Prompt: Tabla smut. #50 Caliente. [smut96_es]
Personajes/parejas: Lyon/Meredy.
Extensión: 886 palabras.
Notas: Ahora sí que sí. ¡FELIZ CUMPLEAÑOS LUCIEL-SAN! *tira confeti (?)*. Espero te haya gustado, espero hayas tenido una linda semana y un muy buen cumpleaños, y espero cumplas muchos más. ¡Muchas felicidades!
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Caliente.
Lyon&Meredy.
Meredy no pudo evitar cuestionarse el asunto cuando lo sintió entrar. Aunque, si debía ser honesta, lo había pensado casi desde el primer momento. Porque era un mago de hielo, y si bien sus manos estaban frías —le había causado un inevitable escalofrío al principio— todo lo demás, todo el resto de él, era cálido; o al menos así lo sentía ella. Desde que lo vio por primera vez, desde que pudo contemplarlo aquel primer momento, tenía esa percepción de su persona. Ahora, con el mago deslizándose entre sus piernas, lo sentía con más fuerzas.
Se aferró a su espalda, abrazándolo con suavidad y notando su mano —esa que no importaba qué, seguía fría— posarse en su cadera. Sonrió, abriendo un poco más las piernas, con el pensamiento aún asediándola.
Lyon era cálido.
La primera vez que lo conoció, con Juvia derramando lágrimas por un momentáneamente caído Gray en tanto los gritos del mago resonaban, Meredy tuvo esa sensación. De esos pensamientos que solo llegan, esa epifanía repentina al voltear unos instantes la vista, alejándola de la lluvia que se desarrollaba a su lado, y fijándola en él. Meredy lo pensó, fue inconsciente y casi inevitable tener ese pensamiento, quizás debido a las lágrimas del mago —cuyo sufrimiento no difería mucho del de Juvia, nada más era un tipo de amor diferente, fraternal—, a sus desesperados intentos de poder hacer algo, a la transparencia que parecía desprender. Solo lo pensó, que parecía ese tipo de personas cálidas a las que siempre se había sentido ajena.
Acabada la batalla, celebrando en los brazos de Juvia y con la mirada del mago fija en ellas, el pensamiento solo se incrementó. Por supuesto, no fue algo en lo que se preocupó demasiado, no con la desaparición de Ur.
Sin embargo, ahora, en la situación en la que se encontraba, el sentimiento tomaba bastante más fuerza, sobre todo con el aliento del mago contra su oído, con una de sus manos recorriendo su espalda con delicadeza. Era cálido, realmente cálido. Afianzó su agarre, enterrando levemente sus dedos en la espalda de su amante, arqueándose un poco para incrementar el roce.
La segunda vez que lo vio, ya pasado todo, fue una mera casualidad, un encuentro fortuito. Y a pesar de eso, a pesar de que el mago estaba bastante lacerado y ella en perfectas condiciones —si se omitía lo empapada que estaba por la lluvia y la irrelevante herida en su pierna—, el pensamiento seguía ahí.
«¿Estás bien?».
Siendo cargada por él sin necesidad, no tenía problema alguno para mover el pie y él, en cambio, goteaba sangre, no pudo evitar pensarlo con más fuerza; a pesar de que su espalda estaba más fría que la lluvia a su alrededor y que la sangre le daba un aspecto más fiero que otra cosa, no pudo evitar pensarlo. Meredy lo consideraba así, lo consideró así desde el primer momento y Lyon solo le dio motivos para reafirmarlo. Con su amabilidad y sus sonrisas, con sus palabras y sus actos, con ese «no importa» cuando se ofreció a curarle las heridas. Cuando la reconoció, cuando recordó conocer a la chica que abrazaba a Juvia tras todo lo acontecido no pudo evitar pensarlo ni decirlo. Y fue repentino, y lo extrañó bastante, y ella se sintió algo idiota —mas no lo demostró— por soltar eso de la nada.
—¿Un mago de hielo no debería ser lo contrario?
Meredy negó, no lo consideraba así.
—Das esa impresión.
Siempre la daba. Meredy podía asegurar, tras conocerlo mejor, tras muchos otros encuentros fortuitos y muchas otras sonrisas compartidas, que entendía un poco mejor a Juvia; y a la vez no, a la vez no la entendía. Entendía sus sentimientos por el mago de hielo pero no le entraba en la cabeza cómo eligió a Gray sobre Lyon, no le hallaba el sentido a eso. Tampoco a haberse enamorado —tras todas las sonrisas y la calidez—, o a ser correspondida. Mucho menos a acabar así, sobre sábanas y sobrantes de ropa, con el mago mordiéndole el labio y colando las manos bajo su ropa, con ella acomodándolo sobre su cuerpo y permitiendo que le lamiera el cuello. Sentir su mano fría, en esos momentos agradablemente fría, bajar por su vientre hasta su intimidad, en tanto ella le sacaba el pantalón. Rozarse con él, con su cuerpo frío que en esos momentos solo le infundía calor. Todo eso, era agradablemente inesperado. Como sentirlo entrar y arquear la espalda, y tener el mismo pensamiento de siempre porque, no importaba qué, Lyon era y sería siempre así para ella.
Sonrió, enredando sus piernas en él y abrazándolo con más fuerza, notando como el calor la invadía. Gimió, tensando los músculos un momento para luego relajarlos, notando el peso del mago caer sobre ella. Un segundo de calma, aún con el suave hormigueo en su entrepierna tras el orgasmo, con la excitación desapareciendo poco a poco de su cuerpo. Cerró los ojos, abrazándolo a consciencia y enterrando el rostro en su cuello, meditando todavía el asunto, meditándolo cómo si fuera el asunto más importante de su vida.
Y es que, en cierta forma, lo era.
—Sabes —notó el pequeño movimiento en su acompañante, señal inequívoca de que la escuchaba—, eres cálido.
«Le infundes calor a mi vida».
Espero les haya gustado.
Nos leemos. Bye's.
