chan? –no contesté, pero tampoco creí que hiciera falta- Te prometo que iré tan despacio como quieras... –rió brevemente con fatiga- Bueno, si no me especificas lo contrario, creo que podré tomarme la libertad de acelerar un poco las cosas.
Tragué saliva en grueso, pero apenas lo noté porque la garganta se me había secado por completo.
- .¿Llevas... protección... encima? –le pregunté empezando a temblar, vomitando cada palabra como si fueran piedras.
- Sí.
- Estabas... preparado.
- Sí, Sakura-chan. No me imaginaba que te decidieras tan pronto, pero... llevar un par de estos encima nunca está de más.
Rebuscó en el bolsillo trasero de su pantalón y sacó un par de preservativos, cuyos envases estaban unidos. Me sorprendió mucho que llevara dos. A mí ya me daba escrúpulos el tema de los profilácticoscuando Ino hablaba sobre los que se compraba como para ver tranquilamente a Sasuke apostar tan fuerte y dejar dos sobre la mesita de noche con toda la calma del mundo, como si fueran caramelos.
- No se me ocurriría obligarte a hacer algo que no quisieras. No tenemos por qué usar los dos. Siempre se nos podría romper uno, podríamos necesitar otro. No te preocupes.
Intenté tranquilizarme. "Está bien. Está en lo cierto. Si vamos a hacerlo tenemos que tener mucho cuidado y más aún cuando el hecho de que uno se rompa es probable... ¿ya le habrá pasado? .¿Qué demonios va a hacer con eso para poder romperlo? No es como si fuera a ponérselo en la cabeza como un gorro de piscina..."
- .¿Te preocupa que se puedan romper?
- No. No hay problema, estaremos atentos.
Desvié la atención de aquellas gomitas que me alarmaban tanto y volví a besarme con Sasuke. Pero en mi cabeza yo no podía evitar de forma permanente adelantarme a los acontecimientos. Me estaba desencajando con sólo imaginarlo. Iba a hacerlo. Sasuke iba a abrir uno de esos plastiquitos. Iba a sacarse aquello de los pantalones. Se lo iba a colocar... Ay, mi madre... ¿a dónde iba yo a mirar entonces? .¿Me iba a quedar mirando al techo sin más hasta que empezara la inmersión? .¿Iba a tener que ayudarle a abrirle el camino? .¿O él iba a saber hacerlo solo mucho mejor que yo? "Calla, .¡calla!".
Sabiendo lo estúpida que estaba siendo estropeándome el momento que recordaría toda mi vida como uno de los más especiales, me obligué a guardar la calma. Conseguí ponerme en situación, relajarme lo suficiente, volver a un punto parecido al alcanzado en el sofá. A decir verdad, nada era igual y por mucho que Sasuke se esforzara, yo dudaba mucho que alcanzáramos ese punto tan placentero y fluido. Y menuda lástima, porque Sasuke-kun estaba esforzándose en ser cariñoso... Hnn... Estaba siendo un amor.
Hasta que asió el filo de mi jersey y fue subiéndolo para quitármelo.
Sentir el desabrigo sobre el torso exceptuado por mi sujetador me heló la sangre.
Sasuke me acompañó en condiciones, no tardó mucho quitarse el jersey. Su piel desnuda sobre la mía me noqueó la razón, era demasiada estimulación. Maravillosa y excesiva estimulación. Todo iba muy rápido a pesar de que ya lleváramos algunos minutos y Sasuke respetara mi condición de inexperta.
"Vamos, Sakura, eres inexperta pero no tonta. No le dejes todo el trabajo al pobre".
Decidí recuperar la respiración antes de hacer cualquier cosa. E intenté también no llamar su atención mientras lo pretendía. Tanteando tímidamente con los dedos, le acaricié los brazos y los hombros, agradeciendo que su piel fuera tan interesante al tacto. Los hombros redondeados y masculinos de Sasuke rotaban para mover las manos sobre mis costados. Recuerdo cómo apretaba los dedos sobre mis costillas y conseguía capturar sin dificultad, ahuecando en sus manos, el grueso de mi abdomen para bajar hasta el hueso sobresaliente de la cadera. Le escuché gruñir.
Siguió el recorrido arqueado de mis caderas con los labios abiertos contra mi cuello, reclamando uno de mis lóbulos. Su lengua delineó el borde de éste al tiempo que sus dedos entusiastas me tanteaban y me apretaban contra su sexo. Fue tan erótico e intenso sentir su lengua suave e infalible, su aliento cálido sobre el cuello, su jadeo liviano y varonil, su piel almizclada y caliente, su peso y altura mayores sobre mí, y su "especial entusiasmo" contra la costura de los pantalones a la vez, que tardé un momento en creérmelo todo y poder jadear con él.
Un brazo de Sasuke-kun ya se había amoldado bajo mi espalda y su mano me apretaba el trasero para levantarme del colchón y ceñirme a él, pasmándome con la unión íntima de nuestros cuerpos. La zona del sexo me ardía hasta el desmayo con el roce de su erección. Su torso desnudo me hacía cosquillas por la ligera aspereza de su piel. El calor de sus brazos y su abdomen me hicieron tomar más conciencia de su cuerpo. Era precioso y atemorizante a la vez.
No tardaría mucho más en terminar de desnudarme, tocarme de otra manera y convertir ese acercamiento en una postura íntima. No iba a tardar mucho en jadear más fuerte y forzar el golpeteo desesperado de mi corazón, que pedía auxilio como un condenado. No tardaría en...
"Esto es así. No te asustes –pensaba mientras Sasuke me besaba en un hombro y la tira del sostén caía aflojada por el brazo-. Esto es violento porque debe ser violento. A nadie le entusiasma desnudarse por primera vez delante de alguien y morirse de la vergüenza. A nadie le gusta gemir y pensar qué debe opinar la otra persona de eso ruiditos extraños. Voy a sangrar. Voy a pasarlo mal durante un rato. Pero es algo bonito. Debe ser algo bonito... ¡Vamos! –me gritó una voz rabiosa cuando empezaba a asfixiarme el pánico- .¡Él es el chico correcto, no ha habido presión, ni está siendo un bruto! Simplemente esto es violento... y bonito. Nunca nadie dijo que esto fuera sencillo."
Mi respiración perdió la calma y empezó a ser nasal. Sasuke seguía acariciándome gentilmente, besándome para tranquilizarme, ajeno a mi verdadero estado de nervios.
Su mano derecha se internó entre nuestros cuerpos. Escuché los botones desabrocharse y la cremallera de mi pantalón ceder del todo. Sasuke me rozaba las braguitas con el reverso de la mano. Ya está. Lo va a hacer. Sin pensarlo, apreté las rodillas y cerré los ojos con fuerza.
- Shh... –me silbó al oído- Tardaré todo lo que tú quieras. Ya te lo he dicho.
Yo le creía, pero me di cuenta de que no era suficiente. El corazón me latía furibundo de pánico, no de simple expectación. Sasuke podía tomarse toda la noche para desnudarme y ser más suave que la seda pero algo iba mal: me di cuenta de que no quería que pasara de los previos. Yo quería continuar descubriendo a Sasuke-kun pero... pero...
Sasuke se detuvo. Yo dejé de pensar. Me limité a escuchar mi respiración alterada y sentir... que los oídos se me mojaban. Un par de lágrimas me habían nacido sobre las sienes y las habían cruzado. Abrí los ojos para darme cuenta de que Sasuke estaba tan quieto porque su nariz se había mojado con una de mis lágrimas. Se incorporó sobre mí lo suficiente para poder mirarme de cerca y dejarme espacio, en el silencio que rompía sólo el roce de sus pantalones. Me sequé rápidamente los ojos a dos manos para poder mirarle bien y me senté con la misma urgencia porque la vergüenza me impedía estar allí tendida. Un par de sollozos se me escaparon cuando intenté disculparme. Me eché las manos a la boca.
En la oportuna oscuridad, me miraba con los ojos muy abiertos.
- Sasuke... te prometo... que quiero hacerlo... de verdad... de verdad, perdóname... No te enfades conmigo por esto... Te prometo que te quiero... y que quiero hacerlo... Te quiero, Sasuke...
Rompí a llorar. Era patético. El silencio roto por mis sollozos despreciables hería los oídos. Estaba tan enfadada y confusa conmigo misma que no le podía mirar. Le había hecho lo mismo por segunda vez. Cogí fuertemente aire por la boca para seguir llorando a intervalos. Quería desaparecer, simplemente desaparecer. No quería nada de esto.
- No te vayas... por favor... Todo esto... se me ha ido de las manos...
Sasuke me apartó una mano de la cara con mucha lentitud, como si temiera la próxima sorpresa que yo pudiera darle. Seguía sin poder mirarle a la cara.
- No me voy a ir.
Me secó las lágrimas de una mejilla y me obligó mirarle.
- No pasa nada si no estás preparada. No tienes que demostrarme nada.
- .¿No estás enfadado? –pregunté entre hipos. Él negó con la cabeza- Es la segunda vez que te digo que sí para luego volver a decirte que no.
- Es difícil saber cuándo se está preparado para esto. No seas tonta. No te iba a dejar de hablar por esto. Ni mucho menos.
Me eché a sus brazos emocionada por saberlo, colmada de alivio, y él al instante dio un quejido.
- Vale –dijo dolorosamente-. Hemos captado el mensaje, genial. Pero haz el favor de tener cuidado, que no soy de piedra.
Me separé de él con las mejillas encendidas y una mano sobre en la boca. El sonrió con un poco de desquicio. Terminó de secarme las lágrimas, me dio un beso sobre la sien y suspiró.
- .¿Volvemos al salón?
- .¿Podemos... quedarnos aquí un poco más?
Agachó la mirada tomando su tiempo para contestar. Se revolvió un poco mirando al suelo.
- Claro –dijo en voz baja.
- Podríamos... bueno, no sé...
Sasuke se echó a un lado y se acomodó boca arriba a mi lado, con una pierna flexionada apoyada contra la pared. Yo me eché a su lado pero mi acercamiento fue bastante superficial, porque enseguida me encogí. Aún me daba mucho apuro haberle parado los pies. Sasuke-kun notó mi temblor. Buscó sobre su cabeza, en la almohada, y me alargó su jersey. Yo lo cogí pero dudé en ponérmelo. Lo manoseé por tener algo entre las manos.
- Podríamos... –dije mirando a otro lado, sin dejar de hipar.
- .¿Qué? –hubo una pausa dilatada. Metió una mano entre el espacio que quedaba entre la cama y la pared, bajo su costado, y sacó la falda de mi uniforme. Le dio una vuelta para reconocer de qué se trataba, y la tiró sobre el cabecero de la cama con un gruñido. Se echó el brazo con el que había recuperado mi falda sobre los ojos- No te sientas en compromiso. No tenemos que hacer nada si no quieres.
- No sé cómo te sentará... después de todo esto.
- Estoy... bien –volvió a suspirar-. Sólo dame un poco de tiempo para hacerme a la idea.
Me eché de costado sobre su lado y le besé en el hombro para después recostar la cabeza sobre él. Busqué su mano sobre el edredón y él estrechó mi mano en cuanto crucé los dedos con los suyos.
- Podrías quedarte aquí a dormir.
Vi cómo se le tensaba la mandíbula y arrugaba la nariz.
- S-sí. No es mala idea –dijo con aprieto.
- Como en los viejos tiempos.
- Claro.
- Pero si te parece mala idea...
- No. Tranquila.
Pegué la boca a su hombro de nuevo, sollozando débilmente por la nariz aún. Esto no iba a ser fácil. Sabía que le estaba costando horrores ceder ante una propuesta más inocente después de haberse hecho el cuerpo a otra cosa, y nunca mejor dicho. Me descorazonaba profundamente no poder decirle nada que le aliviara.
- .¿Sabes? Si prefieres irte... lo entenderé. Si quieres que nos demos un tiempo o algo así... –se pasó el brazo por el pelo al apartárselo de los ojos y giró la cabeza para mirarme- Yo entiendo que hasta que yo esté preparada prefieras no...
- Hey, esta tarde te he dicho...
- Sí, sé lo que me has dicho. Y también sé que lo estás pasando mal ahora. No quiero decir que lo dejemos ni nada de eso. Sólo que... bueno... –me miró con una sonrisa divertida y los ojos escrutadores- yo... no creo que... me falte mucho para... estar preparada.
- A mí me da otra impresión.
- Pero esta vez he aguantado bastante, .¿no? Estoy progresando muy deprisa. No he salido corriendo al llegar al pasillo.
Sasuke sonrió abiertamente y dejó escapar una risita.
- No, desde luego que no lo has hecho.
- Y tú tampoco te has escapado.
- Será porque no aprecio el virginal color de tu sujetador –dijo algo irritado.
- Oh, .¿por qué lo estaré diciendo? .¡Podrías salir de aquí aullando de dolor! –le mordí distraídamente el hombro, pensando cómo solucionarlo. Mientras, Sasuke balanceaba la rodilla contra la pared- No sé si tardaré un mes o algo así... –calculé- Si tú prefirieses que mantuviéramos las distancias, yo lo comprendería.
- Y si no es un mes, .¿qué pasa? .¿Pido una orden judicial para mantenerte a más de cincuenta metros de mí? Tenerte por ahí rondando sería potencialmente peligroso para mi salud mental... y física.
- Eh... Pues no sé, Sasuke-kun. Yo sólo...
Soltó una carcajada. Se rió con ganas. Le pegué en el hombro.
- Sakura, esto no es como salir de cuentas. No me tienes que dar una fecha ni asegurarme un radio de tu ausencia para no sufrir. Hasta que estés preparada y te apetezca, podemos hacer otras cosas.
.¿Otras cosas?
- .¿Qué cosas? –pregunté muerta de curiosidad. ¿Era verdad que nuestra fase exploradora podía alargarse mucho más?
- Montones de cosas –hundió la mirada a la altura de mi cuello, aunque no supe a ciencia cierta qué estaba observando por la pobre incisión de la luz-. Tantas que no nos podría dar tiempo a hacer ni la mitad esta noche.
- .¿De verdad? –asintió- .¿Podríamos entonces...? –volvió a asentir, más entusiasta todavía- .¿Me las enseñarías?
- Ya lo creo... –alargó un dedo hasta la uve de mis clavículas y lo deslizó despacio por el largo del esternón, sobre el que se inclinaba uno de mis pechos. Cerré los ojos y me estremecí al notar sus nudillos sobre el espacio desnudo del pecho. Al llegar a la tira que unía las copas del sujetador, volvió a subir para recorrer el mismo camino, una y otra vez, muy despacio- Tengo tantas ideas como para poder esperarte un lustro... Puedo esperarte todo ese tiempo, todo el que quieras –arrastró el dedo por el cuello, hasta la barbilla, y lo sostuvo ahí, dejando el rastro de su huella digital quemándome la piel-. Pero no me alejes de ti.
Nos miramos. Me incorporé ligeramente sobre él. Nos besamos.
- Pero antes de nada, tienes que esperar tú. Tengo que ir a por el pijama y por el uniforme de mañana.
- .¡Ahora no te vayas!
- Como no me vaya ya...
- Quédate, por favor.
Silencio. Mi gateo torpe sobre tu pecho y la caída de mi cabeza en el hueco de su cuello. Sasuke-kun dejó caer los brazos.
- Eres una manipuladora espeluznante.
Aquella semana caótica fue un gran punto de inflexión. Fue un torbellino de ideas y deseos contrapuestos; un desnudo forzoso de nosotros mismos que cambiaría nuestra forma de estar juntos. Gracias a aquella semana difícil pudimos vernos las caras de nuevo sin muros que nos dividieran.
El Sasuke que ahora tenía a mi lado me había dado las buenas noches acariciándome el cuello y diciendo lo exultante que se sentía sabiendo que me había "marcado" de por vida con aquel distintivo escarlata en la piel. "Me da igual que dentro de una semana no la tengas. Eres mía, .¿lo sabes?"
Aquella noche, abrazada a Sasuke en mi pequeña cama, reflexioné sobre todas las cosas que nos habían separado y unido desde que nos conocimos y caí en la cuenta de que, a pesar de los malos ratos, Sasuke acababa de hacer algo tan inaudito como aquella caída de rodillas del día que empezamos a salir: me acababa de enseñar su sangre noble, su coraje de caballero para quererme y esperarme. Él era lo más parecido al príncipe extraordinario que yo había esperado. Mi príncipe equivocado y defectuoso era real y me quería.
Nada de lo que nos esperaría después sería más sencillo. La vida no es fácil y el amor no es razonable. La parte que Sasuke había reservado para mí era salvaje y apasionada, pero también tierna y paciente. Había guardado para mí la delicadeza que no tenía para nadie, la mirada paciente del versado dirigida al inexperto, las manos calientes que me darían la bienvenida y me sostendrían cada vez que nos encontráramos en cada nuevo escalón de nuestra relación. A mí me bastaba abrazar aquella noche el pecho que atesoraba el corazón que hiciera posible todo eso y lo que me fuera a sorprender el día de mañana para ser feliz.
El cuarto acontecimiento del día era mejor que todas las perdices que se pudieran comer todos los príncipes petulantes de los cuentos de hadas. Yo adoraba al Sasuke del que me había enamorado. Era el tirano de mi corazón. Mi mejor amigo. Mi primerizo.
El primero y el último.
.¿Ha merecido la pena seguir los disparates de la autora? Imagino que para unos cuantos, que esperaban un lemon sustancioso, el fic estará dejando mal sabor de boca. Simplemente, conforme iba escribiendo el fic, me di cuenta de que Sakura no estaba preparada para el final de la semana (demasiadas cosas pasan ya... y la pobre está hecha un lío). Pero bueno, queda un capítulo... Ahí queda.
.¿Un truño de capítulo? .¿Una úlcera? .¿Os habéis mordido las uñas? .¿Tenéis muñones?
Lo que penséis, por favor, hacédmelo saber.
La respuesta a los reviews anónimos, en mi LJ de mi perfil. ¡Hasta la próxima!
