+STAGE 07: CONSCIENCIA+
Ser casada, ser madre, ser bisexual... bueno, él siempre me hacía sentir que, nada de eso importaba.
Sólo a su lado sentía que tenía esa mínima gota de libertad, que prácticamente estábamos en medio de lo que había sido mi soltería y que él inigualablemente era mi primer amor de la juventud, como si nosotros dos fuéramos un par de jóvenes bandalos sinvergüenzas y como si estuvieramos enamoradísimos de esta relación violenta.
Pero yo igual me sentía ampliamente cómoda esta noche, él me llevó agarrado a mi cintura todo el camino que recorrimos y me habló de las mismas pavadas que me hubiera hablado un novio de secundaria, a lo que yo me reí a la par del hombre que me sacó a pasear y hasta le regalé un par de besos que obviamente nos delataron como una pareja feliz.
Sin embargo no podía evitar la felicidad que me invadía al lado de ese hombre, me había puesto medio tonta en tanto le escuchaba hablar y hasta sentía que me derretía cada vez que él me halagaba, por lo que esa misma situación se trasladó al lujoso restaurante de nuestra reserva y así se hizo presente en nuestra cena un cariño innecesario a causa del alcohol.
Yo había estado tan entretenida siguiendo el hilo de su conversación que, ni reparé en el momento exacto en que llegó la primer botella y cuándo fue que él me sirvió más de una copa, a lo que yo demandé seguir tomando con tal de perder la consciencia y él fue mi astuto compañero en esa velada que tuvo más de una confesión.
MÁS DE UNA CONFESIÓN INNECESARIA.
-¿En serio?-dije, terminando mi copa-¿Emborracharme?-repetí, notando las incontables, botellas vacías-¿No tuviste mejor idea?-
-Eh, que yo no te obligué a beber-se defendió, al notar que casi me caí de la silla-¿En serio crees que querría tenerte en este estado?-
-¿Qué te haces el inocente?-ataqué, sirviendome más-Si siempre fuiste un aprovechado-y así, tomé de un solo sorbo
-Ey, me estás juzgando feo-dijo, él, agarrando la botella-Que haya sacado provecho de tu secretito, no significa que sea un aprovechado-se sirvió, la misma cantidad que yo-¿O es que acaso te amenazé con otra cosa?-y se llevó, el trago a la boca
-Por favor-casi, me reí-No te atreverías-y desvié la vista, hacia los demás clientes
-Pero podría, ¿o no?-contestó, captando mi atención-Soplarle a tu marida que, te acuestas conmigo desde hace un año-reveló y así, recuperó mi fría mirada-Y no lo hice, como verás-me sonrió, entre orgulloso-¿Que eso no habla bien de mí, tampoco?-
-Eres un idiota-sonreí, como encantada-¿Estás tratando de conquistarme?-me acomodé, para verlo fijo-¿Tú, el que juró que no quería nada más que sexo?-
-¿Qué puedo decir?-le dio otra probadita, a su bebida-Causaste efecto, por lo que parece-y me vio, con esos ojos penetrantes
-Oye, Horo Horo...-bordee, los extremos de la copa-¿Sabes qué es lo que más me gusta de ti?-
-¿Hmm?-encarnó, las cejas-¿Qué tienes preparado, linda?-
-Me gusta quien soy, cuando estoy contigo-dibujé una sonrisa, de lo más lasciva-Y me encanta, todo lo que hago contigo-
-Y a mí me encanta que, admitas que te gusto-me siguió el juego, en seductor-Preciosa-
Era imposible que alguien notara, nuestra escena de seducción.
El bullicio de tanto genterio parecía ocultar las indirectas que nos habíamos dicho, insitandonos a quebrantar las reglas de nuestro trato y a acabar con la posibilidad remota de estar enamorados, por lo que él se apuró a pagar la cuenta antes de tiempo y yo me dirigí al baño del lugar a esperarlo pacientemente.
Entonces yo recibí la propina que no se había ganado el mesero, él se depositó en mi boca con la intención de dejarme sin aire y fui yo la que terminó atrapada contra el lavabo, mientras ese hombre robaba el sabor de mis labios como si fuera su único alimento y como si estar conmigo de esta manera fuera su único sustento.
Pero no me importó semejante acto de lujuria de su parte, al contrario me sentí complacida cuando él bajó la boca a mi suave cuello y me marcó con la misma intensidad que quizá lo hubiera hecho un angurriento, a la par en que yo solita me levanté el vestido amarrandolo entre mi sostén y así le abrí las puertas a él para que accediera a mí de la manera que quisiera.
Por eso me apresuré a desprender la camisa rebelde que mi amante traía puesta, en tanto él aventuró las manos insaciables por cada uno de mis rincones más ocultos y así terminó masajeando fuertemente mi intimidad algo hinchada, trasladandonos a los dos a un intercambio mucho más profundo que de simple gemidos y que fuera el instinto animal el que rugiera dentro nuestro con tal de experimentar algo tan pasional.
Cosa que despertó en él la misma ansiedad casi heredada de una bestia, volvió a bolcarse en mi boca deseosa apenas se liberó de aquella prenda y así bajó mis finos interiores como arañandome apropósito, obligandome entonces a que me diera la vuelta como incrustándome en el lavabo y acceder por mi puerta trasera en lo que iba de esa velada con más que extasis sexual.
Él se recargó sobre mi esquelético cuerpo apenas entró cómodamente, se abrazó desesperado a mí cuando yo me eché hacia atrás y así reposé ligeramente la cabeza contra sus fuertes hombros, recibiendo gustosamente el ritmo adictivo de cada una de sus embestidas y dejando fluir en mi interior un placer que nunca antes había experimentado.
De tal manera que hasta se contagió en el fondo de mi corazón, por eso me amarré a él pasando los brazos tras su nuca y así abrí la boca delante suyo quizá antes de tiempo, gritandole al oído lo mismo que alguna vez le había dicho a ella y lo mismo que sentí por él en medio de algo que se hizo pasar por mi consciencia.
-Te amo...-gemí frente a él, antes de volver a probar su boca
